I Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas, reunida en Moscú del 30 de julio al 2 de agosto de 1920, durante el II Congreso de la Internacional Comunista. Traducido del ruso del informe oficial, Отчет о Первой международной конференции коммунисток (Moscú, Departamento del CC del PCR para el Trabajo entre las Mujeres y Gosizdat, 1921, pp. 19-96 y 124-128; ejemplar de la Biblioteca Pública Histórica Estatal de Rusia), lengua en la que se publicó; no es una versión taquigráfica, sino una relación de las sesiones que reproduce por extenso los informes de las delegadas y resume las discusiones. El texto ruso se ha establecido sobre una lectura OCR corregida con las imágenes. Se omiten el artículo introductorio de Aleksandra Kollontái, el prefacio de Polina Vinográdskaya y las láminas. Los documentos aprobados no se repiten: una línea en cursiva remite a la página de documentos de la conferencia. Completamos con el día de la semana los títulos de las sesiones. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en ruso
Sesión solemne de apertura, viernes 30 de julio de 1920
El 30 de julio, al caer la tarde, desde los barrios lejanos y las afueras de Moscú avanzan hacia el Teatro Bolshói, con sus banderas, columnas ordenadas de obreras con pañuelos rojos a la cabeza y enfermeras rojas con tocas blancas. En las banderas lucen las consignas: «Viva Clara Zetkin1, dirigente del ejército mundial de las proletarias», «Por la dictadura del proletariado en todos los países, hacia la emancipación completa de las mujeres».
Las calles de Moscú resuenan con el coro de voces femeninas que cantan La Internacional. Así, ordenadas y alegres, marchan las proletarias moscovitas a su gran fiesta: la apertura, en el Teatro Bolshói, de la primera conferencia internacional de mujeres comunistas. Por todas partes empiezan a llegar los invitados extranjeros.
El Teatro Bolshói tiene un aspecto festivo y jubiloso, profusamente iluminado y adornado con retratos de las dirigentes del movimiento proletario femenino, encabezadas por la camarada Clara Zetkin. La sala de sesiones está decorada con estandartes y banderas, en las que se lee, en ruso y en lenguas extranjeras: «Viva la lucha de los obreros y las obreras por la dictadura del proletariado en el mundo entero bajo las banderas de la Internacional Comunista».
A las ocho de la tarde el teatro está lleno de arriba abajo. Las obreras ocupan el patio de butacas y los palcos.
La tribuna la ocupan las delegadas llegadas de Alemania, Francia, Inglaterra, América, México, Austria, Dinamarca, Suecia, Hungría, Finlandia, Noruega, Letonia, Bulgaria, la India, Georgia, el Cáucaso y el Turquestán, así como representantes de diversas organizaciones e instituciones que han venido a saludar a la primera conferencia internacional de mujeres comunistas.
Al comienzo de la sesión, la sala se llena con los poderosos sones de La Internacional, interpretada por la orquesta y acompañada por las voces de todos los presentes.
El camarada Bujarin2 abre la conferencia internacional con un saludo en nombre de la Internacional Comunista.
Bujarin dice que el proletariado se está convirtiendo de verdad en el dueño del mundo entero. Hace apenas un año que se colocó la primera piedra de la Internacional Comunista. A la apertura del primer congreso asistía solo un pequeño grupo de camaradas, y ahora la Internacional Comunista ha crecido extraordinariamente y ha abarcado casi el mundo entero: a este congreso han llegado representantes de todos los países, con la única excepción de Portugal. Esa es sin duda la asociación internacional de los trabajadores que llevará a la victoria a todo el proletariado, incluido el colonial, y sobre todo a la parte más esclavizada del proletariado: las mujeres trabajadoras.
La vez anterior, por razones puramente técnicas, no conseguimos convocar una conferencia internacional de mujeres comunistas; aunque tampoco en esta están representados aún todos los países, eso no disminuye su importancia práctica.
En la situación actual de Occidente, a causa de la guerra y de sus graves consecuencias, las mujeres se han revolucionado mucho, han crecido extraordinariamente y se están incorporando al movimiento revolucionario. Así lo atestiguan los relatos de todos los delegados extranjeros.
En Rusia, donde se ha creado un poderoso aparato proletario, las obreras participan ya muy activamente en la construcción del comunismo.
Pero el movimiento proletario femenino no es un movimiento independiente, separado: es parte del movimiento proletario general.
Aquí, en esta conferencia, se ponen los cimientos de solo una de las fortalezas llamadas a tomar al asalto el capitalismo mundial.
¡Viva la unión de los obreros y las obreras del mundo entero bajo la bandera de la Internacional Comunista!
La asamblea acoge el discurso de Bujarin con una salva de aplausos.
A continuación la reunión pasa a elegir la presidencia de la conferencia internacional. Se elige por unanimidad una presidencia compuesta por las siguientes personas:
Inessa Armand3 (Rusia),
Rosa Wolfstein4 (Alemania),
Newbold (Inglaterra),
Kata Dahlström5 (Suecia),
Burnasheva (mujeres de los pueblos de Oriente).
Y un secretariado de cinco personas:
Strömer (Austria),
Linderut6 (Suecia),
Vinográdskaya7, Tenenbaum y Bárjina (Rusia).
Se elige presidenta de la conferencia a la camarada Inessa.
A propuesta suya, la presidencia de la sesión solemne se completa con las camaradas Gópner8 (de Ucrania), Nikoláyeva9 (Píter) y Smidóvich10 (Moscú).
Toda la reunión se desarrolla en tres lenguas: ruso, francés y alemán.
A propuesta de las delegadas se elige una presidencia de honor compuesta por los camaradas Lenin, Krúpskaya11, Zetkin, Kollontái12 y Balabánova13.
A la camarada Zetkin, que no pudo venir a Rusia, la conferencia acuerda enviarle el siguiente telegrama de saludo:
«A la camarada Clara Zetkin, miembro de honor de la presidencia de la I Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas.
En la apertura solemne de la I Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas, nosotras, las delegadas de todos los países aquí reunidas, lamentamos profundamente la ausencia de nuestra querida dirigente y pionera del movimiento proletario femenino internacional, y le enviamos nuestro caluroso saludo comunista y de camaradas. Con la profunda convicción de que nuestra reunión y sus acuerdos estarán impregnados del espíritu de lucha firme que usted ha despertado y educado en nosotras, juramos no retroceder hasta que se cumpla nuestro querido y hermoso objetivo, hasta que se instaure en todas partes el poder soviético, que trae la liberación a todos los trabajadores».
A la camarada Kollontái, ausente de la conferencia por enfermedad, se le envió el siguiente telegrama de saludo:
«A la camarada Kollontái, miembro de honor de la presidencia de la Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas.
La Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas envía un caluroso saludo a la experimentada luchadora por la liberación de la mujer trabajadora, la camarada Aleksandra Mijáilovna Kollontái.
Nos apena profundamente que, en el gran momento en que pasan revista las representantes más conscientes de las masas proletarias femeninas, la enfermedad le haya impedido estar con nosotras. Pero tenemos la esperanza de verla pronto de nuevo en nuestras filas y de seguir avanzando bajo su dirección por el camino de la liberación de las mujeres trabajadoras del mundo entero».
Una de las obreras presentes propone honrar la memoria de los grandes luchadores comunistas caídos en la lucha por los ideales del comunismo, con la mártir Rosa Luxemburg a la cabeza.
Todos los miembros de la conferencia y las obreras se ponen en pie. Los poderosos sones de una marcha fúnebre llenan la sala.
La presidenta da lectura al siguiente orden del día, que se aprueba por unanimidad:
La III Internacional y la obrera.
Informes de las delegadas de los distintos países.
La situación de las obreras y las campesinas en la Rusia soviética:
a) situación económica y jurídica;
b) liberación de la servidumbre familiar.
El Partido Comunista y el trabajo entre las mujeres de Rusia (formas organizativas del trabajo, métodos, etc.).
Creación, en la Internacional Comunista, de una sección para el trabajo entre las mujeres de todos los países.
Aprobado el orden del día, la reunión pasa a escuchar los saludos.
Se da la palabra para saludar al camarada Levi14, a quien la asamblea recibe con una ovación entusiasta.
El camarada Levi dice que se le ha encargado saludar a la primera conferencia internacional en nombre del II Congreso de la Internacional Comunista, pero que quiere hablar aquí simplemente en su propio nombre, como comunista alemán, y compartir los sentimientos de entusiasmo que han llenado su corazón y el de todos los camaradas que han cruzado la frontera de la Rusia soviética, donde se les ha abierto un mundo completamente nuevo.
La guerra imperialista y todos los sufrimientos que ha provocado, dice el camarada Levi, han introducido por doquier muchos cambios en las relaciones entre las clases, y la mayor transformación la han producido en la consciencia de las mujeres de todos los países. Han padecido sufrimientos atroces al perder a sus maridos, hermanos e hijos. Millones de viudas y huérfanos lloran ahora a esas víctimas. No se puede pasar por alto el hecho de que cientos de miles y millones de mujeres del mundo entero fueron arrancadas durante este tiempo de su trabajo cotidiano y lanzadas a los trabajos más duros, donde, junto a la fragua y en las minas bajo tierra, sacrificaban su vida y su salud.
En la memoria del criminal imperialismo hay que señalar también todo el horror del hambre y el frío que trajo la guerra, que obligó a las madres a ver impotentes cómo sus hijos morían junto a sus pechos secos.
Todos estos fenómenos han cambiado radicalmente la psicología de la mujer. Ahora son ya otras mujeres, distintas de las de hace diez años. Crece una nueva generación, dispuesta a luchar hasta la última gota de sangre por la libertad del proletariado y de la humanidad. De vuelta en Alemania, los delegados al congreso difundirán allí la noticia de lo que ocurre en Rusia y de que la obrera rusa, que desfilaba fusil en mano durante la manifestación de la Plaza Roja, está dispuesta en todo momento a dar su vida por la causa de la revolución, y entonces la mujer alemana avanzará aún más deprisa en el desarrollo de su consciencia revolucionaria. El hecho de que también la mujer atrasada apoye hoy con ardor las conquistas de la revolución da la seguridad de una pronta victoria definitiva del proletariado sobre la burguesía mundial. Terminó su saludo con el grito: «¡Viva la obrera rusa, viva la revolución mundial!».
El discurso de Levi es acogido con una salva de aplausos.
La camarada Wolfstein saluda a la conferencia en nombre de las obreras alemanas: Quien mejor habría transmitido el saludo de las obreras alemanas a las comunistas rusas y al proletariado en lucha —dice Wolfstein— es la camarada Clara Zetkin, pero por desgracia no puede estar aquí. Quería venir con todas sus fuerzas, pero los camaradas decidieron que debía quedarse en Alemania, porque allí es insustituible. Por eso las obreras han tenido que transmitir por mi medio su saludo, sus deseos y la expresión de su más profundo entusiasmo por lo que se ha hecho en Rusia. La obrera alemana no admira solo lo que se ha hecho durante la revolución. Ya en la época en que un puñado de valientes luchaba en Rusia contra el zarismo, cuando la mujer participaba con ardor y vivamente en esa lucha —iba con valor a la cárcel o subía con la cabeza alta al cadalso—, en Alemania una pequeña parte combativa de nuestro partido sentía por ello una profunda simpatía y admiración. Pero el entusiasmo de las obreras alemanas es especialmente grande ahora, después de que en 1917 el proletariado ruso arrancara con mano de hierro el poder político de manos de la burguesía y, pese a la lucha heroica en el frente interior y en el exterior, pusiera los cimientos de una nueva sociedad. A pesar de todos los engaños y calumnias de la burguesía sobre el poder soviético, el proletariado alemán sabe que en Rusia se ha realizado una gran obra, y por ello expresa el mayor reconocimiento.
El proletariado alemán ha salido ya cuatro veces a luchar por los objetivos que vosotras habéis alcanzado ya aquí, y cuatro veces ha sido derrotado. Las causas de las derrotas son diversas; entre ellas desempeña un papel no pequeño la fuerte organización de la burguesía; pero el proletariado alemán no se ha desanimado, sino que se ha templado aún más y ha forjado su voluntad de vencer.
Está reuniendo de nuevo sus fuerzas y está dispuesto a volver al combate en el primer momento propicio.
Estoy segura de que hoy laten al unísono con nosotras cientos de miles de corazones proletarios que piensan como nosotras, simpatizan con nosotras y esperan con impaciencia las decisiones que tome este congreso. La idea de la III Internacional Comunista penetra cada vez con más claridad y profundidad en la consciencia del proletariado alemán; todos han comprendido también que la victoria del proletariado es imposible si la mujer trabajadora no participa en la lucha en pie de igualdad con el obrero varón.
Como esto lo han sellado las proletarias alemanas en una lucha sangrienta, y como la mujer y el hombre no se han desanimado por derrotas parciales, todos ellos exclamarán:
«¡Viva la República Soviética!». «¡Viva la III Internacional!». «¡Viva la revolución mundial!».
Después de la camarada Wolfstein saluda a la conferencia, en nombre de las obreras austriacas, la camarada Strömer.
«Las obreras austriacas me han enviado no solo para reafirmar su adhesión a la III Internacional Comunista, sino para transmitir un saludo revolucionario y heroico a la obrera rusa. Nosotras, las obreras austriacas, hemos contemplado con orgullo y admiración la lucha heroica de la obrera rusa por su liberación como clase y como sexo. La obrera austriaca no solo la admira, sino que está dispuesta en todo momento a tomar parte en esa lucha en la medida de sus fuerzas. Aún recuerda cómo en 1918 el imperialismo alemán luchaba contra la joven República Soviética y trataba de estrangularla con una paz durísima y vergonzosa15.
»Cuando hubo que apoyar a los hermanos y hermanas rusos, también las mujeres se alzaron junto con los obreros austriacos. Como un solo hombre, las obreras de las fábricas de uniformes abandonaron entonces el trabajo en protesta contra la forma en que Alemania y Austria trataban a la República Soviética. En aquella huelga de enero16 las mujeres fueron las más activas e incluso empujaban hacia delante a sus camaradas varones.
»Las mujeres no querían poner fin a la lucha, pese a las exhortaciones de los socialdemócratas. Y, desesperadas, con lágrimas en los ojos, las obreras de las fábricas de municiones se vieron obligadas por el hambre a volver al trabajo, tras demostrar que la obrera austriaca está dispuesta en todo momento a salir en defensa de la causa del proletariado.
»Por pequeña que sea Austria y por pequeño que sea el papel que puede desempeñar en la historia de la lucha de la revolución contra la reacción, el proletariado austriaco cumplirá sin embargo con su deber, porque Austria, que hoy no es más que una colonia de la Entente, le sirve a esta de paso en su ofensiva contra Rusia. A través de Austria quería la Entente ayudar a Polonia, abasteciéndola de municiones, y transportar allí tropas, y nosotros, los austriacos, mujeres incluidas, llevamos a los obreros a la lucha y así impedimos el paso de las tropas y que Polonia recibiera las municiones. De este modo también las mujeres, con sus débiles fuerzas, apoyaron al proletariado ruso en su lucha por la existencia. Es poco. Pero en general el movimiento proletario femenino es débil entre nosotros, y no lo ocultamos. Es deshonesto quien promete más de lo que puede hacer. Hacemos todo lo posible por reunir nuestras fuerzas, para no ser meras espectadoras de la lucha del proletariado ruso. Con todas nuestras débiles fuerzas procuramos estar preparadas para actuar, a fin de impedir que la reacción estrangule la revolución rusa. Últimamente hubo graves disturbios en las fábricas de municiones, porque las obreras se negaron a cumplir la orden del gobierno austriaco de fabricar municiones para Polonia. Cuando las huelgas fueron aplastadas y la necesidad obligó a volver al trabajo, la clase obrera impidió activamente la salida de las municiones. Así pues, no solo admiramos la revolución rusa, sino que intentamos por nuestra parte salir en su defensa, sabiendo que esa lucha es al mismo tiempo una lucha contra nuestra propia reacción interior. La reacción es entre nosotros tan fuerte como en Alemania, aunque adopte una forma encubierta. Mientras en Alemania la reacción actúa abiertamente y la lucha es allí de ojo por ojo y diente por diente, entre nosotros está encubierta, llena de veneno, y no es fácil llegar hasta ella. Pero nosotras, las mujeres, sabemos de todos modos que también a ella le llegará su fin. Sabemos que solo cuando la burguesía haya sido definitivamente eliminada será posible la victoria del proletariado. En esa lucha toma parte también la mujer, sabiendo que, al luchar, no solo vence a su propia reacción y ayuda a Rusia, sino que contribuye a la emancipación de la mujer del mundo entero.
»Nosotras, las obreras austriacas, juramos aquí que no pondremos fin a esta lucha contra la reacción hasta que el proletariado de todo el mundo sea liberado y se instaure el poder de los soviets».
En nombre de las obreras italianas saluda la camarada Balabánova, que señala que las mujeres proletarias italianas se solidarizaron con las mujeres rusas mucho antes de la revolución. Ponían a sus hijos nombres de revolucionarios rusos.
El pueblo italiano siempre ha simpatizado con el pueblo ruso y con sus mejores aspiraciones.
El movimiento revolucionario de Rusia ilumina la mente y el corazón de la mujer proletaria italiana. Las obreras empiezan poco a poco a participar en todas las huelgas y manifestaciones. No quieren seguir trabajando para los explotadores. Quieren, a ejemplo de las mujeres rusas, convertirse en dueñas de su país. Está cerca el día en que las mujeres trabajadoras italianas acudirán en filas ordenadas a la bandera de la Internacional Comunista. Esta primera conferencia internacional es prenda de ello.
La camarada Newbold, en nombre de las obreras inglesas, expresa su entusiasmo por las obreras rusas, grandes luchadoras que han conquistado su independencia y pueden ahora celebrar sus reuniones en los mejores locales, en magníficas salas que antes servían a la burguesía.
Las obreras inglesas siguen todavía sojuzgadas y vuelven sus ojos hacia Rusia. Esta primera conferencia internacional debe mostrar el camino de la liberación también a las demás obreras, incluidas las inglesas.
La camarada Linderut, en nombre de las obreras suecas, dice que en las obreras suecas los rusos tienen a sus aliados más fieles. En la pequeña Suecia cuentan más de 13.000 obreras organizadas, dispuestas a salir a la calle cualquier día, a una indicación del partido, para derribar el poder. Saludan a la conferencia internacional y confían en su éxito.
A continuación se leen los saludos llegados a la presidencia desde Turquía y Polonia. Los camaradas turcos escriben:
«Saludamos en nombre de las mujeres comunistas y los comunistas turcos a la primera conferencia internacional de las proletarias rojas. La situación de Turquía es la causa principal de que entre vosotras falten las obreras turcas, todavía hoy oprimidas y esclavizadas por los viles terratenientes y por los imperialistas de la Entente. Estamos seguros de que no está lejano el día en que la obrera turca, junto a vosotras, levantará bien alta la bandera roja del comunismo como prenda de una vida nueva y luminosa.
¡Viva la unión de las mujeres trabajadoras del mundo entero! ¡Viva la III Internacional!
Ismail Hakkı. Islavut Zekki. Mijod17».
El «Polbiuró»18 adjunto al CC del PCR saluda calurosamente a la primera conferencia internacional de mujeres comunistas. Por desgracia, entre las representantes del proletariado internacional aquí reunidas no hay delegadas de Polonia. Su ausencia se explica por las circunstancias militares del momento; a pesar de ello, procuraron participar en este primer congreso de mujeres comunistas y, según hemos sabido, incluso se habían puesto en camino, pero el rápido curso de los acontecimientos les obligó a volver para estar en su puesto comunista en el combate decisivo del proletariado polaco contra la burguesía nacional y mundial. El Buró Comunista Polaco adjunto al CC del PCR cree expresar plenamente los deseos y sentimientos de nuestras camaradas de Polonia que no han podido venir al desear a la conferencia éxito en su trabajo y expresar la esperanza de que el próximo congreso internacional de mujeres comunistas se celebre en la Varsovia roja.
