III Congreso de la Internacional Comunista de la Juventud, Moscú, 4-16 de diciembre de 1922, a continuación del IV Congreso de la Internacional Comunista. Traducido de las ediciones inglesas de la propia ICJ: Resolutions and Theses adopted by the Third Congress of the Y.C.I., Berlín, Publishing House of the Young International, 1923, pp. 4-58 (marxists.org), y, para la resolución sobre el programa, el proyecto provisional del nuevo programa y la resolución sobre las reivindicaciones económicas, The Programs of the Young Communist International, Berlín-Schöneberg, 1923, pp. 26-56 (marxists.org); el texto de estas dos resoluciones en el primer folleto solo difiere en la ortografía y en dos frases mínimas («physically and mentally healthy younger generation»; «night work … in shops»). Se omiten el prólogo de los editores y el informe sobre el programa. La lengua de trabajo de la ICJ era el alemán; no hay copia libre de la edición alemana (Bericht vom III. Weltkongress der Kommunistischen Jugendinternationale, Berlín, 1923) ni de la rusa: traducimos la edición inglesa de época. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés
El programa de Berlín de 1919 está en Congreso de fundación de la Internacional Comunista de la Juventud (1919). La resolución del IV Congreso de la Internacional Comunista sobre la ICJ, que el folleto reproduce al final, está en IV Congreso de la Internacional Comunista (1922).
Resolución sobre el informe del IV Congreso de la Internacional Comunista
Tras escuchar el informe del camarada Zinóviev1 sobre los trabajos y los resultados del IV Congreso de la Internacional Comunista, el III Congreso de la ICJ hace suyas todas las decisiones de aquel congreso y encarga a todas las ligas que hagan cuanto esté en su mano por llevarlas a la práctica, apoyando la línea política del CE de la Internacional Comunista.
El congreso saluda la decisión del IV Congreso de barrer los últimos restos de federalismo y de transformar la Internacional Comunista en un verdadero partido mundial, disciplinado y centralizado. Encarga al CE de la ICJ y a todas las ligas que sigan educando con energía aún mayor a la juventud obrera en el espíritu de un partido comunista mundial internacional.
Ante la fuerza creciente y el radio de acción cada vez mayor de la reacción y del fascismo en todos los países, el congreso encarga a las ligas que participen por entero y con energía, bajo la dirección del CE de la ICJ, en la lucha contra la reacción mundial y contra la amenaza de una nueva guerra. Llama a los jóvenes obreros de todo el mundo a unirse a la ICJ y a la IC en esta lucha y a establecer así el frente único de toda la juventud obrera para la lucha contra la ofensiva política y económica de la burguesía internacional.
Resolución sobre el informe del Comité Ejecutivo
Tras escuchar el informe del CE, el III Congreso de la ICJ aprueba la línea política en que se basa y el trabajo práctico realizado durante el periodo que abarca el informe.
El III Congreso aprueba la actitud y la actividad del CE en el establecimiento del frente único de los jóvenes y de los adultos y en la convocatoria del congreso mundial de jóvenes obreros, así como su actitud ante las organizaciones juveniles adversarias.
El III Congreso aprueba además, en su conjunto, la actividad del CE en la aclaración, la divulgación y la defensa de las decisiones del II Congreso, y en particular en la interpretación de la cuestión discutida de la lucha económica de los jóvenes obreros y en el trabajo educativo.
Al tiempo que aprueba los esfuerzos hechos para consolidar las relaciones entre las ligas y los partidos comunistas, el congreso encarga al futuro Ejecutivo que preste especial atención a la ayuda práctica que los partidos dan a las ligas, a la coordinación eficaz de la actividad de las ligas en las cuestiones juveniles y también a su participación en la vida y en la lucha de los partidos comunistas.
El congreso hace constar su satisfacción por la actividad fructífera del Comité Ejecutivo en la lucha económica y encarga al nuevo Ejecutivo que intensifique el trabajo diario de las ligas en este terreno.
El congreso aprueba el trabajo educativo realizado por el CE. Una de las tareas más importantes del nuevo Ejecutivo será la elaboración de más materiales y la publicación de literatura educativa.
El congreso hace constar la mejora del trabajo antimilitarista del CE; considera imprescindible, sin embargo, intensificar la educación antimilitarista y la supervisión del trabajo antimilitarista de todas las ligas, sobre todo en los países con ejércitos de voluntarios.
El congreso toma nota del trabajo de la editorial internacional. Encarga al nuevo Ejecutivo que publique más en otras lenguas además del alemán. El Ejecutivo debe intensificar el trabajo entre los niños, los estudiantes y los campesinos. Esto es también imprescindible en el terreno del deporte.
El congreso hace constar que el CE ha dado un gran paso adelante en la dirección del trabajo y de la lucha de las distintas ligas, sobre todo de las de los países latinos, anglosajones y orientales.
El congreso considera correcta la política del Ejecutivo sobre las formas legales de trabajo en los países bajo el dominio del terror blanco. Pero el futuro Ejecutivo debe prestar más ayuda práctica a las ligas ilegales y preparar a las demás para posibles periodos de ilegalidad.
El congreso aprueba la intervención del CE en los casos de las ligas italiana, noruega y checoslovaca.
Hay que reforzar la cooperación de las ligas bajo la dirección del CE, así como la supervisión de la reorganización de las ligas. El rápido desarrollo del movimiento en Oriente durante el último año exige una dirección más firme en los países de Oriente.
Pero como en el trabajo del CE se han observado algunas deficiencias de organización, sobre todo en el retraso en la preparación de materiales, y como las tareas del CE crecen en volumen, el congreso decide ampliar el CE y le encarga que reparta su trabajo más que hasta ahora.
La cooperación del CE de la ICJ con el CE de la IC, que ha mejorado decididamente, debe intensificarse todavía más por ambas partes, tanto por la ICJ como por la IC.
El congreso reitera su convicción de que una estricta centralización internacional dentro de la ICJ es absolutamente necesaria y encarga al CE y a las ligas que la lleven a cabo con precisión.
Resolución de la Comisión italiana sobre el trabajo del CE
(Sobre la actitud del CE en la cuestión de la Liga de la Juventud Socialista de Italia.)
La comisión opina que es imprescindible organizar un trabajo sistemático dentro de la Liga de la Juventud Socialista de Italia para ganar para las ideas comunistas al mayor número posible de sus miembros.
La comisión aprueba en principio los esfuerzos del CE encaminados a fusionar la Liga de la Juventud Socialista de Italia (libre de los elementos reformistas) con la Liga de la Juventud Comunista de Italia.
Ante la situación creada por la fusión de los partidos socialista y comunista de Italia, decidida por el IV Congreso de la Internacional Comunista,2 la comisión declara que la aplicación de este principio al movimiento juvenil, en las condiciones más favorables, es la única consecuencia posible y la única solución práctica.
Resolución sobre la prensa internacional
La Internacional de la Juventud3 dejará de tener su carácter actual de órgano teórico para los dirigentes y, a la vez, de órgano de propaganda para los jóvenes obreros indiferentes. En adelante aparecerá con el mismo nombre que hasta ahora y como órgano internacional dirigente para los miembros más avanzados de las ligas.
Se publicarán periódicos ilustrados (según el modelo de Imágenes de la vida de la juventud de la Rusia soviética) para la propaganda y la difusión de masas con ocasión de acontecimientos importantes, aniversarios, etc.
Se suprime la edición alemana de la Correspondencia de la Internacional Juvenil como órgano de venta. En adelante aparecerá en forma de boletín, que transmitirá a las distintas ligas comunicaciones del CE, manifiestos, materiales importantes e informaciones de otras ligas.
Resultados de la aplicación de las decisiones del II Congreso de la ICJ
I
El II Congreso de la ICJ encomendó a las ligas de juventudes comunistas la tarea de convertirse en organizaciones de masas de la juventud obrera. La transformación de las ligas en organizaciones de masas significaba:
Ampliar la actividad, hasta entonces puramente política, abordando todas las cuestiones relacionadas con la vida de los jóvenes obreros como parte de las tareas de lucha y de educación de las ligas, a fin de lograr una influencia permanente sobre la masa de los jóvenes obreros;
Abrir de par en par las puertas de las ligas a todos los jóvenes obreros dispuestos a participar en su lucha y en su trabajo educativo;
Introducir formas de organización y de actividad que permitan a las ligas penetrar en las masas de jóvenes obreros y asegurarse sobre ellas una influencia permanente y dirigente.
Con este fin, el II Congreso dio directrices especiales para la reorganización de las ligas, para la dirección de la lucha contra el militarismo burgués y de la lucha por mejores condiciones económicas, para la educación revolucionaria y la formación intelectual y física de la juventud proletaria, para ganar a los jóvenes obreros agrícolas e indígenas y a los niños proletarios (poniendo a estos bajo la influencia de las ligas), etc. Todo ello debía desembocar en la ilustración política de los jóvenes obreros, a los que, por medio de las ligas, había que poner en estrecho contacto y cooperación con la actividad política de los partidos comunistas, guías del proletariado revolucionario.
II
Una serie de obstáculos se sumaron para dificultar el cumplimiento de las decisiones del congreso por las ligas.
A consecuencia de los numerosos reveses en la lucha de clases, todo el movimiento obrero había mostrado una voluntad de lucha decreciente. Este estado de ánimo se expresó en las filas de los jóvenes obreros en la disminución de su interés directo y activo por las cuestiones políticas. Además, los ataques de la reacción contra las ligas de juventudes comunistas crecieron en número y en fuerza y empujaron a algunas de nuestras secciones a la ilegalidad.
Las tareas que el II Congreso planteó a las ligas eran total o parcialmente nuevas para todas ellas, y hizo falta bastante tiempo para orientarse internamente y comprenderlas. A ello hay que añadir que el aparato organizativo de varias ligas quedó muy debilitado poco después del congreso a causa de la crisis económica general y de la capacidad decreciente de la mayoría de los jóvenes obreros para sostener económicamente a sus organizaciones.
III
Todas las decisiones del II Congreso se han demostrado correctas en la práctica. No ha sido necesario modificar en lo fundamental ninguna de sus directrices. Su aplicación al trabajo y a los métodos de organización de las ligas ha dado hasta ahora los resultados siguientes:
La aplicación de las decisiones del congreso produjo un cambio ideológico en la actitud de las ligas. En el curso de largas discusiones, sobre la interpretación de las decisiones y sobre su adaptación a las condiciones nacionales concretas, las decisiones del congreso se adoptaron como base ideológica de la actividad ulterior de las ligas. Sin embargo, la aprobación de los nuevos métodos de trabajo por acuerdos de congresos o conferencias nacionales, así como la modificación de la base de los programas de las ligas, solo se llevó a cabo en muchos de los países más importantes en el primer semestre de 1922 (por ejemplo, en Checoslovaquia, Italia, Gran Bretaña, América, Bulgaria y Francia).
La adopción de las decisiones como base de trabajo infundió nueva vida a la actividad interna de las ligas y consolidó sus estructuras. Los esfuerzos por coordinar las fuerzas de la parte organizada de la juventud obrera contra la ofensiva capitalista (esfuerzos de frente único en Alemania, Checoslovaquia, Austria, Italia, Suiza, Suecia y Finlandia); la adopción de la propaganda por las reivindicaciones económicas generales de los jóvenes obreros (en Alemania, Checoslovaquia, Austria, Suecia, Francia, Italia, Rumanía, América y Polonia); la iniciativa y la realización de acciones especiales de los jóvenes obreros para conseguir sus reivindicaciones (Alemania, Checoslovaquia, Austria, Yugoslavia y Rumanía); la intervención de la juventud obrera en las cuestiones escolares (Austria, Alemania e Italia); los primeros intentos de trabajo educativo comunista popular (en Austria y Alemania); la atención prestada a la juventud en las organizaciones deportivas obreras (en Francia, Suecia, Noruega, Finlandia, Checoslovaquia e Italia); el comienzo de un trabajo educativo sistemático entre los miembros de las ligas (en Noruega, Suecia, Alemania, Bulgaria, Francia, América y Rusia): todo ello demuestra que se han logrado condiciones previas importantes para la actividad de masas.
En las distintas cuestiones pueden registrarse los siguientes resultados prácticos:
La aprobación en principio de la nueva regulación de las relaciones entre las ligas de juventudes comunistas y los partidos comunistas se llevó a cabo rápidamente y sin grandes dificultades. En Austria, Finlandia, Bulgaria, Gran Bretaña y América los partidos tomaron acuerdos especiales sobre el apoyo a las ligas de juventudes comunistas. Pero la aplicación práctica de esos acuerdos fue en algunos casos muy poco satisfactoria. La participación en la vida política y en la actividad política de los partidos, imprescindible para la educación comunista y para el éxito de la actividad de masas, se llevó a cabo en algunos casos en plena armonía con la actividad juvenil comunista recién iniciada, mientras que en otros (en Checoslovaquia y Alemania, por ejemplo) no siempre fue satisfactoria. En varios países donde el Partido Comunista atravesó una crisis, las ligas tuvieron que desarrollar (con el consentimiento de la Internacional) una actividad política más intensa dentro de los partidos.
Algunas ligas han empezado a reunir materiales sobre las condiciones económicas de la juventud obrera de sus países como preparación para una actividad económico-sindical sistemática. Las ligas de juventudes comunistas de Alemania, Austria, Suecia y Noruega disponen de esos materiales. Más logros prácticos pueden registrarse en el terreno de la ilustración sobre las cuestiones básicas de los jóvenes obreros y de la propaganda por sus reivindicaciones. El logro más importante es que se ha llamado la atención de los sindicatos y de las demás organizaciones proletarias sobre las cuestiones que afectan a los jóvenes obreros. Ello se debe a la actividad de las ligas de juventudes comunistas de Alemania, Austria, Francia, Polonia, Finlandia, Rumanía, Checoslovaquia y, en parte, también de Italia. Varios sindicatos y otras organizaciones juveniles proletarias se vieron obligados a formular ellos mismos reivindicaciones de los jóvenes obreros. Las ligas de Alemania, Austria, Checoslovaquia, Rumanía, Yugoslavia e Italia han llevado a cabo algunas campañas largas y otras cortas y esfuerzos por conseguir las reivindicaciones fundamentales o parciales de los jóvenes obreros. En Austria, Alemania, Rumanía, Yugoslavia, Bulgaria, Polonia, Bélgica y América las ligas de juventudes comunistas pudieron intervenir en las huelgas y otras luchas de los jóvenes obreros e incluso asumir la dirección de esas acciones.
El trabajo educativo se limitó sobre todo a los miembros. Su ilustración sobre los principios fijados por el II Congreso, en especial sobre la educación comunista, constituyó una gran parte del trabajo educativo de las ligas. Se tomaron medidas para la formación de dirigentes en forma de cursos regulares, círculos de estudio, etc., en Noruega, Suecia, Alemania y Bulgaria. Los comités ejecutivos nacionales de las ligas de Francia, Gran Bretaña, Austria, América y Checoslovaquia se propusieron influir en el trabajo educativo de sus secciones locales suministrándoles con regularidad directrices y materiales (boletines, instrucciones, etc.). En Austria, Bulgaria, Alemania, Rumanía y Checoslovaquia la vida de las secciones locales ha experimentado cierta mejora con la introducción de métodos populares. Hasta ahora se ha publicado muy poca literatura educativa, aunque apareció una pequeña cantidad en Bulgaria, Suecia, Noruega y Alemania.
El trabajo antimilitarista prácticamente se ha estancado. Ello se explica por la disminución del espíritu militarista desde la guerra, perceptible en algunos países, y en parte por la creciente reacción, que reprime salvajemente toda propaganda antimilitarista. Las ligas de juventudes comunistas de Francia, Austria, Suecia, Noruega, Checoslovaquia, España y Grecia llevan a cabo actividades más o menos regulares entre los soldados y reclutas de sus países. Solo se hicieron campañas de propaganda en Francia, Italia, Checoslovaquia y España, mientras que las ligas sueca y noruega emprendieron una acción por las reivindicaciones parciales de los soldados. Un paso adelante importante en el trabajo antimilitarista es la colaboración de las ligas alemana y francesa, a la que ya se ha dado un comienzo organizativo.
Solo la Liga de la Juventud Comunista de Alemania ha desarrollado una actividad amplia y sistemática en el movimiento de las secciones infantiles comunistas, con muy buenos resultados en la extensión de la influencia comunista a nuevos sectores de la clase obrera. Las demás secciones de la ICJ no pudieron dedicar a este trabajo atención y energía suficientes. Por eso los grupos infantiles de esos países carecen de centralización y de uniformidad.
Los ensayos hechos en los países que solo permiten el trabajo ilegal, aprovechando las posibilidades legales, han aportado experiencias valiosas y resultados satisfactorios.
IV
Las ligas de juventudes comunistas no se han convertido todavía en organizaciones de masas en el sentido de tener un estrecho contacto con las masas de jóvenes obreros, de la participación de sus secciones locales y de sus miembros en la lucha diaria de los jóvenes obreros por mejorar sus condiciones, y en el sentido de una mejor ilustración revolucionaria de las masas por medio de un trabajo educativo comunista interesante y hecho a escala de masas.
La experiencia hasta ahora demuestra que, para alcanzar ese fin, las ligas de juventudes comunistas deben dedicar su atención a las siguientes tareas principales:
En ninguna liga se ha completado todavía la reorganización del trabajo. Por eso la tarea principal será recuperar el tiempo perdido (participación activa en la vida del Partido, reunión de materiales sobre las condiciones económicas de la juventud, actividad de agitación en torno a nuestras reivindicaciones económicas básicas, campañas y acciones por reivindicaciones completas y parciales, organización del trabajo sindical, formación de dirigentes y de miembros, publicación de materiales para el trabajo educativo comunista, desarrollo de la vida de las secciones locales, organización del contacto con los jóvenes comunistas del ejército, trabajo entre los soldados y reclutas, agitación y campañas antimilitaristas, centralización de las organizaciones de la liga y aplicación de la disciplina).
En cuanto al trabajo económico-sindical, no solo hay que organizar las actividades y manifestaciones generales en los distintos países, sino también concentrarse en el trabajo diario en las industrias y en las escuelas. Solo prestando una atención estricta a la vida en la industria y en la escuela de la juventud obrera, y sacudiendo continuamente a los indiferentes para que defiendan las reivindicaciones de la juventud obrera, podrán nuestras secciones locales y células ganarse la confianza de los jóvenes obreros y crear las condiciones previas para su influencia educativa comunista sobre esas masas. La intensificación del trabajo en los sindicatos mediante la creación de fracciones de jóvenes comunistas (que deben procurar que en todos los conflictos laborales, negociaciones salariales, etc., estén representados los intereses de los jóvenes obreros) debe ir de la mano del trabajo en los talleres.
