II Congreso Mundial de la Internacional Sindical Roja (Profintern), Moscú, 19 de noviembre-2 de diciembre de 1922, a la vez que el IV Congreso de la Internacional Comunista. Traducido de la edición inglesa de época: Resolutions & Decisions of the 2nd World-Congress of the Red International of Labour Unions. Session 19 November to 2 December 1922, Londres, Red International of Labour Unions, s. f. (archive.org). Aviso: el inglés no es la lengua en que se redactaron y votaron los textos; la única edición libre de las resoluciones es esta inglesa de época, que traducimos. De los textos alemanes (folletos del Verlag der RGI, 1923) no hay copia libre, y en la Inprekorr alemana del segundo semestre de 1922 no los hemos encontrado. No hay copia libre de las actas del congreso. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés

Resolución sobre el informe del Buró Ejecutivo

Tras oír el informe del Buró Ejecutivo, el II Congreso Mundial de la Internacional Sindical Roja declara que el Buró Ejecutivo ha cumplido las tareas que le encomendó el I Congreso Internacional de la ISR, y resuelve:

  1. Aprobar la actividad del Buró Ejecutivo encaminada a establecer el frente único con el fin de contrarrestar el avance del capital y de unir a la clase obrera para preparar la ofensiva proletaria.

  2. El Congreso aprueba los reiterados llamamientos del Buró Ejecutivo a la Internacional de Ámsterdam1 para una acción común contra la burguesía, y declara que, si esa acción común no se ha llevado a cabo, la culpa es enteramente de la Internacional de Ámsterdam, que ha preferido colaborar con la burguesía antes que con los obreros revolucionarios.

  3. El Congreso aprueba los intentos del Buró Ejecutivo de atraer a la ISR a todas las organizaciones anarcosindicalistas para la lucha común contra la burguesía y contra el reformismo.

  4. El Congreso aprueba la posición adoptada por el Buró Ejecutivo ante el intento de escindir el movimiento sindical revolucionario bajo la bandera de una Internacional «independiente», pero en realidad anarcosindicalista.2

  5. El Congreso quiere subrayar que algunos de los grupos anarquistas que actúan en el movimiento sindical, en su reacción contra la ISR, forman muy a menudo un frente único con los reformistas y la burguesía contra el proletariado revolucionario ruso y contra la revolución rusa.

  6. Considerando la necesidad de reforzar por todos los medios la influencia y el papel de los Comités Internacionales de Propaganda por industria,3 el Congreso encarga al Buró Ejecutivo recién elegido que intensifique, sobre la base de un programa de acción concreto, su actividad práctica de organización y de propaganda, encaminada a concentrar todas las fuerzas revolucionarias del movimiento sindical por ramas de industria a escala internacional.

  7. Constatando que hasta ahora las organizaciones afiliadas a la ISR no han estado suficientemente unidas al centro, el Congreso considera la tarea más importante del Buró Ejecutivo establecer relaciones regulares y sistemáticas con todas las organizaciones, y ampliar y reforzar el trabajo de agitación y de unificación de las masas, para construir sindicatos combativos, templados y experimentados, para el derrocamiento de la burguesía y para la instauración de la dictadura del proletariado.

Problemas de organización de los partidarios de la ISR

Parte general

Los sindicatos nacieron como órganos de resistencia a la explotación del trabajo. En cierta fase del desarrollo de las contradicciones capitalistas, los sindicatos pasan de ser órganos de resistencia frente a patronos aislados a ser órganos de ataque contra el sistema capitalista en su conjunto. La diferencia entre los sindicatos reformistas y los revolucionarios consiste en lo siguiente: mientras los primeros quieren combatir los aspectos negativos del capitalismo, los sindicatos revolucionarios se proponen como objetivo principal el derrocamiento de la dominación capitalista. Mientras para los sindicatos de Ámsterdam las reformas son un fin en sí mismas, para los sindicatos revolucionarios las reformas son un resultado accesorio de su lucha.

  1. Durante la Gran Guerra el aparato de las direcciones sindicales se convirtió en un órgano del Estado burgués. Los sindicatos pasaron a ser la base y el sostén de la dictadura burguesa. Las crisis de la posguerra, el paro y el empobrecimiento de las masas provocaron un descontento y una efervescencia espontáneos entre las masas, que obligaron a las clases gobernantes a proclamar la era de las reformas sociales. En esa fase la burocracia sindical actuó como portadora del reformismo social, que se acaba con el primer reflujo de la ola revolucionaria.

  2. El reflujo del movimiento obrero es el comienzo de un ataque bien meditado, bien estructurado y sistemático del capitalismo contra lo esencial de las conquistas obreras. A consecuencia de esta presión sistemática de la burguesía, los sindicatos se reestructuran por dentro. En primer lugar, menguan. Una parte de los obreros, decepcionados por la estéril actividad de los sindicatos y por su impotencia para oponer alguna resistencia a los ataques del capitalismo, se desgaja. Los más activos abandonan las viejas posiciones, y así se produce entre la base un movimiento continuo de derecha a izquierda, un paso de las posiciones reformistas a las revolucionarias. Mientras los dirigentes están orgánicamente ligados al Estado burgués, las masas buscan a sacudidas en la revolución una salida del callejón en que se encuentra hoy la clase obrera.

  3. Así pues, dentro de los viejos sindicatos se está produciendo una profunda efervescencia y un reagrupamiento de fuerzas. El desplazamiento de las masas hacia la izquierda pone en peligro la posición de la burocracia sindical y toda su política. Por eso, al mismo tiempo que la profunda efervescencia de las masas y que la burocracia sindical busca una salida, se acosa a los elementos revolucionarios para destruir los centros organizativos que, dentro de los sindicatos, podrían fijar objetivos y tareas claros a la energía revolucionaria de las masas. La expulsión de los elementos de izquierda se está convirtiendo en el método de lucha más importante de los reformistas, pues es el único medio de retrasar su caída, así como la caída de todo el sistema capitalista.

  4. Cuanto más se agudiza la lucha entre el trabajo y el capital, más claro se vuelve el objetivo del ala revolucionaria del movimiento obrero. Los sindicatos deben transformarse de órganos de autodefensa dentro del sistema capitalista en órganos para el derrocamiento de la dominación capitalista y la instauración de la dictadura del proletariado. Cuanto más claras se vuelven estas tareas prácticas para la clase obrera, más agresivo se vuelve el conservadurismo capitalista, no solo contra nuestro objetivo, sino también contra nuestros métodos para alcanzar la meta que tenemos delante. Este conservadurismo encuentra su mejor expresión en los sindicatos reformistas.

II. La lucha por el fortalecimiento de los sindicatos

  1. La ruina que la ofensiva capitalista ha provocado en los sindicatos representa el mayor peligro para la clase obrera. Por eso, la tarea más importante del futuro inmediato es reagrupar a los obreros dispersos, aumentar las fuerzas y el poder de los sindicatos y atraer a las grandes masas a las organizaciones sindicales. Ni un solo obrero fuera de los sindicatos: esa es nuestra consigna. Por eso hay que oponerse con la mayor energía a todo intento de los obreros de abandonar los sindicatos, sea cual sea el motivo de semejante paso.

  2. Es especialmente necesario combatir la teoría de abandonar los sindicatos por motivos supuestamente revolucionarios. Todavía hay un grupo considerable de obreros que creen que salirse de los sindicatos reformistas es una prueba de que son revolucionarios. Declaran que los sindicatos no tienen remedio y piensan acercar la revolución social creando pequeños sindicatos. Pero por revolucionarias que sean estas gentes en su espíritu, su prédica debe encontrar la más resuelta resistencia. En el mejor de los casos, elevan la debilidad a principio. Si los sindicatos de masas de los reformistas no tienen remedio, eso obliga a renunciar por el momento a la revolución social, porque sin los obreros organizados en los sindicatos la revolución social es imposible.

  3. La lucha por el fortalecimiento de los sindicatos solo puede dar resultados sustanciales si se libra sobre la base de un programa práctico y no sobre la base de principios abstractos. La atracción de las masas a los sindicatos solo puede lograrse como fruto de una lucha firme y sistemática por las reivindicaciones y necesidades cotidianas de los obreros. Así pues, el mejor método para fortalecer los sindicatos es tomar la iniciativa en la lucha práctica, en la formulación y realización de un programa de acción concreto.

III. Reivindicaciones parciales y objetivos finales

  1. La formulación de un programa de acción para cada país y para cada industria debe ser la tarea más importante de los partidarios de la ISR. Hay que combatir enérgicamente el intento de presentar la lucha por reivindicaciones parciales como un abandono de los principios revolucionarios. La acción revolucionaria no consiste en repetir frases revolucionarias, sino en aplicar métodos revolucionarios en la ejecución del programa trazado. Las mismas reivindicaciones parciales las llevarán a cabo de distinta manera los reformistas y los sindicatos revolucionarios. Mientras para los sindicatos reformistas la reivindicación parcial es un fin en sí misma, para los sindicatos revolucionarios no es más que un medio de cohesionar y organizar a las masas para la lucha ulterior. La lucha por reivindicaciones parciales no nos aparta de la meta, sino que nos acerca a ella. Hay que combatir el prejuicio anarquista de que la lucha por reivindicaciones parciales está por debajo de nuestro prestigio revolucionario. Es una palabrería dañina, que estorba la organización de las masas y la preparación de la acción revolucionaria.

  2. La tarea de los partidarios de la ISR es llevar a cabo todo el trabajo por las reivindicaciones parciales sin perder de vista nuestros objetivos finales. La contradicción entre las reivindicaciones parciales y nuestros objetivos finales surge cuando separamos unas de otros. La propaganda abstracta de nuestros objetivos finales puede debilitar las organizaciones sindicales, que abarcan a obreros de diversas corrientes de pensamiento. En cambio, la acción práctica de nuestras organizaciones, un programa concreto, una lucha sistemática y firme por las necesidades cotidianas de los obreros, atraerán a nuestras filas capas de obreros siempre nuevas que, pasando por la escuela de la lucha de clases elemental, se elevarán a la consciencia de clase comunista.

IV. La lucha contra la expulsión de los partidarios de la ISR

  1. La creciente radicalización revolucionaria de las masas obliga a la burocracia sindical a aplastar mecánicamente a la oposición. La burocracia sindical recurre a diversas formas y métodos de lucha, según los países y la correlación de fuerzas, desde la expulsión de personas y grupos aislados hasta la exclusión de miles de obreros. La tarea de los partidarios de la ISR a este respecto está bien clara. Hay que librar la lucha más violenta contra las expulsiones de la oposición. Esa lucha debe llevarse por todos los medios.

  2. Es necesario explicar a las masas las causas de estas expulsiones. En cada asamblea obrera, en cada taller y en cada fábrica hay que plantear la cuestión de la readmisión de los expulsados. La cuestión debe someterse al juicio de las grandes masas. Las discusiones sobre este asunto en círculos reducidos son del todo inútiles. Se expulsa a la oposición no porque rompa la solidaridad de clase, ni porque se niegue a participar en la lucha común contra la burguesía, sino porque estorba la colaboración con la burguesía.

  3. Los expulsados no deben quedar aislados ni un solo día. Las formas de su organización pueden variar según las condiciones locales. Pero sea cual sea la forma de organización de los expulsados, deben librar una lucha firme por su readmisión, reforzando su organización sobre la base de la lucha práctica contra los patronos.

V. Las minorías de los viejos sindicatos y los sindicatos revolucionarios independientes

  1. Gran número de partidarios de la ISR se encuentran dentro de los viejos sindicatos reformistas. En algunos países están organizados en grupos comunistas; en otros, en una oposición; en algunos, en ligas de propaganda, etc. Debido a sus diversas formas de organización y al hecho de que permanecen dentro de los viejos sindicatos, no constituyen organizaciones bien estructuradas, y por eso es muy difícil censarlos. Pero no hay duda de que su número crece día a día y de que realizan un trabajo muy serio, que entorpece a los políticos de Ámsterdam en su política de traición. Así, un gran número de obreros revolucionarios están ligados a Ámsterdam por la organización, pero a Moscú por la ideología y en el terreno político.

