Congreso de fundación de la Internacional Comunista de la Juventud, reunido clandestinamente en Berlín del 20 al 26 de noviembre de 1919. Traducido del alemán de la revista Die Kommunistische Internationale, edición alemana, n.º 9 (1920), pp. 190-195 (manifiesto), y n.º 13 (1920), pp. 316-320 (programa), según los escaneos de marxists.org. El informe oficial del congreso, Unter dem roten Banner (Berlín, Junge Garde, 1919), que trae también los estatutos, no tiene copia libre. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán
Manifiesto del primer congreso de la Internacional Comunista de la Juventud
¡A la juventud obrera de todos los países!
¡Jóvenes camaradas! La lucha por la realización del socialismo se ha encendido en toda la línea.
En las enormes huelgas que sacuden Francia, Inglaterra y América, en las oleadas revolucionarias que inundan en medida creciente Alemania, Austria e Italia, ya no se trata de pequeñas reformas ni de concesiones baratas, sino del todo, de lo grande, del ser o no ser del Estado burgués, de la vida misma del imperialismo.
En vano intentan los contrarrevolucionarios capitalistas escapar a su derrota inminente con una reacción sin precedentes, con una campaña desenfrenada de difamación y persecución contra todos los obreros revolucionarios y los comunistas y con el bloqueo completo de la Rusia soviética. Cuanto más violenta se vuelve la crisis social, cuanto más avanzan la desorganización y la disolución de la producción capitalista y cuanto más claramente se muestra la incapacidad de la sociedad burguesa para preservar al mundo del caos, tanto más brutalmente intenta ella mantener sometidos a los obreros mediante la mordaza política y la dictadura militar y consolidar de nuevo su propio poder.
¡En vano! La Rusia soviética sigue inquebrantable: las entusiastas huestes de su Ejército Rojo arrollan en todos los frentes a los ejércitos mercenarios imperialistas. En Europa occidental y en América avanza la radicalización de los obreros. La miseria creciente y la presión insoportable de la dictadura política y militar empujan a masas cada vez mayores a unirse a las organizaciones revolucionarias, a los partidos comunistas. Cada vez con más frecuencia se repiten las huelgas de masas y los paros, cada vez más deprisa se suceden las acciones y los levantamientos. La ola revolucionaria crece. Pero no nos engañamos. Todavía celebra la reacción sus triunfos. Todavía tiene el imperialismo la posibilidad de recrudecer la persecución de todos los revolucionarios proletarios mediante el uso despiadado de sus medios militares y de otros medios de poder, y de aplastar en apariencia por completo el movimiento revolucionario. Pero ningún poder del mundo puede ya impedir la victoria final de la revolución proletaria.
¡Jóvenes camaradas! En el desenlace de la gigantesca lucha histórica entre la burguesía y la clase obrera, entre el imperialismo y el comunismo, la juventud obrera está particularmente interesada. La juventud obrera es una parte de la clase obrera y, como tal, tiene que soportar con ella toda la miseria y toda la penuria de una clase oprimida. Más aún. ¡Los jóvenes de hoy son los ciudadanos de mañana! Son ellos, en primer lugar, quienes tienen que cargar con las terribles consecuencias de la destrucción y la devastación sin sentido de cuatro años y medio de guerra criminal, apurar hasta las heces la miseria provocada por la aniquilación de abundantes bienes económicos y culturales y expiar así los pecados de sus padres.
La pervivencia de los Estados capitalistas significa, además, un recrudecimiento insoportable de la explotación, la perpetuación de la esclavitud asalariada, la continuación de la privación de derechos políticos y de la tutela intelectual sobre la juventud proletaria. Significa nuevos desórdenes y guerras en las que nuevas masas de jóvenes sanos serán asesinados por el beneficio capitalista. Solo la destrucción de los Estados capitalistas, solo una victoria duradera de la revolución proletaria liberará a la juventud obrera de la explotación asesina, le traerá la plena libertad política y le abrirá de par en par las puertas de todos los tesoros del saber y de la plena realización humana.
¡Jóvenes camaradas! Desde hace decenios, desde los días de la primera fundación de organizaciones socialistas de la juventud, habéis tomado la parte más activa en la lucha de clases proletaria, comprendiendo acertadamente su apremiante necesidad. A ello no os llevaba solo la agobiante miseria económica, el tormento del taller y de la fábrica, sino en igual medida vuestro propio impulso a destrozar todo lo viejo y a transformar creadoramente todas las cosas. Las mejores de vuestras organizaciones se han esforzado siempre, además de transmitir a los jóvenes una formación teórica, por educarlos para las acciones revolucionarias mediante una viva propaganda antimilitarista y revolucionaria.