En nombre de la Internacional Comunista de la Juventud saluda a la conferencia el camarada Münzenberg19.
«Se me ha encargado saludar a las participantes en la primera conferencia internacional y transmitirles los mejores deseos de un trabajo fructífero. No fue casualidad que en 1915, en Berna, en Suiza, los congresos de las mujeres y de la juventud se reunieran casi al mismo tiempo y en el mismo local20. Ya antes de la guerra un grupo de jóvenes de Europa occidental, junto con el grupo internacional de mujeres encabezado por Clara Zetkin, se rebelaron contra la funesta orientación y tendencia del movimiento obrero. La conferencia de Berna de 1915 tuvo sus puntos débiles, pero fue la primera reunión internacional del proletariado celebrada durante la guerra. Dio la señal para reanudar la lucha internacional de masas contra la guerra. Durante la guerra, la lucha contra ella la llevaron en Europa occidental (en Alemania) sobre todo las mujeres y los jóvenes. Por una parte, porque los mejores camaradas estaban en el frente y, por otra, precisamente porque la guerra recaía sobre ellos con todo su peso. Igual que un año antes las mujeres de Barcelona se arrojaban ante las locomotoras que debían llevarse a sus maridos y hermanos a África21, la juventud luchó con todas sus fuerzas contra la furia salvaje de la guerra, que asolaba las regiones más hermosas de Europa, derramaba ríos y mares de sangre y levantaba montañas de cadáveres. No es casualidad que los jóvenes obreros marcharan junto con las mujeres, pues las mujeres y los jóvenes eran quienes más tenían que sufrir bajo el yugo capitalista de la explotación. En los países capitalistas han sido siempre el objeto de explotación más barato para el capitalismo. Se les obligaba a los trabajos más duros, recibían una remuneración ínfima, y a esa explotación económica hay que añadir además la privación de derechos políticos. En todos los países capitalistas de Europa occidental y de América, las mujeres y los jóvenes están privados del derecho a participar en las elecciones y de otros derechos concedidos a todo el pueblo.
»Pero todo ello no debe ser motivo para que las mujeres y los jóvenes lleven su lucha por separado.
»Al contrario, es precisamente la doble opresión la que debe convencerles de la necesidad de unirse a la gran corriente proletaria para acabar con una situación tan intolerable; solo toda la clase obrera en su conjunto puede realizar la liberación de la mujer y de la juventud y crear para todas las capas de la población unas condiciones de vida en las que cesen todos los sufrimientos.
»Es un gran acontecimiento que aquí, en la tierra sagrada de Moscú, la Internacional Comunista esté levantando un edificio hacia el que se vuelven las miradas de todos los explotados y oprimidos, sin distinción de nacionalidad, sexo ni edad. Esta Internacional es la portadora del fuego sagrado de la revolución proletaria, que por ahora solo en Rusia ha prendido en una gran hoguera. Ella convierte esa llama en un mar de fuego para vencer al mundo podrido e infame y dejar paso al comunismo, que no conoce opresores ni oprimidos, no conoce esclavos ni conoce la guerra, donde todos los niños crecen para la vida a la luz del sol y donde a cada ser humano se le asegurarán la paz, la alegría y la felicidad». (Aplausos tempestuosos).
Escuchado el saludo, se da la palabra para una propuesta a la camarada Gópner, de Ucrania.
La camarada Gópner señala que, mientras aquí se reúne la conferencia internacional, allí, en la frontera entre Polonia y Rusia, a causa de la aventura de los señores polacos22 se derrama la sangre fraterna de los proletarios polacos y rusos. Propone dirigir inmediatamente un llamamiento a las proletarias polacas, para hacerles ver que todos los intentos del gobierno obrero y campesino de Rusia de evitar esta matanza han sido inútiles. Hay que hacer ver a las obreras polacas que deben presionar desde dentro a la szlachta23 polaca, obligarla a firmar la paz y, por encima de su gobierno, unirse a las proletarias rusas y, a través de ellas, a las proletarias de los demás países.
La camarada Gópner da lectura al siguiente texto del llamamiento, que la reunión aprueba por unanimidad:
El texto del llamamiento está en la página de documentos de la conferencia.
Con esto se levanta la sesión solemne, para abrir mañana por la mañana, en el Kremlin, la sesión de trabajo de la conferencia.
La orquesta interpreta La Internacional.
Sesión de trabajo de la mañana, sábado 31 de julio
La sesión se celebra en el Kremlin, en la sala Mitrofánievski, la misma sala en que se reunió el primer congreso de la Internacional Comunista. Aquí se siente claramente que la conferencia internacional de mujeres comunistas es parte del estado mayor de combate de la revolución mundial, que aquí se reúne el estado mayor de uno de los mayores ejércitos en acción.
La camarada Inessa, al abrir la sesión de la conferencia, pasa a tratar el orden del día.
Sobre el primer punto del orden del día (la III Internacional y la obrera) informa el camarada Yaroslavski24; señala que una de las tareas inmediatas de la conferencia, vanguardia de las proletarias, es acudir en ayuda de las obreras atrasadas de todos los países, que gimen bajo el yugo del capital. Al poner al descubierto las causas que provocan los sufrimientos inauditos de las obreras de esos países, hay que señalar la revolución proletaria rusa como el único camino para librarse de todos los males y para la emancipación de las obreras y de sus familias. A las obreras de algunos países, que se dejan engañar por los falsos socialistas y los apoyan, hay que mostrarles que es imposible resolver por la vía pacífica las contradicciones de clase y que solo con una dura lucha, con los esfuerzos de toda la clase obrera bajo la bandera escarlata de la Internacional Comunista, es posible la victoria definitiva sobre el capital en el mundo entero.
Debe prestarse especial atención a las mujeres de los pueblos de Oriente, las últimas de las esclavas.
El camarada Yaroslavski da lectura a un manifiesto que propone dirigir, en nombre de la conferencia internacional de mujeres comunistas, a las mujeres trabajadoras del mundo entero.
La reunión pasa a discutir el manifiesto leído, que no suscita objeciones de importancia.
La camarada Allan25, de México, declara que está plenamente de acuerdo con el texto del llamamiento, pero no con el punto del manifiesto que trata de las mujeres orientales. Conoce bien su situación.
Ese punto habla sobre todo de su atraso, pero siempre se les echa en cara eso. Y los europeos que las explotan las miran por encima del hombro y les reprochan su atraso, aunque son precisamente ellos los culpables del atraso de los pueblos de Oriente. Si se recuerda su atraso a las mujeres de Oriente, hay que señalar también las causas que lo han producido. El imperialismo de Occidente las oprime terriblemente, las convierte en objeto de explotación y les impide desarrollarse.
La camarada Karýmova, del Turquestán. Ella misma acaba de llegar de las regiones orientales, donde aún reinan la barbarie y la ignorancia; las mujeres viven en una esclavitud salvaje y en una situación tan horrible que no puede describirse. A las mujeres las casan a los doce años, a los quince ya tienen hijos. Se les niega allí el derecho a una existencia humana. Van con la cara tapada. No tienen posibilidad de estudiar; el analfabetismo es general.
En Egipto y Afganistán se tiene a las mujeres como esclavas, se las apalea hasta la muerte. Nosotras, las obreras más conscientes y avanzadas, debemos tocar a rebato sin descanso, sin reparar en palabras duras ni en formas. Debemos hacer todo lo posible por arrancarlas de las salvajes cadenas de la esclavitud.
La camarada Wolfstein (Alemania) considera que el manifiesto es demasiado extenso, que así será difícil difundirlo, pues muchos partidos se encuentran en la ilegalidad. Hay que abreviarlo considerablemente y encargar esa tarea a una comisión elegida especialmente para ello. En cuanto a la parte del llamamiento que se refiere a las mujeres de los pueblos de Oriente, hay que encargar su redacción a representantes de Oriente. El congreso ya ha creado una comisión de cuestiones de Oriente con representantes de Persia, la India, el Turquestán, China y otros países; debemos completarla con una camarada que trabaje entre las mujeres de Oriente y con una representante de las obreras rusas, puesto que el trabajo en Oriente va de la mano del trabajo de la Rusia soviética.
Tras escuchar las intervenciones de algunas delegadas más, se acuerda aprobar el manifiesto en su conjunto como base y remitirlo a una comisión para su redacción definitiva y su abreviación. Se elige para la comisión a Wolfstein (Alemania), Nikoláyeva (Rusia), Strömer (Austria), Nielsen (Dinamarca) y Allan (México); la parte del manifiesto que se refiere a las mujeres de Oriente se acuerda remitirla a la comisión creada por el congreso, completándola con dos camaradas: Allan (México) y Nikoláyeva (Rusia). Con esto se levanta la sesión de la mañana, a las cuatro de la tarde.
Publicamos a continuación el manifiesto en la forma definitiva aprobada por la conferencia:
El texto del manifiesto está en la página de documentos de la conferencia.
Sesión de la tarde, sábado 31 de julio
La sesión de la tarde está dedicada a los informes de las delegadas de los distintos países.
Se escucha en primer lugar el informe de la representante de las obreras alemanas, la camarada Wolfstein.
«Del movimiento comunista de las mujeres en Alemania casi nada puedo deciros por el momento. Hombres y mujeres nos hemos fundido de tal modo en la lucha revolucionaria y en la acción común, en el terreno organizativo e ideológico, que sería imposible incluso indicar estadísticamente el número de mujeres organizadas en el partido. Últimamente, cuando empezamos a trabajar en la legalidad, intentamos averiguar mediante una encuesta el número de nuestras camaradas mujeres. Pero no obtuvimos respuesta. Las mujeres están en el partido y pagan las cuotas igual que los hombres. No llevábamos estadísticas de cuántos hombres y cuántas mujeres organizados hay en el partido. Para ello tuvimos que enviar a camaradas a distintos distritos, donde (por el interés que tiene la cuestión) comprobamos que las mujeres constituyen el diez por ciento del total de afiliados del partido.
»Sabiendo que el Partido Comunista cuenta con unos 100.000 miembros, hay que suponer que diez mil de sus miembros son mujeres comunistas. Comparada con los millones de parados y con los millones de mujeres organizadas en los sindicatos, esa cifra de 10.000 significa muy poco. Sabemos muy bien que no somos más que una pequeña vanguardia.
»En las huelgas, que comenzaron ya en diciembre de 1918, igual que en las manifestaciones callejeras que respondían a las maquinaciones contrarrevolucionarias del gobierno, las mujeres tomaron una parte considerable. Y en los grandes y encarnizados enfrentamientos militares y políticos que estallaron en enero, marzo y mayo de 1919 y en marzo de 1920, las mujeres estuvieron allí donde las balas caían como granizo. En los primeros días cayó a manos de viles asesinos Rosa Luxemburg, genial y valiente dirigente del proletariado. Muchas mujeres valerosas sufrieron palizas, cárcel y trabajos forzados por haber participado en la lucha revolucionaria. Muchas soportaron con orgullo y valor la pérdida de sus seres queridos. Todavía hoy siguen en las cárceles bávaras y prusianas muchas de las condenadas entonces. Merece una admiración especial la actividad que desplegaron las mujeres en los días de Kapp26, en marzo de 1920. En la cuenca del Ruhr se pusieron inmediatamente a disposición del Ejército Rojo como enfermeras y como personal técnico auxiliar. Hasta los periodistas burgueses, que para todo el movimiento del Ruhr no tenían más que los insultos y las calumnias más groseros, tuvieron que reconocer la valentía y la modestia con que las proletarias prestaron servicio militar. Casi en todas partes donde surgieron consejos entraron en ellos mujeres, incluidas las amas de casa. En Berlín no solo soportaron sin quejarse nueve días de huelga general completa, que las privó de luz, agua y calefacción, sino que incluso se daban ánimos unas a otras e impulsaban a sus maridos a aguantar la huelga, intervenían en las asambleas a favor de continuar la lucha, y solo cuando terminó la huelga y el objetivo al que todos aspiraban resultó inalcanzado se notó en sus filas una fuerte decepción. Pero ahora, después de un movimiento enorme, después de que miles de personas fueron asesinadas y condenadas, precisamente entre las mujeres se observa un interés muy vivo por las cuestiones políticas y un estado de ánimo elevado y resuelto. Esto se notó especialmente durante las asambleas electorales.
»Durante el año y medio de revolución, el Partido Comunista ha tenido que recorrer un camino muy difícil. En los continuos enfrentamientos armados, los hombres de Noske27 solían destruir todas las organizaciones, limpiaban las oficinas, quemaban todo el material, detenían y fusilaban a los dirigentes, destruían la prensa, etc., hasta que por fin el proletariado quedó tan agotado y el poder de la soldadesca blanca tan afianzado que el Partido Comunista solo pudo existir en la clandestinidad en los principales centros industriales. Las masas no encontraban el camino hacia esos grupos secretos y por eso entraban en el partido de los socialistas independientes28.
»Por su ideología, ese partido nos sigue en buena medida, porque sabe que las masas, por sus aspiraciones, están cerca del comunismo. Solo en los últimos tiempos, cuando, después del intento de golpe de Kapp, pudimos respirar algo más libremente, emprendimos un trabajo sistemático y planificado. Ante todo publicamos un abecedario político para las mujeres. Hemos enviado instructores-organizadores especiales a todas las organizaciones para el trabajo entre las mujeres proletarias, a pesar de que todas las mujeres del partido trabajan junto con los hombres, porque hemos llegado a la convicción de que solo mediante una actividad especial se podrá hacer avanzar a las mujeres, pues están muy atrasadas respecto de los hombres en el terreno político. Nuestro trabajo particular entre las mujeres no indica una tendencia al trabajo separado, sino que muestra que, para alcanzar los objetivos comunes, se moviliza también a la parte de los miembros del partido que ha participado menos en la lucha. Tenemos toda una serie de agitadoras que recorren todo el país y organizan, o bien asambleas generales “en las que se pronuncian discursos dirigidos por igual a hombres y mujeres sobre la importancia de incorporar a las mujeres a la lucha del proletariado”, o bien asambleas especiales de mujeres, en las que se discuten cuestiones políticas específicamente para las mujeres. Hay agitadoras que con ese fin pasan de dos a cuatro semanas de viaje. En las grandes ciudades y en los pueblos tenemos una pequeña red de instructores-organizadores que hacen propaganda.
»Tenemos un órgano femenino, Die Kommunistin29, dirigido por Clara Zetkin, que hasta ahora se publicaba solo para un círculo de camaradas bien preparadas, que habían pasado por la escuela del partido. Ahora tratamos de convertirlo en un órgano popular para las grandes masas.
»En la actualidad reina en Alemania un fuerte paro; las fábricas están paradas, aunque hay materias primas y los obreros están dispuestos a trabajar. Alemania sufre una terrible escasez de mercancías. Los capitalistas especulan. No producen mercancías porque temen que las oscilaciones de los precios reduzcan sus ganancias. Esta situación ha puesto a muchas familias obreras en una situación terrible. Esa es una de las razones por las que las mujeres se vuelven especialmente receptivas a nuestras ideas. Hemos aprovechado el estado de ánimo de las masas trabajadoras femeninas, a causa del paro y de la crisis de abastecimiento, sobre todo para ampliar el círculo de nuestros partidarios conscientes y llevar nuestras ideas a las grandes masas.
»Habréis leído sobre los motines del hambre en Alemania. Quizá esos disturbios continúen todavía. Son las mujeres las que van al mercado e imponen allí precios bajos para las mercancías y dan pasos revolucionarios para aliviar aunque sea un poco la vida. Durante la guerra la mujer fue la primera en salir a la calle a manifestarse contra aquella matanza.
»Hemos formado un sólido núcleo de obreras templadas y estamos seguros de que ese núcleo ya no puede ser destruido. No cabe duda de que en Alemania se avecinan nuevos combates, a causa de las dificultades económicas y políticas internas y de la situación exterior en que se encuentra Alemania. No cabe duda de que la parte más avanzada de las mujeres ha comprendido ya plenamente su tarea de clase y crecerá. ¡El día en que se decida la suerte de la revolución en Alemania, las obreras desempeñarán allí un papel decisivo!». (Aplausos).
Informe de la delegada de la Austria alemana, camarada Strömer
«No hemos contado el número de mujeres que militan en el partido, porque desde el principio insistimos en hacer el trabajo general del partido entre todos los afiliados, sin separar un trabajo entre las mujeres. Las mujeres que ingresan en nuestras filas participan en igual medida en todas las decisiones y cuestiones del partido. Tras la caída del gobierno soviético húngaro30, hicimos una nueva inscripción de los afiliados, a consecuencia de la cual nuestro partido se redujo considerablemente, y en particular disminuyó mucho el número de mujeres. Insistimos entonces en llevar un registro de las mujeres afiliadas al partido para someterlas después a una preparación política intensiva, pues nos habíamos convencido de que estaban más atrasadas. Empezó a publicarse entonces para las mujeres un órgano especial, La Proletaria Revolucionaria.
»Tras la segunda inscripción y la depuración del partido de los elementos poco seguros, por falta de fuerzas no pudimos dirigir una organización femenina aparte y decidimos admitir de nuevo a las mujeres en el partido como miembros de pleno derecho. Por la misma razón dejó de publicarse el órgano femenino especial. Tuvimos que limitarnos a publicar un suplemento dominical especial en nuestro periódico, Die Rote Fahne31. Entre nosotros, como en Alemania, alrededor del 10 % de los afiliados del partido son mujeres. Como el partido cuenta con 50.000 a 60.000 miembros, es evidente que entre ellos hay de cinco a seis mil mujeres. En Viena, donde hay un hambre terrible, encontramos grandes dificultades para organizar a las mujeres.
»El envío de niños hambrientos al extranjero está en manos de los partidos burgueses y del socialdemócrata. Las mujeres que recurren a la ayuda de esas organizaciones se encuentran bajo una fuerte influencia de los partidos mencionados. Eso explica la fuerte resistencia que encontramos entre las mujeres vienesas. Tenemos que luchar contra el Partido Socialdemócrata, que dispone de medios materiales y también del poder político. Por eso pueden influir por completo en las mujeres. Políticamente, el movimiento femenino socialdemócrata es nulo; casi no celebran asambleas de mujeres. Ese partido ha atraído a sus afiliadas no con la propaganda, no con la fuerza de sus ideas, sino solo con la fuerza económica de sus comités de socorro. A las mujeres que acuden a la oficina de distrito en busca de ayuda para sus hijos se las obliga a ingresar en la organización femenina socialdemócrata; a cambio reciben una lata de leche y un kilo de harina. Se ven obligadas a inscribirse, porque de lo contrario corren el peligro de perder esos privilegios. De este modo nuestra organización femenina en Viena queda completamente paralizada. La mayoría de nuestros afiliados viven en provincias, donde la lucha de clases adopta formas mucho más agudas. Allí la mujer está organizada de manera mucho más fuerte y cohesionada; algunos consejos obreros funcionan allí de tal modo que concentran todo el poder en sus manos. Desempeñan todas las funciones públicas y han apartado casi por completo de la administración a todas las instituciones burguesas. Dominan sin rival en la región, y allí muchas mujeres participan intensamente en su trabajo. En los consejos obreros de distrito trabajan pocas mujeres; por eso vamos a las provincias, para hacer allí propaganda de nuestras ideas.