  2. La tarea de las minorías adheridas a la ISR es estructurarse y contar con exactitud a sus miembros. En varios países es muy difícil delimitar la esfera de influencia de las minorías adheridas a la ISR. Esta falta de registro tiene consecuencias políticas muy serias, porque los partidarios de la ISR en esos países no conocen con exactitud sus fuerzas y sus posibilidades. La unificación metódica de los partidarios de la ISR, el registro exacto de los afiliados, la elaboración de una línea de acción única y conferencias previas y constantes sobre las cuestiones principales del movimiento obrero son condiciones previas de toda acción revolucionaria. Los partidarios de la ISR deben dedicar su principal atención a ganarse a las masas en las ramas principales de la industria y en los principales distritos industriales. Cada fábrica, cada taller, debe convertirse en nuestra base.

  3. Aparte de las minorías que solo por la ideología están unidas a la ISR, existen en casi todos los países organizaciones revolucionarias independientes, también adheridas a la ISR. La tarea más importante de los partidarios de la ISR, estén donde estén, es la coordinación de la acción, la estrecha colaboración y el apoyo mutuo constante en la lucha contra el reformismo y el capitalismo. Las minorías de los viejos sindicatos y los sindicatos revolucionarios independientes deben formar un Consejo de Acción Unificado para el trabajo constante y la colaboración común.

VI. Centralismo y federalismo

  1. Las condiciones de la lucha moderna de la clase obrera exigen la máxima tensión y concentración de sus fuerzas. El proceso de unificación (fusión) avanza incluso en países donde perviven viejas tradiciones gremiales y un movimiento sindical disgregado. Pero este proceso de unificación de sindicatos afines va considerablemente por detrás de las exigencias de la lucha. Los viejos hábitos y tradiciones tienen mucho arraigo incluso en la mente de muchos dirigentes revolucionarios.

  2. Bajo la bandera de la autonomía y del federalismo, pequeños sindicatos y federaciones prosiguen su mísera existencia, sin fuerza ni medios para combatir al capital, y aun así se niegan a fusionarse con los oficios afines. Este corporativismo con bandera federalista existe en Francia, en España y en otros países. La tarea de los partidarios de la ISR es combatir enérgicamente este corporativismo encubierto, que perjudica gravemente la lucha de la clase obrera por su emancipación. Hay que luchar enérgicamente por la creación de organizaciones de industria centralizadas. Es necesario tender a la concentración de los medios y métodos de lucha, a una utilización a escala nacional de todas las fuerzas de la clase obrera. En las circunstancias actuales, ese federalismo estorba gravemente el desarrollo del movimiento obrero, y hay que oponerle la resistencia más enérgica.

  3. En muchos países ha surgido un fuerte movimiento hacia la formación de una organización unitaria, como resultado del persistente egoísmo gremial dentro de las masas obreras. Este movimiento es una protesta sana contra la división de la clase obrera en pequeñas organizaciones de oficio. En su desarrollo, este movimiento ha adoptado en algunos países la forma de un sindicato único (one big union), que tiene una sola ejecutiva y una sola caja junto con las secciones de industria. Esta forma de organización, que destruye por completo los sindicatos de industria, es irracional y no corresponde a las condiciones actuales de la lucha. Es una forma que los sindicatos adoptarán como resultado de una larga lucha por la unificación de los sindicatos afines, y después del triunfo de la revolución social. El paso inmediato de los sindicatos de oficio al sindicato único puede provocar luchas internas entre los sindicatos revolucionarios, y por eso tales medidas organizativas deben adoptarse con gran cuidado. La tarea más importante es la creación de sindicatos de industria centralizados y de una central sindical general centralizada en cada país.

VII. La lucha por los comités de fábrica

  1. La creación de comités de fábrica es la condición previa más importante y el arma más importante de la lucha de clases revolucionaria. Los reformistas han comprendido bien la importancia de los comités de fábrica, y en los países donde la dominación de la burguesía se vio amenazada, como Alemania, Austria y Checoslovaquia, los comités de fábrica fueron encerrados, con ayuda de los reformistas, en los límites de la ley.4 Y así quedó deshecha la primera fase de la lucha por la creación de comités de fábrica revolucionarios. La tarea más importante de los partidarios de la ISR es luchar por utilizar y revolucionar los comités de fábrica existentes y crear otros nuevos.

  2. Los comités de fábrica son los órganos primarios de la unidad de la clase obrera. Son la representación más natural de los obreros de una fábrica o de una empresa, y la actividad de la clase obrera solo puede manifestarse cuando posee tales núcleos organizativos. El comité de fábrica debe abarcar a todos los obreros de la empresa de que se trate. El mayor peligro para el movimiento sindical revolucionario es hablar de comités de fábrica sin una lucha seria y consecuente por hacer realidad esta consigna. Los partidarios de la ISR deben hacer propaganda incesante de los comités de fábrica y poner manos a la obra para formarlos en cuanto haya la menor posibilidad de hacerlo.

  3. Es especialmente fácil crear comités de fábrica durante los conflictos y los periodos de efervescencia de las masas. En cuanto estalla una huelga en una fábrica o empresa, además de crearse el comité de huelga, todos los obreros deben elegir un comité de fábrica para mantener la relación con el comité de huelga y con el sindicato. Este comité de fábrica debe ser el intermediario entre la base, el sindicato y el comité de huelga. Esta representación obrera, formada en el curso de la lucha, se ganará un lugar en el movimiento obrero. Incluso después de la huelga, los obreros recurrirán siempre al comité de fábrica en todos los momentos serios de su lucha.

  4. La lucha por los comités de fábrica no debe tener un carácter de propaganda abstracta. Debe basarse en la situación concreta de la clase obrera en una industria dada. Los propios comités de fábrica deben tener objetivos concretos y bien definidos. Por eso, el programa de acción formulado por la central sindical general y por cada sindicato debe contener puntos prácticos precisos y las tareas prácticas que se plantean al comité de fábrica de la industria correspondiente. La propia lucha por la creación de los comités de fábrica arrastrará a los obreros no organizados, los obligará a reaccionar contra la opresión de sus dirigentes y soldará la vanguardia de la clase obrera con toda la masa de los obreros. La lucha por la creación de los comités de fábrica y el trabajo revolucionario dentro de ellos pondrán a los partidarios de la ISR en el contacto más estrecho con las masas y serán la mejor garantía contra el burocratismo que corroe las organizaciones obreras.

VIII. Nuestras tareas en los países más importantes

  1. En Alemania, donde el trabajo de los partidarios de la ISR se concentra principalmente en los viejos sindicatos, la tarea principal es intensificar el trabajo y organizar a las masas que en el terreno político se han desplazado a la izquierda. Los grupos revolucionarios deben contar con exactitud sus fuerzas reales. En todas las cuestiones relativas al movimiento sindical deben reunir a tiempo a todos los elementos con consciencia de clase en la lucha por objetivos concretos. Los grupos de los sindicatos de industria deben unirse más estrechamente en el plano local y a escala nacional. Para preparar la ideología y la organización de las masas para el paso al sistema de sindicatos de industria, y también para coordinar la acción de los distintos grupos de industria durante los conflictos, es necesaria una colaboración regular entre los distintos grupos sindicales y los grupos de fábrica dentro de los grupos de industria. Los métodos de propaganda y de organización de la oposición deben elaborarse en consecuencia.

  2. Los miembros revolucionarios de los sindicatos deben librar una lucha resuelta y bien meditada por el fortalecimiento de los sindicatos, sobre todo cuando los reformistas socavan su unidad. Los grupos expulsados deben conservar su organización, manteniéndose en el contacto más estrecho con las masas que han permanecido en los sindicatos y uniéndose con los demás grupos expulsados, con los sindicatos revolucionarios independientes y con la oposición organizada.

La Unión de Trabajadores Manuales e Intelectuales5 debe prestar la máxima atención a ganarse a los mineros, que es la tarea más urgente de todo el movimiento sindical revolucionario en Alemania. La Unión de Trabajadores Manuales e Intelectuales debe crear una considerable caja de lucha y convertirse en un importante apoyo del Consejo Obrero.

  1. El Consejo Obrero debe actuar como representante de toda la oposición, llevando a cabo su trabajo con independencia y según un plan bien meditado. El Consejo Obrero debe librar una lucha resuelta contra la política divisionista de los de Ámsterdam y por la unificación de todos los obreros organizados en los sindicatos. Debe establecer en cada caso concreto el método más racional de organizar a los expulsados.

Todas las organizaciones unidas en el Consejo Obrero deben ayudarse mutuamente en su lucha cotidiana. La ISR no tolerará en ningún caso luchas entre ellas. La Unión de Trabajadores Manuales e Intelectuales y la Unión de Marinos, como miembros del Consejo Obrero, deben prestar un apoyo activo a la oposición dentro de los sindicatos independientes y ayudarla en su difícil tarea de revolucionar a las masas organizadas en los sindicatos, y deben llevar su trabajo y su política general conforme a este principio. Por su parte, la oposición debe ayudar a fortalecer externa e internamente la Unión de Trabajadores Manuales e Intelectuales y la Unión de Marinos.

  1. En Francia la CGTU6 no se diferencia por su organización de las organizaciones reformistas. Aún existen cuarenta federaciones bajo la bandera del federalismo y de la autonomía, la mayor parte de las cuales son del todo impotentes por su debilidad. Hay que librar una lucha enérgica por la fusión de las federaciones afines, por la concentración de las fuerzas, por la creación del sindicato de industria y por la creación de comités de fábrica. La agitación y la propaganda deben centralizarse, y hay que luchar por el aumento de las cotizaciones a la CGTU, para que su trabajo pueda ampliarse. La tarea inmediata de la CGTU es una activa campaña de propaganda y una lucha intensa por ganar para los sindicatos a las masas no organizadas y por que la CGTU absorba a los elementos que todavía siguen las instrucciones de la CGT,7 así como a los obreros de los sindicatos de otras corrientes de pensamiento.

  2. La CGTU debe ser la portadora de la unidad de todo el movimiento sindical de Francia. En la medida en que existan en los sindicatos reformistas minorías organizadas que simpatizan con la CGTU, esta no debe crear organizaciones rivales.

Los partidarios de la ISR deben organizar sistemáticamente sus grupos dentro de los sindicatos reformistas y luchar por la unidad dentro y fuera de ellos.

Hay que luchar resueltamente contra los métodos de organizar la acción que la CGTU ha heredado de las viejas organizaciones reformistas.

Hay que señalar que ya se han dado los primeros pasos en este sentido (conferencias internacionales, elección de una Comisión Ejecutiva por el congreso nacional, comités de propaganda unificados, etc.), pero es evidente que, para derrocar al capitalismo, es necesario tender a la máxima concentración de todas las fuerzas revolucionarias unidas en la CGTU.

El federalismo anarquista, que estorba la creación de una organización poderosa, es un signo de debilidad del movimiento obrero. Un movimiento sindical fundado sobre una base federalista nunca estará en condiciones de vencer al Estado burgués centralizado. Este tipo de organización está hecho para las derrotas, no para las conquistas.

  1. La dispersión y el federalismo del movimiento sindical francés han creado en ciertas organizaciones la tendencia a resolver esta cuestión a escala local. En Alsacia-Lorena se ha formado un sindicato único que reúne a todas las industrias. Con ello el movimiento local queda separado de las federaciones nacionales. Hay que condenar semejante aislamiento del proletariado de Alsacia-Lorena. Tanto más inadmisible es esta solución local del problema cuanto que puede llevar a enfrentar entre sí a los obreros de distintas nacionalidades.