Como en todo el movimiento comunista faltan dirigentes capaces, es de vital importancia, tanto para las ligas como para los partidos, que todo el trabajo educativo se haga con vistas a capacitar a los miembros para esas tareas. Además de formar a los miembros para los cargos dirigentes, una de las tareas principales de las ligas de juventudes comunistas debe ser dar a los miembros los conocimientos y la formación que les permitan desempeñar un papel activo y dirigente entre las masas de jóvenes obreros no organizados e imbuir a estos de las concepciones marxistas. Hay que emprender sin más demora, y con la colaboración activa de todos los miembros de las ligas, esfuerzos educativos de carácter de masas que lleguen a un porcentaje mayor de los obreros no organizados. Solo el trabajo práctico puede elevar la capacidad de trabajo de nuestras propias organizaciones y dar métodos eficaces para este trabajo educativo. Hay que prestar más atención a la prensa, a los órganos de las ligas y también a los suplementos juveniles y a los artículos en los periódicos del Partido; la prensa debe convertirse en un medio para influir y educar en espíritu comunista no solo a los miembros de las ligas, sino también a las masas de la juventud obrera.
El cumplimiento de las tareas organizativas fijadas por el II Congreso debe considerarse uno de los medios más importantes para establecer un contacto verdaderamente estrecho con la juventud obrera. Un trabajo organizativo sistemático es imposible sin un trabajo concienzudo de estadística y registro sobre la fluctuación de los afiliados y la composición de los afiliados según posición social, edad y actividad en la sección local.
Solo concentrándose en una actividad regular y bien organizada en las fábricas y talleres se convertirán las ligas de juventudes comunistas en organizaciones de masas de la juventud obrera en el verdadero sentido de la palabra.
La tarea práctica de las ligas de juventudes comunistas consiste en ir reconstruyendo sus organizaciones conforme a los principios siguientes:
La unidad básica de la liga es la célula de empresa. Las células de empresa de las ciudades se agrupan en secciones locales, que abarcan así a los camaradas que trabajan en las empresas industriales del territorio correspondiente. La afiliación directa a estas secciones solo se permite a los miembros de la liga que, residiendo en el distrito de la sección, no trabajan en industrias grandes o medianas donde sea posible una célula de fábrica.
Las tareas principales de las células son: la agitación política, la lucha económica, el reclutamiento de nuevos miembros, el cobro de las cuotas, la difusión de literatura, la discusión del trabajo de la liga dentro de las fábricas y talleres, la actividad educativa en la medida de lo posible y la convocatoria de asambleas de taller de los jóvenes obreros. Tras su reorganización sobre la base de una agrupación de células, la sección local debe seguir haciendo una parte considerable del trabajo de la liga. Ante todo, debe controlar toda la actividad de las células de fábrica, centralizar su dirección, hacer propaganda en el campo, trabajar en los grupos infantiles y organizar las actividades educativas superiores.
Solo una formación así de las ligas de juventudes comunistas nos garantizará un contacto estrecho y permanente con las masas, una influencia sistemática sobre ellas, la posibilidad de aumentar los afiliados y la coordinación de la actividad interna y de la actividad de masas de las ligas. Por eso las secciones locales de todas las ligas de juventudes comunistas deben proceder de inmediato a crear y desarrollar células de empresa, concentrando su atención en las empresas más importantes de sus localidades.
El ritmo de la transición del sistema de los antiguos grupos territoriales, basados en el principio de residencia, al de grupos locales organizados sobre la base de células de fábrica, depende de las condiciones locales concretas. Para obtener experiencia práctica y facilitar un desarrollo rápido en la dirección indicada, la transformación debe llevarse a cabo ante todo en las secciones más fuertes y más adecuadas de las ligas.
Resolución sobre la organización de las células de empresa
(1) Organización y actividad de las células
En todas las localidades con empresas industriales grandes y medianas, las secciones locales de las ligas de juventudes comunistas deben empezar de inmediato la organización de células. Al comienzo de esta actividad, las secciones deben ilustrar a sus miembros sobre la naturaleza y las funciones de las células; deben averiguar dónde trabajan sus miembros y reunir información sobre las condiciones generales en los talleres y sobre las cualidades de los miembros de la sección. Para organizar la célula tiene que haber al menos cinco miembros de la sección en la fábrica o taller. Las células deben crearse primero en las empresas más importantes y en aquellas donde se encuentran menos dificultades (por ejemplo, en industrias con colonias obreras, con fuertes tendencias comunistas entre los obreros y en el consejo de fábrica, etc.). En las empresas donde solo trabajan unos pocos camaradas nuestros, estos deben desarrollar una actividad sistemática para aumentar sus afiliados dentro de la fábrica y organizar una célula lo antes posible.
En las primeras reuniones de la célula debe elegirse un secretario o (si el número lo justifica) un buró de tres o cinco camaradas. En cuanto la célula se haya organizado, debe ponerse en contacto con la célula o fracción del Partido o (si no existen organizaciones del Partido en la empresa) con los miembros del Partido individualmente, así como con los comunistas o simpatizantes del consejo de fábrica y con los representantes de los sindicatos.
Nada más constituirse, la célula debe elaborar un plan de trabajo para el futuro inmediato. La célula debe empezar su actividad de masas concentrándose en las cuestiones que más interesan a los jóvenes obreros de la fábrica de que se trate.
El trabajo permanente de una célula corriente consiste en:
(1) La lucha económica de la juventud obrera, que es la tarea principal de la célula. La célula debe estar bien informada de todos los convenios salariales, el pago de los salarios, la jornada, las huelgas, las vacaciones, el trato que reciben los jóvenes obreros, las condiciones higiénicas en la fábrica y en las viviendas obreras (si las hay), los subsidios de enfermedad y todos los asuntos escolares. Solo así podrá la célula discutir todas estas cuestiones con los jóvenes obreros, con el consejo de fábrica y con los representantes sindicales, así como dentro de los sindicatos por medio de las fracciones de la liga. Todo este trabajo debe hacerse sobre la base de las decisiones de la ICJ sobre la lucha económica. Además, la célula de empresa debe llevar a cabo dentro de la fábrica todas las campañas económicas de la liga.
(2) La agitación política, individual y en reuniones, y mediante la difusión de literatura.
(3) El reclutamiento de nuevos miembros, cuya admisión debe ratificar la sección local, que se encarga del registro de los miembros.
(4) El trabajo educativo en sus formas más simples, como breves informes políticos, discusión de problemas del movimiento obrero y juvenil, préstamo de libros de la biblioteca de la sección, organización de veladas revolucionarias, excursiones, canto de canciones revolucionarias, publicación de un periódico de la sección o de la célula. El trabajo educativo de la célula no debe relegar a segundo plano el trabajo económico y político, que es la tarea más importante de las ligas de juventudes comunistas. Debe corresponder a las tareas de la educación comunista y adaptarse con mucho cuidado a la psicología de los jóvenes obreros industriales.
(5) En la prensa del Partido y de la liga deben publicarse con regularidad descripciones de la vida de los jóvenes obreros y del trabajo de las células en las distintas fábricas.
(6) La convocatoria de asambleas de taller de los jóvenes obreros.
(7) El cobro de las cuotas, de las que debe entregarse un porcentaje determinado a la sección local, que se encarga de todos los asuntos financieros.
Las células deben trabajar legal, semilegal o ilegalmente según las condiciones imperantes en su país, ciudad o empresa, todo lo cual influirá en la posibilidad de cumplir las tareas antes mencionadas o en los métodos para cumplirlas.
La célula debe reunirse al menos una vez por semana. Según las circunstancias, la reunión puede fijarse a la hora de la comida, inmediatamente después de la jornada o más tarde por la noche. Las reuniones pueden celebrarse en los locales de la empresa (sala del consejo de fábrica, comedor, escuela), o en la vivienda de algún miembro de la liga, del Partido o del sindicato cerca de la fábrica, en el local más próximo de la liga de juventudes comunistas, del Partido, del sindicato o de la cooperativa, en una sala cercana, etc., o (en los meses de verano) al aire libre. El orden del día de la reunión debe prepararse con cuidado. Debe ser interesante y no aburrido, para que atraiga la atención de los asistentes.
Es muy importante que todo miembro de la célula sea incorporado de inmediato a algún trabajo práctico, por sencillo que sea.
Si un miembro se queda en paro, pasa a la sección local de su distrito de residencia. La liga de juventudes comunistas debe organizar secciones de camaradas parados en las bolsas de trabajo, etc.
(2) Dirección y apoyo del trabajo de las células
Las células de empresa no pueden hacer un trabajo sistemático y fructífero sin la supervisión cuidadosa y continua de las secciones locales. Esta debe basarse en un conocimiento exacto de las condiciones industriales locales. Los dirigentes de las secciones deben informarse varias veces por semana del trabajo de las células y darles instrucciones, ya visitando a los secretarios o burós, ya citándolos en el local de la sección. El comité de la sección puede encargar a sus miembros actividades especiales en la empresa o empresas de su localidad. A ser posible, a todas las reuniones de célula deben asistir miembros del comité de la sección. En las capitales y en las ciudades de provincias es imprescindible que los miembros del comité ejecutivo nacional y de los comités de distrito trabajen con regularidad, ciertos días, en las empresas más importantes. De vez en cuando deben organizarse reuniones de representantes de las células según los principios territorial y sindical. Los órganos dirigentes de la liga y todos sus departamentos deben estar continuamente informados de las experiencias del trabajo de las células y aprovecharlas al máximo; deben definir y elaborar sus tareas, publicar los materiales necesarios para su actividad, darla a conocer en la prensa de la liga, etc. Para el trabajo educativo de las células y de las secciones hay que emplear a camaradas especialmente dotados para la enseñanza. Por medio de los órganos correspondientes del Partido y de los sindicatos, los órganos dirigentes de la liga deben conseguir para las células la ayuda y el apoyo de las organizaciones del Partido y de los sindicatos y de sus miembros en las distintas empresas.
(3) Reorganización de las secciones locales
La transición de la actual sección territorial a secciones organizadas sobre la base de células de empresa y de escuela (que es una de las tareas inmediatas del movimiento juvenil comunista internacional) es un proceso largo en el que surgirán numerosas dificultades. Hay que empezar allí donde sea más fácil (por ejemplo, en las ciudades con una sola sección) y llevar el trabajo poco a poco a las localidades donde las dificultades son mayores (por ejemplo, las grandes ciudades). Pero la transformación de las secciones territoriales solo es posible una vez que las células se hayan organizado con cuidado y de forma sistemática y funcionen. Mientras la antigua sección no esté reorganizada, sigue cumpliendo sus funciones actuales. Pero esta antigua sección debe dar los siguientes pasos para preparar su reorganización completa:
(1) Subordinación de las células a la actual sección territorial.
(2) Reuniones conjuntas de los representantes de las células con el comité de la sección local.
(3) Reuniones conjuntas de los miembros de las células y de la sección local.
(4) Organización de secciones en los centros industriales sobre la nueva base.
(5) Elección al comité local de varios camaradas que trabajen en las industrias de ese territorio pero vivan en otro lugar.
Todas las medidas que se tomen por ahora solo pueden tener, naturalmente, carácter provisional. El comité de la sección se elegirá sobre la nueva base, y los miembros participarán en el trabajo educativo de las secciones de su domicilio.
Todos los ejemplos anteriores son sugerencias de medidas prácticas, que deben aplicarse según las condiciones, situaciones y experiencias reales.
Una vez completada la organización de las secciones, en ciertos casos (pero no de forma general) los miembros podrán pertenecer a la vez a la sección de su domicilio y a la sección de la que forma parte su célula.
(4) Informe al Comité Ejecutivo de la ICJ
Se pide a las ligas que envíen cada dos meses al Comité Ejecutivo internacional un informe especial y detallado sobre su actividad en relación con la organización de las ligas sobre la nueva base.
Tesis sobre la situación económica y la lucha de la juventud obrera
Hoy, cuatro años después de la guerra, la situación de la juventud obrera se ha deteriorado hasta tal punto que el peligro de pauperización en masa y de degradación física y moral es cada vez más amenazador. En estas circunstancias, la lucha por las reivindicaciones económicas de la juventud obrera se ha convertido ahora en una lucha por la mera existencia, por la conservación de la vida y por el bienestar físico de los jóvenes obreros.
La guerra mundial ya había asestado un duro golpe a los jóvenes obreros. La explotación extenuante en las industrias de guerra, la abolición de la legislación protectora, el hambre y la tuberculosis minaron gravemente la salud de la juventud obrera. A estos jóvenes obreros hay que añadir los niños que crecieron durante la guerra en las familias obreras empobrecidas y que estaban físicamente demasiado débiles para resistir la enfermedad. En estas condiciones, la juventud obrera tuvo que sufrir las consecuencias del hundimiento de la economía capitalista y de los intentos capitalistas de restablecerla explotando a la juventud obrera.
(2) Los desesperados intentos del capitalismo de reconstruir su sistema económico a costa de la clase obrera han tomado la forma de una ofensiva capitalista, que dura desde hace dos años en todo el mundo y que no solo trata de arrebatar a la clase obrera sus pequeñas conquistas de la posguerra, sino que se esfuerza por rebajarla a un nivel de vida semejante al del periodo anterior a los sindicatos.4 Los cierres patronales y el paro en masa, el trabajo a jornada reducida, los grandes recortes salariales, el alargamiento de la jornada y los ataques a los derechos y a las organizaciones de los sindicatos son los rasgos económicos de la ofensiva capitalista, que ha combinado estos medios económicos de lucha con poderosos métodos políticos y militares hasta desembocar en el fascismo y el terror blanco.
En los países de Europa central y oriental de moneda débil, la depreciación progresiva del dinero y la carga creciente de los impuestos hacen el papel de los recortes salariales; así, la campaña capitalista, aunque aparentemente encubierta por estos factores, en realidad se intensifica con ellos. En varios países la ofensiva capitalista ya ha arrebatado a la clase obrera sus conquistas más importantes y prosigue sus ataques, mientras que en otros (sobre todo en Europa central) la ofensiva solo ha tomado recientemente formas más agudas.
La juventud obrera sufre hoy más que ningún otro sector de la clase obrera. No solo la menor capacidad de resistencia de los jóvenes obreros les hace sentir doblemente los golpes contra la clase obrera, sino que sus salarios y su jornada son blanco de los ataques capitalistas más a menudo que los de la clase obrera adulta. El paro golpea con especial dureza a los jóvenes obreros, pues en la mayoría de los casos no reciben ningún subsidio de paro o solo una ayuda tan insuficiente que quedan expuestos a grandes sufrimientos físicos. También aumenta la explotación de los aprendices.
La situación de la juventud obrera se agrava todavía más por el hecho de que a los jóvenes obreros se los explota en perjuicio de los obreros adultos y se los utiliza como arma contra estos. A menudo, y sobre todo en la artesanía, se emplea a jóvenes obreros para desplazar a obreros adultos. Así aumentan el paro, hacen bajar los salarios de los obreros adultos y los capitalistas los utilizan para rebajar el nivel general de los salarios. Se alarga su jornada para que los obreros adultos trabajen a jornada reducida. En gran medida se utiliza a los jóvenes obreros como esquiroles contra la clase obrera adulta.
(3) Si los jóvenes obreros quieren protegerse de la pauperización, no deben someterse pasiva e impotentemente a estas míseras condiciones. Deben entablar una lucha encarnizada contra la ofensiva del capital, contra la pauperización.
Bajo la presión de la creciente miseria, y como consecuencia de la propaganda de la Internacional Comunista de la Juventud, el movimiento de la juventud obrera crece en todas partes; se producen manifestaciones y huelgas espontáneas de jóvenes obreros y aprendices. La ICJ considera estos movimientos como expresión de la creciente determinación de las masas de jóvenes obreros de resistir a la ofensiva capitalista. Está plenamente convencida de que la lucha por las reivindicaciones económicas frente a la miseria creciente es una de las tareas más importantes de las ligas de juventudes comunistas en el periodo actual. Para una defensa eficaz, las ligas de juventudes comunistas deben atraer a la lucha a las mayores masas posibles de la juventud obrera.
(4) De su trabajo económico-sindical anterior, las ligas de juventudes comunistas deben sacar la importante conclusión de que la propaganda general en la prensa y en los mítines no basta en modo alguno para penetrar en las masas y llevarlas a luchar por las reivindicaciones necesarias. Ante todo, las ligas de juventudes comunistas deben llevar, más que hasta ahora, su propaganda al corazón mismo de las masas, es decir, hay que limitar el número de mítines públicos y poner el peso principal en las asambleas de taller y sindicales. La formación de células de empresa y de escuela por las ligas de juventudes comunistas es condición previa indispensable de un trabajo práctico eficaz en el terreno económico. Las ligas de juventudes comunistas solo pueden ganarse la confianza de los jóvenes obreros y convertirse en su guía participando a diario y con perseverancia en todos los problemas de la vida de la juventud obrera. Para ello, nuestras organizaciones y sus miembros deben tomar de inmediato una posición concreta y hacer propuestas definidas sobre todos los problemas económicos de la clase obrera; sobre todo conflicto salarial que afecte a los jóvenes obreros en la empresa, en la localidad y en el país; sobre todas las cuestiones que surjan en los sindicatos; sobre todo caso de explotación excesiva; sobre todos los asuntos importantes de las escuelas profesionales, etc. No debe permitirse que se produzca ningún conflicto salarial ni movimiento huelguístico de la clase obrera sin que la liga de juventudes comunistas presente reivindicaciones concretas para los jóvenes obreros afectados. Pero no deben limitarse a la prensa, sino desarrollar una actividad decidida en los sindicatos para que estos defiendan los intereses de la juventud; además, deben difundir sus reivindicaciones como consignas entre las masas de jóvenes obreros afectados. En caso de movimientos huelguísticos espontáneos de jóvenes obreros y aprendices, las ligas de juventudes comunistas deben apoyarlos (formulando y defendiendo sus reivindicaciones, estableciendo relaciones con los obreros adultos, creando fondos de huelga, etc.) y tratar de asumir su dirección. En tales casos, el primer y principal deber de las ligas es conseguir la ayuda y la cooperación de los obreros adultos y llevar a los sindicatos a asumir la lucha por las reivindicaciones de los jóvenes obreros. Este trabajo perseverante en los sindicatos y en las empresas, estrechamente ligado a la vida diaria de la juventud obrera, preparará el terreno para las poderosas acciones a las que las ligas deben llevar a las masas de jóvenes obreros en el periodo próximo para resistir a la ofensiva del capital. Como la batalla contra el capitalismo solo puede librarla toda la clase obrera, las ligas deben prestar ahora, como antes, especial atención a su actividad en los sindicatos para llevarlos a luchar por las reivindicaciones de la juventud obrera. Todo miembro de la liga debe afiliarse a su sindicato. Los miembros de las ligas en los sindicatos deben ser dirigidos y agrupados de forma más sistemática que hasta ahora. Por eso es una necesidad urgente en el periodo próximo organizar conferencias de los miembros de la liga afiliados a sindicatos y reunirlos en fracciones, como ya prevén decisiones anteriores.