Al estallar la guerra, unos traidores infames entregaron la Internacional. Pactaron con los gobiernos capitalistas asesinos la vergonzosa paz civil1 y entregaron las masas obreras a los generales y a los carniceros de pueblos. En aquellos tiempos de completo desgarramiento y de la más profunda y vergonzosa humillación del proletariado fuisteis vosotros, jóvenes camaradas, los primeros en llamar a la reunión internacional, los que la celebrasteis en Berna en 19152, los que, fieles a la consigna de la Internacional de la Juventud, emprendisteis la lucha revolucionaria contra la guerra y alzasteis la bandera del socialismo internacional por encima de todas las alambradas y trincheras, por encima de todos los campos de batalla y fosas comunes. La lucha ha exigido innumerables víctimas. Vosotros las habéis dado con alegría. Los nombres de todos los valientes que pagaron su fidelidad y su entrega a la Internacional de la Juventud con la cárcel, el presidio o incluso con la vida —Karl Liebknecht, Catanesi, Marinozzi, Thomas Meabe3, Max Bersdorf y los cientos de otros camaradas que exhalaron sus jóvenes almas bajo las balas asesinas de bárbaros consejos de guerra y de cobardes asesinos, o tras los muros sombríos de las cárceles— están grabados de forma imborrable en el corazón de millones de obreros.
¡Jóvenes camaradas! El periodo actual de luchas revolucionarias por la realización del socialismo exige más. Hoy se trata de sacar las consecuencias de nuestra táctica revolucionaria anterior para la lucha política cotidiana.
Las condiciones materiales de la revolución mundial están maduras. La victoria de la revolución depende del conocimiento socialista, de la voluntad y de la energía de las masas. Sobre todo, de las masas de los obreros jóvenes. Del grado de su decisión de emplear, en el periodo revolucionario, todos los medios de la lucha de clases revolucionaria: manifestaciones, huelgas, huelgas de masas, formación de consejos revolucionarios de obreros y campesinos y, en última instancia, la insurrección armada.
La tarea histórica de nuestra generación, jóvenes camaradas, es llevar a cabo la revolución proletaria y comenzar la construcción de la sociedad comunista.
Lo que importa ante todo es nuestro conocimiento, nuestra decisión, nuestro ardor combativo y nuestra acción enérgica. Tenemos que ponernos resueltamente al lado de la Internacional Comunista. Como hasta ahora en todas las fases de la lucha de clases proletaria, tenemos que ponernos a la cabeza de las masas, marchar delante de ellas y tomar la parte más enérgica en la organización y la realización de las acciones que preparan e instauran directamente la dictadura proletaria. Tenemos que dar los cuadros del Ejército Rojo. De nuestras filas tienen que salir los científicos, los técnicos y los artistas del Estado proletario.
¡Jóvenes camaradas! La Internacional de la Juventud os ha precedido. Ha despejado el camino para el nuevo trabajo. Tras superar innumerables dificultades, los representantes de catorce organizaciones proletarias de la juventud han podido reunirse a mediados de noviembre en Berlín en un congreso internacional. ¡En Berlín, el foco de toda la reacción, en un momento en que el gobierno socialpatriota hacía salir autos blindados y lanzallamas contra los obreros que se manifestaban en favor de Rusia!
El congreso, fiel a las tradiciones revolucionarias de la Internacional de la Juventud, se ha situado plenamente en el terreno de los principios de la Internacional Comunista, ha consumado su adhesión a ella y ha decidido emplear todas sus fuerzas en el impulso y la realización de la revolución proletaria.
Al mismo tiempo, el congreso, con una nueva regulación de la organización internacional y del Buró, ha creado las condiciones orgánicas necesarias para una actividad internacional unitaria. Con ello queda constituida la Internacional Comunista de la Juventud. ¡La comunidad de lucha de las organizaciones revolucionarias de la juventud está establecida!
El congreso dirige a las organizaciones proletarias de la juventud, a todos sus grupos y miembros, el llamamiento apremiante a seguir el ejemplo de la Internacional de la Juventud y a situarse en el terreno de los principios establecidos en Berlín, a establecer la más estrecha comunidad de lucha con la Internacional Comunista y a emprender con toda dureza, en cada país, la lucha por la imposición de la revolución proletaria, por la instauración de la dictadura proletaria y por la construcción de la sociedad comunista contra los enemigos burgueses, contra los socialpatriotas abiertos y encubiertos, contra los Scheidemann, Ebert, Renaudel, Henderson, Tusar, Renner, Austerlitz, Miakits, Branting, Greulich, Gompers, y contra los Kautsky, Bauer y Robert Grimm y sus asociaciones juveniles. Hoy más que nunca es preciso organizar internacionalmente la lucha de clases proletaria y darle unidad.