  2. En Inglaterra la organización de la oposición está todavía en sus comienzos. Nuestra tarea más importante en Inglaterra en el futuro inmediato es organizar a escala nacional a todos los grupos y sindicatos de oposición. Esto solo puede lograrse mediante una conferencia nacional de la oposición que funde una dirección general. La actividad de los partidarios de la ISR debe orientarse a este objetivo.8

  3. La lucha por los comités de fábrica en Inglaterra casi se ha detenido ahora. Los comités de fábrica que surgieron durante la guerra han desaparecido por completo, y ni el partido ni la oposición de los sindicatos dedican sus esfuerzos a crear verdaderos comités de fábrica revolucionarios. Sin embargo, en este país la cuestión de crear comités de fábrica revolucionarios es la cuestión más importante del día, y no debe en ningún caso dejarse en el cajón. Toda la actividad de los partidarios de la ISR en el futuro inmediato debe concentrarse en las industrias más importantes, como la minería, la metalurgia y el transporte, y solo cuando la oposición se haya fortalecido en estos sindicatos podrá extender su influencia a otras organizaciones. El trabajo de los partidarios de la ISR debe tener un carácter más concreto y práctico. Ningún movimiento de masas, y en especial el movimiento de los parados, debe quedar sin la influencia de los comunistas y de los partidarios de la ISR.

  4. En Italia la unidad del proletariado es la tarea más inmediata de los partidarios de la ISR. Debe proseguirse el intento de unir a los comunistas y a la oposición socialista, así como a los partidarios de la ISR, en la Unión Sindical Italiana9 y en el Sindicato Ferroviario sobre una plataforma común. Hay que librar una lucha constante y tenaz por la unificación de todas las organizaciones sindicales. Los acontecimientos que atraviesa ahora Italia son muy favorables al trabajo de unificación, y deben aprovecharse en este sentido.

  5. Dada la existencia de grupos comunistas bien organizados, los partidarios de la ISR en Italia deben librar una lucha enérgica por la reorganización de los sindicatos por ramas de industria y por ganarse al Sindicato de Trabajadores del Transporte. El hecho de que una parte de los dirigentes del Sindicato de Marinos se haya pasado al lado de Mussolini nos facilita el trabajo entre los trabajadores del transporte. Debemos arrancar la Federación de Trabajadores del Transporte de la influencia de los políticos fascistas.

  6. Los partidarios de la ISR deben dedicar su máximo esfuerzo a la creación de una Alianza del Trabajo10 con secciones locales como forma transitoria de unidad. Para que la Alianza del Trabajo refleje de verdad el estado de ánimo de los obreros, su composición debe construirse sobre la base de la representación directa de las masas.

Dado que en los sindicatos fascistas hay un número considerable de obreros de la ciudad y del campo engañados por la demagogia y arrastrados a esas organizaciones por la fuerza, la tarea de los partidarios de la ISR en Italia debe ser desarrollar entre ellos un intenso trabajo de agitación y propaganda para liberar a esta capa de obreros de la influencia del nacionalismo patriotero y atraerla al cauce del movimiento obrero.

  1. En Checoslovaquia, debido a la política divisionista y provocadora de los de Ámsterdam, el movimiento sindical se ha disgregado. Se ha formado una central sindical revolucionaria con una sola dirección y con secciones de industria separadas.11 La tarea principal de la nueva central es unificar las organizaciones disgregadas. Debido a las peculiaridades de la vida política checoslovaca, los sindicatos de este país están divididos según el principio nacional. Hay que luchar por todos los medios necesarios contra los sindicatos nacionales y por los sindicatos de clase. El sindicato único debe construirse sobre la base de la autonomía financiera y organizativa, la combatividad y la iniciativa propia de las secciones de industria.

  2. La tarea de la nueva central sindical es unificar a todo el proletariado checoslovaco. En consecuencia, los partidarios de la ISR en Checoslovaquia deben intensificar su trabajo entre las masas que han permanecido en los viejos sindicatos reformistas. La creación de nuevas formas de organización no debe estorbar su trabajo ni obstaculizar el restablecimiento de la necesaria unidad en el futuro. Las necesidades organizativas de todas las partes del proletariado checo de las distintas industrias y nacionalidades deben satisfacerse dentro de los límites de la organización checa única e internacional.

  3. En los Estados Unidos, donde existen la Liga de Educación Sindical (TUEL)12 y los sindicatos revolucionarios independientes, es necesario tender a una estrecha colaboración entre estas organizaciones. Esta colaboración debe basarse en la ejecución conjunta de un único programa práctico de acción, formulado en común.

  4. La Liga de Educación Sindical, que ha realizado un amplio trabajo durante su corta existencia, debe procurar basar su apoyo en una afiliación colectiva. La línea acertada adoptada por esta Liga contra la división y por la conquista de los sindicatos no debe llevarse hasta el fetichismo organizativo. Es necesario combatir la división, pero hay que tener presente que existe un gran número de obreros de izquierda organizados fuera de la Federación Americana del Trabajo (AFL),13 y que la gran mayoría del proletariado americano está fuera de toda organización.

  5. Hay que establecer el enlace en el trabajo de los partidarios de la ISR en todas las organizaciones sindicales de América. No se puede tolerar la situación que se da aquí, de organizaciones rivales que declaran su adhesión a la ISR, pero que no quieren unirse entre sí, bajo una dirección general del trabajo, por alguna consideración local o personal. Hay que formar un Consejo de Acción para coordinar el trabajo de las minorías en la Federación Americana del Trabajo, la IWW14 y los sindicatos independientes.

  6. En España, pese al ferviente deseo de unidad de las masas obreras, los burócratas sindicales han expulsado a muchas organizaciones. Los sindicatos expulsados no deben quedar aislados. Deben esforzarse por volver al sindicato del que fueron expulsados, pero si no logran ser readmitidos deben afiliarse a otra central sindical. La ISR tiene fuertes minorías de oposición en las dos centrales sindicales de España, la Unión General de Trabajadores, afiliada a Ámsterdam, y la Confederación Nacional del Trabajo, de la corriente anarcosindicalista. Ambas minorías deben coordinar sus actividades a través del Consejo de Acción mixto, cuya tarea principal es la creación de una sola central sindical que reúna a todos los obreros y propague los principios y métodos de la ISR. Este Consejo debe procurar también entablar relaciones con los sindicatos independientes que no pertenecen a ninguna de las dos centrales sindicales actuales, para unirlos directamente a la lucha por la unidad sindical.

Respecto a los sindicatos patronales y policiales que se conocen en algunas ciudades de España con el nombre de sindicatos libres,15 los partidarios de la ISR deben adoptar una posición claramente definida y emprender una campaña resuelta contra ellos, desenmascarándolos ante las masas como arma de la clase enemiga y condenando todo intento de acuerdo, siquiera temporal, con ellos.

  1. En los Estados balcánicos, con excepción de Bulgaria, donde el movimiento sindical está unido y afiliado a la ISR, hay que reemprender el trabajo de restablecer la unidad del movimiento sindical. El trabajo más difícil hay que hacerlo en Yugoslavia y en Rumanía, donde los sindicatos revolucionarios fueron destruidos en 1920-1921 por el terror blanco y la violenta reacción, por un lado, y por la política divisionista de los reformistas, por otro. Cuanto más enérgicamente se esfuercen los sindicatos por unir a las masas obreras para la defensa de sus intereses cotidianos y para la lucha contra la ofensiva del capital, más rápido y con más éxito se superarán estas dificultades.

En Grecia, donde la Confederación del Trabajo se sitúa de hecho en la plataforma de la ISR, la tarea de los partidarios de esta debe ser librar una lucha resuelta contra la política traidora del puñado de dirigentes nacionalistas amarillos para arrancar de su influencia a las organizaciones sindicales que todavía les pertenecen, y en particular al Sindicato de Estibadores, que debe unirse en las filas de la Confederación General del Trabajo.

En Turquía, donde los obreros están organizados principalmente en sindicatos nacionales separados (turcos, griegos y armenios), la tarea principal de los partidarios de la ISR debe ser intensificar el trabajo de unificación de estos sindicatos en sindicatos generales de industria sobre la base de la lucha de clases activa, sin tener en cuenta su pertenencia a una u otra nacionalidad.

Dada la estrecha dependencia económica y política de los Estados balcánicos entre sí, la acción conjunta y concertada de los sindicatos de todos los Estados balcánicos es la condición más necesaria del éxito de la lucha proletaria. Por eso, la tarea más urgente de los partidarios de la ISR en los Estados balcánicos es crear la posibilidad de esa acción, para lo cual los sindicatos de los Estados balcánicos deben formar un Consejo de Acción Unificado.

  1. En los países escandinavos el número de partidarios de la ISR crece sin cesar, y este crecimiento sería aún más rápido si no hubiera vacilaciones por parte de los sindicatos noruegos en su actitud hacia la ISR. Estas vacilaciones las alimentan la prensa de la Internacional de Ámsterdam y sus partidarios en Noruega, que amenazan con que, si se produce la afiliación a la ISR, el Secretariado Internacional de Industria expulsaría a los sindicatos noruegos correspondientes. Con estas amenazas demagógicas los de Ámsterdam tratan de asustar a los partidarios de la ISR, que más de una vez han declarado que quieren permanecer dentro del Secretariado de Industria. Los elementos revolucionarios del movimiento sindical noruego deben esforzarse por lograr la afiliación definitiva a la ISR sin romper sus vínculos con las federaciones nacionales escandinavas ni con las federaciones internacionales de industria afiliadas a la Internacional de Ámsterdam.

  2. Dado que el centro de gravedad de la política mundial se ha desplazado a las orillas del Pacífico, la creación de sindicatos revolucionarios y su vinculación con la ISR en los países ribereños del Pacífico adquiere una importancia particular. El trabajo más importante en este sentido deben llevarlo a cabo los sindicatos revolucionarios de los países imperialistas, que deben establecer vínculos estrechos e indisolubles con los sindicatos de los países coloniales para el trabajo común contra la opresión y la explotación de los pueblos atrasados y débiles.

IX. Las federaciones sindicales internacionales de industria

  1. Los Secretariados Internacionales de Industria afiliados a la Internacional de Ámsterdam siguen expulsando sistemáticamente a los sindicatos revolucionarios en general y a los sindicatos rusos en particular. Pese a las continuas declaraciones de los sindicatos revolucionarios, pese a su deseo de ingresar en el Secretariado Internacional de Industria, la Internacional de Ámsterdam, siguiendo su política de división, niega sistemáticamente la admisión de los sindicatos revolucionarios en las federaciones internacionales. Así, los sindicatos revolucionarios se enfrentan a los problemas prácticos de la lucha contra la expulsión y la división, y por la formación de federaciones sindicales internacionales de industria unificadas.

  2. Los Comités Internacionales de Propaganda por industria, formados por decisión del I Congreso Internacional de la Internacional Sindical Roja, han realizado un trabajo enorme para cohesionar y reagrupar las fuerzas revolucionarias. Su objetivo ha sido hacer propaganda y agitación, establecer vínculos entre los sindicatos revolucionarios y reforzar esos vínculos sobre la base de un programa práctico de acción común. En algunos oficios, como la construcción, la madera, el transporte, la minería, el metal y la piel, el trabajo ha progresado mucho, y el Comité de Propaganda ha logrado reunir en torno a una plataforma general a un número considerable de sindicatos, en parte pertenecientes a los Secretariados de Ámsterdam y en parte situados fuera de los Secretariados.

