El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista se celebró en Petrogrado (sesión inaugural, 5 de noviembre de 1922) y en Moscú (del 9 de noviembre al 5 de diciembre de 1922). Todos los documentos se traducen del alemán del acta oficial: «Protokoll des Vierten Kongresses der Kommunistischen Internationale. Petrograd-Moskau vom 5. November bis 5. Dezember 1922», Hamburg, Verlag der Kommunistischen Internationale, 1923 (archive.org); los que allí van como anexos (Beilagen), de los anexos; los demás, del texto leído y votado en las sesiones, tal como lo recoge el acta. La versión alemana es la edición oficial de la Internacional; algunos documentos se redactaron en ruso, francés o inglés. Las fechas entre paréntesis son las de aprobación en sesión. Las tesis sobre el frente único las aprobó el Comité Ejecutivo el 18 de diciembre de 1921, y el Congreso las incorporó como anexo a las tesis sobre la táctica. La carta abierta no estaba terminada cuando se clausuró el Congreso, que encargó al Ejecutivo concluirla; el acta la publica con fecha de 4 de diciembre de 1922. Para las directrices sindicales el acta no recoge la votación. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán

Llamamiento a los presos políticos (5 de noviembre de 1922)

¡Presos del capitalismo! ¡Luchadores por la emancipación de la clase obrera, encadenados por los gobiernos capitalistas! Para vosotros es el primer saludo de los representantes del proletariado revolucionario del mundo entero, reunidos en el IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista.

¡Camaradas! Año tras año, los congresos mundiales de la vanguardia proletaria revolucionaria, al hacer el recuento de las victorias de la clase obrera, honran a las víctimas de la lucha, caídas a manos de los verdugos o arrojadas a las cárceles. Pero esta vez, desde el momento en que el capital ha pasado al ataque en frente unido, su crueldad se manifiesta con toda su crudeza. De nuevo la sangre de los proletarios inunda todo el mundo capitalista, allí donde el proletariado libra su «lucha final» contra su enemigo de clase. Las mejores fuerzas se consumen en las mazmorras; las olas del terror blanco anegan todos los países capitalistas.

En Italia los fascistas amenazan al proletariado a sangre y fuego, destruyen las casas de los sindicatos, las de las cooperativas obreras y las de los órganos del partido; más aún, no se detienen ni ante la destrucción de los domicilios particulares de los luchadores por la emancipación de la clase obrera.

Los heroicos marinos de Francia que se negaron a combatir contra la Rusia de los obreros y campesinos siguen languideciendo en prisión.1 Y durante la huelga de El Havre los defensores del capitalismo han vuelto a recoger su acostumbrada cosecha de sangre.2

Las calles de Berlín, la capital de Alemania, vuelven a estar teñidas de sangre obrera, y los luchadores que se enfrentaron a las bandas monárquicas han sido encarcelados.

Los dirigentes de la Baviera de los consejos siguen todavía hoy en la cárcel, aunque han pasado ya tres años desde la caída de la república de consejos bávara. Muchos participantes en la Acción de Marzo, pese a la amnistía, aún no han salido de las prisiones.3

En Finlandia las cárceles están abarrotadas; las detenciones y las torturas no tienen fin.

En Estonia, después de la ejecución del inolvidable camarada Kingissepp, las cárceles siguen llenas de representantes del proletariado revolucionario.4

En Letonia vuelven a levantarse las horcas. El camarada Klava-Klavin ha sido condenado a muerte, y la suerte de cientos de obreros detenidos aún no está decidida.

En la Polonia «democrática» los luchadores por el comunismo son condenados a trabajos forzados en virtud de la legislación zarista. Los tribunales burgueses pisotean sus propias leyes. El diputado «inviolable» camarada Dąbal ha sido condenado y cumple ya su pena de presidio.5 Los comités electorales son detenidos en bloque. Más de quinientas personas se consumen en las cárceles por haber participado en la campaña electoral, y en las regiones fronterizas se declara el estado de sitio y se implanta el consejo de guerra sumarísimo.

En Rumanía se asesina a los camaradas con el probado pretexto del «intento de fuga». Las torturas que se aplican en las cárceles durante los interrogatorios provocan indignación y protestas incluso entre la burguesía.

En Yugoslavia las detenciones, las torturas en las mazmorras, las humillaciones y los suplicios infligidos a los obreros están a la orden del día.

En Grecia, después de la llamada revolución, los dirigentes del proletariado siguen languideciendo en la cárcel.6

En Hungría el sanguinario gobierno de Horthy no cesa en sus ejecuciones y torturas.

En Sudáfrica la burguesía inglesa se ensaña con la mayor crueldad contra los obreros sublevados.7

En la democrática América, orgullosa de sus libertades, se imponen las penas más duras a todo el que sea sospechoso de pertenecer al Partido Comunista. La policía de la burguesía norteamericana destruye los sindicatos, detiene a los obreros por centenares y dispersa a los huelguistas a bayonetazos y porrazos.

En la India, en Egipto y en todas las colonias, el menor signo de descontento, el menor intento de resistencia contra la explotación desenfrenada se aplasta por la fuerza de las armas.

Camaradas, en todos estos sucesos sangrientos los socialdemócratas actúan como cómplices de la burguesía. Son ellos quienes, con engaños, apartan de la lucha a la clase obrera y le prometen reformas sin lucha. Son ellos quienes hacen fracasar toda acción del proletariado. Son ellos quienes desvían la atención de las masas de un país de la conducta brutal de la burguesía contra los obreros de otros países. Son ellos quienes rompen el frente único de los obreros.

¡Camaradas, obreros! La Internacional Comunista no necesita acostumbrarse a los sacrificios. Cada conquista de la revolución se ha pagado con la sangre de los luchadores y se ha fundado sobre la sangre. Cuanto más dura es la lucha, más numerosas son las víctimas. Pero aunque caigan los hombres, la idea no puede morir. ¡Camaradas, presos de las cárceles capitalistas! Hoy, día de nuestra gran fiesta, en el gran quinto aniversario de la Revolución rusa, compartimos con vosotros nuestra convicción, nuestra fe inquebrantable en que se acerca la hora en que el proletariado revolucionario sacudirá el yugo del capitalismo y se liberará de la servidumbre y de la explotación, la hora en que os liberará a vosotros, romperá los cerrojos de vuestras mazmorras y os acogerá de nuevo con honores en sus filas, a vosotros, su orgullo, a vosotros, sus mejores camaradas.

¡Abajo los verdugos capitalistas!

¡Viva la lucha por la emancipación de la clase obrera!

¡Viva la revolución social, libertadora de los trabajadores de todos los países!

Llamamiento a los obreros y campesinos de Italia (5 de noviembre de 1922)

¡Queridos hermanos, camaradas, obreros y campesinos de Italia! El día de la apertura solemne del IV Congreso Mundial de la III Internacional, que coincide con el quinto aniversario de la victoria de la revolución proletaria en Rusia, la Internacional de los comunistas se dirige a vosotros, porque los acontecimientos de los últimos días en vuestro país ponen en primer plano vuestra lucha contra la reacción descarada que se alza contra vosotros.8

Hace dos años, la Internacional Comunista recomendó con la mayor energía a los dirigentes del entonces partido unificado de Italia que pasaran a la ofensiva. La Internacional Comunista propuso insistentemente que se sacudieran de encima a los partidarios de los compromisos, al ala oportunista, y que, aprovechando el pánico de la burguesía y el auge del ánimo revolucionario entre las masas obreras tras las pruebas de la guerra y los desengaños de la paz, asestaran al viejo orden un golpe decisivo.9

Pero se impuso la opinión de quienes se inclinaban por las medias tintas y la prudencia. Estos retrocedieron ante la dictadura del proletariado y se ampararon en los hábitos de democracia y legalidad supuestamente arraigados en el pueblo.

Y ahora ha ocurrido lo que la Internacional Comunista os había predicho: mientras los centristas ajustaban cuentas con el ala derecha, la burguesía se ha recobrado, la reacción ha pasado a la ofensiva, el poder ha caído en manos de bandidos que encarnan la furia más desatada de vuestros enemigos de clase contra vosotros y contra vuestros ideales.

Los fascistas se han adueñado de la situación, han implantado una dictadura y han pisoteado la democracia y la legalidad, esos decorados mentirosos que los débiles dirigentes del socialismo italiano adoraban ingenuamente. A sangre y fuego consuman la destrucción de las organizaciones obreras, contra las que ya antes libraban, con el apoyo del Estado, una lucha sin freno alguno; ese Estado ha caído ahora por completo en sus manos.

¡Pero no desesperéis!

No todo está perdido; más aún, con una táctica resuelta y acertada vuestra victoria está asegurada.

Las fuerzas del proletariado siguen intactas en las principales ciudades industriales —Turín, Milán, Venecia y Trieste— y pueden prepararse con relativa rapidez para la defensa.

El Partido Comunista de Italia, que rompió a tiempo con aquellos elementos indecisos que, bajo la máscara del maximalismo, seguían una táctica de debilitamiento y de concesiones que hace un año llegó incluso a un tratado de paz con las bandas fascistas,10 el Partido Comunista mantiene en alto la bandera roja y llamará a agruparse en torno a ella no solo a todos los socialistas capaces todavía de acciones revolucionarias, no solo a toda la masa obrera y a los campesinos conscientes, sino también a todas las personas honradas que ven con espanto acercarse el negro nubarrón de la reacción.

Hay que tener presente que, si las fuerzas de la revolución en Italia no son tan débiles como las pintan los alarmistas, las fuerzas del fascismo son mucho más débiles de lo que afirman sus amigos y adoradores. No solo una parte considerable de la democracia de ideas radicales se apartará de ellos, sino que tampoco en el campo de vuestros enemigos de clase directos hay unidad.

Los fascistas son ante todo un arma en manos de los terratenientes. La burguesía industrial y comercial sigue con angustia el experimento de la reacción desenfrenada, en la que ve un bolchevismo negro.

Por otra parte, junto a elementos políticamente indefinidos, aunque enérgicos en la lucha inmediata, como el estudiantado reaccionario, los oficiales desmovilizados y los simples granujas, los fascistas tienen también batallones compuestos de trabajadores, proletarios agrícolas y una parte del campesinado. Estos elementos comprenderán pronto con qué promesas engañosas se les ha arrastrado a la aventura contrarrevolucionaria y se ha hecho de ellos un ejército de terratenientes contra sus propios hermanos de sangre.

Por último, el fascismo significa una política de aventuras internacionales. El fascismo, que carece de todo programa y de todo ideal, de toda base de clase firme y unitaria, provocará en brevísimo plazo un movimiento de indignación pública contra sí mismo. Se trata de encauzar ese movimiento por nuestro camino y de que los obreros italianos, con el Partido Comunista a la cabeza, lleven ese movimiento de protesta contra la reacción tan lejos como sea posible.

Toda la Internacional Comunista está con vosotros, queridos camaradas; sigue atentamente cada etapa de vuestra lucha difícil y llena de responsabilidad, señala a los proletarios de todos los países los acontecimientos de Italia como ejemplo de las consecuencias de los graves errores tácticos del oportunismo y del semioportunismo, y será feliz de poder señalar en adelante la historia ulterior de vuestro movimiento como ejemplo de cómo se reparan tales errores. La Internacional Comunista está dispuesta a ayudaros en esta lucha y a prestaros todo el apoyo que esté en su mano.

¡Viva la unidad de los obreros de Italia en la lucha contra la reacción!

¡Viva la unidad de los obreros del mundo entero en la lucha contra el capital!

¡Viva la III Internacional y la próxima victoria de la revolución proletaria!

Llamamiento a los trabajadores de Rusia (5 de noviembre de 1922)

El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista, reunido para celebrar su primera sesión en Petrogrado —la ciudad de la que partió la revolución proletaria mundial y donde nació el poder soviético—, dirige su más ardiente saludo a los obreros, soldados rojos y campesinos de la Rusia soviética, que celebran ahora el quinto aniversario de la Revolución de Octubre.

¡Camaradas! Hace cinco años, con vuestro heroico asalto a las fortalezas del viejo mundo, derribasteis el dominio de los terratenientes y de la burguesía en vuestro país y arrancasteis al capital la sexta parte del globo; en la dura guerra civil contra el capital mundial supisteis defender vuestra tierra soviética, esta conquista de todo el proletariado mundial, y ahora podéis avanzar cada día más por el camino de la construcción socialista pacífica. La victoria no os resultó fácil. Cientos de miles de obreros y campesinos cayeron por la causa del comunismo. Durante años la clase obrera tuvo que soportar los mayores tormentos y la miseria. Pero los obreros, que día y noche tenían que oír los gemidos de sus hijos hambrientos, no dejaron caer la bandera roja y, bajo la dirección de su vanguardia de hierro, el Partido Comunista de Rusia, recorrieron con valor y resolución el tramo más duro de su calvario. El IV Congreso Mundial, al que asisten la mayoría de los delegados que participaron también en los congresos anteriores, se inclina con vosotros ante las innumerables tumbas de los proletarios y de los soldados rojos caídos por nuestra causa común en las vastas llanuras de la Rusia soviética, pero comprueba también con alegría que ya en el quinto aniversario de la Revolución de Octubre, y ya en el segundo año de construcción pacífica, la Rusia soviética cura rápidamente sus heridas de guerra. La industria y la agricultura de la Rusia soviética están en visible reconstrucción, la situación material de la clase obrera mejora, crece una nueva generación de juventud obrera que se adueña de la ciencia y de los conocimientos técnicos, se fortalecen las fuerzas del Ejército Rojo de obreros y campesinos y, al mismo tiempo, la clase obrera de Rusia sostiene el poder del Estado con la misma firmeza que antes.

El IV Congreso Mundial se reúne en suelo soviético en un momento en que se espesan cada vez más sobre la clase obrera del mundo entero los negros nubarrones de la reacción capitalista. La ofensiva del capital contra las conquistas económicas de la clase obrera se ha desatado en un amplio frente: por todas partes se rebajan los salarios, se suprime la jornada de ocho horas, se restringen los derechos de los sindicatos. También en el terreno político se fortalece la reacción. En Italia las bandas de saqueadores fascistas, última reserva de la burguesía en su lucha por la existencia, se han adueñado del poder del Estado. En Alemania se organizan las fuerzas monárquicas y se preparan para la ofensiva. En Inglaterra incluso el gobierno de Lloyd George ha resultado demasiado liberal y le sucede un gobierno conservador. Los antagonismos de clase se agudizan y todo indica que Europa se enreda en el nudo de un violento choque entre el proletariado y la burguesía. Pero cuanto más oscura es la noche en Europa, más brillan desde el norte soviético las estrellas de vuestra dictadura proletaria, que es también la nuestra, donde el martillo y la hoz gobiernan el país bajo la protección de la estrella de cinco puntas del Ejército Rojo. Cuanto más sufren los obreros de otros países bajo el yugo del capital que avanza, más fuerte es la esperanza con que la clase obrera del mundo entero mira hacia esa parte de la tierra donde desde hace cinco años un gobierno obrero está al timón del Estado.

¡Camaradas! En vuestra dura lucha necesitáis nuestra ayuda y nuestro apoyo, pero quizá también nosotros, en nuestra lucha contra el capital, recurramos en un momento decisivo a la ayuda del primer Estado proletario del mundo. Proteged, como conquista común nuestra, vuestro y nuestro poder soviético. Defended con valor ese sector del frente proletario donde hace cinco años rompisteis las trincheras capitalistas y conquistasteis el territorio para poner los cimientos de nuestra patria proletaria. Esta patria, como fruto de nuestra victoria común, se extenderá al mundo entero.

¡Viva la gran Revolución de Octubre y sus héroes!

¡Viva la clase obrera rusa!

¡Viva el Petrogrado proletario, cuna del poder soviético!

¡Abajo el capital mundial y su principal sostén, los socialdemócratas y reformistas traidores!

¡Viva la revolución proletaria mundial!

¡Viva la república federativa mundial de los soviets!

Llamamiento al Ejército Rojo y a la Flota Roja de la RSFSR (5 de noviembre de 1922)

El IV Congreso de la Internacional Comunista, reunido en la capital de los obreros y campesinos de Rusia, ofrece a los héroes del Ejército Rojo y de la Flota Roja su agradecimiento y su saludo. La Rusia soviética es el único lugar del mundo donde los representantes de los obreros revolucionarios del mundo pueden organizar, sin temor a ser molestados, la emancipación de la humanidad trabajadora del yugo del capital. Gracias a las victorias del Ejército Rojo y bajo su protección segura, los delegados pueden reunirse ya por cuarta vez en su Congreso Mundial.

¡Soldados y marinos rojos! Los obreros revolucionarios de todos los países se han alegrado con vosotros de vuestras victorias y han sentido con vosotros la amargura de vuestras derrotas. Los obreros conscientes de todos los países sabían que vuestra lucha no se libraba solo en interés de los obreros rusos, sino también en interés de las masas trabajadoras del mundo entero. Ya en los congresos anteriores reconocimos a los nuevos compañeros de lucha de la Internacional Comunista. ¡Héroes de la lucha de la humanidad!

¡Camaradas, soldados y marinos rojos! En las luchas del pasado los obreros revolucionarios eran, para nuestro pesar, demasiado débiles para acudir en vuestra ayuda en las horas críticas. Por eso os resultó difícil luchar contra las fuerzas unidas del capitalismo. Pero los comunistas de todos los países no han dejado pasar el tiempo en vano y han trabajado con afán en el esclarecimiento y la unificación de las masas y en los preparativos para derribar el capitalismo. El IV Congreso consagrará todas sus fuerzas a esta tarea principal del proletariado internacional.

Os felicitamos, soldados rojos y marinos rojos, por vuestra última gran victoria en el Extremo Oriente.11 Pero el IV Congreso de la Internacional Comunista tiene que advertiros que todavía no ha llegado el tiempo del reposo y del desarme general, ese tiempo que ya no conocerá guerras, porque los capitalistas, allí donde tienen el poder, utilizan los ejércitos para sus propios fines asesinos y sacrifican millones de obreros y campesinos en el altar del capitalismo. Mientras dure esta situación habrá siempre guerras, y todos los pueblos —sin exceptuar los de las repúblicas soviéticas— vivirán a la sombra de la guerra. Estad alerta, héroes del Ejército Rojo y de la Flota Roja. El peligro aún no ha pasado. El IV Congreso saluda con alegría los esfuerzos de las repúblicas soviéticas por reorganizar la Flota Roja y prepararla para la defensa de la revolución.

¡Viva el Ejército Rojo y la Flota Roja!

Llamamiento a los obreros, obreras y soldados rojos del Petrogrado Rojo (5 de noviembre de 1922)

En el día de su apertura, día de fiesta de la Revolución de Octubre, el IV Congreso de la Internacional Comunista saluda al heroico proletariado del Petrogrado Rojo.

Con su audaz ofensiva, los obreros y obreras de Petrogrado, fraternalmente apoyados por los soldados de la guarnición, derribaron en las jornadas de febrero y marzo de 1917 al odiado zarismo de su pedestal chorreante de sangre y, con su Sóviet de diputados obreros y soldados, pusieron la primera piedra de aquella organización a la que estaba reservado llevar poco después hasta el final la causa de la revolución e inaugurar una era de construcción del Estado proletario.12

En las memorables jornadas de octubre de 1917 el proletariado de Petrogrado dio un paso gigantesco con el que empieza una nueva época de la historia universal.

Siguiendo el ejemplo de la inmortal Comuna de París de 1871, los obreros de Petrogrado sacudieron el yugo de la burguesía, proclamaron la dictadura del proletariado y abrieron así la era de la revolución social no solo en Rusia, sino en el mundo entero.

En los largos años de luchas exteriores e interiores que siguieron, el proletariado de Petrogrado estuvo siempre en primera fila, envió a sus hijos a todos los frentes e hizo innumerables sacrificios de sangre y de trabajo.

Su ejemplo entusiasmó a amplias masas de la población trabajadora de Rusia, y hoy, al cabo de cinco años, los obreros rusos pueden felicitarse por su victoria completa en el frente exterior y en el interior.

Ahora que empieza la reconstrucción pacífica, el proletariado de Petrogrado ocupa, como siempre, un puesto de honor en el frente del trabajo. Gracias a sus esfuerzos las heridas de Petrogrado empiezan a curarse y la ciudad vuelve a ser un centro industrial y proletario.

Inmensos son los méritos que el Petrogrado Rojo ha contraído no solo con la Rusia de los obreros y campesinos, sino también con todo el proletariado mundial. Si la Rusia soviética se ha convertido en la columna vertebral del movimiento obrero internacional, en su apoyo y su esperanza; si la Revolución rusa ha encendido el entusiasmo de todos los obreros y ha impulsado poderosamente la lucha internacional por la revolución social, se debe ante todo al Petrogrado Rojo. El ejemplo de heroísmo casi inagotable dado por los obreros de Petrogrado anima a los obreros del mundo entero a seguir luchando sin descanso por su emancipación definitiva, por la creación de una federación socialista de repúblicas soviéticas que abarque el mundo entero.

Por eso el proletariado mundial considera el Petrogrado rojo y proletario como uno de sus baluartes; por eso los corazones de todos los obreros laten llenos de simpatía y de amor por la población trabajadora de la Comuna del Norte.13

Por eso, en fin, hoy, aniversario de la gloriosa Revolución de Octubre, día de la apertura solemne del IV Congreso de la Internacional Comunista, el primer pensamiento de los delegados de este congreso mundial de los trabajadores se dirige ante todo al Petrogrado rojo, en cuyos muros hospitalarios celebramos esta gran fiesta del proletariado mundial.

¡Gloria eterna al heroico proletariado del Petrogrado rojo!

¡Vivan los obreros de Petrogrado, pioneros de la revolución social, ejemplo luminoso para todo el proletariado mundial!

Llamamiento a las masas obreras de Turquía (20 de noviembre de 1922)

¡A los comunistas y a las masas trabajadoras de Turquía!

El IV Congreso de la III Internacional, que coincide con el quinto aniversario de la gran revolución proletaria, envía a la clase obrera y campesina de Turquía sus mejores deseos con motivo del éxito de su heroica lucha por la independencia contra el imperialismo occidental.14

¡Camaradas turcos! Sois vosotros quienes habéis dado a todo el Oriente sojuzgado y a todos los países coloniales el ejemplo vivo de un movimiento revolucionario de independencia.

Pero los últimos acontecimientos demuestran que el gobierno nacionalista burgués quiere apropiarse de los frutos de esta victoria, conquistada al precio de vuestros inauditos sacrificios. El gobierno nacionalista de Angora está dispuesto a entenderse con los imperialistas a cambio de ciertas concesiones en favor de la gran burguesía turca.

Inaugura esta nueva política disolviendo el partido, suprimiendo todas sus organizaciones, procediendo a detenciones en masa, tratando de forma bárbara a los camaradas detenidos y, por último, haciendo cerrar en Constantinopla el Sindicato de los Obreros de Turquía. El Partido Comunista de Turquía siempre ha apoyado al gobierno nacionalista burgués en la lucha de las masas trabajadoras contra el imperialismo. El Partido Comunista de Turquía se mostró incluso dispuesto a hacer provisionalmente sacrificios en su programa y en su ideal frente al enemigo común.

La actitud del gobierno hacia el Partido Comunista se explica, pues, por el hecho de que quiere quitar de en medio a los representantes conscientes de la clase obrera y campesina, que exigirán la realización de las reformas que se nos prometieron para obtener nuestra ayuda, y presentarse al mismo tiempo en la Conferencia de Lausana como un verdadero gobierno burgués.15 El gobierno burgués de Turquía se atreve a cometer contra vosotros y vuestros representantes crímenes que no pueden menos de provocar la mayor indignación en todo el proletariado mundial, a cuya cabeza está el proletariado ruso, que en el momento más difícil, cuando todas las clases imperialistas y capitalistas hacían causa común para estrangular al pueblo trabajador de Turquía, no escatimó ningún sacrificio material.

Así pues, el gobierno nacionalista, al disponerse a entenderse con el imperialismo, quiere aniquilar a vuestros verdaderos representantes y separarlos de vuestros amigos del exterior.

El IV Congreso de la Internacional Comunista protesta enérgicamente contra este acto bárbaro y considera su deber declarar solemnemente que está dispuesto a apoyar a todo gobierno o partido político que no haga el papel de gendarme del imperialismo, que prosiga la lucha contra el imperialismo y la reacción y que lleve a cabo reformas democráticas en favor de las masas trabajadoras de Turquía.

¡Camaradas detenidos! La Internacional Comunista, como estado mayor y defensora de todo el proletariado mundial, saluda con el mayor calor en vuestras personas a los representantes más conscientes y abnegados de las masas trabajadoras turcas.

No olvidéis, camaradas, que la oscuridad de las cárceles nunca ha podido eclipsar el sol de la revolución.

No olvidéis, camaradas, que en vísperas de la victoria de la revolución la impotencia de la clase dominante se manifiesta en una brutalidad redoblada. Comprobamos que, en el momento en que el capitalismo se hunde bajo el peso de sus contradicciones internas y el choque de los antagonismos imperialistas alcanza su punto culminante, la burguesía internacional redobla sus persecuciones contra los combatientes de vanguardia y creadores de la nueva sociedad comunista.

Pero ningún terror blanco ha podido intimidar a quienes tienen fe en la victoria inevitable y definitiva. Y en el lugar de cada camarada encarcelado o fusilado surgen de las filas de las masas proletarias explotadas cientos de camaradas que continúan con fuerza redoblada la lucha emancipadora.

¡Camaradas! La III Internacional considera su deber más importante hacer todo lo posible por arrancaros de las manos de vuestros verdugos.

¡Viva la revolución mundial!

¡Vivan los abnegados comunistas turcos!

¡Viva la Internacional Comunista!

¡Viva la Rusia soviética!

Telegrama al Congreso de Consejos de Fábrica de Berlín-Neukölln (22 de noviembre de 1922)

«Congreso de Consejos de Fábrica, Neue Welt, Berlín-Neukölln.16

¡Queridos camaradas!

Seguimos con vivo interés vuestro movimiento. En una hora difícil os reunís para mostrar a la clase obrera alemana el camino que debe recorrer combatiendo para liberarse de la penuria y la miseria. La ofensiva del capital se agrava cada día. El ataque principal se dirige ahora contra la jornada de ocho horas. Los dirigentes socialdemócratas y la burocracia sindical le prestan ayuda activa y pasiva. Sabotean toda acción defensiva proletaria; más aún, pasan a escindir los sindicatos en interés de los capitalistas. El imperativo del momento es formar un frente de lucha proletario cerrado para defender la jornada de ocho horas, asegurar la alimentación de los obreros, implantar el control obrero de la producción y resistir al fascismo alemán mediante la formación de milicias obreras. Obedeciendo a este imperativo, el IV Congreso de la Komintern y el II Congreso Mundial de la Internacional Sindical Roja dirigirán una carta abierta a la Segunda Internacional, a la Dos y Media y a la Internacional sindical de Ámsterdam, así como a los partidos y sindicatos adheridos a ellas, invitándolos a la acción común por las reivindicaciones arriba indicadas.

Proseguid con tenacidad y vigor la obra emprendida. El movimiento de los consejos de fábrica debe ser el centro de agrupamiento de todos los obreros para la lucha defensiva. Debe organizar y dirigir esa lucha defensiva sobre la base más amplia. Si lográis, pese a todas las resistencias, formar el frente único, se habrá creado la condición más importante para una defensa victoriosa, e incluso para pasar al ataque.

Nosotros, los representantes de los obreros revolucionarios del mundo entero aquí reunidos, deseamos a vuestra obra un éxito rotundo y os enviamos nuestro saludo fraternal y revolucionario.

Moscú, 22 de noviembre de 1922.

El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista. El II Congreso Mundial de la Internacional Sindical Roja.»

Telegrama al Congreso Sindical de toda la India en Lahore (28 de noviembre de 1922)

«Al Congreso Sindical de toda la India,17

Lahore.

¡Camaradas! El proletariado de Occidente os felicita con entusiasmo por la lucha que habéis librado en los últimos años por mejorar la situación económica de la clase obrera india. El IV Congreso de la Internacional Comunista os envía su más cordial saludo. Camaradas, al tiempo que os aseguramos nuestra simpatía y os prometemos el más completo apoyo para la victoria de vuestra causa, debemos recordaros que vuestra tarea es muy grande y que no se la puede restringir. La clase obrera india no lucha por «un salario que corresponda al trabajo realizado». La emancipación económica de los obreros y campesinos indios depende de la libertad política de la nación. En el marco de la explotación imperialista toda mejora de las condiciones de vida es imposible. Por eso desempeñaréis un papel importante en la lucha por la independencia nacional. Preparaos para ese papel histórico: ¡el proletariado avanzado de los 52 países representados en este congreso está con vosotros! Guardaos de la falsa amistad y de los consejos engañosos de los dirigentes obreros que hacen el juego al imperialismo.

Con saludos fraternales,

El IV Congreso Mundial de la Komintern.»

Llamamiento de la Comisión austriaca sobre el Tratado de Ginebra (29 de noviembre de 1922)

«¡A los obreros y obreras de todos los países!

El proletariado austriaco libra una dura lucha defensiva contra los planes de esclavización del capital internacional y de la reacción mundial, lucha que exige la máxima atención de los obreros de todos los países. Simulando estar dispuestos a ayudar a la economía austriaca en ruinas, la Sociedad de Naciones y, sobre todo, Inglaterra, Francia, Checoslovaquia e Italia, junto con algunos Estados menores, quieren, de acuerdo con la clase capitalista dominante de Austria, arrebatar al proletariado austriaco los últimos restos de su libertad, suprimir incluso la falsa democracia burguesa y erigir en su lugar una dictadura capitalista abierta y brutal del capital nacional y extranjero.18

Los Estados que se presentan como salvadores de Austria no quieren prestarle ninguna ayuda real. No le prestan ni un céntimo. Solo le permiten, muy graciosamente, buscarse capitalistas privados dispuestos a prestarle algo, y únicamente quieren asumir el año próximo, si sus parlamentos lo aprueban, una garantía del reembolso de esos créditos. A cambio, Austria, tanto si recibe de verdad esos créditos, o siquiera esas garantías, como si no, deberá apartar al Parlamento durante dos años de un modo que ni siquiera se estila en la Hungría de Horthy, imponer a los obreros más de cuatro billones de nuevos impuestos, entregar las empresas del Estado al capital privado, proceder a despidos en masa, alargar la jornada de trabajo y agravar la explotación de la fuerza de trabajo durante la jornada; además, deberá desmantelar la fuerza armada proletaria, reforzar en cambio la gendarmería y la policía reaccionarias y mantener con violencia brutal la paz y el orden frente a las masas empujadas a la desesperación. Al mismo tiempo, Austria deberá dejarse convertir voluntariamente en una colonia de ínfima categoría. Un comisario general de la Sociedad de Naciones gobernará Austria como amo absoluto; el gobierno, investido de plenos poderes dictatoriales frente a las masas, no será más que un instrumento sin voluntad en sus manos.

¡Obreros y obreras de todos los países!

La realización de este plan, la aceptación del Tratado de Ginebra, entrega a los obreros austriacos a la más espantosa desesperación. Los obreros austriacos podrían impedir con facilidad que su propia burguesía realizara semejantes planes, pero a la burguesía austriaca acuden en ayuda los capitalistas de los demás países y, en particular, vuestros gobiernos capitalistas, obreros de Inglaterra, Francia, Italia y Checoslovaquia. Por eso es vuestro deber evidente acudir en ayuda de los obreros austriacos e impedir por todos los medios que vuestros gobiernos esclavicen y saqueen a Austria de esta manera, junto con la burguesía austriaca. Lo que vuestros gobiernos emprenden contra los obreros austriacos no es otra cosa que una guerra de conquista en la que vuestros gobiernos creen no necesitar todavía los medios de la lucha sangrienta. Del mismo modo que sería vuestro deber no tolerar una guerra violenta, también es vuestro deber combatir con la mayor energía esta guerra de conquista librada con los medios de la astucia y de la extorsión.

Y no solo el deber de solidaridad: vuestro propio interés exige que lo pongáis todo en juego para desbaratar los planes de vuestros gobiernos y ayudar al proletariado austriaco a vencer en su lucha defensiva. No en vano la reacción mundial y el capitalismo internacional atribuyen al sojuzgamiento de Austria una importancia mucho mayor de la que cabría esperar por la pequeñez de este país. En Austria la reacción mundial quiere ganar un punto de apoyo importante y significativo contra el proletariado mundial y contra la revolución mundial. En Austria el proletariado sigue siendo relativamente muy fuerte frente a la burguesía. La burguesía se ha visto obligada hasta ahora en Austria a respetar ciertas libertades democráticas. Austria es también el único país en el que la fuerza armada tiene un carácter proletario y no puede ser empleada contra el proletariado.19 La reacción mundial tiene un gran interés en sustituir por fin también aquí la falsa democracia por formas más brutales de la dictadura capitalista. Con ello se tenderá el puente reaccionario entre Baviera y la Hungría de Horthy, entre Yugoslavia y Checoslovaquia, y al mismo tiempo se preparará el terreno para un mayor fortalecimiento de la reacción en Alemania. Si el plan en que se basa el Tratado de Ginebra tiene éxito, muy pronto los obreros de Inglaterra, Francia, Checoslovaquia e Italia sentirán en su propia carne que la reacción capitalista se siente más fuerte y más segura en el mundo entero. Para las grandes luchas decisivas que se acercan entre la reacción mundial y la revolución mundial, la reacción se habrá asegurado entonces un punto de apoyo importante y significativo, una nueva y peligrosa posición de fuerza, cuya importancia es todavía mucho mayor tras la victoria del fascismo en Italia. La esclavización de Austria no es además más que el primer paso preparatorio de una esclavización semejante de Alemania, todavía mucho más peligrosa para el proletariado mundial. El capital mundial comprende también muy bien que en Austria el derrumbe capitalista que amenaza a todos los Estados capitalistas es el que más ha avanzado, y que por tanto existe para el capital mundial el peligro de que también el proletariado austriaco se revolucione al fin en mayor medida que hasta ahora, con lo que podría aportar nuevas fuerzas a la revolución mundial y crearse un nuevo y peligroso foco revolucionario. Pero la colonización de Austria lleva consigo también el peligro de nuevos conflictos imperialistas entre los Estados que quieren colonizarla en común. Como en 1914, Austria puede volver a convertirse fácilmente, junto con los Balcanes, en el punto de partida de un nuevo y devastador incendio mundial.

La amenaza contra los últimos restos de libertad de los obreros austriacos es un peligro tan grande para los obreros de todo el mundo que hasta los partidos socialdemócratas comprenden que su deber sería emprender la lucha contra esta embestida de la reacción mundial. Los obreros socialdemócratas comprenden la magnitud del peligro y empujan hacia la lucha defensiva. Pero sus dirigentes son incapaces de atreverse a una lucha seria. Su política es una de las causas principales de que se haya llegado a esto. Nunca se habría llegado a tal punto en Austria si la socialdemocracia hubiera cumplido con su deber en las jornadas de noviembre, o al menos en tiempos de la República húngara de los consejos.20 Entonces la burguesía estaba impotente; la socialdemocracia la ayudó a reunir sus fuerzas al amparo de la democracia. Ahora la burguesía pone el pie sobre el cuello de los obreros. En Austria la socialdemocracia ha apartado a los obreros de toda lucha, aunque fuera por un pedazo de pan, declarando que tal lucha pondría en peligro la democracia y que había que reservar las fuerzas para el caso de que se produjera un ataque contra esa democracia. Por eso, gracias a ese continuo retroceder, la burguesía ha podido envalentonarse hasta el punto de pensar incluso en suprimir la democracia. Y ahora los dirigentes socialdemócratas declaran que una lucha en defensa de la democracia expondría a los obreros austriacos al peligro de morir de hambre. Sin embargo, la presión de los obreros fue tan fuerte que la socialdemocracia tuvo que decidirse al menos a una lucha aparente. Se vio obligada a iniciar en Austria una acción de la que nada temía tanto como que pudiera tener éxito. La Internacional Dos y Media exhortó a los obreros de todos los países a oponerse a la esclavización de Austria por el Tratado de Ginebra. Pero los socialdemócratas austriacos ya han dado media vuelta y han abandonado incluso la resistencia aparente. Están dispuestos a participar en una coalición encubierta para aplicar la Convención de Ginebra.

¡Obreros y obreras de todos los países! Sabíamos y sabemos muy bien que los dirigentes de la socialdemocracia austriaca y de la agonizante Internacional Dos y Media no quieren ninguna lucha seria. Pero vuestra tarea es impedir que esos héroes abandonen la lucha que se vieron forzados a emprender, al menos en apariencia, antes de que haya empezado de veras, y transformar esa lucha aparente en una lucha real. Tomad a esos héroes por la palabra, mostrad que estáis dispuestos a llevar con la mayor resolución la lucha que ellos mismos tuvieron que declarar necesaria, empujadlos hacia adelante y, si fallan en el momento decisivo, cerrad las filas por encima de ellos para la lucha común e inflexible.

¡Obreros y obreras de Austria!

Los obreros de los demás países pueden y deben acudir en vuestra ayuda impidiendo que la burguesía de los demás países acuda en ayuda de vuestra burguesía. Pero la lucha decisiva contra vuestra propia burguesía tenéis que librarla vosotros mismos. Sois bastante fuertes para ello, con tal de que queráis. No os dejéis disuadir por vuestros dirigentes socialdemócratas de emprender con todo vigor la lucha contra la esclavización. Comprended que solo el Partido Comunista de vuestro país os señala el camino justo. Luchad juntos, sin distinción de partido, contra el peligro común.

¡Obreros y obreras de todos los países! ¡Obreros y obreras, sobre todo, de Francia, de Italia y de Checoslovaquia! Reconoced el deber de solidaridad proletaria con los obreros austriacos, gravemente amenazados; comprended que están en juego vuestros propios intereses, los intereses de la revolución mundial. No dejéis que vuestros gobiernos practiquen sin trabas su política reaccionaria de rapiña; empeñad toda vuestra fuerza en desbaratar los planes de la clase capitalista internacional. Arrancad la máscara a los hipócritas capitalistas que, para adormeceros, os hablan de democracia mientras en Austria destrozan los últimos restos de la democracia; oponedles vuestro resuelto «no» y mostrad que sois una fuerza con la que hay que contar. ¡Al frente capitalista internacional de la reacción oponed el frente internacional del proletariado revolucionario! ¡Cerrad el frente único internacional del proletariado!

¡Contra el Tratado de esclavitud de Ginebra!

¡Contra la reacción mundial internacional!

¡Por la solidaridad proletaria internacional!

¡Por el frente único del proletariado internacional en lucha!

¡Por la victoria de la revolución mundial!»

Llamamiento contra el terror blanco en Yugoslavia (30 de noviembre de 1922)

«¡A la clase obrera del mundo entero!

¡Obreros y obreras! ¡Camaradas!

El gobierno reaccionario del joven capitalismo yugoslavo ha cometido ya, en el curso del terror blanco que reina en Yugoslavia desde hace dos años, varios crímenes contra el proletariado comunista yugoslavo. Sus tribunales blancos han dictado ya varias sentencias de muerte. Una de sus víctimas va a ser ejecutada en estos días.

Esta nueva víctima es nuestro camarada Kerošević hijo. Fue condenado a muerte por haber sido uno de los dirigentes de la huelga general de los mineros yugoslavos en 1920.21

Aunque puestos fuera de la ley, el proletariado revolucionario de Yugoslavia y nuestros camaradas han encontrado la manera de iniciar en el país una gran campaña contra este nuevo crimen del gobierno yugoslavo. Se dirigieron también a los miembros de la Segunda, de la Dos y Media y de la Internacional de Ámsterdam en el país con un llamamiento en el que los invitaban a formar contra el terror blanco el frente único de toda la clase obrera yugoslava. Estos respondieron con una negativa.

El IV Congreso de la Internacional Comunista expresa por la presente su solidaridad incondicional con el proletariado comunista de Yugoslavia, que lucha contra la reacción. Hace un llamamiento al proletariado revolucionario de todos los países para que una sus protestas a las del proletariado yugoslavo y se declara plenamente solidario con este en su lucha contra la ejecución del camarada Kerošević.

Con los dirigentes, si es posible; sin los dirigentes, si es necesario: toda la clase obrera del mundo debe alzar su grito de protesta unánime y atronador para impedir que se consume este último crimen de la burguesía yugoslava y de sus aliados socialdemócratas.

¡Abajo el terror blanco!

¡Viva el proletariado comunista de Yugoslavia!»

Carta abierta a la Segunda Internacional y a la Unión de Viena, a los sindicatos de todos los países y a la Conferencia Sindical y Cooperativa Internacional de La Haya (4 de diciembre de 1922)

La consigna del IV Congreso: ¡frente único!

El IV Congreso de la Internacional Comunista, que abarca 62 partidos de Europa, América, Asia y Australia, ha confirmado de la forma más categórica lo que el Ejecutivo Ampliado de la Internacional Comunista había decidido ya dos veces: que es deber de todos los partidos comunistas trabajar con todas sus fuerzas para que al ataque del capital mundial contra todas las posiciones de la clase obrera se le oponga resistencia en un frente único cerrado. La instancia suprema de los partidos comunistas ha confirmado así lo que fue el contenido y el objetivo de nuestro trabajo en el último año, y ha dado como consigna para el trabajo venidero: lucha por el frente único del proletariado mundial, lucha por la unión de todos los proletarios para la defensa común, sin tener en cuenta su tendencia y su orientación políticas.

Ya en la primavera, la Internacional Comunista se dirigió a la II Internacional y a la Unión de Viena invitándolas a organizar, en un congreso obrero mundial, esta lucha común por el mantenimiento de la jornada de ocho horas, contra la reducción de los salarios, contra la supresión de todas las conquistas de los sindicatos, contra los nuevos armamentos, contra el peligro de una nueva guerra.22 En la Conferencia de Berlín de los representantes de los tres Ejecutivos, los representantes de la Internacional Comunista fundamentaron esta propuesta.23 Los partidos de la II Internacional la rechazaron. Pusieron como primera condición para convocar un congreso obrero mundial que el gobierno soviético cesara su lucha contra los partidos que incitan al proletario ruso a renunciar a las conquistas más importantes de la revolución, a la posesión de las fábricas, y a devolver el poder a la burguesía; pusieron como segunda condición que los comunistas renunciaran a luchar en los sindicatos por sus concepciones, a luchar contra la parte de las direcciones sindicales que, en contra de la evidente necesidad de reforzar la lucha de la clase obrera contra la burguesía, preconizaban la atenuación de esa lucha. La Internacional Comunista tuvo que rechazar esas propuestas, porque aceptarlas habría destruido el objetivo y el sentido del frente único.

Defendemos el frente único proletario para aumentar la capacidad de lucha, la capacidad de defensa del proletariado frente a la burguesía internacional, y no para disminuirla.

Seis meses de ofensiva del capital

Ha transcurrido otro medio año desde que fracasó nuestra propuesta de establecer el frente único del proletariado, de organizar su lucha defensiva. Este medio año significa el avance ininterrumpido de los ataques de la burguesía en todos los países.

En Inglaterra se han impuesto los elementos más intransigentes de la burguesía. Han puesto fin a los intentos de Lloyd George de encubrir la política agresiva del capital inglés con frases sobre la preocupación por la paz y la reconstrucción de Europa. El Partido Conservador, que ahora tiene en sus manos todo el poder, ha proclamado como consigna «Orden y tranquilidad», «No intervención del Estado en la economía», es decir, da a los capitalistas mano completamente libre para estrangular a los proletarios. Su primer paso fue el intento de suprimir el mínimo vital. Bonar Law se negó incluso a recibir a los parados.24

En Francia, apenas cuatro años después de que cesara la matanza, el gobierno ha mandado disparar contra obreros en huelga en El Havre. Ataca abiertamente la jornada de ocho horas.25

En Alemania, el gobierno de coalición de la socialdemocracia y de la burguesía ha proclamado abierta y claramente que extraer más trabajo de las masas proletarias desnutridas es el único camino para estabilizar el marco. Ha proclamado abiertamente la supresión de los últimos restos de regulación de la economía, es decir, ha dado mano libre a la especulación más desaprensiva. El nuevo gobierno Cuno es el gobierno de los capitanes de industria, el precursor de la dictadura abierta de los barones del hierro y del carbón.26 Su carácter es tan abiertamente de gran capital, tan abiertamente dirigido contra los intereses más elementales de la clase obrera, que la socialdemocracia se ha visto obligada a negarse a entrar en ese gobierno. La contrarrevolución extrema prepara desde Baviera el ataque armado contra los últimos restos de la Revolución de Noviembre, contra la república. La alienta en este empeño la victoria del fascismo italiano, que sin la menor resistencia de la burguesía democrática ha proclamado la dictadura del sable, ha reducido el Parlamento a un cero y se ha propuesto reforzar la dominación de la burguesía obligando a la clase obrera a ponerse por entero, con su sudor y su sangre, a disposición del capital.