»Como ya se ha dicho, el movimiento femenino en Viena no está muy desarrollado, y precisamente aquí la situación es absolutamente indescriptible. Por eso es imprescindible que tomemos en nuestras manos la organización del reparto de víveres. Aunque los consejos obreros de distrito hacen algo en ese terreno, en ellos hay muy pocas mujeres, salvo en la comisión sanitaria y en la escolar. Este consejo tiene una influencia bastante considerable en las cuestiones de abastecimiento, vivienda y escuela, pero, debido a los últimos acontecimientos políticos, durante los cuales los partidos burgueses obtuvieron ciertas ventajas, esa influencia ha decaído. En la cuestión de la vivienda, el consejo impuso que en adelante no se permitiera el desahucio de proletarios por retraso en el pago del alquiler. La penuria de vivienda ha alcanzado dimensiones monstruosas, sobre todo en Viena; a menudo se echaba a la calle a varias familias en un solo día. Es verdad que la protección de los inquilinos lo impedía en cierta medida, pero, aun así, los caseros intentan burlar la ley. Nos hemos asegurado cierta influencia en algunas comisiones, pero no hemos conseguido llevar a ellas a un número considerable de mujeres, porque solo disponemos de un pequeño número de militantes con experiencia. Las mujeres que se nos unen están en su mayoría poco formadas y deben pasar primero por la escuela del partido.
»Las mujeres son revolucionarias por instinto, porque el hambre y la miseria las empujan a ello. Ya durante la guerra el movimiento revolucionario se apoyaba en buena medida en las mujeres. Entre los miembros del grupo de los radicales de izquierda32 había toda una serie de mujeres que en su momento organizaron varias huelgas. Con la caída de la monarquía, ese movimiento se reforzó considerablemente. Y se reforzó sobre todo mientras existió el gobierno soviético en Hungría. Con la caída de este, su intensidad disminuyó considerablemente. Hacemos agitación en los mercados y en las plazas. Para ello se formó un grupo especial de mujeres amas de casa, cuya tarea consiste en la agitación en los mercados. Con ellas se ha constituido dentro del partido un grupo especial que hace agitación entre las mujeres en los mercados, en las cocinas de los regimientos, en los lugares públicos, etc. Este método de agitación ha dado buen resultado, de modo que cabe esperar que de este modo aumentemos considerablemente las filas del partido. Las mujeres que ingresan siguen un curso especial en la escuela del partido, donde tienen reservado cierto número de plazas. Así, por ejemplo, en la escuela de los consejos de fábrica hay inscritas 40 mujeres y 160 hombres. Las mujeres siguen el mismo curso que los hombres y, además, reciben conferencias especiales sobre la cuestión femenina. Aunque deben elaborar métodos especiales de trabajo de agitación y de propaganda, tienen que trabajar de todos modos junto con los camaradas varones en el marco de la actividad general del partido.
»Después de la guerra, las circunstancias económicas nos obligaron a ocuparnos también de la cuestión de los parados. Durante la guerra, en muchos casos las mujeres ocuparon los puestos de los hombres. Así, por ejemplo, en los tranvías trabajaban casi exclusivamente mujeres, y en la industria metalúrgica las mujeres ocupaban el 60 % de los puestos de los hombres. Cuando los hombres volvieron, los sindicatos lanzaron la consigna de apartar a las mujeres. Sin embargo, conseguimos que las mantuvieran y las emplearan en trabajos más ligeros, aunque eso fue acompañado, por desgracia, de una reducción del salario. No logramos convencer a los obreros de que las mujeres habían ido a la fábrica solo por necesidad, porque no pueden vivir del subsidio que se da a los parados. Este incidente trajo a nuestras filas nuevos partidarios.
»Ahora en Viena el paro vuelve a crecer. El consejo obrero de distrito logró imponer al gobierno que se prohíba parar del todo las fábricas y que estas trabajen cada día por lo menos de 3 a 4 horas, pagando a los obreros el salario completo. Con ayuda de tales camaradas hemos conseguido que a las mujeres se les reconozcan en las fábricas los mismos derechos que a los hombres. En el cuidado de la infancia hemos logrado poco, porque las organizaciones correspondientes están por completo en manos de la socialdemocracia. Damos poca importancia a esa organización que envía a los niños al extranjero, porque sostenemos que hay que instalar a los niños en colonias adecuadas dentro del país. Hay un proyecto de ley para requisar todos los castillos y convertirlos en colonias infantiles. En todas nuestras asambleas insistimos en que ese proyecto de ley se lleve por fin a la práctica. Ya hemos conseguido un éxito parcial, en el sentido de que los niños vieneses se envían ya a algunas localidades de la Baja y la Alta Austria. Esperamos que nuestro movimiento tenga un éxito considerable gracias a nuestra amplia agitación. ¡Su pleno éxito y el pleno logro de su objetivo solo podrán alcanzarse con la instauración de la plenitud del poder soviético, con la dictadura del proletariado!».
Informe de la delegada de Suecia, camarada Linderut
«En Suecia, entre los comunistas y los socialistas de izquierda33, hay 1.500 mujeres organizadas. No son organizaciones especiales. Pero aquí se trata de una necesidad, nacida de la experiencia, de hacer pasar a las mujeres por las escuelas del partido y de permitirles seguir también cursos de enseñanza general. Eso es necesario porque las asambleas del partido se celebran pocas veces y sin regularidad. En el movimiento de la juventud sueca participan 8.000 muchachas. El movimiento femenino de izquierda debe mucho a la organización juvenil; entre las mujeres se encuentran las mejores agitadoras. Desde comienzos de 1919 publicamos nuestro órgano, Röda Rösta34 («Voces rojas»). Sale dos veces al mes, tiene mucho éxito y su tirada es de 5.000 ejemplares. En el órgano central de nuestro partido, Politiken, tenemos una página de la obrera. El parlamento sueco ha concedido a las mujeres el derecho de voto a partir de 1921. Sobre esta cuestión hubo entre nosotros grandes discusiones. Algunos camaradas eran partidarios de boicotear ese derecho. Pero llegamos a la conclusión de que había que participar en las elecciones para utilizarlas en la propaganda de las ideas comunistas.
»Paralelamente trabaja también la unión de mujeres de derecha, que persigue objetivos completamente distintos. Nosotras, en cambio, trabajamos en pleno contacto con el ala izquierda de nuestro partido y actuamos en un frente único con nuestros camaradas varones. La falta de medios materiales nos impide desarrollar ampliamente la agitación, pero nuestras filas crecen. Creemos que está cerca el día en que todas las obreras de Suecia se nos unirán y, de la mano de las obreras de todos los demás países, destruiremos el viejo mundo y crearemos uno nuevo».
La delegada de Hungría, Kovács
«En Hungría había un movimiento reformista muy fuerte, con treinta años de historia, y en torno a él se formó también un pequeño movimiento de obreras. Este movimiento tiene interés porque coqueteaba constantemente con el movimiento femenino, muy extendido en Hungría. Este grupo se acercó mucho a la burguesía, por lo que perdió toda importancia para el movimiento revolucionario. Con esas mujeres era impensable intentar acciones revolucionarias, pues, por la confianza ciega que tenían en sus dirigentes, eran políticamente un caso perdido. En plena guerra se formó una fuerte oposición contra el Partido Socialdemócrata. Esta oposición adoptó el punto de vista de la izquierda de Zimmerwald35 y formó después una parte considerable del Partido Comunista. Este partido consiguió sacar a la calle a las obreras atraídas a la gran industria por la guerra. Eran obreras sin ninguna formación, pero en cambio verdaderas proletarias, movidas exclusivamente por su instinto revolucionario. Ya en noviembre de 1917 se alzaron contra la guerra, cuando fue necesario hacer comprender a toda Hungría el sentido de la revolución rusa. Durante las negociaciones de Brest36 hubo imponentes manifestaciones de simpatía hacia Rusia. Al mismo tiempo se produjo una huelga general de grandes proporciones, en la que participaron en primer lugar las mujeres. Cuando se formó el Partido Comunista, resultó que aquellas mismas mujeres que, en su anhelo de paz, habían sido las primeras en salir a la calle no eran, sin embargo, capaces de una lucha política consciente. Cuando el poder pasó a manos de los comunistas y todos los obreros avanzados ocuparon puestos en los consejos obreros, las obreras no estaban suficientemente preparadas para lo que venía y no comprendieron del todo la enorme importancia y responsabilidad de las tareas que recaían sobre ellas. En Hungría el poder político se conquistó sin gran lucha. La clase obrera en su conjunto tampoco estaba suficientemente preparada. La verdadera educación política de toda la clase obrera solo se produce ahora, cuando ya hace estragos el terror blanco, que ha causado tan monstruosa devastación en la clase obrera. El proletariado de Hungría se ve obligado, lo quiera o no, a recorrer ese camino sangriento, y esto ha desarrollado en los obreros la consciencia de la importancia que tiene el poder político para la clase obrera. Nadie se imagina lo que ocurre hoy en Hungría bajo el dominio del terror blanco. Cientos de miles de mujeres han sido ultrajadas, internadas y separadas de sus hijos.
»A los maridos de muchas obreras los fusilaron ante sus ojos. Creo que en la última batalla que se avecina, y que llegará inevitablemente, las mujeres que han pasado por esa escuela terrible estarán y lucharán con la misma fuerza junto a sus camaradas varones. No puedo decir nada más sobre el actual movimiento obrero y el movimiento entre las obreras en Hungría. Allí no existe un movimiento obrero organizado, pero hay acciones revolucionarias aisladas de los obreros, saltan chispas que, cabe pensar, pronto se convertirán en llamarada».
La delegada de Inglaterra, Newbold
«En Inglaterra no existe una organización femenina comunista. Las grandes masas de obreras inglesas han empezado hace relativamente poco a incorporarse a los partidos socialistas. El trabajo especial entre las mujeres está poco desarrollado. El Partido Laborista elaboró hace dos años un nuevo programa37 y se ocupó de que las mujeres proletarias organizadas entraran en el partido obrero como sección. Desde la guerra, la consciencia de clase de las obreras se ha reforzado mucho y han empezado a acercarse a la organización; han empezado a afiliarse en masa a los sindicatos. El movimiento político proletario femenino es todavía extremadamente débil, pero la gran revolución rusa ejerce sobre ellas una gran influencia. También ellas empiezan poco a poco a participar en la vida pública. Empiezan a enviar a sus representantes a diversas comisiones —de vivienda, escolares, de protección de la maternidad—, desplazando poco a poco de ellas a las mujeres de la clase burguesa, que se sentaban en esas comisiones sin tener la menor idea de las verdaderas necesidades y sufrimientos de la clase obrera. Próximamente, cuando emprendamos la organización sólida del Partido Comunista, encontraremos entre estas obreras a comunistas que ya ahora protestan contra la persecución del poder soviético por los depredadores mundiales. Es de esperar que, cuando se produzca en Inglaterra la revolución proletaria, las mujeres trabajadoras estén preparadas para ella como es debido».
Informe escrito de Francia, del camarada Rosmer38. La situación de las obreras y los intentos de organización
Es de lamentar que en esta conferencia no haya una delegada de Francia que pudiera exponeros con más detalle la situación y el movimiento entre las obreras de allí, y participar también en los trabajos de esta conferencia.
Conozco a muchas obreras bien informadas que podrían exponeros con detalle el movimiento proletario femenino, en el que toman una parte tan activa.
Pero, ya que no están aquí, intentaré trazar en pocas líneas un cuadro del movimiento.
Antes de la guerra el movimiento proletario femenino era muy débil. Hoy sigue todavía en ese estado. Pero en este terreno, como en muchos otros, la guerra ha surtido su efecto y lo ha cambiado profundamente. La guerra obligó a las mujeres a entrar por miles en las fábricas, y al final las mujeres, igual que los hombres, se vieron arrastradas naturalmente a los sindicatos, donde tomaron parte en huelgas y mostraron mucho valor y resistencia en la lucha contra los patronos, «grandes patriotas, desde luego, pero que ganaron buen dinero durante la guerra».
Antes de la guerra la organización de las obreras apenas existía.
No se hacía ninguna propaganda sistemática para educar a las obreras en el espíritu de clase y enseñarles a comprender la necesidad de crear una organización o de entrar en las existentes.
Hubo solo intentos aislados por parte de algunas categorías de obreras, sobre todo entre las obreras de la aguja, que dieron resultados muy escasos.
Hay que reconocer también que los obreros, por su parte, mostraron no solo indiferencia ante la organización de las obreras, sino incluso hostilidad.
No solo no hicieron nada por atraer a las mujeres a sus sindicatos, sino que, al contrario, procuraron por todos los medios desanimar a quienes acudían a ellos en nombre de las mujeres para pedir ayuda para organizarse.
Una federación importante, la del Libro (tipografía, litografía, etc.)39, llevó su hostilidad hasta negarse a admitir a las obreras en sus sindicatos.
Está claro que, en tales condiciones, la organización de las obreras no podía alcanzar un gran desarrollo.
Durante la guerra la situación cambió considerablemente.
La mayor parte de los obreros marchó al frente. En las fábricas y talleres las plantillas obreras disminuyeron mucho, y cuando, por las necesidades militares, hubo que reanudar y acelerar la producción de todos los artículos de material de guerra, no hubo otro medio que llamar a las mujeres a ocupar el puesto de los hombres movilizados.
Se presentó entonces la ocasión de comprobar, tras toda una serie de experiencias, que no había una sola rama del trabajo en que las mujeres no hubieran demostrado su gran capacidad para el trabajo, cosa sobre la que antes se había discutido no poco.
Naturalmente, las nuevas obreras estaban mal pagadas.
Reinaba el estado de sitio con todo su rigor, junto con la censura establecida; las reuniones estaban prohibidas y todas las leyes de protección del trabajo obrero quedaron en suspenso. Los patronos, dueños absolutos de la situación, ni siquiera creían necesario contenerse.
Sin embargo, en el invierno de 1916-1917 estallaron las primeras huelgas, y las obreras fueron las más decididas entre los huelguistas.
La carestía de la vida, que aumentaba sin cesar, ponía de manifiesto con insistencia la insuficiencia de los salarios.
La guerra se consideraba demasiado larga; el descontento era general.
Los obreros, bajo la amenaza de ser enviados de inmediato al frente a la menor agitación, no se atrevían a protestar.
Así pues, las mujeres fueron las primeras en sentir la necesidad de tomar la iniciativa en las reivindicaciones y las acciones huelguísticas.
La primera huelga, en una fábrica cercana a París, y el aspecto de la sala donde se reunían los huelguistas en la Bolsa del Trabajo ofrecían una imagen completamente nueva. Los hombres eran una minoría insignificante; las mujeres predominaban, tanto por su número como por la pasión y la vehemencia que pusieron en este primer combate.
Esta agitación, sin embargo, cesó bastante pronto.
El gobierno, prudente, aconsejó a los patronos que aceptaran el aumento de salario exigido, en parte íntegramente, en parte recortado, según las circunstancias, y así se apaciguó este primer movimiento.
Volvió a surgir unos meses después, en abril y mayo de 1917, y luego en la primavera de 1918, siempre con los mismos rasgos característicos, creciendo sin cesar en importancia, fuerza y energía y arrastrando consigo a los obreros.
Las organizaciones sindicalistas, que hasta entonces, al comienzo de la guerra, eran bastante modestas en número, adquirieron de pronto unas dimensiones nunca vistas.
Los obreros acudían a ellas en enorme número, como al único refugio y al único lugar de defensa que les había dejado la guerra.
Así, por primera vez, las mujeres se dirigieron a la Bolsa del Trabajo y mostraban con orgullo sus carnés de afiliadas.
El terreno estaba suficientemente preparado para la organización de las obreras.
Los prejuicios que existían antes de la guerra, la frecuente hostilidad de los obreros varones, la timidez de las obreras, desaparecieron.
Todos esos obstáculos desaparecieron: hombres y mujeres comprendieron que libran una misma guerra y deben luchar juntos. Pero lo que les falta hoy son mujeres preparadas, capaces de encargarse de la organización y de la propaganda, de preparar y dirigir reuniones.
En este nuevo terreno las obreras tuvieron que empezarlo todo de nuevo. Se presentó a la Confederación General del Trabajo un plan de trabajo elaborado, que podía facilitar mucho esta tarea. La Confederación acordó crear en su seno un secretariado femenino, cuya tarea principal sería formar y preparar a obreras activas y coordinar todas las acciones de las obreras.
Pero hasta ahora esta cuestión solo se discute y no se ha llevado a la práctica.
Hay que destacar también el papel desempeñado por el sindicato de maestras. El sindicato de maestros nunca fue reconocido por el gobierno francés oficial, que sostenía que el sindicato existía ilegalmente y buscaba la ocasión de disolverlo.
En la Bolsa del Trabajo y en la Unión de Sindicatos estas maestras estuvieron en contacto con los obreros hasta llegar a la plena unión. Una de ellas elaboró y reelaboró el proyecto de secretariado femenino, todavía no realizado.
Así, las obreras, que hasta ahora se habían mantenido al margen, recibieron poco a poco una educación política.
La guerra imperialista les ha enseñado también muchas cosas, y su movimiento sindical ha empezado a crecer, todavía de manera bastante confusa, es cierto, pero ya sienten que los capitalistas, como régimen, como fuente de su esclavitud, de la guerra y de la miseria, deben ser aniquilados. Cuando sepan lo que la Rusia soviética ha llevado ya a la práctica de entre los grandes proyectos de antaño en el terreno de la emancipación de la mujer, comprenderán su tarea, defenderán esas consignas con nueva energía frente a los capitalistas, y esa será la mejor prenda de la victoria de la clase obrera de Francia. Cuando el Partido Comunista de Francia emprenda la organización de las obreras, ese movimiento avanzará deprisa y por el buen camino.
Sesión del mediodía, domingo 1 de agosto
Informe de la delegada de Italia, camarada Balabánova.
«Fuera de Alemania, no hay ningún país en el que, como en Italia, la adhesión al movimiento socialista esté tan estrechamente ligada a la concepción del mundo y a la vida cotidiana. En algunas partes del país, entre el 60% y el 90% de la población es analfabeta, y por eso lo que tiene más importancia es la propaganda oral. El primer periódico se publicó con el título de Eva; el segundo, Sukompanie40. No hay una sola columna en esos periódicos en la que no se llame a las proletarias a la lucha de clases y al cumplimiento de su deber proletario. No puedo decir cuántos socialistas de izquierda hay en nuestro partido, porque no existen estadísticas especiales sobre esta cuestión. De los 2.250.000 obreros y pequeños campesinos organizados en los sindicatos y en el partido, unas 250.000 son mujeres.
Lo característico del movimiento socialista italiano es ahora que en las aldeas y los pueblos donde los habitantes se dedican sobre todo a la agricultura el número de mujeres, igual que el de hombres, que se adhieren a los círculos socialistas es mayor que en las ciudades industriales. Las mujeres italianas, guiadas, es verdad, más por un sentimiento de humanidad que por una ideología política, siempre se han opuesto resueltamente a la guerra capitalista. Tanto en la guerra de África de 189441 como en la última matanza sangrienta, que se prolongó desde 1915, las mujeres fueron las primeras en empezar las manifestaciones, en levantarse para impedir que los soldados partieran al frente y en exigir el fin de la guerra. Esas acciones las han educado en la lucha de clases durante estos últimos años y han dado excelentes resultados. Hoy hay en Italia gran número de mujeres inscritas en las filas del Partido Socialista, y casi todos los obreros y obreras de la industria y de la agricultura se han adherido a los sindicatos y a las ligas.
No hay nada más insensato y más contrario al marxismo que pensar que las italianas están completamente atrasadas, que han perdido la energía y se han convertido en víctimas resignadas del capitalismo, del clericalismo, de los hombres y de la desigualdad política. A medida que progresa el desarrollo político de Italia y la mujer se incorpora a la industria, desaparece todo rastro de lo que antes se entendía por «la italiana». Hay que distinguir con claridad, además, entre las mujeres de la burguesía y las del medio obrero. En provincias se encuentran manifestaciones del todo insólitas y extrañas del espíritu revolucionario. Hay allí miles de niños a los que se ha puesto los nombres de «Lenin», «Trotski», etc. Por ello puede juzgarse la concepción revolucionaria del mundo, el paso que es necesario dar para llegar al comunismo: la ruptura con el pasado y con la Iglesia. No hay que extrañarse, pues, de que muchas mujeres no bauticen a sus hijos y les den, en lugar de un nombre religioso, un nombre revolucionario. Lo mismo ocurre en el terreno de la vida familiar. Durante la guerra la concepción del mundo cambió en un sentido revolucionario.