  3. Para reagrupar a escala internacional las fuerzas revolucionarias dispersas, los sindicatos expulsados por los de Ámsterdam por sus tendencias revolucionarias y no admitidos en las organizaciones de Ámsterdam, o que están fuera de toda organización, deben unirse en torno a los Comités Internacionales de Propaganda. Estos Comités de Propaganda deben crear federaciones internacionales de todas las organizaciones arriba mencionadas. El II Congreso de la ISR, confirmando la decisión del I Congreso, considera necesario que los Comités de Propaganda, además de su trabajo de propaganda, desarrollen también su actividad en el terreno de la ayuda mutua y la solidaridad, y libren una lucha enérgica por la reunificación del movimiento sindical internacional sobre la base de un programa de acción concreto y bien elaborado. Estas organizaciones tendrán más importancia si no limitan sus actividades a Europa, como hacen los Secretariados de Ámsterdam, sino que las extienden a los sindicatos de fuera de los países europeos (el Oriente Próximo y el Lejano, América, Australia, los países coloniales y semicoloniales), creando así una verdadera Internacional.

  4. Teniendo en cuenta el crecimiento de los nuevos conflictos imperialistas en el Pacífico, el Congreso da instrucciones a los obreros de los países ribereños del Pacífico en particular.16 Con este fin deben organizarse oficinas portuarias especiales que unan a los marinos revolucionarios del mundo entero. A los partidarios de la ISR en Inglaterra, América, Holanda y Francia se les encarga la tarea de intensificar el trabajo de agrupar a los obreros bajo la bandera de la ISR.

X. El trabajo entre los jóvenes obreros y las mujeres

  1. El capitalismo explota en primer lugar a los jóvenes obreros y a las mujeres como la parte más débil de la clase obrera, y empieza todo ataque contra la situación material de los adultos por el empeoramiento de la situación de las mujeres y los jóvenes obreros.

En vista de ello, los partidarios de la ISR deben reforzar el programa económico adoptado por la Internacional de la Juventud Obrera y por el Secretariado Internacional de Mujeres, y luchar por su realización.

Los jóvenes obreros y los estudiantes deben ser admitidos en los sindicatos como miembros de pleno derecho, y allí deben ser educados como futuros combatientes con consciencia de clase. Al emprender acciones, hay que prestar la mayor atención a las reivindicaciones de los jóvenes obreros (salario suficiente, jornada de seis horas, subsidio para los parados, continuación de los estudios, etc.).

Los partidarios de la ISR deben luchar también por la plena igualdad económica de las obreras con los obreros, y por la protección real de la salud de las mujeres y de las madres.

XI. La prensa y la literatura sindicales

  1. La creación de una prensa sindical seria y de una literatura especial sobre el movimiento sindical es la tarea más urgente de todas las organizaciones afiliadas a la ISR. Con este fin, las organizaciones sindicales generales afiliadas a la ISR, así como las federaciones más grandes, deben tener al menos un semanario. En cada país deben formarse pequeñas bibliotecas especiales, con literatura sobre diversas cuestiones del movimiento sindical revolucionario que interese a las masas organizadas en los sindicatos. El Congreso da instrucciones a todas las organizaciones afiliadas a la ISR para que difundan sistemáticamente el órgano central de la ISR mediante la suscripción obligatoria.

XII. Información y relaciones

  1. La experiencia de los últimos quince meses ha demostrado que las relaciones entre la ISR y las organizaciones afiliadas a ella no son lo bastante estrechas. Cada organización afiliada a la ISR debe informar regularmente a la dirección central sobre la situación en su país. Estos informes y actas deben tener un carácter periódico regular, y no deben tratar solo del trabajo inmediato de las organizaciones afiliadas a la ISR, sino de todas las cuestiones que surgen en el curso de la lucha contra el capitalismo y el reformismo.

  2. El Congreso da instrucciones al Buró Ejecutivo para que publique, en las lenguas europeas más importantes, boletines para la información regular y sistemática de las organizaciones afiliadas a la ISR sobre las cuestiones más importantes del movimiento obrero internacional y sobre las actividades del Buró Ejecutivo. El Congreso recomienda a las organizaciones afiliadas a la ISR que se informen mutuamente. Solo una información mutua, regular y completa puede hacer posible la discusión colectiva de los problemas más importantes del movimiento obrero internacional y resolverlos de la manera correcta.

Conclusión

El II Congreso de los sindicatos revolucionarios, aprobando el programa de acción formulado por el I Congreso, encarga a todas las organizaciones afiliadas a la ISR que difundan lo más ampliamente posible entre las masas obreras este programa, que representa la experiencia concentrada del movimiento obrero revolucionario de todos los países. El Congreso considera necesario declarar que los obreros revolucionarios se esfuerzan, intensificando su trabajo, por cohesionar a la clase obrera y unir el movimiento sindical mundial sobre la base de la lucha de clases revolucionaria, para el derrocamiento del capitalismo y la instauración de la dictadura del proletariado.

La ofensiva capitalista y el frente único

I. Las causas de la ofensiva del capital

  1. El capitalismo ha entrado en la fase de su crisis histórica. Desde el final de la guerra no encuentra base para su desarrollo normal. La crisis que presenciamos hoy en todos los países capitalistas tiene muy poco en común con las crisis pasajeras que eran habituales antes de la guerra. El capitalismo ha llegado a una fase en que su desarrollo ulterior está en contradicción directa con las necesidades de las grandes masas. De factor de desarrollo de la industria se ha convertido en un obstáculo que entorpece su desarrollo. Ya no está en condiciones de mantener el elemento principal de su industria: la clase obrera. Pese a la reactivación parcial de los negocios en algunos países, la crisis económica en el mundo entero sigue agravándose, aunque más despacio que antes. El capitalismo ha entrado en la fase de crisis que es el comienzo de su fin.

  2. Los capitalistas se esfuerzan por todos los medios en salvar su sistema económico socavado. Si no logran asegurar a su capital una colocación ventajosa ampliando el mercado mundial, se verán obligados a buscar nuevas fuentes para asegurar sus beneficios. En ese caso solo les queda una posibilidad: aumentar la explotación de la clase obrera. La burguesía ha tomado este último camino: ha pasado a la ofensiva contra el proletariado.

  3. Tras la liquidación de la guerra, la burguesía se vio obligada a hacer concesiones, porque la clase obrera, decepcionada por la guerra, representaba entonces una fuerte potencia armada, capaz en aquel momento de quebrar cualquier oposición de los capitalistas a la mejora de las condiciones de vida de los obreros. A esto se sumaron las nuevas dificultades surgidas con la adaptación de la industria a las condiciones de paz. La escasez de pedidos permitió a los capitalistas ceder en la cuestión de la jornada de ocho horas, igual que la ilusoria reactivación de los negocios les permitió aumentar los salarios. La burguesía estaba desorganizada; necesitaba tiempo para reunir sus fuerzas y desarmar al proletariado. La crisis se fue agravando cada vez más, y la restauración del sistema capitalista chocó con obstáculos insuperables. El proletariado fue desarmado poco a poco, la burguesía se organizó, y así la ofensiva contra la clase obrera se hizo no solo posible, sino inevitable.

II. El comienzo de la ofensiva y sus métodos

  1. Con el cambio de la situación económica en la primavera de 1920 empezó la ofensiva de los patronos contra los obreros, que se convirtió en una ofensiva general del capital. La burguesía llevó a cabo esta ofensiva sin piedad. Utilizó no solo las armas de su propio poder económico, sino también las posiciones reconquistadas del aparato del Estado, así como las organizaciones especiales que formó con este fin, como los fascistas, la Unión Cívica, la Orgesch,17 etc. El objetivo de esta ofensiva era descargar el peso de la guerra y de la crisis sobre los hombros de la clase obrera, aboliendo la jornada de ocho horas, reduciendo los salarios reales, aumentando la productividad del trabajo, etc.

  2. En los países de moneda fuerte se rebajaron los salarios con el pretexto de que era necesario para que esos países pudieran volver a competir en el mercado mundial. Sin tener en cuenta el aumento del coste de la vida, los capitalistas redujeron los salarios entre un 20 y un 40 por ciento. La resistencia de los obreros se respondió con cierres patronales, con el cierre de fábricas, con la creación de enormes ejércitos de parados, que pesaron sobre el nivel de los salarios, y también con la fuerza bruta o con el arbitraje legal (tribunales de arbitraje, etc.). En los países de moneda débil la cuestión de la reducción de los salarios reales se resolvió de manera más sencilla. Pese a la disminución del poder adquisitivo del dinero, los patronos se negaron a subir los salarios, procurando al mismo tiempo igualar los precios del mercado interior con los del mercado mundial. Esta política les permitió conservar su capacidad de competir en el mercado mundial.

  3. La abolición de la jornada de ocho horas en cada rama de la industria empezó con los patronos clamando que esa abolición la exigían las características específicas de tal o cual rama. Con la consigna de la restauración de la industria, la burguesía exigió que se suprimieran todos los obstáculos que impedían una explotación sin trabas. Pese al paro general, en las industrias importantes para la vida económica del país, así como en determinadas industrias de gran importancia económica, se introdujo la política de las horas extraordinarias obligatorias, reforzada mediante acuerdos especiales (en Checoslovaquia, América y Francia). Allí donde los patronos eran lo bastante fuertes, intentaron abolir por completo la jornada de ocho horas y exigieron que se estableciera por ley una jornada más larga durante varios años.

  4. Un enorme aumento de la miseria y de la mortalidad entre la población obrera, en especial entre los elementos más explotados e indefensos de la clase obrera (las obreras, los jóvenes obreros y los niños), la disminución de su capacidad de trabajo, el empobrecimiento de las clases medias, la muerte de los inválidos del trabajo y de la guerra: tales son los resultados de la situación actual. Otra consecuencia de los bajos salarios en muchos países es el deterioro del equipo técnico de la industria.

  5. Los patronos dirigen su ataque contra la clase obrera por la línea de menor resistencia. Procuran en especial aprovechar la debilidad y la falta de organización de la capa socialmente atrasada de la clase obrera (las obreras y los jóvenes obreros) para empeorar en primer lugar sus condiciones de trabajo y, después, rebajar el nivel de toda la clase obrera. Valiéndose del aparato de coerción del Estado, los capitalistas limitan los derechos de los sindicatos obreros, a veces los disuelven por completo o los destruyen por la violencia con ayuda de bandas armadas (en Polonia, Italia, Yugoslavia y España). A los empleados del Estado o se les priva por completo del derecho de huelga (Alemania, Suiza), o los tribunales los condenan por ir a la huelga (América), etc.

III. La colaboración de clases causa la incapacidad de los obreros para resistir

  1. En el momento actual la clase obrera está desarmada frente al capital que la ataca. No es capaz de organizar una campaña defensiva bien meditada y responder a la ofensiva del capital con una contraofensiva. Las causas de esta impotencia están en la colaboración de clases y en el acuerdo que los dirigentes reformistas de los sindicatos han concluido con el capital. La burocracia de Ámsterdam actúa como si los intereses de la vida económica fueran comunes a la burguesía y al proletariado, y como si ambas partes estuvieran igualmente interesadas en conservarla. Sacrifican los intereses del proletariado en el altar de la salvación del Estado capitalista. No quieren la lucha de clases. Son enemigos jurados de la revolución (el «viernes negro» en Inglaterra,18 el llamamiento de la Confederación Sindical alemana contra la huelga de los ferroviarios,19 etc.).

  2. Los métodos que aplican los de Ámsterdam en su dirección del movimiento obrero llevan a la clase obrera de una derrota a otra. Animan a la burguesía a nuevos ataques contra la clase obrera. Toda resistencia de los obreros contra el empeoramiento de su situación lleva en sí consecuencias revolucionarias. Al eludir conscientemente esas consecuencias, los de Ámsterdam se convierten en contrarrevolucionarios y en agentes voluntarios de la burguesía.

  3. Toda acción en el espíritu de la colaboración de clases ata cada vez más a los de Ámsterdam a su burguesía nacional. Combaten a su propio proletariado revolucionario y a la competencia extranjera en unión con la burguesía. Hacen imposible toda acción internacional del proletariado; estorban la lucha de los obreros encaminada a conservar las actuales condiciones de trabajo, y ayudan a la burguesía mundial a obtener victorias siempre nuevas sobre la clase obrera.