(5) La ofensiva del capital no es una mera medida económica, sino la movilización concentrada e intensificada de todos los medios coercitivos de la burguesía para someter a la clase obrera y hacerle pagar la reconstrucción del poder político y económico del capitalismo.
Por eso a esta ofensiva solo se le puede resistir poniendo en acción todas las fuerzas políticas y económicas de la clase obrera. La juventud obrera debe ser consciente de ello y comprender, además, que esta lucha llevará inevitablemente a la lucha por el poder económico y social si se quiere impedir la explotación capitalista que se pretende. Solo con una lucha de clases decidida puede salvarse la juventud obrera de su mísera situación actual.
La condición previa de una lucha de la juventud obrera contra la ofensiva del capital es el frente único de jóvenes y adultos. Una lucha aislada de la juventud es imposible. En la actualidad los jóvenes obreros deben insistir, con más energía que nunca, en ser incorporados al frente de lucha de los obreros adultos, y deben seguir instando a la clase obrera adulta a defender las reivindicaciones de la juventud. No es solo la necesidad de proteger a su generación más joven lo que obliga a la clase obrera a defender los intereses de esta, sino que a los propios obreros adultos les interesa poner fin a un nuevo empeoramiento de su situación por la competencia de sus propios hijos e hijas.
(6) Los sindicatos reformistas afiliados a la Internacional Sindical de Ámsterdam5 han permanecido hasta ahora inactivos ante la miseria siempre creciente de la juventud obrera. Peor aún: han mantenido o reforzado las barreras organizativas que dificultan o incluso impiden a los jóvenes obreros y aprendices entrar en los sindicatos. Así, siguen compartiendo en gran medida la responsabilidad por la explotación intensificada de la juventud obrera y por su uso como esquiroles. En muchos casos han sacrificado los intereses de los jóvenes obreros para evitar complicaciones.
La Internacional socialdemócrata de la Juventud Obrera ha adoptado una actitud semejante ante la difícil situación de la juventud obrera.
La centrista Unión Internacional de Organizaciones Juveniles Socialistas ha apoyado, en el plano internacional y en el nacional, a la Internacional de la Juventud Obrera para impedir toda lucha seria por las reivindicaciones económicas y ha evitado toda lucha eficaz incluso por las reivindicaciones más elementales.
(7) Por orden de la Internacional Sindical de Ámsterdam, las dos internacionales juveniles socialdemócratas rechazaron en su conferencia de Salzburgo la propuesta de la ICJ de convocar un congreso mundial de jóvenes obreros, impidiendo así una lucha internacional. En su lugar establecieron un programa de «reivindicaciones» económicas que la juventud obrera debe rechazar enérgicamente. La inutilidad absoluta y el carácter engañoso de este «programa del día» quedan suficientemente demostrados por el hecho de que no se ocupa en absoluto de los salarios ni del paro de los jóvenes obreros. Este programa no reclama una jornada máxima de seis horas, sino un mínimo de seis horas de trabajo. Se omite la reivindicación de cuatro semanas de vacaciones. No se dice nada concreto sobre las vacaciones. Y en lugar de reivindicaciones urgentes de medidas severas contra la explotación de los aprendices, solo contiene frases generales sobre «reformas» y «nuevas regulaciones». Con este programa de reivindicaciones los dirigentes internacionales de las organizaciones juveniles socialdemócratas y la Internacional Sindical de Ámsterdam han demostrado una vez más que no quieren luchar contra la pauperización de la juventud obrera, que ni siquiera se la toman en serio.
(8) La Internacional Sindical Roja ha proclamado desde su fundación la inclusión de los jóvenes obreros y de sus reivindicaciones en la lucha sindical. Sus organizaciones afiliadas y las minorías sindicales han demostrado ser un baluarte contra la ofensiva del capital y han defendido las reivindicaciones de la juventud obrera. El III Congreso de la ICJ saluda a la Internacional Sindical Roja, que ha decidido luchar contra la pauperización de la juventud obrera y por sus reivindicaciones. Está convencido de que en el futuro la Internacional Sindical Roja y sus organizaciones afiliadas prestarán todavía más atención a esta lucha.
(9) Tras un examen detenido de la situación actual de la juventud obrera, el III Congreso declara que la lucha por las siguientes reivindicaciones urgentes es la tarea inmediata de toda la juventud obrera:
A) Reivindicaciones generales para todos los jóvenes obreros hasta los 18 años
(1) Abolición incondicional de todo trabajo infantil y oposición implacable a él.
(2) Salario mínimo a partir del mínimo de subsistencia. A igual trabajo, igual salario, para jóvenes y adultos de ambos sexos. Escala progresiva de los salarios de los aprendices a lo largo del aprendizaje.
(3) Lucha contra el alargamiento de la jornada de ocho horas, incluyendo las horas de escuela de perfeccionamiento en la jornada de trabajo; implantación de la jornada de seis horas.
(4) Subsidio de paro igual para jóvenes y adultos; subsidio de paro a partir del mínimo de subsistencia.
(5) Colocación obligatoria de los jóvenes parados en talleres o en escuelas de formación que garanticen la continuidad de la formación a los jóvenes obreros que se hayan visto obligados a interrumpir su aprendizaje.
(6) Descanso semanal de cuarenta y cuatro horas.
(7) Cuatro semanas de vacaciones anuales pagadas íntegramente. Alojamiento gratuito de los jóvenes obreros en casas de reposo, sanatorios, etc.
(8) Prohibición del trabajo nocturno y dominical para todos los jóvenes obreros hasta los 20 años.
(9) Prohibición de emplear a jóvenes obreros de hasta 20 años en industrias perjudiciales para su salud.
(10) Formación profesional obligatoria y gratuita para los jóvenes obreros hasta los 18 años (creación de escuelas de perfeccionamiento, secciones de aprendices, etc.).
(11) Las clases se darán durante el día y se pagarán y contarán como horas de trabajo. Supresión de las clases nocturnas, dominicales y de sábado por la tarde. Todos los medios de estudio y todo el material escolar se darán gratuitamente. Creación de consejos de alumnos con derecho a voto sobre el plan de estudios y a participar en la dirección de la escuela.
B) Protección de los aprendices
(12) Abolición de la sobreexplotación de los aprendices mediante una regulación estricta del derecho a emplear aprendices.
(13) Abolición de los contratos individuales de aprendizaje e inclusión de los aprendices en los convenios colectivos.
(14) Control del empleo de aprendices por los sindicatos y los delegados de taller.
(15) Dos años de aprendizaje.
El III Congreso alza su voz para exhortar a toda la juventud obrera a emprender la lucha por la realización de estas reivindicaciones si quiere escapar a una suerte cada vez más amenazadora. Decide luchar por estas reivindicaciones en todos los países y a escala internacional y, junto con la Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja, intensificar la campaña llevada hasta ahora.
Resolución sobre la situación de los jóvenes obreros agrícolas y campesinos
El congreso encarga al Comité Ejecutivo que lleve a cabo una encuesta internacional sobre las condiciones de los jóvenes obreros agrícolas y campesinos y que presente a la próxima sesión del Buró propuestas concretas sobre las reivindicaciones económicas internacionales de estos sectores de la juventud obrera. Se pide a las ligas que presten especial atención a esta cuestión.
Resolución sobre nuestras tareas inmediatas en la lucha contra el militarismo
I
La guerra imperialista de 1914-1918 y los tratados de paz que la siguieron han alterado por completo las relaciones económicas y políticas entre los Estados capitalistas.
En su afán por restablecer su sistema económico desorganizado, las potencias vencedoras saquean a las naciones vencidas; las amenazas de medidas coercitivas de los vencedores, que se suceden con rapidez, constituyen un peligro permanente de nuevas guerras. Los tratados de Versalles y demás tratados de paz imperialistas, que forman la base jurídica de este estado de saqueo y de amenaza imperialista, no solo no han eliminado los antagonismos imperialistas ya existentes, sino que incluso han dado origen a nuevos conflictos.
Los nuevos llamados «Estados nacionales», Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, etc., se basan en el sometimiento de nuevas grandes minorías nacionales. Esta situación es una fuente constante de nuevos conflictos; ha vuelto a hacer saltar en pedazos el mito de las «naciones» y de las «guerras nacionales».
Los tratados de paz no han abolido la guerra. A la guerra europea siguió una serie de conflictos coloniales y de ataques contra la Rusia soviética. Los imperialistas franceses conquistaron Siria y Cilicia6; los imperialistas españoles se apoderaron de Marruecos; los imperialistas británicos instigaron la guerra greco-turca para asegurarse la ruta de la India, y engendraron así una guerra larga en las fronteras de Europa. Estas nuevas luchas por el reparto del mundo son otra causa de discordia entre los vencedores imperialistas.
II
Como predijeron los comunistas, el capitalismo, pese a sus solemnes promesas de desarme general, no ha hecho nada ni es capaz de hacer nada en ese sentido. La situación económica y la necesidad de explotar a otros países, los disturbios internos, las huelgas cada vez más numerosas, la lucha revolucionaria entre la clase capitalista y la clase obrera, la dominación colonial que asegura el dominio del capitalismo, la guerra contra los gobiernos revolucionarios: estas son las causas que obligan al capitalismo a mantener grandes ejércitos permanentes. Durante este período el militarismo se ha reforzado considerablemente. Pese a la reducción de las fuerzas militares en Alemania y Austria, los ejércitos del mundo han pasado de seis millones en 1913 a once millones. Por su actividad, por la ideología que se desarrolla en la casta militar y por su dependencia de la ávida gran industria, el militarismo es un poderoso factor de guerra.
Las condiciones dentro de los ejércitos burgueses reducen a los jóvenes obreros y campesinos a autómatas al servicio de los enemigos de su clase. El capitalismo se sirve de la mísera situación de la juventud obrera, y especialmente del paro, para llenar las filas de sus llamados ejércitos de voluntarios (Gran Bretaña). En los países de nacionalidades mezcladas, el capitalismo enfrenta a unas nacionalidades con otras.
El capitalismo ve con espanto la creciente consciencia de clase de los obreros, cada vez menos dispuestos a ser los instrumentos de su militarismo. En parte para hacer frente a esta eventualidad, el capitalismo está construyendo armas modernas que puede manejar con ayuda de especialistas bien pagados. Espera reducir así algo el tamaño de sus ejércitos. Este perfeccionamiento de la técnica bélica aumentará también su poder destructivo y revestirá la guerra de horrores ante los cuales palidecerán los de la última carnicería.
El capitalismo, al ver que en sus choques con la clase obrera va perdiendo poco a poco su dominio sobre los ejércitos nacionales, recurre cada vez más al empleo de tropas coloniales. En todas partes los Estados capitalistas se afanan en mejorar los medios técnicos para la movilización de grandes contingentes indígenas.
III
Las consignas reformistas que adoptaron las dos Internacionales socialdemócratas de la Juventud7 han fracasado lamentablemente: desarme general, arbitraje, tribunal internacional de justicia, Sociedad de Naciones, control internacional de la fabricación de municiones; la experiencia ha demostrado que estas consignas son viles e ilusorias. Los reformistas se han servido de frases hechas para engañar al proletariado. Pero ni una sola vez han mostrado inclinación alguna a luchar por sus propias consignas.
Bajo la presión de las masas, la Internacional de Ámsterdam8, en su congreso de Roma9, lanzó la consigna de la huelga general en caso de guerra. Este paso, sin embargo, es del todo insuficiente para impedir las guerras imperialistas, puesto que la Internacional de Ámsterdam no hace absolutamente nada para preparar a las masas para la acción ni para ganarse a los ejércitos por medio de la propaganda revolucionaria. Una huelga general contra la guerra solo puede ser eficaz si el proletariado está preparado ideológica y técnicamente para resistir las agresiones de la burguesía, y esto el mismo día en que se declara la guerra.
La huelga general o bien adoptará el carácter de una verdadera lucha armada que termine con el triunfo de la clase obrera y su acceso al poder, o bien conducirá a la derrota aplastante del proletariado. Para precaverse contra la posibilidad de semejante derrota, hay que conseguir que los ejércitos se pongan del lado del proletariado y luchen por él. Esto solo puede lograrse mediante una propaganda sistemática entre las tropas y la creación de una red de células en ellas. La Internacional de Ámsterdam se ha negado a aceptar la consigna y el plan del armamento del proletariado. Se niega a preparar una lucha revolucionaria que apoye la huelga general contra la guerra. Se niega a ganar a los ejércitos burgueses para la causa de la clase obrera formando un sistema de células dentro de ellos, y con estas negativas vuelve a traicionar a la clase obrera y le asegura una dura derrota.
La Internacional de Ámsterdam convocó un «congreso pacifista mundial»10 en el que reformistas de todos los matices se unieron en un manifiesto contra la guerra y el militarismo. El proletariado no tiene nada que esperar de tales conferencias, en las que se repiten las habituales vaciedades reformistas engañosas y se consolida el «bloque» con la burguesía pacifista de izquierda. Al contrario, tales conferencias no hacen sino minar el espíritu combativo de las masas y cegarlas ante las maquinaciones de los imperialistas. Las dos Internacionales socialdemócratas de la Juventud, en su conferencia de Salzburgo11, no adoptaron ninguna decisión sobre la lucha contra el militarismo y la reacción. Al remitir a los jóvenes obreros a la conferencia pacifista de Ámsterdam, se han hecho cómplices del crimen y de la traición de la Internacional Sindical de Ámsterdam y de las Internacionales socialdemócratas contra la clase obrera del mundo.
La Internacional Comunista de la Juventud, que defiende los principios de la oposición intransigente al pacifismo democrático pequeñoburgués, de la necesidad de desarmar a la burguesía y de la descomposición del ejército burgués para impedir que la burguesía lo utilice y llevarlo al campo proletario, destaca hoy, en vista del militarismo creciente y cada día más feroz y del peligro de guerra cada vez mayor, las siguientes reivindicaciones:
(1) Anulación de los tratados de Versalles, Saint-Germain, Trianon, Sèvres y de los demás pactos y acuerdos imperialistas firmados después de la guerra.
(2) Guerra contra los armamentos:
(a) esfuerzos continuos por despertar la consciencia de clase proletaria y suscitar la oposición de los obreros a los armamentos;
(b) lucha por el control efectivo, legal e ilegal, de la fabricación de todo el material de guerra, así como de su distribución y su transporte, por las organizaciones obreras;
(c) una lucha internacional contra la fabricación y el transporte de material de guerra, lucha que debe llegar hasta impedir esa fabricación y ese transporte12.
(3) Propaganda sistemática dentro del ejército:
(a) por la mejora de las condiciones materiales de los soldados;
(b) reconocimiento de los derechos cívicos de reunión y de sufragio de los soldados y de su derecho a leer periódicos proletarios y a frecuentar los círculos proletarios (sindicatos, bolsas de trabajo y locales del partido).
(4) Apoyo a las reivindicaciones de los soldados coloniales de igualdad política y de mejora de sus condiciones materiales. Propaganda sistemática en sus filas para levantarlos contra el imperialismo que los mantiene sometidos.
(5) Reforzar la determinación de las amplias masas de oponerse a la guerra por todos los medios, desde las manifestaciones callejeras hasta la huelga general, la rebelión y la transformación de la guerra capitalista en lucha de clases revolucionaria.
IV
La lucha que la burguesía libra en todo el mundo por restablecer su dominación política tambaleante y contra el creciente movimiento combativo de la clase obrera se expresa en la ofensiva económica del capital, así como en la feroz reacción política, que crece a ojos vista y que en muchos países ha culminado ya en el dominio abierto del terror blanco. La clase obrera de los Estados fronterizos del Báltico y de Polonia, Finlandia, Yugoslavia, Rumanía, Hungría, Italia, España y los Estados Unidos sufre tormentos indecibles bajo este terror blanco. La burguesía se esfuerza por privar a la clase obrera de todos sus derechos políticos, por destruir, o al menos estrangular, sus organizaciones, por confiscar todos sus bienes, como los locales sindicales, las casas del pueblo y los centros de enseñanza, o por destruirlos a sangre y fuego. En esos países solo se permite actuar abiertamente a los jefes traidores de la socialdemocracia, secuaces de la burguesía. Todos los movimientos revolucionarios son aplastados con la mayor brutalidad, por medios legales e ilegales. Los reaccionarios asesinan a diario a luchadores comunistas o los meten en la cárcel. La justicia de clase se ejerce con total franqueza y descaro como medida práctica de tiempo de guerra.
Pero la reacción va cobrando más fuerza también en otros países. En Alemania las organizaciones reaccionarias cometen asesinato tras asesinato y preparan, cada día más abiertamente, un golpe de Estado monárquico, mientras la justicia de clase del gobierno democrático oficial y los ejércitos reaccionarios de voluntarios estrangulan a la clase obrera y dejan a la reacción vía libre13. El bloque nacionalista gobernante en Francia y el bloque monárquico ultrarreaccionario14 reprimen brutalmente el movimiento obrero por la fuerza de las armas y fomentan la formación de organizaciones burguesas armadas. Checoslovaquia, siempre famosa por sus brutales persecuciones del movimiento obrero, prepara una legislación anticomunista según el modelo yugoslavo. La Inglaterra «liberal» emplea todos los medios para estrangular el movimiento revolucionario y despojar a los sindicatos de sus derechos políticos. Siguiendo el ejemplo de Italia, Yugoslavia y países semejantes, la reacción se arma en todas partes.