En Checoslovaquia, los capitalistas echan a la calle día tras día a miles de obreros. El paro crece: con un cierre patronal tras otro han tratado de rebajar los salarios de los obreros.

Austria ha sido reducida a colonia del capital de la Entente. El saneamiento de las finanzas austriacas debe hacerse a costa de la clase obrera austriaca, a costa de los salarios de hambre de los obreros y de los funcionarios subalternos al servicio del Estado. Los representantes del capital de la Entente decidirán sobre la vida y la muerte de las masas populares.27

En los Estados Unidos de América, los patronos intentan destrozar los sindicatos quitando a los obreros el derecho a procurar que todos los obreros de una fábrica pertenezcan a un sindicato. El capital ha de tener sus poderosos trusts, y nadie ha de tener derecho a beberse un vaso de leche sin pagarle por ello un tributo al trust. Pero la clase obrera ha de ser como arena que cualquier ráfaga de viento dispersa.

En Sudáfrica actúa de verdugo el general Smuts, la joya del liberalismo internacional. El general Smuts, el pacifista de la Sociedad de Naciones, no solo manda fusilar a obreros en huelga, sino que, ocho meses después de la lucha de los mineros sudafricanos provocada por su gobierno, manda ahorcar a sus dirigentes.28

Hacia nuevas guerras

Estos son solo hechos que muestran cómo se pisotean cada vez más los intereses más inmediatos y elementales de la clase obrera. Pero el ataque del capital no se dirige solo a aumentar la explotación del proletariado; de nuevo, a plena luz del día, ha surgido el peligro de una nueva guerra mundial imperialista. Hasta hoy ningún Estado capitalista se ha puesto a llevar a cabo la reducción de los armamentos navales acordada por la Conferencia de Washington. Ni un solo buque de guerra ha ido a parar a la chatarra. La construcción de nuevos buques de guerra no se ha interrumpido.29

La propuesta del gobierno soviético ruso de desarme, o al menos de reducción de los armamentos terrestres, fue rechazada en Génova por todas las potencias capitalistas.30 La Sociedad de Naciones es impotente para hacer lo más mínimo en este terreno, aunque quisiera. Sus decisiones tendrían que ser unánimes y requieren la ratificación de los gobiernos, que están en contra del desarme.

Europa está aún más erizada de armas que antes de la guerra. Y en septiembre de este año, durante la crisis de Oriente, el mundo vio lo que eso significa. Solo la renuncia del gobierno turco a su derecho a ocupar su capital y a cruzar las vías de acceso a ella, los Dardanelos, solo esta renuncia del gobierno turco a su derecho de autodeterminación salvó a Europa de una nueva guerra.31 Los sindicatos ingleses y el Partido Laborista inglés acusaron a Lloyd George de haber provocado una nueva guerra, una guerra que no se habría limitado a los Balcanes. ¿Y quién se atreverá a afirmar que el gobierno conservador de Inglaterra defenderá con menos decisión los intereses rapaces del capitalismo inglés que el gobierno de Lloyd George? A duras penas ha conseguido el gobierno soviético que Polonia, Letonia, Estonia y Finlandia se reúnan en Moscú en una conferencia sobre la limitación de armamentos. Rumanía no está representada en la conferencia porque los boyardos rumanos exigían, como precio por acudir a ella, un pedazo de suelo ruso, Besarabia, con los campesinos que viven en él.32 En el momento en que se separa el IV Congreso de la Internacional Comunista, la Conferencia de Moscú no ha terminado todavía. Pero por la actitud de los representantes de los Estados vasallos de la Entente está claro que no quieren ninguna reducción de los armamentos. Así que esto significa que la gran guerra, que costó la vida a 12 millones de personas, no ha sido la última guerra. ¡La burguesía prepara otras nuevas!

El IV Congreso de la Internacional Comunista se dirige a los obreros de la II Internacional y de la Internacional de Viena, a los millones de obreros sindicados del mundo entero, a sus dirigentes, a la Conferencia de La Haya,33 con esta pregunta: ¿Queréis quedaros mano sobre mano mirando cómo se destruye la jornada de ocho horas, primera condición del ascenso de la clase obrera? ¿Cómo se rebaja el nivel de vida de los obreros de los países industriales más antiguos al nivel de vida de los culíes chinos? ¿Cómo se destruyen las libertades más elementales de los obreros, mediante las cuales esperabais llegar por vía pacífica a vuestra liberación del yugo del capitalismo? ¿Cómo se instaura la dictadura del capitalismo? ¿Queréis quedaros de brazos cruzados mirando cómo el capital victorioso, libre de toda traba, decide dictatorialmente una nueva guerra en la que volveréis a desangraros por los intereses del capital?

El IV Congreso de la Internacional Comunista exhorta a todos los partidos que la integran, a todos los sindicatos que simpatizan con ella en todos los países, Estado por Estado, país por país, a dirigirse con esta pregunta a todos los partidos obreros y a invitarlos a la lucha común contra la supresión legal o de hecho de la jornada de ocho horas, contra la rebaja de los salarios, contra la supresión de la libertad de movimiento de la clase obrera, contra los nuevos armamentos, contra el nuevo peligro de guerra, por la jornada de ocho horas, por el mínimo vital de los obreros, por la plena libertad de organización de la clase obrera, por el desarme y por la paz entre los pueblos.

El llamamiento del IV Congreso de la Internacional Comunista

El IV Congreso de la Internacional Comunista se dirige a la II Internacional y a la Unión de Viena con la clara pregunta de si están dispuestas, ahora que su política ha empeorado todavía más la situación de la clase obrera, a tender la mano para establecer el frente común del proletariado internacional en la lucha por los derechos más elementales y los intereses más elementales de la clase obrera.

Se dirige a la Internacional de Ámsterdam con la pregunta de si está dispuesta a dejar de dividir los sindicatos, de expulsar a los comunistas de los sindicatos; de si está dispuesta a ayudar a llevar a los proletarios a la lucha en un frente unitario.34

El IV Congreso de la Internacional Comunista se dirige con la pregunta a la Conferencia de La Haya de los sindicatos y las cooperativas, que se reúne en el momento en que en Lausana los capitalistas de la Entente, tras la bancarrota de la paz de Versalles, quieren imponer al pueblo turco una nueva paz de Versalles y sentar así las bases de nuevas guerras, de si está dispuesta a mostrar a la burguesía, junto con nosotros, mediante la movilización de la clase obrera, que el proletariado internacional ya no está dispuesto a dejarse arrastrar sin resistencia a nuevos campos de batalla.

Como dijimos en la Conferencia de Berlín, la Internacional Comunista no pretende de los partidos de la II Internacional y de la Unión de Viena, ni de los dirigentes sindicales de Ámsterdam, que luchen por la dictadura del proletariado, que fue y sigue siendo nuestro objetivo. Pero les preguntamos si quieren luchar contra la dictadura del capital, si quieren al menos aprovechar los restos de la democracia para organizar la resistencia contra la victoria de ese mismo capital que ha convertido el mundo en una fosa común y que ahora cava ya de nuevo fosas comunes para nuestra juventud proletaria.

La Internacional Comunista ha hablado. Ha dado a sus partidos la consigna de lucha:

¡Por el frente único del proletariado,

por el control de la producción,

por la jornada de ocho horas,

por el mínimo vital del proletariado,

por el armamento de los obreros y el desarme de la burguesía,

por los gobiernos de los partidos obreros aliados como instrumento de la lucha por los intereses inmediatos de la clase obrera!

¡Ahora tienen la palabra la II Internacional, la Unión de Viena, la Internacional Sindical de Ámsterdam y su Congreso de La Haya!

Moscú, 4 de diciembre de 1922.

El IV Congreso de la Internacional Comunista.

Programa de acción agrario (30 de noviembre de 1922)

Instrucciones para la aplicación de las tesis agrarias del II Congreso35

Los fundamentos de nuestra relación con las masas trabajadoras del campo quedaron ya establecidos en las tesis agrarias del II Congreso. En la fase actual de la ofensiva del capital, la cuestión agraria cobra una importancia mayor. El IV Congreso exhorta a todos los partidos a emprender con todas sus fuerzas la conquista de las masas trabajadoras del campo y fija para este trabajo las siguientes directrices.

  1. La gran masa de los proletarios rurales y de los campesinos pobres, que no poseen tierra propia suficiente y tienen que hacer en parte trabajo asalariado, o que son explotados de otro modo por la gran propiedad territorial o por el capital, solo puede ser liberada definitivamente de su servidumbre actual y de las guerras inevitables bajo el capitalismo por una revolución proletaria: una revolución que confisque sin indemnización la tierra de los grandes terratenientes junto con todos los medios de producción y la ponga a disposición de quienes trabajan, que sustituya el Estado de los grandes terratenientes y capitalistas por el Estado soviético de los proletarios y de los campesinos trabajadores y que de este modo allane el camino hacia el comunismo.

  2. En la lucha contra el Estado de los grandes terratenientes y capitalistas, los campesinos pobres que trabajan su tierra y los pequeños arrendatarios son los compañeros de lucha naturales del proletariado agrícola e industrial. La unión de su movimiento revolucionario con la lucha del proletariado de la ciudad y del campo favorece en gran medida el derrocamiento del Estado burgués; mientras el proletariado urbano toma el poder político y expropia los medios de producción de la burguesía, el proletariado rural y los campesinos pobres se apoderan de la tierra, expulsan a los grandes terratenientes y ponen fin a la dominación de los agrarios y de la burguesía en el campo.

  3. Para ganar, además de a los obreros agrícolas, a los campesinos pobres (campesinos parcelarios, pequeños arrendatarios y una parte de los pequeños campesinos) para la causa de la revolución, y a los campesinos medios para una neutralidad benévola, hay que arrancar a estas últimas capas de la influencia y la dirección de los campesinos ricos, aliados con los grandes terratenientes. Tienen que llegar a comprender que, puesto que sus intereses no coinciden con los de los campesinos ricos, sino con los del proletariado, solo el partido revolucionario del proletariado, el Partido Comunista, puede ser su guía en la lucha. Para acelerar esta separación de los campesinos pobres respecto de la dirección de los terratenientes y de los campesinos ricos no basta con presentar un programa o desplegar una propaganda: el Partido Comunista tiene que demostrar, con acciones continuadas en interés de estas capas, que es de verdad el partido de todos los que trabajan y de todos los oprimidos.

  4. Por eso el Partido Comunista se pone a la cabeza de toda lucha que las masas trabajadoras del campo libren contra las clases dominantes. Partiendo de las reivindicaciones inmediatas de estas capas dentro del capitalismo, el Partido Comunista une las fuerzas dispersas de los trabajadores del campo, refuerza su voluntad de lucha, apoya la lucha con las fuerzas del proletariado industrial y les señala siempre objetivos nuevos que llevan en dirección a la revolución. La lucha librada en común con los obreros industriales, el hecho de que obreros industriales, bajo la dirección del Partido Comunista, luchen por los intereses de los obreros y de los campesinos pobres del campo, convencerá a estos: 1. de que solo el Partido Comunista va de buena fe con ellos, mientras que todos los demás partidos, tanto los agrarios como los socialdemócratas, pese a sus frases demagógicas, no quieren más que engañarlos y están de hecho al servicio de los grandes terratenientes y de los capitalistas; 2. de que dentro del capitalismo es imposible una mejora definitiva de la situación de los obreros y de los campesinos pobres.

  5. Nuestras reivindicaciones concretas de lucha tienen que adaptarse a las distintas formas de dependencia y opresión que sufren los obreros, los campesinos pobres y los campesinos medios a manos de los terratenientes y los capitalistas, así como a los intereses de cada una de las capas.

En los países coloniales con población campesina indígena oprimida, la lucha de liberación nacional o bien la libra en común toda la población, como por ejemplo en Turquía, y en ese caso la lucha del campesinado oprimido contra los terratenientes empieza inevitablemente tras la victoria de la lucha de liberación; o bien los señores feudales están aliados con los bandidos imperialistas, y en esos países, por ejemplo en la India, la lucha social de los campesinos oprimidos coincide con la lucha de liberación nacional.

En las regiones donde subsisten en el campo fuertes restos de feudalismo, donde la revolución burguesa no ha terminado su tarea, donde la gran propiedad territorial sigue unida a privilegios feudales, esos privilegios tienen que ser barridos en el curso de la lucha por la tierra, que aquí es de importancia decisiva.

  1. En todos los países donde existe un proletariado agrícola propiamente dicho, esta capa está llamada a ser el factor más importante del movimiento revolucionario en el campo. Al contrario que los socialdemócratas, que apuñalan por la espalda al proletariado rural en sus luchas, el PC apoya, organiza y profundiza todas las luchas del proletariado agrícola por mejorar su situación económica, social y política. Para acelerar la revolucionarización del proletariado del campo y educarlo para la lucha por la dictadura del proletariado, la única que puede liberarlo definitivamente de la explotación, el PC apoya al proletariado agrícola en su lucha por el aumento del salario real:

mejora del conjunto de sus condiciones de trabajo, de vivienda y de cultura, plena libertad de reunión, de asociación, de movimiento sindical, de huelga, de prensa, etc., como mínimo los mismos derechos que posee la clase obrera industrial:

jornada de ocho horas como media anual, seguro de accidentes, seguro de vejez, prohibición del trabajo asalariado de los niños, desarrollo de la enseñanza profesional, etc.; como mínimo, la extensión de la legislación social tal como existe para el proletariado.

  1. Hasta el momento en que los campesinos sean liberados definitivamente de su servidumbre por la revolución social, el Partido Comunista lucha contra todas las formas de explotación del campesinado pobre y medio por el capital: contra la explotación por el capital usurario y de préstamo, que empuja a los campesinos pobres a la servidumbre por deudas.

Contra la explotación por el capital comercial y especulativo, que compra barato los escasos excedentes de producción de los campesinos pobres y los revende caros al proletariado urbano. El PC defiende la eliminación de este capital especulativo parasitario y una relación directa entre las cooperativas de los pequeños campesinos y las cooperativas de consumo del proletariado urbano; contra la explotación por el capital industrial, que aprovecha su posición de monopolio para mantener artificialmente altos los precios de las mercancías industriales. Por eso luchamos por que se suministren a los campesinos pobres medios de producción (abonos, máquinas, etc.) a precio reducido. Los consejos de fábrica de la industria deben colaborar en ello mediante el control de precios.

Contra la explotación por el monopolio privado de los transportes, como sucede sobre todo en los países anglosajones.

Contra la explotación por el Estado capitalista, cuyo sistema fiscal carga unilateralmente a los campesinos pobres en beneficio de los grandes terratenientes. Exigimos la exención total de impuestos para los campesinos pobres.

  1. Pero la explotación más dura la sufre la población con poca tierra, en todos los países no coloniales, a causa de la propiedad privada de los grandes terratenientes sobre la tierra. Para aprovechar plenamente su fuerza de trabajo y, sencillamente, para poder vivir, los campesinos con poca tierra se ven obligados a trabajar por salarios de hambre para los grandes terratenientes o a arrendar o comprar tierra a precios tan altos que una parte del salario se arrebata a los campesinos que la trabajan y va a parar a los grandes terratenientes. La falta de tierra obliga a los campesinos con poca tierra a cargar, bajo formas modernas, con la servidumbre medieval. Por eso el PC lucha por la confiscación de la propiedad junto con sus instalaciones y por la entrega de la tierra a quienes de verdad la trabajan. Hasta que esto se conquiste mediante la revolución proletaria, el PC apoya la lucha de los campesinos con poca tierra por:

a) la mejora de las condiciones de vida de los aparceros (métayers, mezzadri)36 mediante la reducción de la parte que recibe el propietario;

b) la reducción de las rentas de los pequeños arrendamientos y una indemnización incondicional de las mejoras hechas por el arrendatario al vencer el contrato, etc. Los sindicatos de obreros agrícolas dirigidos por los comunistas apoyarán a los pequeños arrendatarios en esta lucha, por ejemplo negándose a trabajar en los campos que el terrateniente haya retirado al pequeño arrendatario por litigios sobre el arriendo, etc.;

c) la asignación de tierra, ganado y medios de producción a todos los campesinos con poca tierra en condiciones que les aseguren el sustento; en ningún caso de retazos de tierra que aten a su propietario al terruño y lo obliguen a buscar trabajo por salarios de hambre con los terratenientes o campesinos ricos vecinos, sino la asignación o el complemento hasta una explotación que baste para mantener a una familia.37 En ello se tendrá especialmente en cuenta el interés de los obreros agrícolas.

  1. Las clases dominantes intentan apagar el carácter revolucionario del movimiento campesino mediante una reforma agraria burguesa, mediante el reparto de tierra a los elementos dirigentes del campesinado. Consiguen así un reflujo pasajero del movimiento revolucionario. Pero toda reforma agraria burguesa choca con los límites del capitalismo: la tierra solo puede repartirse a cambio de una indemnización y entre gente que ya posee los medios de producción para cultivarla. A los elementos puramente proletarios y semiproletarios una reforma agraria burguesa no puede ofrecerles absolutamente nada. Las duras condiciones que un reparto burgués de la tierra impone inevitablemente a quienes la reciben, y que por eso no llevan a ninguna mejora real de su situación, sino a la servidumbre por deudas de los campesinos que obtienen tierra, dan la base para proseguir el movimiento revolucionario y para agudizar el antagonismo entre los campesinos ricos y los pobres, así como con los obreros agrícolas, que no reciben tierra y pierden su trabajo con la parcelación de las grandes fincas.

  2. Solo una revolución proletaria puede traer la liberación definitiva de todos los que trabajan en el campo: una revolución que confisque sin indemnización la tierra de los grandes terratenientes junto con sus instalaciones, que deje intacta la tierra del campesino trabajador y la libere de todas las cargas, rentas, hipotecas y limitaciones feudales, y que apoye por todos los medios a los campesinos trabajadores.

¡Sobre la forma de seguir explotando la tierra confiscada a los terratenientes decidirán los propios trabajadores! Sobre esta cuestión, las tesis del II Congreso dicen:

«En los países más avanzados, la Internacional Comunista considera acertado conservar, de forma predominante, las grandes explotaciones agrícolas y gestionarlas como los sovjoses de Rusia.38

Asimismo será conveniente apoyar la formación de explotaciones colectivas (cooperativas de finca, comunas).

La conservación de las grandes explotaciones rurales es lo que mejor protege los intereses de la capa revolucionaria de la población rural, los obreros agrícolas sin propiedad y los propietarios semiproletarios de parcelas, que se ganan la vida principalmente con el trabajo asalariado en las grandes explotaciones. Además, la nacionalización de las grandes explotaciones hace a la población urbana, al menos en parte, independiente del campesinado en cuanto al abastecimiento.

Por otro lado, allí donde restos del régimen medieval —del sistema de prestaciones personales— todavía dan lugar a formas particulares de explotación, donde aún existen servidumbres, el sistema de aparcería o algo semejante, puede ser necesario, según las circunstancias, entregar a los campesinos una parte de la tierra de las grandes fincas.

En los países y regiones donde la gran explotación agrícola desempeña un papel relativamente pequeño y existe en cambio un gran número de pequeños propietarios campesinos que aspiran a conseguir tierra, el reparto de la tierra de los grandes terratenientes resultará el medio más seguro para ganar al campesinado para la revolución, mientras que la conservación de la gran explotación no tiene especial importancia para el abastecimiento de las ciudades.

En todo caso, allí donde se proceda al reparto de la gran propiedad territorial, hay que proteger ante todo los intereses de los proletarios rurales».

En el terreno de la organización, todos los comunistas que trabajan en la agricultura y en las industrias ligadas a ella tienen que entrar en las organizaciones de los obreros agrícolas y agrupar y dirigir en ellas a los elementos revolucionarios, con el fin de convertir esas organizaciones en instrumentos revolucionarios. Donde no existan sindicatos, los comunistas tienen que promover su creación. En las organizaciones contrarrevolucionarias amarillas, fascistas y cristianas tienen que hacer un tenaz trabajo de esclarecimiento con el objetivo de descomponer esas asociaciones contrarrevolucionarias. En las propias grandes explotaciones deben formarse consejos obreros de finca para impedir que se haga extensivo el cultivo.39 Estos consejos tienen que llamar al proletariado industrial a apoyar las luchas de los obreros agrícolas y, a la inversa, incorporar a estos al movimiento de los consejos de fábrica industriales.

Dada la enorme importancia de los campesinos pobres para el movimiento revolucionario, es tarea ineludible de los comunistas entrar en las organizaciones de los pequeños campesinos (cooperativas económicas, de consumo y de crédito), revolucionarlas, acabar con las aparentes oposiciones de intereses entre asalariados y campesinos con poca tierra, que los terratenientes y los campesinos ricos agrandan artificialmente y ponen en primer plano, y poner los movimientos y acciones de estas organizaciones en estrecha relación con los del proletariado del campo y de la ciudad.

Solo la unión de todas las fuerzas revolucionarias de la ciudad y del campo permite resistir con éxito el ataque del capital y, pasando de la defensiva a la ofensiva, conquistar la victoria definitiva.

Tesis sobre la táctica de la Internacional Comunista (5 de diciembre de 1922)

1. Confirmación de las resoluciones del III Congreso

El IV Congreso Mundial hace constar ante todo que las resoluciones del III Congreso Mundial:

  1. sobre la crisis económica mundial y las tareas de la Komintern, y

  2. sobre la táctica de la Komintern, han sido plenamente confirmadas por el curso de los acontecimientos y el desarrollo del movimiento obrero en el período transcurrido entre el III y el IV Congreso.

2. El período de decadencia del capitalismo

Tras evaluar la situación económica mundial, el III Congreso pudo hacer constar con plena certeza que el capitalismo, una vez cumplida su misión de impulsar el desarrollo de la productividad, ha entrado en contradicción irreconciliable no solo con las necesidades del desarrollo histórico actual, sino también con las condiciones más elementales de la existencia humana. Esta contradicción fundamental se reflejó en la última guerra imperialista, que la agudizó aún más y sometió las relaciones de producción y de circulación a las más graves sacudidas. El capitalismo, ya caduco, ha entrado en la fase en que la obra destructora de sus fuerzas desatadas paraliza y aniquila las conquistas económicas creadoras que el proletariado ha levantado aun bajo las cadenas de la servidumbre capitalista.

El cuadro general de la ruina de la economía capitalista no se atenúa por las inevitables oscilaciones de la coyuntura, propias del sistema capitalista tanto en su ascenso como en su declive. Los intentos de la economía política burguesa y socialdemócrata de interpretar la mejora de la coyuntura que se produjo en la segunda mitad de 1921 en los Estados Unidos y, en mucho menor medida, en Japón e Inglaterra, y en parte también en Francia y otros países, como signo del restablecimiento del equilibrio capitalista, se deben en parte a la voluntad de falsear los hechos y en parte a la falta de entendimiento de los lacayos del capital. El III Congreso, que se reunió antes de que empezara la actual reactivación industrial, previó que esta reactivación llegaría inevitablemente en un futuro más o menos próximo, y ya entonces la juzgó en los términos más precisos como una ola superficial sobre la línea de fondo de la descomposición progresiva de la economía capitalista. Ya puede preverse con seguridad que, si la actual reanimación de la industria no es capaz, ni de lejos, de restablecer el equilibrio capitalista, ni siquiera de curar las profundas heridas que dejó la guerra, la próxima crisis cíclica, cuyos efectos han de coincidir con la línea principal de la descomposición capitalista, reforzará todas las manifestaciones de esta y agudizará así extraordinariamente la situación revolucionaria.

El capitalismo estará sujeto a oscilaciones cíclicas hasta la hora de su muerte. Solo la toma del poder por el proletariado y la revolución socialista mundial pueden salvar a la humanidad de la catástrofe que provoca la existencia del capitalismo actual.

Lo que el capitalismo atraviesa hoy no es otra cosa que su ocaso. El hundimiento del capitalismo es inevitable.

3. La situación política internacional

También la situación política internacional refleja la descomposición progresiva del capitalismo.

La cuestión de las reparaciones sigue sin resolverse. Mientras se suceden una tras otra las conferencias de los Estados de la Entente, la ruina económica de Alemania avanza sin cesar y amenaza la existencia del capitalismo en toda la Europa central. El empeoramiento catastrófico de la situación económica de Alemania o bien obligará a la Entente a renunciar a las reparaciones, con lo que se acelerará la crisis económica y política de Francia, o bien conducirá a la formación de un bloque industrial germano-francés en el continente, y este hecho empeorará la situación económica de Inglaterra y su posición en el mercado mundial y enfrentará políticamente a Inglaterra con el continente.

En el Oriente Próximo, la política de la Entente ha sufrido una completa bancarrota. El tratado de Sèvres40 ha sido desgarrado por las bayonetas turcas. La guerra greco-turca y los acontecimientos que la siguieron han mostrado de forma palpable cuán inestable es el actual equilibrio político. El espectro de una nueva guerra mundial imperialista se ha hecho claramente visible. La Francia imperialista, que por rivalidad con Inglaterra contribuyó a echar por tierra la obra común de la Entente en el Oriente Próximo, se ve ahora empujada de nuevo por sus intereses capitalistas al frente común del capitalismo contra los pueblos de Oriente. Pero con ello la Francia capitalista demuestra una vez más a los pueblos del Oriente Próximo que solo pueden librar su lucha defensiva contra la opresión al lado de la Rusia soviética y con el apoyo del proletariado revolucionario de todo el mundo.

En el Extremo Oriente, los Estados vencedores de la Entente intentaron revisar en Washington el tratado de Versalles41. Pero solo lograron procurarse un respiro, reduciendo durante los próximos años uno de sus armamentos, a saber, el número de grandes acorazados. No han llegado a ninguna solución del problema. La lucha entre América y Japón continúa y sigue atizando la guerra civil en China. Las costas del océano Pacífico siguen siendo, como antes, un foco de grandes conflictos.

El ejemplo de los movimientos de liberación nacional de la India, Egipto, Irlanda y Turquía muestra que los países coloniales y semicoloniales son focos de un movimiento revolucionario creciente contra las potencias imperialistas y constituyen reservas inagotables de fuerzas revolucionarias, que en la situación dada actúan objetivamente contra la existencia misma del orden burgués mundial.

Los hechos están liquidando la paz de Versalles. Pero esta no deja paso a un entendimiento general de los Estados capitalistas ni a un desmantelamiento del imperialismo, sino que crea nuevos antagonismos, nuevas agrupaciones imperialistas y nuevos armamentos. En la situación dada, la reconstrucción de Europa es imposible. La América capitalista no quiere hacer sacrificios por la reconstrucción de la economía capitalista europea. La América capitalista está ahí como el buitre de la descomposición capitalista en Europa, y será su heredera. América esclavizará a la Europa capitalista si la clase obrera europea no toma el poder político, no emprende el desescombro de las ruinas de la guerra mundial y no comienza a construir una república soviética federativa de Europa.

Los últimos acontecimientos en un país en sí pequeño como la Austria actual tienen gran importancia como síntoma de la situación política de Europa. Ante el dictado del imperialismo de la Entente, acogido con alborozo por la burguesía austriaca, toda esa dichosa democracia, que era el orgullo de los jefes de la Internacional Dos y Media42, cuya defensa les servía de pretexto para cualquier abandono de los intereses obreros y a cuya custodia confiaron incluso a los monárquicos más derechistas, a los cristianosociales y a los pangermanistas43, a quienes solo sirvió para restablecer su poder, ha sido aniquilada de un plumazo en Ginebra y sustituida por la dictadura sin disimulo de un simple apoderado de la Entente44. Incluso el parlamento burgués ha quedado de hecho anulado, y su lugar lo ha ocupado un comisario nombrado por los banqueros de la Entente. Los socialdemócratas, tras una breve resistencia demagógica de fachada, capitularon y ayudaron de buen grado a poner en práctica el tratado infame. Incluso se han declarado dispuestos a volver a entrar en la coalición, en forma apenas encubierta, para impedir en lo posible una resistencia del proletariado.

Estos acontecimientos de la pequeña Austria, igual que el reciente golpe fascista en Italia45, iluminan como un relámpago la inseguridad de toda la situación y demuestran del mejor modo que la democracia no es más que una apariencia y en realidad significa una dictadura velada de la burguesía, a la que la burguesía, allí donde le parece conveniente, sustituye por la forma brutal de la reacción terrorista de los guardias blancos.

Al mismo tiempo, la situación política internacional de la Rusia soviética, el único país en que el proletariado ha vencido a la burguesía y ha mantenido el poder durante cinco años frente a los asaltos de sus enemigos, se ha reforzado en grado enorme. En Génova y en La Haya46, los capitalistas de la Entente intentaron obligar a la república soviética rusa a renunciar a la nacionalización de la industria y a cargar con un fardo de deudas que de hecho la habría convertido en una colonia de la Entente. Pero el Estado proletario de la Rusia soviética fue lo bastante fuerte para resistir esta pretensión. En medio del caos del sistema de Estados capitalistas en descomposición, la Rusia soviética, del Berézina a Vladivostok, de la costa de Múrmansk a las montañas de Armenia, se alza como un factor de poder creciente en Europa y en el Oriente Próximo y el Extremo Oriente. Pese al intento del mundo capitalista de estrangularla mediante un bloqueo financiero, la Rusia soviética podrá emprender su reconstrucción económica. Para ello aprovechará tanto sus propios recursos económicos como la competencia entre las potencias capitalistas, que las obligará a negociar por separado con ella. Una sexta parte del globo terrestre está en poder de los soviets. La sola existencia de la república soviética de Rusia actúa sobre la sociedad burguesa como un elemento permanente de debilitamiento, como el factor más importante de la revolución mundial. Cuanto más se recupere y se fortalezca económicamente la Rusia soviética, tanto más crecerá la influencia de este factor revolucionario, el más destacado de la política internacional.

4. La ofensiva del capital

Como el proletariado de todos los países, salvo en Rusia, no aprovechó para asestar golpes decisivos el estado de debilidad del capitalismo creado por la guerra, la burguesía, gracias a la ayuda de los socialdemócratas, pudo aplastar a los obreros revolucionarios dispuestos a luchar, consolidar de nuevo su propio poder político y económico y emprender una nueva ofensiva contra el proletariado. Todos los intentos de la burguesía de volver a poner en marcha la producción y la distribución internacional de mercancías tras las tormentas de la guerra mundial se hicieron exclusivamente a costa de la clase obrera. La ofensiva del capital, organizada sistemáticamente a escala mundial contra todas las conquistas de la clase obrera, arrastró en su torbellino a todos los países. En todas partes el capital reorganizado reduce sin contemplaciones el salario real de los obreros, alarga la jornada de trabajo, recorta los modestos derechos de los trabajadores en la empresa y, en los países de moneda depreciada, obliga a los obreros reducidos a la miseria a pagar los estragos que causa en la vida económica la depreciación del dinero, etc.

La ofensiva del capital, que en los últimos años ha adquirido dimensiones gigantescas, obliga a la clase obrera de todos los países a librar luchas defensivas. Miles y miles de obreros de las ramas de producción más importantes han entrado en lucha. A la lucha se suman sin cesar nuevos grupos de obreros que tienen una importancia decisiva para la vida económica (ferroviarios, mineros, metalúrgicos, trabajadores del Estado y de los municipios). La mayoría de estas huelgas no han logrado hasta ahora ningún éxito inmediato. Pero esta lucha engendra en nuevas y enormes masas de obreros antes atrasados un odio infinito contra los capitalistas y contra el poder del Estado que los protege. Estas luchas impuestas al proletariado destruyen la política de colaboración con los patronos que practican los socialreformistas y los burócratas sindicales. Estas luchas muestran incluso a las capas más atrasadas del proletariado la evidente conexión entre economía y política. Toda gran huelga se convierte hoy en un gran acontecimiento político. Y se ha visto que los partidos de la II Internacional y los jefes de los sindicatos de Ámsterdam47 no solo no prestaron ayuda alguna a las masas obreras empeñadas en duras luchas defensivas, sino que las abandonaron abiertamente y las traicionaron entregándolas a la patronal y a los gobiernos burgueses.

Una de las tareas de los partidos comunistas es poner en la picota esta traición inaudita y continua e ilustrarla con las luchas cotidianas de las masas obreras. Es deber de los partidos comunistas de todos los países extender y profundizar las numerosas huelgas económicas que estallan y, si es posible, hacerlas desembocar en huelgas y luchas políticas. Es deber de los partidos comunistas, por supuesto, reforzar las luchas defensivas, la consciencia revolucionaria y la voluntad de lucha de las masas proletarias de tal modo que estas, cuando tengan fuerza suficiente, pasen de la defensiva a la ofensiva.

Con la extensión de estas luchas, la agudización sistemática de los antagonismos entre proletariado y burguesía es inevitable. La situación sigue siendo objetivamente revolucionaria, y hoy el menor motivo puede ser el punto de partida de grandes luchas revolucionarias.

5. El fascismo internacional

En estrechísima relación con la ofensiva del capital en el terreno económico está la ofensiva política de la burguesía contra la clase obrera, tal como se manifiesta del modo más crudo en el fascismo internacional. Como la creciente pauperización revoluciona cada vez más a las masas, alcanza también a las capas medias, incluidos los funcionarios, y quebranta la seguridad de la burguesía de tener en la burocracia un instrumento absolutamente dócil y suficiente, ya no le bastan a la burguesía los métodos legales de sostén. Por eso pasa a crearse en todas partes guardias blancas especiales, dirigidas específicamente contra todas las aspiraciones revolucionarias del proletariado y que sirven cada vez más para aplastar brutalmente todo intento de la clase obrera de mejorar su situación.

El rasgo característico del fascismo italiano, el fascismo «clásico», que por ahora ha conquistado todo el país, consiste en que los fascistas no solo forman organizaciones de combate contrarrevolucionarias restringidas y armadas hasta los dientes, sino que intentan además, mediante la demagogia social, hacerse una base en la masa, en el campesinado, en la pequeña burguesía e incluso en ciertos sectores de la clase obrera, sabiendo aprovechar hábilmente para sus fines reaccionarios las decepciones que necesariamente produce la llamada democracia. El peligro del fascismo existe hoy en muchos países: en Checoslovaquia, en Hungría, en casi todos los países balcánicos, en Polonia, en Alemania (Baviera), en Austria, en América e incluso en países como Noruega. Bajo una u otra forma, el fascismo no está excluido tampoco en países como Francia e Inglaterra.

Una de las tareas más importantes de los partidos comunistas es organizar la resistencia contra el fascismo internacional, ponerse a la cabeza de toda la clase obrera en la lucha contra las bandas fascistas y aplicar enérgicamente también en este terreno la táctica del frente único, para lo cual son absolutamente necesarios los métodos de la organización ilegal.

Pero la demencial organización fascista es también la última carta en el juego de la burguesía. La dominación abierta de las guardias blancas se dirige a la vez contra los fundamentos mismos de la democracia burguesa. Este hecho convence a las más amplias masas del pueblo trabajador de que la dominación de la burguesía solo es posible mediante la dictadura sin disimulo sobre el proletariado.

6. La posibilidad de nuevas ilusiones pacifistas

Lo que caracteriza la situación política internacional en el momento presente es el fascismo, el estado de sitio y la ola creciente del terror blanco contra la clase obrera. Pero eso no excluye que en un futuro previsible, en países muy importantes, la reacción burguesa abierta sea relevada por una era «democrático-pacifista». En Inglaterra (fortalecimiento del Partido Laborista en las últimas elecciones48) y en Francia (el período inevitable que se avecina del llamado «bloque de izquierdas»49) es probable un período de transición «democrático-pacifista» de este tipo, y este puede a su vez provocar un renacer de las esperanzas pacifistas en la Alemania burguesa y socialdemócrata. Entre el período actual de dominación de la reacción burguesa abierta y la victoria completa del proletariado revolucionario sobre la burguesía hay diversas etapas, y son posibles diversos episodios pasajeros. La Internacional Comunista y sus secciones deben tener en cuenta también estas eventualidades; deben saber defender en cualquier situación las posiciones revolucionarias.

7. La situación dentro del movimiento obrero

Al mismo tiempo que la clase obrera se ve empujada a una posición defensiva por la ofensiva del capital, se produce el acercamiento y, finalmente, la fusión de los partidos del centro (los independientes50) con los socialtraidores declarados (los socialdemócratas). En el período de ascenso revolucionario, bajo la presión del estado de ánimo de las masas, incluso los centristas se declararon partidarios de la dictadura del proletariado y buscaron el camino hacia la Internacional Comunista. Con el reflujo de la revolución, que sin embargo es solo pasajero, estos centristas vuelven a caer en el campo de los socialdemócratas, del que en su fuero interno nunca se habían desprendido. Ellos, que en los tiempos de las luchas revolucionarias de masas adoptaron siempre una actitud vacilante y titubeante, fallan ahora en las luchas defensivas y vuelven al campo de la II Internacional, que fue siempre conscientemente antirrevolucionaria. Los partidos centristas y toda la Internacional centrista Dos y Media están en descomposición. La mejor parte de los obreros revolucionarios que se encuentra pasajeramente en el campo del centrismo pasará con el tiempo a la Internacional Comunista. Aquí y allá este paso ya ha comenzado (Italia51). En cambio, la inmensa mayoría de los jefes centristas, que ahora se alían con Noske52, Mussolini, etc., se convertirán en contrarrevolucionarios encarnizados.

Objetivamente, la fusión de los partidos de la II Internacional y de la Internacional Dos y Media solo puede ser de provecho para el movimiento obrero revolucionario. Desaparece la ficción de un segundo partido revolucionario situado fuera del campo comunista. En la clase obrera ya solo dos agrupaciones se disputarán la mayoría de los obreros: la II Internacional, que representa la influencia de la burguesía dentro de la clase obrera, y la Internacional Comunista, que ha levantado la bandera de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado.

8. La escisión de los sindicatos y la preparación del terror blanco contra los comunistas

La unificación de los partidos de la II Internacional y de la Internacional Dos y Media tiene sin duda por objeto preparar una «atmósfera favorable» para la campaña sistemática contra los comunistas. Parte de esta campaña es la escisión metódica de los sindicatos por los jefes de la Internacional de Ámsterdam. Los de Ámsterdam retroceden ante toda lucha contra la ofensiva del capital y prosiguen, en cambio, su política de colaboración con los patronos. Para que los comunistas no los estorben en esta alianza con la patronal, procuran eliminar metódicamente la influencia de los comunistas en los sindicatos. Como, pese a todo, los comunistas ya han conquistado en muchos países la mayoría en los sindicatos o están a punto de conquistarla, los de Ámsterdam no retroceden ni ante las expulsiones ni ante las escisiones formales de los sindicatos. Nada debilita tanto las fuerzas de la resistencia proletaria contra la ofensiva del capital como la escisión de los sindicatos. Lo saben también los jefes reformistas de los sindicatos. Pero como notan que pierden el suelo bajo los pies y que su bancarrota es inevitable y próxima, se apresuran a escindir los sindicatos, ese instrumento insustituible de la lucha de clases proletaria, para que los comunistas solo hereden los cascotes y astillas de las viejas organizaciones sindicales. La clase obrera no ha visto una traición peor desde agosto de 1914.

9. Las tareas de la conquista de la mayoría

En estas circunstancias, la directriz fundamental del III Congreso Mundial, «ganar una influencia comunista sobre la mayoría de la clase obrera y llevar a la lucha a la parte decisiva de esta clase», sigue plenamente en pie.

Más aún que en tiempos del III Congreso tiene hoy validez la idea de que, con el actual equilibrio inestable de la sociedad burguesa, la crisis más aguda puede desencadenarse de golpe a raíz de una gran huelga, una insurrección colonial, una nueva guerra o incluso una crisis parlamentaria. Pero precisamente por eso adquiere una importancia enorme el factor «subjetivo», es decir, el grado de consciencia de sí, de voluntad de lucha y de organización de la clase obrera y de su vanguardia.

Ganar a la mayoría de la clase obrera de América y de Europa: esa sigue siendo la tarea cardinal de la Komintern.

En los países coloniales y semicoloniales, la Komintern tiene una doble tarea: 1. crear un núcleo de partidos comunistas que representen los intereses generales del proletariado, y 2. apoyar con todas sus fuerzas el movimiento nacional revolucionario dirigido contra el imperialismo, convertirse en la vanguardia de este movimiento y, dentro del movimiento nacional, destacar e impulsar el movimiento social.

10. La táctica del frente único

De todo ello se deriva la necesidad de la táctica del frente único. La consigna del III Congreso, «¡A las masas!», tiene hoy más validez que nunca. Solo ahora comienza en un número mayor de países la lucha por la formación del frente único proletario. Solo ahora se empiezan también a superar las dificultades de la táctica del frente único. El mejor ejemplo es Francia, donde el curso de los acontecimientos ha convencido de la necesidad de aplicar esta táctica incluso a quienes hasta hace poco eran sus adversarios por principio. La Komintern exige que todos los partidos y grupos comunistas apliquen con el máximo rigor la táctica del frente único, porque solo ella muestra a los comunistas, en el período actual, el camino seguro para conquistar a la mayoría de los trabajadores.

Los reformistas necesitan ahora la escisión. Los comunistas están interesados en agrupar todas las fuerzas de la clase obrera contra el capitalismo.

La táctica del frente único significa que la vanguardia comunista va por delante en las luchas cotidianas de las grandes masas obreras por sus intereses vitales más apremiantes. En esta lucha, los comunistas están dispuestos incluso a negociar con los jefes traidores de los socialdemócratas y de Ámsterdam. Los intentos de la II Internacional de presentar el frente único como fusión organizativa de todos los «partidos obreros» deben, por supuesto, rechazarse del modo más tajante. Los intentos de la II Internacional de absorber, bajo el manto del frente único, a las organizaciones obreras situadas más a la izquierda (unificación del SPD y del USPD en Alemania) no significan en realidad otra cosa que la posibilidad para los jefes socialdemócratas de entregar a la burguesía nuevos sectores de las masas obreras.

La existencia de partidos comunistas independientes y su plena libertad de acción frente a la burguesía y a la socialdemocracia contrarrevolucionaria es la conquista histórica más importante del proletariado, y los comunistas no renunciarán a ella en ninguna circunstancia. Solo los partidos comunistas defienden los intereses del conjunto del proletariado.

La táctica del frente único tampoco significa en modo alguno las llamadas «combinaciones electorales» de las cúpulas para tal o cual fin parlamentario. La táctica del frente único es la oferta de lucha común de los comunistas con todos los obreros que pertenecen a otros partidos o grupos y con todos los obreros sin partido para defender los intereses vitales más elementales de la clase obrera contra la burguesía. Toda lucha por la más pequeña reivindicación inmediata es una fuente de educación revolucionaria, pues la experiencia de la lucha convencerá a los trabajadores de la inevitabilidad de la revolución y de la importancia del comunismo.

Una tarea especialmente importante en la aplicación del frente único es obtener resultados no solo agitativos, sino también organizativos. No debe desaprovecharse ni una sola ocasión de crear en la propia masa obrera puntos de apoyo organizativos (consejos de fábrica, comisiones de control formadas por obreros de todos los partidos y sin partido, comités de acción, etc.).

Lo esencial en la táctica del frente único es y sigue siendo agrupar a las masas obreras mediante la agitación y la organización. El verdadero éxito de la táctica del frente único nace «desde abajo», de las profundidades de la propia masa obrera. Pero los comunistas no pueden renunciar por ello a negociar en determinadas circunstancias también con las cúpulas de los partidos obreros adversarios. Sin embargo, las masas deben estar informadas en todo momento y por completo de la marcha de estas negociaciones. La independencia de la agitación del Partido Comunista no debe restringirse en modo alguno tampoco durante las negociaciones con las cúpulas.

Se comprende que la táctica del frente único deba aplicarse en formas diferentes en los distintos países según las condiciones concretas. Pero allí donde, en los principales países capitalistas, las condiciones objetivas están maduras para la revolución socialista y los partidos socialdemócratas, dirigidos por jefes contrarrevolucionarios, trabajan conscientemente por la división de la clase obrera, la táctica del frente único será determinante para toda una nueva época.

11. El gobierno obrero

Como consigna general de propaganda, el gobierno obrero (o, en su caso, el gobierno obrero y campesino) puede emplearse casi en todas partes. Pero como consigna política de actualidad, el gobierno obrero tiene la mayor importancia en aquellos países en que la situación de la sociedad burguesa es especialmente insegura y en que la relación de fuerzas entre los partidos obreros y la burguesía pone a la orden del día, como necesidad práctica, la solución de la cuestión del gobierno. En esos países, la consigna del gobierno obrero se desprende como conclusión inevitable de toda la táctica del frente único.

Los partidos de la II Internacional intentan «salvar» la situación en esos países propugnando y llevando a la práctica una coalición de burgueses y socialdemócratas. Los recientes intentos de algunos partidos de la II Internacional (por ejemplo, en Alemania) de rechazar la participación abierta en un gobierno de coalición de ese tipo y, al mismo tiempo, realizarla de forma encubierta no son más que una maniobra para apaciguar a las masas que protestan, un engaño refinado de las masas obreras. A la coalición burguesa y socialdemócrata, abierta o enmascarada, los comunistas oponen el frente único de todos los obreros y una coalición de todos los partidos obreros en el terreno económico y político para luchar contra el poder burgués y derribarlo finalmente. En la lucha conjunta de todos los obreros contra la burguesía, todo el aparato del Estado debe pasar a manos del gobierno obrero, y con ello deben reforzarse las posiciones de poder de la clase obrera.