El congreso llama a los obreros jóvenes de todos los países a abandonar la indiferencia política, a dar la espalda a las asociaciones tuteladas burguesas y socialpatriotas4, a unirse a las organizaciones revolucionarias de la juventud de su país y, donde estas no existan todavía, a fundarlas.
¡Jóvenes camaradas! ¡Obreros jóvenes! Somos plenamente conscientes de las consecuencias de nuestro llamamiento. Sabemos que las persecuciones de los gobiernos capitalistas y socialpatriotas se recrudecerán, que los demagogos y los seniles tutores de la juventud pondrán el grito en el cielo por el abuso de la juventud, que caerá sobre nosotros un diluvio de calumnias, un mar de burlas y escarnio.
Emprendemos la lucha contra un mundo de enemigos burgueses, contra los traidores a nuestras banderas. Ni cárceles, ni consejos de guerra, ni horcas ahogarán nuestros gritos. Nuestros actos y nuestros sacrificios harán callar a los verdugos y a los burladores.
La victoria final nos la garantizan la marcha férrea del desarrollo, nuestra comprensión histórica, nuestro conocimiento socialista, el entusiasmo y la audaz decisión de nuestros jóvenes corazones.
¡Obreros jóvenes de todos los países! ¡Cerrad filas! ¡Uníos bajo la bandera roja de la Internacional Comunista de la Juventud!
¡Viva la Internacional Comunista de la Juventud!
¡Viva la revolución proletaria mundial!
¡Viva la república comunista mundial!
Unión Comunista de la Juventud de Rusia. Unión Comunista de la Juventud de la Región Alemana del Volga. Juventud Comunista de Polonia. Juventud Socialista Libre de Alemania. Juventud Socialista de Italia. Unión Socialista de la Juventud de Madrid. Unión Socialdemócrata de la Juventud de Suecia. Unión Socialdemócrata de la Juventud de Noruega. Unión Socialdemócrata de la Juventud de Dinamarca. Unión de la Juventud Proletaria Comunista de Austria alemana. Organización Socialdemócrata Checoslovaca de la Juventud, distrito de Kladno. Juventud Obrera Comunista de Hungría. Juventud Obrera de Rumanía. Organización Socialista de la Juventud de Suiza.
Programa de la Internacional Comunista de la Juventud
El extraordinario desarrollo de la acumulación del capital y de la producción ha llevado al capitalismo a una nueva fase de su desarrollo, la fase del imperialismo, que se caracteriza por la formación de trusts, sindicatos patronales y cárteles y por el dominio del capital financiero. La política colonial, provocada por la necesidad de dar salida a las mercancías y de obtener materias primas, y la competencia de las camarillas capitalistas nacionales provocan con férrea necesidad guerras imperialistas. La guerra de 1914-1918, cuyas consecuencias no pueden liquidar las fuerzas de la sociedad capitalista, ha perturbado y quebrantado la vida económica de la mayoría de los Estados capitalistas. La espantosa miseria de la guerra, el hambre, el hundimiento financiero e industrial y la aniquilación de millones de vidas humanas han llevado a la humanidad a un atolladero del que solo hay una salida: la revolución socialista mundial. Las condiciones materiales para ella están maduras: los antagonismos de clase se han agudizado extraordinariamente. La victoria de la revolución depende de la voluntad y de la energía del proletariado internacional. El camino al socialismo pasa por la dictadura del proletariado, caracterizada por el dominio de los consejos revolucionarios. La tarea inmediata de la clase obrera de todos los países es la lucha por el derrocamiento del dominio político, económico e intelectual del imperialismo y por la instauración de la dictadura proletaria. Esta lucha solo puede terminar victoriosamente si el proletariado se aparta resueltamente de la II Internacional, que se ha hundido en el pantano del reformismo y de los compromisos con la burguesía, que aspira a salvar la vieja sociedad y traiciona así a los obreros, y si las masas obreras se agrupan bajo la bandera de la Internacional Comunista, guía de la lucha revolucionaria del proletariado. En la época revolucionaria deben emplearse en primer lugar los medios de la lucha revolucionaria de masas (manifestaciones, huelgas, huelga general, insurrección armada). Pero el proletariado no puede renunciar por principio a ningún medio político, tampoco al parlamento. La entrada en el parlamento depende de la situación política de cada momento y deben decidirla las organizaciones de cada país.