Las mujeres organizaron grandes huelgas. En los choques con la policía muchas mujeres sacrificaron la vida. Durante la guerra de Tripolitania42 las mujeres impidieron a costa de su vida el envío de tropas y municiones. Organizaron grandes manifestaciones y huelgas importantes. Entre los condenados por huelgas y protestas había tantas mujeres como hombres. A los diputados, a los socialistas de izquierda del partido, se les ha encargado preparar proyectos de ley que demuestren claramente a los obreros que no pueden realizarse en el marco del orden social burgués. Cuando el partido toma una decisión, las mujeres hacen todo lo posible por llevarla a la práctica. Observan la disciplina más estricta.
Cuando se produzca en Italia la revolución socialista, las mujeres participarán en ella tan activamente como los hombres.
La Revolución rusa ha tenido y tiene una influencia enorme en el alma de la mujer italiana. La mujer italiana ama profundamente a la familia y a los hijos, y desde que en los mítines, en las plazas y en la prensa contamos y explicamos que la República Soviética rusa, a pesar de la dura lucha que libra contra la cruel coalición de la burguesía mundial, hace tanto por la protección y la educación de los niños, nuestras mujeres entregan con entusiasmo toda su simpatía a la Rusia soviética, para que pueda triunfar pronto sobre sus enemigos... Hasta 1917 las mujeres socialistas, aunque se sometían a las directivas del Partido Socialista y reconocían su dirección, tenían todavía su propia organización separada. Ahora se han fundido con la organización de los camaradas hombres.
Los centros donde son más fuertes las organizaciones femeninas son Emilia, el Piamonte y Lombardía. El núcleo más fuerte es el de la juventud socialista femenina; son unas 10.000 y tienen sus células en casi todas las ciudades principales de Italia. Se dedican sobre todo a la propaganda antimilitarista y anticlerical (por la libertad de conciencia y contra la Iglesia). Muchas obreras, aunque todavía no se han inscrito en el partido, están ya cerca de sus ideas y se han librado por completo de la influencia de los curas (que ha sido, y en muchos lugares sigue siendo, muy fuerte), abandonando todas las manifestaciones externas de religiosidad.
En la última campaña electoral las obreras no tenían derecho de voto, pero aun así participaron mucho, ayudando en la organización, en las elecciones y en la propaganda misma.
La revolución en la propia Italia encontrará sin duda en sus primeras filas a muchas camaradas obreras; ya ahora algunos casos aislados muestran cuánto ha cambiado el estado de ánimo de las mujeres y que las obreras darán a la revolución lo que antes ni siquiera se podía soñar».
El representante de Bulgaria, camarada Maksímov.
«La industria destruida por la guerra vuelve a levantarse. Se observa una explotación despiadada de la clase obrera y el empleo en la producción del trabajo de las mujeres y de los niños, por más barato y más provechoso. El Partido Comunista búlgaro, en su lucha contra la burguesía y sus lacayos, los socialpatriotas reformistas, nunca ha olvidado a las obreras. El partido siempre llama la atención de los hombres sobre la necesidad de atraer al movimiento también a sus mujeres y a sus hijas.
En 1914 se convocó la primera conferencia de mujeres socialistas, que: 1) subrayó la necesidad de la agitación y la propaganda comunistas entre las obreras para elevar su consciencia y organizarlas en las filas del partido y en los sindicatos; 2) consideró que el elemento más idóneo para este trabajo son las afiliadas del partido, a las que se encomienda la tarea de hacer agitación y propaganda con el pleno apoyo del partido, y 3) eligió una comisión de tres miembros que debe dirigir la educación comunista de las obreras. Esta comisión central está en contacto directo con el C. C. del partido y trabaja bajo su dirección.
Los acontecimientos que siguieron a la guerra europea, que arruinaron por completo a la clase obrera del país, repercutieron también en la situación de las obreras. Durante la guerra el trabajo femenino se extendió todavía más, y su explotación alcanzó proporciones inauditas. Gracias a las frecuentes huelgas, en las que las obreras participaron igual que los obreros, consiguieron aumentos de salario y mejores condiciones de trabajo. Pero la anarquía de la producción, que crece en la sociedad capitalista, la especulación que engendra y la carestía, siempre en aumento, reducían todos los aumentos a una miseria.
Al acelerarse el ritmo del movimiento obrero y por la propaganda incesante del Partido Comunista, a la vez que crecen las organizaciones obreras, se observa una fuerte afluencia de obreras a las organizaciones sindicales y políticas. En la conferencia general de mujeres celebrada en mayo de 1919 las obreras contaban ya 3.450 afiliadas, organizadas en 51 organizaciones. Las organizaciones femeninas participan muy activamente en todas las formas de lucha del partido y son excelentes agitadoras, tanto durante las frecuentes huelgas como en las campañas electorales.
Las comunistas de Bulgaria boicotean y combaten a las organizaciones feministas de las burguesas búlgaras. Proclaman abiertamente que la cuestión femenina es ante todo una cuestión social y que solo puede resolverla la victoria de la clase obrera, y no las medidas parciales del parlamento burgués. El proletariado, en su marcha impetuosa hacia el triunfo del socialismo, destruye las cadenas de toda esclavitud humana, y romperá también las cadenas de la esclavitud y la sumisión de la mujer. La mayor garantía de su liberación la ven las proletarias búlgaras en el triunfo y la victoria de la revolución proletaria rusa, en cuya consolidación trabaja ya activamente la mujer rusa liberada.
La organización de las comunistas búlgaras publica su periódico, Ravenstvo43, que tiene 10.000 suscriptoras. Las comunistas organizadas son ya más de 8.000. Junto a su hermano proletario, la obrera búlgara está en las primeras filas del movimiento de liberación de la clase obrera y, con un esfuerzo común, prepara a las masas trabajadoras para la lucha final y decisiva».
La delegada de Finlandia, camarada Kaazhujanen44.
«El movimiento femenino en Finlandia se divide en dos periodos: 1) la actividad de las mujeres durante la guerra civil, hasta 1918, y 2) la actividad durante el aplastamiento de la revolución y la restauración de la reacción, que hizo sufrir mucho a las mujeres. Durante la guerra civil no hubo ningún terreno de la vida social en el que las mujeres no desplegaran su actividad. Actuaron como agitadoras, escritoras, enfermeras, etc.; combatieron también con las armas en la mano contra la burguesía. En una palabra, se las podía encontrar en todas partes donde se podía tomar parte activa. La organización femenina socialdemócrata que existió hasta 1918 (hasta el aplastamiento de la revolución) tenía sus representantes en el parlamento y en los municipios. Cuando en 1918 la revolución fue aplastada y la organización destruida, se disolvió también la unión femenina socialdemócrata. Así quedó completamente aplastada toda la organización femenina. Un fuerte pesimismo se apoderó de los obreros y las obreras. Estaban al borde de la desesperación, porque sus mejores dirigentes habían sido fusilados o languidecían en las cárceles y los campos de concentración. Las organizaciones obreras estaban condenadas a la inactividad, porque habían perdido a sus mejores dirigentes. Al cabo de un tiempo la dura reacción se calmó, porque el gobierno comprendió que era imposible mantener mucho tiempo semejante represión contra los obreros, y se vio obligado a hacer concesiones. Permitió a la unión femenina y al Partido Socialdemócrata reanudar su actividad.
La unión femenina desplegó una actividad considerable. Las mujeres acudieron en masa a la unión, no con la esperanza de aliviar así su situación, sino exclusivamente con el fin de atraer a ella a la masa de las mujeres trabajadoras y vengar con un esfuerzo común el crimen cometido por el gobierno. Poco a poco surgieron en el seno del Partido Socialdemócrata desacuerdos que llevaron a la escisión entre la derecha y la izquierda. La izquierda estaba muy cerca del punto de vista comunista. Entre la izquierda y la derecha estalló una lucha que se sometió a la decisión de las masas. Con este motivo se hizo un referéndum. La mayoría se adhirió a la tendencia de derecha. Después de eso la izquierda solo pudo trabajar en la ilegalidad, mientras que la derecha tenía plena libertad de acción, tenía medios, prensa, podía influir en las masas y, de ese modo, aprovechar cualquier votación. A finales de 1919 se celebró una conferencia de delegadas en la que 70 delegadas representaban a 100 organizaciones. Volvió a manifestarse allí el conflicto entre la derecha y la izquierda, y ganó la izquierda. Eso demuestra que la mayoría de las mujeres trabajadoras se inclina hacia el comunismo y condena la táctica de la derecha. Se alzaron también voces que llamaban a unirse en torno a la III Internacional.
Publicamos un periódico, La Obrera45, en el que la izquierda ha logrado ocupar un lugar preponderante. Gracias a esta circunstancia podemos hacer propaganda a favor de la República Soviética.
Mientras la derecha cubre de lodo a la República Soviética, la izquierda procura explicar lo que es y mostrar a los obreros la enorme importancia y el gran provecho que la República Soviética representa para ellos. Espero que la corriente revolucionaria de izquierda triunfe pronto. Todas las mujeres se unirán a este movimiento para luchar junto a los hombres».
La delegada de Dinamarca, camarada Nielsen46.
«Del movimiento comunista femenino en Dinamarca hay poco que decir.
Por ahora tenemos solo un movimiento comunista femenino débil.
En el terreno económico, el peso de las mujeres en Dinamarca es bastante grande. Las mujeres son un porcentaje muy considerable de los obreros y empleados de las fábricas y las oficinas, y también del personal docente. Muchas mujeres llevan por sí mismas explotaciones agrícolas. Hoy las mujeres eligen a menudo como profesión un trabajo manual muy cualificado, o se hacen médicas, arquitectas, abogadas (no se les permite ser pastoras). Una mujer ocupa el cargo de inspectora de fábricas; otra dirige una institución de ayuda a los parados, igualmente como representante del Estado. En la escuela los niños y las niñas reciben la misma instrucción. La niña, como el niño, puede terminar la escuela primaria, la secundaria y el instituto y entrar en la universidad. Por lo demás, este derecho solo existe sobre el papel: la pobreza no permite a la mayoría de los hijos del proletariado ni pensar en la enseñanza superior.
El parlamento prepara una nueva ley sobre el derecho matrimonial. Si se aprueba, se suprimirán muchas injusticias contra la mujer en el matrimonio.
En el Partido Socialdemócrata danés, que por su carácter puede identificarse por completo con el partido de Scheidemann47 en Alemania, existió también durante varios años una pequeña organización femenina, pero carecía de toda importancia, no tenía ningún programa propio, puesto que el programa del Partido Socialdemócrata incluía la reivindicación de la igualdad de derechos de la mujer, y por su actividad era un pequeño círculo educativo burgués. Existe todavía, pero no es capaz de reunir a su alrededor un número algo considerable de obreras.
El movimiento comunista en Dinamarca es todavía joven y débil; por ahora no hay un órgano especial que dirija el movimiento comunista femenino. Solo hay un número muy pequeño de mujeres que actúan como oradoras y periodistas.
En el movimiento socialista de la juventud participa un gran número de mujeres jóvenes.
En general, entre las mujeres danesas predomina la tendencia pequeñoburguesa. Sin embargo, la guerra ha cambiado muchas cosas en las viejas tradiciones y opiniones. La mayoría de las mujeres burguesas tiene un sentimiento antimilitarista. Sueñan con la supresión de la guerra y con el advenimiento de la paz universal. Pero esperan que esto pueda realizarse en el marco del régimen capitalista, y por eso una parte de ellas se ha adherido a la «Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad»48.
Las verdaderas comunistas, naturalmente, no participan en ese movimiento utópico. Saben que mientras exista la propiedad privada existirán también las causas que provocan la guerra, y que solo la caída del sistema capitalista puede darnos la paz universal.
La inmensa mayoría de las obreras permanece ajena a este movimiento burgués, pero por desgracia también es ajena al movimiento revolucionario. La apoliticidad de las danesas se explica, por un lado, porque los obreros no procuran atraer a sus compañeras a la vida social y política, sino que prefieren tener a sus mujeres en casa, junto a su hogar, y, por otro, porque el propio movimiento comunista en Dinamarca es demasiado joven.
Aun así, en 1917 y 1918 las mujeres participaron en número bastante grande en las manifestaciones contra la carestía y el militarismo, y si en Dinamarca estalla la revolución no dudo de que las obreras sabrán encontrar su lugar en las filas del proletariado en lucha. ¡El ejemplo brillante de nuestras hermanas rusas nos servirá de estrella polar!»
La delegada de Letonia, camarada Tumu.
«En Letonia no hay un lugar donde no haya corrido la sangre de las obreras, porque tomaron parte activa en la lucha del proletariado. Ahora miramos con esperanza a la República Soviética y esperamos que nos dé la posibilidad de vengar a nuestros muertos y todo el dolor que nos ha causado la burguesía. Esperamos que en la lucha que nos espera las obreras participen en gran número, igual que, más tarde, en la construcción de la República Soviética de Letonia.
La guerra mundial arrastró también a la mujer de Letonia a todas las ramas de la producción; la revolucionó y la empujó en masa a las organizaciones obreras, únicas defensoras fieles de sus intereses económicos y políticos. Desde entonces la participación de las obreras en el movimiento revolucionario tiene un carácter de masas.
En la insurrección contra las autoridades de ocupación alemanas, en enero de 1919, la mujer participó muy activamente. Pero su mayor heroísmo lo mostró en mayo de 1919, durante la ofensiva de los guardias blancos alemanes y letones contra la Riga roja49. Codo con codo con el hombre, la obrera defendió con el fusil en la mano la Letonia Roja. A pesar de los esfuerzos heroicos, la Letonia Roja cayó, y sobre los cadáveres de miles de obreras y obreros fusilados y despedazados se izó la bandera de la Letonia blanca.
La obrera letona pagó caro su valor y su arrojo. A las obreras se las cazaba como a apestadas en las calles y en las casas y se las mataba allí mismo. Cientos y miles fueron violadas y asesinadas en las cárceles.
El Partido Comunista fue aplastado, pero cierra rápidamente sus filas, y en la organización clandestina la comunista letona está en primera línea, en pie de igualdad con el hombre, y ocupa todos los puestos peligrosos y de responsabilidad.
Casi todos los sindicatos de Letonia están bajo la influencia del Partido Comunista. La obrera participa muy activamente en el trabajo de los sindicatos; en algunos es incluso mayoría.
Los guardias blancos comprenden perfectamente la importancia de la participación de las obreras en el Partido Comunista y en los sindicatos. Hoy todas las cárceles de Letonia están llenas de ellas. Se las somete a torturas terribles, se las viola y se las fusila.
Pero, a pesar de todas las torturas y los fusilamientos, la mujer letona se adhiere cada vez más al Partido Comunista. Se observa sobre todo ahora, con la vuelta de los refugiados de Rusia. En lugar de trabajo y de pan, encuentran un paro terrible y el hambre.
La obrera letona está segura de que el Partido Comunista de Letonia, templado en los combates, con el apoyo de la Internacional Comunista, la llevará por el camino luminoso del comunismo».
La delegada de Lituania, camarada Biti.
«Lituania es un territorio de población muy variada, formada por lituanos, bielorrusos, polacos y judíos, y según esto varían el enfoque y la agitación entre las mujeres. El movimiento revolucionario en este territorio tiene raíces en un pasado lejano y una historia gloriosa.
Todo el horror de la guerra se abatió especialmente sobre Lituania. Sufrió más de una ocupación, y eso, naturalmente, tuvo no poca importancia.
Al principio se formó una fuerte corriente nacional-chovinista, que primero quiso llevar a cabo la liberación de Lituania del yugo extranjero. Esta corriente se extinguió muy pronto bajo la influencia del creciente espíritu revolucionario y de las victorias del Ejército Rojo. Estos acontecimientos no dejaron de influir en la psicología de las mujeres. Durante la revolución y durante la contrarrevolución nuestras obreras mantuvieron la misma línea de conducta que los obreros. También las campesinas se distinguieron durante la guerra. Su simpatía por el Ejército Rojo llegaba a tal punto que, con peligro de su vida, iban a las trincheras a llevar víveres, armas y municiones. Esta ayuda contribuyó a menudo a las victorias del Ejército Rojo, como por ejemplo en Vilna y en Minsk. Estos hechos demuestran la comprensión política y la energía revolucionaria de las obreras y comunistas letonas50. Hay que mencionar también los méritos sobresalientes de las judías. Desde las distintas ocupaciones empezó a manifestarse una fuerte corriente comunista. Las obreras han tomado consciencia de que su liberación social, económica y política no está ligada a la liberación de la opresión nacional, sino al establecimiento del poder soviético, y de que solo el comunismo llevará a la liberación completa. Esta consciencia se extiende cada vez más entre las obreras y las campesinas. Los obreros lituanos saben leer y escribir casi todos, lo que facilita mucho la agitación y explica que asimilen tan deprisa las ideas comunistas. La reacción, que pasó de oeste a este, influyó mucho en los partidos socialistas. La represión del gobierno llevó a la escisión del partido. Espero que la conferencia trace directivas para el trabajo futuro que tendremos que hacer en nuestro país, y estoy convencida de que entre nosotros el terreno para una acción revolucionaria y comunista existe ya. Lo demuestra la participación de las mujeres de la ciudad y del campo en la lucha».
Tras escuchar estos informes, un grupo de delegadas propone enviar el siguiente saludo de simpatía, que la conferencia aprueba por unanimidad:
El texto del saludo está en la página de documentos de la conferencia.
La delegada de México, camarada Allan.
«En nuestro país pueden señalarse tres tendencias del movimiento femenino: 1) la burguesa, 2) la sindicalista y 3) la comunista. Por sindicalista hay que entender los sindicatos. Las mujeres pertenecen a la organización común, aunque entre ellas se hace una agitación especial. Existe una organización comunista femenina especial, de la que forman parte 500 muchachas y que adquiere cada vez más influencia. El estado de ánimo es muy revolucionario. Hemos tenido toda una serie de dictaduras extranjeras diversas, y en todas las insurrecciones contra ellas las mujeres tomaron una parte considerable. La agitación comunista, que se desarrolla con fuerza creciente, encuentra un terreno favorable, porque en nuestro país las mujeres tienen un espíritu revolucionario. Esta agitación se extiende también a los Estados Unidos, y espero que también allí se difunda. El desarrollo creciente de la industria (por la afluencia de capital extranjero) aumenta el número de proletarios y despierta la consciencia de clase. Las mujeres de México han sufrido mucho por la guerra, y gracias a ella han aprendido mucho. Sus hogares están destruidos, los hombres muertos o mutilados. Se ven obligadas a ocuparse ellas mismas del sustento de la familia; el descontento crece y se extiende entre ellas. Las mujeres más jóvenes participan en la organización de los obreros y adquieren consciencia de clase. Cada nuevo golpe político contribuye a despertar a las masas, hombres y mujeres, al proletariado industrial y al campesinado sin tierra; todos ellos han esperado y combatido en vano por el cumplimiento de las consignas revolucionarias y de las promesas revolucionarias. Como las ramas principales de la industria están por completo en manos de capitalistas extranjeros, ningún gobierno mexicano, con la única excepción de un gobierno obrero, puede aliviar la situación. Durante casi un decenio generales y políticos ávidos de poder han engañado a las masas. La doctrina de la revolución social se difunde, y el ejemplo de la República Soviética rusa de obreros, soldados y campesinos le ha dado un impulso enorme. Todo proletario de México se ha sentido inspirado y se ha tomado a pecho las experiencias de la Revolución rusa. Con buenos dirigentes y una organización fuerte no hace falta ninguna propaganda para despertar el espíritu de la revolución social, nacido del sufrimiento de las masas y de la consciencia de su fuerza combativa, propia de un pueblo guerrero. Y, arrastradas por la ola revolucionaria, las mujeres mexicanas se unirán a los hombres, igual que ya ahora se unen a las manifestaciones que se hacen bajo la bandera roja de la revolución proletaria».