El pilar de la reacción y del terror blanco son las organizaciones armadas de clase de la burguesía, que, o bien actúan de forma totalmente abierta, como los fascistas en Italia y Yugoslavia, los restos del ejército de Wrangel15 en los Balcanes, la American Legion y el Ku Klux Klan en los Estados Unidos y las bandas de oficiales en Hungría y España, o bien se están organizando y armando con ese fin, como en Francia, Austria y Alemania. La burguesía recluta sus propias organizaciones para el momento en que, en una gran crisis social, no pueda emplear sus ejércitos regulares permanentes, ya sea por las limitaciones impuestas por los tratados de paz, ya por la descomposición de las tropas causada por la propaganda desde dentro. Las organizaciones así creadas muestran una tendencia creciente a sustituir a los ejércitos permanentes en el mantenimiento del orden social burgués. Estas organizaciones cuentan con el apoyo de las organizaciones juveniles militaristas y nacionalistas, los boy scouts, las asociaciones deportivas, las brigadas de muchachos de las iglesias, las instituciones estatales de preparación militar de la juventud, etc., de las que a menudo sacan sus mejores reclutas.
V
Bajo el reinado del terror blanco y de la reacción, la juventud obrera sufre penalidades increíbles. Los jóvenes obreros no solo comparten en todos los aspectos la suerte de sus camaradas de más edad —miles de jóvenes militantes languidecen en las cárceles y muchos han dado la vida por la revolución—, sino que las persecuciones de la reacción se dirigen con especial ferocidad y en primera línea contra los jóvenes obreros (organizaciones que siempre han luchado en vanguardia contra la reacción y el militarismo). A los jóvenes obreros se les priva a menudo de su derecho de organización, mientras la juventud burguesa reaccionaria goza de todos los privilegios para organizarse política y militarmente y lleva a cabo sus actividades criminales bajo la protección del gobierno. Los jóvenes obreros han comprobado con frecuencia que incluso sus manifestaciones puramente económicas son reprimidas por la fuerza bruta; la burguesía no ha vacilado en emplear la fuerza armada contra manifestaciones pacíficas de jóvenes obreros. Así lo ha demostrado de nuevo la nueva oleada de persecuciones contra las ligas en Alemania, Francia y Checoslovaquia que siguió a la Jornada Internacional de la Juventud. Las autoridades han disuelto varias veces la liga de juventudes comunistas de Checoslovaquia; la liga francesa es desde hace años objeto de las encarnizadas persecuciones de un gobierno reaccionario. En la Cámara de los Comunes se ha presentado un proyecto de ley que prohíbe a los jóvenes obreros ingleses organizarse y hacer propaganda revolucionaria. Todo el Comité Ejecutivo Nacional de la liga española ha sido encarcelado por su propaganda contra la guerra del Rif y llevado ante un consejo de guerra. Los camaradas alemanes tienen que llorar también este año la muerte de varios camaradas abatidos por la reacción. El terror se ensaña con las ligas en América, en los Balcanes, etc.
VI
El III Congreso de la Internacional Comunista de la Juventud, que se ha propuesto la tarea de intensificar la lucha contra el militarismo y la reacción, debe analizar cuidadosamente las experiencias pasadas de la clase obrera en su resistencia contra la reacción y el terror blanco.
Solo la teoría comunista ha sido confirmada por los acontecimientos, que han demostrado que la fuerza es la única defensa contra la agresión reaccionaria y el terror blanco. Sin embargo, una pequeña organización comunista combativa y aislada no puede librar semejante lucha. Esta requiere el frente único de toda la clase obrera bajo la dirección de los partidos comunistas.
Pero las organizaciones burguesas armadas se reclutan muy pocas veces enteramente de las filas de la gran burguesía, de los terratenientes y de la casta militar; estos forman más bien los núcleos de esas organizaciones. La mayoría está compuesta por elementos pequeñoburgueses, declaradamente antisociales y degradados, a los que la fuerza o la miseria empujan a esas organizaciones. Debemos llevar nuestra propaganda política a esas organizaciones para hacer que estos elementos proletarios comprendan la vergüenza de su situación y para despertar su consciencia de clase. Esto los inutilizará como instrumentos de la burguesía y descompondrá esas organizaciones reaccionarias. Las organizaciones proletarias deben combatir sin piedad toda manifestación de violencia burguesa armada. El proceso de descomposición dentro de esas organizaciones se acelerará con la lucha constante y resuelta que libren contra ellas las organizaciones de la clase obrera.
Las ligas de juventudes comunistas deben llevar a cabo una propaganda y un trabajo educativo sistemáticos entre los jóvenes obreros, para suscitar su oposición a la reacción política y al terror blanco y prepararlos para la resistencia activa.
Sus propios miembros deben prepararse física, técnica y orgánicamente para la lucha final contra la reacción, a fin de formar los núcleos de las masas combativas de la clase obrera.
En la coyuntura actual, la Internacional Comunista de la Juventud plantea las siguientes reivindicaciones:
(1) Abolición de los tribunales militares y amnistía para los presos políticos del capitalismo.
(2) Derecho de organización y de reunión para la clase obrera y sus organizaciones juveniles.
(3) Desarme y disolución de las organizaciones reaccionarias y de sus equivalentes juveniles. Abolición de la instrucción militar capitalista obligatoria para la juventud.
(4) Armamento de la clase obrera para su autodefensa.
(5) Boicot político y económico de los países donde está en el poder el terror blanco.
(6) Boicot político y económico de los países donde el blanco16.
VII
La posición peculiar de la juventud obrera respecto del militarismo, al que proporciona de sus propias filas los contingentes principales, asigna a las ligas un papel especialmente activo en la lucha contra el militarismo. Sin embargo, los principios de la ICJ obligan a las ligas a que la lucha contra el militarismo y la reacción no quede en manos de los esfuerzos aislados de las ligas de juventudes comunistas, sino que se lleve a cabo en estrecha colaboración con los partidos comunistas y bajo su dirección. A diferencia de los partidos socialdemócratas, los partidos comunistas no rehúyen este trabajo; al contrario, es uno de los puntos principales de su programa. Solo así puede la lucha antimilitarista y antirreaccionaria alcanzar toda su fuerza y su alcance.
Resolución sobre el programa
El III Congreso de la ICJ resuelve:
(1) Aprobar como base el nuevo proyecto de programa propuesto por el CE de la ICJ.
(2) Encargar a la próxima sesión del Buró que decida el programa en su forma definitiva.
(3) Llevar a cabo en las ligas una discusión a fondo sobre el programa.
(4) Encargar al CE que publique el programa de Berlín y el proyecto del nuevo programa en las lenguas más importantes.
Proyecto provisional del nuevo programa de la Internacional Comunista de la Juventud
(tal como lo aprobó el III Congreso de la ICJ, Moscú, diciembre de 1922)
Ha pasado para siempre el tiempo en que la juventud obrera sufría sin protestar bajo el yugo de la explotación. En la mente de las masas de jóvenes obreros de la ciudad y del campo, de los aprendices, de los hijos del proletariado a los que el capitalismo en crecimiento ha arrojado sin miramientos al proceso de producción, se ha producido una transformación enorme. La insoportable servidumbre de los jóvenes obreros en la industria capitalista y en la sociedad capitalista ha despertado también en ellos la consciencia de clase y los ha unido en la lucha contra sus miserables condiciones de existencia. Los jóvenes obreros se han reunido por centenares de miles en torno a la bandera de la Internacional Comunista de la Juventud. Millones de jóvenes obreros y de campesinos pobres, la juventud oprimida y martirizada de las colonias, sacudidos por las guerras imperialistas y por gigantescos conflictos sociales, se han sumado al ejército del proletariado combatiente. Estrechamente unida a los obreros adultos en esta lucha, la juventud obrera se acerca poco a poco a la meta que señala la Internacional Comunista: el derrocamiento del capitalismo y la instauración de una sociedad comunista.
La revolución mundial
El capitalismo domina la mayor parte de la tierra. Sus rasgos más importantes son: la propiedad de los medios de producción; la explotación de las grandes masas de la clase obrera por pequeños grupos de banqueros, fabricantes y terratenientes, y la anarquía de la producción. El Estado capitalista, en todas sus formas, es el instrumento de poder de la clase capitalista para oprimir a los obreros y perpetuar su explotación.
La concentración incesante del capital y de la producción ha llevado al capitalismo a una nueva fase de desarrollo, el imperialismo, cuyos rasgos característicos son la formación de trusts, sindicatos y cárteles y la dominación del capital financiero. Para encontrar nuevos mercados para sus productos y nuevas fuentes de materias primas, para abrir nuevas posibilidades de inversión a su capital, la burguesía imperialista sometió a la mayoría de las naciones industrialmente atrasadas y poco desarrolladas de fuera de Europa y se apoderó de esos países, a la vez que ponía a otros bajo su dominio encubierto. Por medio de sus gobiernos, las distintas camarillas capitalistas nacionales se combaten encarnizadamente por el reparto y la dominación del mundo, por las colonias, por los mercados europeos y por las fuentes de materias primas y de combustible. Esta guerra económica conduce inevitablemente a conflictos armados, a guerras imperialistas.
La guerra mundial imperialista de 1914-1918 costó más de diez millones de muertos y mutilados; desorganizó en todas partes las finanzas, la industria y los transportes; trajo a los obreros hambre y miseria. El capitalismo no puede reparar las funestas consecuencias de esa guerra. Sus diversos intentos de reconstrucción económica han sido vanos; la descomposición de su base económica prosigue sin interrupción y el capitalismo se enfrenta al hundimiento completo. Las diferencias políticas entre las naciones no se han eliminado, sino que los tratados de paz las han agudizado. A causa de un antagonismo de clase extendido, enconado y cada vez mayor, todos los intentos de reconstruir la economía capitalista y de establecer un equilibrio social no conducen a nada. El capitalismo ha metido a la humanidad en un callejón sin salida, y la única salida es la revolución mundial.
La emancipación de la humanidad del yugo del capitalismo se ha convertido en la tarea inmediata del proletariado internacional. El proletariado debe derrocar a la burguesía, instaurar la dictadura proletaria y el sistema soviético, quitar a los capitalistas la tierra, los bancos, las industrias y los medios de transporte, y proseguir así hasta alcanzar la abolición completa de la propiedad privada y de las clases; hasta la instauración definitiva de un sistema económico comunista y de una sociedad comunista.
Las condiciones económicas esenciales de la revolución mundial están dadas. Su éxito depende de la voluntad, la fuerza y la capacidad de lucha del proletariado. La revolución proletaria solo puede triunfar si la clase obrera se libera definitivamente de las ilusiones reformistas, rompe con la II Internacional, lacaya de la burguesía, y se pone bajo la dirección de los partidos comunistas y de la III Internacional, guías y representantes revolucionarios de la clase obrera del mundo. La primera condición para la conquista del poder es que la mayoría de la clase obrera acepte los principios y los fines comunistas.
En su lucha por la dictadura proletaria, el proletariado revolucionario, dirigido por los partidos comunistas, emplea los métodos de la acción revolucionaria de masas (manifestaciones, movimientos de consejos de fábrica, huelgas, huelgas generales, control de la producción, ocupación de fábricas, insurrección armada, etc.) y las instituciones de la democracia burguesa (parlamentos, etc.). Procura desalojar a los capitalistas de toda posición de ventaja en los problemas diarios de la vida de la clase obrera y minar desde dentro las instituciones democráticas burguesas hasta que llegue el momento de destruirlas definitivamente.
La revolución mundial ha comenzado. En un vasto territorio de Europa y Asia las masas trabajadoras, dirigidas por la clase obrera de Rusia, han derrocado a su burguesía y fundado repúblicas soviéticas. El imperialismo alemán y el austriaco han recibido el golpe de muerte. El proletariado de esos países ha empezado la lucha por la conquista del poder; huelgas gigantescas y conflictos sociales han sacudido hasta sus cimientos a todos los países capitalistas. Millones de esclavos coloniales oprimidos han tomado las armas para emanciparse de la servidumbre nacional y social.
Pero la revolución mundial es una lucha larga que llenará toda una época de la historia de la humanidad. Durante esa época la ola revolucionaria subirá y bajará. A la victoria seguirá la derrota y a la derrota la victoria. La clase obrera solo vencerá definitivamente si está dispuesta a los mayores sacrificios, si la anima el mayor heroísmo, si aprende la disciplina y si combate a sus enemigos de clase en todos los frentes.
La juventud obrera bajo el capitalismo
El carácter de clase de la sociedad capitalista se manifiesta con especial claridad en la condición actual de la juventud y en su posición social. La juventud está dividida en dos partes, una de la clase oprimida y otra de la clase dominante, y estas dos tienen tan poco en común como la clase capitalista y la clase obrera. Los hijos de la clase dominante disfrutan de todas las ventajas de la instrucción y de una formación esmerada, mientras que los jóvenes obreros de la ciudad y del campo comparten la suerte de la clase obrera adulta y son objeto de una explotación despiadada. Las mezquinas migajas de instrucción que se conceden a los jóvenes obreros bajo el régimen capitalista solo sirven para hacer de ellos objetos más rentables de la explotación futura. Están condenados a una vida de esclavitud asalariada.
La situación económica del obrero adulto bajo el capitalismo es sumamente difícil, pero la de la juventud obrera es del todo insoportable.
Desde la más tierna infancia los hijos e hijas de las familias obreras se convierten en objeto de la explotación capitalista. El trabajo infantil en las condiciones más atroces sigue estando muy extendido. El antiguo aprendiz, al que se acogía en la familia del maestro como un miembro más y que tenía después todas las posibilidades de llegar a maestro de su oficio, ha desaparecido para siempre. El aprendizaje no es hoy más que una máscara de la explotación implacable de la juventud, y aun como tal está desapareciendo rápidamente. El desarrollo de la técnica industrial ha permitido a los capitalistas meter en el proceso de producción, como peones sin oficio, a niños y adolescentes. No queda más que una aristocracia muy pequeña de obreros cualificados, mantenida a costa de la gran mayoría.
Los capitalistas se aprovechan de la menor capacidad de resistencia de los jóvenes obreros para explotarlos escandalosamente. Los jóvenes obreros se ven obligados a trabajar jornadas largas (a menudo más largas que los obreros adultos) y muy por encima de lo que pueden sus cuerpos sin desarrollar. No se tiene en cuenta en absoluto su necesidad de seguir instruyéndose. Tienen que conformarse con salarios absurdamente bajos, muy inferiores a los de los obreros adultos por el mismo trabajo. El trabajo nocturno, el trabajo en condiciones insalubres, los oficios peligrosos, el trato bárbaro de los patronos, el paro sin subsidio y sus consecuencias, la miseria, la prostitución, el delito: tal es la suerte de los jóvenes obreros bajo el régimen capitalista.
Las condiciones son especialmente malas en la pequeña industria y en los pequeños talleres. Estos tratan de hacer frente a la competencia de la gran industria explotando sin piedad a los aprendices, que están completamente indefensos en manos de sus patronos y maestros.
Las muchachas, el elemento más débil de los jóvenes obreros, son objeto de una explotación especialmente brutal y degradante, peor aún que la de los jóvenes varones.
El capitalismo, que ha proletarizado las ciudades, ha traído también la proletarización en masa de la población rural, con una miseria indecible para los campesinos pobres, de modo que la situación del joven obrero del campo es aún peor que la de su hermano de la ciudad.
El enfrentamiento de los jóvenes obreros con sus compañeros de más edad, a los que están unidos por lazos de clase, de miseria común y de sangre, es otro signo especialmente burdo de la mísera condición de la juventud obrera bajo el capitalismo. Los capitalistas se sirven de los jóvenes obreros para rebajar los salarios, para romper las huelgas de los obreros adultos y para quitar a los obreros adultos su trabajo.
La servidumbre económica del joven obrero está estrechamente ligada a la opresión espiritual que impone la burguesía. Las escuelas burguesas no enseñan más que aquello, y solo en la medida, que haga de los jóvenes obreros esclavos dóciles y capaces del capitalismo en las fábricas, en el ejército y en la política. Ese es el fin de las escuelas públicas y de las escuelas de perfeccionamiento.17 Solo los jóvenes de la burguesía pueden asistir a los institutos, a los colegios superiores y a las universidades. La literatura burguesa y la prensa burguesa, la religión y las organizaciones religiosas, la Iglesia, el arte burgués, la literatura barata para la juventud, el cine, los cafés cantantes, las variedades: todo sirve al mismo fin. Organizaciones juveniles burguesas especiales, educativas y recreativas (clubes excursionistas, clubes deportivos, uniones nacionalistas, organizaciones militares, organizaciones religiosas, librepensadoras, pacifistas, políticas, de exploradores), existen todas con el fin especial de envenenar la mente de los jóvenes obreros en beneficio de la burguesía.
El militarismo de los Estados capitalistas, que sirve para hacer guerras imperialistas y para aplastar a la clase obrera dentro del país, recluta sus fuerzas sobre todo entre los jóvenes obreros y campesinos. Para la casta militar esos seres humanos jóvenes no son más que carne de cañón. El espíritu militarista tiene por objeto hacer de los jóvenes obreros víctimas dóciles de las matanzas imperialistas, y en muchos países la inculcación del espíritu militarista empieza en las organizaciones de preparación militar para niños en edad escolar. El servicio militar capitalista convierte a los jóvenes obreros en autómatas que se emplean contra sus hermanos de clase dentro y fuera del país. Desperdician los mejores años de su juventud en los cuarteles. Es la sangre de la juventud obrera la que empapa los campos de batalla de las guerras imperialistas.
Pero aunque el capitalismo exige a los jóvenes obreros estos increíbles sacrificios de trabajo y de sangre, les niega los derechos políticos más elementales.
Sobre todo en los pequeños talleres artesanos, el aprendiz vive en una dependencia abyecta de su patrono. A la juventud obrera no se le concede el derecho de voto, ni siquiera en las mezquinas instituciones de la democracia burguesa ni en los consejos de fábrica. En muchos países se priva al joven obrero, legal e ilegalmente, de sus derechos a organizarse políticamente, a asistir a manifestaciones políticas, etc. La justicia de clase y los órganos de represión en manos de la burguesía persiguen sin piedad a los jóvenes obreros revolucionarios.