Si la situación de los obreros adultos bajo el dominio del capitalismo es durísima, la de los jóvenes es insoportable. Salario bajo, jornada larga y trato bárbaro por parte de patronos y maestros caracterizan la situación de los obreros jóvenes. Y todavía es peor en el artesanado, donde los aprendices están enteramente a merced de la violencia de sus maestros. Esta explotación sin límites de los obreros jóvenes frena su desarrollo intelectual y físico. El Estado burgués solo transmite a la juventud trabajadora la instrucción y el saber necesarios para poder explotarla como bestia de trabajo dócil y útil. La burguesía aspira a encerrar a la juventud en su círculo de ideas. La escuela, las asociaciones juveniles clericales y burguesas y la militarización tienen la finalidad de apartar a la juventud proletaria de la lucha por el socialismo y de educarla como soldados sumisos del imperialismo. La guerra mundial ha empeorado considerablemente la situación de los jóvenes. Millones de ellos han sido enviados al frente como carne de cañón y otros millones han sido empujados a la producción capitalista.
Aunque el Estado y los patronos aprovechan sin reservas las fuerzas de la juventud, esta posee los menores derechos políticos y personales. Esta situación obliga a la juventud obrera, como parte de la clase obrera, a la lucha implacable contra el imperialismo.
La fundación de organizaciones proletarias especiales de la juventud está condicionada: 1) por la posición de la juventud en el proceso de producción y en la sociedad, que le impone la lucha en defensa de sus propios intereses (transformación del trabajo, reorganización de la escuela); 2) por las peculiaridades psicológicas de la juventud (predominio del sentimiento sobre el entendimiento, facilidad para comprender, receptividad para todo lo nuevo, ideas revolucionarias, disposición al sacrificio y a la acción); 3) por la necesidad de métodos especiales para su educación socialista y revolucionaria (trabajo organizativo propio e independiente, participación activa en las acciones políticas, empleo de todos los métodos que permitan a los jóvenes adquirir las capacidades que más tarde necesitarán urgentemente como combatientes proletarios de clase y portadores del movimiento revolucionario).
La juventud obrera es la parte más activa y más revolucionaria del proletariado. La tarea más importante de la organización comunista de la juventud es actualmente una incansable agitación política entre las grandes masas de los obreros, la organización y realización de acciones políticas, la lucha directa por el comunismo, la participación en el derrocamiento del dominio capitalista y la educación de los jóvenes como constructores de la sociedad comunista.
Las organizaciones comunistas de la juventud libran una lucha enérgica contra todos los partidos burgueses, así como contra los socialistas de derecha, lacayos declarados de la burguesía (Scheidemann, Renner, Bissolati, Renaudel, Henderson, Gompers, Troelstra, Branting, Vandervelde, etc.), y además contra el «centro» «socialista» (Kautsky, MacDonald, Robert Grimm, Bauer y otros), que con su actitud vacilante sostiene a la sociedad capitalista. Luchan también contra la ideología sindicalista, que se vuelve contra la lucha política por la conquista de la dictadura proletaria, rechaza la dirección de esa lucha por un partido político y repudia la centralización proletaria. Luchan igualmente contra la ideología anarquista, que se vuelve en general contra el Estado proletario como estadio de transición del capitalismo al comunismo y propaga ideas pequeñoburguesas en el terreno económico. La misma lucha libran contra todas las organizaciones de la juventud que se apoyan en los partidos citados. En su lucha política, las organizaciones de la juventud se sitúan en el terreno del programa del partido o de la fracción de su país que esté adherido a la III Internacional, o del programa de la Internacional Comunista.
Las relaciones orgánicas con el partido se rigen por dos principios fundamentales: 1) independencia de la juventud; 2) contacto estrecho y ayuda mutua.
Aunque las organizaciones comunistas de la juventud, como hasta ahora, libran una lucha enérgica contra el militarismo burgués en todas sus formas ideales y prácticas, no defienden las ideas pacifistas liberales. Saben que la clase obrera, para derrocar al imperialismo y para proteger la dictadura victoriosa del proletariado contra los ataques de la burguesía, se verá obligada a hacer uso de las armas. Contra el militarismo burgués, por el armamento del proletariado, por el Ejército Rojo: esa es la consigna de la juventud comunista.