Las tareas más elementales de un gobierno obrero deben consistir en armar al proletariado, desarmar a las organizaciones burguesas contrarrevolucionarias, implantar el control de la producción, desplazar el peso principal de los impuestos sobre los hombros de los ricos y quebrar la resistencia de la burguesía contrarrevolucionaria.

Un gobierno obrero así solo es posible si nace de la lucha misma de las masas y se apoya en órganos obreros capaces de combatir, creados por las capas más bajas de las masas obreras oprimidas. También un gobierno obrero que surja de una combinación parlamentaria, es decir, de origen puramente parlamentario, puede dar pie a una reanimación del movimiento obrero revolucionario. Se entiende que el nacimiento de un verdadero gobierno obrero y el mantenimiento ulterior de un gobierno que haga una política revolucionaria han de llevar a la lucha más encarnizada y, eventualmente, a la guerra civil con la burguesía. El simple intento del proletariado de formar un gobierno obrero así chocará de antemano con la resistencia más violenta de la burguesía. La consigna del gobierno obrero es por tanto apropiada para unir al proletariado y desencadenar luchas revolucionarias.

Los comunistas deben estar dispuestos, en determinadas circunstancias, a formar un gobierno obrero junto con partidos y organizaciones obreras no comunistas. Pero solo pueden hacerlo si hay garantías de que el gobierno obrero librará realmente una lucha contra la burguesía en el sentido indicado más arriba. Las condiciones obvias de la participación de los comunistas en un gobierno así son que:

  1. la participación en un gobierno obrero solo pueda producirse con el consentimiento de la Komintern;

  2. los miembros comunistas de ese gobierno estén bajo el control más estricto de su partido;

  3. los miembros comunistas de ese gobierno obrero estén en el más estrecho contacto con las organizaciones revolucionarias de las masas;

  4. el Partido Comunista conserve incondicionalmente su propia fisonomía y la plena independencia de su agitación.

Junto a todas sus grandes ventajas, la consigna del gobierno obrero tiene también sus peligros, igual que toda la táctica del frente único encierra peligros. Para prevenirlos, los partidos comunistas deben tener presente lo siguiente: todo gobierno burgués es a la vez un gobierno capitalista. Pero no todo gobierno obrero es un gobierno verdaderamente proletario, es decir, un instrumento revolucionario de poder del proletariado. La Internacional Comunista debe considerar las siguientes posibilidades:

I. Gobiernos obreros aparentes:

  1. Gobierno obrero liberal: lo hubo en Australia53; un gobierno así será posible también en Inglaterra en un futuro previsible.

  2. Gobierno obrero socialdemócrata (Alemania).

II. Gobiernos obreros verdaderos:

  1. Gobierno de los obreros y de los campesinos pobres. Esta posibilidad existe en los Balcanes, en Checoslovaquia, etc.

  2. Gobierno obrero con participación de los comunistas.

  3. Gobierno obrero verdaderamente revolucionario y proletario, que en su forma pura solo puede encarnar el Partido Comunista.

Los comunistas están dispuestos a marchar también con aquellos obreros que todavía no han reconocido la necesidad de la dictadura del proletariado. Por tanto, los comunistas están dispuestos también, en determinadas condiciones y con determinadas garantías, a apoyar un gobierno obrero no puramente comunista, e incluso un gobierno obrero solo aparente, naturalmente solo en la medida en que defienda los intereses obreros. Pero los comunistas declaran con la misma franqueza a la clase obrera que sin la lucha revolucionaria contra la burguesía no se puede conquistar ni mantener un verdadero gobierno obrero. Solo debe considerarse verdadero gobierno obrero un gobierno que esté decidido a emprender en serio la lucha contra la burguesía, al menos para cumplir las reivindicaciones inmediatas más importantes de los obreros. Solo en un gobierno obrero así pueden participar los comunistas.

Los dos primeros tipos de gobierno obrero aparente (liberal y socialdemócrata) no son gobiernos revolucionarios, pero en ciertas circunstancias pueden acelerar el proceso de descomposición del poder burgués. Los dos tipos siguientes de gobierno obrero (gobierno obrero y campesino, gobierno socialdemócrata-comunista) no son todavía la dictadura del proletariado, ni siquiera son una fase de transición históricamente inevitable hacia la dictadura, pero, allí donde lleguen a formarse, son un importante punto de partida para conquistar esa dictadura. La dictadura del proletariado consumada es únicamente aquel gobierno obrero verdadero (punto 5) que está formado por comunistas.

12. El movimiento de los consejos de fábrica

Ningún partido comunista puede considerarse un partido comunista de masas serio y sólidamente organizado si no tiene células comunistas firmes en las empresas, fábricas, minas, ferrocarriles, etc. En las condiciones actuales, un movimiento no puede considerarse un movimiento proletario de masas organizado de forma metódica si la clase obrera y sus organizaciones no logran crear comités de empresa como columna vertebral de ese movimiento. En particular, la lucha contra la ofensiva del capital y por el control de la producción no tiene perspectivas si los comunistas no disponen de puntos de apoyo firmes en todas las empresas y si la clase obrera no se ha creado en las empresas sus propios órganos proletarios de lucha (comités de consejos de fábrica, consejos obreros).

Por eso el Congreso considera una de las tareas principales de todos los partidos comunistas arraigar en las empresas más que hasta ahora y apoyar el movimiento de los consejos de fábrica o tomar la iniciativa de crearlo.

13. La Komintern como partido mundial

A medida que se desarrolla organizativamente como partido comunista mundial, la Internacional Comunista debe actuar cada vez más también políticamente como tal; en particular, debe prestar atención a la dirección de las acciones necesarias en grupos enteros de países.

14. La disciplina internacional

Para aplicar la táctica del frente único en el plano internacional y en cada país, hace falta ahora más que nunca la disciplina internacional más estricta en la Komintern y en cada una de sus secciones.

El IV Congreso exige categóricamente a todas las secciones y a todos los militantes la disciplina más estricta en la aplicación de esta táctica, que solo puede dar frutos si se aplica de forma unánime y metódica en todos los países, no solo de palabra, sino también con hechos.

La aceptación de las 21 condiciones54 implica la aplicación de todas las decisiones tácticas de los congresos mundiales y del Ejecutivo como órgano de la Komintern en los períodos entre congresos mundiales. El Congreso encarga al Ejecutivo que exija y vigile con el máximo rigor la aplicación también de las decisiones tácticas por todos los partidos. Solo la táctica revolucionaria de la Komintern, claramente definida, asegura a la revolución proletaria internacional la victoria más rápida posible.

El Congreso decide añadir como anexo a esta resolución el texto de las tesis de diciembre (1921) del Ejecutivo sobre el frente único, ya que estas tesis exponen de forma detallada y correcta la táctica del frente único.

Tesis sobre el frente único obrero y sobre la actitud ante los obreros de la Segunda, de la Dos y Media y de la Internacional de Ámsterdam, así como ante los obreros que apoyan a las organizaciones anarcosindicalistas (18 de diciembre de 1921)

  1. El movimiento obrero internacional atraviesa actualmente una etapa de transición peculiar, que plantea nuevos e importantes problemas tácticos tanto a la Internacional Comunista en general como a cada una de sus secciones.

Esta etapa se caracteriza principalmente por lo siguiente: la crisis económica mundial se agrava. El paro crece. El capital internacional ha pasado en casi todos los países a una ofensiva sistemática contra los obreros, que se manifiesta sobre todo en el empeño, bastante manifiesto, de los capitalistas en rebajar los salarios y todo el nivel de vida de los obreros. La bancarrota de la paz de Versalles se hace cada vez más evidente para las más amplias capas de trabajadores. Es clara la inevitabilidad de una nueva guerra imperialista, o incluso de varias, si el proletariado internacional no derriba al gobierno burgués: Washington55 lo ha mostrado con toda claridad.

El renacer de las ilusiones reformistas en amplias capas obreras, debido a toda una serie de circunstancias, empieza a ceder el paso, bajo los golpes de la realidad, a otro estado de ánimo. Las ilusiones «democráticas» y reformistas de los obreros (por una parte, de los obreros mejor situados, pero por otra, de los más atrasados y políticamente inexpertos), surgidas de nuevo tras el fin de la matanza imperialista, se marchitan antes de haber florecido de verdad. El curso y el resultado de los «trabajos» de la Conferencia de Washington quebrantarán aún más esas ilusiones. Si hace medio año se podía hablar con cierta razón de un giro general de las masas obreras de Europa y América hacia la derecha, hoy, por el contrario, puede comprobarse sin duda el comienzo de un giro hacia la izquierda.

  1. Por otra parte, bajo el influjo de los crecientes ataques del capital, ha despertado entre los obreros una aspiración espontánea a la unidad, literalmente imposible de contener, que va de la mano de un aumento gradual de la confianza de las amplias masas obreras en los comunistas.

Solo ahora empiezan círculos obreros cada vez más amplios a apreciar debidamente el valor de la vanguardia comunista, que se lanzó a la lucha por los intereses de la clase obrera en un momento en que toda la inmensa masa obrera permanecía indiferente o era incluso hostil al comunismo. Círculos obreros cada vez más amplios se convencen ahora de que solo los comunistas, en las condiciones más difíciles y a veces con los mayores sacrificios, han defendido los intereses económicos y políticos de la clase obrera. El respeto y la confianza hacia la vanguardia comunista intransigente de la clase obrera empiezan a crecer de nuevo, porque incluso las capas más atrasadas de los obreros han visto que las esperanzas reformistas no tienen salida y han comprendido que, fuera de la lucha, no hay salvación frente a la rapiña de los capitalistas.

  1. Los partidos comunistas pueden y deben recoger ahora los frutos de la lucha que libraron antes en el medio sumamente desfavorable de la indiferencia de las masas. Pero las masas obreras, a la vez que se llenan de una confianza cada vez mayor en los elementos intransigentes y combativos de la clase obrera, los comunistas, muestran en su conjunto un afán de unidad nunca visto. Las nuevas capas de obreros políticamente menos curtidos que despiertan a la vida activa sueñan con la unificación de todos los partidos obreros, e incluso de todas las organizaciones obreras en general, y esperan aumentar así su capacidad de resistencia frente a los capitalistas. Nuevas capas obreras que antes a menudo no tomaban parte activa en la lucha política se ponen ahora, a partir de su propia experiencia, a examinar de nuevo los planes prácticos del reformismo. Como estas nuevas capas, también importantes sectores obreros que pertenecen a los viejos partidos socialdemócratas no quieren ya conformarse con la campaña de los socialdemócratas y centristas contra la vanguardia comunista, y empiezan ya a exigir un entendimiento con los comunistas. Pero al mismo tiempo no han superado todavía su fe en los reformistas, y masas considerables siguen apoyando a los partidos de la II Internacional y de la Internacional de Ámsterdam. Estas masas obreras no formulan con suficiente claridad sus planes y aspiraciones, pero en líneas generales el nuevo estado de ánimo puede reducirse al deseo de establecer el frente único y de intentar mover a los partidos y sindicatos de la II Internacional y de la de Ámsterdam a luchar junto con los comunistas contra el ataque del capital. En esa medida, este estado de ánimo es progresivo. En lo esencial, la fe en el reformismo está minada. En las condiciones generales en que se encuentra hoy el movimiento obrero, toda acción de masas seria, aunque parta solo de reivindicaciones parciales, pondrá inevitablemente a la orden del día cuestiones más generales y fundamentales de la revolución. La vanguardia comunista solo puede ganar si nuevas capas obreras se convencen por su propia experiencia de las ilusiones del reformismo y de la política de compromiso.

  2. En el período inicial, cuando empezaba a germinar una protesta consciente y organizada contra la traición de los jefes de la II Internacional, estos tenían en sus manos todo el aparato de las organizaciones obreras. Se sirvieron del principio de la unidad y de la disciplina proletaria para amordazar sin piedad la protesta proletaria revolucionaria y poner sin resistencia todo el poder de las organizaciones obreras al servicio del imperialismo nacional. En estas circunstancias, el ala revolucionaria tenía que conquistar a toda costa la libertad de agitación y propaganda, es decir, la libertad de explicar a las masas obreras la traición histórica sin precedentes que han cometido, y siguen cometiendo, los partidos creados por las propias masas obreras.

  3. Tras asegurarse la libertad organizativa de influir ideológicamente en las masas obreras, los partidos comunistas de todos los países se esfuerzan ahora por lograr en todos los casos la unidad más amplia y completa posible en la acción práctica de esas masas. Los de Ámsterdam y los héroes de la II Internacional predican de palabra esa unidad, pero en los hechos actúan al revés. Como los conciliadores reformistas de Ámsterdam no lograron ahogar por medios organizativos la voz de la protesta y de la rebelión revolucionaria, buscan ahora la salida del callejón en que se han metido por su propia culpa llevando la escisión, la desorganización y el sabotaje organizativo a la lucha de las masas trabajadoras. Una de las tareas más importantes del Partido Comunista es ahora desenmascarar en flagrante delito estas nuevas formas de la vieja traición.

  4. Sin embargo, profundos procesos internos obligan también a los diplomáticos y jefes de la II Internacional, de la Dos y Media y de la de Ámsterdam a poner en primer plano la cuestión de la unidad. Si para las capas obreras poco experimentadas que despiertan a una vida nueva y consciente la consigna del frente único es de verdad la aspiración más sincera a unir las fuerzas de la clase oprimida frente al avance de los capitalistas, para los jefes y diplomáticos de la II Internacional, de la Dos y Media y de la de Ámsterdam lanzar la consigna de la unidad es un nuevo intento de engañar a los obreros y atraerlos de una manera nueva al viejo camino de la «colaboración de clases». El peligro inminente de una nueva guerra imperialista (Washington), el aumento de los armamentos, los nuevos tratados secretos imperialistas concluidos entre bastidores: nada de esto mueve a los jefes de la II Internacional, de la Dos y Media y de la de Ámsterdam a dar la voz de alarma para realizar no solo de palabra, sino también de hecho, la unión internacional de la clase obrera; al contrario, todo ello provocará inevitablemente dentro de la II Internacional y de la de Ámsterdam fricciones y divisiones, en líneas generales del mismo tipo que las que se manifiestan en el propio campo de la burguesía internacional. Este fenómeno es inevitable, porque la solidaridad de los «socialistas» reformistas con la burguesía precisamente de «su país» es la piedra angular del reformismo.

Estas son las condiciones generales en las que la Internacional Comunista en su conjunto y cada una de sus secciones han de formular su actitud ante la consigna del frente único socialista.

  1. En vista de esta situación, el Ejecutivo de la Internacional Comunista opina que la consigna del III Congreso Mundial de la Internacional Comunista, «¡A las masas!», y los intereses generales del movimiento comunista en su conjunto exigen de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista en su conjunto el apoyo a la consigna del frente único obrero y la toma de la iniciativa en esta cuestión. Naturalmente, la táctica de los partidos comunistas debe concretarse en relación con las circunstancias de cada país.

  2. En Alemania, el Partido Comunista, en su última conferencia nacional, apoyó la consigna del frente único obrero y se declaró dispuesto a apoyar un gobierno obrero unitario que esté inclinado a emprender con alguna seriedad la lucha contra el poder de los capitalistas. El Ejecutivo de la Internacional Comunista considera esta decisión absolutamente acertada y está convencido de que el KPD, manteniendo plenamente su posición política independiente, sabrá penetrar en capas obreras más amplias y reforzar la influencia del comunismo sobre las masas. En Alemania, antes que en ningún otro país, las grandes masas se convencerán cada día más de cuánta razón tenía la vanguardia comunista cuando, en el momento más difícil, se negó a deponer las armas y subrayó con tenacidad la inutilidad de los remedios reformistas propuestos, ya que la crisis solo puede resolverla la revolución proletaria. Siguiendo esta táctica, el partido agrupará también con el tiempo a su alrededor a todos los elementos revolucionarios del anarquismo y del sindicalismo que hoy se mantienen al margen de la lucha de masas.

  3. En Francia, el Partido Comunista tiene la mayoría entre los obreros organizados políticamente. Por eso la cuestión del frente único se plantea en Francia de modo algo distinto que en otros países. Pero también allí es necesario que toda la responsabilidad de la escisión del campo obrero unido recaiga sobre nuestros adversarios. La parte revolucionaria de los sindicalistas franceses lucha con razón contra la escisión de los sindicatos, es decir, por la unidad de la clase obrera en la lucha económica contra la burguesía. Pero la lucha de los obreros no termina en la fábrica. La unidad es necesaria también frente al auge de la reacción, la política imperialista, etc. La política de los reformistas y de los centristas, en cambio, ha llevado a la escisión del partido56 y amenaza ahora también la unidad del movimiento sindical, con lo cual solo se demuestra que Jouhaux57, igual que Longuet58, sirve objetivamente a la causa de la burguesía. La consigna del frente único del proletariado en la lucha económica y política contra la burguesía sigue siendo el mejor medio para desbaratar esos planes de escisión.

Aunque la CGT reformista, dirigida por Jouhaux, Merrheim59 y compañía, traicione los intereses de la clase obrera francesa, los comunistas franceses y los elementos revolucionarios de la clase obrera francesa en general deben proponer a los reformistas, antes de toda huelga de masas, de toda manifestación revolucionaria o de cualquier otra acción revolucionaria de masas, que apoyen esa acción; y si se niegan a apoyar la lucha revolucionaria de los obreros, hay que desenmascararlos sistemáticamente. Por este camino ganaremos con más facilidad a las masas obreras sin partido. Por supuesto, esto no debe llevar en modo alguno al Partido Comunista de Francia a restringir su independencia, por ejemplo apoyando de un modo u otro al «bloque de izquierdas»60 durante las campañas electorales, o mostrándose tolerante con esos comunistas vacilantes que todavía lloran la separación de los socialpatriotas.

  1. En Inglaterra, el Partido Laborista reformista ha negado al Partido Comunista la admisión junto a las demás organizaciones obreras. Bajo la influencia creciente del estado de ánimo de los obreros al que acabamos de referirnos, las organizaciones obreras de Londres han tomado hace poco la decisión de admitir al Partido Comunista de Inglaterra en el Partido Laborista.

Naturalmente, Inglaterra es en este aspecto una excepción, pues, por condiciones peculiares, el Partido Laborista es en Inglaterra una especie de agrupación obrera general de todo el país. La tarea de los comunistas ingleses es emprender una campaña enérgica por su admisión en el Partido Laborista. La reciente traición de los jefes sindicales durante la huelga minera61, la presión sistemática de los capitalistas sobre los salarios de los obreros, etc., todo ello ha provocado una profunda fermentación entre las masas del proletariado inglés, que se van revolucionando. Los comunistas ingleses deben hacer todos los esfuerzos para penetrar a toda costa en lo hondo de las masas obreras bajo la consigna del frente único revolucionario contra los capitalistas.

  1. En Italia, el joven Partido Comunista empieza a llevar su agitación bajo la consigna del frente único proletario contra la ofensiva de los capitalistas, aunque se mostraba sumamente intransigente frente al Partido Socialista Italiano reformista y a la Confederación del Trabajo62 socialtraidora, que hace poco han coronado su traición abierta a la revolución proletaria. El Ejecutivo de la Internacional Comunista considera del todo acertada esta agitación de los comunistas italianos y solo insiste en que se refuerce en la misma dirección. El Ejecutivo de la Internacional Comunista está convencido de que el Partido Comunista de Italia, con suficiente amplitud de miras, puede dar a toda la Internacional un modelo de marxismo combativo, que desenmascare sin piedad a cada paso las medias tintas y la traición de los reformistas y de los centristas envueltos en el manto del comunismo, y que al mismo tiempo sepa llevar una campaña incansable, cada vez más intensa y que penetre en masas cada vez más amplias, por el frente único de los obreros contra la burguesía.

El partido debe, naturalmente, hacer todo lo posible para atraer a la lucha común a todos los elementos revolucionarios del anarquismo y del sindicalismo.

  1. En Checoslovaquia, donde el Partido Comunista tiene tras de sí a una parte considerable de los obreros organizados políticamente, las tareas de los comunistas son en algunos aspectos análogas a las de los comunistas de Francia. Afianzando su independencia y extirpando las últimas tradiciones centristas, el Partido Comunista de Checoslovaquia sabrá a la vez popularizar la consigna del frente único de los obreros contra la burguesía y desenmascarar así definitivamente a los ojos de los obreros atrasados a los jefes de la socialdemocracia y a los centristas, que de hecho son agentes del capital. Y al mismo tiempo, los comunistas de Checoslovaquia deben acometer con energía redoblada la conquista de los sindicatos, que todavía están en gran medida en manos de los jefes amarillos.

  2. En Suecia, después de las últimas elecciones parlamentarias, se ha creado una situación en la que la pequeña fracción comunista puede desempeñar un gran papel. Uno de los jefes más destacados de la II Internacional, el señor Branting63, que es a la vez primer ministro de la burguesía sueca, se halla actualmente en una situación en la que, para formar la mayoría parlamentaria, no le es indiferente la posición de la fracción comunista del parlamento sueco. El Ejecutivo de la Internacional Comunista considera que la fracción comunista del parlamento sueco, en determinadas circunstancias, no debe negar su apoyo al ministerio menchevique de Branting, como también hicieron acertadamente los comunistas alemanes en algunos gobiernos regionales de Alemania (Turingia64). Pero eso no significa en absoluto que los comunistas de Suecia deban restringir en medida alguna su independencia o renunciar a desenmascarar el carácter del gobierno menchevique; al contrario, cuanto más poder tienen los mencheviques, más traicionan a la clase obrera y más esfuerzos deben hacer los comunistas para desenmascararlos a los ojos de las más amplias capas obreras. El Partido Comunista debe seguir avanzando también por el camino de atraer a los obreros sindicalistas a la lucha común contra la burguesía.

  3. En América empieza la unión de todos los elementos de izquierda del movimiento sindical y político; esta unión da a los comunistas la posibilidad de penetrar en las amplias masas del proletariado americano y de ocupar el lugar central en esa unión de izquierda. Con ayuda de agrupaciones comunistas, los comunistas americanos deben ponerse, dondequiera que haya unos cuantos comunistas, a la cabeza de este movimiento por la unión de todos los elementos revolucionarios y plantear con insistencia la consigna del frente único obrero, por ejemplo, para la defensa de los parados, etc. La acusación principal contra los sindicatos de Gompers65 debe ser en adelante el hecho de que no quieren participar en la formación del frente único de los obreros contra los capitalistas para la defensa de los parados, etc. Una tarea especial del Partido Comunista es además atraer a los mejores elementos de la IWW66.

  4. En Suiza, nuestro partido ha logrado algunos éxitos en esta dirección. Gracias a la agitación de los comunistas por el frente único revolucionario, se ha conseguido obligar a la burocracia sindical a convocar un congreso extraordinario, que se celebrará pronto y en el que nuestros amigos sabrán desenmascarar ante todos los obreros suizos la falsedad del reformismo e impulsar la obra de unión revolucionaria del proletariado.

  5. En una serie de otros países la cuestión se plantea de otro modo, a causa de condiciones locales completamente nuevas. Trazada la línea general, el Ejecutivo de la Internacional Comunista está convencido de que cada partido comunista sabrá aplicarla de acuerdo con las circunstancias que se den en su país.

  6. El Ejecutivo de la Internacional Comunista considera condiciones principales, iguales para los partidos comunistas de todos los países y de carácter absolutamente ultimativo, la absoluta autonomía y la plena independencia de todo partido comunista que concluya tal o cual acuerdo con los partidos de la II Internacional y de la Dos y Media, y ello en lo que respecta a la plena libertad de exponer sus opiniones y de criticar a los adversarios del comunismo. Aunque los comunistas se sometan a las reglas de la acción, deben conservar incondicionalmente el derecho y la posibilidad de expresar su opinión sobre la política de todas las organizaciones de la clase obrera sin excepción, no solo antes y después de la acción, sino, si es preciso, también durante la acción. Renunciar a esta condición no es admisible en ninguna circunstancia. Al apoyar la consigna de la mayor unidad posible de todas las organizaciones obreras en toda acción práctica contra el frente capitalista, los comunistas no pueden en modo alguno abstenerse de exponer sus opiniones, que son la única expresión consecuente de la defensa de los intereses de la clase obrera en su conjunto.

  7. El Ejecutivo de la Internacional Comunista considera útil recordar a todos los partidos hermanos las experiencias de los bolcheviques rusos, el único partido que hasta ahora ha logrado vencer a la burguesía y tomar el poder en sus manos. Durante el decenio y medio transcurrido desde el nacimiento del bolchevismo hasta su victoria sobre la burguesía (1903-1917), el bolchevismo no dejó de librar una lucha incansable contra el reformismo o, lo que es lo mismo, contra el menchevismo. Pero al mismo tiempo, en el curso de ese decenio y medio, los bolcheviques rusos concluyeron también a menudo acuerdos con los mencheviques. La separación formal de los mencheviques se produjo en la primavera de 190567. Pero bajo la influencia del impetuoso movimiento obrero, los bolcheviques formaron ya a finales de 1905 un frente común con los mencheviques. La segunda separación formal, la definitiva, de los mencheviques tuvo lugar en enero de 191268. Pero entre 1905 y 1912 hubo, alternativamente, ya escisiones, ya unificaciones y semiunificaciones, en 1906-1907 y también en 1910, y estas unificaciones y semiunificaciones no se produjeron solo en el curso de la lucha de fracciones, sino también bajo la presión directa de las amplias masas obreras, que despertaban a la vida política activa y exigían que se les diera la posibilidad de comprobar por su propia experiencia si los caminos del menchevismo se apartaban realmente, por principio, de la vía de la revolución. Antes del nuevo auge revolucionario, después de las huelgas del Lena69, poco antes del comienzo de la guerra imperialista, se observó entre la masa obrera de Rusia una aspiración especialmente fuerte a la unidad, que los jefes y diplomáticos del menchevismo ruso intentaron aprovechar para sus fines más o menos del mismo modo que lo intentan ahora los jefes de la II Internacional, de la Dos y Media y de la de Ámsterdam. Los bolcheviques rusos no respondieron a la aspiración de los obreros a la unidad renegando del frente único. Al contrario. Como contrapeso al juego diplomático de los jefes mencheviques, los bolcheviques rusos lanzaron la consigna de la «unidad desde abajo», es decir, de la unidad de las masas obreras en la lucha práctica por las reivindicaciones revolucionarias de los obreros contra los capitalistas. La práctica demostró que esta era la única respuesta correcta. Y como resultado de esta táctica, que cambiaba según las circunstancias, el momento y el lugar, una gran parte de los mejores obreros mencheviques fue ganada para el comunismo.

  8. Al lanzar la consigna del frente único obrero y admitir acuerdos de las distintas secciones de la Internacional Comunista con los partidos y sindicatos de la II Internacional y de la Dos y Media, la Internacional Comunista no puede, por supuesto, renunciar a acuerdos semejantes a escala internacional. El Ejecutivo de la Internacional Comunista hizo una propuesta a la Internacional de Ámsterdam en relación con la ayuda a los hambrientos de Rusia70. Repitió esta propuesta en relación con el terror blanco y la persecución de los obreros de España y Yugoslavia71. El Ejecutivo de la Internacional Comunista hace ahora a la Internacional de Ámsterdam, a la II y a la Dos y Media una nueva propuesta en relación con el primer período de trabajos de la Conferencia de Washington, que ha demostrado que a la clase obrera internacional la amenaza una nueva matanza imperialista. Los jefes de la II Internacional, de la Dos y Media y de la de Ámsterdam han demostrado hasta ahora con su conducta que de hecho abandonan su consigna de unidad cuando se trata de acciones prácticas. En todos esos casos será tarea de la Internacional Comunista en su conjunto y de cada una de sus secciones en particular explicar a las más amplias masas obreras la hipocresía de los jefes de la II Internacional, de la Dos y Media y de la de Ámsterdam, que prefieren la unidad con la burguesía a la unidad con los obreros revolucionarios y que, por ejemplo, al permanecer en la Oficina Internacional del Trabajo de la Sociedad de Naciones72, forman parte de la conferencia imperialista de Washington en lugar de organizar la lucha contra el Washington imperialista. Pero el rechazo de tal o cual propuesta práctica de la Internacional Comunista por los jefes de la II Internacional, de la Dos y Media y de la de Ámsterdam no nos llevará a renunciar a la táctica del frente único, que tiene raíces profundas en las masas y que debemos desarrollar de forma sistemática e ineludible. En los casos en que nuestros adversarios rechacen la propuesta de lucha común, es necesario que las masas lo sepan y aprendan así quién es el verdadero destructor del frente único obrero. En los casos en que el adversario acepte la propuesta, hay que esforzarse por profundizar gradualmente la lucha y elevarla a su máxima potencia. En ambos casos es necesario que las negociaciones de los comunistas con las demás organizaciones atraigan la atención de las amplias masas obreras, pues es necesario interesar a las masas obreras en todas las fases de la lucha por el frente único revolucionario de los obreros.

  9. Al trazar el plan aquí expuesto, el Ejecutivo de la Internacional Comunista advierte también a todos los partidos hermanos de los peligros que puede entrañar en ciertas circunstancias. No todos los partidos comunistas están suficientemente desarrollados y consolidados; no todos han roto por completo con la ideología centrista y semicentrista. Son posibles casos de extralimitación, tendencias que significarían de hecho la disolución de los partidos y grupos comunistas en un bloque unitario sin forma. Para aplicar con éxito la nueva táctica en favor de la causa del comunismo, es necesario que los partidos comunistas que la aplican estén fuerte y firmemente cohesionados y que su dirección se distinga por la claridad de ideas.

  10. En las agrupaciones dentro de la propia Internacional Comunista que, con más o menos fundamento, se consideran de derecha o incluso semicentristas, hay sin duda tendencias de dos clases. Unos elementos no han roto de verdad con la ideología y los métodos de la II Internacional, no se han liberado de la veneración por su antiguo poderío organizativo y buscan, de forma semiconsciente o inconsciente, los caminos de un entendimiento ideológico con la II Internacional y, por tanto, también con la sociedad burguesa. Otros elementos, que luchan contra el radicalismo formal, contra los errores de los llamados «izquierdistas», etc., se esfuerzan por dar a la táctica del joven partido comunista más flexibilidad y capacidad de maniobra, para asegurarle la posibilidad de penetrar más rápidamente en lo hondo de las masas obreras.

El rápido desarrollo de los partidos comunistas ha empujado a veces exteriormente estas dos tendencias a un mismo campo, en cierto modo a una misma agrupación. La aplicación de los métodos expuestos más arriba, cuya tarea es dar a la agitación comunista un apoyo en las acciones unidas de masas del proletariado, es lo que mejor pone al descubierto las tendencias realmente reformistas dentro de los partidos comunistas y, si la táctica se aplica correctamente, contribuye extraordinariamente a la consolidación revolucionaria interna de los partidos comunistas, tanto educando por la vía de la experiencia a los elementos impacientes o de inclinación sectaria como liberando a los partidos del lastre reformista.

  1. Por frente único obrero hay que entender la unidad de todos los obreros que quieren luchar contra el capitalismo, y por tanto también de los obreros que todavía siguen a los anarquistas, sindicalistas, etc. En algunos países, esos obreros pueden también ayudar en la lucha revolucionaria. La Internacional Comunista ha adoptado desde los primeros días de su existencia una línea amistosa hacia estos elementos obreros, que van superando poco a poco sus prejuicios y acercándose al comunismo. Tanto más atentos deben ser los comunistas con ellos ahora, cuando el frente único obrero frente a los capitalistas se convierte en realidad.

  2. Para determinar de forma definitiva el trabajo futuro en la dirección señalada, el Ejecutivo de la Internacional Comunista decide convocar en breve una sesión del Ejecutivo con la participación de representantes de los partidos en número doble73.

  3. El Ejecutivo de la Internacional Comunista seguirá atentamente cada paso práctico en este terreno y pide a todos los partidos que informen al Ejecutivo de la Internacional Comunista de cada intento y cada éxito en este terreno, con todos los detalles de los hechos.

Tesis sobre la cuestión de Oriente (5 de diciembre de 1922)

I. Tesis generales

  1. Sobre la base de la experiencia de la construcción soviética en Oriente y del crecimiento de los movimientos nacionalistas revolucionarios en las colonias, el II Congreso de la Internacional Comunista dio una exposición general de principio de la cuestión nacional y colonial en la época de la larga lucha entre el imperialismo y la dictadura proletaria.74

Desde entonces se ha producido una agudización considerable de la lucha contra la opresión imperialista en los países coloniales y semicoloniales, debida a la profundización de la crisis política y económica de posguerra del imperialismo. Prueba de ello son:

  1. la bancarrota del tratado de paz de Sèvres sobre el reparto de Turquía75 y la posibilidad de un restablecimiento completo de su independencia nacional y política;

  2. el crecimiento impetuoso del movimiento nacionalista revolucionario en la India, Mesopotamia, Egipto, Marruecos, China y Corea;

  3. la crisis interna sin salida del imperialismo japonés, que provoca en el país un rápido crecimiento de los elementos de la revolución democrático-burguesa y el paso actual del proletariado japonés a la lucha de clases independiente;

  4. el despertar del movimiento obrero en todos los países de Oriente y la formación de partidos comunistas en casi todos ellos.

Los hechos enumerados equivalen a un cambio de la base social del movimiento revolucionario de las colonias; este cambio lleva a una agudización de la lucha antiimperialista, cuya dirección, por tanto, ya no queda exclusivamente en manos de los elementos feudales y de la burguesía nacional, dispuestos a pactar con el imperialismo.

La guerra imperialista de 1914-1918 y la crisis permanente del imperialismo que la siguió —sobre todo del europeo— han debilitado la tutela económica de las grandes potencias sobre las colonias.

Por otra parte, los mismos factores que llevaron a un estrechamiento de la base económica y de la esfera de influencia política del capitalismo europeo han tenido como consecuencia una agudización de la lucha competitiva imperialista por las colonias, y con ello han roto el equilibrio de todo el sistema imperialista mundial (la lucha por los yacimientos de petróleo, el conflicto anglo-francés en Asia Menor, la rivalidad japonesa-norteamericana en el océano Pacífico, etc.).

Precisamente este debilitamiento de la presión imperialista sobre las colonias, junto con la agudización constante de la rivalidad entre los distintos grupos imperialistas, ha facilitado el desarrollo del capitalismo autóctono en los países coloniales y semicoloniales, que ha desbordado y sigue desbordando cada vez más los límites estrechos y paralizantes de la dominación imperialista de las grandes potencias. Hasta ahora el capital de las grandes potencias se esforzaba por aislar a los países atrasados del intercambio económico mundial, para asegurarse así sus derechos de monopolio a obtener superbeneficios de la explotación comercial, industrial y fiscal de esos países. La reivindicación de la independencia nacional y económica planteada por el movimiento nacionalista en las colonias es la expresión de las necesidades del desarrollo burgués de esos países. El crecimiento de las fuerzas productivas autóctonas en las colonias entra así en una contradicción irreconciliable con los intereses del imperialismo mundial, pues la esencia del imperialismo consiste en aprovechar los distintos grados de desarrollo de las fuerzas productivas en las distintas regiones de la economía mundial para obtener superbeneficios monopolistas.

II. Las condiciones de la lucha

El atraso de las colonias se manifiesta en la variedad de movimientos nacionalistas revolucionarios contra el imperialismo, que reflejan los distintos estadios de la transición de las relaciones feudales y feudal-patriarcales al capitalismo. Esta variedad imprime un sello determinado a la ideología de estos movimientos. En la medida en que el capitalismo surge y se desarrolla en los países coloniales sobre una base feudal, en formas de transición deformes e incompletas que dan ante todo el predominio al capital comercial, también la separación entre la democracia burguesa y los elementos feudal-burocráticos y feudal-agrarios sigue a menudo un camino enrevesado y largo. Ahí está el principal obstáculo para una lucha de masas victoriosa contra la opresión imperialista, ya que el imperialismo extranjero hace en todos los países atrasados de la capa superior feudal (y en parte también semifeudal, semiburguesa) de la sociedad autóctona el instrumento para ejercer su dominación (los gobernadores militares autóctonos —tuchün— en China;76 la aristocracia autóctona y los arrendatarios del impuesto territorial en la India —zamindares y talukdares—;77 la burocracia y la aristocracia feudales en Persia; los agrarios y los dueños de plantaciones de tipo capitalista en Egipto, etc.).

Por eso las clases dominantes de los pueblos coloniales y semicoloniales se muestran incapaces de dirigir la lucha contra el imperialismo, y reacias a hacerlo, en cuanto esta lucha toma la forma de un movimiento revolucionario de masas. Solo allí donde las relaciones feudal-patriarcales no están todavía lo bastante descompuestas como para separar por completo a la aristocracia autóctona de las masas populares, como por ejemplo entre los pueblos nómadas y seminómadas, pueden los representantes de esas capas superiores aparecer como dirigentes activos de la lucha contra la política de violencia imperialista (Mesopotamia, Mongolia).

En los países musulmanes, el movimiento nacional encuentra al principio su ideología en las consignas político-religiosas del panislamismo, y esto da a los funcionarios y diplomáticos de las grandes potencias la posibilidad de aprovechar los prejuicios y la ignorancia de las grandes masas para combatir ese movimiento (el juego de los imperialistas ingleses con el panislamismo y el panarabismo, los planes ingleses de trasladar el califato a la India, la especulación del imperialismo francés con sus «simpatías musulmanas»). Pero a medida que se extiende el crecimiento de los movimientos de liberación nacional, las consignas político-religiosas del panislamismo van siendo sustituidas por reivindicaciones políticas concretas. Lo confirma la lucha librada recientemente en Turquía por la separación entre el poder temporal y el califato.78

La tarea principal, común a todos los movimientos nacional-revolucionarios, consiste en realizar la unidad nacional y conquistar la independencia estatal. La solución real y consecuente de esta tarea depende de en qué medida tal o cual movimiento nacional sea capaz de romper todo vínculo con los elementos feudales reaccionarios, ganarse así a amplias masas trabajadoras y dar expresión en su programa a las reivindicaciones sociales de esas masas.

Teniendo plenamente en cuenta que, en distintas circunstancias históricas, los portadores de la voluntad de la nación de alcanzar la independencia estatal pueden ser los elementos más diversos, la Internacional Comunista apoya todo movimiento nacional-revolucionario contra el imperialismo. Pero al mismo tiempo no pierde de vista que solo una línea revolucionaria consecuente, orientada a arrastrar a las más amplias masas a la lucha activa, y la ruptura incondicional con todos los partidarios de una reconciliación con el imperialismo en interés de su propia dominación de clase, pueden llevar a la victoria a las masas oprimidas. La alianza de la burguesía autóctona con los elementos feudales reaccionarios permite a los imperialistas aprovechar ampliamente, para desorganizar el movimiento popular, la anarquía feudal, la rivalidad entre los distintos jefes, linajes y tribus, el antagonismo entre el campo y la ciudad y la lucha entre estamentos y sectas nacional-religiosas (véanse China, Persia, Kurdistán, Mesopotamia).

III. La cuestión agraria

En la mayoría de los países de Oriente (India, Persia, Egipto, Siria y Mesopotamia), la cuestión agraria tiene una importancia excepcional en la lucha por liberarse del yugo del despotismo de las grandes potencias. Al explotar y arruinar a la mayoría campesina de las naciones atrasadas, el imperialismo la priva de sus medios de existencia más elementales, mientras que la industria, poco desarrollada y concentrada solo en algunos puntos del país, no es capaz de absorber el excedente de población rural que así se forma, al que además se le ha cerrado toda posibilidad de emigrar. Los campesinos empobrecidos que permanecen en su tierra se convierten en siervos. Si en los países avanzados las crisis industriales desempeñaban antes de la guerra el papel de reguladoras de la producción social, en las colonias ese papel de regulador le corresponde al hambre. Como el imperialismo tiene el mayor interés en obtener los máximos beneficios con la mínima inversión de capital, en los países atrasados mantiene mientras puede las formas feudales y usurarias de explotación de la fuerza de trabajo. En algunos países, por ejemplo en la India, asume el monopolio del Estado feudal autóctono sobre la tierra y convierte el impuesto territorial en un tributo al capital de las grandes potencias y a sus servidores, los zamindares y talukdares; en otros se asegura la renta del suelo a través de las organizaciones autóctonas de la gran propiedad territorial, por ejemplo en Persia, Marruecos, Egipto, etc. La lucha por liberar la tierra de los tributos y trabas feudales toma así el carácter de una lucha de liberación nacional contra el imperialismo y la gran propiedad feudal. Pueden servir de ejemplo la insurrección de los moplahs contra los terratenientes y los ingleses en la India, en el otoño de 1921, y la insurrección de los sijs en 1922.79

Solo la revolución agraria, que se propone expropiar la gran propiedad territorial, puede poner en movimiento a las enormes masas campesinas, y está llamada a ejercer una influencia decisiva en la lucha contra el imperialismo. El miedo de los nacionalistas burgueses (en la India, Persia y Egipto) a las consignas agrarias y su afán de recortarlas por todos los medios atestiguan el estrecho vínculo de la burguesía autóctona con la gran propiedad territorial feudal y feudal-burguesa, y su dependencia ideológica y política respecto de ella. Todos los elementos revolucionarios tienen que aprovechar estas vacilaciones e indecisiones para criticar sistemáticamente y desenmascarar las medias tintas de los dirigentes burgueses de los movimientos nacionalistas. Precisamente estas medias tintas estorban la organización y la unión de las masas trabajadoras, como demuestra la bancarrota de la táctica de resistencia pasiva («no cooperación») en la India.80

El movimiento revolucionario de los países atrasados de Oriente no puede tener éxito si no se apoya en la acción de las grandes masas campesinas. Por eso los partidos revolucionarios de todos los países orientales tienen que formular un programa agrario claro, que exija la supresión completa del sistema feudal y de sus restos en forma de gran propiedad territorial y de arrendamiento del impuesto territorial. Para atraer activamente a las masas campesinas a la lucha por la liberación nacional hay que propagar un cambio radical de los fundamentos del derecho de propiedad sobre la tierra; también es necesario obligar a los partidos nacionales burgueses a hacer suyo este programa agrario revolucionario en la mayor medida posible.

IV. El movimiento obrero en Oriente

El joven movimiento obrero de Oriente es producto del desarrollo reciente del capitalismo autóctono. Hasta ahora la clase obrera se encuentra allí, incluso si se consideran sus elementos más avanzados, en un estadio de transición, todavía en el camino del pequeño artesanado gremial a la gran fábrica capitalista. En la medida en que la intelectualidad nacionalista burguesa arrastra el movimiento revolucionario de la clase obrera a la lucha contra el imperialismo, sus representantes dirigen al principio también las organizaciones sindicales nacientes y sus acciones. Al principio el proletariado no va en estas acciones más allá del marco de los intereses «nacionales generales» de la democracia burguesa (véanse las huelgas contra la burocracia y la administración imperialistas en China y en la India). Ocurre a menudo —ya lo señaló el II Congreso de la Internacional Comunista— que los representantes del nacionalismo burgués, aprovechando moralmente la autoridad política de la Rusia soviética y adaptándose al instinto de clase de los obreros, visten sus aspiraciones democrático-burguesas con un ropaje «socialista» y «comunista» para desviar así, a veces sin ser ellos mismos conscientes de ello, a las primeras asociaciones proletarias nacientes de las tareas inmediatas de una organización de clase (así el partido Yeşil Ordu, que ha dado un barniz comunista al panturquismo en Turquía;81 así el «socialismo de Estado» que predican algunos representantes del partido Kuomintang en China).

Pese a ello, tanto el movimiento sindical como el movimiento político de la clase obrera de los países atrasados han hecho grandes progresos en los últimos años. La formación de partidos de clase proletarios independientes en casi todos los países de Oriente es un hecho importante, aunque la inmensa mayoría de estos partidos tiene todavía que hacer un gran trabajo interno para librarse del diletantismo, del sectarismo y de muchos otros defectos. Que la Internacional Comunista haya valorado debidamente desde el principio las posibilidades futuras del movimiento obrero en Oriente es un hecho de enorme importancia, pues en él encuentra expresión elocuente la verdadera unión internacional de los proletarios del mundo entero bajo la bandera del comunismo. La II Internacional y la Internacional Dos y Media82 no han encontrado hasta ahora partidarios en ningún país atrasado, precisamente porque frente al imperialismo europeo y norteamericano no desempeñan más papel que el de sus «empleados».