Esta situación se agravó todavía más durante la guerra, y en el periodo de posguerra la miseria de la clase obrera creció sin medida. Masas enormes de muchachos a medio crecer fueron enviadas al frente, y a los niños se los llevó al taller para ocupar su puesto y el de los obreros adultos. En los talleres se los explotó sin piedad, sin enseñarles el oficio, y hasta se abolieron las escasas leyes de protección que había. Para reparar los daños de la guerra y salir de la crisis actual, a costa del proletariado, naturalmente, los capitalistas intensifican la explotación del proletariado, y en especial de la juventud proletaria, y concentran sus ataques sobre el nivel de vida de la clase obrera, imponiendo a los obreros una miseria insoportable. El proceso de descomposición del capitalismo trae consigo mayores sufrimientos para los jóvenes obreros: miseria económica, opresión política y privación de derechos.
Necesidad y papel del movimiento juvenil comunista
La situación política y económica general de la juventud obrera y su posición especial en la sociedad capitalista la obligan a participar de hecho en la lucha de clases y le imponen, en el marco de la guerra de clases general, una lucha especial por cambiar sus propias condiciones de trabajo y de formación. Para cumplir estas tareas, la juventud obrera se ha organizado en ligas de juventudes comunistas.
La necesidad de esas organizaciones comunistas juveniles separadas nace de las necesidades psicológicas peculiares de los jóvenes obreros, que exigen la creación de organizaciones especiales independientes. Otra razón más es que la juventud necesita una escuela preparatoria para el Partido.
Las primeras organizaciones proletarias juveniles, que surgieron en los países capitalistas de Europa a finales del siglo XIX y principios del XX, se organizaron para combatir el militarismo, defender los intereses de la juventud obrera y dar a sus miembros una educación socialista especial. A medida que creció el reformismo en el movimiento obrero, este trató de poner bajo su control a la juventud proletaria. Allí donde alcanzó cierto éxito, dedicó sus esfuerzos a apartar a los jóvenes obreros de la lucha de clases y a convertir sus organizaciones en simples sociedades educativas. Pero a los reformistas les costó controlar a los elementos revolucionarios de la juventud, de modo que ya antes de la guerra las organizaciones juveniles socialistas, o al menos sus mejores elementos, eran un fuerte apoyo del ala izquierda revolucionaria del movimiento obrero. Al estallar la guerra y durante ella, la mayoría de los miembros de las organizaciones proletarias juveniles de casi todos los países capitalistas se mantuvo fiel al principio de la lucha de clases revolucionaria y, a diferencia de los partidos socialistas, que se pusieron al lado de la burguesía, fue aclarando cada vez más sus fines.
Como la clase obrera no tenía entonces partidos revolucionarios, las organizaciones juveniles socialistas se vieron obligadas a romper con la política de los partidos socialistas y a emprender una lucha política independiente contra la burguesía, sus cómplices socialdemócratas y la guerra. Así contribuyeron mucho a preparar el terreno para los nuevos partidos revolucionarios del proletariado. Con la formación de la Internacional Comunista y de los partidos comunistas, y con el crecimiento de su fuerza, las ligas de juventudes comunistas pudieron definir su papel particular como organizaciones juveniles dentro del movimiento revolucionario general y dedicarse a sus tareas especiales entre la juventud proletaria.
Como la juventud obrera es una parte de la clase obrera, no necesita otra organización que las ligas de juventudes comunistas para las distintas actividades de la clase obrera, sean políticas, económicas, deportivas u otras, pues el proletariado en su conjunto tiene ya organizaciones para esos fines. La liga de juventudes comunistas es la organización de masas de la juventud obrera y la parte del movimiento obrero que representa en todos los asuntos los intereses de los jóvenes obreros. Es la escuela de masas de la educación comunista de la juventud obrera, donde esta puede recibir una educación práctica mediante su participación organizada en las luchas del proletariado. Esta educación práctica se completa con la enseñanza teórica. Las ligas son hoy las auxiliares más abnegadas de los partidos comunistas y su fuerza de reserva para el futuro.
Actividad política de las ligas de juventudes comunistas y su relación con los partidos
Las ligas de juventudes comunistas rechazan con firmeza la consigna hipócrita de la burguesía y de la socialdemocracia de que la juventud no debe participar en la política. La participación enérgica de la juventud obrera, factor tan poderoso en la producción social, es también una fuerza igual de poderosa en la lucha política de la clase obrera y es la base de la educación comunista de los jóvenes obreros.
Las ligas de juventudes comunistas están sometidas a la dirección política de los partidos comunistas, a los que reconocen como vanguardia del proletariado y guía de todas sus organizaciones; es decir, las ligas aceptan el programa, la táctica y las instrucciones políticas de los partidos.
Así, unidas a los partidos comunistas, las ligas de juventudes comunistas participan en todas las actividades y luchas del Partido contra los partidos y organizaciones burgueses y contra los representantes del capital y sus organizaciones políticas que se esfuerzan por conservar el dominio del capitalismo y la explotación capitalista. Las ligas de juventudes comunistas combaten también a los partidos socialdemócratas de todos los matices, aliados directos e indirectos de la burguesía en el campo proletario. Estos intentan salvar al capitalismo de la destrucción y apartar a la clase obrera de la lucha revolucionaria, y traicionan continuamente no solo los fines últimos, sino también los intereses inmediatos del proletariado. Las ligas de juventudes comunistas combaten asimismo a los sindicalistas «puros», que niegan la necesidad de la dictadura proletaria, de un partido proletario y de la centralización proletaria, y a los anarquistas, ideólogos del lumpenproletariado y de la pequeña burguesía, que rechazan el Estado proletario y predican ideas económicas reaccionarias.
Las ligas de juventudes comunistas se oponen con firmeza a las organizaciones de la juventud que van a remolque de partidos y grupos burgueses y reciben su apoyo, como las numerosas asociaciones religiosas, las ligas deportivas nacionalistas y las organizaciones juveniles militaristas, pacifistas y chovinistas. Combaten las influencias socialdemócratas, sindicalistas y anarquistas entre la juventud. Con los elementos sindicalistas que reconocen la necesidad de la lucha revolucionaria por la dictadura proletaria y que se han librado de sus prejuicios anticuados, las ligas de juventudes comunistas combaten como camaradas de una misma lucha. Se esfuerzan por llevar a todos los elementos no organizados y extraviados de la juventud proletaria al camino de la lucha de clases proletaria y procuran unir a toda la juventud obrera bajo la bandera del comunismo.
Estas son las tareas concretas de las ligas de juventudes comunistas en el terreno político: agitación incansable por los fines de lucha de la Internacional Comunista; apoyo a los partidos comunistas en todo su trabajo y su actividad diarios; participación en todas las acciones revolucionarias del proletariado; discusión y explicación de los acontecimientos políticos del momento y de las tareas inmediatas del proletariado; participación activa en todos los debates del Partido en el marco de los partidos comunistas.
Sin poner en cuestión la dirección política de los partidos comunistas, las ligas de juventudes comunistas necesitan independencia orgánica para el trabajo de educación. En interés de una cooperación fructífera en todas las actividades de lucha es imprescindible el contacto orgánico más estrecho entre los partidos y las ligas de juventudes comunistas, que se logra mediante la representación recíproca en todos los órganos y el apoyo mutuo continuo.
La lucha económica de las ligas de juventudes comunistas
Bajo el capitalismo es imposible cualquier mejora radical de las condiciones de la juventud obrera. Además, en el periodo de descomposición del capitalismo la burguesía se esfuerza por rebajar todo lo posible el nivel de vida de la juventud obrera y se opone sin miramientos al menor intento de los jóvenes obreros de mejorar sus condiciones. Así pues, los jóvenes obreros solo pueden esperar cambios radicales de su situación en el trabajo y en la formación después de la victoria del proletariado.
La instauración de la sociedad socialista no solo exige una reorganización de las condiciones de trabajo en lo que atañe a la formación de los jóvenes obreros, sino que trae también las condiciones que hacen posible esa reorganización. Como ha demostrado el ejemplo patente de la revolución rusa, crea una educación socialista que es combinación de trabajo productivo, de instrucción y de educación. La juventud obrera se convierte en una capa social a la que se educa para ser útil, en lugar de ser objeto de explotación. La tarea especial de las ligas de juventudes comunistas en el marco de la lucha general de la clase obrera es realizar la educación socialista de la juventud sobre la base de la transformación de las condiciones de trabajo de los jóvenes.
Pero ya antes de la conquista del poder por el proletariado las ligas de juventudes comunistas luchan enérgicamente por mejorar la situación de los jóvenes obreros. Esta lucha se propone proteger a los jóvenes obreros contra la miseria y la degeneración crecientes que resultan de la explotación capitalista, y procura aumentar la capacidad de resistencia de la clase obrera elevando su nivel de vida; todo ello con el fin de arrebatar a los capitalistas algunos de sus baluartes ventajosos y de unir a las masas de jóvenes obreros en la lucha por sus reivindicaciones más elementales e inmediatas.
La base y la meta de nuestro programa es la REORGANIZACIÓN SOCIALISTA DEL TRABAJO JUVENIL
Esto significa la abolición de la esclavitud asalariada para todos los jóvenes obreros hasta los dieciocho años de edad. Hasta que cumplan esa edad, el Estado debe hacerse cargo de ellos y tratarlos desde el punto de vista de la educación.
Además de nuestra oposición implacable a todo trabajo infantil, que por supuesto no necesita más explicación, nuestras reivindicaciones parciales para todos los jóvenes obreros de ambos sexos hasta los dieciocho años son las siguientes:
Salario mínimo a partir del mínimo de subsistencia. A igual trabajo, igual salario, para jóvenes y adultos de ambos sexos. Escala progresiva de los salarios de los aprendices a lo largo del aprendizaje.
Si se implanta la jornada de seis horas, se pagarán salarios de ocho horas.
Los salarios de todos los jóvenes obreros se fijarán por convenios sindicales.
Jornada de seis horas, incluidas las horas de escuela de perfeccionamiento, pagadas íntegramente.
Descanso semanal de cuarenta y cuatro horas.
Prohibición estricta del trabajo nocturno para todos los jóvenes obreros hasta los veinte años.
Prohibición del trabajo a destajo y del sistema de aceleración del ritmo.
Cuatro semanas de vacaciones anuales pagadas íntegramente. Alojamiento gratuito de los jóvenes obreros en casas de reposo, sanatorios, etc.
Prohibición de emplear a jóvenes obreros de hasta veinte años en talleres e industrias perjudiciales para su salud, como las fábricas de vidrio, el trabajo subterráneo en las minas, ciertas ramas de la industria química y otras.
Subsidio de paro igual para jóvenes y adultos; subsidio de paro a partir del mínimo de subsistencia.
Colocación obligatoria de la juventud parada en talleres o en escuelas de formación que garanticen la continuidad de la formación a los jóvenes obreros que se hayan visto obligados a interrumpir su aprendizaje.
En cuanto a la formación técnica y al sistema de aprendizaje, nuestras reivindicaciones son las siguientes:
Formación profesional completa, obligatoria y gratuita para todos los jóvenes obreros hasta los dieciocho años.
La formación técnica se basará en el trabajo práctico y se regulará según los principios de las escuelas-taller, fábricas, etc. La base para ello es la creación de secciones especiales de aprendices en las fábricas.
Creación de talleres de formación comunes para varias industrias domésticas y pequeñas, en los que se pase parte de la jornada de trabajo.
Abolición de los contratos individuales de aprendizaje e inclusión de los aprendices en todos los convenios colectivos.
Abolición de la sobreexplotación de los aprendices mediante una regulación estricta del derecho a emplear aprendices: número máximo de aprendices en proporción a un número determinado de obreros, castigo severo de los malos tratos y de las infracciones de la jornada de trabajo y de la legislación protectora.
Dos años de aprendizaje, incluido el periodo de prueba, lo que es del todo suficiente dado el actual carácter capitalista del trabajo.
Prohibición de ocupar a los aprendices en trabajos que no sean de su oficio.
Prohibición del sistema de alojamiento en casa del patrono.
Vigilancia estricta del aprendizaje por los órganos de la clase obrera: sindicatos, consejos de fábrica y otros.
Las organizaciones obreras y sus representantes tendrán voz en la inspección de los talleres de formación y de las escuelas profesionales. Los aprendices o alumnos elegirán consejos con el mismo fin.
Para el establecimiento de un frente de lucha con la clase obrera adulta, la Internacional Comunista de la Juventud ha formulado las siguientes reivindicaciones:
Plenos derechos de los jóvenes obreros en todos los consejos de fábrica.
Admisión de los jóvenes obreros en los sindicatos en pie de igualdad, pero con cuotas más bajas.
Según las condiciones particulares de cada país, las ligas de juventudes comunistas podrán ampliar o adaptar estas reivindicaciones cuando la ocasión lo requiera.
La suerte de la juventud obrera está unida de manera inseparable a la de toda la clase obrera. La lucha económica de los jóvenes obreros solo puede tener éxito si se libra con el pleno apoyo de la clase obrera adulta y junto con ella. Los adultos deben apoyar a los jóvenes obreros en lucha, porque los intereses de la juventud obrera son los intereses del proletariado en su conjunto y porque los problemas económicos de la clase obrera son inseparables de los de los jóvenes obreros. Las ligas de juventudes comunistas libran su lucha económica a través de las organizaciones de todo el proletariado y, en primer lugar, a través de los sindicatos.
Los sindicatos son las organizaciones de masas de los obreros para la defensa de sus intereses económicos. Las ligas de juventudes comunistas defienden por principio la igualdad de jóvenes y adultos en los sindicatos y procuran que los sindicatos defiendan los intereses de los jóvenes obreros. Todo miembro de la liga de juventudes comunistas debe ser también miembro de su sindicato. Pero las ligas de juventudes comunistas son plenamente conscientes de que solo los sindicatos revolucionarios quieren y pueden representar los intereses de los obreros, jóvenes y viejos. Por eso combaten la burocracia sindical reformista, se esfuerzan por revolucionar los sindicatos y apoyan a la Internacional Sindical Roja.18
La lucha antimilitarista de las ligas de juventudes comunistas
El militarismo es un componente invariable e inevitable del capitalismo y uno de los instrumentos más poderosos de su dominación. La lucha contra el militarismo es, por tanto, la lucha contra uno de los instrumentos más fuertes de la dominación de clase burguesa.
Los jóvenes obreros de la ciudad y del campo son las primeras víctimas del militarismo: son las masas llamadas a llenar las filas de sus ejércitos y a morir en los campos de batalla. Desde su más temprana juventud el militarismo trata de envenenar su mente y de ponerlos bajo su influencia con medidas ideológicas y organizativas. Por eso es tarea primordial de las ligas de juventudes comunistas combatir sin descanso el militarismo y hacer una enérgica propaganda antimilitarista entre las masas de jóvenes obreros, dentro y fuera del ejército.
En el periodo de la revolución mundial el militarismo burgués combate cada vez más abiertamente a la clase obrera y se convierte en instrumento del terror blanco. Por eso, en este periodo las ligas de juventudes comunistas y los partidos comunistas deben actuar con más fuerza y más radicalmente aún contra el militarismo.
Al chovinismo de los imperialistas los pacifistas pequeñoburgueses y los socialdemócratas oponen su pacifismo pequeñoburgués. El pacifismo como tal es una utopía sin esperanza. La burguesía, que lucha por el reparto del mundo y tiembla ante la revolución proletaria, no depondrá nunca las armas mientras los obreros no la desarmen. Pero, lo que es peor, el pacifismo perjudica al proletariado. No alarma ni desarma a la burguesía, sino que despoja al proletariado de sus armas con ilusiones que entregan al proletariado que las alimenta, psicológica y físicamente indefenso, en manos de su enemigo de clase armado.
No menos perjudiciales para la clase obrera son los métodos de lucha antimilitarista que preconizan los elementos anarcosindicalistas: la negativa individual a servir, que, como cualquier otra acción individual aislada, mantiene a los elementos revolucionarios del proletariado fuera del ejército e impide así que la propaganda revolucionaria influya en los obreros del ejército.
Los comunistas comprenden que la insurrección armada del proletariado contra el capitalismo es necesaria en la lucha por su emancipación. Solo con la victoria de sus armas podrá el proletariado llevar a la humanidad a la creación de una sociedad que, sin clases, ya no necesite militarismo; solo creando un ejército rojo y defendiendo con las armas las conquistas de la revolución contra los intentos contrarrevolucionarios de la burguesía puede alcanzarse esa meta. En su guerra contra el capitalismo el proletariado debe esforzarse por ilustrar a los elementos proletarios y semiproletarios del ejército burgués y ganarlos para su causa, para volver contra la clase dominante las armas dirigidas contra la clase obrera.
En esta lucha las ligas de juventudes comunistas y los partidos comunistas tienen ante sí las siguientes tareas especiales:
Lucha contra la militarización psicológica de los jóvenes obreros por la burguesía;
Lucha contra la instrucción militar de la juventud obrera como preparación para el servicio en el ejército;
Trabajo revolucionario dentro de los ejércitos burgueses, mediante células en los ejércitos permanentes regulares, en las tropas coloniales y de ocupación y en las instituciones de preparación militar, y mediante la propaganda contra la guerra, contra el militarismo y contra el uso del ejército al servicio del capitalismo;
Lucha por los intereses materiales y por el derecho de organización de los soldados;
Lucha por la anulación del Tratado de Versalles y de los demás tratados de paz, causas de nuevas guerras;19
Lucha contra las guerras imperialistas con todos los medios, incluidas la huelga general y la insurrección armada, y transformación de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria;
Lucha contra las organizaciones armadas de la burguesía, creadas especialmente para aplastar al proletariado, y desarme de esas organizaciones, y lucha contra las organizaciones juveniles militares y nacionalistas que les sirven de reserva;
Autodefensa de la clase obrera contra la reacción y armamento de los obreros para su lucha.
Las ligas de juventudes comunistas hacen una amplia propaganda entre los jóvenes obreros, sobre todo entre los que están en el ejército, para difundir estos principios frente al militarismo burgués.
El trabajo educativo de las ligas de juventudes comunistas
El trabajo de educación y de propaganda es una parte indispensable de toda la actividad de las ligas de juventudes comunistas. Por educación se entiende aquí la transmisión a los jóvenes obreros de la suma de las experiencias de la lucha, para hacer de ellos luchadores conscientes y decididos contra el capitalismo y por el proletariado, por la revolución y por los constructores de una nueva sociedad. Se convierte así en contrapeso y arma de lucha contra la influencia exclusiva de la burguesía sobre los jóvenes obreros.