IV. La división de los sindicatos para salvar la colaboración de clases

  1. Una parte cada vez mayor de los obreros ha protestado contra esta política de colaboración de clases y ha exigido que se organice una respuesta a la ofensiva de los capitalistas. Cuanto más se extiende la protesta de los obreros revolucionarios, más crece la resistencia de los obreros contra la política de los de Ámsterdam, y más crece para estos el peligro de verse en una situación que los obligue a abandonar la política reformista, o a perder su poder sobre las masas obreras y la dirección de las organizaciones de la clase obrera. Con ello pierden todo valor para la burguesía.

  2. El hecho de que los de Ámsterdam estén perdiendo sus posiciones en la sociedad burguesa provoca su gran odio hacia los obreros revolucionarios. La colaboración con la burguesía les importa más que la unidad de las fuerzas obreras. En nombre de la conservación de esta colaboración sacrifican no solo los intereses de clase de los obreros, sino que llegan a destruir su organización. Para acallar a la oposición recurren a la expulsión de sus miembros. Si esto no basta, expulsan a grupos locales enteros, sin vacilar siquiera en escindir los sindicatos y destruir el movimiento obrero. Francia, Checoslovaquia y Alemania son un ejemplo de esta política. A la burocracia sindical no le importa que con esa táctica miles de obreros se vuelvan indiferentes y pierdan las conquistas que han ganado en cincuenta años de lucha. Consideran la división de los sindicatos como el mal menor.

V. ¿Para qué el frente único?

  1. Mientras los de Ámsterdam se ven obligados a dividir a la clase obrera y a sus organizaciones para poder seguir adelante con su política, los obreros revolucionarios, por el contrario, deben tender al frente único y a la unificación de los sindicatos obreros. Toda división de los obreros es una victoria para los capitalistas. Para transformar la actual lucha defensiva en una ofensiva, hay que crear en primer lugar el frente único. No puede haber victoria sobre el capital sin el frente único.

  2. Los obreros han comprendido que con las fuerzas dispersas están desarmados frente al capital. Quieren el frente único, y consideran enemigos suyos a quienes les hablan de dividir los sindicatos. Hay que rechazar toda política que lleve a la disgregación de los sindicatos. No hay que hacer concesiones a los camaradas impacientes a quienes el proceso de conquista les parece demasiado largo y que creen necesario crear nuevas organizaciones. Con la misma resolución hay que combatir el movimiento por el abandono de los sindicatos. La táctica de conquista de los sindicatos formulada por el I Congreso Internacional de la ISR ha encontrado simpatía en la parte del proletariado con consciencia de clase, y allí donde se ha aplicado correctamente ha dado éxitos.

  3. Si los obreros no logran atacar al capitalismo con el frente único, no solo sufrirán nuevas derrotas, no solo les esperarán mayor miseria y esclavitud, sino que llegarán a perder sus organizaciones y quedarán completamente desarmados.

En la situación actual, la tarea de los revolucionarios es demostrar a todos los obreros, a los empleados y a los funcionarios que están dispuestos en cualquier momento a luchar junto con ellos para quebrar la ofensiva del capital y para contribuir a organizar una contraofensiva contra los capitalistas.

VI. Cómo se ha de crear el frente único

  1. De acuerdo con lo anterior, el Congreso propone los siguientes principios:

(a) Los partidarios de la ISR se fijan como objetivo, en su lucha cotidiana, organizar metódicamente y llevar a cabo con resolución la respuesta de los obreros a la ofensiva del capital.

(b) En sus esfuerzos por ampliar y fortalecer internamente las organizaciones revolucionarias, deben tener siempre presente que su tarea principal es organizar la acción concertada de todas las organizaciones obreras.

(c) La condición fundamental para crear un frente único sindical general es la unidad de voluntad y una actividad unida y disciplinada de todas las fuerzas revolucionarias. Hay que dejar a un lado todas las diferencias actuales sobre cuestiones concretas de carácter nacional e internacional. Toda rivalidad entre las fuerzas revolucionarias fortalece al reformismo.

(d) El frente único solo podrá tener una base sólida si es el resultado de un trabajo intenso entre las masas, del trabajo en los núcleos primarios de las organizaciones y en los talleres, y no el resultado de acuerdos entre los dirigentes sindicales.

(e) El bloque unido de las organizaciones obreras solo podrá asegurar el éxito en la lucha del proletariado si está en condiciones de señalar objetivos y métodos concretos, obligatorios para todos sus partidarios. La lucha por el frente único solo tendrá éxito si en la base de ese frente único están los comités de fábrica.

VII. Las tareas del frente único

  1. Para combatir con éxito la ofensiva del capital hay que llevar a cabo las siguientes tareas elementales:

(a) La lucha contra la reducción de los salarios, tanto si se debe a una rebaja directa de los salarios como al aumento del coste de la vida. Lucha resuelta por la igualdad de salario a igual trabajo para las mujeres.

(b) La lucha por la conservación incondicional de la jornada de ocho horas y contra la prolongación de la jornada en los oficios que, por sus peculiaridades, requieren una jornada más corta.

(c) La lucha por las reivindicaciones económicas de los jóvenes obreros y la respuesta a los intentos de los capitalistas de utilizar a los jóvenes obreros para rebajar los salarios de los obreros adultos.

(d) La lucha por la protección del trabajo conquistada por los obreros y por la extensión de la protección del trabajo a las obreras y a la maternidad, así como por que el Estado cargue con el peso de los seguros sociales.

(e) La resistencia a todos los ataques de los capitalistas contra los derechos y las conquistas de la clase obrera y contra sus representantes autorizados y sus comités de fábrica, contra el derecho de organización, en especial de los empleados del Estado y de los obreros de las industrias vitales para la vida industrial del país.

(f) La lucha por asegurar el sustento de los parados durante todo el periodo de paro. Igual subsidio de paro para los parados y las paradas.

(g) Una lucha organizada y sistemática contra todas las organizaciones rompehuelgas de la burguesía y de los Estados, como la Ayuda Técnica en Alemania,20 el Ku Klux Klan en América y la Liga Cívica en Francia,21 y también contra todos los sindicatos amarillos (las organizaciones cristianas y nacionalistas).

(h) La lucha por el armamento del proletariado para rechazar los ataques de las bandas armadas de la burguesía y contraatacar al fascismo en su origen.

(i) Una lucha implacable contra todas las aspiraciones y medidas militares de la burguesía.

(j) La lucha por la ruptura de los tratados de paz capitalistas y contra todos los ataques, sea cual sea su forma, contra la Rusia soviética.

(k) La lucha contra la explotación y la esclavización de las masas trabajadoras de las colonias, sin distinción de raza.

VIII. La lucha contra los métodos dañinos de la política

  1. La realización de estas reivindicaciones elementales en el periodo de hundimiento del capitalismo obliga a entablar la lucha:

(a) Contra la firma de convenios salariales de larga duración.

(b) Contra la sustitución de la lucha sindical por tribunales y comisiones de arbitraje con igual número de representantes de ambas partes.

(c) Contra la firma de convenios salariales que respondan a los intereses de pequeños grupos privilegiados de obreros y que no tengan en cuenta los intereses del proletariado en su conjunto ni las exigencias de la solidaridad de clase.

(d) Contra los métodos de los de Ámsterdam, que se esfuerzan, con el pretexto de mantener la disciplina, por frustrar la voluntad de huelga de los obreros aplicando reglamentos burocráticos de huelga.

(e) Contra la localización artificial de las huelgas que aplica la burocracia sindical en interés de conservar el principio de la colaboración.

(f) Contra la liquidación prematura, por miedo a sus consecuencias revolucionarias, de acciones que prometen tener éxito y que tienden a extenderse.

(g) Contra la resistencia a que la solidaridad real del proletariado se extienda más allá de cada sindicato y de federaciones de oficio enteras, y contra la creciente indiferencia de los obreros ante la lucha de sus compañeros de clase.

IX. La preparación de la acción

  1. La realización con éxito de cada acción concreta requiere la cohesión de todas las fuerzas del proletariado, de sus organizaciones sindicales y políticas, y la participación activa de los sindicatos en la lucha contra el capitalismo como sistema. La huelga es un arma importante de la lucha sindical. Para aplicar esta arma con éxito es necesario:

(a) Una dirección bien meditada de todas las acciones económicas, en la que se utilicen todas las fuerzas proletarias existentes y se tengan en cuenta la situación del momento y las posibilidades de éxito.

(b) Una amplia solidaridad, que debe expresarse en el apoyo moral y material del resto del proletariado a quienes luchan, desde la propia industria afectada hasta la acción a escala internacional.

(c) Tener en cuenta que toda huelga, y en particular una huelga general, solo puede tener éxito si las masas comprenden bien su objetivo, si es la expresión de la voluntad de las masas, si está bien preparada y si los dirigentes de la huelga están en contacto constante con las masas.

(d) Que durante una huelga general las masas deben observar una disciplina de hierro; que los dirigentes y las masas deben tener bien presente que durante la huelga general la clase obrera está amenazada a cada minuto por un ataque armado de la burguesía, deben estar preparados para él y deben disponer de todos los medios necesarios para rechazarlo.

(e) Tener en cuenta que en los países donde hay varias centrales sindicales toda acción de los obreros, en particular en caso de huelga general, corre un gran peligro si los sindicatos no luchan juntos. Por eso, los dirigentes sindicales revolucionarios deben tomar la iniciativa de crear el frente único.

  1. Solo si los obreros revolucionarios observan estas reglas principales durante las acciones de masas estarán en condiciones de formar el frente único, de librar con éxito la lucha defensiva contra la ofensiva del capital y de preparar el triunfo de la clase obrera sobre el capitalismo.

La ISR y la Komintern

Considerando:

(1) Que el objetivo de la ISR es unir a todos los obreros revolucionarios para la lucha común contra el capitalismo y por la instauración de la dictadura del proletariado.

(2) Que este objetivo solo puede alcanzarse a condición de que todos los combatientes por la revolución social estén impregnados del espíritu comunista.

(3) Que el triunfo del comunismo solo es posible a escala internacional, lo que requiere el contacto más estrecho y la coordinación de las actividades de la Komintern y de la ISR.

(4) Que hay grupos de obreros de la corriente sindicalista revolucionaria que aspiran sinceramente a crear un frente único con los comunistas, y que consideran que la representación recíproca entre la Komintern y la ISR establecida por el I Congreso22 no corresponde a las tradiciones del movimiento obrero de sus países.

(5) Que la CGTU de Francia, que representa esa opinión, se pronuncia con el mayor énfasis por la colaboración combativa entre la Komintern y la ISR y por la acción concertada en todas las luchas defensivas y ofensivas contra el capital.

Las delegaciones de los sindicatos de Rusia, Alemania, Italia y España, situándose en la plataforma de la necesidad urgente de la dirección del Partido Comunista en cada país y de la Internacional Comunista a escala internacional, proponen, no obstante, salir al encuentro de los obreros revolucionarios de Francia y aceptar la propuesta de la CGTU, para fortalecer en este Congreso el bloque de todos los elementos sinceramente revolucionarios del movimiento sindical internacional que se agrupan bajo la bandera del derrocamiento del capitalismo y de la instauración de la dictadura del proletariado.

La carestía de la vida y el paro

(1) El paro, la carestía de la vida, la reducción de los salarios y el empeoramiento del nivel de vida de la clase obrera son consecuencias inevitables de toda crisis del sistema capitalista. Crecen y se convierten en una amenaza directa que pone en peligro la existencia misma de la clase obrera a medida que el capitalismo se acerca a los límites de su desarrollo. Y cuanto más claro resulta que la actual crisis económica es la última crisis de la época capitalista, más agresivo se vuelve el ataque de la burguesía, que arranca por la violencia a millones de obreros de su sustento y arroja a las grandes masas al abismo del empobrecimiento y la degeneración.