La delegada del Turquestán, camarada Dvórkina.
«Mucho más complicado y difícil es el trabajo en el Turquestán. Las kirguisas, turcomanas, sartas51, tártaras y otras siguen hasta hoy sin derechos, oprimidas, y están por completo en poder del clero y de los bais52.
En las regiones de población nómada (kirguisos) se observa ahora la descomposición de la comunidad, el paso a la economía monetaria. Todo el peso de esta época de transición recae sobre la mujer. Trabaja de jornalera, en la artesanía y en la casa, explotada sin piedad por el kulak, por el bai, por el marido, etc. En las demás regiones, de población turca, uzbeka y tayika, la situación de la mujer es todavía más carente de derechos. La población se concentra en las ciudades, donde el capitalismo comercial está todavía en germen; hay allí una masa de artesanos, pequeños intermediarios, pequeños agricultores y jornaleros. El poder del clero es fuerte en la vida familiar y social. La mujer está allí aplastada, se la compra, se la considera un lujo, vive recluida. El velo la separa del mundo entero.
La carestía creciente y la inseguridad la empujan poco a poco fuera de la familia; crece la prostitución clandestina, que adopta las formas más monstruosas; aumenta el número de mujeres a cargo del Estado.
Muchas mujeres trabajan a domicilio, donde se dedican a la producción de seda, de alfombras y de tubeteikas53 para el mercado.
Una parte de las mujeres trabaja en artels54 para el Estado. No existe ninguna protección del trabajo femenino, y menos aún de la maternidad y la infancia.
El analfabetismo es general.
En el Turquestán hay 46 departamentos de trabajo entre las mujeres.
Los únicos métodos para acercarse a las mujeres son los económicos y los culturales y educativos. La organización de artels y de la producción artesanal a través del C. E. N.55, la incorporación de las artesanas a la construcción sindical general, la agitación por los talleres y la participación en su organización, el control de la distribución en ellos. La organización de escuelas para mujeres, de clubes de mujeres, la agitación entre los musulmanes: esos son los caminos para atraer a las mujeres de Oriente a la lucha por el comunismo.
Los resultados de este trabajo, hecho en el Turquestán, son asombrosos. En poco tiempo se han organizado en artels en Tashkent 2.000 obreras, de las que 60 han ingresado en el partido; 6 han sido elegidas para los soviets; se han abierto 6 escuelas; los mítines y las conferencias se celebran con gran entusiasmo.
El departamento de obreras goza de gran popularidad entre ellas.
El movimiento revolucionario en Oriente, que tiene una importancia enorme para el desarrollo de la revolución mundial, se desarrollará con tanto más éxito cuanto antes tomen consciencia las mujeres de Oriente de sí mismas como «combatiente revolucionario» por su emancipación.
Por eso elevar a las mujeres de Oriente a la comprensión de sus tareas es la primera tarea del partido en su conjunto y, en primer lugar, de los departamentos de trabajo entre las mujeres».
Informes escritos presentados a la presidencia
Noruega
La unión femenina tiene 400 afiliadas, repartidas en 110 células dispersas por todo el país. Entre ellas hay algunas células sindicales.
La primera célula femenina socialista noruega se fundó en 1895 en Cristianía56 con el fin de reunir fondos para el trabajo del partido y en particular para la publicación del periódico Social-Demokraten. Las afiliadas de la célula lo conseguían haciendo diversas labores manuales y vendiendo sus productos.
Casi al mismo tiempo se fundó una sección con fines de agitación y educación entre las obreras, cuyos fondos se tomaron de la caja común de la organización obrera.
Al aumentar el número de células se sintió la necesidad de organizarlas debidamente y de unirlas en una unión única, que se fundó en 1900 para la agitación y el trabajo cultural y educativo entre las obreras.
La dirección central de la unión está en Cristianía, a cargo de cinco miembros. Cada uno de los otros seis se encarga de una sección determinada en provincias. En esas secciones se agrupan las distintas células, que organizan mítines y giras por el país con fines de agitación. Además de este trabajo, la unión participa mucho en la agitación en las elecciones al Storting (el parlamento noruego), y es precisamente en este trabajo donde las mujeres noruegas han mostrado toda su fuerza y su influencia.
Tiene gran importancia social el trabajo de la unión en la cuestión de la infancia.
La actividad en este terreno es todavía muy nueva en Noruega, pero ya se comprende perfectamente cuán necesario es dar desde la más temprana edad una educación basada en principios socialistas.
Este trabajo, que la unión femenina acaba de empezar en Noruega, lo hemos encontrado en pleno florecimiento en Rusia, y considero que es precisamente este el objetivo principal y el sentido del trabajo del nuevo régimen comunista.
La Unión Noruega de Obreras publica una revista mensual, La Mujer, que tiene ya 4.000 suscriptores.
Solo este año ha adoptado la unión una orientación comunista definida.
En el congreso de mayo de este año hubo una dura lucha entre los elementos de derecha y de izquierda de la unión, y ganó el partido de la izquierda.
La obrera noruega ha comprendido que no hay otro camino hacia el fin único. No puedo decir que todas las afiliadas de la unión estén igual de penetradas de esta convicción, pero las que no lo están son pocas, y se han sometido a la decisión del congreso.
Este resultado elevó mucho el ánimo en las células de la unión, despertó un interés todavía mayor y un nuevo impulso del trabajo de educación y preparación de la obrera para la revolución social.
China
El comienzo del movimiento femenino en China coincide aproximadamente con el comienzo del movimiento revolucionario de todo el pueblo en China. Entre los protagonistas de la revolución de 1911 se cuentan varias mujeres que tomaron parte muy activa en la revolución. De los nombres de los revolucionarios chinos el que goza de mayor gloria es el de Qiu Jin57, que en su tiempo preparó conjuras contra el gobernador general y luego fue ejecutada. Es conocida, además, como periodista y poetisa. Durante la revolución muchas mujeres tomaron parte activa en los combates. Tras la proclamación de la República la emancipación de las mujeres avanzó a grandes pasos. Se fundaron muchos centros de enseñanza para mujeres, y muchas muchachas marcharon al extranjero a estudiar. Las estudiantes se esforzaron mucho por organizar diversas uniones de mujeres, y hoy hay en China muchas organizaciones femeninas que trabajan codo con codo con las organizaciones revolucionarias avanzadas.
Según las últimas noticias, a finales de mayo se celebró en Shanghái una conferencia de organizaciones femeninas, sobre todo de la China del Sur, en la que se presentó un informe sobre el próximo congreso internacional de mujeres. Como resultado se eligieron tres delegadas para ese congreso. Así, el mundo femenino de China se ha incorporado por primera vez al movimiento femenino mundial.
En cuanto al movimiento femenino proletario, está todavía en germen. Como se sabe, en muchas fábricas, sobre todo en Shanghái, se emplea mucho el trabajo femenino. En la medida en que existen organizaciones obreras, forman parte de ellas también las obreras. Ni que decir tiene que la situación de las obreras es muy dura. Los capitalistas, sobre todo los japoneses, se sirven ampliamente del trabajo femenino y lo explotan por su baratura. Los informes sobre las huelgas de Shanghái del año pasado pintan la situación de pesadilla de las obreras. En muchas fábricas hubo huelgas, de carácter, desde luego, por ahora puramente económico. Estas huelgas, por las medidas policiales, tuvieron resultados muy escasos. Las organizaciones obreras han comprendido la importancia de la cuestión femenina y se ocupan activamente de plantearla como es debido. Se puede estar seguro de que muy pronto veremos el comienzo de un poderoso movimiento femenino proletario en China.
Corea
Desde el punto de vista económico, Corea puede dividirse en dos partes completamente separadas: el sur y el norte. En el sur predominan los jornaleros y los arrendatarios; en el norte, los pequeños propietarios, dueños de pequeñas parcelas de tierra. Por la explotación monstruosa a que los dueños de los grandes latifundios someten a los campesinos trabajadores, los arrendatarios, con el sistema de la «mitad», en coreano banchiak, según cuya ley el terrateniente se lleva en el mejor de los casos el 50% de la cosecha, y a veces el 60 y el 70%, los elementos trabajadores del campo viven en gran pobreza, a pesar de la fertilidad del suelo. Por eso la suerte de la mujer, cargada, además de con los cuidados de la casa, con el trabajo en los arrozales y en los campos, es mucho más dura que en el norte, donde la mujer, salvo raras excepciones, no hace las duras labores del campo.
En el aspecto jurídico, las mujeres coreanas, aunque están menos sometidas que las japonesas y las chinas, se hallan en una situación nada envidiable. La doctrina de Confucio (la religión dominante), aunque rechazaba la poligamia, no por ello dejaba esta de florecer en el estamento noble, sobre todo en la aristocracia y entre los funcionarios; la segunda o la tercera esposa solían ser hijas de pobres del tercer y cuarto estamento.
Desde 1911 y 1912 el movimiento femenino avanzó a grandes pasos. Pero hasta ahora no ha podido librarse del abrazo de las ideas cristianas: en Corea, con la ocupación del país por Japón, se ha paralizado toda vida y actividad social; legalmente no pueden existir no solo los partidos políticos, sino tampoco las organizaciones culturales y educativas. Por eso el movimiento femenino, ligado en su organización a las comunidades cristianas para poder ser legal, cayó bajo su fuerte influencia. El trabajo de la «Unión de Mujeres Coreanas» se limitaba en general exclusivamente a la actividad cultural y educativa, a la lucha contra el analfabetismo femenino. Pero, a pesar de todas estas difíciles condiciones en que les toca crecer y desarrollarse a las organizaciones femeninas, el pensamiento avanzado del alma ardiente de la revolucionaria apasionada no podía contentarse solo con un trabajo cultural y educativo pacífico y tranquilo. La reacción japonesa encerró en mazmorras de piedra y privó de la vida a miles de jóvenes revolucionarios, y obligó a emigrar por motivos políticos —a Rusia, a China y a América— a decenas de miles de los mejores representantes de nuestro país. La amarga suerte de los queridos hijos, de los hermanos amados, de los esposos y padres amantes y de las personas cercanas al corazón no podía dejar de despertar un sentimiento de ardiente protesta en el alma sensible de la revolucionaria coreana.
E hicieron lo que tenían que hacer.
La fuerza gigantesca de sus organizaciones, la capacidad para los mayores sacrificios y un alto grado de consciencia social los han mostrado las mujeres con su participación en el movimiento revolucionario, que arde con gran fuerza y comenzó en marzo del año pasado58. En el momento actual el papel de la mujer en el movimiento social de Corea es enorme, como lo atestigua la breve noticia de uno de los periódicos japoneses más reaccionarios y belicosos, el Osaka Mainichi, del 3 de abril de este año, según la cual, de acuerdo con el registro general, el número de presos políticos coreanos llega a 15.000, de ellos 597 mujeres.
Las mujeres, con su determinación intrépida y su abnegada entrega a la lucha revolucionaria contra los opresores extranjeros y sus secuaces, se han ganado el respeto general de la sociedad. Hubo un tiempo en que incluso la mayoría de la sociedad progresista, al discutir el «problema femenino», se pronunciaba en contra de las mujeres. Los temperamentos más vehementes expresaban abiertamente su desacuerdo en la cuestión de la «emancipación de la personalidad femenina», y los más tranquilos, en el mejor de los casos, se rascaban la nuca con una sonrisa irónica. Pero hoy no encontrará usted en nuestro país, probablemente, una sola persona que aspire al título de hombre público y que se atreva a decir en sociedad que las mujeres vienen al mundo solo para hacer «el trabajo de la cocina».
En el movimiento femenino no se observaron hasta hace poco grandes desacuerdos, en la medida en que, encerrado en la madriguera sofocante de la «legalidad», solo perseguía fines culturales y educativos. Pero la sección femenina organizada junto al C. C. de nuestro partido después del congreso del partido de abril del año pasado lleva a cabo un trabajo bastante fructífero. Y hay que pensar que las mujeres coreanas justificarán nuestras esperanzas; estoy firmemente convencido de que no se quedarán atrás respecto del movimiento femenino de los demás países.
Persia
Mientras que entre las mujeres persas de las clases altas están muy arraigados el ritualismo, el inmovilismo y los prejuicios religiosos y siguen cubriéndose el rostro, las mujeres proletarias se van liberando de ello.
Mientras que las primeras siguen en la ociosidad, las mujeres de las amplias masas se ven obligadas a buscar trabajo para hacer frente a la dura situación de la familia.
La situación económica de las mujeres trabajadoras de Persia es extremadamente dura. Soportan todo el peso de la explotación de los reyes coloniales y terratenientes. Las mujeres trabajan en las plantaciones de arroz, de tabaco y otras, y se las emplea como artesanas en la fabricación de alfombras, etc. Los salarios son bajísimos: así, en los viñedos las mujeres cobran 20 kopeks al día, la jornada dura casi 14 horas y las condiciones de trabajo son muy duras, sobre todo en los arrozales, donde hay que meterse hasta la cintura en pantanos llenos de sanguijuelas. Solo en esta rama trabajan hasta 30.000. Todo esto ha creado entre ellas un descontento muy fuerte; se ha acumulado en ellas mucha energía revolucionaria. El terreno para trabajar entre ellas está ya preparado. Junto al C. C. del Partido Comunista de Persia se ha creado un departamento especial de trabajo entre las mujeres. En las grandes ciudades industriales se organizan mítines. En los lugares donde las condiciones de la vida local impiden convocar un mitin de mujeres, se convoca con apariencia de concierto. En algunos lugares se han abierto las llamadas escuelas profesionales, donde, con el pretexto del corte y la confección, se enseñan a las mujeres los rudimentos políticos y se forma entre ellas a futuras militantes políticas.
El trabajo ha comenzado; sin duda tendrá gran éxito: solo hay que llevarlo adelante con más fuerza.
India
El 90% de la población de la India está formado por pobres. Las mujeres trabajan, en pie de igualdad con los hombres, en todo tipo de trabajos, tanto en las fábricas como en las plantaciones; entre las mujeres indias hay muchas musulmanas, que son la quinta parte.
Musulmanas e hindúes, encadenadas por el hambre y la miseria, están sorprendentemente unidas entre sí. Sufriendo grandes privaciones, las mujeres de la India participan en todas las huelgas dirigidas contra el hambre y la explotación.
En la lucha contra sus capitalistas a menudo se adelantan incluso a los obreros. Hace poco terminó en una de las grandes ciudades de la India un proceso en el que se acusaba a una mujer como instigadora y dirigente de una gran huelga. Junto al movimiento femenino proletario existe en la India un movimiento de emancipación de las intelectuales por el derecho de voto, etc.; pero no tiene detrás el terreno sano ni los intereses vitales del primero. Ahora se ha emprendido la organización de las masas proletarias femeninas. Y puede decirse con seguridad que muy pronto se logrará formar con estas mujeres, llenas de odio a sus opresores ingleses, un ejército poderoso y bien ordenado de combatientes por el comunismo.
Cáucaso
El trabajo entre las mujeres en la región del Terek.
El trabajo entre las mujeres en la región del Terek empezó hace muy poco. Hace medio año el terror blanco se ensañaba con este hermoso país; las horcas se alzaban en las calles principales de las ciudades, y la hora de las ejecuciones se elegía cuando los niños iban a la escuela. Por lo visto, los guardias blancos pensaban que la vista de los ahorcados era el mejor medio educativo. Durante varios días no se descolgaba a los ahorcados. Entre ellos había también mujeres, como la comunista Ksenia Ge59, que murió con gran valor en enero de 1919. Habiendo perdido a su marido y dejando a su hijo de pecho a merced del destino, afrontó la muerte con valor, declarando: «Creo en la victoria del comunismo». Hubo todavía muchas víctimas y ejecuciones parecidas. Estos horrores fueron una buena escuela para las mujeres trabajadoras del Cáucaso del Norte. Todas son ahora partidarias sinceras del poder soviético, y por eso es fácil el trabajo entre ellas. Pero, por la ruina general y porque hubo que poner en marcha a la vez el trabajo soviético y el del partido, el trabajo entre las mujeres de la región del Terek apenas empieza. El departamento de trabajo entre las mujeres del comité regional del partido acaba de organizarse. Fue casi de los últimos en organizarse en la región del Terek. El primero en organizarse fue el departamento del comité del partido de Grozni, en mayo de 1920. Su trabajo puede considerarse el mejor; contribuyeron a ello: 1) que Grozni es un gran centro obrero, 2) que la población obrera de Grozni sufrió especialmente a los guardias blancos. No solo los hombres, sino también las mujeres participaron en la lucha de guerrillas contra las bandas de Denikin bajo la dirección del camarada Gikalo60. El departamento de Grozni organizó una conferencia de la ciudad de obreras y campesinas, que se celebró con gran éxito; allí se celebran con regularidad asambleas de delegadas, de las que se envían practicantes a todas las secciones del soviet. Se organizan sábados comunistas61, en los que las obreras van a los hospitales y a la casa del niño a limpiar y a remendar la ropa; en los sábados participan no solo las comunistas, sino también mujeres sin partido; se dan conferencias para las enfermeras rojas, a las que asisten 15 comunistas; se publica la Página de la Obrera.
La labor del departamento de trabajo entre las mujeres de Piatigorsk empezó también en mayo, pero hasta ahora ha sido muy débil, por la falta de atención del comité del partido y, sobre todo, porque allí no hay grandes empresas industriales. A las asambleas acuden 60 delegadas. La instrucción militar general62 marcha bien: las mujeres se instruyen junto con los hombres. El número de mujeres que se instruyen llega a 150; las hay también sin partido, pero la mayoría son comunistas.
En Kislovodsk el departamento se ha organizado hace muy poco. Su trabajo ha consistido en convocar un mitin de mujeres y una asamblea de delegadas, que se celebraron con gran animación y despertaron la viva simpatía de las obreras y su gran interés por la obra de la construcción soviética.
El departamento de Zheleznovodsk trabaja muy débilmente, lo que se explica por la debilidad de todo el trabajo del partido en Zheleznovodsk, aunque la primera reunión de mujeres se convocó el 27 de junio. Se ha convocado una asamblea de delegadas. Todo el trabajo del departamento ha consistido en atender a los niños y en trabajar en la ciudad infantil.
El departamento de Gueorguievsk quedó abandonado a su suerte por el comité del partido y por eso cometió una serie de errores; se organizó allí una unión de mujeres comunistas que se dedicó a organizar toda clase de empresas industriales, como un comedor y un quiosco en el jardín. Gracias al envío de instructoras desde Piatigorsk y Vladikavkaz, este trabajo equivocado se ha cambiado de raíz.
En el distrito de Kizliar los primeros pasos del trabajo entre las mujeres los dio el propio comité del partido, que formó una comisión de comunistas para organizar una conferencia de distrito de mujeres sin partido, convocada con el fin de hacer agitación con vistas a las elecciones a los soviets: se enviaron a las stanitsas63 unos 30 instructores y responsables. La conferencia sin partido se celebró el 4 de julio. Asistieron 153 delegadas, de ellas 138 de las aldeas y stanitsas y 25 de la ciudad. En realidad se habían elegido 200 delegadas, pero, por el mal estado de los transportes y la oposición de algunos maridos, las demás no pudieron acudir a la conferencia. Algunos maridos decían amenazadores a sus mujeres: «¡Qué, os han entrado ganas de comuna!»
