No se conoce acta libre de la II Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas (Moscú, 11-17 de junio de 1924). Esta crónica, firmada por Algo, que formó parte de la presidencia de la conferencia y fue uno de sus ponentes, es la única relación de época que hemos encontrado en edición libre. Apareció primero en la International Press Correspondence (Viena), vol. 4, n.º 40, 10 de julio de 1924, p. 393 (marxists.org), cuyo escaneo corta los finales de muchas líneas; se traduce del inglés de la reimpresión completa del Daily Worker de Chicago, vol. 2, n.º 122, suplemento del sábado («The Daily Worker Magazine»), 9 de agosto de 1924, p. 3 (marxists.org, escaneo de la Biblioteca del Congreso), cotejada con la Correspondence. Puede ser traducción de un original alemán o ruso que no hemos encontrado. El manifiesto que la cierra está en la página II Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés

Una conferencia internacional de cooperativistas comunistas

Desde el III Congreso Mundial, en julio de 1921, la Internacional Comunista ha asumido el trabajo cooperativo como parte integrante del trabajo político. Como es sabido, la II Internacional, en su congreso de Copenhague de 1910, trató la cuestión cooperativa desde el punto de vista de la lucha de clases, y para su trabajo dentro del movimiento cooperativo redactó unas tesis de carácter ambiguo, con el resultado de que en ciertos países podían emplearse frases muy radicales, mientras que en otros, sobre la base de las mismas tesis, era posible el oportunismo más descarado.

Ahora, al cabo de tres años, existe en la III Internacional un plan más claro, que concuerda con la resolución sobre las cooperativas que el camarada Lenin presentó en 1910 como miembro de la Comisión Cooperativa de la II Internacional.1 Para salir al paso del peligro reformista de que cada miembro del partido actúe a su antojo en este importante sector del trabajo del partido, las tesis comunistas sobre las cooperativas establecen como deber absoluto de todo comunista ser socio de una sociedad cooperativa y, al mismo tiempo, formar núcleos en las numerosas sociedades cooperativas, para asegurar un trabajo sistemático bajo la disciplina del partido.

Ya en noviembre de 1922 se celebró en Moscú la I Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas, cuya tarea era fijar para el proletariado consciente de clase una posición teóricamente fundada ante la cuestión cooperativa y, al mismo tiempo, aprobar la táctica con la que las cooperativas bajo dirección reformista podían pasar a manos del proletariado consciente de clase. Esta tarea que se impuso la conferencia se cumplió por completo y quedó plasmada en las tesis sobre las cooperativas del IV Congreso Mundial.2 El Ejecutivo Ampliado, en su reunión de junio de 1923, amplió de manera completa las tesis sobre las cooperativas y llamó expresamente la atención de las secciones de la Komintern sobre el trabajo cooperativo.3

Del 11 al 17 de julio se celebró en Moscú la II Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas, para hacer balance, por una parte, del trabajo cooperativo realizado en los distintos países y, por otra, para precisar en términos concretos el trabajo práctico que queda por delante.4 Asistieron a la conferencia 43 delegados de 17 países y de 10 instituciones. Para la presidencia se eligió a los camaradas Jinchuk,5 Algo y Marran. La conferencia trató un orden del día muy amplio, que incluía el informe de la sección y los informes de los distintos países. Los dos primeros ponentes trataron «el papel de las cooperativas en el periodo actual de la revolución proletaria», mientras que el camarada Algo trató su papel y su tarea antes de la toma del poder político por el proletariado. Las cooperativas no solo pueden servir de tribuna para la propaganda revolucionaria entre las masas de amas de casa proletarias y entre los políticamente indiferentes de las amplias capas de la pequeña burguesía, sino que tienen también la posibilidad de prestar apoyo moral y material a todas las campañas sindicales y proletarias y de actuar ellas mismas como órganos de clase, creando fondos de huelga y abasteciendo de víveres a la clase obrera en lucha. En cuanto al trabajo ilegal, las organizaciones cooperativas ofrecen muchas posibilidades, y el trabajo cooperativo se presta admirablemente a la importante tarea del frente único proletario desde abajo, a la revolucionarización y neutralización de las masas.