La lucha por la mejora de la situación económica de la juventud proletaria es una de las tareas más importantes de las organizaciones de la juventud. La transformación del trabajo de los jóvenes solo es posible en la sociedad comunista. En el periodo actual de dominio capitalista, una mejora parcial de la situación de los jóvenes solo puede conseguirse mediante la lucha de clases revolucionaria y en ningún caso mediante la colaboración con los patronos y con el Estado burgués.
Las tareas elementales de las organizaciones comunistas de la juventud son: la formación de combatientes proletarios conscientes y de futuros constructores de la sociedad comunista. La consciencia comunista y la aptitud para la lucha se adquieren, además de con la participación en la lucha política, mediante la formación socialista teórica, que es también un arma afilada en la lucha contra la ideología burguesa. La formación socialista unida a la participación activa en la lucha política: esos son los métodos de educación de los jóvenes combatientes proletarios.
Las organizaciones comunistas de la juventud se proponen además como tarea una formación amplia de la juventud en el espíritu marxista y, con ello, la elevación de su nivel cultural. La juventud obrera tiene que arrancar a la burguesía los tesoros del saber humano que necesita para dirigir la lucha de emancipación proletaria. Tiene que conquistar también los caminos de la ciencia, la literatura y el arte. Además de obreros concienzudos y de valientes soldados rojos, de sus filas tienen que salir los sabios, los técnicos, los organizadores, los filósofos, los poetas y los artistas de la nueva sociedad comunista. La juventud obrera y su organización están llamadas a construir, en primera fila, la nueva cultura proletaria animada por el espíritu del comunismo.
Las organizaciones comunistas de la juventud deben educar a la juventud proletaria como personas sanas, sanas de espíritu y de cuerpo. Por eso cultivan también la formación física de la juventud. Este trabajo, que hoy solo puede ser una parte de toda su actividad, tiene gran importancia para la juventud obrera.
Aunque las organizaciones comunistas de la juventud procuran ganar para sus ideas a las grandes masas de la juventud proletaria, esa ganancia no puede hacerse a costa de la claridad de su programa comunista y de su táctica comunista. Es de suma importancia la agitación de las organizaciones comunistas de la juventud entre los obreros agrícolas y los campesinos más pobres.
La Internacional Comunista de la Juventud considera superflua la existencia de organizaciones especiales de jóvenes intelectuales socialistas. Los revolucionarios honrados de entre la juventud estudiantil deben hacerse miembros de la organización proletaria de la juventud, como iguales entre iguales, como camaradas entre camaradas. La creación de grupos de jóvenes intelectuales dentro de las organizaciones generales de la juventud debe regularse según las condiciones particulares de cada país.
En la época revolucionaria actual, la lucha proletaria solo puede vencer si se libra internacionalmente. Eso vale también para la lucha de la juventud. Por eso las organizaciones políticas de la juventud se unen en la Internacional Comunista de la Juventud. La tarea principal de la Internacional de la Juventud es la dirección centralizada de todo el trabajo y de toda la lucha de las organizaciones comunistas de la juventud de los distintos países.
Sus decisiones son ley suprema para todas las organizaciones de la juventud. Su trabajo práctico consiste en la agitación internacional y en la dirección de las acciones políticas. Tiene la tarea de dar directrices unitarias a toda la actividad de las organizaciones de la juventud, de apoyarlas moral y materialmente, de fundar nuevas uniones y de poner en estrecho contacto entre sí a las organizaciones proletarias de la juventud de todos los países.
- La Internacional Comunista de la Juventud se sitúa en el terreno de las resoluciones de los congresos de la III Internacional5 y forma parte de esta Internacional Comunista. La central de la Internacional Comunista de la Juventud está unida orgánicamente a la III Internacional y trabaja con ella en la más estrecha comunidad de lucha.
Burgfrieden, la tregua entre clases y partidos proclamada en Alemania en agosto de 1914. ↩
Conferencia Internacional Socialista de la Juventud, celebrada en Berna en abril de 1915, que se pronunció contra la guerra y creó un buró internacional en Zúrich, con Willi Münzenberg como secretario. ↩
Tomás Meabe (1879-1915), fundador del grupo socialista juvenil de Bilbao (1903), origen de las Juventudes Socialistas de España. ↩
Zöglingsvereine: asociaciones de jóvenes tuteladas por la Iglesia, el Estado o los partidos. ↩
Así en el texto de 1920, publicado después del II Congreso de la IC. La versión inglesa del programa de Berlín publicada por la propia ICJ en 1923 (The Programs of the Young Communist International) dice aquí «los principios establecidos por el I Congreso de la Internacional Comunista». ↩