(2) La colosal crisis económica ha afectado a la clase obrera de dos maneras: en los países de moneda fuerte ha causado un paro sin precedentes; en los países de moneda débil, sobre todo en los países vencidos de Europa central, la crisis va acompañada de una caída desastrosa del mínimo de subsistencia de los obreros, condenados a semiinanición. Tanto en el primer caso como en el segundo, los resultados son igual de ruinosos para el proletariado.

(3) La burguesía ya no está en condiciones de asegurar el mínimo de subsistencia al obrero, ni siquiera como objeto de su explotación. Pero lucha intensamente por seguir existiendo. Ha movilizado todas las fuerzas del viejo sistema para defender los sagrados fundamentos del quebrado sistema de la propiedad privada. Los dirigentes reformistas de los sindicatos se sitúan en la plataforma de la restauración de la industria capitalista. No pueden, no quieren y no van a librar una lucha activa por acabar con el paro, ni siquiera por aliviar la miseria que causa. Desempeñan el último papel en el ejército contrarrevolucionario. Adoptan el punto de vista fatalista de los sabios burgueses, que consideran la crisis actual como algo «normal» en la historia del capitalismo, que puede superarse intensificando la energía productiva del proletariado. Así, la burguesía, y con ella sus lacayos reformistas, intentan descargar el peso de las consecuencias económicas de la «gran» guerra de la burguesía sobre los hombros del proletariado.

(4) Todo esto demuestra que toda lucha por mejorar la situación de la clase obrera y de los parados en la fase actual del desarrollo del capitalismo tiene que convertirse inevitablemente en lucha revolucionaria contra el sistema mismo del capitalismo. El paro solo puede liquidarse con la liquidación del sistema capitalista, y es precisamente a esto a lo que se oponen con fuerza los de Ámsterdam. Proponen contra el paro miserables limosnas del Gobierno, y combaten la horrible carestía de la vida con los viejos métodos sindicales, proponiendo la teoría de la escala móvil, etc. Engañan conscientemente a las masas obreras, debilitando su consciencia de clase y apartándolas de la lucha activa.

(5) Los sindicatos revolucionarios de todos los países deben explicar a las grandes masas la esencia de los métodos de la burguesía y de sus secuaces, los de Ámsterdam, y unir a estas masas bajo las consignas de una lucha concreta. Estas consignas son las siguientes:

(a) El restablecimiento de la solidaridad entre los obreros con trabajo y los parados; esto será posible si los obreros emprenden acciones para que todos los parados sean absorbidos por la industria y para que se vuelvan a abrir las fábricas cerradas.

(b) La lucha por el subsidio de paro debe librarse bajo la consigna de «el derecho a la existencia». Al intento de reducir los subsidios del Estado hay que oponer la reivindicación de elevar estos subsidios al nivel normal de los salarios. El Estado capitalista y las clases explotadoras deben cargar con el peso del sustento de los parados.

(c) Los sindicatos rojos deben trabajar en pleno acuerdo con los «comités de parados» en los países donde existen. Su tarea en los viejos sindicatos de Ámsterdam debe ser la organización de grupos de parados, junto con los cuales deben luchar contra la burocracia sindical, obligándola a emprender una acción resuelta por mejorar la situación de los parados.

(d) Las organizaciones de parados deben tener igual voto en los sindicatos y demás organizaciones obreras. Ningún miembro de un sindicato que pierda su trabajo debe ser expulsado de su organización por no poder pagar sus cuotas.

(e) En la cuestión de la carestía de la vida, la lucha de los sindicatos revolucionarios debe librarse bajo las consignas de «Control de los artículos de primera necesidad», «Control obrero de la fijación de los precios y de la distribución», «¡Abajo la bacanal de la especulación monetaria!».

(f) El II Congreso de la ISR llama a los obreros de todos los países a cerrar sus filas proletarias y a unirse para derrocar con un esfuerzo común el sistema capitalista, podrido hasta la médula. Este es el único método capaz de liquidar la cuestión misma del paro y de la carestía de la vida.

La lucha contra el imperialismo y el militarismo

En el momento actual puede parecer que el capitalismo ha mejorado su situación económica en algunos países, en particular en América, Inglaterra y Francia. Pero en realidad camina hacia su hundimiento. Le espera una bancarrota inevitable.

En todos los países se ha perdido el equilibrio de la industria nacional y de la vida social; la vida se vuelve insoportable para los obreros, a causa de la inestabilidad financiera y de los voraces apetitos de los especuladores, que despluman a los obreros. Las contradicciones de clase se agudizan a medida que crece la insolencia de los imperialistas.

Crecen las diferencias entre las potencias de la Entente sobre las condiciones del Tratado de Versalles, aunque lo firmaron juntas; cada potencia sigue su propia política imperialista, que sienta precedentes para nuevas guerras. La guerra greco-turca23 no es más que un resultado de esta política.

La opresión de los pueblos coloniales continúa y crece hasta el punto de provocar levantamientos, que se aplastan de la manera más despiadada. En Egipto, la India, Irlanda, Marruecos, Túnez y el Transvaal se producen sin cesar levantamientos revolucionarios que demuestran cuán grandes son las aspiraciones de estas masas a la emancipación.

El militarismo brota por todas partes, crece y provoca una ampliación aún mayor de los armamentos. En las orillas del Pacífico se prepara una nueva matanza mundial, a la que los imperialistas están dispuestos a jugárselo todo. Tras haber intentado por las armas, con todos los métodos, vencer a la Rusia soviética, que es la expresión de la revolución proletaria mundial, y tras haber sufrido la derrota en esta lucha armada, los Estados impacientes trasladan su lucha al terreno económico. En el momento actual negocian con los Estados proletarios. Los diplomáticos burgueses intrigan y maniobran hábilmente, como por ejemplo en la Conferencia de Lausana.24 Mussolini, el representante más autorizado de la reacción mundial y jefe de los fascistas, intenta, e insiste en ello, que Rusia sea admitida en la Conferencia con los mismos derechos que los demás Estados.

La reacción contra la clase obrera hace estragos en todas partes, aunque en distinto grado. Las conquistas de la clase obrera están en gran peligro. Se ponen en entredicho el derecho de huelga y la libertad sindical. Se está aboliendo la jornada de ocho horas, se rebajan los salarios sin tener en cuenta la carestía de la vida y el alza de los precios, y sin tener en cuenta las pérdidas causadas por la inestabilidad de los salarios. Se aplican las represiones más despiadadas a los revolucionarios, a quienes la reacción asesina y arroja a las cárceles. Las ligas cívicas y las bandas fascistas rompen huelgas, saquean e incendian los locales de las organizaciones obreras y fusilan a los obreros.

El proletariado revolucionario debe estar alerta más que nunca, y estar organizado y disciplinado.

En el momento actual hay en el mundo entero dos fuerzas enfrentadas: LA REACCIÓN, APOYADA POR LA DICTADURA DE LOS GUARDIAS BLANCOS (EL FASCISMO), Y EL COMUNISMO, QUE REPRESENTA LA REVOLUCIÓN MUNDIAL Y SE APOYA EN LA DICTADURA DEL PROLETARIADO.

El objetivo de los obreros revolucionarios es explicar a todos los obreros que su primer deber es apoyar a la Rusia proletaria, que encarna la teoría revolucionaria y la acción revolucionaria, porque el desarrollo económico del Estado proletario debilita al capitalismo mundial.

Los revolucionarios deben desenmascarar a los pacifistas burgueses y a los socialpatriotas que engañan a las masas con sus declaraciones antimilitaristas y platónicas, sin estar en realidad en condiciones de impedir la guerra imperialista, en la que tomarán la parte más activa en cuanto se declare.

Deben desenmascarar también la impotencia de la Sociedad de Naciones, que no es más que una asociación de los imperialistas de la Entente, una unión de los vencedores contra los vencidos, y que ni por su composición ni por su espíritu puede dar la paz a los pueblos.

Los revolucionarios deben fortalecer sus organizaciones de clase para aumentar su influencia sobre las masas obreras y aumentar así su combatividad. Es necesario someterse a una disciplina estricta y racional para oponer al capitalismo el frente único, capaz de defender al proletariado de los ataques violentos de los capitalistas y de sus secuaces. Para entorpecer la propaganda militarista y alejar la amenaza de la guerra imperialista, es necesario preparar la opinión de la clase obrera por medio de mítines, octavillas, carteles y la prensa periódica, a fin de suscitar un estado de ánimo unánime contra los militaristas burgueses.

Hay que formar grupos de propaganda y de organización en el ejército y en las organizaciones o instituciones militares capitalistas.

En caso de que los imperialistas lancen a los obreros a una nueva matanza, los revolucionarios deben dirigir todos sus esfuerzos a que los obreros de los países implicados respondan con un esfuerzo unido a la declaración de guerra, con la huelga general y la revolución.

Por último, para asegurar las conquistas de la revolución proletaria, los revolucionarios deben defender ampliamente el principio de la dictadura del proletariado, porque el capitalismo solo puede ser derrocado por completo mediante el esfuerzo organizado de la clase obrera.

Los sindicatos y el movimiento cooperativo

Los sindicatos revolucionarios persiguen en su relación con el movimiento cooperativo obrero los siguientes objetivos:

  1. Contribuir a la autodefinición de clase del movimiento cooperativo obrero.

  2. Atraer al movimiento cooperativo obrero y a las masas que organiza a la lucha general del proletariado organizado política y sindicalmente por sus intereses cotidianos y por su objetivo final: la reconstrucción de la sociedad sobre una base comunista.

  3. Utilizar el aparato cooperativo y las masas que reúne en la lucha contra la carestía (el movimiento por el control obrero).

  4. Con este fin, contribuir a la unificación dentro de las cooperativas de todos los elementos revolucionarios que se sitúan en la plataforma de la lucha de clases.

En relación con esto, los sindicatos revolucionarios deben procurar:

(1) Que todos los miembros de los sindicatos ingresen en las cooperativas obreras correspondientes.

(2) Que los elementos organizados en los sindicatos se esfuercen dentro de las cooperativas por que todos los miembros de las cooperativas obreras pertenezcan a los sindicatos correspondientes.

(3) Que los sindicatos tomen la parte más activa en todas las campañas del movimiento cooperativo obrero. Hay que presentar informes sobre el trabajo cooperativo a todos los congresos sindicales, y los representantes de los sindicatos deben tomar la parte más activa en los congresos de las cooperativas.

(4). Que los miembros de las cooperativas organizados en los sindicatos combatan con la propaganda «la independencia» y «la neutralidad», OPONIÉNDOLES EL PRINCIPIO DE LA UNIDAD DEL MOVIMIENTO OBRERO Y LA NECESIDAD DE LA COHESIÓN MÁS ESTRECHA Y DE LA AYUDA MUTUA DE TODOS LOS ELEMENTOS EN LA LUCHA DE CLASES DEL TRABAJO CONTRA EL CAPITAL.

  1. En todos los países donde se lucha por el restablecimiento del frente único de los obreros contra la ofensiva del capital, el movimiento cooperativo obrero debe ser atraído de forma organizada a esta lucha, como uno de los factores del movimiento obrero.

  2. El movimiento cooperativo obrero debe participar en todas las acciones internacionales y nacionales de la clase obrera contra la guerra imperialista, en la lucha por salarios más altos, por la jornada de ocho horas, contra el terror blanco y en apoyo de la Rusia soviética.

  3. Hay que atraer a las cooperativas obreras al trabajo de crear cajas de lucha para las huelgas, los medios financieros necesarios para la prensa proletaria revolucionaria, la ayuda a las víctimas del terror blanco, a los presos, a las víctimas de los cierres patronales, etc.