La conferencia transcurrió con animación; las delegadas se interesaban por las cuestiones del abastecimiento, la asistencia social, la instrucción pública y la separación de la Iglesia y el Estado. Gracias a esta conferencia muchas mujeres entraron en los soviets locales, y en cinco aldeas en los comités ejecutivos.
En la ciudad se empezó a convocar asambleas de delegadas y a enviar practicantes a los soviets.
El departamento regional de Vladikavkaz se organizó muy tarde, solo después de la elección del comité regional del partido, en los últimos días de julio. Al frente del departamento está una obrera, la camarada Sonia Derman, que acaba de escapar de la cárcel de Tiflis, donde la habían encerrado los mencheviques georgianos por propaganda comunista.
El estado de ánimo de las obreras de Vladikavkaz es revolucionario; declaran: «Haceos cargo de nuestros hijos, y ayudaremos con todas nuestras fuerzas al poder soviético». El departamento femenino64 envía instructoras al campo; empieza el trabajo entre las mujeres de las montañas, para lo cual se ha organizado junto al departamento femenino una sección de montañesas.
El trabajo entre las mujeres en la región de Kubán y el mar Negro.
El departamento femenino regional de Kubán y el mar Negro se organizó en los últimos días de abril de 1920. Empezó su trabajo en condiciones sumamente desfavorables.
Por la falta de responsables para los departamentos femeninos, al principio hubo que trabajar exclusivamente en la ciudad de Ekaterinodar, que debía convertirse en fuente de experiencia para el trabajo del departamento femenino y en base que pudiera proporcionar cuadros para la región. Este periodo duró casi hasta finales de junio. En concreto, el trabajo del departamento consistió en atraer al departamento femenino a un pequeño número de comunistas, que formaron un colegio de agitación de 15 a 20 personas y empezaron a trabajar en las empresas, celebrando charlas con las obreras. Se eligieron delegadas. Para formar unos cuadros, el departamento femenino organizó una escuela de rudimentos políticos, en la que siguieron un curso breve 60 obreras. A principios de mayo se envió a la región una circular sobre la creación de departamentos femeninos junto a los comités del partido. El 26 de mayo se reunió la primera conferencia regional de directoras de departamentos femeninos. En el terreno de la agitación se celebró un día de la obrera. Para esa fecha se editaron octavillas, 12.000 ejemplares; se publicaron 6 números de la Página. El 26 de junio se convocó la 2.ª65 conferencia regional de directoras de departamentos femeninos, en la que se examinaron los métodos de trabajo y se hizo balance del trabajo realizado. Los éxitos de Wrangel66 crearon unas condiciones especiales para el trabajo del departamento femenino. Todo se orientó a la lucha contra el enemigo. En toda la región se celebró una semana de lucha contra Wrangel, que tuvo un carácter extraordinariamente animado.
Son especialmente característicos los discursos de las viejas cosacas, una de las cuales, de 53 años, con lágrimas en los ojos, tiende sus manos encallecidas a la asamblea y dice: El poder soviético nos ha liberado. En general, las mujeres del Kubán despiertan. Solo hay que aprovechar ese estado de ánimo y atraerlas a la vida social.
Informe de la camarada Inessa Armand: La situación de la obrera y de la campesina en la Rusia soviética
a) Situación económica y jurídica
El poder soviético crea por primera vez las condiciones en que la mujer puede, por fin, completar la obra de su liberación total.
Durante siglos fue una esclava: primero, en la pequeña producción, esclava en la familia; después, con el desarrollo del capitalismo, se convierte en esclava por partida triple: en el Estado, en la fábrica y en la familia.
Y así fue no solo bajo el atrasado y bárbaro régimen zarista; así sigue siendo hoy incluso en las «democracias» más «civilizadas» de Europa occidental y de América.
En el régimen burgués la obrera está privada incluso de los escasos derechos políticos que tienen los obreros. En la fábrica está todavía más oprimida, todavía más explotada que el obrero, porque el patrón se sirve de su poder no solo para oprimirla como proletaria, sino también para toda clase de vejaciones y violencias contra ella como mujer. Y nunca y en ninguna parte la prostitución —la peor, la más infame manifestación de la esclavitud asalariada del proletariado— ha florecido tan exuberante como en el capitalismo.
Las obreras y las campesinas son esclavas también en la familia, y no solo porque pesa sobre ellas el poder del marido, sino también porque la fábrica, al arrancar a las obreras del hogar, no les quita al mismo tiempo los cuidados de la maternidad y de la casa, y convierte así la maternidad en una cruz pesada e insoportable.
Mientras existió el poder burgués, la obrera y la campesina no podían liberarse de esta triple servidumbre, que era la base sobre la que descansaba el régimen burgués y sin la cual no podía existir.
El poder soviético —el poder del proletariado— abre de par en par las puertas a la mujer y le da la plena posibilidad de liberarse.
Ya hoy la Constitución soviética ha concedido a las mujeres la plena igualdad de derechos políticos y civiles. Las obreras y las campesinas tienen los mismos derechos electorales que el obrero y el campesino. Pueden, igual que los hombres, elegir y ser elegidas, y ocupar cualquier cargo: en los comités de fábrica, en los soviets, en las instituciones soviéticas, hasta el de comisario del pueblo inclusive.
Y la socialización de la producción, la expropiación de los capitalistas y de los terratenientes, lleva a la supresión completa de toda explotación, de toda desigualdad económica.
En la Rusia soviética la obrera de la fábrica ya no es una esclava asalariada, sino una dueña con plenos derechos que, junto al obrero y en igualdad con él, organiza, administra y dirige toda la producción y la distribución por medio de las instituciones soviéticas y de los sindicatos.
Coinforme de la camarada Nikoláyeva: La liberación de la servidumbre familiar
Lo mismo ocurre en lo que se refiere a la familia y al matrimonio. El poder soviético ha dado ya plena igualdad de derechos al marido y a la mujer. El poder del marido y del padre ya no existe. Las formalidades del matrimonio y del divorcio se han reducido al mínimo, a simples declaraciones de los interesados en los comisariados correspondientes.
El poder soviético ha suprimido también toda diferencia de derechos entre el hijo legítimo y el «ilegítimo». Se ha suprimido una de las peores manifestaciones de la injusticia burguesa. En la República Soviética ya no hay «hijos ilegítimos». Para ella todos los niños son por igual sus futuros ciudadanos, con el mismo derecho a su atención y a sus cuidados. El poder soviético se propone tomar a su cargo toda la educación, toda la instrucción, desde los primeros días de vida hasta los 16 o 17 años. Se propone tomar a su cargo todo el mantenimiento de los niños.
En el capitalismo los hijos de los proletarios quedaban desde sus primeros días privados de los cuidados maternos por la fábrica, y el Estado burgués no se ocupaba en absoluto de ellos, y los niños proletarios quedaban lisiados física y moralmente, se consumían y morían.
Para los niños el poder soviético ha establecido la escuela única, accesible a todos.
El poder soviético ha hecho gratuitas todas las escuelas. Además de la enseñanza gratuita de los niños en las escuelas, se procura vestirlos, calzarlos y alimentarlos y darles gratis todo lo necesario para el estudio (material escolar). Es verdad que por el bloqueo tenemos ahora muy pocos víveres y muy poco material escolar, pero aun con toda la escasez de nuestras reservas, en el primer semestre de 1920 se entregaron para los niños 35 millones de archinas67 de tejidos y 560.000 pares de zapatos.
En la vieja escuela la enseñanza estaba separada de la vida, se deformaba la realidad, sobre todo cuando se trataba de las ciencias sociales y de la historia.
El poder soviético pone la enseñanza en relación con la vida, con sus necesidades y con los procesos de trabajo, de modo que los niños aprendan en el trabajo y salgan de la escuela conscientes y preparados en todos los aspectos para la vida de trabajo y la construcción comunista.
En 1911 había 55.000 escuelas burguesas y clericales, y estudiaban en ellas unos 3,5 millones de niños.
En 1920 había unas 80.000 escuelas únicas del trabajo, y más de 7 millones de niños en ellas. De no ser por el bloqueo y la guerra encarnizada de nuestros enemigos contra el poder obrero y campesino, habría todavía muchas más escuelas, y estarían mucho mejor organizadas.
Por los hijos de los pobres en edad preescolar el zar y la burguesía no se preocupaban en absoluto.
El poder soviético ha abierto en las ciudades y las aldeas de la República Soviética más de 4.000 jardines y hogares de infancia, y en ellos 250.000 hijos de pobres están calzados, vestidos y alimentados y se educan bajo la dirección y la vigilancia de las organizaciones proletarias.
A los huérfanos, en tiempos del zar, se les echaban limosnas; se los mantenía a costa de la beneficencia en asilos donde no vivían mejor que en las cárceles zaristas. E incluso asilos así hubo con el zar solo 580, con solo 29.000 niños.
El poder soviético ha abierto para los hijos de los soldados rojos, en primer lugar para los huérfanos, hasta 3.000 hogares infantiles, y viven en ellos a cargo del Estado más de 200.000 niños.
El gobierno zarista tenía a los hijos de los pobres en sótanos húmedos. En verano les quedaba asfixiarse en las calles polvorientas y hediondas de las grandes ciudades, mientras la burguesía descansaba en magníficas casas de campo. El poder soviético procura llevar en verano a todos los hijos de los trabajadores fuera de las ciudades, a colonias infantiles. Solo de Moscú, en el verano de 1920 se llevó y se alojó a hasta 10.000 hijos del proletariado moscovita en antiguas casas de campo y fincas de la burguesía.
La burguesía, en tiempos del zar, ponía a la juventud obrera en poder absoluto de los explotadores. El adolescente obrero no tenía tiempo ni para un libro ni para un entretenimiento sensato. La burguesía estaba interesada en que la juventud obrera permaneciera en la ignorancia. El poder soviético organiza para la juventud obrera clubes, escuelas, abre estudios, en los que la juventud obrera puede descansar de su trabajo y completar los conocimientos que le hacen falta para llegar a ser ciudadanos conscientes de la república socialista.
El poder soviético, que recibió de la Rusia zarista 5 universidades (en la Gran Rusia), ha elevado su número a 21 y crea en cada universidad una facultad especialmente obrera68, en la que puede ingresar cualquier obrero o campesino de Rusia para recibir enseñanza superior, haya terminado o no algún centro de enseñanza.
Ya hoy el poder soviético, a pesar de la ruina, del bloqueo, de los ataques incesantes de los guardias blancos y de dificultades inauditas, lleva a cabo el mantenimiento social de los niños (los productos se dan gratis con las cartillas infantiles, se crean comedores infantiles gratuitos y comedores escolares). Se crean casas cuna y jardines de infancia. Se amplía sin cesar el terreno de la asistencia social, la protección de la maternidad y de la infancia, la creación de casas de maternidad, hogares infantiles, guarderías, casas cuna y jardines de infancia.
La parturienta queda libre del trabajo 8 semanas antes del parto y 8 semanas después. La madre lactante recibe una ayuda material y en dinero durante 9 meses de lactancia. Además, se ha dictado toda una serie de disposiciones que protegen el trabajo de la mujer embarazada y el trabajo femenino en general.
Ya hoy, repito, a pesar de dificultades nunca vistas, puede decirse con seguridad que en la Rusia soviética el cuidado de la madre y del niño está mejor organizado que en ninguna otra parte. Y estos son solo los primeros pasos. En iglesias y mansiones de las que se ha expulsado a la burguesía se han organizado casas de reposo para las obreras cansadas.
Al mismo tiempo, gracias a la creación de comedores y cocinas colectivos, va desapareciendo poco a poco la economía doméstica, el puchero del fogón, que los burgueses adornan de mil maneras, pero que desde el punto de vista económico es del todo irracional y que para las campesinas, y sobre todo para las obreras, es fuente de un trabajo adicional agotador, que les quita su último rato libre y les impide ir a las reuniones, leer un libro, tomar parte en la lucha de clases. El puchero del fogón, al favorecer en el régimen burgués la ignorancia y el atraso de las obreras, es así uno de los mejores apoyos del burgués en su lucha contra los obreros.
Para liberar a las mujeres de su servidumbre y atraerlas al trabajo social se libra una lucha intensa contra el analfabetismo.
El poder soviético ha decidido acabar con el analfabetismo, esa herencia de la esclavitud y la opresión. En 1920, según los cálculos, deben aprender a leer y escribir unos seis millones de analfabetos. Dentro de tres o cuatro años no habrá analfabetos en la Rusia soviética.
Se libra también en la Rusia soviética la lucha contra la prostitución, esa pesada herencia del pasado burgués.
La burguesía, dejando intactas las fuentes principales que engendran y alimentan la prostitución, la combatía hipócritamente solo en sus manifestaciones.
La Rusia soviética, recordando que la lucha contra la prostitución es ante todo la lucha contra sus causas primeras, procura prestar especial atención a las condiciones de existencia de la mujer que siguen empujándola por ese camino trillado: el abandono y la soledad en la juventud, las malas condiciones de vivienda, la insuficiente ayuda que se presta a la mujer embarazada.
La república del trabajo solo puede abordar la cuestión de la punibilidad de la prostitución desde el punto de vista del perjuicio que la prostitución, como oficio, causa a la colectividad: en la medida en que elude el trabajo obligatorio, se castiga en las mismas condiciones que la deserción del trabajo.
Informe de la camarada Inessa Armand: Los métodos de trabajo del P. C. R. entre las mujeres
El régimen soviético es un régimen de transición al comunismo, que conduce a él, y el comunismo no puede realizarse sin la liberación completa de todos los explotados, incluidas las mujeres. Por eso en el régimen soviético se rompen y se deshacen todas las cadenas que durante siglos han aherrojado a las obreras y a las campesinas.
Y al día siguiente de la Revolución de Octubre las obreras comprendieron perfectamente que se abría para ellas una nueva era de liberación completa.
Así, las obreras comprendieron muy bien que sus nuevos derechos, sus nuevas libertades, solo ayudarían de verdad al desarrollo y la victoria de la revolución cuando no solo una pequeña vanguardia, sino la masa de las obreras, se incorporase a una participación activa en la vida del partido y de los soviets, y que, por tanto, ante las obreras avanzadas se planteaba precisamente la tarea de atraer a esas masas a la lucha revolucionaria por el comunismo.
No era una tarea fácil. Había que atraer a la lucha revolucionaria, a la obra de la construcción, a la obra de la administración, al comunismo, a los elementos más atrasados e ignorantes de las masas obreras, conquistar sus capas más bajas, que hasta entonces en todos los países solo a duras penas se habían dejado ganar por la agitación y la propaganda, y que ningún partido había logrado aún organizar.
En el capitalismo las obreras y las campesinas están completamente apartadas de la vida social y política, tanto por las condiciones de la vida familiar burguesa como por su falta de derechos políticos. Por eso, al pasar el poder a manos de los soviets, cuando la clase obrera se vio ante la obra compleja y difícil de la administración y de la nueva construcción, la obrera resultó ser, en su masa, todavía más inexperta que el obrero. Para atraer con éxito a las obreras a la obra común era necesario ante todo ayudarlas a aprender a trabajar, aclarar dónde y cómo podían aplicar mejor sus fuerzas.
Hacía falta elaborar nuevos métodos de propaganda, nuevos enfoques, adaptados a las particularidades psicológicas de las obreras y las campesinas y a las nuevas tareas que tenían por delante. Y aquí adquiere especial importancia la «propaganda por el hecho», es decir, la propaganda por medio de la incorporación directa de las obreras y las campesinas a tal o cual forma de trabajo soviético o de otro tipo.
El primer intento de organizar sistemáticamente a las obreras bajo la bandera del Partido Comunista coincide con las jornadas de Octubre.
En Petrogrado un grupo de iniciativa de comunistas convoca la primera conferencia de obreras sin partido. Su convocatoria coincide con el momento de los acontecimientos de Octubre. Esta conferencia pone el primer ladrillo del sólido edificio del movimiento de masas de las obreras. Casi al mismo tiempo que en Petrogrado surge en Moscú la primera «comisión de agitación y propaganda entre las obreras».
Sin embargo, hasta la convocatoria del I Congreso de Obreras de toda Rusia el trabajo del partido para atraer a las amplias masas de obreras y campesinas a la construcción soviética y a la defensa de la revolución no tiene un carácter sistemático. El paso decisivo hacia la unificación del movimiento y la elaboración de sus formas de organización lo da el I Congreso de Obreras de toda Rusia de 191869. En él se toma como base de las formas de organización la unidad del movimiento de las obreras y de los obreros en la lucha por el comunismo, pero se crea un aparato especial que atiende a la parte femenina de la clase obrera. El congreso se pronuncia por la creación de una «comisión de agitación y propaganda entre las obreras» junto a cada comité del partido. Al mismo tiempo se aprueba también la idea de las asambleas de delegadas como medio de atraer a las masas sin partido a la construcción soviética.
Las asambleas de delegadas de las obreras han prestado grandes servicios al movimiento. Estas asambleas se forman con representantes de todas las fábricas de un distrito o de una ciudad, elegidas en las asambleas generales de las empresas. Las asambleas de delegadas de las obreras son las instituciones gracias a las cuales las obreras aprenden en la práctica a llevar el trabajo soviético, a aplicar sus fuerzas y su energía revolucionaria a la lucha y la construcción de todo el proletariado. Por otra parte, las asambleas de delegadas son un excelente vínculo entre las instituciones soviéticas y las masas de obreras.
Las delegadas se dividen en grupos que trabajan junto a tal o cual sección soviética (hasta ahora, sobre todo junto a las secciones de asistencia social, de trabajo, de instrucción pública y de sanidad), y allí trabajan en la creación, la inspección y el control de casas cuna, asilos, jardines de infancia, escuelas de alfabetización, etc., en el control y la inspección de comedores y cocinas y en la eliminación de los abusos y desórdenes que haya en ellos, en la vigilancia del reparto correcto de calzado y ropa en las escuelas, en la recogida de información y la ayuda a los inspectores de trabajo, en el control de la aplicación exacta de las normas de protección del trabajo de las mujeres y los niños. Se les encomienda la organización de hospitales y enfermerías, el cuidado de los heridos y los enfermos, la inspección y el control de los cuarteles, la participación en la milicia, el trabajo de reparto correcto de la ración del soldado rojo, la incorporación de las obreras a una participación más activa en todas las formas de dirección y administración de la producción, etc.
Las secciones, por su parte, dan a conocer a las delegadas su actividad, las llevan a escuelas y cursos de tal o cual rama del trabajo soviético, los cursos que abren de asistencia social, de educación preescolar (cursos de enfermeras rojas y de sanitarias, etc.). Al mismo tiempo las delegadas, que siguen trabajando en su fábrica, informan periódicamente a sus electores de su actividad y de la de las secciones junto a las que trabajan, y organizan guardias en esas fábricas para escuchar las reivindicaciones, las quejas y las necesidades de los trabajadores. Las delegadas participan activamente en todas las campañas que emprenden el partido o los soviets (campaña de la leña, destacamentos de cosecha, destacamentos de abastecimiento, ayuda a los heridos, lucha contra las epidemias, viajes de agitación al campo, etc., etc.). Las asambleas de delegadas se reúnen de 2 a 4 veces al mes. Últimamente en Moscú y en algunos otros lugares se ha rebajado la norma de representación, y las delegadas se eligen a razón de una por cada 20 obreras. Así, por medio de las asambleas de delegadas se consigue abarcar a las más amplias masas obreras, y estas se convierten cada vez más en reservas de las que el partido y los soviets pueden sacar nuevas fuerzas. Lo han mostrado con especial claridad las semanas del partido70. En Moscú, por ejemplo, donde durante la semana del partido se inscribieron unos 15.000 nuevos miembros del partido, entre ellos varios miles de obreras, un gran porcentaje de los nuevos miembros lo dieron precisamente las asambleas de delegadas.