V. Las tareas generales de los partidos comunistas en Oriente

Mientras los nacionalistas burgueses juzgan el movimiento obrero según su importancia para la victoria de la burguesía, el proletariado internacional valora el joven movimiento obrero de Oriente desde el punto de vista de su porvenir revolucionario. Bajo la dominación del capitalismo, los países atrasados no pueden participar de las conquistas de la técnica y la cultura modernas sin pagar al capital de las grandes potencias un tributo enorme, mediante su explotación y opresión bárbaras. La alianza con el proletariado de los países avanzados no se la dictan solo los intereses de la lucha común contra el imperialismo, sino también el hecho de que los obreros de Oriente solo recibirán una ayuda desinteresada para el desarrollo de sus fuerzas productivas atrasadas del proletariado victorioso de los países avanzados. La alianza con el proletariado de Occidente abre el camino hacia la federación internacional de las repúblicas soviéticas. El régimen soviético es para los pueblos atrasados la forma de transición menos dolorosa desde unas condiciones de existencia primitivas hasta la alta cultura del comunismo, llamada a sustituir en toda la economía mundial el modo capitalista de producción y distribución. Lo atestigua la experiencia de la construcción soviética en las colonias liberadas del Imperio ruso. Solo la forma soviética de gobierno es capaz de asegurar la realización consecuente de la revolución agraria campesina. Las condiciones específicas de la agricultura en una parte de los países de Oriente (el regadío artificial), mantenidas antes por la organización peculiar de una comunidad de trabajo colectiva sobre base feudal-patriarcal y socavadas después por el sistema de explotación rapaz capitalista, exigen asimismo una organización estatal capaz de atender a las necesidades sociales de forma planificada y organizada. Debido a las condiciones climáticas particulares y a las condiciones históricas especiales, las cooperativas de pequeños productores desempeñarán en general en Oriente un papel importante en el periodo de transición.

Las tareas objetivas de la revolución colonial rompen el marco de la democracia burguesa ya por el hecho de que una victoria decisiva de esta revolución es incompatible con la dominación del imperialismo mundial. Si al principio la intelectualidad autóctona y la burguesa son las adelantadas de los movimientos revolucionarios coloniales, con la incorporación de las masas campesinas proletarias y semiproletarias a estos movimientos comienza el alejamiento de los elementos de la gran burguesía y de la burguesía agraria, a medida que pasan a primer plano los intereses sociales de las capas populares inferiores. Al joven proletariado de las colonias le espera todavía una larga lucha a lo largo de toda una época histórica: la lucha contra la explotación imperialista y contra sus propias clases dominantes, que pretenden monopolizar en sus manos todas las ventajas del desarrollo industrial y cultural y mantener a las grandes masas trabajadoras en su anterior estado «prehistórico».

Esta lucha por la influencia sobre las masas campesinas tiene que servir al proletariado autóctono de preparación para el papel de dirigente político. Solo cuando haya hecho este trabajo sobre sí mismo y sobre las capas sociales más próximas a él será capaz de enfrentarse a la democracia burguesa, que en las condiciones del Oriente atrasado tiene un carácter todavía mucho más hipócrita que en Occidente.

La negativa de los comunistas de las colonias a participar en la lucha contra la opresión imperialista, con el pretexto de una supuesta «defensa» de los intereses de clase independientes, es oportunismo de la peor especie, que no puede sino desacreditar la revolución proletaria en Oriente. No menos dañino hay que considerar el intento de mantenerse al margen de la lucha por los intereses más urgentes y cotidianos de la clase obrera en aras de la «unidad nacional» o de la «paz civil»83 con los demócratas burgueses. Los partidos obreros comunistas de los países coloniales y semicoloniales tienen ante sí una doble tarea: por un lado, luchan por la solución más radical posible de las tareas de una revolución democrático-burguesa orientada a la conquista de la independencia política del Estado; por otro, organizan a las masas obreras y campesinas para la lucha por sus intereses de clase particulares, aprovechando todas las contradicciones del campo nacionalista democrático-burgués. Al plantear reivindicaciones sociales liberan la energía revolucionaria que no encuentra salida en las reivindicaciones liberales burguesas y estimulan su desarrollo. La clase obrera de las colonias y semicolonias tiene que ser consciente de que solo la ampliación y profundización de la lucha contra el yugo imperialista de las grandes potencias puede asegurarle el papel de dirigente revolucionario, y, a la inversa, solo la organización económica y política y la educación política de la clase obrera y de las capas semiproletarias son capaces de aumentar el impulso revolucionario de la lucha contra el imperialismo.

Los partidos comunistas de los países coloniales y semicoloniales de Oriente, que se encuentran todavía más o menos en estado embrionario, tienen que participar en todo movimiento que les dé acceso a las masas. Sin embargo, tienen que librar una lucha enérgica contra los prejuicios patriarcales y gremiales y contra la ideología burguesa que predomina en las asociaciones obreras, para preservar estas formas poco desarrolladas de organización sindical de las tendencias reformistas y convertirlas en órganos de lucha de las masas. Tienen que hacer todos los esfuerzos posibles para organizar a los numerosos jornaleros y jornaleras agrícolas y a los aprendices de ambos sexos sobre la base de la defensa de sus intereses inmediatos.

VI. El frente único antiimperialista

Si en Occidente, en las condiciones de un periodo de transición unido a una acumulación organizada de fuerzas, se planteó la consigna del frente único proletario, en el Oriente colonial hay que destacar actualmente la consigna del frente único antiimperialista. La conveniencia de esta consigna se deriva de la perspectiva de una lucha duradera y prolongada contra el imperialismo mundial, que exige la movilización de todos los elementos revolucionarios. Esta movilización es tanto más necesaria cuanto que las clases dominantes autóctonas tienden a concertar con el capital extranjero compromisos dirigidos contra los intereses vitales de las masas populares. Y así como la consigna del frente único proletario en Occidente ha contribuido y sigue contribuyendo a desenmascarar la traición socialdemócrata a los intereses del proletariado, la consigna del frente único antiimperialista contribuirá a desenmascarar las vacilaciones de los distintos grupos del nacionalismo burgués. Esta consigna favorecerá también el desarrollo de la voluntad revolucionaria y el esclarecimiento de la consciencia de clase de las masas trabajadoras y las pondrá en las primeras filas de los combatientes, no solo contra el imperialismo, sino también contra los restos del feudalismo.

El movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales tiene que conquistar ante todo la posición de factor revolucionario independiente dentro del frente antiimperialista de conjunto. Solo cuando se le reconozca esta importancia independiente y conserve su independencia política, son admisibles y necesarios los acuerdos temporales con la democracia burguesa. El proletariado apoya, y plantea él mismo, reivindicaciones parciales, como por ejemplo la reivindicación de una república democrática independiente, la supresión de la falta de derechos de las mujeres, etc., en la medida en que la actual relación de fuerzas no le permite hacer de la realización de su programa soviético una tarea del momento. Al mismo tiempo procura por su parte plantear consignas que favorezcan el establecimiento de un vínculo político entre las masas campesinas y semiproletarias y el movimiento obrero. Una de las tareas más importantes de la táctica del frente único antiimperialista es hacer comprender a las grandes masas trabajadoras la necesidad de una alianza con el proletariado internacional y con las repúblicas soviéticas. La revolución colonial solo puede vencer y mantener sus conquistas junto con la revolución proletaria en los países altamente desarrollados.

El peligro de un acuerdo entre el nacionalismo burgués y una o varias potencias imperialistas enfrentadas entre sí es, debido a la rivalidad de los imperialistas entre ellos, mucho mayor en los países semicoloniales (China, Persia) o en los países que luchan por su independencia estatal (Turquía) que en las colonias. Todo acuerdo de este tipo significa un reparto muy desigual del poder entre las clases dominantes autóctonas y el imperialismo y, bajo el manto de una independencia formal, deja al país en su anterior situación de Estado tapón semicolonial al servicio del imperialismo mundial. La clase obrera puede reconocer que son admisibles y necesarios compromisos parciales y temporales para obtener un respiro en la lucha revolucionaria de liberación contra el imperialismo, pero tiene que oponerse con absoluta intransigencia a todo intento de reparto abierto o encubierto del poder entre el imperialismo y las clases dominantes autóctonas para mantener los privilegios de clase de estas últimas. La reivindicación de una estrecha alianza con la república soviética proletaria es la enseña del frente único antiimperialista. Junto con el planteamiento de esta consigna hay que librar la lucha más decidida por la democratización más amplia posible del régimen político, para privar de su apoyo en el país a los elementos más reaccionarios en lo político y en lo social y asegurar a los trabajadores la libertad de organización en la lucha por sus intereses de clase (por las reivindicaciones de república democrática, reforma agraria, reforma fiscal, organización del aparato administrativo sobre la base de una amplia autoadministración, legislación obrera, protección del trabajo infantil, protección de la madre y del niño, etc.). Incluso en la Turquía independiente la clase obrera no goza de libertad de asociación, lo que es característico de la actitud de los nacionalistas burgueses hacia el proletariado.

VII. Las tareas del proletariado de los países del Pacífico

La necesidad de organizar el frente único antiimperialista viene determinada además por la agudización constante e ininterrumpida de la rivalidad imperialista. Esta rivalidad ha alcanzado hoy un estadio tan agudo que es inevitable una nueva guerra mundial, cuyo escenario será el océano Pacífico, a menos que la revolución internacional se le adelante.

La Conferencia de Washington84 fue un intento de conjurar el peligro que amenazaba, pero en realidad no hizo más que profundizar y agudizar las contradicciones imperialistas. La reciente lucha entre Wu Peifu y Zhang Zuolin en China85 fue consecuencia directa del intento fallido del capitalismo japonés y angloamericano de conciliar en Washington sus intereses respectivos. En la nueva guerra que amenaza al mundo se verán envueltos no solo Japón, América e Inglaterra, sino también otros Estados capitalistas (Francia, Holanda, etc.). Amenaza con causar destrucciones aún mayores que la guerra de 1914-1918.

La tarea de los partidos comunistas de los países coloniales y semicoloniales del Pacífico consiste en una propaganda enérgica que haga ver claramente a las masas el peligro y las llame a la lucha activa por la liberación nacional, y en la orientación hacia la Rusia soviética como baluarte de todas las masas oprimidas y explotadas.

Los partidos comunistas de los países imperialistas —América, Japón, Inglaterra, Australia y Canadá— están obligados, ante el peligro que amenaza, no solo a limitarse a la propaganda contra la guerra, sino a hacer todos los esfuerzos para eliminar los factores que desorganizan el movimiento obrero de esos países y refuerzan el aprovechamiento por los capitalistas de los antagonismos entre naciones y razas.

Estos factores son la cuestión de la inmigración y la cuestión de la mano de obra de color barata.

El sistema de contratas sigue siendo hoy el principal método de reclutamiento de trabajadores de color para las plantaciones de caña de azúcar de la parte sur del Pacífico, adonde se lleva a obreros de China y de la India.86 Esto ha llevado a los obreros de los países imperialistas a exigir que se dicten leyes contra la inmigración y contra los obreros de color, tanto en América como en Australia. Estas leyes ahondan el antagonismo entre los obreros de color y los blancos, fragmentan y debilitan la unidad del movimiento obrero.

Los partidos comunistas de América, Canadá y Australia tienen que librar una campaña enérgica contra las leyes que impiden la inmigración y hacer comprender a las masas proletarias de esos países que tales leyes, al atizar el odio racial, acaban perjudicándolas a ellas mismas.

Por otra parte, los capitalistas renuncian a las leyes contra la inmigración para hacer posible la libre importación de mano de obra de color barata y rebajar así los salarios de los obreros blancos. Esta intención de los capitalistas de pasar al ataque solo puede frustrarse con éxito por un medio: los obreros inmigrantes tienen que ser admitidos en los sindicatos existentes de los obreros blancos. Al mismo tiempo hay que exigir que la remuneración de los obreros de color se equipare a los salarios de los obreros blancos. Un paso así de los partidos comunistas desenmascarará las intenciones de los capitalistas y mostrará a la vez de modo palpable a los obreros de color que el proletariado internacional no conoce prejuicios raciales.

Para llevar a cabo los pasos mencionados, los representantes del proletariado revolucionario de los países del Pacífico tienen que convocar una conferencia del Pacífico para elaborar la táctica justa y encontrar las formas de organización adecuadas para una unión efectiva del proletariado de todas las razas del Pacífico.

VIII. Las tareas de los partidos de las metrópolis en las colonias

La importancia extraordinaria de los movimientos revolucionarios coloniales para la revolución proletaria internacional exige que se intensifique el trabajo en las colonias, sobre todo por parte de los partidos comunistas de las potencias imperialistas.

El imperialismo francés basa todos sus cálculos en aplastar la lucha revolucionaria proletaria en Francia y en Europa utilizando a sus obreros coloniales como reserva de combate de la contrarrevolución. El imperialismo inglés y el norteamericano siguen dividiendo el movimiento obrero, ganándose a la aristocracia obrera con la promesa de asignarle una parte determinada de los superbeneficios obtenidos de la explotación colonial.

Todo partido comunista de los países que poseen colonias tiene que asumir la tarea de organizar una ayuda sistemática, ideológica y material, al movimiento proletario y revolucionario de las colonias. Hay que combatir con decisión y tenacidad las tendencias colonizadoras pseudosocialistas de algunas categorías de obreros europeos bien pagados de las colonias. Los obreros comunistas europeos de las colonias tienen que procurar organizar a los proletarios autóctonos y ganarse su confianza con reivindicaciones económicas concretas (equiparación del salario de los obreros indígenas con la remuneración de los obreros europeos, protección del trabajo, seguros, etc.). La creación de organizaciones comunistas europeas separadas en las colonias (Egipto, Argelia) es una forma encubierta de colonización y no sirve más que a los intereses de los imperialistas. Toda construcción de organizaciones comunistas según el criterio nacional contradice los principios del internacionalismo proletario. Todos los partidos de la Internacional Comunista están obligados a hacer comprender a las grandes masas trabajadoras toda la importancia de la lucha contra la dominación imperialista en los países atrasados. Los partidos comunistas que trabajan en los países de las grandes potencias tienen que formar, con miembros de sus comités centrales, comisiones coloniales permanentes para perseguir los fines mencionados. La ayuda de la Internacional Comunista tiene que expresarse sobre todo en el apoyo a la organización de la prensa, a la publicación de periódicos y de órganos en las lenguas del país. Hay que prestar especial atención al trabajo en las organizaciones obreras europeas y entre las tropas de ocupación de las colonias. Los partidos comunistas de los países de las grandes potencias no deben desaprovechar ninguna ocasión de desenmascarar la política colonial rapaz de sus gobiernos imperialistas, así como de los partidos burgueses y reformistas.

Directrices para la acción comunista en los sindicatos

I. Situación del movimiento sindical

  1. En el curso de los dos últimos años, caracterizados por el ataque general del capital, el movimiento sindical se ha debilitado notablemente en todos los países. Con pocas excepciones (Alemania, Austria), los sindicatos han perdido gran número de afiliados. Este retroceso se explica a la vez por la fuerte ofensiva de la burguesía y por la impotencia de los sindicatos reformistas para oponer una resistencia seria al ataque capitalista y defender los intereses más elementales de los obreros.

  2. Ante esta ofensiva capitalista, por un lado, y la persistencia de la colaboración de clases, por otro, las masas trabajadoras están cada vez más desengañadas; de ahí no solo sus intentos de crear nuevas organizaciones, sino también la dispersión de gran número de obreros con menos consciencia de clase que abandonan las organizaciones. Para muchos, el sindicato ha dejado de ser un polo de atracción, porque no ha sabido, y en muchos casos no ha querido, detener el ataque del capital y defender las posiciones ya conquistadas. La esterilidad del reformismo se ha revelado a ojos vistas en la práctica.

  3. En todos los países el movimiento sindical presenta un carácter de inestabilidad interna. Grupos de obreros bastante numerosos no dejan de desprenderse de él, mientras los reformistas prosiguen con el mayor celo su política de comunidades de trabajo87 con el pretexto de «aprovechar el capital en beneficio de los obreros». En realidad, ha sido el capital el que ha puesto continuamente las organizaciones reformistas al servicio de sus intereses, utilizándolas como cómplices para rebajar el nivel de vida de las masas. El periodo pasado ha reforzado especialmente el lazo que ya existía entre los gobiernos y los dirigentes reformistas, así como la subordinación de los intereses de la clase obrera a los de las capas dominantes.

II. El ataque de Ámsterdam contra los sindicatos revolucionarios

  1. En el mismo momento en que cedían en toda la línea a la presión burguesa, los dirigentes reformistas emprendieron su ataque contra los obreros revolucionarios. Al ver que su falta de voluntad para organizar la resistencia contra el capital había provocado una profunda exasperación en las masas trabajadoras, y decididos a limpiar las organizaciones de gérmenes revolucionarios, emprendieron contra el movimiento sindical revolucionario un auténtico ataque que tenía por objetivo disgregar y desmoralizar a las minorías revolucionarias por todos los medios a su alcance y facilitar la consolidación de la dominación quebrantada de la burguesía.

  2. Para conservar su autoridad, los dirigentes de la Internacional de Ámsterdam88 no vacilaron en expulsar no solo a personas o grupos aislados, sino a organizaciones enteras. Por nada del mundo quieren los de Ámsterdam quedar en minoría; y ante la amenaza de los elementos revolucionarios, partidarios de la ISR89 y de la Internacional Comunista, han decidido provocar la escisión, siempre que puedan quedarse con el aparato administrativo y los recursos materiales. Así lo han hecho los dirigentes de la CGT francesa;90 por el mismo camino van los reformistas de Checoslovaquia y los dirigentes de la ADGB alemana.91 Los intereses de la burguesía exigen la escisión del movimiento sindical.

  3. Al mismo tiempo que comenzaba el ataque reformista en los distintos países, comenzó el mismo ataque en el mundo entero. Las federaciones internacionales adheridas a Ámsterdam expulsaron sistemáticamente a las federaciones nacionales revolucionarias correspondientes o se negaron a admitirlas. Así, los congresos internacionales de los obreros de movimiento de tierras, del textil, de los empleados, de los obreros del cuero y la piel, de la madera, de la construcción y de los empleados de correos y telégrafos se negaron a admitir a los sindicatos rusos y a los demás sindicatos revolucionarios, por pertenecer estos a la ISR.

  4. Esta campaña de los de Ámsterdam contra los sindicatos revolucionarios es una expresión de la campaña del capital internacional contra la clase obrera. Persigue los mismos fines: consolidar el sistema capitalista sobre los huesos de las masas trabajadoras. El reformismo se siente acosado por su próximo fin; quiere debilitar al máximo a la clase obrera mediante las expulsiones y la separación de los elementos más combativos, para incapacitarla para conquistar el poder y los medios de producción.

III. Los anarquistas y el comunismo

  1. Al mismo tiempo, el ala anarquista del movimiento obrero dirigió contra la Internacional Comunista, los partidos comunistas y las células comunistas de los sindicatos una «ofensiva» bastante parecida a la de los de Ámsterdam. Cierto número de organizaciones anarcosindicalistas se declararon abiertamente enemigas de la Internacional Comunista y de la Revolución rusa, pese a su solemne adhesión a la Internacional Comunista en 1920 y a sus manifestaciones de simpatía por el proletariado ruso y por la Revolución de Octubre: así los sindicalistas italianos, los localistas alemanes,92 los anarcosindicalistas españoles y diversos grupos anarcosindicalistas de Francia, Holanda y Suecia.

  2. En nombre de la autonomía sindical, ciertas organizaciones sindicalistas (el Secretariado Nacional del Trabajo de Holanda, los IWW, la Unión Sindical Italiana, etc.)93 expulsaron a los partidarios de la ISR en general y a los comunistas en particular. Así, la consigna de la independencia, después de haber sido ultrarrevolucionaria, se ha vuelto anticomunista, es decir, contrarrevolucionaria, y coincide con la de Ámsterdam, que hace la misma política bajo la bandera de la independencia, aunque ya no es un secreto para nadie que depende por completo de la burguesía nacional e internacional.

  3. La acción de los anarquistas contra la IC, la ISR y la Revolución rusa ha llevado la escisión y la confusión a sus propias filas. Los mejores elementos de la clase obrera han protestado contra esta ideología. El anarquismo y el anarcosindicalismo se han dividido en varios grupos y tendencias que libran una lucha encarnizada a favor o en contra de la ISR, a favor o en contra de la dictadura proletaria, a favor o en contra de la Revolución rusa.

IV. Neutralidad e independencia

  1. La influencia de la burguesía sobre el proletariado encuentra su expresión en la teoría de la neutralidad: los sindicatos solo podrían proponerse fines puramente gremiales, estrechamente económicos, y en ningún caso fines generales de clase. La neutralidad ha sido siempre una doctrina puramente burguesa, contra la que el marxismo revolucionario libra una lucha decidida. Los sindicatos que no se proponen fines de clase, es decir, que no tienen en la mira el derrocamiento del sistema capitalista, son, pese a su composición proletaria, los mejores defensores del orden social burgués.

  2. Esta teoría de la neutralidad se ha apoyado siempre en el argumento de que los sindicatos solo deben interesarse por las cuestiones económicas, sin mezclarse en política. La burguesía tiende siempre a separar la política de la economía, porque comprende perfectamente que, si consigue encerrar a la clase obrera en el marco de los intereses gremiales, ningún peligro serio amenaza su dominación.

  3. Esa misma frontera entre economía y política la trazan también los elementos anarquistas del movimiento sindical, para desviar al movimiento obrero del camino político con el pretexto de que toda política va dirigida contra los obreros. Esta teoría, en el fondo puramente burguesa, se presenta a los obreros como la de la independencia sindical, y esta se entiende como oposición de los sindicatos a los partidos comunistas y como una declaración de guerra al movimiento obrero comunista, siempre en nombre de la famosa independencia y autonomía.

  4. Esta lucha contra la «política» y contra los partidos políticos de la clase obrera provoca un retroceso del movimiento obrero y de las organizaciones obreras, así como una campaña contra el comunismo, que es la expresión concentrada de la consciencia de clase del proletariado. La independencia en todas sus formas, sea anarquista o anarcosindicalista, es una doctrina anticomunista, y hay que oponerle la resistencia más decidida, pues en el mejor de los casos tiene como consecuencia una independencia respecto del comunismo y un antagonismo entre el sindicato y los partidos comunistas, cuando no lleva a una lucha encarnizada de los sindicatos contra los partidos comunistas, el comunismo y la revolución social.

  5. La teoría de la autonomía, tal como la exponen los anarcosindicalistas franceses, italianos y españoles, es en esencia la consigna de lucha del anarquismo contra el comunismo. Los comunistas tienen que librar desde dentro de los sindicatos una campaña decidida contra esta pretensión de introducir de contrabando la basura anarquista bajo la bandera de la autonomía y de dividir el movimiento obrero en partes enfrentadas entre sí, con lo que se retrasa y se frena el triunfo de la clase obrera.

V. Sindicalismo y comunismo

  1. Los anarcosindicalistas confunden los sindicatos con el sindicalismo, al presentar su partido anarcosindicalista como la única organización verdaderamente revolucionaria y capaz de llevar hasta el final la acción del proletariado. El sindicalismo, que representa un enorme progreso respecto del tradeunionismo, encierra sin embargo numerosos errores y aspectos nocivos a los que hay que resistir con la mayor firmeza.

  2. Los comunistas no pueden ni deben renunciar, en nombre de principios anarcosindicalistas abstractos, a su derecho a organizar «células» dentro de los sindicatos, cualquiera que sea su orientación. Nadie puede quitarles este derecho. Se entiende que los comunistas que luchan dentro de los sindicatos tienen que unir su acción a la de los sindicalistas que han aprendido de las experiencias de la guerra y de la revolución.

  3. Los comunistas tienen que tomar la iniciativa de formar dentro de los sindicatos un bloque con los obreros revolucionarios de otras tendencias. Los más próximos al comunismo son los sindicalistas comunistas, que reconocen la necesidad de la dictadura proletaria y defienden frente a los anarcosindicalistas el principio del Estado obrero. Pero la acción común presupone una organización de los comunistas. Unos comunistas desorganizados, que actuaran cada uno por su cuenta, no serían capaces de colaborar con nadie, porque no representarían una fuerza seria.

  4. Aplicando sus principios de la forma más enérgica y consecuente, combatiendo las teorías anticomunistas de la independencia y de la separación entre política y economía, concepción tan dañina para el avance revolucionario de la clase obrera, los comunistas tienen que esforzarse, dentro de los sindicatos de todas las tendencias, por concertar su acción, en la lucha práctica contra el reformismo y contra la esgrima en el vacío anarcosindicalista, con todos los elementos revolucionarios que defienden el derrocamiento del capitalismo y la dictadura del proletariado.

  5. En los países donde existen importantes organizaciones sindicales sindicalistas revolucionarias (Francia) y donde, por toda una serie de causas históricas, persiste en ciertas capas de los obreros revolucionarios la desconfianza hacia los partidos políticos, los comunistas tienen que elaborar, de acuerdo con los sindicalistas y según las particularidades del país y del movimiento obrero de que se trate, las formas y métodos de la lucha común y de la colaboración en todas las acciones de ataque y de defensa contra el capital.

VI. La lucha por la unidad de los sindicatos

  1. La consigna de la Internacional Comunista contra la escisión de los sindicatos tiene que seguir aplicándose con energía no menor, pese a las persecuciones furiosas a que someten a los comunistas los reformistas de todos los países. Los reformistas quieren provocar la escisión mediante las expulsiones. Echando sistemáticamente de los sindicatos a los mejores elementos, esperan que los comunistas pierdan la sangre fría, salgan de los sindicatos y abandonen así, decidiéndose por la escisión, el plan bien meditado de conquistar los sindicatos desde dentro. Pero los reformistas no conseguirán ese resultado.

  2. La escisión del movimiento sindical, sobre todo en las condiciones actuales, representa el mayor peligro para todo el movimiento obrero. La escisión de los sindicatos haría retroceder a la clase obrera varios años, pues la burguesía podría entonces anular fácilmente las conquistas más elementales de los trabajadores. Los comunistas tienen que impedir a toda costa la escisión de los sindicatos con todos los medios, con todas las fuerzas de su organización; tienen que poner freno a la ligereza criminal con que los reformistas despedazan la unidad sindical.

  3. En los países donde existen dos centrales sindicales una junto a otra (España, Francia, Checoslovaquia, etc.), los comunistas deben luchar por la fusión de las organizaciones paralelas. Dado este objetivo de fusionar los sindicatos ya escindidos, no es razonable arrancar de los sindicatos reformistas a comunistas y obreros revolucionarios sueltos para llevarlos a los sindicatos revolucionarios. Ningún sindicato reformista debe quedar privado del fermento comunista. Un trabajo activo de los comunistas en ambas organizaciones es condición previa para restablecer la unidad destruida.

  4. La conservación de la unidad sindical, así como el restablecimiento de la unidad destruida, solo es posible si los comunistas establecen de antemano un programa de trabajo para cada país y para cada rama de la industria; sobre la base de un trabajo práctico, de una lucha práctica, se pueden reunir los elementos dispersos del movimiento obrero y, en caso de escisión sindical, crear las condiciones para una reunificación orgánica. Todo comunista tiene que tener presente que la escisión de los sindicatos no solo amenaza las conquistas actuales de la clase obrera, sino que es una amenaza para la revolución social. Los intentos de los reformistas de escindir los sindicatos tienen que ser ahogados en germen, pero esto solo puede lograrse con un trabajo enérgico, organizativo y político, entre las masas obreras.

VII. La lucha contra la expulsión de los comunistas

  1. Las expulsiones de comunistas tienen como fin desorientar al movimiento revolucionario separando a los dirigentes de las masas obreras. Por eso los comunistas ya no pueden limitarse a las formas y métodos de lucha que han empleado hasta ahora. El movimiento sindical mundial ha llegado a un punto crítico. La voluntad de escisión de los reformistas ha aumentado; nuestra voluntad de unidad sindical está confirmada por numerosos hechos, y en adelante los comunistas tienen que mostrar en la práctica el valor que dan a la unidad del movimiento sindical.

  2. Cuanto más evidente se haga la tendencia escisionista de nuestros enemigos, con tanta más fuerza tenemos que destacar el problema de la unidad del movimiento sindical. No hay que olvidar ni una sola fábrica, ni una sola empresa, ni una sola asamblea obrera: en todas partes hay que alzar la protesta contra la táctica de Ámsterdam. El problema de la escisión de los sindicatos tiene que plantearse a cada sindicalista, no solo en el momento en que la escisión es inminente, sino ya cuando se está preparando. La cuestión de la expulsión de los comunistas del movimiento sindical tiene que ponerse en el orden del día de todo el movimiento sindical de todos los países. Los comunistas son lo bastante fuertes para no dejarse estrangular sin decir palabra. La clase obrera tiene que saber quién está por la escisión y quién por la unidad.

  3. La expulsión de comunistas tras haber sido elegidos por las organizaciones locales no debe provocar solo protestas contra la violación de la voluntad de los electores; una expulsión así tiene que tener como consecuencia una resistencia decidida y bien organizada. Los expulsados no deben dispersarse. La tarea más importante del Partido Comunista consiste en no permitir que los elementos expulsados se disgreguen. Tienen que organizarse en sindicatos de expulsados y hacer de la consigna de su readmisión en los sindicatos el centro de su trabajo político.

  4. La lucha contra la expulsión es de hecho una lucha por la unidad del movimiento sindical. Aquí son buenas todas las medidas que tiendan a restablecer la unidad destruida. Los expulsados no deben quedar aislados y separados del conjunto de la oposición ni de las organizaciones revolucionarias independientes existentes. Los grupos expulsados deben unirse enseguida estrechamente a la oposición en los sindicatos y a las organizaciones revolucionarias que existan en el país de que se trate, con vistas a una lucha común contra la expulsión y a la acción común en la lucha contra el capital.

  5. Las medidas prácticas de lucha pueden y deben completarse y modificarse de acuerdo con las condiciones y particularidades locales. Lo importante es que los partidos comunistas adopten claramente su posición contra la escisión y hagan todo lo que esté en su mano para superar la oleada de expulsiones, que se ha reforzado sensiblemente en relación con el comienzo de la fusión de la II Internacional y la Internacional Dos y Media.94 No hay medios ni métodos generales y definitivos en la lucha contra las expulsiones. Desde este punto de vista, todos los partidos comunistas tienen la posibilidad de luchar con los medios que les parezcan más importantes para alcanzar el objetivo: la conquista de los sindicatos y el restablecimiento de la unidad sindical destruida.

  6. Los comunistas deben desplegar la lucha más enérgica contra la expulsión de los sindicatos revolucionarios de las federaciones internacionales de industria. Los partidos comunistas no pueden ni quieren ser espectadores ociosos de la expulsión sistemática de los sindicatos revolucionarios por la simple razón de que son revolucionarios. Los comités internacionales de propaganda en las empresas creados por la ISR95 tienen que recibir el apoyo más celoso de los partidos comunistas, de modo que todas las fuerzas revolucionarias disponibles se pongan al servicio de la lucha por la creación de federaciones internacionales de industria unitarias.

Toda esta lucha tiene que librarse bajo la consigna de la admisión de todos los sindicatos, sin distinción de tendencia ni de corriente política, en una única organización de industria.

Conclusión

Siguiendo su camino de conquista de los sindicatos y de lucha contra la política escisionista de los reformistas, el IV Congreso de la IC declara solemnemente que, cada vez que los de Ámsterdam no recurran a las expulsiones, cada vez que den a los comunistas la posibilidad de luchar por sus principios con armas intelectuales dentro de los sindicatos, los comunistas lucharán como miembros disciplinados en las filas de la organización unida, estando en primera fila en todos los choques y conflictos con la burguesía.

El IV Congreso de la Internacional Comunista impone a todos los partidos comunistas el deber de hacer todo lo que esté en su mano para impedir la escisión sindical, para restablecer la unidad del movimiento sindical allí donde haya sido destruida y para lograr la adhesión del movimiento sindical de cada país a la Internacional Sindical Roja.

Resolución sobre el informe del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (12 de noviembre de 1922)

El IV Congreso Mundial de la IC aprueba sin reservas la labor política del Comité Ejecutivo de la IC, que en quince meses de actividad ha aplicado correctamente las decisiones del III Congreso Mundial y las ha adaptado correctamente a las circunstancias políticas particulares.

En particular, el IV Congreso de la IC aprueba sin reservas la táctica del frente único tal como la formuló el Comité Ejecutivo de la IC en las tesis de diciembre de 192196 y en los demás documentos del Comité Ejecutivo sobre esta cuestión.

El IV Congreso de la IC aprueba la posición que adoptó el Comité Ejecutivo de la IC en la crisis del Partido Comunista de Francia97, ante los acontecimientos del movimiento obrero en Italia98, en el Partido Comunista de Noruega99 y en el Partido Comunista de Checoslovaquia100. Las cuestiones de detalle puramente prácticas que atañen a estos partidos se tratarán en comisiones especiales, cuyas decisiones examinará todavía el Congreso.

En vista de lo ocurrido en algunos partidos, el IV Congreso recuerda y confirma de nuevo que el Comité Ejecutivo de la IC es, en los intervalos entre los congresos mundiales, la instancia suprema de todo el movimiento comunista, y que las decisiones del Comité Ejecutivo son vinculantes para todos los partidos afiliados. De ello se sigue en particular que infringir las decisiones del Comité Ejecutivo con el pretexto de apelar al próximo congreso constituye una abierta violación de la disciplina. Si la IC tolerase semejante práctica, equivaldría a hacer del todo imposible cualquier actividad regular y unitaria de la IC.

Ante las dudas expresadas en el PC de Francia sobre la interpretación del artículo 9 de los Estatutos de la IC101, el IV Congreso declara que este artículo 9 reconoce sin restricción al Comité Ejecutivo de la IC el derecho a expulsar de la IC, y por tanto también de sus secciones nacionales, a personas aisladas y a grupos enteros que a juicio del Comité Ejecutivo de la IC sean hostiles al comunismo.

Se entiende que el Comité Ejecutivo de la IC se verá obligado a aplicar el artículo 9 de los Estatutos cuando el partido nacional correspondiente, por medio de sus órganos dirigentes, no muestre la energía y la vigilancia necesarias para proteger al partido de los elementos no comunistas.

El IV Congreso de la IC confirma una vez más las 21 condiciones elaboradas por el II Congreso de la IC y encarga al futuro Comité Ejecutivo que vele con el mayor rigor por su aplicación efectiva. En el próximo período, el Comité Ejecutivo de la IC debe ser, más que hasta ahora, una organización proletaria internacional que combata sin contemplaciones todo oportunismo, una organización construida sobre los principios del más estricto centralismo democrático.

Resolución sobre la cuestión del programa de la Internacional Comunista (21 de noviembre de 1922)

  1. Todos los proyectos de programa se remiten al Ejecutivo de la Internacional Comunista o a una comisión designada por él para su estudio y elaboración detallada. El Ejecutivo de la Internacional Comunista está obligado a publicar en el plazo más breve todos los proyectos de programa que reciba.

  2. El Congreso confirma que las secciones nacionales de la Internacional Comunista que aún no tienen programa nacional están obligadas a ponerse de inmediato a elaborarlo, para someterlo al Ejecutivo a más tardar tres meses antes del V Congreso, con vistas a su aprobación por el próximo Congreso.

  3. En los programas de las secciones nacionales debe fundamentarse con toda claridad y firmeza la necesidad de la lucha por las reivindicaciones transitorias102, haciendo las salvedades oportunas sobre la dependencia de estas reivindicaciones respecto de las condiciones concretas de tiempo y lugar.

  4. El fundamento teórico de todas las reivindicaciones transitorias y parciales debe darse de forma precisa en el programa general; el IV Congreso condena con igual firmeza tanto las tendencias que presentan como oportunismo la inclusión de las reivindicaciones transitorias en el programa como todo intento de encubrir o sustituir las tareas revolucionarias fundamentales con reivindicaciones parciales103.

  5. En el programa general deben exponerse con claridad los tipos históricos fundamentales de las reivindicaciones transitorias de las secciones nacionales, conforme a las diferencias fundamentales de estructura económica y política de los distintos países, como, por ejemplo, Inglaterra por un lado y la India por otro, etc.

Resolución sobre la ocupación de la isla de Sajalín por el Japón (22 de noviembre de 1922)

El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista envía su saludo a la población trabajadora de la mitad rusa de Sajalín y del Extremo Oriente, así como a la clase obrera del Japón, y estigmatiza a los imperialistas japoneses, que durante cuatro años han atormentado a los obreros y campesinos de Siberia.

La retirada de los imperialistas de la región costera y de la región del Amur y, por último, también de Vladivostok es el resultado de la heroica resistencia de la población trabajadora del Extremo Oriente ruso y, sobre todo, del proletariado de la región costera, y también la consecuencia de la indignación cada vez mayor de las amplias masas obreras del Japón contra la intervención y contra el gobierno del Mikado.

Pero los imperialistas japoneses, que se han visto forzados a evacuar Siberia y la región costera, mantienen todavía ocupado el Sajalín ruso, siguen sojuzgando a la población trabajadora rusa y amenazan desde allí al joven orden soviético en las regiones del Extremo Oriente recién liberadas de la intervención.104

El proletariado internacional está convencido de que no está lejano el tiempo en que la camarilla militarista que domina hoy a los obreros y campesinos japoneses tendrá que comparecer ante el tribunal del proletariado japonés victorioso y responder de sus innumerables crímenes, entre ellos los cometidos en el Extremo Oriente ruso.

Resolución sobre el terror en Sudáfrica (23 de noviembre de 1922)

El IV Congreso de la Internacional Comunista ha recibido la noticia de que el gobierno sudafricano del general Smuts ha fusilado a cuatro obreros porque se defendieron durante la huelga minera contra la fuerza armada del gobierno, fiel servidor de los capitalistas del oro.105

El Congreso condena al gobierno sudafricano, que en la persona del general Smuts se presenta en Europa como liberal y pacifista y en realidad no retrocede ni ante el asesinato para aplastar el movimiento obrero.

El IV Congreso envía un saludo fraternal a los obreros sudafricanos y está convencido de que no abandonarán la lucha, sino que, al contrario, renovarán sus esfuerzos por arrastrar a los obreros negros a la lucha contra el capital sudafricano y asegurar así la victoria de los obreros. Los obreros sudafricanos pueden contar en esta lucha con la ayuda de la Internacional Comunista; la Internacional Comunista los considera una de sus avanzadas.

Resolución sobre la cuestión de las cooperativas (25 de noviembre de 1922)

Ya en los últimos años anteriores a la guerra mundial, y en grado aún mayor durante la guerra, el cooperativismo experimentó en casi todos los países un desarrollo muy grande y atrajo a sus filas a amplias masas de obreros y campesinos. La ofensiva del capital que se está produciendo hoy en todas partes lleva a los obreros —y en particular a las mujeres— a estimar todavía más la ayuda que pueden prestarles las cooperativas de consumo.

Los viejos socialreformistas comprendieron hace tiempo, y muy bien, la importancia de las cooperativas para la realización de sus fines. Se han atrincherado en las organizaciones cooperativas y desde allí han envenenado incansable y enérgicamente la consciencia de las masas trabajadoras; incluso han logrado provocar en los obreros de sentimientos revolucionarios una discordancia entre la consciencia y la acción. Por otra parte, en algunos países los partidos socialdemócratas que tienen en sus manos la dirección del movimiento cooperativo sacan con afán de las cajas de las cooperativas los medios financieros para sostener a sus partidos y, bajo la bandera de la neutralidad política, practican en realidad el apoyo a la burguesía y a su política imperialista.

Los viejos dirigentes del movimiento cooperativo, que están al frente de las cooperativas, no pueden o no quieren comprender el cambio de las condiciones sociales y las nuevas tareas de las cooperativas, ni elaborar para ellas nuevos métodos de trabajo. Al negarse obstinadamente a renunciar a sus sacrosantos principios cooperativos, socavan incluso el trabajo puramente económico y la existencia de las cooperativas y, con ello, todo el movimiento cooperativo.

Por último, no hacen nada tampoco para preparar a las cooperativas para el cumplimiento de las inmensas e importantes tareas que les corresponderán cuando el proletariado tome el poder.

Todas estas circunstancias llevan a los comunistas a poner en todas partes su más seria atención en arrancar las cooperativas de las manos de los socialreformistas y transformarlas, de instrumento de los lacayos de la burguesía, en instrumento del proletariado revolucionario.

El III Congreso de la Komintern examinó y aprobó las tesis sobre el trabajo de los comunistas en las cooperativas.106 La experiencia de año y medio ha demostrado que esas tesis estaban redactadas con total acierto. El IV Congreso de la Komintern confirma una vez más esas tesis y exhorta encarecidamente a todos los partidos, grupos y organizaciones comunistas a emprender con energía el trabajo en las cooperativas, y exhorta asimismo a los órganos de prensa a conceder en sus columnas espacio suficiente a las cuestiones del movimiento cooperativo.

En particular, y como desarrollo de esas tesis, el IV Congreso señala lo siguiente:

  1. Es absolutamente necesario que todos los partidos comunistas apliquen la decisión según la cual todos los miembros del partido deben ser también miembros de cooperativas de consumo y realizar en estas organizaciones trabajo comunista. Los cooperativistas comunistas deben formar en cada organización cooperativa una célula comunista secreta o pública. Todas estas células deben agruparse en organizaciones de distrito, y estas en una organización nacional a cuya cabeza debe estar una sección cooperativa especial, el Comité Central del Partido Comunista del país de que se trate.107 Todo el trabajo de los comunistas en las cooperativas debe llevarse a cabo con la más estricta disciplina, bajo la dirección del Comité Central del Partido Comunista. La tarea de estas células consiste en establecer un enlace con las amplias masas de cooperativistas obreros, en criticar ante ellas no solo los principios, sino sobre todo la práctica del viejo movimiento cooperativo, y en organizar bajo su influencia a todas las masas descontentas para formar en las cooperativas un frente único contra el capital y contra el Estado capitalista. Todas las agrupaciones nacionales de cooperativistas comunistas deben estar estrechamente ligadas a la Internacional Comunista por medio de la sección cooperativa de esta.

Pero al mismo tiempo los cooperativistas comunistas no deben en ningún caso perseguir la separación de los cooperativistas revolucionarios u opositores de la comunidad cooperativa ni la escisión de esta, porque eso solo conduciría a debilitar las fuerzas del cooperativismo y a cortar el contacto de los cooperativistas revolucionarios con las amplias masas obreras. Por las mismas razones tampoco debe perseguirse la separación de las federaciones cooperativas nacionales de la Alianza Cooperativa Internacional. Al contrario, los comunistas deben exigir que todas las federaciones nacionales en que los comunistas son mayoría y que todavía no son miembros de la Alianza Cooperativa Internacional ingresen en ella y sean admitidas.

  1. Tanto los comités centrales de los partidos comunistas como todos los cooperativistas comunistas deben emprender con la mayor energía la lucha contra las ilusiones cooperativistas, que consisten en creer que las cooperativas, por sí solas y con sus propias fuerzas, son capaces de realizar el orden socialista mediante una lenta transformación gradual en socialismo y sin la toma del poder por el proletariado, o que son capaces de mejorar sustancialmente la situación de la clase obrera aplicando los viejos métodos. Una lucha igual de enérgica debe librarse contra el principio de la supuesta neutralidad política del cooperativismo, tras el cual se oculta en realidad un apoyo abierto y encubierto a la política de la burguesía y de sus servidores. Esta lucha no debe expresarse solo en la propaganda teórica, sino que debe consistir también en atraer a las cooperativas a la lucha económica y política que los partidos políticos y los sindicatos rojos libran actualmente en defensa de los intereses de los trabajadores. A ella pertenecen, por ejemplo, la lucha contra el aumento de los impuestos, en particular de los impuestos indirectos que gravan al consumidor; la lucha contra una tributación especial u onerosa de las cooperativas o de su volumen de ventas; la lucha contra la carestía; la exigencia de que toda la distribución de los productos de primera necesidad pase a las cooperativas de consumo obreras; la lucha contra el militarismo, que lleva al aumento de los gastos del Estado y, por tanto, de los impuestos; la lucha contra la demencial política financiera de los Estados imperialistas, que provoca el hundimiento de la moneda; la lucha contra el fascismo, que levanta la cabeza en todas partes y destruye sin piedad las cooperativas; la lucha contra la amenaza de una nueva guerra; la lucha contra la intervención; la lucha por tratados comerciales con la Rusia soviética, etc. Los cooperativistas comunistas deben esforzarse por arrastrar a sus organizaciones a esta lucha, hombro con hombro con los partidos comunistas y los sindicatos rojos, y crear así un frente único proletario. Los cooperativistas comunistas deben exigir que sus organizaciones presten ayuda a las víctimas del terror capitalista, a los obreros en huelga y a los afectados por cierres patronales, etc. Los cooperativistas comunistas deben insistir enérgicamente en que las cooperativas desarrollen una labor de educación revolucionaria a gran escala, y deben tomar esa labor en sus manos.