La primera tarea de las ligas de juventudes comunistas es la ilustración política de sus miembros y de las grandes masas de jóvenes obreros. Les enseña las leyes de la evolución económica y social, la historia, las formas y los métodos de la guerra de clases y del movimiento obrero, la situación política y económica de la clase obrera y las tareas y los fines de la revolución proletaria. El marxismo, la teoría del proletariado, es nuestra arma más importante en la lucha contra el capital y nuestro instrumento más perfecto para la construcción de la nueva sociedad. Por eso las ligas de juventudes comunistas se esfuerzan ante todo por difundir la filosofía marxista entre sus miembros y por acostumbrarlos al razonamiento y a las ideas marxistas.
Las ligas de juventudes comunistas emprenden además la elevación del nivel cultural general de los jóvenes obreros en interés de la guerra de clases. Los jóvenes obreros deben obtener de la burguesía los conocimientos que necesitan para organizar a las masas proletarias y llevarlas a la victoria en la lucha contra el capitalismo. Además de la educación política y de la ciencia social, en las que concentramos nuestros principales esfuerzos, las ligas de juventudes comunistas hacen también un trabajo de educación general en los campos de las ciencias naturales, la literatura y el arte. En este trabajo no solo llevan a los jóvenes obreros la instrucción que la burguesía les niega hoy por su monopolio del sistema educativo, sino que oponen también la concepción marxista a la ideología burguesa en todos esos campos. Se ocupan de estas cosas solo en la medida en que guardan relación con la lucha de clases, y se sirven de ellas para educar al proletariado en el espíritu de la lucha de clases. Este trabajo educativo es la base previa para la formación de una vanguardia intelectual de la clase obrera, necesaria para la lucha; una vanguardia intelectual unida a la clase obrera por lazos de sangre y de intereses comunes, que trabaje por la instauración del socialismo y esté llamada a ser la pionera de una nueva cultura proletaria.
Las ligas de juventudes comunistas no descuidan la educación física de los jóvenes obreros, conscientes de la necesidad de cuerpos fuertes y sanos para cumplir las tareas que plantea la lucha de clases, así como para contrarrestar los efectos dañinos de la explotación capitalista sobre el físico de la juventud y para combatir el monopolio burgués del atletismo y del deporte.
Los métodos del trabajo de educación y de propaganda de las ligas de juventudes comunistas se basan en los hábitos reales de la vida del joven obrero, en sus peculiaridades psicológicas y en su iniciativa propia.
Tampoco se limita estrictamente a la juventud el trabajo educativo de las ligas, sino que abarca grandes tareas educativas entre los niños. A la influencia de la burguesía, que se ejerce de manera especial sobre los niños pequeños, hay que oponer una educación decididamente comunista de los niños proletarios. También a ellos hay que atraerlos a la lucha de clases, y de un modo que corresponda a sus capacidades mentales. El grupo infantil comunista es la forma de organización de que se sirven las ligas de juventudes comunistas en este trabajo.
Las ligas dedican también mucha atención a la propaganda y la agitación en el campo, conscientes de la importancia de ese trabajo. Los métodos de este trabajo se adaptan a las circunstancias económicas y culturales especiales de los jóvenes obreros del campo. Parten de los problemas que más de cerca tocan el corazón y la vida de los jóvenes obreros del campo, se adaptan al nivel intelectual de esos jóvenes y tienen debidamente en cuenta sus prejuicios. La conquista del proletariado rural solo puede lograrse con un trabajo enérgico y perseverante de las organizaciones urbanas de las ligas de juventudes comunistas.
Las bases de la estructura orgánica
La estructura orgánica de las ligas de juventudes comunistas corresponde a su papel y a sus tareas. Las células de empresa son los órganos por medio de los cuales las ligas se mantienen en estrecho contacto con las masas de la juventud obrera, para hacer agitación entre ellas y atraerlas a las filas comunistas. Las ligas insisten en una disciplina estricta en la organización y en la iniciativa propia, es decir, en la participación enérgica de sus miembros en todo el trabajo y en todas las luchas de la liga. La dirección se basa en el centralismo democrático. Las ligas de juventudes comunistas son esencialmente organizaciones de la juventud obrera, pero se esfuerzan también por ganar a los mejores elementos de los intelectuales y del pequeño campesinado. Sin crear para ellos ninguna organización especial, dan cabida en sus filas a sus elementos más activos y a los más entregados a la causa proletaria.
Las ligas de juventudes comunistas comprenden perfectamente que viven en un mundo enemigo y que el terror blanco puede obligarlas en cualquier momento a pasar a la clandestinidad. Se preparan continuamente, técnica e ideológicamente, para esa eventualidad. Aun obligadas a la clandestinidad por las persecuciones de la reacción, se esfuerzan por mantener en todo momento y por todos los medios su contacto con las masas y su influencia sobre ellas.
La juventud obrera de los países coloniales
Más de la mitad del género humano sufre bajo el yugo del imperialismo en los países coloniales y semicoloniales. La explotación de los pueblos atrasados de Asia y África es uno de los pilares de la economía capitalista mundial moderna. La lucha nacional de liberación de los países coloniales y semicoloniales oprimidos es, por tanto, un factor importantísimo de la revolución contra el capitalismo. La unión del proletariado revolucionario de los países capitalistas con los esclavos de color del imperialismo es una de las condiciones más importantes de la lucha victoriosa. El creciente desarrollo capitalista de los mayores países coloniales y semicoloniales ha creado la primera condición para la división en clases: de un lado la clase obrera y del otro la clase burguesa y feudal; la población trabajadora indígena ha despertado, y la lucha nacional revolucionaria se convierte en lucha contra el feudalismo indígena y contra la burguesía indígena.
La condición de los jóvenes obreros en esos países es aún peor que la de la juventud de los países dominantes. Los jóvenes obreros de las colonias sufren la doble opresión de la explotación indígena y de la extranjera, que en muchos casos conserva todavía las viejas formas feudales y patriarcales. El sistema, muy extendido, de la pequeña industria y el pequeño comercio, que luchan desesperadamente por sobrevivir, es causa de una explotación salvaje de la juventud como no la conoce desde hace mucho el joven obrero de Europa y América. La miseria del campesinado y el atraso feudal de la agricultura hacen que la situación del joven obrero del campo sea aún peor que la de su hermano de la ciudad. A esto se añaden el extraordinario atraso cultural y la esclavitud social de la juventud de esos países, la influencia ilimitada del clero, basada en la ignorancia de las masas, la condición servil de las mujeres y los derechos patriarcales del patrono sobre sus empleados.
Los jóvenes comunistas de los países coloniales oprimidos tienen ante sí una doble tarea:
(1) Organizar un movimiento de masas de los jóvenes obreros bajo la bandera de la liberación revolucionaria del yugo imperialista extranjero; establecer una alianza con el proletariado de los países capitalistas; luchar por las necesidades y reivindicaciones económicas, culturales y políticas de la juventud.
(2) Crear organizaciones de jóvenes obreros comunistas conscientes que dirijan a la juventud obrera en la lucha nacional revolucionaria y preparen la lucha de clases por el comunismo, que con el avance de la revolución mundial es inevitable también en esos países. Las formas de organización del movimiento juvenil revolucionario en los países coloniales y semicoloniales vienen determinadas por las condiciones históricas, económicas, sociales y políticas propias de cada país.
Los jóvenes comunistas de los países capitalistas, sobre todo de los que practican una política colonial de agresión, deben luchar por la liberación de los pueblos coloniales oprimidos y contra los prejuicios raciales de los obreros de sus propios países, y deben apoyar con energía la lucha de los jóvenes obreros de los países coloniales.
La juventud obrera y la dictadura del proletariado
El derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura proletaria cambian radicalmente la situación de la juventud obrera. Los obreros oprimidos y esclavizados del capitalismo se convierten en ciudadanos libres del Estado proletario. La dictadura proletaria se esfuerza por mejorar radicalmente la condición de los jóvenes obreros en lo político, en lo económico y en lo cultural, y va cumpliendo esa tarea. Las organizaciones juveniles revolucionarias, perseguidas y oprimidas por el capitalismo, reciben el apoyo material y moral del Estado soviético: se convierten en participantes activos en la obra de reconstrucción del Estado proletario, sobre todo en lo que atañe al trabajo y a la educación de la juventud. Las ligas de juventudes comunistas reciben todas las posibilidades de convertirse en organizaciones de masas para la educación comunista de la juventud obrera, atendiendo debidamente a todos los ámbitos de la vida de los jóvenes obreros. El fin de esta educación durante el periodo de la dictadura es preparar y equipar al joven proletariado para que sea trabajador y combatiente en todos los terrenos de la lucha y de la reconstrucción.
La actividad de las ligas de juventudes comunistas cambia con el cambio de la naturaleza de clase del Estado. Si bajo el capitalismo eran un arma para derrocar al Estado burgués, bajo la dictadura proletaria se convierten en un apoyo del poder soviético. Las ligas de juventudes comunistas participan activamente en la construcción del Estado socialista, en la reconstrucción de su industria y en la reforma de su agricultura. La lucha contra el militarismo burgués es sustituida por el ingreso en el ejército o la marina rojos y por el trabajo para reforzar esas organizaciones. Tras la conquista del poder por el proletariado, las mejores fuerzas de las ligas de juventudes comunistas ingresan en el ejército rojo y se hacen soldados, trabajadores políticos y comandantes rojos. Las ligas realizan su programa de reivindicaciones económicas, la reorganización socialista gradual del trabajo juvenil, mediante la instauración del Estado proletario y con ayuda de los sindicatos, organizaciones de clase del proletariado. Las ligas asumen la dirección de este trabajo. La lucha contra las instituciones educativas burguesas y su cloroformización mental de la juventud es sustituida por la ayuda activa al Estado socialista en la creación de un sistema unificado de escuelas profesionales, por la organización de escuelas para los jóvenes obreros y los aprendices, por la conquista de la enseñanza media y superior por el proletariado y por la organización de la instrucción popular de las masas. El trabajo educativo de las ligas de juventudes comunistas se hace más amplio y más profundo: con el cambio de fin de su trabajo de educación comunista y el aumento de sus fuerzas materiales e intelectuales, surgen nuevas tareas en este campo.
La Internacional Comunista de la Juventud
Para triunfar, la lucha del proletariado por el comunismo debe organizarse internacionalmente. Lo mismo vale para la juventud obrera. Por eso las ligas de juventudes comunistas de todos los países están unidas en la Internacional Comunista de la Juventud, organización mundial de la juventud proletaria revolucionaria y su guía y dirección internacional.
La primera Unión Internacional de Organizaciones Juveniles Socialistas se formó en 1907, en el congreso de Stuttgart.20 Pese a los intentos de los reformistas y de los socialpatriotas de romper esa unión, la inmensa mayoría de sus organizaciones afiliadas proclamó al final de la guerra, al comienzo del periodo revolucionario, su adhesión a los principios de la lucha de clases revolucionaria y creó la Internacional Comunista de la Juventud. Esta es, pues, en realidad, la verdadera heredera de la Unión Internacional de Organizaciones Juveniles Socialistas. Las pocas organizaciones juveniles socialistas que antes de la guerra, por motivos reformistas, nunca habían pertenecido a una liga internacional, o que se habían separado de la Unión Internacional durante la guerra, o que crearon después los socialdemócratas frente a las organizaciones juveniles revolucionarias, formaron en 1921 la Internacional de la Juventud Obrera y la Unión Internacional de Trabajo de las Organizaciones Juveniles Socialistas.21 Con ello rompieron el frente único de la juventud obrera bajo la bandera de la revolución, y en 1923 se fusionaron en una única organización reformista dirigida contra la Internacional Comunista de la Juventud.
A diferencia de las internacionales socialdemócratas, que no son más que federaciones laxas, la Internacional Comunista de la Juventud se basa en el principio de la centralización internacional. Sus decisiones son ley suprema para todas las secciones nacionales. Las tareas prácticas de la Internacional Comunista de la Juventud son: la agitación internacional y la ejecución de acciones internacionales; la dirección de las ligas de juventudes comunistas en todas sus actividades; el apoyo a las secciones nacionales en su trabajo; la organización de nuevas ligas, y el cultivo del espíritu de solidaridad entre la juventud revolucionaria de todos los países.
La Internacional Comunista de la Juventud acepta los principios de la Internacional Comunista y es una de sus secciones. El Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista de la Juventud mantiene un estrecho contacto con el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y está sometido a su dirección política.
La Internacional Comunista de la Juventud ha fijado el primer domingo de septiembre como Día Internacional de la Juventud,22 jornada internacional de los jóvenes obreros, día en que manifiestan su voluntad de luchar por sus reivindicaciones hasta alcanzar la victoria definitiva de sus principios.
Con la fundación de la Internacional Comunista de la Juventud empezó una nueva época en la historia de la juventud obrera. Para la Internacional Comunista de la Juventud no existen fronteras ni divisiones nacionales. Se enfrenta al capitalismo en un único frente unido y su anillo de hierro rodea el mundo entero. La Internacional Comunista de la Juventud crea las condiciones previas para la emancipación de la juventud obrera de las insoportables cargas políticas, económicas y culturales del capitalismo. Llamada a cumplir esta tarea como parte de la Internacional Comunista combatiente, la Internacional Comunista de la Juventud no depondrá las armas hasta que esa obra esté cumplida.
Resolución sobre las reivindicaciones económicas del programa de la Internacional Comunista de la Juventud
Desde que el II Congreso Mundial lanzó su llamamiento a luchar por las reivindicaciones económicas de la juventud obrera,23 el movimiento económico entre los jóvenes obreros ha crecido considerablemente. La creciente presión económica siembra el descontento en las filas de los jóvenes obreros y de los aprendices y les da un gran impulso en su lucha económica. Bajo la dirección y con la colaboración de las ligas de juventudes comunistas se han librado varias batallas. En estas luchas las ligas dejaron el terreno de la propaganda teórica y emprendieron la lucha por reivindicaciones prácticas. Pese a la diversidad de condiciones en los distintos países, los hechos básicos y fundamentales de la situación de la juventud obrera son los mismos en todas partes, y en todas las luchas se hizo patente la necesidad de fines comunes definidos y de una acción económica conjunta de las ligas de juventudes comunistas. Ello era tanto más necesario cuanto que, en la etapa actual del desarrollo histórico, esta lucha debe adquirir cada vez más un carácter internacional.
(2) El rasgo fundamental de la posición de la juventud obrera en la sociedad capitalista (su inclusión en el proceso de producción como obreros plenamente desarrollados y objetos de explotación bajo el sistema de la esclavitud asalariada, y su exclusión deliberada de la instrucción) es el mismo en todos los países y exige la aplicación unida de la palanca de nuestras reivindicaciones básicas. Los métodos de sobreexplotación que imperan hoy en el sistema de aprendizaje y la exclusión de la inmensa mayoría de la juventud obrera de la formación profesional, debidos al empeño del capitalismo en reducir el número de obreros cualificados bien pagados y obligar a aún más obreros a realizar trabajos sin cualificar mal pagados, son también fenómenos internacionales. En algunos países se intenta encubrir estos hechos con un sistema de escuela de perfeccionamiento obligatoria. Las condiciones anticuadas que imperan en esas escuelas, que en la mayoría de los casos solo sirven para intensificar la explotación (alargando la jornada de trabajo, ocasionando gastos adicionales, etc.), exigen una lucha enérgica por una serie de medidas para su revisión sistemática y a fondo. El hecho, además, de que los jóvenes obreros, que realizan el trabajo de los obreros adultos, reciban salarios más bajos que estos, salarios que apenas bastan para vivir, y aún más los míseros salarios de los aprendices y la discriminación de los jóvenes frente a los adultos en materia de subsidios de paro: todos estos hechos hacen necesario establecer reivindicaciones inmediatas y concretas sobre el sistema de salarios del trabajo juvenil. Las largas jornadas de trabajo, que amenazan el bienestar físico y mental de los jóvenes obreros, el trabajo nocturno y la falta de descanso y de vacaciones llevan a la juventud obrera de todos los países a plantear reivindicaciones concretas. Las condiciones higiénicas en que trabaja hoy la juventud son horribles; todavía se emplea trabajo infantil. Los jóvenes obreros agrícolas están sometidos a una explotación particular. Pese a la diversidad de las condiciones locales, la mísera situación de la juventud obrera es la misma en todo el mundo capitalista. De este hecho nace la necesidad de plantear reivindicaciones económicas de carácter internacional y de reunirlas en un programa internacional de reivindicaciones.
(3) La juventud obrera ya tuvo antes un programa económico internacional, las «Reivindicaciones para la protección económica de la juventud», aprobadas en el primer congreso de la Internacional Juvenil en Stuttgart, en 1907. Aunque la base fundamental de ese programa sigue siendo patrimonio de la juventud obrera, ya no puede considerarse la base de la lucha económica de la ICJ y debe revisarse y enmendarse. Ese programa no presta atención a la importantísima cuestión de los salarios de los jóvenes obreros ni reclama la transformación radical del sistema de instrucción y de formación profesional, sino que se contenta con reivindicaciones reformistas de mejora del actual sistema de aprendizaje. Además, hay que ampliar el límite de edad de la jornada reducida y hay que abordar el problema de las vacaciones, que el viejo programa omite. Pero, sobre todo, el programa mínimo de Stuttgart es un programa de reivindicaciones de reformas que deben llevarse a la práctica dentro de los límites de la sociedad capitalista con métodos reformistas. Le faltan los elementos que van más allá de los límites de la sociedad capitalista y sirven para derribarla, y que solo pueden realizarse plenamente después del derrocamiento del capitalismo. Su fin declarado es «eliminar los peores casos de explotación, que impiden a sus víctimas incluso participar en la lucha contra el sistema económico actual». El programa de lucha de la Internacional Comunista de la Juventud, en cambio, no puede respetar las exigencias del sistema económico capitalista ni ser un mero medio para eliminar los peores casos de explotación de la juventud obrera. Debe convertirse en un instrumento para la eliminación de toda explotación y debe proclamar el fin último y fundamental de la lucha económica de los jóvenes obreros: la transformación completa de las condiciones del trabajo juvenil y su reorganización socialista.
Por eso la Internacional Comunista de la Juventud, guía de la juventud obrera con consciencia de clase, ha elaborado un nuevo programa de reivindicaciones económicas de los jóvenes obreros, que somete por la presente a la gran masa del joven proletariado oprimido y explotado y a toda la clase obrera.