Gran importancia para la agitación tienen las conferencias sin partido, que en las distintas ciudades, provincias y distritos se convocan aproximadamente cada 3 o 4 meses (a escala de toda Rusia solo se ha convocado una conferencia, en 1918). Estas conferencias han resultado un medio excelente para sacudir y despertar a masas que todavía no se habían movido, y en este sentido han dado buenos resultados (ahora se atrae a estas conferencias también a las campesinas). En octubre de 1919 se celebró en Moscú una de estas conferencias sin partido, a la que asistieron más de 3.000 delegadas, representantes de 60.000 proletarias moscovitas (en Moscú hay en total unas 180.000 obreras).
En septiembre de 1919 se crea junto al C. C. de nuestro partido el departamento de trabajo entre las mujeres. En lugar de las comisiones se crean también departamentos de obreras. El centro dirigente —el departamento de obreras del C. C.— emprende la instrucción de los departamentos locales, que hoy están ya creados, y la organización a gran escala de un aparato oral y escrito de agitación. Al mismo tiempo se pone a la orden del día la cuestión, ya madura, del trabajo entre las campesinas.
El movimiento de las obreras abarca ya a las más amplias masas y se está convirtiendo en una fuerza política considerable. Donde mejor marchó el trabajo fue en Píter71, en Moscú y en las provincias de Moscú y de Ivánovo-Voznesensk. Pero sin duda es en Píter donde las obreras están más organizadas y son más conscientes. En otras provincias el trabajo está también en marcha, y en algunos lugares bastante bien. En la reunión de toda Rusia de las organizadoras del partido para el trabajo entre las mujeres hubo representantes de 28 provincias, y eso que no pudieron venir, por ejemplo, las camaradas de los Urales, de Ufá, de Oremburgo y de Astracán, aunque allí se trabaja. Así, el movimiento de las obreras abarca ya realmente toda Rusia.
Las obreras han demostrado excelentes dotes de organización y una gran capacidad de trabajo. Han logrado ya, a pesar de dificultades nunca vistas, ayudar a las secciones soviéticas a crear no pocas casas cuna, jardines de infancia, escuelas, comedores colectivos, etc. Y mientras los obreros tienen que marchar al frente en las filas del Ejército Rojo para defender el poder soviético de los ataques de los Denikin, de los Yudénich72, de los imperialistas de la Entente, las obreras los sustituyen en la retaguardia no solo en la fábrica, sino también en los soviets, en los sindicatos, en la milicia, etc. No son pocas tampoco las obreras que han querido combatir en el frente, codo con codo con el obrero, contra los guardias blancos.
Y en el curso de este año las obreras se han convencido definitivamente de que, para poder construir tranquilamente la nueva vida, para acabar con la crisis del transporte y del abastecimiento, hay que acabar ante todo con la fuerza armada de los Yudénich y los Denikin, hay que asestar un golpe definitivo a las fuerzas de la burguesía y poner fin para siempre a sus intentos de destruir el poder soviético. Por eso las obreras han concentrado estos dos últimos meses su atención principal en el apoyo más variado al Ejército Rojo. Ahora que estamos asestando a Denikin y a Yudénich un golpe decisivo, la obrera podrá de nuevo, sin olvidar, desde luego, ni un minuto su trabajo para el Ejército Rojo, dedicar más fuerzas también a otras tareas73.
En el invierno de 1919-1920 nuestro partido, a través de los departamentos de obreras, lleva a cabo un enorme trabajo de organización y de construcción entre las mujeres de la ciudad y, en parte, del campo. El periodo predominantemente de agitación ha pasado. A la orden del día está la tarea vital de incorporar a las obreras y las campesinas a todos los terrenos de la vida estatal y económica de la República. Facilita mucho esta tarea la gran transformación que la revolución ha operado en las mentes y los corazones de las amplias masas obreras. Toda la tensión de fuerzas que exige la prolongada guerra civil ha templado la voluntad de los proletarios de ambos sexos y les ha enseñado a cumplir en la práctica el precepto de Marx de que su liberación completa solo puede ser obra de sus propias manos74.
Sesión de la tarde, domingo 1 de agosto, continuada el lunes 2 de agosto
La conferencia pasa a escuchar las tesis de la delegación rusa.
Presenta el informe la camarada Inessa Armand.
La II Internacional es desde hace tiempo un freno para el movimiento proletario revolucionario, un instrumento de apoyo al orden capitalista dirigido contra el proletariado y su dictadura. Con ello la II Internacional se ha mostrado también enemiga de la liberación de todas las mujeres trabajadoras, cuya doble esclavitud, en todas sus formas específicas, ha echado raíces en el sistema de la sociedad burguesa. Además de su incapacidad general para la lucha revolucionaria por el socialismo, los elementos dirigentes de la II Internacional estaban ellos mismos impregnados de prejuicios pequeñoburgueses en la cuestión femenina, y por eso, además de su traición general al proletariado en su lucha por el poder, la II Internacional tiene en su haber una serie de vergonzosas traiciones a las mujeres trabajadoras en la realización de las reivindicaciones democráticas generales más elementales. Por ejemplo, en la cuestión del sufragio universal femenino, los representantes de la II Internacional o no hicieron nada (Francia, Bélgica), o lo sabotearon (Austria), o lo desfiguraron (Inglaterra), etc.
La liberación de las proletarias y las campesinas es imposible sin la liberación de todo el proletariado. La liberación del proletariado es imposible sin la instauración de su dictadura. Solo la dictadura proletaria y el poder soviético liberan políticamente a las mujeres trabajadoras, haciéndolas realmente iguales en el gobierno del Estado, y crean las condiciones para su liberación completa en el sentido económico y familiar.
Tres años de poder soviético en Rusia han asegurado la abolición completa de la esclavitud de las mujeres trabajadoras, en comparación con la cual todo lo alcanzado en el siglo XIX parece ridículamente mísero. La conquista del poder proletario en los países avanzados del mundo es imposible sin la participación en ella de millones de mujeres trabajadoras, por una parte, y sin la dirección de la revolución proletaria por la III Internacional, por otra. La lucha por la liberación de las mujeres es parte inseparable de la lucha general por la dictadura de la clase obrera y debe aportar al último combate reservas de millones procedentes de las capas más atrasadas, más embrutecidas y oprimidas, más humilladas de la clase obrera y de los pobres trabajadores, del ejército femenino del trabajo.
La victoria de la III Internacional es imposible sin el apoyo de las masas obreras femeninas; la emancipación de las masas obreras femeninas es imposible sin el apoyo de la III Internacional.
La guerra imperialista, que se llevó millones de vidas proletarias, introdujo en la industria a decenas y centenares de miles de mujeres. Las propias relaciones sociales (creadas en los países imperialistas) empujan imperiosamente a la mujer proletaria, a la mujer campesina, a la lucha social. En los últimos años el proletariado femenino de todos los países despierta rápida e incontenible a la vida política y a la lucha revolucionaria. Ya durante la guerra imperialista el movimiento de masas de las obreras adquirió una gran importancia revolucionaria. Ahora ese movimiento ha crecido considerablemente, y en Austria, Alemania, Italia y otros países las obreras participan en la guerra civil y luchan codo con codo con los obreros.
Ahora, cuando en todos los países del mundo el proletariado se encuentra en vísperas del último combate decisivo, una de las mayores cuestiones de la III Internacional es la de atraer a las mujeres obreras y campesinas a las filas del partido comunista.
La opresión secular de la esclavitud política, económica y familiar, todos los horrores y las gravísimas consecuencias de la guerra imperialista y también, por supuesto, el instinto de clase, presente por igual en la proletaria y en el proletario, han hecho que las masas proletarias femeninas encierren mucha energía revolucionaria potencial. Los comunistas deben saber aprovechar esa enorme fuente de fuerzas revolucionarias latentes.
Cierta pasividad de las mujeres proletarias, que lleva a algunos camaradas a desconfiar de la eficacia del trabajo entre ellas, es puramente exterior. Hay que saber despertar sus sentimientos revolucionarios, lo que se consigue sin especial esfuerzo con un buen acercamiento. Hay que saber también ayudar a las proletarias y vencer entre las masas del proletariado masculino todos los prejuicios burgueses, herencia del pasado, que dificultan atraer a las obreras y campesinas a la lucha y a una participación efectiva en la construcción de la nueva vida (prejuicios sobre el papel de la mujer en la sociedad, en la familia, sobre el menor valor del trabajo femenino, etc.).
Rusia, el único país del mundo en el que el proletariado no solo ha conquistado el poder sino que lo ha conservado, ofrece el ejemplo de una amplia participación de las mujeres proletarias y campesinas tanto en la lucha directa del proletariado ruso por el poder como en la construcción de la nueva vida sobre bases comunistas. El partido bolchevique, que llevó a cabo una lucha decidida por la dictadura del proletariado, comprendió bien que la victoria era imposible sin la participación en esa lucha de las masas proletarias femeninas. Ya desde su existencia clandestina atrajo por todos los medios a las obreras a sus filas mediante la propaganda y la agitación entre las masas del proletariado femenino.
Después de la revolución de Febrero, cuando tuvieron la posibilidad de trabajar abiertamente entre el proletariado, los bolcheviques la aprovecharon para hacer una amplia propaganda y agitación entre las obreras y las campesinas. Gracias a ello, en el momento del combate decisivo muchas mujeres obreras conscientes estaban en las filas del proletariado ruso que luchaba por el poder. Las participantes conscientes de la gran lucha, las obreras rusas, tienen ya su martirologio: cientos caídas en las barricadas, miles muertas en todos los frentes.
El II Congreso de la III Internacional confirma la resolución del I Congreso sobre el trabajo entre las mujeres y propone a los partidos comunistas de todos los países que emprendan de inmediato el trabajo más amplio e intenso entre las masas proletarias femeninas, sin aplazarlo hasta la victoria definitiva del proletariado y la instauración del poder soviético.
Al mismo tiempo, teniendo en cuenta el atraso del proletariado femenino, que se explica por los largos siglos de esclavitud bajo los que se doblegó la mujer y por la doble, la triple opresión del régimen capitalista, que pesaba sobre ella con todo su peso, el II Congreso de la III Internacional reconoce la necesidad de aplicar métodos especiales de propaganda y agitación en el trabajo entre las mujeres, un acercamiento especial a la masa proletaria femenina mediante la propaganda con los hechos, es decir, mediante la incorporación directa de las obreras y campesinas a la participación activa en la lucha revolucionaria, y también en la construcción soviética en los países donde la dictadura proletaria ya se ha realizado.
El II Congreso de la Internacional Comunista se pronuncia del modo más resuelto contra las organizaciones comunistas femeninas separadas y resuelve que los partidos comunistas de todos los países deben crear, siguiendo el ejemplo del P. C. R.75, aparatos para el trabajo entre las mujeres (departamentos de obreras), que trabajen bajo la dirección y la responsabilidad directas de los comités del partido; la responsable efectiva del departamento debe ser miembro del comité del partido. El trabajo de los departamentos de obreras debe apoyarse en los camaradas designados por las células comunistas de fábrica como responsables del trabajo entre las mujeres de cada empresa industrial o agrícola, que realizan el trabajo entre el proletariado femenino sobre el terreno. Esas organizadoras, designadas por las células, son reunidas por el comité del partido para resolver las cuestiones de organización y las demás cuestiones del trabajo corriente.
Allí donde los partidos comunistas tienen organizaciones ilegales, estas organizan también sus propios departamentos para el trabajo entre las mujeres proletarias.
En los países capitalistas, el trabajo entre las mujeres se reduce a la preparación para la lucha por la dictadura del proletariado. Consiste sobre todo en una propaganda que debe hacer comprender a las mujeres proletarias la inevitabilidad del paso del régimen capitalista al comunista.
Ese trabajo debe vincularse a todas las cuestiones prácticas que interesan a las obreras en la ruina económica, la crisis de abastecimiento y de vivienda y el paro que hoy reinan. Hay que prestar especial atención a destruir la ilusión de alcanzar la igualdad de derechos mediante el sufragio femenino.
Todas estas cuestiones deben tratarse desde el punto de vista comunista y vincularse a las consignas comunistas.
La agitación debe dirigirse también contra la explotación por la economía doméstica, la forma más atrasada y deforme de la producción artesanal, y a preparar a las mujeres para la transformación de la economía doméstica y de la familia.
En todos los países hay que prestar especial atención a la agitación entre las jornaleras y las campesinas más pobres, para atraer también a esas capas de mujeres proletarias a la lucha revolucionaria.
Toda la actividad de agitación debe partir del principio fundamental siguiente: el mejor modo de atraer a la lucha de clases es la acción misma. Por eso las masas proletarias femeninas deben participar en todas las acciones que organice el partido, como huelgas, manifestaciones y cualquier otra forma de lucha.
Allí donde sea posible, hay que convocar periódicamente conferencias de obreras y campesinas sin partido.
Las delegadas a esas reuniones deben elegirse en asambleas generales de obreras y campesinas, por empresas o por aldeas.
En esas conferencias, mediante la discusión de cuestiones prácticas, debe despertarse la consciencia de clase y crearse un estado de ánimo revolucionario.
Las comunistas deben aprovechar en la agitación toda posibilidad legal para revolucionar a las amplias masas del proletariado femenino y atraerlas a las filas del partido comunista.
Tras la victoria del proletariado y la instauración del poder soviético, el trabajo entre las obreras y las campesinas no debe debilitarse, sino, al contrario, profundizarse y reforzarse, porque el poder soviético no puede defender la dictadura del proletariado del ataque de los imperialistas sin atraer a las más amplias masas de obreras y campesinas a participar en la guerra civil, sin enseñar y atraer, según las palabras del camarada Lenin, hasta a la última cocinera al gobierno del Estado76.
El poder soviético da a las obreras y campesinas no solo la plena liberación política y económica, sino también la plena posibilidad de liberarse de la esclavitud familiar y del yugo de la economía doméstica individual, que bajo la dictadura del proletariado desaparece poco a poco.
La dictadura del proletariado da también la plena posibilidad de acabar para siempre, por una parte, con el atraso y la ignorancia de las masas proletarias femeninas, que son el mejor instrumento de su sometimiento, y, por otra, con los prejuicios arraigados durante siglos en las masas atrasadas, tanto de obreras como de campesinas.
Por eso, en los países soviéticos el trabajo entre las mujeres no puede limitarse a la agitación y la propaganda. Los partidos comunistas deben:
Atraer con todo empeño a las obreras y campesinas a los soviets, a los comités ejecutivos, a los departamentos de los soviets (en primer lugar al trabajo soviético que las libera de la servidumbre familiar), a los sindicatos, a los consejos de economía nacional, a las escuelas del partido, profesionales y técnicas, etc. Los departamentos de los soviets están llamados a la educación política de las obreras y campesinas y a enseñarles la administración y la construcción del Estado.
Para llevar la propaganda comunista a las más amplias masas de obreras y campesinas, el partido convoca asambleas de delegadas obreras y campesinas, elegidas en las asambleas generales de las fábricas y talleres y también de los distritos rurales. Las asambleas de delegadas se renuevan periódicamente.
Las asambleas de delegadas son un medio de educación comunista de las delegadas y también de transmisión, por su medio, de la influencia de los partidos comunistas a la masa general de obreras y campesinas. En los distritos rurales, las asambleas de delegadas ayudan a diferenciar los elementos burgueses de los proletarios y semiproletarios.
Los departamentos de los soviets llaman a las delegadas elegidas a inspeccionar y controlar las guarderías, los asilos, los comedores, los hospitales y otras instituciones, y también a organizarlos, y así aprenden la construcción soviética.
De entre las delegadas comunistas, el departamento de trabajo entre las mujeres designa para los distintos departamentos soviéticos a practicantes, instructoras y organizadoras, que, por una parte, participan activamente en el trabajo del departamento soviético correspondiente y, por otra, dirigen el trabajo de las delegadas en el control y la inspección de las instituciones de ese departamento.
Las delegadas rinden cuentas de su trabajo tanto en la asamblea de delegadas como en las asambleas generales de sus fábricas, talleres y subdistritos rurales.
Para elevar el nivel cultural de la masa femenina proletaria y campesina, los partidos comunistas deben prestar gran atención al trabajo cultural y educativo.
Para ayudar a las amplias masas proletarias y campesinas a desembarazarse de una de las herencias más vergonzosas del régimen capitalista, los prejuicios sobre la mujer, sobre su papel en la sociedad y en la familia, sobre el valor del trabajo femenino en la producción, etc., los partidos comunistas hacen la más amplia agitación para explicar a las masas todas estas cuestiones.
Prestan también gran atención a la lucha contra los prejuicios religiosos de las obreras y campesinas.
Los partidos comunistas deben llevar también su trabajo a las obreras y campesinas de Oriente. En Oriente la mujer despierta también a la lucha revolucionaria. En el Oriente Próximo, en la región del Volga, entre las obreras y campesinas musulmanas se hace ya ahora el mismo trabajo que entre las demás mujeres trabajadoras de Rusia. En China y en la India las obreras participan muy activamente en las huelgas obreras, y en la India se podría hacer ya ahora entre ellas nuestra propaganda comunista. En el Turquestán y en Persia los partidos comunistas han organizado ya departamentos de trabajo entre las mujeres. En países como Persia, el Turquestán, Turquía y Corea, donde hay poco proletariado, donde los partidos comunistas tienen que vérselas sobre todo con campesinas y pequeños artesanos, donde los prejuicios religiosos son todavía muy fuertes, los métodos de trabajo que se aplican en la propaganda y la agitación entre las mujeres europeas pueden resultar inservibles al principio. En ese caso, los partidos comunistas de esos países tendrán que elaborar métodos de trabajo para esa parte de las mujeres de Oriente. La Conferencia Internacional de las Comunistas considera que también en los países de Oriente, allí donde sea posible, sería deseable celebrar asambleas de delegadas.
Para coordinar y enlazar todo el trabajo señalado y hacer agitación y propaganda entre las mujeres a escala internacional, se organiza junto a la Internacional Comunista una sección de mujeres. La sección junto a la Internacional desempeña el mismo papel que el departamento junto al comité del partido y se somete por entero a las directivas y a la dirección de la III Internacional.
Escuchado el informe, la asamblea pasa a discutir las tesis, que provocaron una animada discusión que se prolongó durante toda la sesión de la tarde del 1 de agosto y la de la mañana del 2 de agosto.
La camarada Wolfstein (Alemania) considera que las tesis dan una valoración equivocada de la actividad de la II Internacional respecto de las mujeres. Si decimos que la II Internacional no hizo nada por la emancipación de las mujeres, negamos con ello el trabajo de C. Zetkin, que formaba allí el ala izquierda y que dirigía toda la organización.
Las camaradas Padchufárova77 y Vinográdskaya, en contra, señalaron que la II Internacional terminó su vida tan vergonzosamente como se condujo en vida, y que su solo final habla de su actividad sin gloria. Por eso hay que abrir los ojos de las masas sobre ello, sin miramientos.
La camarada Strömer dice que ninguna de las delegadas cree en la resurrección del cadáver de la II Internacional ni la desea; todas saben que ha muerto y que despide olor a cadáver, pero al valorar su actividad respecto de la mujer hay que ser objetivos: allí trabajó y se esforzó Clara Zetkin. En esta parte, las tesis no deben tener un carácter de agitación, sino histórico; por eso hay que no cometer errores y ser exactos.
La camarada Inessa señala que las delegadas rusas están de acuerdo en que la II Internacional adoptó ya en 1907 resoluciones sobre la necesidad de que el partido luchara por el derecho de voto y por separar el trabajo de las mujeres trabajadoras del de las burguesas, pero hay que subrayar que la II Internacional no hizo nada para llevar a la práctica sus resoluciones, de modo que en los hechos resultó justo lo contrario.