  2. Junto a esta participación enérgica en la lucha política y económica del proletariado revolucionario, los cooperativistas comunistas deben realizar en sus organizaciones un trabajo puramente cooperativo, para darles el carácter que exigen las nuevas tareas del proletariado: la fusión de las pequeñas cooperativas de consumo en grandes cooperativas; el abandono del viejo principio del reparto de beneficios, que debilita a las cooperativas, y el empleo de los excedentes para reforzar el cooperativismo; la creación, con los excedentes, de un fondo especial para ayudar a los huelguistas; la defensa de los intereses de los empleados de las cooperativas; la lucha contra un crédito bancario que pudiera ser peligroso para las cooperativas, etc. Si es necesario aumentar las cuotas de los socios, los comunistas deben exigir que los obreros que no puedan pagarlas no sean excluidos de las cooperativas y que se establezcan facilidades de pago para los obreros sin recursos.

Las células de cooperativistas comunistas deben ligar también su trabajo lo más estrechamente posible al de las organizaciones de mujeres proletarias y al de las federaciones de la juventud comunista, para hacer con fuerzas comunes, entre las obreras y entre la juventud, una propaganda cooperativa impregnada de principios comunistas. Es preciso igualmente emprender con toda energía la lucha contra la burocracia cooperativa, que se sirve de la consigna de la democracia como tapadera, pero ha rebajado ese principio a frase hueca y en realidad administra las cooperativas de forma arbitraria y sin control, evita convocar asambleas generales y no tiene en cuenta en absoluto la voluntad de las masas obreras que pertenecen a las organizaciones cooperativas. Por último, es necesario que las células de cooperativistas comunistas lleven a sus miembros, sin excluir a las mujeres, a las juntas directivas y a los órganos de control de las cooperativas, y que adopten otras medidas para transmitir a los comunistas los conocimientos y la práctica necesarios para dirigir las cooperativas.

Resolución sobre el trabajo comunista entre las mujeres (27 de noviembre de 1922)

El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista aprueba la actividad desplegada durante el periodo de que se informa por el Secretariado Internacional Comunista de la Mujer, con sede en Berlín, como órgano auxiliar del Ejecutivo. El Secretariado Internacional Comunista de la Mujer ha procurado que en todos los países con movimiento revolucionario las comunistas fueran incorporadas como miembros a las secciones de la Internacional Comunista, formadas y atraídas a los trabajos y luchas del partido. Ha procurado además que el trabajo comunista de agitación, de propaganda y de organización alcanzara a las más amplias masas de mujeres y las arrastrara al movimiento y a la lucha por los intereses de las masas trabajadoras y por el comunismo.

El Secretariado Internacional Comunista de la Mujer se ha esforzado por enlazar internacionalmente el trabajo de las comunistas organizadas entre las mujeres de los distintos países, es decir, con el trabajo y la lucha de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista. Ha logrado, de acuerdo con los partidos comunistas de cada país, ampliar y consolidar las relaciones internacionales entre las comunistas organizadas en esos partidos. Toda su actividad se ha desarrollado en acuerdo constante y firme con el Ejecutivo y bajo su dirección, conforme a las directrices y decisiones de principio y de táctica de los congresos mundiales de la Internacional Comunista y de la II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas de Moscú.108

Los órganos especiales creados sobre la base de esas directrices y decisiones (secretariados de la mujer, secciones femeninas, etc.) y los métodos especiales aplicados en el trabajo de los partidos comunistas entre las mujeres han resultado no solo útiles, sino indispensables para hacer penetrar las ideas y consignas comunistas en las capas profundas de las mujeres trabajadoras.

En los países donde todavía domina la burguesía como clase, ocupó el primer plano de la actividad comunista sistemática entre las proletarias, entre las mujeres trabajadoras, la lucha en defensa de las necesidades vitales más apremiantes contra los capitalistas explotadores, la lucha por derribar a la burguesía y establecer la dictadura proletaria. En los Estados soviéticos, en cambio, su contenido principal fue el esfuerzo por atraer a las obreras y campesinas, en todos los terrenos de la economía y de la vida social, a la construcción del Estado proletario y formarlas para las tareas que de ello se derivan. La importancia internacional de la Rusia soviética como primer Estado obrero creado por la revolución mundial confiere aquí a la actividad comunista entre las mujeres trabajadoras una gran importancia ejemplar para todas las secciones de la Internacional Comunista en los países en que el proletariado tiene que conquistar todavía el poder político como condición previa de la transformación comunista de la sociedad. El valor y el carácter indispensable de órganos especiales para el trabajo comunista entre las mujeres quedan probados también por la actividad del Secretariado de la Mujer para Oriente, que ha realizado una labor valiosa y fructífera en un terreno nuevo y peculiar.

El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista tiene que comprobar, lamentablemente, que algunas secciones no han cumplido, o solo de modo incompleto, su deber de fomentar sistemáticamente el trabajo comunista entre las mujeres. Hasta hoy, o bien no han aplicado medidas para organizar a las comunistas en el partido, o bien no han creado los órganos del partido indispensables para el trabajo entre las masas femeninas y el enlace con ellas.

El IV Congreso exhorta encarecidamente a las secciones afectadas a recuperar cuanto antes lo descuidado hasta ahora. Recuerda al mismo tiempo a todas las secciones de la Internacional Comunista que deben impulsar enérgicamente el trabajo comunista entre las mujeres, de acuerdo con su gran importancia. El frente único proletario solo puede realizarse con la colaboración comprensiva y enérgica de las mujeres y con su incorporación a él. Si el enlace entre los partidos comunistas y las mujeres trabajadoras es justo y firme, estas pueden ser, en determinadas circunstancias, pioneras del frente único proletario y de movimientos revolucionarios de masas.

La Internacional Comunista debe concentrar, sin distinción, todas las fuerzas del proletariado, de las masas trabajadoras, en una comprensión revolucionaria, tanto para la obra que edifica el comunismo como para la lucha que aplasta la dominación de clase burguesa.

Resolución sobre la cuestión negra (30 de noviembre de 1922)

Durante la guerra y después de ella se desarrolló entre los pueblos coloniales y semicoloniales un movimiento insurreccional contra el poder del capital mundial que sigue haciendo progresos. La penetración y la colonización intensiva de los territorios habitados por las razas negras es el último gran problema de cuya solución depende el desarrollo ulterior del propio capitalismo. El capitalismo francés ha comprendido claramente que el imperialismo francés de posguerra solo puede sostenerse mediante la creación de un imperio francés africano unido a la metrópoli por un ferrocarril transahariano. Los magnates financieros de América (que en los Estados Unidos explotan ya a 12 millones de negros) han emprendido ahora la penetración pacífica de África. El temor de Inglaterra a que su posición en África se vea amenazada se manifiesta claramente en los medios extremos empleados para aplastar la huelga del Rand (Sudáfrica).109 Del mismo modo que en el océano Pacífico, como resultado de la competencia entre las potencias imperialistas de la zona, se ha agudizado el peligro de una nueva guerra mundial, también hay indicios amenazadores de que África se está convirtiendo en objeto de sus ambiciones rivales. Además, la guerra, la Revolución rusa y los grandes movimientos insurreccionales de los pueblos asiáticos y musulmanes contra el imperialismo han despertado también la consciencia racial de millones de negros a los que el capitalismo lleva siglos oprimiendo y humillando, no solo en África, sino también, y quizá todavía más, en América.

La historia del negro en América lo capacita para desempeñar un papel importante en la lucha de liberación de toda la raza africana. Hace 300 años el negro americano fue arrancado de su tierra natal, embarcado en barcos negreros en las condiciones más crueles e indescriptibles y vendido como esclavo. Durante 250 años trabajó como esclavo bajo el látigo de capataces americanos. Su fuerza de trabajo taló los bosques, construyó los caminos, plantó el algodón, tendió las vías del ferrocarril y mantuvo a la aristocracia del Sur. Su salario fue la pobreza, la ignorancia, la humillación y la miseria. El negro no fue un esclavo sumiso; su historia habla de sublevaciones, revueltas y métodos clandestinos para conquistar la libertad. Pero todas sus luchas fueron reprimidas de forma bárbara. Fue sometido mediante la tortura, y la prensa y la religión burguesas declararon legítima su esclavitud. La esclavitud llegó a convertirse en un obstáculo en el camino del desarrollo de América sobre una base capitalista; en la lucha entre la servidumbre y la esclavitud asalariada, la servidumbre tenía que sucumbir. La guerra civil, que no fue una guerra por la liberación de los negros, sino por mantener la supremacía industrial del capital de los estados del Norte, puso a los negros ante la elección entre la esclavitud en el Sur y la esclavitud asalariada en el Norte. Los tendones, la sangre y las lágrimas del negro «liberado» fueron parte del material con que se construyó el capitalismo americano, y cuando América, elevada entretanto al rango de potencia mundial, fue arrastrada inevitablemente al torbellino de la guerra mundial, el negro fue declarado igual al blanco. Se le permitió matar y dejarse matar por la «democracia». 400 000 obreros de color fueron reclutados en el ejército americano y agrupados en regimientos de negros. Inmediatamente después de los terribles sacrificios de la guerra mundial, el negro que volvía se encontró con persecuciones raciales, linchamientos, asesinatos, la privación del derecho de voto y desigualdades entre él y los blancos. Se defendió y tuvo que pagarlo caro. La persecución de los negros se hizo más intensa y más amplia que antes de la guerra, hasta que aprendieron a olvidar su «arrogancia». La industrialización de los negros en el Norte después de la guerra y el espíritu de rebelión provocado por las persecuciones y brutalidades de la posguerra (un espíritu que, aunque reprimido, vuelve a llamear cuando atrocidades como las de Tulsa provocan protestas)110 asignan al negro americano, y en especial al del Norte, un lugar en la vanguardia de la lucha contra la opresión en África.

La Internacional Comunista observa con satisfacción cómo los negros explotados resisten al ataque de los explotadores, pues el enemigo de su raza y el enemigo de los obreros blancos son el mismo: el capitalismo y el imperialismo. La lucha internacional de la raza negra es una lucha contra el capitalismo y el imperialismo. El movimiento negro del mundo tiene que organizarse sobre esta base, a saber: en América, centro de la cultura negra y punto de cristalización de las protestas de los negros; en África, reserva de fuerza de trabajo humana para el desarrollo ulterior del capitalismo; en Centroamérica (Costa Rica, Guatemala, Colombia, Nicaragua y otras repúblicas «independientes»), donde domina el imperialismo americano; en Puerto Rico, Haití, Santo Domingo y otras islas del mar Caribe, donde el trato brutal que las tropas de ocupación americanas dan a nuestros semejantes negros ha provocado la protesta de los negros conscientes y de los obreros blancos revolucionarios del mundo entero;111 en Sudáfrica y en el Congo, donde la creciente industrialización de la población negra ha provocado estallidos de diverso tipo; en África oriental, donde la penetración del capital mundial que se está produciendo ahora empuja a los indígenas a una resistencia activa contra el imperialismo.

Es tarea de la Internacional Comunista mostrar a los negros que no son el único pueblo que sufre la opresión del imperialismo y del capitalismo; que los obreros y campesinos de Europa, Asia y América son también víctimas de los explotadores imperialistas; que en la India y en China, en Persia y en Turquía, en Egipto y en Marruecos, los pueblos de color oprimidos se defienden heroicamente contra los explotadores imperialistas; que estos pueblos se rebelan contra los mismos males contra los que se indignan también los negros —la opresión racial, las desigualdades sociales y económicas y la intensa explotación industrial—; que estos pueblos luchan por los mismos objetivos que los negros: la liberación política, económica y social y la igualdad de derechos.

La Internacional Comunista, que encarna la lucha mundial de los obreros y campesinos revolucionarios contra el poder del imperialismo, la Internacional Comunista, que no es solo la organización de los obreros blancos sojuzgados de Europa y América, sino también la organización de los pueblos de color oprimidos del mundo, considera su deber apoyar y fomentar la organización internacional de los negros en su lucha contra el enemigo común.

El problema negro se ha convertido en una cuestión vital de la revolución mundial; la Internacional Comunista, que ha comprendido ya qué valiosa ayuda pueden prestar a la revolución proletaria los pueblos de color asiáticos de los países semicoloniales, considera también absolutamente necesaria para la revolución proletaria y la destrucción del poder capitalista la colaboración de nuestros semejantes negros oprimidos. Por eso el IV Congreso declara deber especial de los comunistas aplicar también al problema negro las «Tesis sobre la cuestión colonial».112

  1. El IV Congreso reconoce la necesidad de apoyar toda forma de movimiento negro que socave o debilite el capitalismo o ponga obstáculos a su avance.

  2. La Internacional Comunista luchará por la igualdad de la raza blanca y la raza negra, por la igualdad de salarios y de derechos políticos y sociales.

  3. La Internacional Comunista se valdrá de todos los medios a su alcance para obligar a los sindicatos a admitir a obreros negros o, donde este derecho ya exista de nombre, para hacer una propaganda especial a favor del ingreso de los negros en los sindicatos. Si esto resultara imposible, la Internacional Comunista organizará a los negros en sindicatos propios y se valdrá especialmente de la táctica del frente único para imponer su admisión.

  4. La Internacional Comunista tomará inmediatamente medidas para convocar un congreso negro general o una conferencia negra general.

Resolución sobre el Partido Socialista de Egipto (30 de noviembre de 1922)

«Tras varias sesiones, la Comisión ha llegado a la siguiente conclusión:

  1. El informe presentado a la Comisión por el delegado del Partido Socialista de Egipto es prueba suficiente de que el Partido Socialista de Egipto representa un movimiento revolucionario importante, de acuerdo con el movimiento general de la Internacional Comunista.113

  2. Sin embargo, la Comisión considera necesario que se aplace la adhesión del Partido Socialista de Egipto hasta que

a) el partido haya expulsado a ciertos elementos indeseables;

b) el partido haya convocado un congreso en el que se intente incorporar al Partido Socialista de Egipto a los elementos comunistas que existen actualmente en Egipto fuera del partido y que quieran aceptar las 21 condiciones de la IC;

c) el partido haya cambiado su nombre por el de «Partido Comunista de Egipto».

  1. Por la presente se encarga al Partido Socialista de Egipto que convoque pronto, y a más tardar el 15 de enero de 1923, un congreso con el fin arriba indicado.

Resolución sobre la «Cruz Roja» de los presos (30 de noviembre de 1922)

«Con la ofensiva del capital en todos los países burgueses crece el número de comunistas y de obreros sin partido que, por haber entrado en la lucha contra el capitalismo, se consumen en las mazmorras.

El IV Congreso exhorta a todos los partidos comunistas a crear una organización que preste ayuda material y moral a las víctimas del capital encarceladas, y saluda la iniciativa de la «Asociación de Viejos Bolcheviques» rusa, que se dispone a crear una federación internacional de tales organizaciones de ayuda.»114

Resolución sobre la organización del Partido Francés (2 de diciembre de 1922)

a) Comité Central

En vista de la aguda crisis provocada por el Congreso de París115, el Comité Central se formará excepcionalmente sobre una base proporcional, tomando como base la votación del congreso sobre los órganos centrales.

La proporción numérica de las distintas fracciones será la siguiente:

  • Centro: 10 miembros, 3 suplentes,
  • Izquierda: 9 miembros, 2 suplentes.
  • Tendencia Renoult: 4 miembros, un suplente.116
  • Minoría Renaud Jean: 1 miembro.117
  • Juventud: 2 representantes con voto deliberativo.

El Buró Político se formará sobre la misma base; las fracciones tendrán: centro 3, izquierda 3, tendencia Renoult 1.

Los miembros del Comité Central, así como los del Buró Político y de los órganos centrales más importantes, serán designados por las fracciones en Moscú para evitar toda disputa personal que pudiera agudizar aún más la crisis. La delegación enviada al IV Congreso Mundial someterá la lista así elaborada al Consejo Nacional118 y se compromete a defenderla ante el partido. El IV Congreso toma nota de esta declaración y expresa su convicción de que esta lista, y solo ella, es apta para superar la crisis del partido.

La lista del nuevo Comité Central elaborada por las fracciones es la siguiente:

Centro:

Miembros:

  • Frossard119 — secretario, delegado ante el Ejecutivo.
  • Louis Sellier
  • Marcel Cachin120 — secretario interino.
  • Jacob — secretario de la Federación de Trabajadores Textiles.
  • Garchery — concejal municipal de París.
  • Lucie Leiciague — taquígrafa.
  • Marrane — mecánico; secretario de la Federación del Sena.
  • Gourdeaux — empleado de Correos y Telégrafos.
  • Laguesse — maestro despedido; secretario de la Federación de Seine-et-Marne.
  • Paqueraux — tornero de hierro; secretario de la Federación de Seine-et-Oise.

Suplentes:

  • Pierpont — obrero textil.
  • Dupillet — tesorero de la Federación Unificada de Poceros (a reserva de confirmación en París).
  • Plais — obrero de teléfonos.

Izquierda:

Miembros:

  • Rosmer121 — empleado.
  • Treint — maestro despedido.
  • Vaillant-Couturier — diputado.
  • Souvarine122 — periodista.
  • Tommasi — conductor de automóviles y piloto de aviones.
  • Christen — mecánico.
  • Amédée Dunois — periodista.
  • Cordier — peluquero.
  • Bouchez — mecánico.

Suplentes:

  • Salles — metalúrgico.
  • Deporter — tejedor.

Fracción Renoult:

Miembros:

  • Barberet — metalúrgico.
  • Fromont — obrero del automóvil y de la aviación.
  • Dubus — minero en el Paso de Calais.
  • Werth (Roger Gérald) — metalúrgico.

Suplente:

  • Lespagnol — empleado.

Esta lista la confirmará, a más tardar en la segunda quincena de enero, un Consejo Nacional dotado de las atribuciones de un congreso.

Hasta entonces sigue en funciones el Comité Central provisional nombrado por el Congreso de París.

b) La prensa

El Congreso confirma el régimen de prensa ya acordado: 1. la dirección de los periódicos se entrega al Buró Político; 2. los editoriales, que dan a conocer cada día a los lectores las opiniones del partido, aparecen sin firma; 3. se prohíbe a los periodistas del partido trabajar para la prensa burguesa.

Director de L'Humanité: Marcel Cachin.123

Secretario general de redacción: Amédée Dunois.

Ambos tienen los mismos derechos, es decir, todo conflicto que surja entre ellos se llevará ante el Buró Político, que lo resolverá.

Secretaría de redacción: 1 miembro del centro y 1 miembro de la izquierda.

La redacción del Bulletin Communiste124 se confía a un camarada de la izquierda.

Los redactores dimisionarios se reincorporan a la redacción.

Para preparar el Consejo Nacional, se concede a cada tendencia el derecho a escribir en el periódico del partido.

c) Secretaría general

La secretaría del partido estará a cargo, sobre una base paritaria, de un camarada del centro y otro de la izquierda; todo conflicto lo zanjará el Buró Político.

Titular: Frossard; suplentes: Louis Sellier y Treint.

d) Delegados en el Ejecutivo

Para establecer una relación completamente normal y amistosa entre el Comité Ejecutivo y el partido francés, el Congreso considera absolutamente necesario que las dos tendencias principales estén representadas en Moscú por sus miembros más capaces y de mayor autoridad, es decir, por los camaradas Frossard y Souvarine, y ello durante tres meses como mínimo, hasta que se haya superado la crisis que atraviesa ahora el partido francés.

La representación del partido francés en Moscú por Frossard y Souvarine dará plena garantía de que todo el partido aprobará cada propuesta del Ejecutivo hecha de acuerdo con estos dos camaradas.

A propuesta de la fracción Daniel Renoult, el camarada Duret fue elegido miembro suplente del Comité Ejecutivo de la IC, como representante de esta fracción, por tres meses.

e) Retribuciones de los funcionarios del partido

En cuanto a las retribuciones de los funcionarios del partido, redactores, etc., el partido nombrará una comisión de camaradas que gocen de la plena confianza moral del partido, para resolver esta cuestión desde dos puntos de vista: 1. suprimir toda posibilidad de acumulación de sueldos, que provoca una justa indignación en la masa obrera del partido; 2. crear para aquellos camaradas cuyo trabajo es absolutamente necesario para el partido una situación que les permita dedicar todas sus fuerzas al servicio del partido.

f) Comisiones

  1. Consejo de administración de L'Humanité: 6 miembros del centro, 5 de la izquierda, 2 de la tendencia de Renoult.

El Congreso está de acuerdo en que también en las comisiones importantes se aplique excepcionalmente el sistema de representación proporcional.

  1. Secretaría sindical: 1 secretario del centro y 1 secretario de la izquierda; todo conflicto entre ambos lo examinará el Buró Político.

g) Casos litigiosos

Los litigios que surjan de la aplicación de las resoluciones organizativas adoptadas en Moscú deberán resolverse por una comisión especial compuesta por un representante del centro, un representante de la izquierda y el representante del Ejecutivo como presidente.

h) Puestos vedados a los antiguos masones

Por puestos vedados a los antiguos masones se entienden aquellos cuyos titulares están facultados para defender de palabra y por escrito, de modo más o menos independiente, las ideas del partido ante la masa obrera.

Si al cubrir tales puestos surgen diferencias entre las dos fracciones, las resolverá la comisión antes mencionada.

En caso de dificultades técnicas para la reincorporación de los redactores dimisionarios, la comisión antes mencionada resolverá estas dificultades.

Todas las resoluciones, salvo la relativa a la formación del Comité Central, deberán aplicarse sin demora.

Resolución sobre la cuestión española (2 de diciembre de 1922)

  1. El Partido Comunista de España, que en la sesión de febrero del Ejecutivo Ampliado125 votó con Francia e Italia contra la táctica del frente único, reconoció pronto su error y ya en mayo, con ocasión de la gran huelga de la siderurgia126, aplicó la táctica del frente único, no por disciplina formal, sino con comprensión, convicción e inteligencia. Esta acción demostró a la clase obrera española que el partido está dispuesto a luchar por sus reivindicaciones cotidianas y es capaz de ponerse en primera línea de la lucha y de arrastrar así a la clase obrera a ella.

Perseverando en este camino, aprovechando todas las posibilidades de acción para incorporar a la acción al conjunto de las organizaciones obreras y llevar al proletariado a la lucha, el Partido Comunista de España ganará la confianza de las masas y cumplirá su misión histórica mediante la unificación de sus fuerzas revolucionarias.

  1. El IV Congreso Mundial hace constar con satisfacción que la crisis provocada por la indisciplina, que a comienzos de este año minó el partido, ha terminado felizmente con el afianzamiento de la disciplina interna del partido. El Congreso exhorta al partido a perseverar en este camino y pide muy especialmente a la juventud que contribuya con todas sus fuerzas a este afianzamiento de la disciplina interna.

  2. El movimiento obrero español está hoy marcado por la decadencia de la ideología y del movimiento sindicalista-anarquista. Este movimiento, que hace todavía pocos años logró unir y arrastrar a amplias masas obreras, defraudó sus esperanzas y su voluntad al aplicar, no la táctica marxista y comunista de la acción de masas y de la organización centralizada de la lucha, sino la táctica anarquista de la acción individual, del terrorismo y del federalismo, desmenuzando así la acción.

Hoy las masas obreras desengañadas abandonan este movimiento, y los jefes que de este modo extraviaron a las masas se deslizan a ritmo rápido hacia el reformismo.

Una de las tareas principales del Partido Comunista consiste en ganar y educar a las masas obreras desengañadas y en atraerse a los elementos anarcosindicalistas que han llegado a tomar consciencia del error de su doctrina, desenmascarando el neorreformismo de los jefes sindicalistas.

En este esfuerzo por ganarse la confianza de los elementos anarcosindicalistas, el Partido Comunista debe evitar, sin embargo, hacer concesiones de principio y de táctica a su ideología, refutada por la experiencia misma del proletariado español. Debe combatir y condenar aquellas tendencias del partido que, en este terreno, con el fin de ganar más deprisa a los sindicalistas, quieren llevar al partido por el camino de las concesiones. Es preferible que la asimilación de los elementos sindicalistas se produzca más despacio, con tal de que se ganen de verdad para la causa del comunismo, a que se ganen a un ritmo más rápido, pero al precio de que el partido se aparte de sus principios, lo que en un futuro próximo provocaría nuevas y penosas crisis. El partido español debe explicar y hacer comprender muy especialmente a los anarcosindicalistas la táctica revolucionaria del parlamentarismo tal como la definió el II Congreso Mundial. La acción electoral es para el Partido Comunista un medio de propaganda y de lucha de las masas obreras, pero no un asilo para arribistas reformistas o pequeñoburgueses.

Con su aplicación repetida, la táctica del frente único se ganará la confianza de las masas que todavía están bajo la influencia de la ideología anarcosindicalista y les demostrará que el Partido Comunista es una organización política de las luchas revolucionarias del proletariado.

  1. Nuestro partido debe dedicar más atención y esfuerzo al movimiento sindical español. El Partido Comunista debe emprender en todas las organizaciones sindicales una propaganda intensa y metódica por la unidad del movimiento sindical en España. Para dirigir correctamente esta acción, debe poder apoyarse en una red de células comunistas en todos los sindicatos pertenecientes a la Confederación Nacional127 y a la Unión General128, así como en todos los sindicatos autónomos. Debe, por tanto, rechazar y combatir toda tendencia o corriente que preconice la salida de los sindicatos reformistas. Cuando se expulse de los sindicatos reformistas a sindicatos o grupos comunistas, los comunistas deben evitar complacer los deseos de los escisionistas partidarios de Ámsterdam saliendo de ellos por solidaridad. Al contrario, deben manifestar su solidaridad con los expulsados permaneciendo en la Unión General y luchando enérgicamente en ella por la readmisión de los expulsados. Si, pese a estos esfuerzos continuados, los sindicatos y grupos siguen expulsados, el Partido Comunista debe llevarlos a ingresar en la Confederación Nacional. Los comunistas que pertenecen a la Confederación Nacional deben formar en ella sus células en relación con la comisión sindical del partido. Sin duda trabajarán en la mejor amistad con aquellos sindicalistas que son partidarios de la Internacional Sindical Roja sin pertenecer al partido. Pero deben mantener su propia organización, no pueden abandonar su punto de vista comunista y deben debatir amistosamente con los sindicalistas las cuestiones en que haya desacuerdo.

Para dirigir correctamente la lucha por la unidad sindical, el Partido Comunista debe crear un comité mixto por la unidad del movimiento sindical español, que será a la vez un centro de propaganda y un centro de agrupación de los sindicatos de ambas organizaciones y de los sindicatos autónomos que defiendan el principio de la unidad. El partido asume la tarea de hacer comprender a las masas obreras de España que solo las ambiciones y los intereses personales de los dirigentes sindicales reformistas y anarcorreformistas se oponen a la unidad sindical, y que la unidad es el interés supremo y la mayor necesidad de la clase obrera si quiere liberarse por completo del yugo del capitalismo.

Resolución sobre el Partido Comunista de Dinamarca (2 de diciembre de 1922)

«1. El Congreso declara que el actual Partido Comunista de Dinamarca, formado de acuerdo con las directivas del Ejecutivo de la IC como unión del «Partido de la Unidad» comunista y de una parte del llamado viejo partido, y que por lo demás ha aplicado lealmente todas las decisiones de la IC, queda reconocido como única sección de la IC en Dinamarca. Solo su órgano central, el Arbejderbladet, y los demás periódicos reconocidos por este partido deben considerarse periódicos comunistas del partido.

  1. El Congreso exhorta a todas las organizaciones comunistas que han quedado todavía fuera de este Partido Unificado a adherirse a él. Las organizaciones y los miembros del llamado viejo partido que en el plazo de los próximos tres meses decidan adherirse a este Partido Comunista Unificado y se declaren dispuestos a aplicar lealmente todas las decisiones de este partido y de su dirección, así como las decisiones de la IC, serán admitidos en el partido sin más trámite.»

Resolución sobre la Internacional Comunista de la Juventud (2 de diciembre de 1922)

  1. De acuerdo con las resoluciones del III Congreso de la IC, el II Congreso Mundial de la Internacional Comunista de la Juventud decidió la subordinación política de las organizaciones juveniles comunistas a los partidos comunistas y la transformación de esas organizaciones, de organizaciones de vanguardia estrechas, cerradas en sí mismas y puramente políticas, en amplias organizaciones de masas de la juventud obrera, que se fijaran como tarea, en el marco del trabajo de la clase obrera y bajo la dirección política del partido comunista, la defensa de los intereses de la juventud obrera en todos los terrenos.129 Pero las organizaciones juveniles comunistas debían seguir siendo, como antes, organizaciones políticas, y la participación en la lucha política debía seguir siendo la base de su actividad. La lucha por las reivindicaciones económicas inmediatas de la juventud obrera y contra el militarismo burgués fue reconocida como el medio más importante e inmediato para sacudir y conquistar a las amplias masas de la juventud obrera. Se exigió una reorganización de las formas organizativas de trabajo y de la actividad de las federaciones acorde con las nuevas tareas. En particular, se reconoció la necesidad de introducir un trabajo sistemático de formación comunista dentro de la organización y un trabajo de formación de masas entre los jóvenes de fuera.

A la aplicación de las resoluciones del II Congreso Mundial, que necesariamente solo puede lograrse mediante un trabajo largo y tenaz, se opusieron dificultades como la novedad de las tareas exigidas para la mayoría de las federaciones; además, la crisis económica (empobrecimiento, paro), que influyó desfavorablemente en el número de afiliados, y la acometida de la reacción, que obligó a algunas federaciones a la ilegalidad y las redujo. El reflujo temporal de la ola revolucionaria y el debilitamiento del ánimo revolucionario en el conjunto de la clase obrera afectaron también a la juventud obrera, cuyo ánimo ha cambiado en esta época en el sentido de una disminución del interés político. Al mismo tiempo, la burguesía y la socialdemocracia redoblaron sus esfuerzos por influir en la organización de la juventud trabajadora. Desde el II Congreso Mundial de la ICJ, las organizaciones juveniles comunistas han llevado a cabo en todas partes su subordinación a los partidos comunistas, pero la relación mutua entre partido y juventud todavía no se ajusta en general a la plena aplicación de las resoluciones de los congresos internacionales. Porque, en particular, el apoyo necesario del partido al trabajo de la federación juvenil a menudo no se presta en la medida adecuada. En los últimos quince meses los esfuerzos de la ICJ han conseguido que la mayoría de las organizaciones juveniles comunistas den ya pasos prácticos importantes para reorganizarse en el sentido de las resoluciones del II Congreso Mundial, creando así condiciones importantes para transformarse en organizaciones de masas. Las organizaciones juveniles comunistas de varios países, mediante la propaganda de las reivindicaciones de lucha económicas y políticas de la juventud obrera, han emprendido además el camino que, si se sigue, ha de llevarlas a influir en grandes masas, y han iniciado y llevado a cabo ya una serie de campañas e incluso de acciones de lucha concretas.

Sin embargo, las organizaciones juveniles comunistas todavía no han podido consumar su transformación en organizaciones de masas, tanto en el sentido de la extensión numérica como en el de la fusión orgánica con las masas y de la influencia y dirección constantes sobre ellas, de lo que se derivan para ellas importantes tareas para el futuro.

  1. La ofensiva del capital ha golpeado con toda su fuerza también a la juventud trabajadora. Las rebajas de salarios, el alargamiento de la jornada, el paro y la explotación en los oficios artesanos no solo la afectan igual que a los obreros adultos, sino que se producen para ella en formas y circunstancias todavía peores. La juventud trabajadora es enfrentada a los obreros adultos y utilizada para rebajar los salarios, para romper huelgas y para aumentar el paro de los obreros adultos. Estas condiciones, funestas para toda la clase obrera, se mantienen y agravan por la actitud traidora de la burocracia sindical reformista, que desatiende los intereses de la juventud trabajadora o incluso los sacrifica y mantiene a las masas de obreros jóvenes apartadas de las luchas de los obreros adultos. Más aún, a menudo les niega incluso el ingreso en los sindicatos. Con el crecimiento del militarismo burgués aumentan igualmente los sufrimientos de los jóvenes obreros y campesinos, embutidos en el uniforme del capitalismo y destinados a carne de cañón de las próximas guerras imperialistas. La reacción se ensaña en particular con la juventud europea y le quita en algunos lugares el derecho a formar organizaciones juveniles comunistas, incluso donde existen partidos comunistas.

Las dos internacionales juveniles socialdemócratas han permanecido hasta ahora inactivas ante la miseria de la juventud trabajadora y han intentado acallar, formando un bloque entre ellas, la voluntad de las masas de luchar unidas, obreros adultos y toda la juventud obrera. Esta formación de un bloque no solo debía apartar a las masas sufrientes de la juventud obrera de la lucha y del frente único de toda la juventud obrera: estaba dirigida directamente contra la Internacional Comunista y ha llevado a la próxima fusión de las internacionales juveniles socialdemócratas.130

La Internacional Comunista declara la necesidad absoluta del frente único entre los obreros jóvenes y adultos y llama a los partidos comunistas y a todos los obreros del mundo a defender enérgicamente las reivindicaciones de la juventud trabajadora en la lucha contra la ofensiva del capital, el militarismo burgués y la reacción.

Saluda la lucha que la Internacional Comunista de la Juventud libra por las reivindicaciones vitales, por el frente único de la juventud trabajadora en nombre del frente único de toda la clase obrera y por el frente único entre los obreros jóvenes y adultos, y le presta su más pleno apoyo. Los ataques del capital, que amenazan con hundir a la juventud obrera en la miseria más profunda y hacer de ella una víctima indefensa del militarismo y de la reacción, deben encontrar la resistencia férrea y cerrada de toda la clase obrera.

  1. Para cumplir el trabajo y las tareas que se le plantean en el camino hacia la conquista y la educación de las masas, el movimiento juvenil comunista necesita la comprensión atenta y el apoyo activo de los partidos comunistas.

Mediante una colaboración estrecha entre partido y juventud en todos los terrenos y una participación constante de las organizaciones juveniles comunistas en la vida política de los partidos, hay que mantener vivos en el movimiento juvenil comunista el interés político y las fuerzas políticas. Porque estos son indispensables para el Partido Comunista en su lucha y en su trabajo por aplicar las resoluciones de la IC, y son la base de un movimiento juvenil comunista sano. Los partidos comunistas deben prestar a la Juventud Comunista ayuda organizativa. Deben destinar también a miembros jóvenes a colaborar en la Juventud Comunista y, cediendo a los miembros jóvenes del partido y mediante la propaganda, fundar organizaciones juveniles allí donde existan organizaciones del partido. Como ante las organizaciones juveniles comunistas se plantea ahora la tarea de trasladar el centro de gravedad de su actividad a las masas de la juventud obrera, los partidos comunistas deben fomentar en especial la creación y el trabajo de los órganos de la Juventud Comunista (células y fracciones) en las empresas y de sus fracciones en los sindicatos. Debe establecerse la representación recíproca en todos los órganos del partido y de la juventud (células, grupos locales, direcciones de distrito, comités centrales, congresos, fracciones, etc.).

Las organizaciones juveniles comunistas deben arraigar en las masas de la juventud obrera reforzando su propaganda económica, ocupándose de modo constante y concreto de la vida y los problemas de la juventud obrera y defendiendo sus intereses de manera permanente y cotidiana, y llevarla a la lucha junto con los obreros adultos. Por eso los partidos comunistas deben apoyar con fuerza el trabajo económico de la Juventud Comunista en esas células y fracciones de la empresa, de la escuela y del sindicato, y debe establecerse una estrecha colaboración entre los miembros de la Juventud Comunista y del partido en los sindicatos. En los sindicatos corresponde a los miembros del partido procurar sobre todo que los obreros jóvenes y los aprendices se incorporen a los sindicatos con iguales derechos, que se reduzcan sus cuotas, que las reivindicaciones de la juventud obrera se defiendan también en las luchas sindicales y que se tengan en cuenta al concluir contratos colectivos y similares. El partido comunista debe fomentar además el trabajo económico y sindical de las organizaciones juveniles comunistas mediante la propaganda y el apoyo activo a sus acciones, y haciendo de sus reivindicaciones objeto de su propia lucha diaria.

Ante el aumento del peligro de guerra imperialista y el crecimiento de la reacción, los partidos comunistas deben prestar el mayor apoyo a la lucha antimilitarista de las organizaciones juveniles comunistas, en la que estas deben ejercer la dirección práctica y activa. Las organizaciones juveniles comunistas deben ser los combatientes más celosos al servicio del partido en la defensa de la clase obrera contra la reacción.

El trabajo de formación comunista adquiere una gran importancia con la reorientación de las organizaciones juveniles comunistas hacia la organización de masas amplia. Porque con la conquista de las masas se hace particularmente necesaria su instrucción y educación comunistas. El trabajo de formación de las organizaciones juveniles comunistas requiere una organización especial e independiente y debe llevarse a cabo de forma sistemática. Hay que prestarle el apoyo necesario poniendo el partido a su disposición, con largueza, fuerzas y material de formación, ayudando a organizar escuelas y cursos de la Juventud Comunista, reservando plazas para la Juventud Comunista en las escuelas del partido e incluyendo publicaciones juveniles en el programa de la editorial del partido.

El Congreso considera necesario que la prensa del partido apoye más que hasta ahora la lucha de las organizaciones juveniles comunistas, tanto publicando suplementos y columnas juveniles regulares como teniendo en cuenta constantemente la vida y la lucha de la juventud obrera en el resto del periódico.

El mundo burgués, cuyos esfuerzos chocan con la resistencia de la consciencia de clase de los obreros adultos y de la juventud obrera revolucionaria, trata sobre todo de envenenar a los hijos de la clase obrera y de alejarlos de ella. Por eso la organización y el fomento de los grupos infantiles comunistas tienen gran importancia. Estos deben estar subordinados orgánicamente a la juventud y ser dirigidos por ella, y el partido debe apoyar este trabajo aportando fuerzas y participando en la central de los grupos infantiles. La prensa infantil comunista, cuya publicación han iniciado las organizaciones juveniles comunistas de los distintos países, debe recibir el apoyo del partido.

Una colaboración particularmente estrecha entre la Juventud Comunista y el partido es necesaria en los países en que el movimiento comunista ha sido empujado a la ilegalidad por la reacción.

Al subrayar la especial importancia del trabajo comunista para la conquista de las masas de la juventud obrera, el IV Congreso destaca la particular importancia que corresponde hoy a la Internacional Comunista de la Juventud y la saluda como el más celoso compañero de lucha de la IC en el presente y su reserva para el futuro.

Resolución sobre la cuestión checoslovaca (4 de diciembre de 1922)

I. La oposición

La expulsión de los camaradas Jílek, Bolen, etc., fue resultado de las reiteradas violaciones de la disciplina de las que estos camaradas se hicieron culpables en el partido.131 Después de que su representante, el camarada Jílek, al igual que el representante de la dirección del partido, el camarada Smeral, hubiera dado su conformidad en Moscú a la resolución que constataba que en el Partido Comunista checoslovaco no existían diferencias de principio, pero que al mismo tiempo criticaba las deficiencias de la práctica del partido en toda una serie de cuestiones, era tarea de todos los camaradas que reconocían esas deficiencias trabajar por que se corrigieran.132 En lugar de eso, la oposición reclamó un órgano fraccional, «Kommunista», en contra de la resolución del III Congreso que prohíbe la formación de fracciones. En la lucha por el órgano fraccional, la oposición cometió una grave ruptura de la disciplina al enviar, pocos días antes de que se reunieran el comité del partido y la conferencia del partido, y pese a las advertencias de la dirección central, un llamamiento que contenía las más graves acusaciones contra la dirección central. Al negarse a retirar esas acusaciones, la oposición irritó al máximo al comité del partido y a la conferencia del partido, y provocó así insensatamente su propia expulsión.

Ante el foro de la Internacional, la oposición acusó a la mayoría de la dirección central y al camarada Smeral de trabajar por una coalición de gobierno con los elementos de izquierda de la burguesía. Esta acusación está en contradicción con los hechos manifiestos de la actividad del partido y debe rechazarse por completamente infundada. Las reivindicaciones programáticas de la oposición, tal como se expresan en el proyecto de programa de Vajtauer, contienen concepciones sindicalistas y anarquistas, es decir, no marxistas y no comunistas.133 El hecho de que la oposición se solidarice con ellas demuestra que, en estas cuestiones fundamentales, representa una desviación anarcosindicalista de los principios de la Internacional Comunista.

Pese a ello, el IV Congreso considera que no es oportuno expulsar a la oposición del partido y sustituye la expulsión por una severa amonestación y por la suspensión de sus funciones hasta el próximo congreso del PCCh. Su decisión de no confirmar la expulsión por inoportuna no debe entenderse en modo alguno como un acuerdo con la línea programática de la oposición, sino que responde a las siguientes consideraciones: la dirección del partido no dejó claro de antemano a la oposición que la formación de órganos fraccionales era inadmisible, y por eso esta se creyó con derecho a luchar por la existencia del órgano fraccional. La dirección dejó sin sanción toda una serie de anteriores violaciones de la disciplina cometidas por la oposición y debilitó así en ella el sentimiento de la necesidad de la disciplina y de la responsabilidad. El IV Congreso mantiene en el partido a los camaradas expulsados, subrayando la necesidad de que se cumpla con el máximo rigor el compromiso, asumido por la oposición, de someterse sin reservas a la disciplina del partido. Este sometimiento a la disciplina del partido obliga a la oposición a renunciar a todas las afirmaciones y acusaciones que socavan la unidad del partido y que en la investigación de la comisión han resultado infundadas y falsas. La obliga a seguir todas las disposiciones de la dirección central. Si algún camarada estuviera convencido de que se comete una injusticia con él, podrá dirigirse a los organismos competentes inmediatamente superiores del partido (comité ejecutivo ampliado, conferencia nacional) y, en última instancia, a los órganos de control de la Internacional Comunista. Hasta la decisión de la instancia superior, cada cual debe someterse incondicionalmente y siempre a las decisiones adoptadas por los organismos del partido.

II. La prensa

La prensa del partido debe estar dirigida de forma unitaria por la dirección central. Es una situación inadmisible que el órgano central del partido se atreva no solo a hacer una política propia, sino incluso a considerar esa política propia como un derecho suyo. Aun cuando la redacción opine que la dirección responsable del partido ha cometido errores en un asunto concreto, su deber es someterse a la decisión tomada. El puesto de la redacción no equivale a una instancia superior, sino que debe estar subordinado a la dirección central, como todos los demás organismos del partido. Esto no quiere decir que los redactores del partido no sean libres de expresar su opinión discrepante en artículos de discusión firmados. Las discusiones sobre los asuntos del partido deben llevarse a cabo en la prensa general del partido. Pero estas discusiones no deben llevarse en ningún caso de un modo que ponga en peligro la disciplina del partido. Es deber de la dirección central del partido y de todas las organizaciones preparar sus acciones mediante una discusión en las organizaciones del partido.

III. Las deficiencias del partido

El IV Congreso confirma plenamente las tesis del Ejecutivo Ampliado de julio, en las que se constataban las deficiencias del PCCh y se explicaban por su paso de partido socialdemócrata a partido comunista. El hecho de que estas deficiencias las reconozcan tanto la dirección central como la oposición no hace sino aumentar el deber de todos los camaradas de trabajar con empeño por eliminarlas. El Congreso constata que el partido avanza muy lentamente en la eliminación de estas deficiencias; así, por ejemplo, el partido no ha hecho lo suficiente para difundir la idea del comunismo en el ejército checo, aunque su legalidad y el hecho de que los soldados checos tengan derecho de voto le permiten hacerlo.

El IV Congreso exhorta al Partido Comunista a dedicarse más que hasta ahora a la cuestión del paro. Dada la gran extensión del paro en Checoslovaquia y la precaria situación de los parados, el deber del partido es no contentarse con tal o cual manifestación, sino emprender en el país una acción sistemática de agitación y de manifestaciones entre los parados y, al mismo tiempo, defender del modo más enérgico los intereses de los parados en el Parlamento y en los concejos municipales, uniendo la acción parlamentaria con la acción en los sindicatos y con las acciones de masas.

La acción parlamentaria del partido debe adquirir un carácter mucho más demostrativo. Debe poner ante los ojos de las masas, de forma tajante, la actitud del Partido Comunista ante la política de la clase dominante y llenarlas de la voluntad de conquistar el poder del Estado.

Ante las grandes luchas económicas que se libran en Checoslovaquia y que cualquier día pueden convertirse en grandes luchas políticas, la dirección central debe organizarse de modo que pueda tomar posición con rapidez y decisión ante cualquier cuestión. La organización del partido y sus miembros están obligados a mantener la disciplina del partido sin vacilaciones ni titubeos.

El partido en su conjunto ha aplicado correctamente la cuestión del frente único y del gobierno obrero. Algunos errores, como la concepción del camarada Votava de que en esta cuestión del gobierno obrero se trata de una combinación puramente parlamentaria, la dirección del partido los ha rechazado con razón. El partido debe tener presente que el gobierno obrero en Checoslovaquia solo será posible cuando consiga, mediante una agitación de gran alcance, convencer a grandes masas de obreros nacionalsocialistas, socialdemócratas e indiferentes de la necesidad de romper con la burguesía,134 y separar de la burguesía a sectores del campesinado y de las capas de la pequeña burguesía urbana que sufren la carestía, para incorporarlos al frente anticapitalista. Para conseguirlo, el partido tiene que estar a la altura en los conflictos sociales: con su actuación decidida, con la extensión de los conflictos cuando las circunstancias lo permitan, debe dar a las masas el sentimiento de que el PCCh es el centro de los esfuerzos de frente único de todos los elementos anticapitalistas, de que está dispuesto a modificar, en la lucha de masas, la correlación de fuerzas en Checoslovaquia en favor de las capas trabajadoras.