  4. HAY QUE ASEGURAR PLENAMENTE EL CONTACTO ENTRE EL MOVIMIENTO SINDICAL REVOLUCIONARIO Y EL MOVIMIENTO COOPERATIVO REVOLUCIONARIO MEDIANTE LA REPRESENTACIÓN MUTUA Y EL APOYO MUTUO a escala nacional e internacional.

  5. Los sindicatos revolucionarios, junto con los grupos comunistas, deben apoyar la lucha DE LOS ELEMENTOS REVOLUCIONARIOS DENTRO DE LAS COOPERATIVAS PARA GANARSE A LA MAYORÍA DE LAS MASAS Y A LOS ÓRGANOS QUE LAS DIRIGEN.

  6. Los sindicatos revolucionarios deben librar, a través de sus miembros dentro de las cooperativas, una lucha CONTRA LA BUROCRACIA COOPERATIVA Y POR LA APLICACIÓN DE LA DEMOCRACIA PROLETARIA EN LA PRÁCTICA COTIDIANA DE LAS COOPERATIVAS OBRERAS.

  7. Los sindicatos deben apoyar la causa de la construcción cooperativa aportándole sus propios trabajadores, invirtiendo sus fondos en los bancos cooperativos y participando también en la vida organizativa y en el control social de las cooperativas.

  8. Las condiciones de los empleados y de los obreros ocupados en las empresas y en las oficinas de las cooperativas deben estar bajo el control especial de los órganos sindicales.

Resolución sobre las asociaciones cooperativas de producción de los sindicatos entre los obreros

(Los gremios de la construcción, etc.).25

  1. Los sindicatos revolucionarios deben librar una lucha decidida contra el sucedáneo de la socialización y por la idea misma de socialización, que es uno de los eslabones más importantes de la lucha general de la clase obrera por la conquista del poder político y económico. El movimiento de las asociaciones cooperativas de producción (los gremios de la construcción de los sindicatos, etc.), que, en opinión de los dirigentes reformistas de los sindicatos, aspiran a resolver parcialmente la cuestión de la socialización dentro de los límites del sistema capitalista de forma pacífica y gradual, por medio de la iniciativa cooperativa (reuniendo medios pecuniarios para la socialización), en realidad no crea, en el mejor de los casos, más que ilusiones dañinas.

  2. Rechazando toda colaboración económica con la burguesía y denunciando el daño que esta colaboración causa a la clase obrera, los sindicatos revolucionarios deben combatir la tendencia a apartar a los sindicatos, como órganos de lucha del proletariado, de la lucha directa y real por la socialización, tanto más cuanto que los resultados reales del movimiento mencionado (los gremios de la construcción, etc.) dentro del sistema capitalista son absoluta y relativamente insignificantes.

  3. Como demuestra la experiencia, los reformistas, en el mejor de los casos, solo están en condiciones de montar, a costa de los medios materiales y de las fuerzas de los órganos sindicales de lucha, unas cuantas pequeñas sociedades limitadas, que se ahogan en el sistema general de la vida económica capitalista y que no son más que nidos de competencia y egoísmo pequeñoburgueses.

Observando que la burguesía internacional muestra un interés excepcional por este movimiento (la participación de los sindicatos reformistas alemanes y franceses en la reconstrucción de las regiones devastadas de Francia) y que en este movimiento se demuestra gráficamente la bancarrota del reformismo y se pone en evidencia la ilusión de aliviar la situación de la clase obrera con tales medios en el periodo de hundimiento del capitalismo, los sindicatos revolucionarios consideran su objetivo principal impulsar la lucha de la clase obrera por el paso de todos los medios de producción a la clase obrera, que solo puede ser el resultado de la atracción cotidiana de las masas al movimiento de masas, tanto por sus intereses cotidianos como por sus objetivos finales.

La actividad cooperativa comercial de los sindicatos

  1. El Congreso considera dañino e irracional, desde el punto de vista del movimiento sindical revolucionario, complicar en modo alguno el trabajo de los sindicatos cargándoles las tareas del movimiento cooperativo de consumo, como ocurre, por ejemplo, actualmente en Alemania y en otros países.

  2. Los sindicatos deben hacer todo lo posible por apoyar y utilizar el movimiento cooperativo obrero, pero no por asumir directamente sus funciones económicas, lo que apartaría a las organizaciones de lucha de masas de sus tareas y de su lucha. Tanto más inadmisible es esta tendencia en los sindicatos revolucionarios en vista de la experiencia pasada, en especial en Alemania, donde la actividad económica directa de la confederación sindical nacional llevó a que el Estado burgués subvencionara a los sindicatos, lo que acrecienta la dependencia de los sindicatos reformistas respecto a la burguesía.

El movimiento sindical en los países coloniales y semicoloniales

(1) Las colonias y los países semicoloniales son parte integrante de los países imperialistas actuales, cuya existencia como tales es imposible sin ellos.

(a) Las colonias son una fuente de ingresos directos del Estado, que la metrópoli extrae mediante la presión de los impuestos y un sistema de monopolios estatales.

(b) Las colonias proporcionan ejércitos que, junto con los ejércitos «nacionales», hacen posible la dominación de la burguesía imperialista, tanto en las colonias como fuera de ellas (Inglaterra en la India, Persia y Mesopotamia; Francia en África y en Alemania).26

(c) Las colonias son grandes mercados para las manufacturas baratas de la metrópoli.

(d) Las colonias son un campo de inversión (en ferrocarriles, puertos, centrales eléctricas, tranvías, bancos coloniales).

(e) Por último, las colonias son una fuente de materias primas y de combustible para la industria metropolitana. Este último factor tiene hoy una importancia creciente, porque la lucha por las materias primas es uno de los factores principales que deciden la política de los Estados imperialistas.

(2) El saqueo de las colonias y semicolonias se lleva a cabo con medidas políticas y económicas. En lo político, concentrando todo el poder militar, legislativo y administrativo en manos de los agentes del Gobierno y de una pequeña camarilla de grandes terratenientes y capitalistas, procedentes sobre todo del Estado invasor. En lo económico, frenando el desarrollo industrial de las colonias mediante medidas legislativas, administrativas, aduaneras, arancelarias y de otro tipo. Estas medidas no solo impidieron el desarrollo de la industria indígena, sino que muy a menudo llevaron al retroceso de las industrias que ya existían en el país: colonias que habían fabricado y exportado mercancías se han convertido consciente y sistemáticamente en países puramente agrícolas, que solo exportan materias primas y consumen las manufacturas de la metrópoli (la India).

Para explotarlas mejor, la burguesía imperialista mantiene conscientemente en la ignorancia a las grandes masas trabajadoras de las colonias, despojándolas no solo económicamente, sino también intelectualmente, y privándolas de las posibilidades de desarrollo social y cultural.

  1. Al tiempo que enriquecen a la burguesía, las colonias han tenido un efecto negativo sobre el movimiento obrero de la metrópoli. El trabajo en las colonias se paga incomparablemente peor que en la metrópoli. Por la falta de industria indígena, por la ruina de las industrias artesanas, incapaces de competir con las manufacturas baratas importadas de la metrópoli, y por el empobrecimiento del campesinado y la disminución de sus tierras a consecuencia de la política de la metrópoli, las colonias se están convirtiendo en centros de mano de obra barata, dispuesta, dado el bajo nivel de vida general y lo poco desarrolladas que están las propias organizaciones sindicales, a trabajar en cualesquiera condiciones y por una paga insuficiente para mantenerse con vida. Esto permite a los capitalistas obtener en las colonias beneficios enormes; no solo beneficios, sino superbeneficios.

En épocas de prosperidad en la metrópoli, donde la demanda de mano de obra, sobre todo de obreros muy cualificados, es grande, los capitalistas de la metrópoli pueden compartir una parte de los superbeneficios obtenidos en las colonias con la aristocracia obrera de su país, poniéndola por encima de las grandes masas mal pagadas, dividiendo y desorganizando el movimiento obrero de la metrópoli y convirtiendo a una parte de la clase obrera en servidores dóciles de la máquina imperialista. A esto se deben en cierta medida las tendencias reformistas de la aristocracia obrera de Europa y de América. Y no es casualidad, desde luego, que el reformismo haya hecho presa en la capa superior de la clase obrera de los países en cuya vida económica desempeñan un papel importante los superbeneficios procedentes de las colonias (América, antes Alemania, Holanda, etc.).

Aún mayor fue la desmoralización del obrero blanco (así como del japonés en Corea) en las colonias: la diferencia de salarios y de todo el nivel de vida, por un lado, y la frecuente actuación de los obreros blancos como rompehuelgas durante las huelgas de los obreros indígenas, así como su inclinación general hacia los capitalistas, por otro, y la rivalidad entre los obreros blancos e indígenas, estorbaron el desarrollo de la solidaridad de clase.

  1. La guerra ha provocado cambios considerables en la situación económica y política de las colonias y semicolonias. La brusca caída de las importaciones durante la guerra, la gran dependencia respecto a las colonias en el sentido financiero y militar (Inglaterra, Francia) y la aguda rivalidad entre los Estados imperialistas dieron al capital indígena la oportunidad de librarse de la tutela imperialista de la metrópoli, y tuvieron como resultado la rápida industrialización de las colonias y semicolonias (la India, China, Egipto) y el nacimiento de un numeroso proletariado industrial indígena, empleado en empresas de tipo europeo y americano y concentrado en grandes masas en los grandes centros industriales. Este proletariado recién nacido dio de inmediato una gran amplitud al movimiento que surgió al final de la guerra y que ha sacudido todo el Oriente.

  2. El joven movimiento obrero de las colonias tiene sus peculiaridades:

(a) El número de obreros organizados, aunque grande en cifras absolutas, es pequeño en proporción al conjunto del proletariado, y no abarca más que a una minoría insignificante.

(b) Además de las organizaciones sindicales que se han formado recientemente, han surgido varias organizaciones de carácter temporal, que aparecen de repente durante una huelga y desaparecen poco después.

(c) Las organizaciones sindicales están a menudo impregnadas del espíritu artesano, del corporativismo, del provincialismo, del patriotismo local (China), y cuando no hay huelgas tienen muy poca consciencia.

(d) En las condiciones del movimiento antiimperialista y nacionalista, que se ha extendido a todos los países de Oriente, el joven movimiento obrero de las colonias y semicolonias cae fácilmente bajo la influencia de la burguesía y de sus dirigentes, que se esfuerzan por utilizar en su interés el movimiento de masas de los obreros; a la cabeza de los sindicatos se encuentran a menudo personalidades públicas burguesas, e incluso capitalistas (China, la India).

Estas peculiaridades se deben, por un lado, a que el rápido crecimiento de la industria indígena se produjo en las condiciones de un régimen patriarcal y feudal donde predominaba el capital comercial usurario, rasgo característico, pese a todas las diferencias de estructura, de todos los Estados coloniales y semicoloniales; y, por otro, al yugo del imperialismo, que dio al movimiento nacional burgués una fácil oportunidad de utilizar las peculiaridades, tradiciones y prejuicios raciales, de casta y nacionales del proletariado inconsciente, sumergido en el campesinado. La burguesía engañó todo el tiempo a las masas con la consigna de «la lucha por la independencia», traicionando a los obreros todo el tiempo y desviando el movimiento de clase de los trabajadores hacia el cauce del movimiento de emancipación nacionalista y democrático contra la dominación de los invasores.

  1. Los problemas del movimiento sindical en las colonias y semicolonias son en sus rasgos principales los mismos en todas partes, a saber:

(a) Crear sindicatos de industria basados en el principio de la lucha de clases, que actúen con total independencia de la burguesía y se propongan defender los intereses de clase del proletariado, para lo cual será necesario librar en la mayoría de los países (sin excluir Turquía) una lucha constante por la legalización de los sindicatos, por el derecho de organización, etc.