La base y la meta de nuestro programa es la REORGANIZACIÓN SOCIALISTA DEL TRABAJO JUVENIL
Esto significa la ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD ASALARIADA PARA TODOS LOS JÓVENES OBREROS HASTA LOS 18 AÑOS, DE LOS QUE DEBE HACERSE CARGO EL ESTADO Y A LOS QUE DEBE TRATAR DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA EDUCACIÓN HASTA QUE CUMPLAN ESA EDAD.
Nuestras reivindicaciones parciales para todos los jóvenes obreros de ambos sexos hasta los 18 años (la oposición implacable a todo trabajo infantil se da por supuesta) son las siguientes:
Salario mínimo a partir del mínimo de subsistencia. A igual trabajo, igual salario, para jóvenes y adultos de ambos sexos. Escala progresiva de los salarios de los aprendices a lo largo del aprendizaje.
Si se implanta la jornada de seis horas, se pagarán salarios de ocho horas.
Los salarios de todos los jóvenes obreros se fijarán por convenios sindicales.
Jornada de seis horas, incluidas las horas de escuela de perfeccionamiento, pagadas íntegramente.
Descanso semanal de cuarenta y cuatro horas.
Prohibición estricta del trabajo nocturno para todos los jóvenes obreros hasta los 20 años.
Prohibición del trabajo a destajo y del sistema de aceleración del ritmo.
Cuatro semanas de vacaciones anuales pagadas íntegramente. Alojamiento gratuito de los jóvenes obreros en casas de reposo, sanatorios, etc.
Prohibición de emplear a jóvenes obreros de hasta 20 años en talleres e industrias perjudiciales para su salud (fábricas de vidrio, trabajo subterráneo en las minas, ciertas ramas de la industria química, etc.).
Subsidio de paro igual para jóvenes y adultos; subsidio de paro a partir del mínimo de subsistencia.
Colocación obligatoria de la juventud parada en talleres o en escuelas de formación que garanticen la continuidad de la formación a los jóvenes obreros que se hayan visto obligados a interrumpir su aprendizaje.
En cuanto a la formación técnica y el sistema de aprendizaje, nuestras reivindicaciones son las siguientes:
Formación profesional completa, obligatoria y gratuita para todos los jóvenes obreros hasta los 18 años.
La formación técnica se basará en el trabajo práctico y se regulará según los principios de las escuelas-taller (fábricas, etc.). La base para ello es la creación de secciones especiales de aprendices en las fábricas.
Creación de talleres de formación comunes para varias industrias domésticas y pequeñas, en los que se pase parte de la jornada de trabajo.
Abolición de los contratos individuales de aprendizaje e inclusión de los aprendices en todos los convenios colectivos.
Abolición de la sobreexplotación de los aprendices mediante una regulación estricta del derecho a emplear aprendices (número máximo de aprendices en proporción a un número determinado de obreros, castigo severo de los malos tratos y de las infracciones de la jornada de trabajo y de la legislación protectora).
Dos años de aprendizaje, incluido el periodo de prueba, lo que es del todo suficiente teniendo en cuenta el actual carácter capitalista del trabajo.
Prohibición de ocupar a los aprendices en trabajos que no sean de su oficio.
Prohibición del sistema de alojamiento en casa del patrono.
Vigilancia estricta del aprendizaje por los órganos de la clase obrera (sindicatos, consejos de fábrica).
Las organizaciones obreras y sus representantes tendrán voz en la inspección de los talleres de formación y de las escuelas profesionales. Los aprendices (alumnos) elegirán consejos con el mismo fin.
Para el establecimiento de un frente de lucha con la clase obrera adulta, la ICJ ha formulado las siguientes reivindicaciones:
Plenos derechos de los jóvenes obreros en todos los consejos de fábrica.
Admisión de los jóvenes obreros en los sindicatos en pie de igualdad, pero con cuotas más bajas.
(4) Estas reivindicaciones de la Internacional Comunista de la Juventud exigen del sistema capitalista un cambio completo del actual sistema de salarios de los jóvenes obreros. La fijación de los salarios de los jóvenes obreros, así como de los aprendices, no debe dejarse a la decisión arbitraria del patrono rapaz, sino que debe hacerse por contratos colectivos de los sindicatos. En ningún caso podemos tolerar por más tiempo que los salarios de los jóvenes obreros no basten siquiera para lo más necesario para vivir; el mínimo de subsistencia debe ser la base del salario mínimo de los jóvenes obreros. Debe abolirse la vergonzosa costumbre, funesta para todo el proletariado, de pagar a los jóvenes obreros que hacen el trabajo de los adultos salarios más bajos que a estos, provocando así una competencia continua entre jóvenes y adultos. ¡A igual trabajo, igual salario! Debe cesar la explotación redoblada de la muchacha proletaria. La reivindicación de igual salario por igual trabajo vale para ella lo mismo que para los jóvenes varones. La jornada de seis horas, una vez implantada, no debe perjudicar a los jóvenes obreros: deben recibir el salario de una jornada de ocho horas. Mientras subsista el aprendizaje capitalista como rasgo de la esclavitud asalariada juvenil, y mientras no se haya realizado la reorganización socialista del trabajo juvenil y el cuidado del bienestar de los jóvenes obreros, los aprendices deben recibir aumentos de salario en proporción a la destreza adquirida, es decir, aumentos escalonados en proporción a los salarios respectivos de los obreros cualificados. Sobre el actual sistema vergonzoso de salarios hay que señalar el hecho de que en la mayoría de los países los jóvenes obreros y aprendices parados reciben, en el mejor de los casos, subsidios de paro mucho más bajos que los obreros adultos, y en la mayoría de los casos ninguno. Pero los jóvenes obreros no solo tienen que vivir igual que los adultos, sino que están mucho más expuestos a los peligros de la miseria y a menudo pierden la posibilidad de aprender un oficio. De estos hechos se desprende la necesidad imperiosa de las reivindicaciones de la ICJ de un subsidio de paro igual para jóvenes y adultos y de la creación de talleres de formación para los primeros.
La jornada de seis horas para los jóvenes obreros era ya una reivindicación del programa de Stuttgart y, bajo la presión de los jóvenes obreros, hasta las internacionales juveniles adversarias han tenido que incluirla en sus programas. Teniendo en cuenta la etapa crítica y temprana del desarrollo de los jóvenes y su necesidad de educación intelectual y de ejercicio físico, nadie negará hoy la necesidad imperiosa de la jornada de seis horas. Además, la prohibición del trabajo nocturno para todos los jóvenes hasta esa edad y de su empleo en talleres e industrias perjudiciales para su salud es cosa natural para una clase obrera que no quiere que su juventud sea destruida en la flor de la edad. Queremos una generación física y mentalmente más joven; todo joven obrero debe tener vacaciones suficientes y buenos cuidados durante ellas, así como un descanso semanal suficiente.
La ICJ defiende además una serie de reivindicaciones para la transformación del actual sistema de aprendizaje y por la formación profesional para todos los jóvenes obreros, que el capitalismo ha convertido en privilegio costoso de unos pocos. Esta formación profesional obligatoria no ha de tener el carácter del actual aprendizaje burgués ni de las escuelas de perfeccionamiento, donde se explota a los alumnos y no reciben una verdadera formación en su oficio, sino que esas escuelas deben dar una formación práctica basada en los principios de la escuela-taller y que excluya toda explotación. Aunque esta reivindicación solo puede realizarse bajo el dominio de la clase obrera, debe plantearse, no obstante, ya hoy. La base de esta formación debe ser la sección de aprendices en cada industria, que ha de completarse con las escuelas-taller. Mediante la abolición de los contratos individuales de aprendizaje y un control estricto de las organizaciones de la clase obrera, el aprendizaje debe arrancarse del control del capital y regularse por los convenios colectivos de los sindicatos. Hay que combatir sin miramientos la explotación del trabajo juvenil en el aprendizaje, la sobreexplotación de los aprendices y los pretendidos derechos del patrono, y el aprendiz que hace el trabajo de un obrero debe tener la condición y los derechos de un obrero. Si, con fines de explotación, la formación de los aprendices en las empresas industriales se confía a un obrero del taller general o se hace en cuadrillas a destajo, este estado de cosas debe cambiarse radicalmente. En todas las fábricas deben crearse secciones especiales de aprendices, dotadas de todos los medios modernos de formación, que deben dar la parte principal de la formación. Bajo el capitalismo estas secciones de aprendices deben estar estrictamente controladas por la clase obrera para impedir los numerosos abusos de los capitalistas.
El pequeño taller medieval, cuya hora final ha sonado, no puede ser el único lugar de la formación técnica moderna, pues hoy el objetivo principal es formar obreros útiles para la industria. Mientras el sistema de aprendizaje subsista en la artesanía, es necesaria la creación de talleres de formación colectivos para varias industrias domésticas y pequeñas, en los que los aprendices dediquen parte de su tiempo a la formación técnica. Su forma depende de las posibilidades prácticas: o secciones de aprendices en las grandes empresas industriales, o prácticas en escuelas de perfeccionamiento. Con la consigna de la reorganización socialista del trabajo juvenil, la Internacional Comunista de la Juventud reclama la educación de todos los jóvenes obreros hasta los 18 años. Pero esta amplia educación, que solo puede realizarse en una sociedad socialista, no tiene nada que ver con la formación técnica bajo un sistema capitalista especializado. Todo aprendizaje que dure más de dos años no tiene otro motivo que la codicia capitalista. Por eso la ICJ, ahora como antes, exige del sistema capitalista la vieja reivindicación de Stuttgart: un máximo de dos años para todos los aprendices, lo que hoy está más justificado que nunca, pues la división y la especialización del trabajo han avanzado considerablemente en los quince años transcurridos desde el congreso de Stuttgart.
(5) ¿Cuál es la esencia de nuestras reivindicaciones parciales y su relación con nuestra lucha revolucionaria? Ante todo, solo pueden juzgarse como parte del todo, de toda nuestra actividad de lucha, de la que son parte inseparable. Por eso, si formulamos un programa de reivindicaciones parciales, lo hacemos con vistas a nuestra meta última: la revolución proletaria y la instauración de una sociedad socialista. Toda nuestra propaganda y todo nuestro trabajo se rigen por la convicción de que el capitalismo es incapaz de conceder una mejora decisiva en la situación del proletariado y en la organización del trabajo juvenil.
Nuestras reivindicaciones parciales son las que la clase obrera debe formular para conservar intactas la vida y la salud de su juventud, que debe fortalecerse física y mentalmente para la lucha de clases y convertirse en un activo valioso del futuro Estado proletario. Al preparar esas reivindicaciones, la clase obrera no puede seguir el ejemplo de los socialdemócratas y preguntarse si pueden o no ajustarse a los intereses de la economía capitalista. Solo el grado de pauperización que el proletariado puede soportar conservando su capacidad de lucha puede determinar nuestra acción, no las necesidades ni las exigencias de la sociedad capitalista. Al contrario: en manos de los comunistas estas reivindicaciones parciales se convierten en una palanca de acción con la que provocar movimientos revolucionarios y minar el poder del capitalismo. Esto puede lograrse tanto más pronto cuanto que las reivindicaciones mínimas sobre el nivel de vida de los obreros que antes de la guerra se reconocían generalmente hoy ya no se cumplen en el periodo de decadencia del capitalismo, y llevarán a luchas encarnizadas entre la clase obrera y el capital. Así, mientras lucha por una mejora decisiva de la situación económica de la juventud obrera, la ICJ subordina esta lucha a los intereses de la lucha revolucionaria general de la clase obrera.
La realización de las reivindicaciones más modestas solo puede lograrse hoy poniendo en juego el poder económico y político del trabajo, es decir, por medio de la lucha revolucionaria. El claro reconocimiento de este hecho, que se expresa en la política comunista en los parlamentos y en los ayuntamientos, distingue la lucha económica de las organizaciones comunistas de la política reformista de los socialdemócratas, que, movidos por el miedo a la necesidad de una lucha revolucionaria, han sacrificado a la dictadura capitalista las reivindicaciones más elementales y vitales de la clase obrera, se han guardado mucho de llamar a las masas y separan los problemas «económicos» de las luchas políticas. Es un error gravísimo que los socialdemócratas comparten con los sindicalistas «puros».
Cuanto más decidida sea la lucha de las masas por sus reivindicaciones, mayor será la resistencia del capital. La determinación de luchar crecerá en las masas, que aprenderán a mirar con confianza a las organizaciones comunistas, mientras que, por otro lado, harán la experiencia práctica de la inanidad de la política socialdemócrata. El Partido Comunista o la liga de juventudes comunistas combatirán al lado de las masas y, con una crítica clara y tajante, les mostrarán la relación entre los distintos problemas, las razones de sus éxitos y de sus derrotas y el significado de su lucha. En la medida en que las luchas por reivindicaciones parciales movilicen a masas obreras cada vez mayores (y es tarea de las organizaciones comunistas extender, intensificar y combinar esas luchas con consignas concretas); en la medida en que, en esta lucha, las necesidades de las masas proletarias se opongan a las necesidades de la sociedad capitalista, en esa medida comprenderá la clase obrera que, si quiere vivir, la sociedad capitalista tiene que perecer. Esta convicción es la base de la determinación de luchar por la dictadura proletaria.
Así, la lucha por las reivindicaciones económicas parciales se convierte en la escuela de formación de las grandes masas de la juventud obrera que todavía están apáticas o desorientadas.
Resolución sobre el frente único
El III Congreso de la Internacional Comunista de la Juventud, después de escuchar el informe sobre el frente único, declara:
El CE ha hecho todo lo posible por establecer un frente único de los jóvenes obreros en la lucha contra la ofensiva del capital y de la reacción.
Sin embargo, todas sus propuestas e intentos en ese sentido han fracasado por la resistencia de las dos Internacionales socialdemócratas de la Juventud24, que se negaron a convocar un congreso mundial de jóvenes obreros que tuviera por objeto elaborar un plan de acción para responder a las demandas de la juventud obrera de una resistencia eficaz contra la pauperización y contra el auge de la reacción y del militarismo. Así, los dirigentes internacionales de las organizaciones juveniles socialdemócratas han saboteado la posibilidad de una resistencia eficaz a la ofensiva del capital. No solo se negaron a formar un frente único de la juventud obrera del mundo entero, sino que consideraron que su tarea principal era formar un bloque, no contra el capital, sino contra la Internacional Comunista de la Juventud.
El congreso opina que la táctica del frente único es, a pesar de todo, la única medida posible para proporcionar a la juventud obrera las armas necesarias para la lucha contra la burguesía. Por eso encarga al CE de la ICJ que prosiga sus esfuerzos por establecer un frente único de la juventud obrera, así como el de los obreros jóvenes y adultos.
En vista de que la Conferencia de La Haya25 no ha dado ningún resultado positivo, y puesto que los jóvenes obreros, más que ningún otro sector del proletariado, tendrán que servir de carne de cañón en las guerras que amenazan, el III Congreso encarga al CE que se dirija a las otras dos Internacionales de la Juventud con la propuesta de establecer un frente único para la lucha contra la guerra y la reacción y de elaborar con estas dos organizaciones un plan de acción común.
El congreso exhorta a todas las ligas y a cada uno de los miembros de la Internacional Comunista de la Juventud a hacer todo lo posible en esta lucha contra una nueva guerra y contra la reacción, para que la juventud obrera, con su frente único, pueda demostrar a la burguesía que no se dejará matar otra vez por los intereses del capitalismo.
¡Viva el frente único de la juventud obrera!
¡Viva la lucha común contra la guerra y la reacción!
Resolución sobre el problema del deporte
Después de escuchar el informe sobre el problema del deporte, el III Congreso hace constar que es necesario que las secciones de la ICJ intensifiquen su actividad en este terreno.
Ante todo, las ligas de juventudes comunistas deben librar una lucha enérgica contra las organizaciones atléticas y deportivas burguesas, que, bajo la máscara traicionera de la neutralidad, apartan a amplios sectores del proletariado de la lucha de clases y que en muchos países no son más que un pretexto para el armamento ilegal de las tropas de choque contrarrevolucionarias de la burguesía. Las ligas de juventudes comunistas deben esforzarse por descomponer esas organizaciones y por inducir a sus elementos proletarios a ingresar en las organizaciones deportivas y atléticas obreras. Allí donde tales organismos no existan todavía, es deber de las ligas de juventudes comunistas procurar que se creen inmediatamente secciones de la Internacional Roja del Deporte26.
Las ligas de juventudes comunistas deben además librar una lucha tenaz contra la llamada educación física obligatoria o instrucción militar obligatoria a cargo del Estado, que en los Estados capitalistas no son más que formas disfrazadas de militarismo. En los Estados capitalistas en que exista esta educación física obligatoria o instrucción militar obligatoria, los comunistas deben emplear la misma táctica que en la lucha contra el militarismo, es decir, deben participar en ella con el fin de hacer propaganda entre los elementos proletarios y ganarlos para la lucha de clases.
En las organizaciones atléticas y deportivas obreras, cuya mayoría está aún bajo control socialdemócrata y que por eso ejercen una influencia reformista sobre los jóvenes obreros, las ligas de juventudes comunistas deben llevar a cabo un trabajo educativo sistemático. Deben contrarrestar las actividades deportivas burguesas que obstaculizan el desarrollo de la solidaridad proletaria tan necesaria para la lucha de clases. Deben desenmascarar la pretensión burguesa de neutralidad del movimiento deportivo y atlético y oponerse a toda colaboración con la burguesía. Solo con esta actividad, llevada a cabo en estrecho contacto con los partidos comunistas, pueden las ligas de juventudes comunistas convertir los clubes atléticos y deportivos obreros en organizaciones activas e imprimirles un carácter de clase. Este trabajo sistemático de las ligas de juventudes comunistas no pretende, desde luego, escindir las organizaciones deportivas y atléticas obreras. Al contrario, igual que dentro de los sindicatos, los comunistas se oponen a la política de escisión de los socialdemócratas y defienden la unidad completa del movimiento deportivo obrero. Con este fin, los miembros de las ligas de juventudes comunistas dentro de las organizaciones deportivas y atléticas obreras se agrupan en fracciones para conquistar la mayoría de los clubes y hacer que se adhieran a la Internacional Roja del Deporte.