Para que el gobierno obrero pueda surgir y mantenerse, el partido debe poner en tensión todas sus fuerzas para agrupar en sindicatos fuertes a los obreros expulsados de los sindicatos de Ámsterdam; debe ganar para los intereses de la clase obrera al menos a una parte de los proletarios y campesinos de uniforme, y conjurar así el peligro del surgimiento del fascismo, de la opresión de la clase obrera por la violencia armada de la burguesía. Por eso, la propaganda y la lucha por el gobierno obrero deben llevarse siempre en relación con la propaganda y la lucha por órganos proletarios de masas (comités de defensa, comités de control, consejos de fábrica), del mismo modo que es necesario plantear constantemente ante las grandes masas el programa del gobierno obrero (traslado de los gastos del Estado a los poseedores, control de la producción por los órganos de los trabajadores, armamento de los trabajadores) para mostrar la diferencia entre la coalición burguesa y socialdemócrata y el gobierno obrero que se apoya en los órganos obreros.

En este trabajo deben colaborar todos los miembros del partido. No las quejas, no la difusión de acusaciones falsas, no la siembra de desconfianza contra la dirección del partido, sino la crítica objetiva de sus deficiencias y el trabajo positivo diario para superarlas harán del partido un partido comunista apto para el combate, que estará a la altura de las grandes tareas ante las que lo pondrá el desarrollo de los acontecimientos en Checoslovaquia.

Resolución sobre la ayuda proletaria a la Rusia soviética (5 de diciembre de 1922)

  1. En la conservación y el fortalecimiento de la Rusia soviética están interesados los obreros de todos los países, sin distinción de su posición política y sindical. Junto al sentimiento de solidaridad proletaria profundamente arraigado, ha sido sobre todo esta comprensión la que ha llevado a todos los partidos obreros a apoyar la acción de socorro a los hambrientos de la Rusia soviética y ha movido a millones de trabajadores de todos los países a los mayores sacrificios. Con el apoyo de la acción de socorro proletaria, que llegó a ser la acción de solidaridad internacional más poderosa y duradera desde que existe el movimiento obrero, la Rusia soviética ha superado los días más duros del hambre y ha vencido al hambre.135

Pero ya durante la acción de socorro contra el hambre, amplios sectores de las organizaciones obreras que prestaban ayuda comprendieron que con una ayuda alimentaria aislada no se ayuda a la Rusia soviética. La guerra económica de los Estados imperialistas contra la Rusia soviética continúa. El bloqueo de mercancías persiste en forma de denegación de créditos, y en todos los casos en que grupos capitalistas entran en relaciones de negocios con la Rusia soviética lo hacen con el fin de embolsarse ganancias en Rusia y con la tendencia a explotar a la Rusia soviética.

Como en todos los demás conflictos de la Rusia soviética con sus enemigos imperialistas, los obreros de todos los países tienen el deber de intervenir también en la guerra económica en favor de la Rusia soviética y contra sus enemigos imperialistas, y de apoyar a la Rusia soviética eficaz y prácticamente por todos los medios, incluido el de la ayuda económica.

  1. El mejor apoyo a la Rusia soviética en la guerra económica es la lucha política revolucionaria de los obreros y la presión creciente sobre el gobierno de cada país con la exigencia del reconocimiento del gobierno soviético y del establecimiento de relaciones comerciales favorables con la Rusia soviética. Pero, dada la importancia de la Rusia soviética para todos los trabajadores, hay que movilizar en su apoyo, además de la fuerza política, el máximo de la fuerza económica del proletariado mundial.

Cada fábrica y cada taller que la Rusia soviética pone en marcha sin créditos capitalistas, con el apoyo de los obreros, es una ayuda eficaz a la Rusia soviética en la lucha contra la política imperialista de rapiña, y todo fortalecimiento de la Rusia soviética, primer Estado obrero del mundo, fortalece al proletariado internacional en la lucha contra su enemigo de clase, la burguesía.

Por eso el IV Congreso de la Internacional Comunista declara deber de todos los partidos y organizaciones obreras, y ante todo de los comunistas, apoyar inmediata y prácticamente a la Rusia soviética en la reconstrucción de su economía, junto a la lucha política revolucionaria, mediante una acción de ayuda económica sostenida por las más amplias masas.

  1. La tarea más importante de la ayuda económica proletaria fuera de la Rusia soviética consiste en reunir medios que permitan comprar para la Rusia soviética máquinas, materias primas, herramientas, etc. Además de los métodos practicados hasta ahora —colectas, donaciones, organización de actos especiales, etc.—, entra aquí en consideración la participación de los grupos del partido, de los sindicatos, de las cooperativas y de amplios círculos obreros en el empréstito obrero para la Rusia soviética.

La propaganda de la ayuda económica proletaria ofrece al mismo tiempo la ocasión de desplegar la mejor agitación en favor de la Rusia soviética. Por eso debe llevarse a cabo en el más estrecho contacto con las secciones de cada país.

Como la cuestión del apoyo económico a la Rusia soviética es una cuestión de importancia general para toda la clase obrera, es necesario crear, para organizar y dirigir esta acción, comités de delegados de las más diversas organizaciones obreras, semejantes a los comités obreros de socorro a los hambrientos de Rusia, o sociedades especiales. Estos comités o sociedades tienen la tarea de interesar y ganar para la ayuda económica a los más amplios círculos obreros.

Están sometidos al control de la Internacional Comunista.

  1. El empleo de los medios reunidos por los comités y sociedades debe hacerse en la más estrecha vinculación con los organismos económicos rusos existentes, sean del Estado o de las organizaciones obreras.

  2. Una inmigración masiva de obreros extranjeros a Rusia no supone, en la fase actual de la vida económica, una ayuda, sino un estorbo para la reconstrucción de Rusia, y no debe fomentarse en ningún caso. En la inmigración de obreros extranjeros a Rusia hay que limitarse a obreros especializados sueltos que hagan falta con urgencia en las empresas. Pero aun en esos casos aislados la mediación solo debe realizarse previo acuerdo y consentimiento de los sindicatos rusos.

  3. La ayuda económica proletaria debe unir armónicamente la aspiración al objetivo ideal de concentrar la solidaridad obrera internacional en la ayuda al primer Estado proletario del mundo con la búsqueda de resultados económicos tangibles.

  4. Conforme a los principios de la cooperación y de la gestión económica socialistas, el excedente obtenido solo podrá emplearse para ampliar el campo de actividad.

Resolución sobre la cuestión yugoslava (5 de diciembre de 1922)

El Partido Comunista de Yugoslavia se formó definitivamente a partir de los antiguos partidos socialdemócratas de las provincias que hoy componen el país, de tal modo que los elementos de derecha y, más tarde, también los centristas fueron apartados del partido, y el partido se adhirió a la Internacional Comunista (Congreso de Vukovar, 1920).136 La efervescencia revolucionaria general que reinaba entonces en Europa central (avance del Ejército Rojo sobre Varsovia, ocupación de las fábricas metalúrgicas en Italia), así como el movimiento huelguístico que estalló con fuerza elemental en Yugoslavia, contribuyeron al crecimiento del Partido Comunista, que en poco tiempo se desarrolló hasta convertirse en un partido de masas que ejercía una influencia considerable sobre las grandes masas de obreros y campesinos. Así lo demuestran los resultados de las elecciones municipales, en las que el partido conquistó muchos ayuntamientos (entre ellos el de Belgrado), y, más tarde, el resultado de las elecciones a la Asamblea Constituyente, a la que el partido pudo enviar 59 diputados. Precisamente este amenazador aumento de la influencia del Partido Comunista inquietó a la oligarquía militar y bancaria dominante y la llevó a emprender una lucha sistemática de exterminio contra el movimiento comunista. Tras aplastar por la fuerza la huelga general de los obreros del transporte (abril de 1920), echó a los concejales comunistas de la ciudad de Zagreb (junio), suspendió el ayuntamiento comunista de la ciudad de Belgrado (agosto) y el 29 de diciembre disolvió por decreto todas las organizaciones comunistas y sindicales, suprimió la prensa comunista y entregó los locales y las instalaciones del partido a los socialpatriotas.137 En junio, mediante la ley de defensa del Estado y del orden, el Partido Comunista fue declarado fuera de la ley y expulsado de su último refugio, el Parlamento y los ayuntamientos.138

Además de las causas objetivas, que tienen su raíz en la situación general del país, la destrucción del Partido Comunista de Yugoslavia se debe en buena medida a su debilidad interna, pues los miembros del partido no tenían ni una organización desarrollada y cohesionada en proporción a su crecimiento externo ni una consciencia comunista suficiente. El partido no tuvo tiempo de culminar su desarrollo en sentido comunista. Sin embargo, hoy está claro que la dirección del partido cometió errores y equivocaciones muy graves, que se deben a su falsa concepción de los métodos de lucha de la Internacional Comunista. Estos errores y equivocaciones facilitaron la tarea del gobierno contrarrevolucionario. Mientras las masas obreras manifestaban su energía revolucionaria y su voluntad revolucionaria mediante una serie de huelgas formidables, el partido mostró una iniciativa revolucionaria muy débil. Así ocurrió que en 1920 la policía prohibió las manifestaciones del Primero de Mayo en Belgrado y la dirección del partido ni siquiera intentó animar a las masas a una manifestación de protesta. Lo mismo se repitió al año siguiente. Tampoco emprendió el partido ninguna acción de masas en defensa de los concejales de la ciudad de Zagreb, echados por la fuerza, y no hizo nada cuando se arrebató a los comunistas, del modo más brutal, el ayuntamiento de la ciudad de Belgrado. Su pasividad animó al gobierno a llegar hasta el extremo. En efecto, el gobierno se aprovechó de la huelga de los mineros de finales de diciembre para proceder a la disolución del partido y de los sindicatos. En este momento trascendental, el partido, que en las elecciones había obtenido unos 210 000 votos y enviado 59 diputados al Parlamento, volvió a responder sin ninguna acción de masas. La pasividad del partido frente a los brutales golpes de la reacción nacía de su insuficiente orientación comunista. No se había liberado todavía por completo de la vieja concepción socialdemócrata. En su momento, el partido se adhirió con entusiasmo a la Internacional Comunista, lo que demostraba que las masas estaban dispuestas a la lucha; pero la dirección del partido sentía cierto malestar en el nuevo camino. Así, por ejemplo, no se atrevió a publicar las 21 condiciones votadas por el II Congreso Mundial, como tampoco publicó las tesis sobre el parlamentarismo revolucionario. Con ello dejó al partido y a las masas que lo seguían en completa ignorancia de todo lo que la Internacional Comunista exige a los distintos partidos para que se conviertan en verdaderos partidos comunistas. La dirección del partido, por su parte, no dio ningún paso serio para preparar al partido y a las masas para la lucha contra la reacción que amenazaba, en cualesquiera circunstancias; había concentrado su atención ante todo en los éxitos electorales del partido y se guardaba muy bien de mostrar a los elementos pequeñoburgueses la naturaleza del Partido Comunista y de sus métodos de lucha, para no ahuyentarlos. Y mientras la oligarquía bancaria y militar de Belgrado se preparaba para una lucha decisiva, violenta y desenfrenada contra el movimiento obrero revolucionario, el Partido Comunista de Yugoslavia concentró la atención y las fuerzas del partido en una posición de menor importancia, como es el parlamentarismo, y dejó la retaguardia del partido desorganizada y sin cobertura. Ese fue su error fundamental.

Bajo el terror blanco, el partido se mostró impotente e incapaz de defenderse. No tenía un aparato ilegal que le permitiera trabajar en las nuevas condiciones y mantener su relación con las masas; hasta la disolución del grupo parlamentario, solo los diputados comunistas servían de enlace entre el centro y las provincias. Después se interrumpió también esa relación. Tras la detención de los camaradas dirigentes, tanto en el centro como en las provincias, el movimiento quedó descabezado. Así, el partido dejó de existir de pronto, por decirlo así. Las organizaciones locales del partido corrieron la misma suerte, de modo que surgió el peligro de que los obreros, abandonados a sí mismos, se dispersaran. Los socialdemócratas, apoyados por la policía, se esforzaron por aprovechar esta situación favorable, aunque sin especial éxito.

Bajo el dominio del terror, la dirección del partido se orientó lentamente hacia las formas de organización y los métodos de lucha que dictaban las nuevas condiciones. Permaneció mucho tiempo pasiva, esperando que este régimen se desgastara pronto sin la intervención activa de las masas proletarias, y contaba exclusivamente con los antagonismos y las luchas en el seno de las clases y partidos dominantes. Solo cuando la esperanza de que los comunistas llevados ante los tribunales fueran absueltos y, más tarde, indultados por el gobierno con motivo de la boda del rey resultó ser una simple ilusión, la dirección del partido emprendió la reorganización del partido para devolverlo a la vida.139 Hasta julio de 1922 no se reunió por primera vez el pleno del partido en Viena en sesión ampliada. La Conferencia de Viena, como primer intento de reconstruir el partido, debe saludarse con calurosa alegría, pese a los errores cometidos, desde el punto de vista de los estatutos del partido, en la composición de esta conferencia. Las condiciones en que se encontraba el país y los cambios producidos en el curso de año y medio por las detenciones o la traición de algunos de sus miembros y por su pasividad no permitían siquiera creer que fuera posible reunir un pleno con quórum que pudiera considerarse una representación suficiente del partido. Por eso el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista obró correctamente al reconocer al pleno ampliado la competencia para representar al Partido Comunista de Yugoslavia y al confirmar sus resoluciones, aunque con algunas modificaciones en cuanto a la composición del Comité Central recién elegido, por lo demás plenamente oportunas. Por la misma razón, en el intento de algunos camaradas yugoslavos de abandonar la conferencia al decimosexto día y romper así con ella debemos ver, pese a sus intenciones sinceras, una acción objetivamente perjudicial para el partido, y debemos condenarla como tal.

Las decisiones de la Conferencia de Viena sobre la situación general en Yugoslavia y las tareas inmediatas del Partido Comunista, sobre el movimiento sindical, la reorganización del partido y las resoluciones de la III Conferencia Comunista Balcánica, que el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista ha confirmado sin cambios, no reflejan ninguna discrepancia esencial entre los representantes de la mencionada mayoría y de la mencionada minoría del partido. Esta unanimidad en las cuestiones más importantes del partido es una prueba convincente de que no hay motivo alguno para dividir el partido yugoslavo en fracciones con el nombre de mayoría y minoría, y de que la escisión producida en las capas dirigentes en la Conferencia de Viena se debió exclusivamente a diferencias de opinión de carácter personal. En el momento de su renacimiento, el partido yugoslavo debe ser tratado como un partido de estricta unidad.

Al mismo tiempo, sin embargo, es absolutamente necesario que conserve su unidad también en el futuro. Nada sería tan funesto para el partido y para el movimiento revolucionario en Yugoslavia como una escisión fraccional del partido frente a la reacción capitalista y socialdemócrata que hace estragos en el país. Por eso la nueva dirección del partido tiene el deber ineludible de hacer todo lo posible y dar todos los pasos necesarios para calmar los ánimos inquietos en el partido, eliminar la desconfianza personal, restablecer la confianza indispensable en el partido y reunir en torno a la bandera del partido a todos los combatientes que se han mantenido en pie en la tormenta contrarrevolucionaria. Sirven de medios para alcanzar este objetivo, por una parte, la aplicación de la decisión de la Conferencia de Viena sobre la depuración del partido de los elementos comprometidos y, por otra, la incorporación a los trabajos de responsabilidad de los camaradas activos de la minoría de la Conferencia de Viena. En este sentido, el partido yugoslavo podría encontrar un valioso apoyo en la Federación Comunista Balcánica; pero para ello es necesario que los demás partidos comunistas de los Balcanes envíen sin demora a sus representantes al Comité Ejecutivo balcánico.140 En la reconstrucción y la consolidación interna del partido yugoslavo, este tiene asegurado también el apoyo de la Internacional Comunista, cuyo Ejecutivo debe mantener una relación estrecha con la dirección del partido, en mayor medida que en el pasado. Pero el futuro del partido está ante todo en manos de los camaradas que han permanecido sanos política y moralmente. Enriquecidos por las duras experiencias del pasado reciente, unidos por la organización y por la fe ardiente en la victoria de la revolución internacional, lograrán reunir y unir a los elementos proletarios dispersos y sin dirección, y organizar y reforzar la sección yugoslava de la Internacional Comunista.

El Congreso encarga al Ejecutivo de la Internacional Comunista que tome las medidas organizativas que exijan las circunstancias.

Resolución sobre la cuestión noruega (5 de diciembre de 1922)

Visto el informe de la comisión, el Congreso decide:

  1. Llamar la atención del Comité Central del partido hermano noruego sobre la necesidad de cumplir con mayor exactitud todas las decisiones de la Internacional, tanto las de sus congresos como las de sus órganos ejecutivos. En los órganos del partido, así como en las resoluciones y decisiones de sus instancias dirigentes, no puede caber duda alguna sobre la legitimidad de la intervención de la Internacional en los asuntos internos de las secciones nacionales.

  2. El Congreso exige que la reorganización del partido sobre la base de la afiliación individual se lleve a cabo, a más tardar, en el plazo de un año a partir del próximo congreso nacional del partido.141 Sobre las medidas prácticas y los resultados en este terreno deberá informarse periódicamente al Ejecutivo, no menos de una vez cada dos meses.

  3. En cuanto al contenido de la prensa, el partido está obligado a aplicar inmediatamente las decisiones de los anteriores congresos mundiales y las directivas recibidas en la carta del Ejecutivo del 23 de septiembre de este año. Los nombres socialdemócratas de los periódicos del partido deberán cambiarse en el plazo de tres meses, contados a partir del día de clausura del Congreso de la Internacional Comunista.142

  4. El Congreso confirma que es correcta la posición del Ejecutivo, que ha señalado los errores parlamentarios de los representantes del partido. El Congreso considera que los parlamentarios comunistas están, desde luego, sometidos al control del partido y a la crítica de la prensa del partido. Pero esa crítica debe ser siempre objetiva y fraternal.

  5. El Congreso considera admisible y necesario, en la lucha contra el conjunto de la burguesía, aprovechar los antagonismos entre las distintas capas de la burguesía noruega, en particular los antagonismos entre el gran capital y los agrarios, por un lado, y el campesinado, por otro. La lucha por ganarse al campesinado debe ser una de las tareas principales del partido proletario de Noruega.

  6. El Congreso confirma una vez más que el grupo parlamentario, así como los órganos de la prensa del partido, deben estar subordinados por entero y sin reservas al Comité Central del partido.

  7. El grupo «Mot Dag», que es una asociación cerrada, queda disuelto.143 La existencia de un grupo de estudiantes comunistas abierto a todo estudiante comunista y sometido al pleno control de la dirección central es, desde luego, perfectamente admisible. La revista «Mot Dag» pasará a ser órgano del partido con la condición de que su redacción la designe el Comité Central del NAP de acuerdo con el Ejecutivo de la IC.

  8. El Congreso admite la apelación del camarada H. Olsen y, puesto que es un viejo y leal militante del partido, obrero y funcionario del partido siempre muy activo, le restituye sus derechos de miembro del partido, pero declara expresamente que su conducta en el congreso del sindicato metalúrgico fue incorrecta.144

  9. El Congreso decide expulsar a Karl Johansen de las filas de la Internacional Comunista y del Partido Obrero Noruego.

  10. Con el fin de establecer una mejor relación entre el partido noruego y el Ejecutivo y de superar los conflictos con el menor roce posible, el Congreso encarga al futuro Ejecutivo que envíe a sus representantes plenipotenciarios al próximo congreso del partido.

  11. El Congreso encarga al Ejecutivo que redacte una carta que explique la presente resolución.

  12. La presente resolución y la carta del Ejecutivo se publicarán en todos los órganos de la prensa del partido y se darán a conocer a todas las organizaciones del partido antes de la elección de los delegados al próximo congreso del partido.

Resolución sobre el terror en Irlanda (5 de diciembre de 1922)

El IV Congreso de la Internacional Comunista protesta con la mayor energía contra la ejecución de cinco nacionalistas revolucionarios por el Estado Libre de Irlanda el 25 de noviembre.145 Llama la atención de todos los obreros y campesinos del mundo sobre este bestial exceso de un terror extendido y salvaje en Irlanda. Más de seis mil audaces combatientes contra el imperialismo británico han sido ya arrojados a la cárcel y entregados a condiciones espantosas; muchas mujeres se han visto obligadas en la cárcel a la huelga de hambre, y en estos cinco meses de lucha contra el terror, que han producido ejemplos de horrores como nunca los cometieron los Black and Tans, los fascistas de Italia o los bandidos de los trusts norteamericanos,146 se cuentan ya 1.800 bajas. El Estado Libre ha empleado sin vacilar la artillería y las municiones, los fusiles y las bombas que puso a su disposición el gobierno inglés; ha empleado incluso aviones con ametralladoras que escupen muerte contra revolucionarios desarmados y armados, y lo ha coronado todo con la ejecución de los cinco revolucionarios, solo porque tenían armas en su poder. Este fusilamiento desesperado de prisioneros es el resultado directo de la bancarrota confesada del Estado Libre y su último recurso para quebrar la resistencia de las masas irlandesas que luchan contra su esclavización por el Imperio británico. La represión de los republicanos solo puede desembocar en un gobierno imperialista y terrorista afianzado, un gobierno que no vacilará un instante en emplear las mismas armas brutales contra el movimiento obrero irlandés en cuanto este dé las primeras señales de su marcha hacia el poder o hacia mejores condiciones. Siendo este un hecho indiscutible, la actuación de la mayoría del Partido Laborista bajo la dirección de Johnson, que aprobó la ejecución, constituye una traición como ni siquiera estos traidores a la clase obrera habían cometido todavía.147 Esto resulta especialmente claro por el hecho de que incluso el órgano capitalista irlandés más reaccionario, el que en 1916 pidió la sangre de Connolly, lamenta esta actuación del gobierno. La Internacional Comunista pone en guardia a la clase obrera de Irlanda contra esta traición a los ideales de Connolly y de Larkin,148 y señala a los obreros y campesinos irlandeses que la única posibilidad de escapar al terrorismo del Estado Libre y a la opresión imperialista está en una lucha organizada y coordinada en el terreno político, económico y militar. La lucha armada sola, sin el complemento y el apoyo de acciones económicas y políticas, acabará en fracaso. Para alcanzar el éxito hay que movilizar a las masas contra el Estado Libre, y esto solo puede hacerse sobre la base del programa social del Partido Comunista de Irlanda.

La Internacional Comunista envía su saludo fraternal a los nacionalistas revolucionarios irlandeses en lucha y expresa su convicción de que pronto tomarán la senda de la verdadera libertad, el camino del comunismo. La Internacional Comunista apoyará todos los esfuerzos encaminados a llevar la lucha contra este terror y a ayudar a los obreros y campesinos irlandeses a vencer.

¡Viva la lucha nacional irlandesa por la independencia!

¡Viva la república obrera irlandesa!

¡Viva la Internacional Comunista!

Resolución sobre la Revolución rusa (5 de diciembre de 1922)

El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista expresa al pueblo trabajador de la Rusia soviética su más profundo agradecimiento y su mayor admiración porque en la lucha revolucionaria no solo ha conquistado el poder del Estado y establecido la dictadura del proletariado, sino que ha defendido victoriosamente hasta hoy las conquistas de la revolución contra todos los enemigos interiores y exteriores. Con ello ha adquirido un mérito inmortal para la emancipación de los explotados y de los oprimidos de todos los países.

El IV Congreso Mundial comprueba con la mayor satisfacción que el primer Estado obrero del mundo, creado por la revolución proletaria, ha demostrado plenamente su fuerza vital y su capacidad de desarrollo en los cinco años de su existencia, pese a dificultades y peligros acumulados y extraordinarios. El Estado soviético ha salido fortalecido de los horrores de la guerra civil. Gracias al heroísmo sin igual del Ejército Rojo, ha aplastado en todos los frentes la contrarrevolución militar equipada y sostenida por la burguesía mundial. En el terreno político, ha rechazado todos los intentos de los Estados capitalistas de obligarle, mediante artimañas diplomáticas y poder económico, a renunciar al contenido proletario, al objetivo comunista de la revolución: a reconocer el derecho de propiedad privada sobre los medios sociales de producción y a renunciar a la nacionalización de la industria. Ha defendido inquebrantablemente, frente a la acometida de la burguesía mundial, la condición fundamental de la emancipación proletaria: la propiedad social de los medios de producción. Ha preservado a los obreros y campesinos de la república soviética de verse rebajados, mediante la asunción de una enorme carga de deuda nacional, a la condición de siervos coloniales de los capitalistas de toda clase de países.149

El IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista comprueba que la Rusia soviética, el Estado proletario, desde que ya no se ve obligada a defender su existencia por la fuerza de las armas, ha emprendido con una energía sin precedentes la construcción y el desarrollo de la economía de la república, con la mirada fija en la transformación hacia el comunismo. Las distintas etapas y medidas hacia ese fin, el periodo de transición de la llamada Nueva Política,150 son efectos, por una parte, de las particulares condiciones históricas objetivas y subjetivas dadas en Rusia y, por otra, del lento ritmo de desarrollo de la revolución mundial y del aislamiento de la república de los consejos en medio de Estados capitalistas. Pese a las enormes dificultades que de ello resultan, el Estado obrero puede registrar progresos decididos en la construcción económica.

Así como los proletarios rusos pagaron por los obreros del mundo entero el más alto precio de aprendizaje en la conquista y la defensa del poder político y en el establecimiento de la dictadura proletaria, son también ellos quienes, buscando y ensayando, con duros sacrificios, tienen que enfrentarse a los problemas y tareas del periodo de transición del capitalismo al comunismo. La Rusia soviética es y seguirá siendo el más rico yacimiento de conocimiento histórico revolucionario para el proletariado mundial.

El IV Congreso Mundial comprueba con satisfacción que la política de la Rusia soviética ha asegurado y consolidado la condición previa más importante para la construcción de la sociedad comunista y el desarrollo hacia ella, a saber: el poder soviético, el régimen soviético, es decir, la dictadura del proletariado. Porque solo esta dictadura aplasta todas las resistencias burguesas y capitalistas a la plena emancipación de los obreros y garantiza así la superación completa del capitalismo y el camino libre para la realización del comunismo.

El IV Congreso Mundial comprueba además la parte decisiva y gloriosa que corresponde a la actitud clara y audaz del Partido Comunista de Rusia, como partido de clase dirigente del proletariado, en que este, apoyado por los campesinos, haya podido conquistar y mantener el poder del Estado. La cohesión ideológica y organizativa y la fuerte disciplina del partido han dado a las masas seguridad revolucionaria en el objetivo y en el camino, han encendido su resolución y su espíritu de sacrificio hasta el heroísmo más alto y abnegado, y han creado un vínculo orgánico indestructible entre la dirección y la actividad de las masas.

El IV Congreso Mundial recuerda a los proletarios de todos los países que la revolución proletaria nunca puede vencer por completo dentro de un solo país, sino que debe vencer internacionalmente, como revolución mundial. El trabajo y la lucha de la Rusia soviética por su existencia, por las conquistas de la revolución, son la lucha por liberar de las cadenas y de la servidumbre a los proletarios, a los oprimidos y explotados del mundo entero. Los proletarios rusos han cumplido con creces su deber como combatientes de vanguardia revolucionarios del proletariado mundial. El proletariado mundial debe cumplir por fin el suyo. En todos los países los obreros, los desposeídos y los esclavizados deben manifestar a la Rusia soviética la solidaridad más activa en el terreno moral, económico y político. No solo la solidaridad internacional, sino su propio interés exige que para ello emprendan la lucha más dura contra la burguesía y el Estado capitalista. Su consigna en cada país debe ser: ¡Manos fuera de la Rusia soviética! ¡Reconocimiento jurídico de la Rusia soviética! ¡Apoyo activo de toda clase a la construcción económica de la Rusia soviética! Todo fortalecimiento de la Rusia soviética significa un debilitamiento de la burguesía mundial. Los cinco años de existencia de la Rusia soviética son el golpe más duro e irreparable que ha recibido hasta ahora el capitalismo mundial.

El IV Congreso Mundial llama a los proletarios de todos los países todavía capitalistas a que, animados por el ejemplo de la Rusia soviética, se dispongan a asestar el golpe de muerte al capitalismo y a movilizar toda su fuerza por la revolución mundial.

Resolución política sobre la cuestión francesa (2 de diciembre de 1922)

La crisis del partido y el papel de las fracciones

El IV Congreso de la Internacional Comunista hace constar que la evolución del Partido Comunista de Francia del socialismo parlamentario al comunismo revolucionario avanza con extraordinaria lentitud, lo que en modo alguno se explica solo por las condiciones objetivas, la tradición, la psicología nacional del obrero, etc., sino ante todo por la resistencia directa, y a ratos extraordinariamente tenaz, de elementos no comunistas que todavía son muy fuertes en la capa superior del partido y, en particular, en la fracción del centro, que desde Tours151 ha tenido principalmente en sus manos la dirección del partido.

La causa principal de la aguda crisis actual del partido está en la política indecisa, vacilante y expectante de los elementos dirigentes del centro, que ante las necesidades inaplazables de las organizaciones del partido tratan de ganar tiempo y crean así una tapadera para la política de sabotaje directo en las cuestiones del movimiento sindical, del frente único, de la organización del partido, etc. El tiempo que los elementos dirigentes del centro ganaron de este modo fue tiempo perdido para el desarrollo revolucionario del proletariado francés.

El Congreso encarga al Ejecutivo seguir con toda atención la vida interna del Partido Comunista de Francia para, apoyándose en su mayoría proletaria, indudablemente revolucionaria, liberarlo de la influencia de los elementos que han provocado la crisis y no dejan de agravarla.

El Congreso no admite ni siquiera la idea de una escisión, pues la situación del partido no la exige en modo alguno. La aplastante mayoría de sus miembros es sincera y profundamente fiel a la causa del comunismo. Solo la falta de claridad sobre las doctrinas del partido y de confianza del partido en sí mismo ha permitido a sus elementos conservadores, centristas y semicentristas sembrar una gran confusión y dar lugar a fracciones. Un esfuerzo decidido y constante por exponer ante el conjunto del partido lo esencial de las cuestiones en litigio pondrá a la aplastante mayoría de los miembros del partido, y ante todo a su base proletaria, en el terreno de las resoluciones del presente Congreso. En cuanto a los elementos que pertenecen al partido, pero que a la vez están atados por todo su modo de pensar y de vivir a los usos y costumbres de la sociedad burguesa y no pueden ni comprender la política verdaderamente proletaria ni someterse a la disciplina revolucionaria, la depuración de tales elementos es condición previa necesaria para el saneamiento, la consolidación y la capacidad de acción del partido.

La vanguardia comunista de la clase obrera necesita, desde luego, a aquellos intelectuales que aportan a la organización sus conocimientos teóricos y sus aptitudes de agitadores o de escritores; pero la condición previa es que estos elementos hayan roto completa y definitivamente con los usos y costumbres del medio burgués, hayan quemado todos los puentes con el campo del que proceden, no reclamen para sí excepciones ni privilegios de ninguna clase y se sometan a la disciplina del partido igual que los simples combatientes.

Los intelectuales, tan numerosos en Francia, que pertenecen al partido como aficionados o como gente que quiere hacer carrera no solo causan al partido el mayor de los daños, sino que además deforman su rostro revolucionario, lo comprometen ante las masas proletarias y le impiden ganarse la confianza de la clase obrera. El partido debe depurarse a toda costa de tales elementos y cerrarles en adelante sus puertas. El mejor camino para ello es una nueva inscripción de los miembros del partido a cargo de una comisión especial de obreros intachables desde el punto de vista de la moral comunista.

El Congreso hace constar que el intento del Ejecutivo de atenuar los efectos de la crisis en el terreno de la organización, formando los órganos dirigentes según el principio de paridad con las dos tendencias principales, el centro y la izquierda, fue frustrado por el centro bajo la influencia indudable de elementos sumamente conservadores, que, cada vez que el centro se enfrenta a la izquierda, adquieren dentro del centro un predominio inevitable.

El Congreso considera necesario dejar claro a todos los miembros del Partido Comunista de Francia que los esfuerzos del Ejecutivo dirigidos a lograr un acuerdo provisional entre las fracciones principales tenían el fin de facilitar el trabajo del Congreso de París152, pero no suponían en modo alguno una intromisión en los derechos indiscutibles del congreso como órgano supremo del Partido Comunista de Francia.

El Congreso considera necesario hacer constar que la izquierda, por más que haya cometido tal o cual error aislado, se esforzó en lo principal, tanto antes del Congreso de París como durante él, por aplicar la política de la Internacional Comunista y adoptó una posición justa en las cuestiones más importantes del movimiento revolucionario —en las cuestiones del frente único y en la cuestión sindical—, en contraste con la posición del centro y del grupo del camarada Renoult153.

El Congreso exhorta encarecidamente a todos los elementos verdaderamente revolucionarios, verdaderamente proletarios, de la fracción del centro, que forman en ella la mayoría indudable, a poner fin a la oposición de los elementos conservadores y a unirse con la izquierda para el trabajo en común. Lo mismo vale para la fracción que notoriamente ocupa el tercer lugar, la cual libra contra la política del frente único una lucha especialmente encarnizada y a todas luces errónea.

El ala de extrema izquierda

La Federación del Sena154, al liquidar el carácter federalista de su organización, rechazó la posición evidentemente falsa de la llamada ala de extrema izquierda. Esta, sin embargo, en la persona de los camaradas Heine y Lavergne, consideró admisible dar al ciudadano Delplanque un mandato imperativo que obligaba al ciudadano Delplanque a abstenerse en todas las cuestiones y a no asumir compromiso alguno. Semejante proceder de los citados representantes del ala de extrema izquierda demuestra que no han comprendido lo más mínimo el sentido y la esencia de la Internacional Comunista. Los principios del centralismo democrático que son la base de nuestra organización excluyen por completo la posibilidad del mandato imperativo, ya se trate de congresos parciales o de congresos nacionales o internacionales. Los congresos solo tienen sentido en la medida en que las decisiones colectivas de las organizaciones —locales, nacionales o internacionales— se elaboran en el libre intercambio de opiniones y por libre resolución de todos los delegados. Está claro que los debates y el intercambio de experiencias y argumentos en los congresos perderían todo sentido si los delegados estuvieran atados de antemano por sus mandatos.

La violación de los principios fundamentales de organización de la Internacional se agrava en este caso por la negativa de este grupo a asumir compromiso alguno con la Internacional, como si el mero hecho de pertenecer a la Internacional no impusiera ya a todos sus miembros el deber de una disciplina incondicional y de aplicar todas las resoluciones adoptadas. El Congreso pide al Comité Central de nuestro partido francés que investigue sobre el terreno todo este incidente y saque todas las consecuencias políticas y organizativas que de él se deriven.

La cuestión sindical

Las resoluciones adoptadas por el Congreso en la cuestión sindical contienen ciertas concesiones organizativas y formales destinadas a facilitar al partido el acercamiento a las organizaciones sindicales o a las masas sindicadas, en tanto que estas no se sitúen todavía en el punto de vista comunista. Pero sería tergiversar por completo el sentido de estas resoluciones querer interpretarlas como aprobación de una política de renuncia en el terreno sindical. Esta política era la dominante en el partido y todavía hoy la propagan numerosos miembros. Las tendencias que en esta cuestión representa Ernest Lafont155 están en contradicción total e irreconciliable con las tareas revolucionarias de la clase obrera y con toda la concepción del comunismo. El partido no puede ni quiere tocar la autonomía de los sindicatos, pero debe desenmascarar y castigar sin piedad a aquellos de sus miembros que reclaman la autonomía para llevar a cabo en los sindicatos su propio trabajo desorganizador y anarquista. En esta cuestión de suma importancia, la Internacional tolerará, menos que en cualquier otro terreno, que se siga desviando del camino comunista, que es el único justo tanto desde el punto de vista de la teoría como desde el de la práctica internacional.

Las lecciones de la huelga de protesta contra el asesinato de El Havre

La huelga de El Havre156, pese a su carácter local, es sin duda una prueba de la creciente combatividad del proletariado francés. El gobierno capitalista respondió a la huelga asesinando a cuatro obreros, como si quisiera apresurarse a recordar al proletariado francés que solo al precio de la lucha más dura, del más alto heroísmo, de la mayor abnegación y de muchas víctimas podrá conquistar el poder y derribar la esclavitud capitalista.

Si la respuesta del proletariado francés al asesinato de El Havre fue del todo insuficiente, la responsabilidad no recae solo en la traición, convertida ya en regla, de los disidentes157 y de los sindicatos reformistas, sino también en el proceder evidentemente erróneo de la CGTU158 y del Partido Comunista. El Congreso considera necesario detenerse en esta cuestión, porque es un ejemplo elocuente de un modo radicalmente falso de tratar las cuestiones de la acción revolucionaria.

Siguiendo una separación falsa por principio de la lucha de clases del proletariado en dos terrenos supuestamente independientes entre sí —el económico y el político—, el partido tampoco esta vez mostró la menor iniciativa propia, sino que limitó su trabajo a apoyar a la CGTU, como si el asesinato de cuatro proletarios por el gobierno capitalista fuera un acto económico y no un acontecimiento político de la mayor importancia. En cuanto a la CGTU, al día siguiente del asesinato de El Havre, es decir, el domingo, bajo la presión del sindicato de la construcción de París, fijó para el martes una huelga general de protesta. Los obreros de Francia ni siquiera pudieron enterarse en todas partes del asesinato, y mucho menos del llamamiento a la huelga general.

En tales circunstancias, la huelga general estaba condenada de antemano al fracaso. Sin duda, la CGTU adaptó también esta vez su política a los elementos anarquistas, a quienes la comprensión de la acción revolucionaria y de su preparación es orgánicamente ajena, y que sustituyen la lucha revolucionaria por los llamamientos revolucionarios de sus círculos, sin preocuparse de que lo reclamado se lleve realmente a cabo. El partido, por su parte, capituló en silencio ante el paso evidentemente erróneo de la CGTU, en vez de intentar conseguir de ella, de forma amistosa pero enérgica, que aplazase la manifestación huelguística para desplegar una amplia agitación de masas.

El primer deber tanto del partido como de la CGTU ante el infame crimen de la burguesía francesa habría sido movilizar sin demora a gran número de los mejores agitadores del partido y de los sindicatos, tanto en París como en provincias, para explicar el sentido de los sucesos de El Havre incluso a los elementos más atrasados de la clase obrera y preparar a las masas populares para la protesta y la respuesta. En tal caso, el partido tenía el deber de publicar en millones de ejemplares un llamamiento a la clase obrera y al campesinado de Francia sobre la infamia de El Havre. El órgano central del partido debía plantear cada día a los socialtraidores —socialistas y sindicalistas— la pregunta: «¿Qué forma de lucha proponéis como respuesta al asesinato de El Havre?». Por su parte, el partido, junto con la CGTU, debía propagar la idea de la huelga general sin fijar de antemano su fecha ni su duración, haciéndola depender del desarrollo de la agitación y del movimiento en el país. Debió intentarse crear comités de protesta provisionales en cada empresa, barrio, ciudad y distrito. Los comunistas y los sindicalistas revolucionarios, como promotores de estos comités, debieron atraer a ellos a los miembros o representantes de las organizaciones reformistas locales.

Solo una campaña así, metódica, concentrada, amplia, intensa e infatigable, durante una semana o más, habría podido coronarse con un movimiento grande e impresionante en forma de huelga de protesta de masas, de numerosas manifestaciones callejeras, etc. El resultado duradero de una campaña así se habría manifestado en un contacto más firme con las masas, en una mayor autoridad e influencia del Partido Comunista y de la CGTU entre las masas, en su acercamiento mutuo en el terreno del trabajo revolucionario y en el acercamiento a ellos de la parte de la clase obrera que todavía hoy sigue a los reformistas.

La llamada huelga general del 1 de mayo de 1921159, que los elementos revolucionarios no supieron preparar y que los reformistas sabotearon criminalmente, marcó un punto de inflexión en la vida interna de Francia, al debilitar al proletariado y fortalecer a la burguesía. La «huelga general de protesta» de agosto de 1922 fue en el fondo una repetición tanto de la traición de la derecha como de los errores de la izquierda. La Internacional exhorta del modo más categórico a los camaradas franceses, sea cual sea la rama del movimiento proletario en que actúen, a tratar las cuestiones de la acción de masas con la máxima atención, a estudiar cuidadosamente sus condiciones y sus métodos, a someter a un examen crítico atento los errores de sus organizaciones en cada caso concreto, a preparar cuidadosamente incluso la mera posibilidad de una acción de masas mediante una agitación amplia e intensa y a poner sus consignas en consonancia con la disposición y la capacidad de las masas para la acción.

Los jefes reformistas se apoyan en sus actos de traición en los consejos, las sugerencias y las indicaciones de toda la opinión pública burguesa, a la que están indisolublemente unidos. Los sindicalistas revolucionarios, que en las organizaciones sindicales, naturalmente, solo pueden ser una minoría, cometerán tantos menos errores cuanto más atienda el partido como tal a todas las cuestiones del movimiento obrero, estudie cuidadosamente las circunstancias y la situación y, por medio de sus miembros, haga a los sindicatos tales o cuales propuestas acordes con la situación general.

La masonería, la Liga de los Derechos del Hombre y la prensa burguesa

La incompatibilidad de la masonería con el socialismo había sido reconocida por la mayoría de los partidos de la II Internacional. El Partido Socialista Italiano expulsó en 1914 a los masones de sus filas, y esta medida fue sin duda una de las causas que permitieron al partido seguir durante la guerra una política de oposición, pues los masones italianos actuaron como instrumento de la Entente en favor de la intervención.

Si el II Congreso de la Internacional Comunista no añadió a las condiciones de admisión en la Internacional un punto especial sobre la incompatibilidad del comunismo con la masonería, fue solo porque este principio ya había encontrado su lugar en una resolución especial que el Congreso aprobó por unanimidad. El hecho, salido a la luz en el IV Congreso de la Internacional Comunista, de que un número considerable de comunistas franceses pertenezca a logias masónicas es a ojos de la Internacional la prueba más clara y a la vez más lamentable de que nuestro partido francés no solo conserva la herencia psicológica de la época del reformismo, el parlamentarismo y el patriotismo, sino también vínculos muy concretos, y sumamente comprometedores para los dirigentes del partido, con las instituciones secretas, políticas y de carrerismo, de la burguesía radical.

Mientras la vanguardia comunista reúne las fuerzas del proletariado para la lucha irreconciliable contra todos los grupos y organizaciones de la sociedad burguesa y por la dictadura proletaria, toda una serie de funcionarios responsables del partido, diputados, periodistas e incluso miembros del Comité Central mantienen estrechos vínculos con las organizaciones secretas de nuestros enemigos.

Especialmente deprimente es el hecho de que ninguna de las tendencias del partido haya planteado esta cuestión después de Tours, pese a la absoluta claridad que tiene para toda la Internacional. Solo la lucha de fracciones en el interior del partido ha puesto este hecho, con todo su alcance amenazador, en conocimiento de la Internacional.

La Internacional considera necesario acabar de una vez para siempre con estos vínculos comprometedores y desmoralizadores de los dirigentes del Partido Comunista con las organizaciones políticas de la burguesía. Para el proletariado revolucionario francés debe ser cuestión de honor depurar todas sus organizaciones de clase de todos los elementos que quieren pertenecer a la vez a los dos campos en lucha:

El Congreso encarga al Comité Central del Partido Comunista de Francia que, antes del 1 de enero de 1923, rompa todo vínculo del partido con la masonería a través de determinados miembros o grupos. Todo comunista que todavía hoy pertenezca a la masonería y no haya declarado públicamente a su organización antes del 1 de enero de 1923, mediante publicación en la prensa del partido, que ha roto por completo con la masonería, queda con ello automáticamente fuera del Partido Comunista, sin derecho a ser readmitido ni en el futuro más lejano. Si alguien oculta su pertenencia a la masonería, ello debe considerarse como la infiltración de un agente enemigo en las filas del partido, y la persona en cuestión debe ser marcada como deshonrada ante todo el proletariado.

Considerando que el solo hecho de pertenecer a la masonería —ya se persiga un fin puramente material o no, se quiera hacer carrera o se busque cualquier otro fin degradante— atestigua un desarrollo extraordinariamente insuficiente de la consciencia comunista y del sentimiento de clase, el IV Congreso considera absolutamente necesario que los camaradas que hasta ahora han pertenecido a la masonería y quieren romper ahora con ella pierdan durante dos años el derecho a ocupar puestos importantes en el partido. Solo mediante un trabajo intenso por la causa de la revolución como simples combatientes podrán estos camaradas recuperar la plena confianza y el derecho a ocupar puestos importantes en el partido.