Las camaradas Nikoláyeva y Vinográdskaya dicen que no se puede negar el colosal papel de Clara Zetkin en la organización de las obreras en tiempos de la II Internacional, pero Clara Zetkin y otros camaradas de izquierda estaban en minoría, y no eran ellos, sino los oportunistas, quienes determinaban la actividad de la II Internacional y de los partidos de los distintos países.
La camarada Allan propone concretar más la parte de las tesis que trata del papel y la importancia de la III Internacional para las obreras de todos los países, e indicar con más detalle en qué se diferencian los caminos y los objetivos del movimiento feminista y del movimiento proletario de mujeres.
La camarada Nielsen, de Dinamarca, propone que las tesis no detallen las formas de organización, porque eso parece más una instrucción que una tesis.
La camarada Kovács, de Hungría, considera que en las tesis no deben exponerse planes detallados de trabajo entre las mujeres, porque muchos partidos están en la ilegalidad. Publicando tales tesis ponemos a la policía tras la pista de nuestro trabajo.
Tras la intervención de toda una serie de oradoras y la presentación de una serie de enmiendas, la conferencia resolvió tomar como base las tesis propuestas y remitirlas, con las enmiendas y adiciones, a una comisión para su redacción definitiva.
Sobre la creación de una sección junto a la Internacional Comunista interviene la camarada Wolfstein, que señala que, una vez establecidos los métodos de trabajo y las formas de organización, hay que emprender el trabajo más intenso entre las mujeres de todos los países y crear junto a la Internacional Comunista una sección presidida por C. Zetkin para dirigir y unificar todo ese trabajo.
La asamblea se suma por unanimidad a esa propuesta.
Antes de la clausura de la conferencia pronunció el discurso final la camarada Wolfstein, que señaló que, pese a las discusiones sobre cuestiones concretas, se nota sin duda que todas las delegadas están animadas de un mismo espíritu, de una misma aspiración a derribar el capitalismo mundial y a izar la bandera roja del comunismo en todos los países.
Se puede estar seguro de que la próxima conferencia de las comunistas se celebrará en uno de los países donde hoy domina la burguesía.
La presidenta, al cerrar la sesión, señala que esta conferencia, que ha transcurrido con tanta unanimidad, afianzará los lazos entre las obreras rusas y las extranjeras.
Con gritos de «¡Viva la revolución mundial y la primera conferencia internacional!» se levanta la sesión.
Las delegadas se dispersan cantando La Internacional.
Anexo 1. Tesis sobre el movimiento comunista entre las mujeres
Las tesis, «elaboradas por una comisión presidida por la camarada Clara Zetkin y aprobadas por la Internacional Comunista», figuran en el informe en traducción rusa; traducimos su texto alemán en la página de documentos de la conferencia.
Anexo 2. Lista de las participantes en la I Conferencia Internacional de las Comunistas
- Wolfstein: Alemania.
- Guilbeaux y Rosmer: Francia.
- Newbold: Inglaterra.
- Balabánova: Italia.
- Billiam: América.
- Allan: México.
- Strömer: Austria.
- Nielsen: Dinamarca.
- Dahlström y Linderut: Suecia.
- Kovács: Hungría.
- Kazhujanen y Saari: Finlandia.
- Oosem, Siversen, Malen: Noruega.
- Tumu: Letonia.
- Maksímov: Bulgaria.
- Asharza: India.
- Takaya: Georgia.
- Petrenko: Cáucaso.
- Karýmova y Dvorkina: Turquestán.
Rusia: Inessa Armand, Preobrazhenski, Yaroslavski, Sadóvskaya, Gópner, Smidóvich, Vinográdskaya, Rávich, Nikoláyeva, Tenenbaum, Kámeneva, Murálova, Skovno, Koviator, Únksova, Sazónova, Bárjina, Rívlina, Martýnova, Vorónova, Petújova, Bodrítskaya, Pozdnéyeva, Sýrkina, Yevstegnéyeva, Yákovleva, Chadáyeva, Rodiónova, Markus y Moirova.78
Nota. Rusia estuvo representada por casi todas las provincias, pero a la delegación rusa solo se le concedieron dos votos deliberativos, y a los demás países, uno cada uno.
Los países que no enviaron delegadas estuvieron representados por miembros del Congreso, a los que se concedió voto consultivo.
Anexo 3. Telegramas de saludo recibidos por la I Conferencia Internacional de las Comunistas
Los comunistas y las comunistas iraníes saludan calurosamente a la conferencia internacional de obreras de Moscú. El Oriente de muchos millones está envuelto en las llamas de la revolución. Creemos firmemente que esa poderosa llama destruirá las cadenas seculares de esclavitud de los pueblos de Oriente y traerá la liberación y la igualdad de derechos a las mujeres de Oriente. Ocupados en participar directamente en la lucha revolucionaria por la liberación de Persia y de la India, esta vez no podemos estar en la conferencia internacional de obreras. Os deseamos éxito en el trabajo y en la lucha.
Miembro del C. C. del P. C. P.79 Mildabur.
El Buró Central de las Secciones Alemanas adjunto al C. C. del P. C. R.80 saluda a la conferencia internacional de las comunistas como prueba viva de que las obreras de todos los países están dispuestas a romper sus cadenas seculares.
Expresamos nuestra profunda convicción de que nuestras hermanas obreras alemanas, que en los últimos tiempos han tomado una parte tan activa en la lucha revolucionaria, mostrarán al mundo entero que lucharán codo con codo con sus hermanos hasta la emancipación completa de su clase, hasta la instauración del poder soviético en Alemania.
Deseamos a la conferencia que cumpla con éxito su trabajo.
¡Viva la unión comunista internacional!
Nosotras, comunistas de Kiev, que, tras la liberación de la ciudad de la invasión señorial polaca y petliurista81, volvemos al trabajo revolucionario bajo la bandera roja victoriosa de la III Internacional, enviamos nuestro saludo de camaradas a la conferencia internacional de las comunistas. Creemos ardientemente en la cercanía del día en que el empuje poderoso del proletariado unido de todos los pueblos barra los cimientos podridos del mundo capitalista y reine para siempre la gran república proletaria única. Juramos trabajar sin descanso con vosotras, camaradas, para atraer a todas las proletarias y campesinas a la gran lucha y a la gran obra de crear el luminoso régimen socialista.
La presidenta de la asamblea de comunistas.
Nosotras, obreras de Sarátov, reunidas en número de dos mil para celebrar con un desfile y un mitin la conferencia de las obreras, enviamos un caluroso saludo a la conferencia internacional de obreras comunistas y al II Congreso de la III Internacional Comunista. Las obreras rusas comenzaron la revolución de Febrero, la clase obrera de Rusia derribó el yugo del zarismo, y hoy Moscú, la capital del zar, se ha convertido por un esfuerzo heroico en el estado mayor de combate del proletariado revolucionario internacional. No está lejos el día en que los nidos de avispas de los bandidos internacionales, Londres y París, se conviertan en capitales de la República Soviética. Nosotras, obreras de Sarátov, estamos seguras de que la conferencia de obreras y el II Congreso de la Internacional Comunista encontrarán el camino seguro y certero del asalto general de los obreros a las fortalezas del mundo burgués. ¡Fuera los socialistas traidores de las filas de los obreros y obreras!
¡Viva la III Internacional Comunista!
Nosotras, obreras de Kronstadt, enviamos un caluroso saludo fraternal a las representantes del proletariado femenino del mundo entero. No nos abandona ni un minuto la seguridad de que nuestras hermanas de los demás países librarán también ahora, con la misma seguridad y decisión, la lucha contra sus opresores y seguirán el mismo camino que seguimos nosotras, las obreras de Rusia.
Creemos que para el II Congreso Internacional de las obreras la bandera roja de los soviets ondeará en muchos países del mundo.
Saludos a las proletarias de todo el mundo, luchadoras por el poder soviético.
La organizadora de las obreras de Kronstadt, M. Pozdéyeva.
La II Conferencia sin partido de las mujeres de la ciudad y del campo del distrito de Yelets saluda a la primera reunión de la Internacional. La conferencia de mujeres expresa su seguridad en la victoria sobre quienes mantienen a la mujer en la esclavitud en todos los países. La mujer rusa liberada, que lucha junto al hombre proletario con el trabajo, la disciplina y el orden, ayudará a liberar a la mujer esclavizada por la burguesía. ¡Viva la mujer con iguales derechos en todo el mundo!
¡Viva la dictadura del proletariado!
La presidenta del congreso, M. Parájina. La secretaria, A. Garaina.
La célula comunista del C. E. C. de toda Rusia82 envía un saludo comunista de camaradas a la I Conferencia Internacional de las mujeres comunistas. ¡Vivan las mujeres comunistas rusas, avanzada de la futura Revolución mundial!
Nosotras, obreras del sindicato de la confección de Neviansk, de la provincia de Ekaterimburgo, saludamos desde los lejanos Urales a la primera conferencia internacional de las obreras del mundo entero, y le deseamos éxito en su trabajo, en el trazado de nuevos caminos para la organización de las obreras en la lucha común con los obreros de todo el mundo por la liberación del proletariado de su opresor secular, el capital.
La responsable del departamento de obreras, Gúrina.
Las mujeres obreras delegadas el 30 de junio83 para participar en la sesión solemne de las mujeres comunistas (extranjeras) saludan de corazón a la I Conferencia de mujeres y desean de todo corazón que la roja verdad proletaria reine en todo el mundo, que la unión fraternal de las mujeres del mundo entero sea siempre firme, que las obreras, que hasta ahora han sido esclavas del imperialismo, se unan a los obreros para el último combate y para la gloriosa victoria, y que creen en el futuro una vida hermosa para todas las personas del mundo entero.
¡Vivan las obreras de todo el mundo!
¡Viva la revolución proletaria!
¡Viva el II Congreso de la III Internacional!
Clara Zetkin (1857-1933), dirigente del movimiento socialista femenino internacional, del ala izquierda de la socialdemocracia alemana y, desde 1919, del Partido Comunista de Alemania (KPD). ↩
Nikolái Bujarin (1888-1938), dirigente bolchevique, miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. ↩
Inessa Armand (1874-1920), bolchevique, dirigía desde 1919 el departamento del Comité Central del Partido Comunista ruso para el trabajo entre las mujeres; murió en septiembre de 1920. ↩
Rosi Wolfstein (1888-1987), espartaquista y dirigente del KPD, delegada al II Congreso de la Internacional Comunista. ↩
Kata Dahlström (1858-1923), agitadora socialista sueca, del Partido Socialdemócrata de Izquierda de Suecia. ↩
Strömer y Linderut: nombres dados aquí según la transcripción rusa (Штремер o Штреммер, Линдерут); no hemos podido comprobar su grafía original. El llamamiento de la II Conferencia (1921) lo firma por Suecia una «Herta Linderut». ↩
Polina Vinográdskaya (1897-1979), bolchevique, colaboradora del departamento del Comité Central para el trabajo entre las mujeres. ↩
Serafima Gópner (1880-1966), bolchevique ucraniana. ↩
Klavdia Nikoláyeva (1893-1944), obrera bolchevique de Petrogrado (Píter, en el habla popular), organizadora del trabajo entre las obreras. ↩
Sofia Smidóvich (1872-1934), bolchevique, dirigía el trabajo entre las mujeres en Moscú. ↩
Nadezhda Krúpskaya (1869-1939), bolchevique, compañera de Lenin. ↩
Aleksandra Kollontái (1872-1952), bolchevique, dirigente del trabajo entre las mujeres en la Rusia soviética. ↩
Angélica Balabánova (1878-1965), socialista de origen ruso que militó en el Partido Socialista Italiano; secretaria de la Internacional Comunista en 1919-1920. ↩
Paul Levi (1883-1930), presidente del KPD. ↩
La paz de Brest-Litovsk (3 de marzo de 1918), impuesta a la Rusia soviética por Alemania y sus aliados. ↩
La huelga general de enero de 1918 en Austria-Hungría, contra la guerra y el hambre, durante las negociaciones de Brest-Litovsk. ↩
Firmas transcritas tal como las da el impreso ruso; no hemos podido identificar a los firmantes. ↩
Buró polaco del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, encargado del trabajo entre los comunistas polacos. ↩
Willi Münzenberg (1889-1940), comunista alemán, secretario de la Internacional Comunista de la Juventud. ↩
La conferencia internacional socialista de mujeres (Berna, 26-28 de marzo de 1915), convocada por Clara Zetkin contra la guerra, y la conferencia internacional de la juventud socialista (Berna, 5-7 de abril de 1915). ↩
Probable alusión a la Semana Trágica de Barcelona (julio de 1909), que estalló contra el embarque de reservistas para la guerra de Marruecos. ↩
La guerra polaco-soviética de 1920; en ruso, «la aventura de los panes» (los terratenientes polacos). ↩
La nobleza terrateniente polaca. ↩
Yemelián Yaroslavski (1878-1943), dirigente bolchevique, miembro del Comité Central del Partido Comunista ruso en 1919-1921. ↩
Así en la transcripción rusa (Аллан); no hemos podido identificar a esta delegada. ↩
El golpe de Estado de Kapp y Lüttwitz (13-17 de marzo de 1920), derrotado por la huelga general; en la cuenca del Ruhr los obreros formaron un Ejército Rojo, aplastado después por la Reichswehr y los cuerpos francos. ↩
Gustav Noske (1868-1946), socialdemócrata, ministro de Defensa del Reich en 1919-1920, organizó la represión de los levantamientos obreros con los cuerpos francos. ↩
El Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD). ↩
Die Kommunistin («La Comunista»), revista femenina del KPD dirigida por Clara Zetkin. ↩
La República Soviética Húngara (marzo-agosto de 1919). ↩
Die Rote Fahne («La Bandera Roja»), órgano del Partido Comunista de Austria. ↩
Los radicales de izquierda (Linksradikale), grupo de la izquierda socialdemócrata austriaca durante la guerra, núcleo del Partido Comunista de Austria, fundado en noviembre de 1918. ↩
El Partido Socialdemócrata de Izquierda de Suecia, adherido a la Internacional Comunista en 1919; Politiken era su órgano central. ↩
Así en el impreso; «voces rojas» sería en sueco Röda röster. ↩
El ala izquierda de la conferencia socialista internacional de Zimmerwald (septiembre de 1915), encabezada por Lenin. ↩
Las negociaciones de paz entre la Rusia soviética y las Potencias Centrales en Brest-Litovsk (diciembre de 1917-marzo de 1918). ↩
El programa Labour and the New Social Order y los nuevos estatutos del Partido Laborista (1918), que abrieron la afiliación individual y crearon secciones femeninas. ↩
Alfred Rosmer (1877-1964), sindicalista revolucionario francés, miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista en 1920. ↩
La Fédération française des travailleurs du Livre; en 1913 su sección de Lyon se negó a admitir a la tipógrafa Emma Couriau y expulsó a su marido por haberle permitido trabajar en el oficio. ↩
Transcribimos los títulos tal como los da el impreso ruso («Эва», «Сукомпанье»); el segundo es quizá Su, compagne! ↩
La campaña italiana en Eritrea y Etiopía (1894-1896), que acabó con la derrota de Adua. ↩
La guerra italo-turca de 1911-1912, con la que Italia se apoderó de Tripolitania y Cirenaica (Libia). ↩
Ravenstvo («Igualdad»), órgano bimensual de las mujeres comunistas (socialistas «estrechas») de Bulgaria, publicado desde agosto de 1919. ↩
Así en el impreso; no hemos podido establecer la forma finesa del nombre. ↩
Probablemente Työläisnainen («La Obrera»), semanario de la Unión de Mujeres Socialdemócratas de Finlandia (1906-1923), en manos de los comunistas desde 1920. ↩
Probablemente Marie Nielsen (1875-1951), maestra, dirigente de la izquierda socialista y luego del Partido Comunista danés. ↩
Philipp Scheidemann (1865-1939), dirigente de la socialdemocracia mayoritaria alemana (SPD), jefe del gobierno en 1919. ↩
Organización pacifista nacida del congreso internacional de mujeres de La Haya (1915), que adoptó este nombre en 1919. ↩
El 22 de mayo de 1919 las tropas de la Landeswehr del Báltico y los cuerpos francos alemanes, con unidades letonas blancas, tomaron Riga, capital de la Letonia soviética; siguió un terror masivo contra los comunistas y sus partidarios. ↩
Así en el impreso; por el contexto, se trata de las lituanas. ↩
Nombre que se daba entonces a la población sedentaria, de lengua túrquica o persa, de las ciudades y los oasis del Turquestán. ↩
Ricos, propietarios de tierras y de ganado, en Asia Central. ↩
Gorros bordados tradicionales de Asia Central. ↩
Cooperativas de trabajo. ↩
Consejo de Economía Nacional (en ruso, С. Н. Х.). ↩
Nombre de Oslo hasta 1924. ↩
Qiu Jin (1875-1907), revolucionaria, poetisa y feminista china, ejecutada por preparar una insurrección contra la dinastía Qing; el impreso transcribe «Чиу-Ген». ↩
El Movimiento del Primero de Marzo de 1919 contra la dominación japonesa. ↩
Ksenia Ge (1892-1919), bolchevique, ahorcada por los blancos en Kislovodsk; su marido, Aleksandr Ge, había muerto también a manos de los blancos. ↩
Nikolái Gikalo (1897-1939), dirigente de los partisanos rojos en Grozni y en Chechenia contra Denikin. ↩
Subbótniki: jornadas de trabajo voluntario y gratuito, por lo general en sábado. ↩
Vseobuch: instrucción militar general obligatoria de los trabajadores. ↩
Poblaciones cosacas. ↩
Zhenotdel, departamentos de las organizaciones del Partido Comunista ruso para el trabajo entre las mujeres. ↩
El impreso dice «20»; por el contexto, es la segunda conferencia regional. ↩
El general Piotr Wrangel (1878-1928), jefe de las fuerzas blancas del sur de Rusia desde abril de 1920; en el verano de 1920 desembarcó tropas en el Kubán. ↩
Antigua medida rusa de longitud, de unos 71 centímetros. ↩
Las rabfak, facultades obreras para preparar a obreros y campesinos para la universidad. ↩
Celebrado en Moscú del 16 al 21 de noviembre de 1918. ↩
Campañas de reclutamiento del Partido Comunista ruso en el otoño de 1919, durante las cuales se admitía a los nuevos miembros sin el periodo de candidatura. ↩
Nombre familiar de Petrogrado. ↩
Antón Denikin (1872-1947) y Nikolái Yudénich (1862-1933), generales blancos derrotados a finales de 1919. ↩
Así en el impreso: este pasaje se escribió, evidentemente, a finales de 1919. ↩
Alusión a los Estatutos de la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864): «la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma». ↩
Partido Comunista de Rusia (bolchevique). ↩
Alusión a un pasaje de Lenin en ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder? (1917) sobre la necesidad de enseñar a los obreros, y a cualquier cocinera, a gobernar el Estado. ↩
Así en el impreso (Падчуфарова); probablemente la obrera textil moscovita que en la II Conferencia (1921) aparece como «Pachufárova». ↩
Transcribimos los apellidos del impreso; varios de ellos no han podido identificarse. Entre los varones de la lista figuran los bolcheviques Yevgueni Preobrazhenski y Yemelián Yaroslavski, Alfred Rosmer y Henri Guilbeaux. ↩
Partido Comunista de Persia, fundado en junio de 1920. ↩
Organismo del Partido Comunista ruso para el trabajo entre los alemanes de la Rusia soviética. ↩
El ejército polaco y las tropas de Simón Petliura ocuparon Kiev en mayo de 1920; el Ejército Rojo la recuperó el 12 de junio. ↩
Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, órgano supremo del poder soviético entre congresos. ↩
Así en el impreso; la sesión solemne de apertura se celebró el 30 de julio. ↩