El camarada Jinchuk trató el importantísimo papel de las cooperativas durante y después de la revolución proletaria. El camarada Meshcheriakov6 habló de la tarea internacional de las cooperativas; el camarada Marran trató la cuestión de los sindicatos y las cooperativas, y las camaradas Stromer y Ostrovskaia hablaron de la mujer y el movimiento cooperativo. En el punto de «varios», el camarada Tijomírov presentó un interesante informe sobre las sociedades cooperativas de vivienda en la Rusia soviética. Todos los informes fueron seguidos de debates detallados y a fondo.

En la resolución sobre el informe de la sección se señaló que hay que aplicar con toda energía los antiguos acuerdos del congreso, que en la dirección central del partido de cada país debe crearse una sección cooperativa y que el trabajo cooperativo debe ser parte esencial de las campañas políticas generales y de la prensa. Se aprobaron resoluciones en el sentido de que debe haber un mejor intercambio mutuo de información; de que debe aparecer con regularidad una revista cooperativa internacional, «Las cooperativas en la lucha de clases»; de que deben organizarse visitas a los distintos países y celebrarse una conferencia cooperativa comunista nacional; de que deben organizarse en los distintos países cursos cooperativos para formar funcionarios marxistas preparados, etc. Los tres primeros informes quedaron plasmados en tesis que insisten especialmente en la importancia del trabajo cooperativo para la educación política de las masas obreras atrasadas y de las amas de casa, y que subrayan además la necesidad de colaborar con los sindicatos, de luchar contra el fascismo y el macdonaldismo7 y de participar intensamente en la propaganda contra la guerra.8

Por último, se publicó un manifiesto a todos los socios de las cooperativas, cuyo texto completo damos a continuación.

La conferencia ha demostrado que casi en todas partes hay camaradas con la voluntad enérgica de vincular el trabajo cooperativo al marco del trabajo del partido comunista. Se dijo repetidas veces que no había ningún país en el que se hubiera hecho trabajo suficiente entre ese gran depósito de masas de amas de casa proletarias y de elementos pequeñoburgueses que están organizados en las cooperativas. Apenas hay otra organización tan adecuada como las cooperativas para hacer realidad la consigna «Hacia las masas».

El manifiesto está en la página de la conferencia: II Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas.

  1. El proyecto de resolución de la delegación socialdemócrata rusa en la comisión cooperativa del Congreso de Copenhague (1910); véase Congreso de Copenhague (II Internacional). ↩

  2. La Resolución sobre la cuestión de las cooperativas del IV Congreso (25 de noviembre de 1922). Los documentos de la conferencia de 1922 que se conservan en edición libre están en I Conferencia Internacional de Cooperativistas Comunistas. ↩

  3. El III Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (Moscú, junio de 1923). No fue una reunión de cooperativistas, sino del Ejecutivo. ↩

  4. Así en las dos ediciones, pero es una errata por «junio»: la International Press Correspondence que publicó la crónica lleva fecha del 10 de julio de 1924, y el manifiesto está fechado el 17 de junio. La conferencia coincidió, pues, con el V Congreso de la Internacional (17 de junio-8 de julio de 1924). ↩

  5. Lev Mijáilovich Jinchuk, dirigente del Tsentrosoyuz, la unión central de las cooperativas de consumo soviéticas. ↩

  6. Nikolái Leonídovich Meshcheriakov, bolchevique, ponente sobre la cuestión cooperativa en el III Congreso de la Internacional. ↩

  7. Por James Ramsay MacDonald, laborista, primer ministro británico desde enero de 1924. ↩

  8. Ni estas tesis ni las resoluciones se han encontrado en edición de acceso libre. ↩