Considerando que la Liga para la Defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano160 es por su naturaleza una organización del radicalismo burgués; que utiliza sus campañas sueltas contra tal o cual «injusticia» para difundir ilusiones y prejuicios de la democracia burguesa, y que ante todo, en los casos más importantes y decisivos, por ejemplo durante la guerra, presta su pleno apoyo al capital organizado en forma de Estado, el IV Congreso de la Internacional Comunista considera la pertenencia a la Liga para la Defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano absolutamente incompatible con el nombre de comunista y contraria a los fundamentos elementales de la concepción comunista del mundo, y exhorta a todos los miembros del partido que pertenecen a la Liga a abandonar sus filas antes del 1 de enero de 1923, informando de ello a su organización y anunciando la baja en la prensa.

El IV Congreso exhorta al Comité Central del Partido Comunista de Francia a:

a) publicar sin demora un llamamiento a todo el partido que explique el sentido y el alcance de esta resolución;

b) tomar todas las medidas que se derivan de la resolución para que la depuración de la masonería en el partido y la ruptura de todo vínculo con la Liga para la Defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se lleven a cabo antes del 1 de enero de 1923 sin ninguna indulgencia ni demora. El Congreso expresa su convicción de que el Comité Central contará en esta labor de depuración y saneamiento con el apoyo de la aplastante mayoría de los miembros del partido, sea cual sea la fracción a la que pertenezcan.

El Comité Central debe elaborar listas de todos los camaradas que, en París o en provincias, aun perteneciendo al Partido Comunista e incluso desempeñando cargos diversos, algunos de ellos de responsabilidad, colaboran al mismo tiempo en la prensa burguesa. Debe exigir a estos elementos que antes del 1 de enero hagan su elección completa y definitiva entre el órgano burgués de corrupción de las masas populares y el partido revolucionario de la dictadura proletaria.

Los funcionarios del partido que hayan infringido esta norma, establecida y repetida en varias ocasiones, perderán durante un año el derecho a ocupar puestos de confianza en el partido.

Los candidatos del partido

Para dar al partido un carácter verdaderamente proletario y apartar de sus filas a los elementos que solo ven en él un paso hacia el Parlamento, los consejos municipales, los consejos generales161, etc., es preciso establecer la regla obligatoria de que las listas de candidatos del partido en las elecciones estén formadas al menos en nueve décimas partes por obreros comunistas que trabajen todavía en los talleres, en la fábrica o en el campo, y por campesinos. Los representantes de las profesiones liberales solo podrán admitirse en una medida estrictamente limitada, a saber, en no más de una décima parte del total de escaños que el partido ocupa o espera ocupar con sus miembros, debiendo regir una severidad especial en la selección de los candidatos que pertenezcan a las profesiones liberales. (Examen cuidadoso de su pasado político, de sus relaciones sociales, de su lealtad y entrega a la causa de la clase obrera por comisiones especiales compuestas de proletarios.)

Solo en tales condiciones dejarán los parlamentarios, concejales, consejeros generales y alcaldes comunistas de formar una casta profesional unida en su mayoría solo débilmente a la clase obrera, y se convertirán, en cambio, en uno de los instrumentos de la lucha revolucionaria de las masas.

El trabajo comunista en las colonias

El IV Congreso llama una vez más la atención sobre la extraordinaria importancia de un trabajo justo y sistemático del Partido Comunista en las colonias. El Congreso condena severamente la posición de la sección comunista de Sidi Bel Abbès162, que encubre con una fraseología pseudomarxista un punto de vista puramente esclavista y en el fondo apoya la dominación imperialista del capital francés sobre sus esclavos coloniales. El Congreso considera que nuestro trabajo en las colonias no debe apoyarse en elementos tan impregnados de prejuicios capitalistas y nacionalistas, sino en los mejores elementos indígenas y, en primer lugar, en la juventud proletaria indígena.

Solo la lucha más decidida del Partido Comunista de la metrópoli contra la esclavitud colonial y una lucha sistemática en las propias colonias podrán debilitar la influencia de los elementos extremadamente nacionalistas de los pueblos coloniales oprimidos sobre las masas trabajadoras, ganar la simpatía de estas por la causa del proletariado francés y quitar así al capital francés la posibilidad de utilizar, en la época del levantamiento revolucionario del proletariado, a los indígenas de las colonias como última reserva de la contrarrevolución. El IV Congreso Mundial exhorta al partido francés y a su Comité Central a dedicar a la cuestión colonial y a la propaganda en las colonias incomparablemente más atención, fuerzas y medios que hasta ahora y, en particular, a crear junto al propio Comité Central una oficina permanente para el trabajo en las colonias, con la participación de representantes de las organizaciones comunistas de indígenas.

Resolución sobre la cuestión italiana (4 de diciembre de 1922)

Ya el II y el III Congreso Mundial de la Internacional Comunista tuvieron que ocuparse detenidamente de la cuestión italiana. El IV Congreso está en condiciones de hacer cierto balance.

Al terminar la guerra mundial imperialista, la situación en Italia era objetivamente revolucionaria. A la burguesía se le habían escapado las riendas de las manos. El aparato del Estado burgués estaba desquiciado. La clase dominante se sentía insegura. El conjunto de las masas obreras estaba lleno de ira contra la guerra y en diversas partes del país se hallaba en abierta rebelión. Sectores importantes del campesinado empezaban a alzarse contra los terratenientes y contra el Estado y estaban dispuestos a apoyar a la clase obrera en la lucha revolucionaria. Los soldados estaban contra la guerra y dispuestos a aliarse con los obreros.

Las condiciones objetivas para una revolución victoriosa estaban dadas. Solo faltaba el factor subjetivo más importante: un partido obrero revolucionario resuelto, dispuesto a la lucha, consciente de sí mismo, es decir, un verdadero partido comunista que hubiera tomado con resolución la dirección de las masas.

A grandes rasgos, al terminar la guerra la situación era parecida en casi todos los países que habían participado en ella. Si en los años 1919-1920 la clase obrera no venció en países decisivos, se debe a la falta de un partido obrero revolucionario. Esto se puso de manifiesto de forma especialmente cruda en Italia, el país donde la revolución estaba a las puertas y que ahora ha caído en el abismo más profundo de la contrarrevolución.

La ocupación de las fábricas por los obreros italianos en el otoño de 1920 fue un momento decisivo en el desarrollo de la lucha de clases en Italia. Los obreros italianos empujaban instintivamente hacia una solución revolucionaria de la crisis. Pero la ausencia de un partido obrero revolucionario decidió la suerte de la clase obrera, selló su derrota en ese momento y preparó la actual victoria del fascismo. Por falta de una dirección revolucionaria, la clase obrera no se mostró, pues, lo bastante decidida para tomar el poder en sus manos en el momento culminante de su fuerza. Así es como, pasado cierto tiempo, la enemiga mortal de la clase obrera, la burguesía, en la figura de su ala más enérgica, el fascismo, ha puesto la pistola en el pecho a la clase obrera y ha instaurado la dictadura. El ejemplo italiano tiene la mayor importancia. En ninguna parte ha sido tan palpable la prueba de lo importante que es el papel histórico de un partido comunista para la revolución mundial como en Italia, donde, a falta de tal partido, el curso de la historia se ha vuelto en favor de la burguesía.

No es que en Italia no hubiera en absoluto un partido obrero en esos años decisivos: el viejo Partido Socialista era grande en número de afiliados y tenía, vista desde fuera, una fuerte influencia. Pero albergaba en su seno a los elementos reformistas, que lo paralizaban a cada paso revolucionario. Pese a la primera escisión, producida en 1912 (expulsión de la extrema derecha), y a la segunda separación, de 1914, en los años 1919-1920 seguía habiendo en el PSI un gran número de reformistas y centristas.163 En todas las situaciones decisivas, los reformistas y los centristas fueron un peso de plomo en los pies del partido. En ninguna parte se vio tan claro como en Italia que los reformistas son los verdaderos instrumentos, los más peligrosos, de la burguesía en el campo de la clase obrera. No dejan medio alguno por probar para traicionar a la clase obrera en favor de la burguesía. Traiciones como la de los reformistas durante la toma de las fábricas en 1920 abundan en la historia del reformismo, que es una cadena ininterrumpida de traiciones. Los verdaderos precursores y allanadores del camino del fascismo son, sin discusión, los reformistas. De los terribles tormentos de la clase obrera italiana son responsables, en primer lugar, las traiciones de los reformistas. Si la clase obrera italiana se encuentra ahora como de nuevo al comienzo de su marcha revolucionaria y tiene todavía por delante un camino infinitamente difícil, es porque se toleró demasiado tiempo a los reformistas en el partido italiano.

A comienzos de 1921 se produjo la ruptura de la mayoría del Partido Socialista con la Internacional Comunista. En Livorno, el centro prefirió separarse de la Internacional Comunista y de los 58 000 comunistas italianos con tal de no tener que romper con 16 000 reformistas.164 Se formaron dos partidos: el joven Partido Comunista, que emprendió con resolución y encarnizamiento la lucha contra la burguesía y sus cómplices reformistas, pero que, pese a todo su valor y a toda su entrega, era demasiado débil para llevar a la clase obrera a la victoria, y el viejo Partido Socialista, en el que ahora, después de Livorno, la influencia funesta de los reformistas se hizo aún más determinante. La clase obrera quedó dividida e indefensa. Con la ayuda de los reformistas, la burguesía se adueñó del terreno. Solo entonces comenzó la ofensiva del capital, tanto en el terreno económico como en el político. Hicieron falta casi dos años enteros de retirada y de la traición ininterrumpida y más negra de los reformistas para que también los dirigentes del centro del partido, bajo la presión de las masas, reconocieran por fin su funesto error y se declararan dispuestos a sacar las consecuencias necesarias.

Solo en octubre de 1922, en el congreso del partido celebrado en Roma, fueron expulsados los reformistas del Partido Socialista.165 Las cosas habían llegado a tal punto que los dirigentes más destacados de los reformistas se jactaban ahora abiertamente de haber logrado sabotear la revolución quedándose en el PSI y condenándolo a la inacción en todas las horas decisivas. Los reformistas pasaron abiertamente de las filas del PSI al campo de la contrarrevolución. Dejaron en las masas un sentimiento de impotencia, humillación y desengaño, y han debilitado al Partido Socialista en grado sumo, numérica y políticamente.

Estas lecciones tristes, pero ricas en contenido, de la evolución italiana deben tomarlas a pecho los obreros conscientes de todo el mundo: 1. El reformismo es el enemigo; 2. las vacilaciones y titubeos de los centristas son un peligro mortal para un partido obrero; la existencia de un partido comunista cohesionado y consciente de sí mismo es la primera condición para la lucha victoriosa del proletariado. Estos son los resultados de la tragedia italiana.

En vista de la decisión del PSI en Roma (octubre de 1922), que ha expulsado a los reformistas del partido y ha declarado su disposición a adherirse sin condiciones a la Internacional Comunista, el IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista decide:

  1. La situación general en Italia, sobre todo después de la victoria de la reacción fascista, exige imperiosamente la más rápida unificación de todas las fuerzas revolucionarias del proletariado. Los obreros italianos respirarán aliviados si, tras sus derrotas y escisiones, comienza una nueva concentración de todas las fuerzas revolucionarias.

  2. La Internacional Comunista envía su saludo fraternal a la clase obrera de Italia, tan duramente probada. Está plenamente convencida de la sincera disposición revolucionaria del PSI liberado de los reformistas y decide admitir al PSI en la Internacional Comunista.

  3. El IV Congreso Mundial considera que el cumplimiento de las 21 condiciones se da por supuesto y encarga al Ejecutivo de la Internacional Comunista que, en vista de los acontecimientos de Italia, vele con especial rigor por su observancia, con todas las consecuencias que de ello se deriven.166

  4. El IV Congreso Mundial, después de haber tomado conocimiento del discurso del diputado Vella en el congreso del partido en Roma, decide que Vella y quienes se solidaricen con su posición quedan fuera del futuro Partido Comunista de Italia; el IV Congreso Mundial encarga a la dirección central del Partido Socialista Italiano que expulse del partido a todos aquellos que pongan cualquier reserva a las 21 condiciones.167

Puesto que, según los estatutos de la Internacional Comunista, en cada país solo puede existir una sección de la Internacional Comunista, el IV Congreso Mundial decide la fusión inmediata del Partido Comunista con el Partido Socialista Italiano. El partido unificado llevará el nombre de «Partido Comunista Unificado de Italia (Sección de la Internacional Comunista)».168

  1. Para llevar a la práctica esta unificación, el IV Congreso nombra un comité de organización especial compuesto por tres miembros de cada uno de los dos partidos, que trabajarán bajo la presidencia de un miembro del Ejecutivo. Para este comité de organización fueron elegidos: por el Partido Comunista, los camaradas Tasca, Gramsci y Succimarro; por el Partido Socialista, los camaradas Serrati, Maffi y Tonetti; por el Ejecutivo, el camarada Zinóviev, con derecho del Ejecutivo a sustituirlo, si fuera necesario, por otro miembro del Ejecutivo.169 El comité debe elaborar ya en Moscú, con detalle, todas las condiciones de la unificación y dirigir en Italia su realización. La decisión última en todas las cuestiones litigiosas corresponde al Ejecutivo.

Las direcciones centrales de ambos partidos despacharán los asuntos corrientes de sus partidos hasta el congreso de unificación, pero en todo su trabajo político y en toda la preparación de la unificación estarán subordinadas al comité de organización.

  1. En las distintas empresas y grandes ciudades se formarán también inmediatamente comités de organización de este tipo, compuestos por dos camaradas del Partido Comunista de Italia y dos camaradas del Partido Socialista Italiano; el presidente lo nombrará el representante del Ejecutivo.

  2. Estos comités de organización tienen el deber, tanto en el centro como en las localidades, no solo de preparar la unificación en el plano organizativo, sino también de dirigir desde ahora las acciones políticas comunes de ambas organizaciones.

  3. Se formará además inmediatamente un comité sindical común, cuya tarea es demostrar en la Confederazione del Lavoro la traición de los de Ámsterdam y ganar la mayoría para la Internacional Sindical Roja.170 También este comité se formará con dos representantes de cada partido, bajo la presidencia de un camarada designado por el Ejecutivo de la Internacional Comunista o por el comité de organización. El comité sindical trabajará según las directivas y bajo el control del comité de organización.

  4. En las ciudades donde existan un periódico comunista y uno socialista, deberán fusionarse a más tardar el 1 de enero de 1923. La redacción del órgano central la designará para el próximo año el Ejecutivo de la Internacional Comunista.

  5. El congreso de unificación deberá celebrarse a más tardar en la primera quincena del mes de marzo de 1923. El Ejecutivo decidirá si, cuándo y en qué condiciones se celebrarán antes del congreso de unificación congresos de cada uno de los dos partidos con fines informativos y preparatorios.

  6. El Congreso decide publicar un manifiesto sobre la cuestión de la unificación, que deberá difundirse inmediatamente con las firmas de la presidencia del IV Congreso Mundial y de los delegados de ambos partidos en el IV Congreso Mundial.

  7. El Congreso recuerda a todos los camaradas italianos la necesidad de una disciplina estricta. Todos los camaradas sin excepción quedan obligados a hacer cuanto puedan para llevar a cabo la unificación lo más rápidamente posible y sin trastornos. Toda falta de disciplina es, en la situación actual, un crimen contra el proletariado italiano y contra la Internacional Comunista.

Acuerdos sobre la reorganización del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y su actividad ulterior (2 de diciembre de 1922)

Congreso Mundial

El Congreso Mundial se celebra, como hasta ahora, todos los años. La fecha la fija el Ejecutivo Ampliado. Todas las secciones adheridas tienen el deber de enviar delegados. Su número lo determina el Ejecutivo. Los gastos corren a cargo de los partidos. El número de votos de las secciones lo determina el Congreso según el número de afiliados y las condiciones políticas del país. Los mandatos imperativos no se admiten y quedan anulados de antemano, porque contradicen el espíritu de un partido proletario internacional y centralizado.

Ejecutivo

El Ejecutivo es elegido por el Congreso. Está formado por el presidente, 24 miembros y 10 suplentes. De los miembros del Ejecutivo, al menos 15 deben residir de forma permanente en Moscú.

Ejecutivo Ampliado

Por regla general, cada cuatro meses se celebra una sesión del Ejecutivo Ampliado. Esta sesión se compone del modo siguiente:

  1. De los 25 miembros del Ejecutivo,

  2. de 3 representantes más de cada uno de los partidos siguientes: Alemania, Francia, Rusia, Checoslovaquia e Italia, así como de la Internacional Juvenil y de la Profintern171,

  3. de 2 representantes de cada uno de los siguientes: Inglaterra, Polonia, América, Bulgaria y Noruega,

  4. de un representante de cada una de las demás secciones con derecho a voto.

El Presidium tiene el deber de someter a una sesión del Ejecutivo Ampliado todas las cuestiones de principio de cierta importancia que admitan aplazamiento. La primera sesión del Ejecutivo Ampliado se celebra inmediatamente después del Congreso Mundial.

Presidium

El Ejecutivo Ampliado elige en su primera sesión el Presidium, al que pertenecen, con voto consultivo, un representante de la Juventud y otro de la Profintern, y forma los siguientes departamentos:

  1. Un Departamento de Oriente, a cuyo trabajo el Ejecutivo debe prestar especial atención durante el próximo año; el jefe del Departamento de Oriente debe pertenecer al Presidium. En el trabajo político, este departamento depende del Presidium; su relación con el Buró de Organización la regula el Presidium.

  2. Un Departamento de Organización (Buró de Organización), del que deben formar parte al menos dos miembros del Presidium. El Buró de Organización depende del Presidium.

  3. Un Departamento de Agitación y Propaganda, dirigido por un miembro del Ejecutivo. Este departamento depende también directamente del Presidium.

  4. Un Departamento de Estadística e Información, que depende del Buró de Organización.

El Ejecutivo tiene derecho a crear otros departamentos.

División del trabajo entre los miembros del Ejecutivo

Entre los miembros del Ejecutivo, así como del Presidium, debe establecerse una división del trabajo precisa. Para preparar el trabajo de cada sección, el Presidium nombra un ponente responsable para cada uno de los países más importantes. Por regla general, este debe ser miembro del Ejecutivo o, si es posible, del Presidium. Los ponentes que no pertenezcan al Ejecutivo o al Presidium trabajan bajo el control de un miembro del Presidium.

El Presidium organiza una Secretaría General dirigida por un secretario general. El Ejecutivo da a este secretario general dos adjuntos. La Secretaría no tiene la función de una organización política independiente; es solo un órgano ejecutivo del Presidium.

Se encarga al Ejecutivo que actúe en todos los partidos para que se establezca una división del trabajo semejante, teniendo en cuenta las condiciones y la situación de cada país.

Plenipotenciarios

En casos especiales, el Ejecutivo envía a los distintos países plenipotenciarios escogidos entre los camaradas más cualificados de las distintas secciones. El Ejecutivo debe dotar a estos representantes de los más amplios poderes. Sus funciones, sus derechos y deberes y su relación con el partido de que se trate deben definirse con precisión en instrucciones especiales.

Se faculta al Ejecutivo para vigilar con especial energía la aplicación efectiva de las 21 condiciones172 y de las resoluciones del Congreso Mundial. Esta vigilancia debe encomendarse con la mayor insistencia a sus plenipotenciarios. Los plenipotenciarios deben informar al menos una vez al mes de los resultados de su trabajo.

Comisión Internacional de Control

La Comisión Internacional de Control se mantiene. Sus tareas son las que formuló el III Congreso Mundial. El Congreso Mundial designa cada año dos secciones vecinas, cuyos comités centrales eligen de su seno tres miembros cada uno para la Comisión de Control, que deben ser confirmados por el Ejecutivo. Para el próximo año, el Congreso Mundial confía esta función a las secciones alemana y francesa.

Buró Técnico de Información

Los burós técnicos de información se mantienen. Tienen por objeto dar información técnica y dependen en su trabajo del Ejecutivo.

La Internacional Comunista

La Internacional Comunista173 es el órgano del Ejecutivo; la redacción la elige el Ejecutivo y depende de él.

Publicaciones del Ejecutivo

El Congreso confirma que todos los órganos comunistas están obligados, como hasta ahora, a publicar inmediatamente todos los documentos del Ejecutivo (llamamientos, cartas, resoluciones, etc.) cuando el Ejecutivo lo exija.

Actas de los partidos nacionales

Los comités centrales de todas las secciones están obligados a enviar regularmente al Ejecutivo las actas de todas sus reuniones.

Representación mutua

Es deseable que las secciones más importantes de países vecinos mantengan una representación mutua con fines de información recíproca y de coordinación del trabajo. Los informes de esta representación deben ponerse al mismo tiempo a disposición del Ejecutivo.

Es deseable, además, que el nombramiento de tales representantes se haga de acuerdo con el Ejecutivo.

Congresos de las secciones

Por regla general, antes del Congreso Mundial de la IC deben celebrarse conferencias del partido o comités nacionales ampliados que se encarguen de preparar el Congreso Mundial y de elegir a los delegados. Los congresos de cada sección se celebran después del Congreso Mundial. Solo puede haber excepciones con el consentimiento del Ejecutivo.

Con este procedimiento se consigue a la vez que los intereses de cada sección queden mejor salvaguardados y que exista la posibilidad de aprovechar «de abajo arriba» el conjunto de las experiencias del movimiento internacional.

Al mismo tiempo, este procedimiento da a la Internacional Comunista, como partido mundial centralizado, la posibilidad de transmitir «de arriba abajo», por la vía del centralismo democrático, a cada partido las directivas que se derivan del conjunto de las experiencias internacionales.

Dimisiones

El Congreso condena del modo más categórico los casos de dimisión que se han producido por parte de camaradas aislados de distintos comités centrales de partido y de grupos enteros de tales miembros. El Congreso considera estas dimisiones como la mayor desorganización del movimiento comunista. Todo cargo dirigente en un partido comunista no pertenece a quien tiene el mandato, sino a la Internacional Comunista en su conjunto.

El Congreso resuelve: los miembros elegidos de los organismos centrales de una sección solo pueden renunciar a su mandato con el consentimiento del Ejecutivo. Las dimisiones aceptadas por un comité central de partido sin el consentimiento del Ejecutivo son nulas.

Trabajo ilegal

Conforme a la resolución del Congreso que señala que varios de los partidos más importantes van, según todas las apariencias, hacia un periodo de ilegalidad, se encarga al Presidium que se dedique en mayor medida a preparar a los partidos en cuestión para este trabajo ilegal. Inmediatamente después de terminado el Congreso, el Presidium debe entablar las negociaciones pertinentes con todos los partidos afectados.

Secretariado Internacional Femenino

El Secretariado Internacional Femenino se mantiene como hasta ahora. El Ejecutivo designa a la secretaria femenina y, de acuerdo con ella, todas las demás medidas organizativas.

Representación en el Ejecutivo de la Juventud

El Congreso encarga al Ejecutivo que establezca una representación regular de la Komintern en la Internacional Juvenil174. El Congreso considera una de las tareas más importantes del Ejecutivo fomentar el trabajo del movimiento juvenil.

Representación en la Profintern

El Congreso encarga al Ejecutivo que elabore, junto con la dirección de la Profintern, las formas de relación mutua entre la Komintern y la Profintern. Señala que, sobre todo en el periodo actual, las luchas económicas están íntimamente ligadas a las políticas y exigen, por tanto, una coordinación especialmente estrecha de las fuerzas de todas las organizaciones revolucionarias de la clase obrera.

Revisión de los estatutos

El Congreso confirma los estatutos aprobados por el II Congreso y encarga al Ejecutivo que, sobre la base de las nuevas resoluciones adoptadas, los redacte de nuevo y los complete. Este trabajo debe hacerse a tiempo, enviarse a todos los partidos para su discusión previa y ser aprobado definitivamente por el V Congreso Mundial.

Resolución sobre el Tratado de Paz de Versalles (5 de diciembre de 1922)

La guerra mundial terminó con la caída de tres potencias imperialistas: Alemania, Austria-Hungría y Rusia. Cuatro grandes Estados bandidos quedaron vencedores en el campo de batalla: los Estados Unidos de América, Inglaterra, Francia y Japón.

Los tratados de paz, cuyo núcleo era el Tratado de Versalles, representan el intento de estabilizar la dominación mundial de estas cuatro potencias vencedoras: política y económicamente, rebajando todo el resto del mundo a territorio de explotación colonial suyo; socialmente, asegurando mediante una alianza de las burguesías de todos los países la dominación de la burguesía, tanto frente al proletariado del propio país como frente al proletariado revolucionario victorioso de Rusia. Con este fin se levantó y se armó alrededor de Rusia una muralla de pequeños Estados vasallos para estrangular a la Rusia soviética en la ocasión propicia. Los Estados vencidos debían además resarcir por completo los daños materiales que los Estados vencedores habían sufrido en la guerra.

Hoy está claro para todo el mundo que todos los supuestos sobre los que se edifican los tratados de paz eran erróneos. El intento de establecer un nuevo equilibrio sobre base capitalista ha fracasado. La historia de los últimos cuatro años muestra una oscilación continua, una inseguridad permanente, crisis económicas, paro y más horas de trabajo, crisis ministeriales, crisis de partidos, crisis de política exterior. En toda una serie de conferencias, las potencias imperialistas intentaron detener la descomposición del sistema mundial edificado por los tratados de paz y encubrir el hecho de la bancarrota de la paz de Versalles.175

Los intentos de derribar la dictadura del proletariado en Rusia han fracasado. El proletariado de todos los países capitalistas toma partido cada vez con más decisión por la Rusia soviética. Hasta los dirigentes de la Internacional de Ámsterdam tuvieron que declarar abiertamente que la caída del poder proletario en Rusia significaría la victoria de la reacción mundial sobre el conjunto del proletariado.

Turquía, como vanguardia del Oriente que se revoluciona, ha opuesto con las armas una resistencia victoriosa a la aplicación del tratado de paz: en la Conferencia de Lausana se celebra el entierro solemne de una parte importante de la obra de paz.176

La persistente crisis económica ha demostrado que la concepción económica del Tratado de Versalles es insostenible. La principal potencia imperialista europea, Inglaterra, que depende en grado sumo del comercio mundial, no puede consolidar su base económica sin la reconstrucción de Alemania y de Rusia. Los Estados Unidos, la potencia imperialista más fuerte, se han desentendido por completo de la obra de paz y tratan de levantar por su cuenta su imperialismo mundial. Para ello han ganado el apoyo de partes importantes del imperio mundial inglés: Canadá y Australia.

Las colonias oprimidas de Inglaterra, base de su poder mundial, se rebelan; todo el mundo musulmán está en rebelión abierta o latente.

Todos los supuestos de la obra de paz han caducado, salvo uno: que el proletariado de todos los países burgueses tiene que pagar las cargas de la guerra y de la paz de Versalles.

Francia

En apariencia, Francia es, de todos los Estados vencedores, el que ha obtenido el mayor aumento de poder. Además de la conquista de Alsacia-Lorena, la ocupación de la orilla izquierda del Rin y el derecho a incontables miles de millones de indemnizaciones de guerra alemanas, se ha convertido de hecho en la mayor potencia militar del continente europeo. Con sus Estados vasallos, cuyos ejércitos instruyen y mandan generales franceses (Polonia, Checoslovaquia, Rumanía), con su propio gran ejército, con sus submarinos y su flota aérea, domina el continente europeo; desempeña el papel de guardián del Tratado de Versalles. Pero la base económica de Francia, su población escasa y menguante, su enorme endeudamiento interior y exterior y la dependencia económica de Inglaterra y de América que de él resulta no son un fundamento suficiente para sus desmedidas ansias imperialistas de expansión. En el aspecto de la política de poder, se ve extraordinariamente constreñida por el dominio de Inglaterra sobre todas las bases navales importantes y por el monopolio del petróleo de Inglaterra y América. En el aspecto económico, el aumento de mineral de hierro que le aportó el Tratado de Versalles pierde su valor porque el carbón correspondiente, el de la cuenca del Ruhr, se quedó en Alemania. La esperanza de sanear las arruinadas finanzas francesas con los pagos de reparaciones de Alemania ha resultado engañosa. Todos los expertos financieros del mundo coinciden en que Alemania no puede pagar en modo alguno las sumas que Francia necesita para sanear sus finanzas. A la burguesía francesa solo le queda abierto el camino de rebajar el nivel de vida del proletariado francés al nivel del alemán. El hambre del obrero alemán es el modelo de la miseria de mañana de los obreros franceses. La depreciación del franco, que ciertos círculos de la industria pesada francesa fomentan conscientemente, será el medio para descargar las cargas de la guerra —una vez que la obra de paz de Versalles ha resultado inservible— sobre las espaldas del proletariado francés.

Inglaterra

La guerra mundial dio a Inglaterra la unificación de su imperio colonial mundial desde el cabo de Buena Esperanza, pasando por Egipto y Arabia, hasta la India. Ha seguido conservando la posesión de todos los accesos importantes al océano. Con concesiones a sus colonias de poblamiento trató de construir un imperio mundial anglosajón.177

Pero, pese a toda la flexibilidad de la burguesía inglesa, pese al tenaz trabajo por reconquistar el mercado mundial, resultó que en la situación mundial creada por el Tratado de Versalles Inglaterra no puede salir adelante. El Estado industrial inglés no puede existir si Alemania y Rusia no se reconstruyen económicamente. En este punto se agudiza el antagonismo entre Inglaterra y Francia: Inglaterra quiere vender mercancías a Alemania, cosa que el Tratado de Versalles hace imposible; Francia quiere cobrar de Alemania sumas gigantescas por los gastos de guerra, lo que arruina la capacidad de compra de Alemania. Por eso Inglaterra está a favor de reducir las obligaciones de reparación, mientras que Francia libra en el Próximo Oriente una guerra encubierta contra Inglaterra para obligarla a ceder en la cuestión de las reparaciones.178 Mientras el proletariado inglés soporta las cargas de la guerra en forma de millones de obreros parados, la burguesía de Inglaterra y la de Francia se ponen de acuerdo una y otra vez a costa de Alemania.

Europa central y Alemania

El objeto más importante de la obra de paz de Versalles es Europa central, el nuevo territorio colonial de los bandidos imperialistas. Fragmentados en innumerables pequeños Estados, divididos en una serie de territorios económicamente inviables, estos territorios se han vuelto incapaces de una política independiente. Han descendido a la condición de colonias del capital inglés y francés. Se los azuza unos contra otros según los cambiantes intereses de estas grandes potencias. Checoslovaquia, recortada de un territorio económico de 60 millones de habitantes, se encuentra en una crisis económica permanente. Austria ha quedado reducida a un engendro inviable que solo gracias a los celos mutuos de los países vecinos lleva en apariencia una existencia políticamente independiente. Polonia, a la que se adjudicaron grandes territorios de lengua extranjera, es el puesto avanzado de Francia, una caricatura del imperialismo francés. En todos estos países el proletariado tiene que pagar los costes de la guerra en forma de rebaja de su nivel de vida o de un fuerte paro.

Pero el objeto más importante del Tratado de Versalles es Alemania. Desarmada, privada de toda posibilidad de defensa, está entregada sin condiciones a las potencias imperialistas. La burguesía alemana intenta unir sus intereses unas veces con los de la burguesía de Inglaterra, otras con los de la de Francia. Trata, mediante una dura explotación del proletariado alemán, de satisfacer una parte de las exigencias de Francia y, al mismo tiempo, de asegurar con ayuda ajena su propia dominación sobre el proletariado alemán. Pero ni siquiera la explotación más intensa del proletariado alemán, la reducción del obrero alemán a culí de Europa, la inmensa miseria en que ha caído el proletariado de Alemania a consecuencia del Tratado de Versalles, dan todavía la posibilidad de pagar las reparaciones. Por eso Alemania se convierte en juguete de Inglaterra y Francia. La burguesía francesa quiere resolver la cuestión por la fuerza, ocupando la cuenca del Ruhr. Inglaterra se opone a ello una y otra vez. Solo la ayuda de la mayor potencia económica, los Estados Unidos, habría permitido conciliar aproximadamente los intereses contrapuestos de Inglaterra, Francia y Alemania.

Los Estados Unidos de América

Pero los Estados Unidos hace tiempo que se retiraron de la obra de paz de Versalles al negarse a ratificar el tratado.179 Los Estados Unidos, que salieron de la guerra mundial como la mayor potencia económica y política, frente a la cual las potencias imperialistas europeas se endeudaron fuertemente, no mostraron ningún deseo de crear, con nuevos grandes créditos a Alemania, la posibilidad de superar la crisis financiera de Francia. El capital de los Estados Unidos se aparta cada vez más del caos europeo, trata, con gran éxito, de construirse un gran imperio colonial en América Central y del Sur y en el Extremo Oriente, y de asegurar a la propia clase dominante, mediante los aranceles proteccionistas, la explotación del mercado interior. Al abandonar así la Europa continental a su suerte, choca por otro lado con los intereses opuestos de Inglaterra y Japón. Empleando su superioridad económica en la construcción de buques de guerra, los Estados Unidos han obligado a las demás potencias imperialistas al acuerdo de Washington.180 Con ello han destruido uno de los fundamentos más importantes de la obra de paz de Versalles, la supremacía de Inglaterra en los mares, y han quitado así todo sentido para Inglaterra a mantener la agrupación de potencias prevista en ella.

Japón y las colonias

La más joven potencia imperialista mundial, Japón, se mantiene alejada del caos europeo creado por el Tratado de Versalles. Pero sus intereses se han visto muy afectados por la conversión de los Estados Unidos en potencia mundial. En Washington se vio obligado a disolver su alianza con Inglaterra, con lo que desapareció otro de los fundamentos más importantes del reparto del mundo establecido en Versalles. Al mismo tiempo, no solo se rebelan los pueblos oprimidos contra el predominio de Inglaterra y de Japón, sino que también las colonias de poblamiento de Inglaterra tratan de asegurar sus intereses en la inminente lucha entre los Estados Unidos y Japón mediante un acercamiento más estrecho a los Estados Unidos. Con ello, la trabazón del imperialismo mundial británico se afloja cada vez más.

Hacia una nueva guerra mundial

El intento de las grandes potencias imperialistas de crear una base permanente para su dominación mundial ha fracasado lamentablemente por sus intereses contrapuestos. La gran obra de paz está en ruinas. Las grandes potencias, con sus Estados vasallos, se arman para una nueva guerra. El militarismo es más fuerte que nunca. Y aunque la burguesía tiene un miedo tremendo a una nueva revolución proletaria a raíz de una guerra mundial, las leyes internas del orden social burgués empujan inexorablemente hacia un nuevo conflicto mundial.

Las tareas de los partidos comunistas

La II Internacional y la Internacional Dos y Media se esfuerzan por apoyar al ala radical de la burguesía, que representa sobre todo los intereses del capital comercial y bancario, en su impotente lucha por la reducción de las obligaciones de reparación.181 Como en toda cuestión, también en esta van de la mano de la burguesía. La tarea de los partidos comunistas, en primer lugar de los de los países vencedores, es hacer comprender a las masas que la obra de paz de Versalles descarga todas las cargas, tanto en los países vencedores como en los vencidos, sobre las espaldas del proletariado, y que los proletarios de todos los países son las verdaderas víctimas de la obra de paz de la burguesía. Sobre esta base, los partidos comunistas, ante todo los de Alemania y Francia, deben librar una lucha común contra el Tratado de Versalles. El Partido Comunista alemán debe subrayar la disposición del proletariado alemán a ayudar a los proletarios y campesinos del devastado norte de Francia a reconstruir sus hogares, y debe librar al mismo tiempo una lucha implacable contra la propia burguesía, que está dispuesta, junto con la burguesía francesa (acuerdo Stinnes), a hacer una política de cumplimiento a costa del proletariado alemán y a entregar Alemania como colonia a la burguesía francesa con tal de que se salvaguarden sus intereses de clase.182 El Partido Comunista francés debe luchar con todas sus fuerzas contra las aspiraciones imperialistas de su burguesía, contra el intento de enriquecer a la burguesía francesa mediante una explotación todavía más intensa del proletariado alemán, por la inmediata supresión de la ocupación de la orilla izquierda del Rin, contra la ocupación de la cuenca del Ruhr, contra el desmembramiento de Alemania, contra el imperialismo francés. Hoy no basta con luchar en Francia contra la defensa de la patria: hoy se trata de combatir la paz de Versalles a cada paso. Al Partido Comunista checoslovaco, al polaco y a los partidos comunistas de los demás países vasallos de Francia les incumbe el deber de unir la lucha contra la propia burguesía con la lucha contra el imperialismo francés. Mediante acciones de masas realizadas en común hay que hacer comprender al proletariado que el intento de aplicar el Tratado de Versalles hundirá necesariamente al proletariado de toda Europa en la más profunda miseria y que la lucha contra él es interés común del proletariado de todos los países.

Resolución sobre la cuestión de la formación (5 de diciembre de 1922)

La organización de un trabajo de formación marxista es una tarea necesaria de todos los partidos comunistas. El objetivo de este trabajo de formación es aumentar la capacidad de esclarecimiento, de organización y de lucha de los miembros y funcionarios del partido. A los funcionarios hay que transmitirles, además de la formación marxista general, los conocimientos y las aptitudes necesarios para sus campos de trabajo especiales.

El trabajo comunista de formación, que debe ser parte integrante del conjunto de la actividad del partido, tiene que estar sin falta bajo la dirección central del partido. En los países donde la formación obrera revolucionaria está sobre todo en manos de organizaciones especiales ajenas al Partido Comunista, este objetivo debe perseguirse mediante el trabajo sistemático de los comunistas en dichas organizaciones.

Es deseable que junto a los comités centrales de los partidos se creen secretarías de formación que dirijan toda la actividad formativa del partido. Todos los miembros del Partido Comunista que actúan en organizaciones proletarias de formación de carácter general no dirigidas por el partido (asociaciones obreras de formación, universidades proletarias, Proletkult183, Labour Colleges184, etc.) están sometidos al control y a las directivas de los órganos del partido.

Para llevar a cabo el trabajo comunista de formación, los partidos organizan, en la medida de lo posible y teniendo en cuenta las condiciones dadas, escuelas centrales y locales del partido, cursos diurnos y nocturnos y similares, ponen a disposición de los grupos profesores itinerantes y conferenciantes, organizan bibliotecas, etc.

Los partidos tienen el deber de apoyar material y moralmente, en la medida de sus fuerzas, el trabajo de formación autónomo de la juventud comunista. La juventud comunista debe ser invitada a todas las actividades formativas del partido. La educación revolucionaria de los niños proletarios debe llevarse a cabo junto con la juventud comunista. Las directrices para ello las dará la Sección de Formación que se ha de crear en el Comité Ejecutivo de la IC.

En el Comité Ejecutivo de la IC se crea una Sección Internacional de Formación. Su tarea es ante todo seguir aclarando en sus principios los problemas del trabajo comunista de formación, dirigir todo el trabajo de formación de los partidos y unificar el trabajo en las organizaciones proletarias de formación ajenas al partido. A ello corresponde: reunir y transmitir las experiencias internacionales, enriquecer las formas y los métodos de trabajo en los distintos países, elaborar y publicar guías, manuales y otros materiales y resolver todos los problemas particulares que surjan en el terreno de la formación en los distintos países. Al secretario internacional de formación le incumbe también estudiar y preparar los problemas de la política escolar de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista.

Para la formación marxista profunda y la preparación comunista práctica de camaradas idóneos de las secciones de la IC, se organizan cursos internacionales en la «Academia Socialista»185 y en otras instituciones adecuadas de la Rusia soviética.

1. Deber de agitación

  1. Todo miembro de la Internacional Comunista tiene el deber de actuar como agitador entre los obreros de fuera del partido. Puede hacerlo siempre y en todas partes donde mejor se encuentre a los obreros: en los talleres y demás lugares de trabajo, en los sindicatos, en las asambleas populares, en las asociaciones obreras, deportivas, corales, de inquilinos y de consumidores, en las casas del pueblo y en los restaurantes obreros, también en el tren, en los pueblos, etc., y a menudo, mejor que en ningún otro sitio, en las viviendas de los obreros (agitación a domicilio).

  2. La agitación debe partir siempre de las condiciones y necesidades concretas de los obreros a los que se dirige, con el fin de llevarlos al camino de la lucha de clases revolucionaria organizada. No hay que imponer principios o reivindicaciones comunistas que los oyentes todavía no pueden comprender, pero hay que impulsarlos siempre a actuar y a luchar por reivindicaciones comunes del proletariado contra los capitalistas y la dominación de clase burguesa en todos los terrenos.

  3. Los comunistas deben participar enérgicamente en todos los movimientos de lucha de los obreros contra los capitalistas y la dominación de clase burguesa, combatir en primera fila por los intereses generales, posponer sus ventajas personales y arrastrar a otros con su ejemplo.

  4. Los órganos dirigentes del partido deben dar a todos los grupos locales instrucciones prácticas sobre el trabajo regular de agitación de todos los miembros del partido, también sobre este trabajo en las campañas (campañas electorales, campañas contra la carestía y los impuestos, campañas de consejos de fábrica y movimientos de parados) y en otras acciones dirigidas por el partido. (Debe enviarse al Comité Ejecutivo de la IC una copia de todas las instrucciones.)

  5. Todos los miembros del partido tienen derecho a pedir a los hombres de confianza de su organización indicaciones concretas más precisas sobre cómo deben hacer la agitación. Corresponde en especial a los responsables de las células comunistas, grupos de trabajo, grupos de diez y fracciones dar tales indicaciones y controlar su cumplimiento. Donde todavía no existan tales grupos con sus responsables, deben designarse para este fin dirigentes de agitación especiales.

  6. De cada miembro del partido debe establecerse con certeza, en el ámbito de la organización más pequeña del partido a la que pertenezca, en el curso del próximo invierno:

  7. Si hace agitación entre los obreros de fuera del partido, a) ¿regularmente?, o b) ¿solo ocasionalmente?, o c) ¿en absoluto?

  8. ¿O si realiza otro trabajo de partido? a) ¿regularmente?, o b) ¿solo ocasionalmente?, o c) ¿en absoluto?

Las aclaraciones necesarias para interpretar estas preguntas de forma unívoca las dará a conocer a todas las organizaciones el comité central del partido, previo acuerdo con el Comité Ejecutivo de la IC, mediante una circular.

Las direcciones regionales y los grupos locales son responsables de que esta encuesta se lleve a cabo puntualmente. Los resultados deben enviarse al Comité Ejecutivo de la IC por medio del comité central del partido.

Conocimiento de las resoluciones más importantes del partido y de la IC

  1. Todo miembro de la IC debe conocer no solo las resoluciones más importantes de su propio partido, sino también las resoluciones más importantes de la Internacional Comunista.

  2. Todas las organizaciones de las secciones adheridas tienen el deber de procurar que cada miembro del partido conozca al menos el programa de su propio partido y las 21 condiciones de la Komintern, así como aquellas resoluciones de la IC que afectan especialmente a su partido. Debe examinarse a los miembros sobre el estado de sus conocimientos.

  3. Los funcionarios responsables deben conocer a fondo todas las resoluciones tácticas y organizativas más importantes de los congresos mundiales y someterse a exámenes con este fin. Esto es deseable también para el mayor número posible de otros miembros del partido, pero todavía no es obligatorio.

  4. El comité central de cada sección tiene el deber de dar a la organización las instrucciones adecuadas para aplicar estas resoluciones y de informar de los resultados al Comité Ejecutivo de la IC la próxima primavera.

Programa de trabajo y de acción del Partido Comunista de Francia (5 de diciembre de 1922)

  1. La tarea más urgente del partido es organizar la resistencia del proletariado contra la ofensiva del capital que se desarrolla en Francia y en los demás grandes Estados industriales. La defensa de la jornada de ocho horas, el mantenimiento y el aumento de los salarios conseguidos y la lucha por todas las reivindicaciones económicas cotidianas son la mejor plataforma para agrupar al proletariado disperso y darle confianza en su propia fuerza y en su porvenir. El partido debe tomar sin demora la iniciativa de todas las acciones comunes capaces de hacer fracasar la ofensiva del capital y de volver a unir a la clase obrera.

  2. El partido debe emprender una campaña para explicar a los obreros la relación mutua entre el mantenimiento de la jornada de ocho horas y la defensa de los salarios, y la inevitable repercusión de estas reivindicaciones entre sí. Como medio de agitación debe aprovechar no solo los ataques de los patronos, sino también los que el Estado dirige contra los intereses inmediatos de los obreros, por ejemplo el impuesto sobre los salarios, y todas las cuestiones económicas que interesan a la clase obrera: la subida de los alquileres, los impuestos sobre el consumo, los seguros sociales, etc. El partido emprenderá en la clase obrera una activa campaña de propaganda en favor de la formación de consejos de fábrica que abarquen a todos los obreros de cada empresa, sin tener en cuenta si están ya organizados económica o políticamente, y que estén llamados sobre todo a ejercer un control obrero sobre las condiciones de trabajo y de producción.