Las ligas de juventudes comunistas deben esforzarse por establecer relaciones estrechas y amistosas con las organizaciones deportivas y atléticas comunistas ya existentes, así como por lograr una cooperación eficaz con las fracciones comunistas en las organizaciones que están aún bajo control socialdemócrata. En general, las ligas de juventudes comunistas deben procurar poner sus relaciones con las organizaciones atléticas y deportivas obreras sobre una base que excluya toda competencia o rivalidad entre los miembros.
El III Congreso se abstiene de adoptar tesis definitivas sobre el problema de las organizaciones deportivas y atléticas obreras, pero encarga a la IV Sesión del Buró de la ICJ que las elabore y que tome una decisión definitiva sobre las cuestiones controvertidas que han surgido en la discusión. Para que la IV Sesión del Buró de la ICJ pueda llevar a cabo esta tarea y para animar la actividad de las ligas en este terreno, es necesario que el CE de la ICJ no solo dé instrucciones para su trabajo práctico y lo supervise, sino que procure especialmente que las ligas le suministren material sobre esta cuestión. El CE debe analizar a fondo ese material con el fin de dar precisión y claridad a la actitud fundamental de la ICJ respecto al problema del deporte.
Resolución sobre el trabajo en los países del Próximo y del Lejano Oriente
El crecimiento y el desarrollo del movimiento comunista entre la juventud obrera de los países del Próximo y del Lejano Oriente han hecho progresos considerables durante el último año. Las resoluciones del II Congreso sobre el problema del trabajo entre los pueblos orientales y la acción enérgica del congreso de la juventud obrera del Lejano Oriente27 han hecho avanzar considerablemente las organizaciones de los jóvenes obreros de estos países bajo la bandera de la ICJ.
Durante el último año se han creado organizaciones en China y Corea. Se han sentado las bases esenciales para la constitución definitiva de la liga de juventudes comunistas del Japón. La organización juvenil revolucionaria de Mongolia se ha adherido a la ICJ, y se han establecido relaciones con la liga de juventudes comunistas de Turquía. Estos, sin embargo, no han sido más que logros preliminares. La Internacional Comunista de la Juventud tiene aún ante sí la tarea de impulsar y fortalecer el desarrollo del movimiento en su conjunto. Por desgracia, hay que hacer constar que hasta ahora el movimiento solo ha alcanzado a Asia y que África apenas se ha tocado todavía.
(2)28 El crecimiento y la consolidación del movimiento permiten a la ICJ plantear a las ligas de juventudes comunistas de los países orientales una serie de nuevas tareas para ampliar su trabajo práctico y mejorar su organización.
China. La Liga de la Juventud Socialista de China29 se formó durante un período de lucha agudísima contra el imperialismo. Esta lucha la apoyaron especialmente los estudiantes nacionalistas revolucionarios, que son la fuerza social más vigorosa de China. La Liga de la Juventud Socialista de China se formó con los elementos de izquierda más activos de los estudiantes. Dentro de la liga, sin embargo, quedaban algunas huellas del movimiento estudiantil general, en forma de conflictos entre distintas tendencias (los elementos liberales nacionalistas de derecha, por un lado, y los anarquizantes de izquierda, por otro).
En el momento del primer congreso de la Liga de la Juventud Socialista de China30, esta lucha interna prácticamente había terminado. En ese congreso la liga era ya una organización fuerte e ideológicamente homogénea. Esto se logró con el trabajo práctico en una serie de campañas de masas, con el fortalecimiento orgánico de la liga y con la intensificación de su influencia sobre amplias masas de la juventud obrera. La Liga de la Juventud Socialista de China ha crecido en número y ha ganado importancia política.
Las tareas que tiene ahora ante sí la Liga de la Juventud Socialista de China son fortalecer todavía más su organización y prestar especial atención al trabajo entre la juventud industrial y rural. Este trabajo exige esfuerzos especiales y perseverantes, porque hasta ahora el movimiento se ha apoyado principalmente en los estudiantes. La composición de la liga explica ciertos rasgos que dificultan su desarrollo ulterior: falta de disciplina estricta, una fuerte inclinación a enzarzarse en discusiones académicas, contacto insuficiente con las luchas cotidianas reales y, sobre todo, aislamiento de las masas de la juventud obrera.
El III Congreso, al tiempo que registra con satisfacción los logros de la LJS de China, considera necesario señalar lo siguiente:
(a) La Liga de la Juventud Socialista de China debe concentrar sus fuerzas principales en el trabajo de organización y de propaganda entre la juventud obrera. Para ganar a los jóvenes obreros para la liga y defenderlos de la explotación, la liga debe emprender una lucha económica basada en las reivindicaciones elementales de la juventud obrera (aumento de salarios, reducción de la jornada de trabajo, etc.). Por otra parte, debe extender su trabajo político-educativo (clubes, escuelas, etc.) para elevar el nivel cultural y de clase de la juventud obrera y hacer posible, al mismo tiempo, la existencia legal de la liga.
(b) Para fortalecer su organización, la liga debe emplear una serie de medidas y, ante todo, lograr una centralización estricta del movimiento. Para establecer una disciplina estricta dentro de la liga, el trabajo debe repartirse cuidadosa y minuciosamente entre los miembros, utilizando a cada miembro en el trabajo de organización y de propaganda entre la juventud obrera. El congreso opina que los miembros de la LJS de China no deben ser al mismo tiempo miembros de organizaciones políticas no comunistas.
(c) La LJS de China debe transformar su órgano, El Pionero31, en un órgano popular de la juventud industrial y rural, dedicado a su vida y sus luchas. En adelante es especialmente necesario establecer un estrecho contacto práctico entre la LJS de China y el CE de la ICJ.
Japón. (a) El movimiento comunista en Japón ha cristalizado hace poco en la formación del Partido Comunista del Japón32. La juventud simpatizante fue admitida en las filas del partido y no formó una organización especial. Solo recientemente, con la participación del CE de la ICJ, se formaron grupos especiales de miembros jóvenes del partido para el trabajo entre la juventud.
(b) Es necesario que el movimiento juvenil comunista del Japón procure desde el principio que la juventud obrera sea su principal apoyo. Para ello es indispensable encontrar y aprovechar toda posibilidad de propaganda legal entre los jóvenes obreros. La liga debe desplegar actividad en defensa de los intereses económicos de la juventud obrera (igual salario para chicos y chicas, aumento de los salarios en general, reducción de la jornada de trabajo), y para ese trabajo debe servirse del movimiento sindical. Deben formarse fracciones dentro de los sindicatos para organizar la propaganda entre el proletariado joven.
(c) Una vez consolidada la organización y desarrolladas las posibilidades legales de trabajo, la liga podrá trasladar el centro de su trabajo orgánico y económico (por medio de células) a las fábricas y al campo. Hay que aprovechar la Liga de la Juventud del Estado ya existente33. La liga de juventudes comunistas que ha de formarse debe regular sus relaciones con el Partido Comunista del Japón sobre la base de las decisiones del II Congreso de la ICJ y del III Congreso de la Internacional Comunista.
Corea. El terror político empleado por Japón ha impedido hasta ahora la organización de la juventud revolucionaria en una liga de juventudes comunistas. Solo muy recientemente se ha formado una liga. Tiene ante sí, ante todo, la tarea de fortalecer su organización y extender su influencia.
(a) La liga debe establecer una disciplina estricta en sus filas. Para aumentar su influencia debe aprovechar toda posibilidad de trabajo legal entre las masas. Para ganar nuevos miembros, la liga debe trabajar en dos direcciones:
(1) Directamente entre las masas de obreros urbanos y rurales no organizados y (2) dentro de las organizaciones juveniles existentes, ganando sus mejores elementos revolucionarios y proletarios para la liga de juventudes comunistas.
(b) Este trabajo solo puede realizarse con éxito si la liga aprovecha toda posibilidad legal de trabajo, emprende la lucha por mejorar la situación económica de la juventud obrera y, al mismo tiempo, forma y educa a sus miembros.
(c) La tarea principal de la liga de juventudes comunistas de Corea es la agitación contra la ocupación japonesa. Esta agitación debe tener un carácter estrictamente de clase, sin ninguna tendencia nacionalista. La liga de Corea debe establecer una estrecha relación con el CE de la ICJ. El III Congreso encarga al CE de la ICJ que asuma la dirección política de la liga hasta que se forme en Corea un partido comunista reconocido por la Internacional Comunista.
Mongolia. La organización juvenil revolucionaria mongola34 es la única organización que une realmente a los elementos proletarios de la población mongola y lucha por sus intereses. Recientemente, la liga mongola ha registrado un éxito considerable en su crecimiento numérico y en la fuerza de su influencia. El papel excepcional que la liga desempeña en Mongolia y las condiciones particulares de su trabajo, que resultan del atraso cultural y económico del país, plantean a la liga las siguientes tareas especiales:
(a) Apoyo al Partido Revolucionario del Pueblo.
(b) Trabajo entre las masas para prepararlas para la administración del país, y creación de una base para una forma de gobierno que exprese los intereses de los trabajadores.
(c) Trabajo político dentro de la liga para elevar el nivel cultural de los miembros y proporcionarles conocimientos prácticos sobre la estructura del país.
(d) Organización de diversas formas de trabajo de agitación, y lucha contra el analfabetismo.
(e) Lucha por la creación de diversos tipos de escuelas y clases para la juventud obrera y los miembros de la liga.
India. El desarrollo del movimiento en la India, la posesión británica más importante, tiene una importancia particular. Los primeros intentos de organizar secciones de jóvenes revolucionarios en la India han demostrado que hay un terreno fértil para ese trabajo entre los estudiantes, en las escuelas y entre los jóvenes obreros. El CE tiene ante sí la tarea de fortalecer sus relaciones con los grupos existentes de la juventud revolucionaria, apoyarlos y establecer puntos de reunión del movimiento. En este trabajo la liga de juventudes comunistas de Gran Bretaña debe tomar parte activa. Debe hacer propaganda entre los estudiantes indios en Gran Bretaña y entre los marineros coloniales que llegan a los puertos británicos. Para intensificar la propaganda, deben dedicarse al movimiento indio columnas especiales del órgano de la liga. Además, el Buró de Berlín debe proporcionar material de propaganda impreso.
Al tiempo que ratifica las decisiones del II Congreso sobre el problema del trabajo en los países orientales, el III Congreso encarga al futuro CE que preste más atención al apoyo del movimiento juvenil en los países orientales.
Ratificando las decisiones del II Congreso sobre el trabajo en las colonias, el III Congreso propone al CE que atraiga la atención especial de las ligas de juventudes comunistas de Europa sobre este trabajo, asignándoles tareas concretas y pidiéndoles que informen de su actividad colonial.
Resolución sobre el problema de los grupos infantiles comunistas
El congreso declara que la orientación adoptada por el II Congreso de la ICJ para el trabajo en los grupos infantiles comunistas ha resultado correcta. La centralización y la realización del trabajo en los grupos infantiles comunistas es una tarea importante de las ligas de juventudes comunistas. Allí donde las ligas de juventudes comunistas emprendieron el trabajo en este nuevo campo de actividad, sobre la base de las directivas del II Congreso, sus esfuerzos se vieron coronados por el éxito. Los resultados principales son la extensión de la influencia comunista a nuevos sectores de la clase obrera (se organizó a decenas de miles de niños proletarios, que a su vez despertaron a sus padres y hermanos indiferentes y cumplen así una tarea revolucionaria), la educación de una joven generación comunista para las ligas de juventudes comunistas y la adquisición, en los grupos infantiles comunistas, de experiencias valiosas para el trabajo en las ligas de juventudes comunistas.
(2) Por otra parte, el congreso hace constar que algunas ligas no han prestado atención suficiente al trabajo entre los niños o bien lo han empezado bastante tarde. El resultado ha sido una descentralización de los grupos infantiles, que en algunos casos han sufrido la influencia de elementos indeseables o de teorías erróneas. En algunos países los grupos infantiles comunistas han carecido de una centralización estricta y de la necesaria uniformidad en sus métodos de organización y de trabajo.
(3) El congreso saluda la Primera Conferencia Internacional de Dirigentes de Grupos Infantiles, de septiembre de 1922, como el primer paso hacia la consolidación, la unificación y el fortalecimiento de los grupos infantiles comunistas bajo la dirección de la ICJ. Ratifica las decisiones adoptadas en esta conferencia y confía en que el nuevo CE preste especial atención al trabajo a escala internacional en los grupos infantiles sobre la base de esas decisiones.
(4) El congreso considera necesario subrayar las siguientes decisiones de esta conferencia internacional:
El campo de trabajo de los grupos infantiles comunistas debe ampliarse ganando la cooperación colectiva o individual de otras organizaciones proletarias (partidos comunistas, organizaciones de mujeres, sindicatos rojos, fracciones sindicales comunistas, organizaciones atléticas y deportivas obreras, etc.), manteniendo siempre el principio del control y la realización del trabajo en los grupos infantiles por las ligas de juventudes comunistas.
Los métodos de trabajo práctico en los grupos infantiles deben ampliarse prestando especial atención al fomento de la actividad independiente de los niños en los grupos y a la intensificación de la educación mutua de los niños mediante el trabajo, el entrenamiento y el juego en común, en lugar de métodos meramente instructivos. Hay que procurar que los métodos empleados en los grupos infantiles comunistas preparen realmente a los niños para las ligas de juventudes comunistas y que no provoquen un alejamiento de los niños mayores respecto de los planes y las actividades de las ligas de juventudes comunistas.
Los periódicos infantiles deben redactarse con mucho cuidado y transformarse en periódicos comunistas de masas de los niños de la clase obrera.
(5) El congreso confía en que el departamento de educación creado por el CE de la Internacional Comunista prestará la debida atención al movimiento de los grupos infantiles comunistas e inducirá a los partidos comunistas a apoyar a las ligas de juventudes comunistas en este trabajo, sobre la sólida base de los principios de trabajo y de organización de la Internacional Comunista de la Juventud.
Grigori Zinóviev (1883-1936), presidente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista de 1919 a 1926. ↩
El IV Congreso de la IC (noviembre-diciembre de 1922) acordó la fusión del Partido Comunista de Italia con el Partido Socialista Italiano tras la expulsión de los reformistas de este en octubre de 1922; la fusión no llegó a realizarse. ↩
Die Jugend-Internationale, órgano central de la ICJ, editado en Berlín. ↩
Así en el impreso («pre-union period»). ↩
La Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919, de orientación socialdemócrata. ↩
«Silicia» en el impreso; se entiende Cilicia, en el sur de Anatolia, ocupada por Francia entre 1919 y 1921. ↩
La Internacional de la Juventud Obrera, socialdemócrata, y la Comunidad Internacional de Trabajo de las Organizaciones Juveniles Socialistas, centrista, afín a la Internacional de Viena («Dos y media»). ↩
La Federación Sindical Internacional, reformista, con sede en Ámsterdam. ↩
Congreso de la Federación Sindical Internacional celebrado en Roma en abril de 1922. ↩
El Congreso Internacional por la Paz convocado por la Federación Sindical Internacional en La Haya en diciembre de 1922. ↩
Conferencia común de las dos internacionales juveniles socialistas celebrada en Salzburgo. ↩
El impreso dice «which struggle must go as the prevention of such manufacture and transport»; falta al parecer alguna palabra («as far as»). ↩
El impreso dice literalmente «and the reactionary volunteer armies throttling the working class and is permitting reaction full sway», frase defectuosa; se traduce por el sentido. ↩
El impreso no dice de qué país es este «bloque monárquico ultrarreaccionario»; parece faltar el nombre. ↩
Piotr Wrangel (1878-1928), general blanco; los restos de su ejército, evacuados de Crimea en 1920, se instalaron en Yugoslavia y Bulgaria. ↩
Así, incompleto, en el impreso: «(6) Political and economic boycott of those countries where white tries.» El punto repite el comienzo del 5 y se corta; parece una errata de composición en la que se perdió el final de un punto distinto (¿«…countries»?). ↩
Continuation schools: escuelas complementarias de asistencia parcial para jóvenes que ya trabajaban (en alemán, Fortbildungsschulen). ↩
La Internacional Sindical Roja (Profintern), fundada en Moscú en julio de 1921. ↩
El Tratado de Versalles (28 de junio de 1919) impuso las condiciones de paz a Alemania; los demás tratados de la conferencia de París (Saint-Germain, Neuilly, Trianon, Sèvres) se impusieron a Austria, Bulgaria, Hungría y Turquía. ↩
La Unión Internacional de Organizaciones Juveniles Socialistas se fundó en Stuttgart en agosto de 1907, coincidiendo con el congreso de la II Internacional; Karl Liebknecht fue su primer presidente. ↩
La Internacional de la Juventud Obrera agrupaba a las organizaciones juveniles socialdemócratas de derecha; la Unión (o Comunidad) Internacional de Trabajo, a las centristas, afines a la llamada Internacional Dos y Media. Ambas se fusionaron en 1923 en la Internacional Juvenil Socialista. ↩
El Día Internacional de la Juventud se celebraba desde 1915, por acuerdo de la conferencia juvenil socialista de Berna de abril de ese año. ↩
El II Congreso de la ICJ se celebró en Moscú en julio de 1921. ↩
La Internacional de la Juventud Obrera, socialdemócrata, y la Comunidad Internacional de Trabajo de las Organizaciones Juveniles Socialistas, centrista. ↩
El Congreso Internacional por la Paz convocado en La Haya en diciembre de 1922 por la Federación Sindical Internacional (Internacional de Ámsterdam). ↩
La Internacional Roja del Deporte (Sportintern), fundada en Moscú en 1921. ↩
El Congreso de la Juventud Revolucionaria del Lejano Oriente, celebrado en Moscú y Petrogrado en enero-febrero de 1922, junto al Congreso de los Pueblos del Lejano Oriente. ↩
El impreso numera así este párrafo, aunque el anterior no lleva número. ↩
«Young Socialist League» en el impreso: la Liga de la Juventud Socialista de China (LJS), que en 1925 tomó el nombre de Liga de la Juventud Comunista. ↩
Celebrado en Cantón en mayo de 1922. ↩
Xianqu («El Precursor» o «El Pionero»), órgano de la Liga de la Juventud Socialista de China. ↩
Fundado en julio de 1922. ↩
«Young People's League of the State» en el impreso; probablemente las asociaciones juveniles oficiales (seinendan) organizadas por el Estado japonés. ↩
La Unión de la Juventud Revolucionaria de Mongolia, fundada en 1921. ↩