  3. Las consignas de la lucha por las reivindicaciones materiales urgentes del proletariado deben servir como medio para realizar el frente único contra la reacción económica y política. La táctica del frente único obrero será la regla general de la acción de masas. El partido debe crear las condiciones que favorezcan el éxito de esta táctica, preparando seriamente a su propia organización y a los elementos simpatizantes con todos los medios de propaganda y de organización de que dispone. La prensa, los estudios, los folletos, las reuniones de todo tipo, todo ello debe contribuir a este trabajo preparatorio, que el partido extenderá a todos los grupos proletarios a los que pertenezcan comunistas. El partido debe dirigirse con insistencia a las organizaciones obreras rivales de cierta importancia, políticas y económicas, y no debe dejar nunca de comentar públicamente sus propias propuestas o las de los reformistas, la aceptación y el rechazo de unas u otras. En ningún caso puede renunciar a su completa independencia ni a su derecho a criticar a los participantes en la acción. Debe esforzarse siempre por tomar y conservar la iniciativa y por influir en cualquier otra iniciativa en el sentido de su propio programa.

  4. Para estar en condiciones de participar en acciones obreras de toda clase, de contribuir a orientar a los obreros o, en determinadas circunstancias, de desempeñar un papel decisivo, el partido debe formar sin perder un día su organización para el trabajo sindical. La formación de comisiones sindicales en las federaciones y secciones (acordada por el Congreso de París) y de grupos comunistas en las fábricas y en las grandes empresas capitalistas o del Estado llevará las ramificaciones del partido a las masas obreras, de modo que el partido podrá difundir sus consignas y aumentar la influencia comunista en el movimiento obrero. Las comisiones sindicales deben mantener, en todos los escalones de la estructura del partido y de los sindicatos, el enlace con los comunistas que, de acuerdo con el partido, han permanecido en la CGT reformista, y guiarlos en su oposición a la política de sus jefes oficiales; deben registrar a los miembros del partido sindicados, controlar su actividad y transmitirles las instrucciones del partido.

  5. El trabajo comunista en todos los sindicatos sin excepción consiste en primer lugar en la lucha por restablecer la unidad sindical, indispensable para la victoria del proletariado. Los comunistas deben aprovechar toda ocasión para mostrar los efectos nocivos de la escisión actual y preconizar la fusión. El partido debe combatir toda tendencia que favorezca la fragmentación de la organización, el particularismo profesional o local y la ideología anarquista. Debe preconizar la necesidad de centralizar el movimiento, de formar grandes organizaciones por ramas de industria y de unificar las huelgas, para sustituir las acciones localizadas y condenadas de antemano al fracaso por acciones comunes capaces de aumentar la confianza de los obreros en su propia fuerza. En la CGTU186, los comunistas deben combatir toda tendencia contraria a la adhesión de los sindicatos franceses a la Internacional Sindical Roja. En la CGT reformista deben desenmascarar a la Internacional de Ámsterdam187 y la actividad de unión sagrada188 de sus jefes. En las dos CGT deben preconizar manifestaciones y acciones comunes, huelgas comunes, el frente único, la unidad orgánica y el programa íntegro de la Internacional Sindical Roja.

  6. El partido debe aprovechar todo movimiento de masas, espontáneo u organizado, de cierta extensión para poner de relieve el carácter político de toda lucha de clases y aprovechar las circunstancias favorables a la propaganda de sus consignas políticas de lucha: la amnistía, la anulación del Tratado de Versalles, la evacuación de la orilla izquierda del Rin por el ejército de ocupación, etc.

  7. La lucha contra el Tratado de Paz de Versalles y sus consecuencias debe ocupar el primer lugar entre las preocupaciones del partido. Se trata de hacer efectiva la solidaridad del proletariado francés y del alemán contra la burguesía de ambos países, a la que el tratado de paz reporta beneficios. El partido francés tiene, por tanto, el deber urgente de dar a conocer a los obreros y soldados la trágica situación de sus hermanos alemanes, que gimen bajo las dificultades materiales de la vida, debidas sobre todo a las consecuencias del tratado de paz. El Estado alemán solo puede satisfacer las exigencias de los aliados cargando aún más a la clase obrera. La burguesía francesa trata con miramientos a la burguesía alemana, negocia con ella a costa de los obreros, favorece toda empresa que se apodere de los servicios públicos y le presta protección y ayuda contra el movimiento revolucionario. Ambas burguesías se disponen a cerrar una alianza del hierro francés con el carbón alemán y a ponerse de acuerdo sobre la ocupación del Ruhr189, que significará el sometimiento de los mineros del Ruhr. El peligro no amenaza solo a los explotados del Ruhr, sino también a los obreros franceses, que no pueden competir con los obreros alemanes, a los que la depreciación del marco pone a disposición de los capitalistas franceses a un precio extraordinariamente bajo.

El partido debe hacer comprender esta situación a la clase obrera francesa y llevarla a mantenerse en guardia ante el peligro inmediato. Su prensa debe describir sin cesar los sufrimientos del proletariado alemán, víctima del Tratado de Versalles, y demostrar que el tratado es inaplicable. En las regiones ocupadas militarmente y en las regiones devastadas debe emprenderse una propaganda especial para desenmascarar a ambas burguesías como responsables de todos los males que sufren estas comarcas y para desarrollar el espíritu de solidaridad entre los obreros de ambos países. La consigna comunista debe ser la fraternización de los soldados y obreros franceses y alemanes en la orilla izquierda del Rin. El partido debe mantener una estrecha relación con el partido hermano alemán para llevar a buen término esta lucha contra el Tratado de Versalles y sus consecuencias. El partido debe combatir al imperialismo francés no solo en su política respecto a Alemania, sino en la política que sigue en todo el globo; y debe combatir muy especialmente los tratados de paz de Saint-Germain, Neuilly, Trianon y Sèvres190.

  1. El partido debe emprender un trabajo sistemático para introducir el comunismo en el ejército. La propaganda antimilitarista debe distinguirse clara y nítidamente del hipócrita pacifismo burgués y apoyarse en el principio del armamento del proletariado y el desarme de la burguesía. En la prensa, en el Parlamento y en toda ocasión favorable, los comunistas deben apoyar las reivindicaciones de los soldados, exigir que se les reconozcan los derechos políticos, etc. Con ocasión de la llamada a filas de los reemplazos y ante cualquier nuevo peligro de guerra, la agitación revolucionaria antimilitarista debe intensificarse. Debe llevarse a cabo bajo la dirección de un órgano especial del partido y con la participación de la juventud comunista.

  2. El partido debe hacer suya la causa de la población de las colonias explotada y oprimida por el imperialismo francés, apoyar sus reivindicaciones nacionales que acerquen su liberación del yugo de los capitalistas extranjeros y defender sin reservas su derecho a la autonomía o a la independencia. La tarea inmediata del partido es luchar por la libertad política y sindical ilimitada de estos pueblos, contra el reclutamiento de los indígenas para el servicio militar y por las reivindicaciones de los soldados indígenas. Debe combatir implacablemente las tendencias reaccionarias, existentes incluso en ciertos elementos obreros, que quieren restringir los derechos de los indígenas. Debe crear, junto a su Comité Central, un órgano especial dedicado al trabajo comunista en las colonias.

  3. La propaganda entre el campesinado, dirigida a ganar para la causa de la revolución a la mayoría de los obreros agrícolas, arrendatarios y aparceros y a atraerse las simpatías de los pequeños propietarios, debe ir acompañada de una acción en favor de mejores condiciones de vida y de trabajo de los campesinos que trabajan como asalariados o dependen de los grandes propietarios. Una acción así exige que las organizaciones regionales del partido elaboren y difundan programas que contengan las reivindicaciones inmediatas y estén adaptados a las condiciones particulares de cada comarca. El partido debe favorecer las asociaciones, cooperativas y sindicatos agrícolas que se oponen al individualismo del campesino. Debe dedicarse con especial empeño a crear y desarrollar los sindicatos profesionales de los obreros agrícolas.

  4. El trabajo comunista entre las obreras tiene una importancia extraordinaria y exige una organización especial. Son necesarios una comisión central junto al Comité Central con una secretaría permanente, comisiones locales en número cada vez mayor y un órgano dedicado a la propaganda entre las mujeres. El partido debe apoyar la unificación de las reivindicaciones económicas de obreras y obreros, la igualación de los salarios a igual trabajo sin distinción de sexo y la participación de las mujeres explotadas en las campañas y en las luchas de los obreros.

  5. Al desarrollo de la juventud comunista hay que dedicar una actividad más metódica y enérgica que la que el partido le ha dedicado en el pasado. Entre el partido y la juventud comunista deben establecerse relaciones mutuas en todos los escalones de la organización. En principio, la juventud debe estar representada en todas las comisiones que se formen junto al Comité Central. Las federaciones, secciones y propagandistas del partido tienen el deber de prestar su ayuda a los grupos juveniles existentes y de formar otros nuevos. El Comité Central debe velar por el desarrollo de la prensa juvenil y conceder a la juventud una tribuna en los órganos centrales del partido. El partido debe defender en los sindicatos aquellas reivindicaciones de la juventud obrera que concuerden con su programa.

  6. En las cooperativas, los comunistas deben defender el principio de las organizaciones nacionales unificadas y formar grupos comunistas unidos a la Sección de Cooperativas de la Internacional Comunista por medio de una comisión adscrita al Comité Central. En cada federación, una comisión especial debe dedicarse al trabajo comunista en las cooperativas. Los comunistas deben esforzarse por utilizar el movimiento cooperativo como instrumento auxiliar del movimiento obrero.

  7. Los representantes del partido elegidos al Parlamento, a los ayuntamientos, etc., deben librar la lucha más enérgica, también fuera del Parlamento, en estrecha relación con las luchas de los obreros y con las campañas dirigidas por el partido y por las organizaciones sindicales. Los diputados comunistas, bajo el control y la dirección del Comité Central del partido, y los concejales, consejeros generales y consejeros de distrito comunistas, bajo el control y la dirección de las secciones y federaciones del partido, deben emplearse como agentes de agitación y propaganda, en el sentido de las tesis del II Congreso de la Internacional Comunista191.

  8. Para ponerse a la altura de las tareas contenidas en su programa y fijadas por los congresos nacionales e internacionales, y para ser capaz de llevarlas a cabo, el partido debe perfeccionar y reforzar su organización, siguiendo el ejemplo de los grandes partidos comunistas de los demás países y conforme a las normas de la Internacional Comunista. Debe contar con una centralización estricta, una disciplina inquebrantable y una subordinación incondicional de cada miembro del partido a los órganos responsables del partido y de cada órgano al órgano superior. Es también indispensable desarrollar la formación marxista de los militantes del partido mediante el aumento sistemático de los cursos teóricos en las distintas secciones y la apertura de escuelas del partido dirigidas por una comisión central o por un comité directivo.

  1. Marinos de la flota francesa del mar Negro que se amotinaron en abril de 1919 contra la intervención en la Rusia soviética; varios de ellos, como André Marty, seguían presos en 1922. ↩

  2. Huelga de los metalúrgicos de El Havre (verano de 1922), con la ciudad en estado de sitio; el 26 de agosto la fuerza pública disparó contra los huelguistas y hubo muertos. ↩

  3. Acción de Marzo: insurrección fallida de marzo de 1921 en Alemania central, impulsada por el KPD. ↩

  4. Viktor Kingissepp, dirigente del Partido Comunista de Estonia, fusilado en mayo de 1922. ↩

  5. Tomasz Dąbal, diputado del Sejm polaco cercano a los comunistas; el Sejm le retiró la inmunidad en noviembre de 1921 y en julio de 1922 fue condenado a seis años de trabajos forzados por alta traición. ↩

  6. El levantamiento militar de septiembre de 1922 que obligó a abdicar al rey Constantino tras la derrota en Asia Menor. ↩

  7. La huelga minera del Rand (enero-marzo de 1922), aplastada por el gobierno de Jan Smuts con el ejército y la aviación. ↩

  8. La Marcha sobre Roma (28 de octubre de 1922), tras la cual el rey encargó a Mussolini, el 30 de octubre, la formación del gobierno. ↩

  9. Alusión a la ocupación de las fábricas de septiembre de 1920 y a la exigencia de la Internacional de que el Partido Socialista Italiano expulsara a los reformistas de Turati, lo que llevó a la escisión de Livorno (enero de 1921) y a la fundación del Partido Comunista de Italia. ↩

  10. El «pacto de pacificación» firmado en agosto de 1921 entre el Partido Socialista Italiano, la CGL y los fascistas. ↩

  11. La entrada del Ejército Popular Revolucionario de la República del Extremo Oriente en Vladivostok (25 de octubre de 1922), tras la evacuación de las tropas japonesas. ↩

  12. La Revolución de Febrero de 1917, del 23 de febrero al 2 de marzo según el calendario juliano entonces vigente en Rusia (del 8 al 15 de marzo según el gregoriano). ↩

  13. Nombre de la región de Petrogrado en 1918-1919 (Unión de Comunas de la Región del Norte). ↩

  14. La victoria del movimiento nacional turco de Mustafá Kemal sobre el ejército griego (agosto-septiembre de 1922) y el armisticio de Mudanya (octubre de 1922). ↩

  15. Conferencia de paz entre Turquía y las potencias de la Entente, abierta en Lausana el 20 de noviembre de 1922; concluyó con el tratado de 24 de julio de 1923. ↩

  16. Congreso de los consejos de fábrica de Alemania reunido en noviembre de 1922 en la sala Neue Welt de Berlín-Neukölln, convocado a iniciativa de los comunistas. ↩

  17. El All-India Trade Union Congress, central sindical india fundada en 1920. ↩

  18. Los Protocolos de Ginebra (4 de octubre de 1922), firmados por el canciller Ignaz Seipel con Gran Bretaña, Francia, Italia y Checoslovaquia: un préstamo garantizado de 650 millones de coronas oro a cambio de un programa de saneamiento bajo control de un comisario general de la Sociedad de Naciones (el holandés Alfred Zimmerman) y de una ley de plenos poderes del gobierno. ↩

  19. El Ejército federal (Volkswehr, luego Bundesheer) de la república austriaca, reclutado en 1918-1920 en buena parte entre obreros socialdemócratas. ↩

  20. La revolución de noviembre de 1918, que derribó a los Habsburgo, y la República húngara de los consejos (marzo-agosto de 1919). ↩

  21. Huelga y sublevación de los mineros de Husino, cerca de Tuzla (Bosnia), del 21 al 28 de diciembre de 1920, reprimida por el ejército; su dirigente, Juro (Jure) Kerošević, fue condenado a muerte en Tuzla en 1922; la campaña de protestas logró que la pena se conmutara por veinte años de prisión. ↩

  22. La Unión de Viena o Internacional Dos y Media (Wiener Arbeitsgemeinschaft, «Comunidad de Trabajo de Viena»): la Unión Internacional de Partidos Socialistas (1921-1923), formada por partidos centristas que habían salido de la II Internacional sin entrar en la Comunista; en mayo de 1923 se fusionó con la II Internacional. ↩

  23. Conferencia de las tres Internacionales (II, Dos y Media y Comunista), celebrada en Berlín del 2 al 5 de abril de 1922. El comité de los nueve que creó para preparar un congreso obrero mundial se disolvió en mayo sin resultado. ↩

  24. Andrew Bonar Law, jefe del gobierno conservador formado en octubre de 1922, tras la caída del gobierno de coalición de Lloyd George. ↩

  25. Huelga de los metalúrgicos de El Havre en el verano de 1922; el 26 de agosto la fuerza pública disparó contra los huelguistas y hubo muertos. ↩

  26. Wilhelm Cuno, director de la naviera Hapag, formó en noviembre de 1922 un gobierno de «expertos» sin participación socialdemócrata. ↩

  27. Protocolos de Ginebra (octubre de 1922): la Sociedad de Naciones concedió a Austria un préstamo internacional a cambio de un plan de saneamiento bajo control de un comisario general extranjero. ↩

  28. Jan Christiaan Smuts, primer ministro de la Unión Sudafricana y uno de los promotores de la Sociedad de Naciones. La huelga minera del Rand (enero-marzo de 1922) fue aplastada por el ejército y la aviación; en octubre y noviembre de 1922 fueron ahorcados cuatro huelguistas, entre ellos Samuel «Taffy» Long. ↩

  29. Conferencia de Washington (noviembre de 1921 - febrero de 1922), cuyo tratado naval limitaba los acorazados de las grandes potencias. ↩

  30. Conferencia económica internacional de Génova (abril-mayo de 1922), a la que asistió la Rusia soviética; su delegación, encabezada por Chicherin, propuso una reducción general de los armamentos. ↩

  31. La crisis de Chanak (septiembre de 1922): tras derrotar al ejército griego, las tropas kemalistas avanzaron hacia la zona neutral de los Estrechos, ocupada por los aliados, y Gran Bretaña estuvo a punto de entrar en guerra con Turquía. La crisis se cerró con el armisticio de Mudanya (octubre de 1922). ↩

  32. Conferencia de Moscú sobre la limitación de armamentos (diciembre de 1922), convocada por el gobierno soviético. Besarabia, provincia del antiguo Imperio ruso, había sido ocupada por Rumanía en 1918. ↩

  33. Congreso Internacional por la Paz convocado en La Haya por la Internacional de Ámsterdam (diciembre de 1922), con participación de sindicatos, cooperativas y partidos socialistas. ↩

  34. La Internacional de Ámsterdam: la Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919. ↩

  35. Las «Tesis sobre la cuestión agraria», redactadas por Lenin y aprobadas por el II Congreso de la Internacional Comunista (Moscú, julio-agosto de 1920). El programa agrario del IV Congreso lo presentó Eugen Varga. ↩

  36. El impreso dice «Motar-Mezzadrias», probable errata por métayers (aparceros franceses) y mezzadri (aparceros italianos, de mezzadria, aparcería a medias). ↩

  37. Ackernahrung: extensión de tierra suficiente para que una familia campesina viva de su cultivo. ↩

  38. Sovjoses (Sowjetwirtschaften): explotaciones agrícolas del Estado soviético. ↩

  39. Es decir, para impedir que los propietarios redujeran el trabajo y la inversión por unidad de superficie (por ejemplo, convirtiendo tierras de labor en pastos). ↩

  40. Tratado de paz impuesto por la Entente al Imperio otomano en agosto de 1920, que lo desmembraba. La victoria de los nacionalistas turcos de Mustafá Kemal sobre Grecia (1922) lo dejó sin efecto; fue sustituido por el tratado de Lausana (1923). ↩

  41. Conferencia de Washington (noviembre de 1921 - febrero de 1922) sobre el Pacífico y el desarme naval, que fijó límites al tonelaje de acorazados de Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Francia e Italia. ↩

  42. Unión de Partidos Socialistas para la Acción Internacional o Unión de Viena (1921-1923), formada por partidos centristas que habían salido de la II Internacional sin entrar en la Comunista (USPD alemán, socialistas austriacos, SFIO francesa, ILP británico…). En 1923 se fusionó con la II Internacional. ↩

  43. Partido Socialcristiano y Partido Popular Pangermánico (Großdeutsche Volkspartei), partidos burgueses austriacos, en el gobierno de coalición del canciller Seipel desde 1922. ↩

  44. Protocolos de Ginebra (octubre de 1922): la Sociedad de Naciones concedió a Austria un préstamo a cambio de un plan de austeridad bajo la vigilancia de un comisario general, el holandés Alfred Zimmerman, con amplios poderes sobre las finanzas del Estado. ↩

  45. La marcha sobre Roma y la llegada de Mussolini a la jefatura del gobierno (28-31 de octubre de 1922), pocos días antes de la apertura del Congreso. ↩

  46. Conferencias de Génova (abril-mayo de 1922) y de La Haya (junio-julio de 1922), en las que las potencias de la Entente exigieron a la Rusia soviética el pago de las deudas zaristas y la indemnización o devolución de las propiedades extranjeras nacionalizadas. ↩

  47. Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919, de orientación reformista. Se la llamaba «Internacional de Ámsterdam», y a sus dirigentes, «los de Ámsterdam». ↩

  48. Elecciones generales británicas del 15 de noviembre de 1922, en las que el Partido Laborista pasó a ser el segundo partido de la Cámara de los Comunes. ↩

  49. Alianza electoral de radicales y socialistas, que ganó las elecciones francesas de 1924 (Cartel des gauches). ↩

  50. El Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), cuya mayoría se fusionó con el SPD en septiembre de 1922 tras unirse su ala izquierda a los comunistas en 1920. ↩

  51. En el congreso de Roma de octubre de 1922, el Partido Socialista Italiano expulsó a los reformistas de Turati y votó la adhesión a la Internacional Comunista; el IV Congreso discutió su fusión con el Partido Comunista de Italia. ↩

  52. Gustav Noske (1868-1946), socialdemócrata alemán, ministro de Defensa en 1919-1920, responsable de la represión de los levantamientos revolucionarios de 1919 con los Freikorps. ↩

  53. El Partido Laborista australiano gobernó en la federación y en varios estados desde 1904 (gobiernos federales de Watson, Fisher y Hughes). ↩

  54. Condiciones de admisión en la Internacional Comunista aprobadas por el II Congreso (1920). ↩

  55. Conferencia de Washington sobre el Pacífico y el desarme naval, abierta el 12 de noviembre de 1921 y clausurada en febrero de 1922. ↩

  56. En el congreso de Tours (diciembre de 1920), la mayoría del Partido Socialista (SFIO) votó la adhesión a la Internacional Comunista; la minoría reformista y centrista se separó y mantuvo la SFIO. ↩

  57. Léon Jouhaux (1879-1954), secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) francesa desde 1909, partidario de la unión sagrada durante la guerra. ↩

  58. Jean Longuet (1876-1938), nieto de Marx, dirigente de la corriente centrista del socialismo francés, que permaneció en la SFIO tras el congreso de Tours. ↩

  59. Alphonse Merrheim (1871-1925), dirigente de la federación de los metalúrgicos de la CGT; participó en la conferencia de Zimmerwald y después se alineó con Jouhaux. ↩

  60. Alianza electoral de los radicales y los socialistas franceses. ↩

  61. Cierre patronal y huelga de los mineros británicos (abril-junio de 1921). El 15 de abril de 1921, el «viernes negro», los dirigentes de los sindicatos ferroviarios y del transporte retiraron la huelga de apoyo prevista por la Triple Alianza sindical. ↩

  62. Confederazione Generale del Lavoro (CGL), la central sindical italiana, dirigida por reformistas. ↩

  63. Hjalmar Branting (1860-1925), dirigente del Partido Socialdemócrata sueco, primer ministro en 1920 y de nuevo desde octubre de 1921. ↩

  64. En Turingia, el KPD apoyó desde el otoño de 1921 en el parlamento regional al gobierno del SPD y el USPD. ↩

  65. Samuel Gompers (1850-1924), presidente de la Federación Americana del Trabajo (AFL). ↩

  66. Industrial Workers of the World, central sindicalista revolucionaria fundada en Chicago en 1905. ↩

  67. En abril-mayo de 1905, los bolcheviques celebraron en Londres el III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, y los mencheviques, una conferencia propia en Ginebra. ↩

  68. Conferencia de Praga del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (enero de 1912), convocada por los bolcheviques, que se constituyeron en partido aparte. ↩

  69. Matanza de los mineros en huelga de los yacimientos de oro del río Lena, en Siberia (abril de 1912), que desencadenó una oleada de huelgas en toda Rusia. ↩

  70. La hambruna de 1921-1922 en la región del Volga. ↩

  71. Persecución del movimiento obrero en España (pistolerismo patronal y «ley de fugas» en Barcelona, 1920-1921) y en Yugoslavia, donde el Partido Comunista fue ilegalizado en 1920-1921. ↩

  72. Organismo creado en 1919 por el tratado de Versalles junto a la Sociedad de Naciones, en el que participaban dirigentes de la Internacional de Ámsterdam. ↩

  73. Primera reunión del Ejecutivo Ampliado de la Internacional Comunista (Moscú, 21 de febrero - 4 de marzo de 1922). ↩

  74. Las «Tesis y adiciones sobre las cuestiones nacional y colonial» del II Congreso de la Internacional Comunista (Moscú, julio-agosto de 1920). ↩

  75. Tratado firmado en agosto de 1920 entre las potencias de la Entente y el gobierno del sultán, que desmembraba el Imperio otomano. La guerra de independencia dirigida por Mustafá Kemal lo hizo inaplicable; en septiembre de 1922 las tropas kemalistas expulsaron al ejército griego de Anatolia. ↩

  76. Tuchün (dujun): gobernadores militares de las provincias chinas, los «señores de la guerra» de la época. ↩

  77. Zamindares y talukdares: grandes propietarios de la India británica a los que el poder colonial reconoció la propiedad de la tierra a cambio de recaudar y entregar el impuesto territorial. ↩

  78. El 1 de noviembre de 1922, pocos días antes de que se abriera el Congreso, la Gran Asamblea Nacional de Ankara abolió el sultanato y separó de él el califato, que quedó como dignidad religiosa sin poder temporal. ↩

  79. La insurrección de los moplahs (mappilas), campesinos musulmanes de Malabar, en agosto-diciembre de 1921, aplastada por el ejército británico. En 1922 el movimiento akali de los sijs del Panyab, contra los administradores de los templos apoyados por los británicos, culminó en la campaña de Guru-ka-Bagh. ↩

  80. El movimiento de no cooperación con las autoridades británicas lanzado por Gandhi y el Congreso Nacional Indio en 1920, que Gandhi suspendió en febrero de 1922 tras los incidentes de Chauri Chaura. ↩

  81. Yeşil Ordu («Ejército Verde»), organización fundada en Anatolia en 1920 que mezclaba nacionalismo, islam y fraseología comunista. ↩

  82. La Unión de Viena o Internacional Dos y Media (Unión Internacional de Partidos Socialistas, 1921), que en 1923 se fusionó con la II Internacional. ↩

  83. Burgfrieden: la tregua política entre las clases que proclamaron en 1914 la socialdemocracia y los sindicatos alemanes en apoyo de la guerra. ↩

  84. Conferencia naval de Washington (noviembre de 1921 - febrero de 1922), en la que los Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Francia e Italia limitaron sus flotas de guerra y regularon sus intereses en el Pacífico y en China. ↩

  85. La primera guerra entre las camarillas de Zhili (Wu Peifu) y de Fengtian (Zhang Zuolin), en abril-mayo de 1922, por el control del gobierno de Pekín; Zhang Zuolin estaba apoyado por Japón. ↩

  86. El sistema de contratas por varios años (indenture), por el que se llevaba a trabajadores indios y chinos, en condiciones cercanas a la servidumbre, a las plantaciones de Fiyi y de otras islas. ↩

  87. Arbeitsgemeinschaften: organismos paritarios de patronos y sindicatos para la colaboración de clases, como la Comunidad Central de Trabajo (Zentralarbeitsgemeinschaft) creada en Alemania en noviembre de 1918. ↩

  88. La Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919, que agrupaba a los sindicatos socialdemócratas y reformistas. ↩

  89. Internacional Sindical Roja (Profintern), fundada en Moscú en julio de 1921 en relación con la Internacional Comunista. ↩

  90. La Confederación General del Trabajo francesa expulsó a la minoría revolucionaria, que en 1922 formó la Confederación General del Trabajo Unitaria (CGTU). ↩

  91. Allgemeiner Deutscher Gewerkschaftsbund, Confederación General Sindical Alemana, la central de los sindicatos socialdemócratas. ↩

  92. Los sindicalistas «localistas», organizados por localidades y no en federaciones centrales: la Unión Obrera Libre de Alemania (FAUD), anarcosindicalista. ↩

  93. El Nationaal Arbeids-Secretariaat (NAS) holandés; los Industrial Workers of the World, de los Estados Unidos; la Unione Sindacale Italiana, sindicalista revolucionaria. ↩

  94. La Internacional Dos y Media o Unión de Viena (Unión Internacional de Partidos Socialistas, 1921), que se fusionó con la II Internacional en el congreso de Hamburgo de mayo de 1923, formando la Internacional Obrera Socialista. ↩

  95. Comités internacionales de propaganda (CIP) por ramas de industria, creados por la ISR para agrupar a los sindicatos revolucionarios de cada rama. ↩

  96. Las «Tesis sobre el frente único» aprobadas por el Comité Ejecutivo el 18 de diciembre de 1921, que el Congreso añadió como anexo a las tesis sobre la táctica. ↩

  97. El Partido Comunista francés estaba dividido entre un centro (Frossard, Cachin), una izquierda (Souvarine, Treint) y una derecha. El centro, que se resistía a aplicar la táctica del frente único y las directrices del Ejecutivo, se quedó con la dirección en el congreso de París de octubre de 1922. Frossard abandonó el partido en enero de 1923. ↩

  98. En Italia, el Ejecutivo había impulsado la táctica del frente único frente a la dirección del Partido Comunista de Italia (Bordiga), y, tras la expulsión de los reformistas del Partido Socialista Italiano en octubre de 1922, propuso la fusión de este con los comunistas. ↩

  99. El Partido Laborista Noruego, afiliado a la Internacional, rechazaba bajo la dirección de Martin Tranmæl el centralismo de la Internacional; se separó de ella en 1923. ↩

  100. En el Partido Comunista de Checoslovaquia, el Ejecutivo intervino en el conflicto entre la dirección de Smeral y un grupo opositor, cuyos dirigentes fueron expulsados en 1922. ↩

  101. Estatutos aprobados por el II Congreso (1920). Su artículo 9 faculta al Comité Ejecutivo para exigir a los partidos afiliados la exclusión de grupos o personas que infrinjan la disciplina internacional y para excluir de la Internacional a los partidos que violen las decisiones del Congreso Mundial. ↩

  102. Übergangsforderungen: reivindicaciones que, partiendo de las necesidades inmediatas de los trabajadores, plantean cuestiones de poder (control obrero de la producción, la consigna alemana de «incautación de los valores reales», Erfassung der Sachwerte, etc.). Su inclusión en el programa fue el centro del debate sobre el programa en el Congreso. ↩

  103. La resolución, presentada por Zinóviev en nombre de la presidencia, cerró el debate entre Bujarin, que no quería fijar en el programa consignas tácticas como las reivindicaciones transitorias, y Thalheimer y Varga, que defendían incluirlas. Antes de votarla, la delegación rusa (Lenin, Trotski, Zinóviev, Rádek y Bujarin) declaró que incluirlas en el programa no podía considerarse oportunismo. El programa de la Internacional no se aprobó hasta el VI Congreso (1928). ↩

  104. El Japón ocupó en 1920 el norte de Sajalín, que era ruso desde 1875 (el sur había pasado al Japón en 1905); lo evacuó en 1925 tras el tratado de Pekín con la URSS. ↩

  105. Tras la huelga y el levantamiento del Rand (enero-marzo de 1922) fueron ahorcados cuatro huelguistas blancos condenados por los tribunales: Carel Stassen, el 5 de octubre, y Samuel «Taffy» Long, Herbert Hull y David Lewis, el 17 de noviembre de 1922. ↩

  106. Las tesis sobre la acción de los comunistas en el movimiento cooperativo, aprobadas por el III Congreso (Moscú, junio-julio de 1921). ↩

  107. Así en el texto alemán; el sentido parece ser «una sección cooperativa especial del Comité Central». ↩

  108. La II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas se celebró en Moscú en junio de 1921, antes del III Congreso. ↩

  109. Huelga general de los mineros blancos del Witwatersrand (Johannesburgo), en enero-marzo de 1922, convertida en insurrección armada y aplastada por el gobierno de Smuts con el ejército, la aviación y la artillería. ↩

  110. En Tulsa (Oklahoma), entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1921, turbas blancas arrasaron el barrio negro de Greenwood y mataron a decenas, quizá centenares, de sus habitantes. ↩

  111. Los Estados Unidos ocupaban militarmente Haití desde 1915 y la República Dominicana (Santo Domingo) desde 1916; Puerto Rico era posesión estadounidense desde 1898. ↩

  112. Las «Tesis y adiciones sobre las cuestiones nacional y colonial» aprobadas por el II Congreso de la Internacional Comunista (1920). ↩

  113. El Partido Socialista de Egipto, fundado en 1921; a comienzos de 1923 adoptó el nombre de Partido Comunista de Egipto. ↩

  114. De esta iniciativa nació el Socorro Rojo Internacional (MOPR), fundado en Moscú en 1922. ↩

  115. II Congreso del Partido Comunista francés (París, 15-19 de octubre de 1922). La izquierda, en minoría, se negó a entrar en una dirección formada solo por el centro y sus representantes dimitieron de sus cargos. ↩

  116. Daniel Renoult, dirigente de una tercera fracción del partido, contraria al frente único. ↩

  117. Renaud Jean, diputado campesino del Lot y Garona, que dirigía el trabajo del partido en el campo. ↩

  118. Órgano del partido francés entre congresos, formado por representantes de las federaciones. ↩

  119. Ludovic-Oscar Frossard, secretario general del partido desde Tours. Dimitió el 1 de enero de 1923 y abandonó el Partido Comunista. ↩

  120. Marcel Cachin, director de L'Humanité y uno de los artífices, con Frossard, de la adhesión a la Internacional Comunista en 1920. ↩

  121. Alfred Rosmer, sindicalista revolucionario, miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. ↩

  122. Boris Souvarine, dirigente de la izquierda del partido y miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. ↩

  123. L'Humanité, diario del Partido Comunista francés desde el Congreso de Tours. ↩

  124. Semanario teórico del partido, dirigido por Souvarine. ↩

  125. Primera sesión del Ejecutivo Ampliado de la Internacional Comunista (Moscú, 21 de febrero-4 de marzo de 1922), que aprobó la táctica del frente único con la oposición de las delegaciones francesa, italiana y española. ↩

  126. Las grandes huelgas de la metalurgia y la siderurgia de Vizcaya de 1922. ↩

  127. Confederación Nacional del Trabajo (CNT), central anarcosindicalista. ↩

  128. Unión General de Trabajadores (UGT), central sindical socialista y reformista. ↩

  129. El II Congreso de la Internacional Comunista de la Juventud se celebró en Moscú en julio de 1921, tras el III Congreso de la IC. ↩

  130. Las internacionales juveniles ligadas a la Segunda Internacional y a la Unión de Viena se fusionaron en Hamburgo en mayo de 1923, al tiempo que sus partidos, en la Internacional Juvenil Socialista. ↩

  131. Bohumil Jílek y Václav Bolen, dirigentes de la oposición de izquierda del Partido Comunista de Checoslovaquia, expulsados del partido en 1922. ↩

  132. Bohumír Smeral (Šmeral), principal dirigente del Partido Comunista de Checoslovaquia, procedente del ala izquierda de la socialdemocracia checa. La resolución es la que aprobó sobre la cuestión checoslovaca el Ejecutivo Ampliado de la Internacional Comunista, reunido en Moscú en 1922. ↩

  133. Emanuel Vajtauer, publicista checo de procedencia anarcosindicalista, miembro de la oposición de izquierda del partido. ↩

  134. Afiliados al Partido Nacionalsocialista Checoslovaco, partido nacionalista pequeñoburgués de orientación reformista (sin relación con el nazismo alemán). ↩

  135. El hambre del Volga de 1921-1922. La campaña obrera de socorro la organizó el Socorro Obrero Internacional (Internationale Arbeiterhilfe), fundado en Berlín en 1921 bajo la dirección de Willi Münzenberg, que presentó esta resolución. ↩

  136. El II Congreso del Partido Socialista Obrero de Yugoslavia (comunistas), celebrado en Vukovar en junio de 1920, adoptó el nombre de Partido Comunista de Yugoslavia y confirmó la adhesión a la Internacional Comunista. ↩

  137. El decreto llamado Obznana («Proclama»), de 29 de diciembre de 1920, dictado durante la huelga de los mineros de Bosnia y Eslovenia. ↩

  138. La ley de defensa del Estado se aprobó a comienzos de agosto de 1921, tras el asesinato del exministro del Interior Milorad Drašković, autor de la Obznana, por un joven comunista (julio de 1921). ↩

  139. Alejandro I de Yugoslavia se casó en junio de 1922 con María de Rumanía. ↩

  140. La Federación Comunista Balcánica, fundada en 1920, agrupaba a los partidos comunistas de los Balcanes bajo la dirección de la Internacional Comunista. ↩

  141. El Partido Obrero Noruego (Det norske Arbeiderparti, NAP), adherido a la Internacional Comunista en 1919, tenía una estructura de tipo laborista: los sindicatos se afiliaban a él colectivamente. En 1923 la mayoría, dirigida por Martin Tranmæl, rompió con la Internacional; la minoría fundó el Partido Comunista de Noruega. ↩

  142. El órgano central del partido se llamaba entonces Social-Demokraten. ↩

  143. «Mot Dag» («Hacia el día»): grupo de estudiantes e intelectuales de izquierda reunido desde 1921 en torno a la revista del mismo nombre y dirigido por Erling Falk. ↩

  144. Halvard Olsen, dirigente del sindicato metalúrgico noruego; el partido lo había expulsado. ↩

  145. En plena guerra civil irlandesa (junio de 1922-mayo de 1923) entre el Estado Libre, surgido del tratado anglo-irlandés de 1921, y los republicanos que lo rechazaban. ↩

  146. En alemán «die Schwarz-Gelben», por los Black and Tans, fuerza auxiliar británica empleada contra el independentismo irlandés en 1920-1921. ↩

  147. Thomas Johnson, dirigente del Partido Laborista irlandés y jefe de su grupo parlamentario en el Dáil. ↩

  148. James Connolly, socialista irlandés fusilado por los británicos tras el Alzamiento de Pascua de 1916; James Larkin, dirigente sindical, entonces encarcelado en los Estados Unidos. ↩

  149. Alusión a las conferencias de Génova (abril-mayo de 1922) y de La Haya (junio-julio de 1922), en las que las potencias exigieron a la Rusia soviética el reconocimiento de las deudas zaristas y la restitución o indemnización de las propiedades extranjeras nacionalizadas. ↩

  150. La Nueva Política Económica (NEP), adoptada en marzo de 1921. ↩

  151. Congreso de Tours (diciembre de 1920), en el que la mayoría del Partido Socialista (SFIO) votó la adhesión a la Internacional Comunista y fundó el Partido Comunista francés; la minoría siguió como SFIO. ↩

  152. II Congreso del Partido Comunista francés, celebrado en París en octubre de 1922, en el que se enfrentaron el centro de Frossard y Cachin y la izquierda de Souvarine y Treint. ↩

  153. Daniel Renoult, dirigente de una tercera fracción del partido francés, contraria al frente único. ↩

  154. Federación del departamento del Sena (París y su periferia), la mayor del partido. ↩

  155. Ernest Lafont, abogado y diputado, partidario de la autonomía absoluta de los sindicatos frente al partido. ↩

  156. Huelga de los metalúrgicos de El Havre en el verano de 1922; el 26 de agosto la fuerza pública disparó contra los huelguistas y hubo muertos. ↩

  157. Los socialistas que en Tours no aceptaron la adhesión a la Internacional Comunista y mantuvieron la SFIO. ↩

  158. Confederación General del Trabajo Unitaria, central sindical revolucionaria escindida en 1921-1922 de la CGT reformista. ↩

  159. Así en el original. La gran huelga general convocada por la CGT, con los ferroviarios a la cabeza, comenzó el 1 de mayo de 1920 y acabó en derrota. ↩

  160. Ligue des droits de l'homme et du citoyen, fundada en 1898 durante el caso Dreyfus. ↩

  161. Asambleas electivas de los departamentos franceses. ↩

  162. Ciudad de Argelia, entonces colonia francesa, con fuerte población de colonos europeos. Su sección comunista había afirmado en 1922 que la emancipación de los indígenas solo podría seguir a la revolución en la metrópoli. ↩

  163. En el congreso de Reggio Emilia (julio de 1912) fueron expulsados del PSI (Partido Socialista Italiano) los reformistas de derecha Leonida Bissolati e Ivanoe Bonomi, que habían apoyado la guerra de Libia. En 1914 salieron del partido los partidarios de la intervención de Italia en la guerra mundial, con Benito Mussolini, expulsado en noviembre de ese año. ↩

  164. XVII Congreso del PSI, en Livorno (enero de 1921). La fracción comunista, minoritaria, abandonó el congreso y fundó el Partido Comunista de Italia; la mayoría «maximalista» de Serrati se negó a expulsar a los reformistas de Turati, como exigían las 21 condiciones. ↩

  165. El XIX Congreso del PSI (Roma, octubre de 1922) expulsó a los reformistas de Turati y Matteotti, que fundaron el Partido Socialista Unitario, y votó la adhesión a la Internacional Comunista. ↩

  166. Las condiciones de admisión en la Internacional Comunista aprobadas por el II Congreso (1920). ↩

  167. Arturo Vella, diputado y dirigente del PSI. ↩

  168. En el impreso falta el número 5 delante de este punto. ↩

  169. Angelo Tasca, Antonio Gramsci y Mauro Scoccimarro (así debe leerse el «Succimarro» del impreso), dirigentes del Partido Comunista de Italia; Giacinto Menotti Serrati y Fabrizio Maffi, dirigentes de la corriente del PSI favorable a la Internacional Comunista. ↩

  170. Confederazione Generale del Lavoro (CGL), la central sindical italiana, dirigida por reformistas y adherida a la Internacional de Ámsterdam (Federación Sindical Internacional). ↩

  171. Internacional Sindical Roja, fundada en Moscú en 1921. ↩

  172. Condiciones de admisión en la Internacional Comunista aprobadas por el II Congreso (1920). ↩

  173. Revista del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, publicada desde 1919 en varias lenguas. ↩

  174. Internacional Juvenil Comunista, fundada en Berlín en 1919. ↩

  175. Entre otras, las conferencias de Spa (1920), Londres (1921), Cannes y Génova (1922) sobre las reparaciones alemanas y la reconstrucción de Europa. ↩

  176. Conferencia de paz entre Turquía y las potencias de la Entente, abierta en Lausana el 20 de noviembre de 1922, que debía sustituir el Tratado de Sèvres (1920), inaplicable tras la victoria de los kemalistas sobre Grecia. ↩

  177. Las colonias de poblamiento blanco (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica), llamadas dominios, que obtuvieron tras la guerra una autonomía creciente. ↩

  178. Francia apoyó a la Turquía kemalista, con la que firmó un acuerdo por separado en 1921 (acuerdo de Ankara), frente a Grecia, respaldada por Inglaterra. ↩

  179. El Senado de los Estados Unidos rechazó en 1919-1920 la ratificación del Tratado de Versalles; los Estados Unidos firmaron en 1921 una paz por separado con Alemania. ↩

  180. Conferencia de Washington (noviembre de 1921 - febrero de 1922): el tratado naval fijó la proporción de los acorazados de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Francia e Italia, y el tratado de las cuatro potencias sobre el Pacífico sustituyó la alianza anglojaponesa de 1902. ↩

  181. La Internacional Dos y Media: la Unión de Viena (Unión Internacional de Partidos Socialistas, 1921-1923), formada por partidos centristas que habían salido de la II Internacional sin entrar en la Comunista. ↩

  182. Acuerdo firmado en septiembre de 1922 entre el industrial alemán Hugo Stinnes y el marqués de Lubersac, representante de los damnificados franceses, para el pago en especie de reparaciones mediante la reconstrucción del norte de Francia. «Política de cumplimiento» (Erfüllungspolitik): la de los gobiernos alemanes que intentaban cumplir las obligaciones de reparación para demostrar que eran imposibles de satisfacer. ↩

  183. Organización de cultura proletaria fundada en la Rusia soviética en 1917, con ramas en otros países. ↩

  184. Escuelas obreras independientes de Gran Bretaña, en torno al Central Labour College de Londres y la Plebs League. ↩

  185. Academia Socialista de Ciencias Sociales, fundada en Moscú en 1918; desde 1924, Academia Comunista. ↩

  186. Confederación General del Trabajo Unitaria, central sindical revolucionaria surgida en 1921-1922 de la escisión de la CGT reformista; en 1922 su adhesión a la Internacional Sindical Roja todavía era discutida por los anarcosindicalistas. ↩

  187. Federación Sindical Internacional, con sede en Ámsterdam, de orientación reformista. ↩

  188. En alemán, Burgfrieden, la tregua de clases de los socialistas y sindicatos con sus gobiernos durante la guerra mundial; en Francia, la union sacrée. ↩

  189. Las tropas francesas y belgas ocuparon el Ruhr en enero de 1923, pocas semanas después del Congreso. ↩

  190. Tratados de paz de 1919-1920 con Austria (Saint-Germain), Bulgaria (Neuilly), Hungría (Trianon) y Turquía (Sèvres). ↩

  191. Tesis sobre el partido comunista y el parlamentarismo, aprobadas por el II Congreso (1920). ↩