(b) Librar una lucha sistemática y tenaz por la equiparación de las condiciones de trabajo de los obreros indígenas, en salarios, horas de trabajo y condiciones generales, con las de los obreros blancos emigrados de la metrópoli.

(c) Librar al mismo tiempo la lucha contra la enemistad racial y nacional entre los obreros blancos y los indígenas, que es muy ventajosa para los capitalistas y es la principal responsable del lento desarrollo del movimiento obrero en las colonias y semicolonias. El capital indígena de formación más reciente está especialmente interesado en mantener y ahondar esta hostilidad, que utiliza en dos direcciones: (1) para dividir el propio movimiento obrero, y (2) para arrastrar a las grandes masas a la lucha por una libertad nacional ventajosa para los intereses de la burguesía indígena.

(d) Sin dejar de vigilar sus intereses de clase, el proletariado de las colonias y semicolonias debe participar al mismo tiempo directamente en todo el movimiento antiimperialista, que en las colonias y semicolonias adquiere inevitablemente un carácter de emancipación nacional; sin derrocar la dominación de los imperialistas, ansiosos de sacar superbeneficios de las colonias, la clase obrera de estos países no puede lograr una mejora real de sus condiciones de trabajo.

Pero, al participar en la lucha general de emancipación nacional, los obreros deben ocupar una posición destacada e independiente en el frente antimilitarista,27 denunciando la hipocresía y las medias tintas de la burguesía y de la pequeña burguesía y de sus partidos (el Kuomintang en China,28 el gandhismo en la India,29 el kemalismo en Turquía30), así como las insuficiencias de su programa agrario. El proletariado de las colonias debe esforzarse por tomar la dirección del campesinado y de la revolución agraria, sin la cual la liberación de las colonias y semicolonias es impensable.

(e) La tarea especial del movimiento sindical de las colonias y semicolonias es la organización de la enorme masa de los obreros agrícolas, que en algunos países de Oriente (Corea, Persia, Turquía) forman una parte muy considerable de la población, y también de los numerosos artesanos que empiezan a abandonar el sistema artesanal patriarcal y se ven arrastrados a la lucha del proletariado.

  1. Estos problemas tienen la máxima importancia, no solo para las colonias, sino para el movimiento obrero del mundo entero, y la ISR debe acudir en ayuda del joven movimiento sindical de las colonias y semicolonias de la manera siguiente:

(a) Las federaciones nacionales revolucionarias y las minorías de los países que poseen colonias (Inglaterra, Francia, América, Holanda, Italia, Bélgica, Japón, etc.) afiliadas a la ISR deben organizar órganos especiales para mantener la relación con el movimiento sindical de esas colonias. Japón, que está muy cerca de sus colonias y semicolonias (Corea, China, etc.), debe desempeñar un papel especialmente importante en este trabajo. El grado de desarrollo del movimiento obrero en estos países resolverá todo el problema del Pacífico.

(b) Para elaborar un programa de acción concreto para cada país y cada colonia, de acuerdo con la situación real, el II Congreso de la ISR decide convocar, en lo posible al mismo tiempo que el próximo Congreso de la ISR, una gran conferencia de las organizaciones sindicales revolucionarias de las colonias y semicolonias del mundo entero. Los preparativos de esta conferencia deben empezar de inmediato.

(c) Para establecer, antes de la convocatoria de esta conferencia, las mejores relaciones entre el movimiento sindical revolucionario de Occidente y de Oriente, por una parte, y entre los países de Oriente entre sí, por otra, hay que establecer oficinas portuarias en los puertos más importantes. La elección de cada puerto y la definición de las actividades inmediatas de cada oficina portuaria deben dejarse a la conferencia especial de los trabajadores del transporte en la que ha de participar la ISR.

Estatutos de la Internacional Sindical Roja

Introducción

La lucha de clases ha alcanzado hoy tal grado de desarrollo y de agudeza que la clase obrera, para llevar adelante con éxito y culminar su lucha por la emancipación, tiene que combatir como una sólida fuerza de clase revolucionaria, no solo a escala nacional, sino también a escala internacional, contra la burguesía, que, pese a la dura competencia en el mercado mundial, está estrechamente unida en su odio a la revolución proletaria y sólidamente soldada contra el menor intento del proletariado de liberarse de la explotación. Puesto que la explotación es internacional, la lucha contra ella debe tener un carácter internacional. Todas las internacionales sindicales que han existido hasta el momento presente no fueron, en el mejor de los casos, más que oficinas estadísticas internacionales de información mutua. El Secretariado Sindical Internacional de antes de la guerra31 no era más que una agencia de información; no perseguía ningún objetivo de clase combativo. La Internacional Sindical de Ámsterdam es todavía menos apta que su predecesor para afrontar las cuestiones planteadas. El primero no era más que una oficina de información; la segunda se dedica a la política de la peor especie, a una política antiproletaria y burguesa. Propugna la idea de la colaboración de clases, de la paz social y del paso pacífico del capitalismo al socialismo. En esencia es una internacional de oposición a la lucha por la emancipación de la clase obrera. A esta internacional de la impotencia, de la confusión y del servilismo ante la burguesía, que es la Internacional de Ámsterdam, debemos oponer una internacional de vigor revolucionario, de actividad de clase, una internacional que, junto con la Internacional Comunista, organice a la clase obrera para el derrocamiento del capitalismo, la destrucción del Estado burgués y la instauración de la dictadura del proletariado, una internacional que se apodere de todos los medios de producción e instaure la sociedad comunista.

Una internacional sindical combativa de este tipo solo pueden construirla sindicatos revolucionarios de clase, conscientes del objetivo y de los métodos de la lucha defensiva y ofensiva contra el enemigo de clase. El problema que la historia ha planteado a los sindicatos revolucionarios exige la máxima concentración de fuerzas, una intensidad sin precedentes y el mayor sacrificio de los elementos conscientes de vanguardia de la clase obrera.

I. Nombre

El Congreso Internacional de los sindicatos de oficio y de industria revolucionarios, con consciencia de clase, que reúne a las organizaciones sindicales revolucionarias de todos los países, decide crear una organización internacional permanente con el nombre de INTERNACIONAL SINDICAL ROJA.

II. Objetivos y fines

La Internacional Sindical Roja tiene como objetivos:

  1. Organizar a la gran masa obrera del mundo entero para el derrocamiento del capitalismo, la emancipación de los trabajadores de la opresión y de la explotación y la instauración de la sociedad socialista.

  2. Llevar a cabo una amplia agitación y propaganda de los principios de la lucha de clases revolucionaria, de la revolución social, de la dictadura del proletariado y de la acción revolucionaria de masas con el fin de derrocar el sistema capitalista y el Estado burgués.

  3. Combatir la úlcera corruptora que roe las entrañas del movimiento sindical mundial, la de transigir con la burguesía, y combatir las ideas de la colaboración de clases y de la paz social y las absurdas esperanzas en un paso pacífico del capitalismo al socialismo.

  4. Unir a los elementos revolucionarios de clase del movimiento sindical mundial y librar una batalla decisiva contra la Oficina Internacional del Trabajo adscrita a la Sociedad de Naciones32 y contra la Federación Sindical Internacional de Ámsterdam, que por su programa y su táctica no son más que el baluarte de la burguesía mundial.

  5. Coordinar y regular la lucha de la clase obrera en todos los países y organizar manifestaciones internacionales cada vez que la situación lo exija.

  6. Tomar la iniciativa de campañas internacionales con motivo de los acontecimientos destacados de la lucha de clases, abrir suscripciones en favor de los huelguistas en los grandes conflictos sociales, etc.

III. Afiliación

Toda organización económica revolucionaria de clase puede afiliarse a la Internacional Sindical Roja si acepta las condiciones siguientes:

  1. Aprobación de los principios de la lucha de clases revolucionaria.

  2. Aplicación de esos principios en su lucha cotidiana contra el capitalismo y el Estado burgués.

  3. Reconocimiento de la necesidad del derrocamiento del capitalismo mediante la revolución social y de la instauración de la dictadura del proletariado durante el periodo de transición.

  4. Reconocimiento de la disciplina proletaria internacional y sumisión a ella.

  5. Reconocimiento y aplicación de las decisiones del Congreso Constituyente de la Internacional Sindical Roja.

  6. Ruptura con la Internacional Amarilla de Ámsterdam.

  7. Todas las organizaciones miembros de la ISR deben realizar, según las condiciones existentes, la unidad de acción con todas las organizaciones revolucionarias y con los partidos comunistas en todas las acciones defensivas y ofensivas contra la burguesía.

IV. Congresos internacionales

El Congreso Internacional de los sindicatos de oficio y de industria revolucionarios de clase es el órgano supremo de la Internacional Sindical Roja. Los congresos se celebran con la mayor frecuencia posible y al menos una vez al año. Establecen los principios generales, el programa, la táctica y los estatutos; eligen el órgano dirigente y deciden todas las cuestiones relativas a la orientación de la Internacional Sindical Roja. Los congresos extraordinarios se convocan por decisión del Buró Ejecutivo o a petición de organizaciones que representen como mínimo un tercio de los miembros de la Internacional Sindical Roja.

Todos los sindicatos de oficio y de industria que acepten el programa y sigan las directrices de la Internacional Sindical Roja tienen derecho a enviar delegados a los congresos.

La representación se distribuye del modo siguiente:

Toda organización nacional de sindicatos de oficio o de industria que tenga menos de 10.000 miembros recibe 1 voto consultivo en el Congreso; la que tenga de 5.000 a 20.000 recibe 1 voto deliberativo; de 20.000 a 50.000, 2 votos deliberativos; de 50.000 a 150.000, 4 votos deliberativos; de 150.000 a 300.000, 6 votos deliberativos; de 300.000 a 500.000, 8 votos deliberativos; de 500.000 a 700.000, 10 votos deliberativos; de 700.000 a 1.000.000, 12 votos deliberativos; la que tenga más de 1.000.000 recibe 1 voto deliberativo adicional por cada 500.000 miembros más; las organizaciones internacionales revolucionarias de clase por oficios o por industrias tienen derecho a 2 votos deliberativos cada una.

Las minorías organizadas de los países tienen la misma representación, pero todas las organizaciones de un país dado afiliadas a la Internacional Sindical Roja forman una sola delegación, dentro de la cual los votos se reparten proporcionalmente al número de afiliados de cada organización. Las minorías y fracciones organizadas solo tienen representación en el congreso en los casos en que la organización sindical general de ese país no esté afiliada a la Internacional Sindical.

V. Órganos de la Internacional Sindical Roja

La Internacional Sindical Roja tiene dos órganos: el Consejo Central y el Buró Ejecutivo.

El Consejo Central. El Consejo Central se compone del modo siguiente: las federaciones nacionales que tengan de 5.000 a 50.000 miembros envían un representante con voto deliberativo; de 50.000 a 300.000, dos delegados con voto deliberativo; de 300.000 a 700.000, tres delegados con voto deliberativo; de 700.000 a 2.000.000, cuatro delegados con voto deliberativo; las que tengan más de 2.000.000 envían seis delegados con voto deliberativo. Las organizaciones internacionales por oficios o por industrias tienen un representante con voto consultivo.

El Consejo Central dirige todo el trabajo de la Internacional Sindical Roja de un congreso a otro; toma todas las decisiones que exijan las circunstancias; representa a la Internacional Sindical Roja ante el mundo entero; actúa en su nombre; reúne en sus manos todos los materiales y documentos relativos al movimiento obrero internacional; administra todos los fondos, incluido el Fondo Internacional de Solidaridad Combativa; publica periódicos y revistas en diversas lenguas; en suma, es el órgano investido del poder de dirigir el trabajo entre los congresos mundiales.

El Consejo Central se reúne al menos dos veces al año y se ocupa sobre todo de aclarar las cuestiones de principio, dejando todo el trabajo corriente al Buró Ejecutivo.

El Buró Ejecutivo es elegido por el Congreso y se compone de quince miembros, que representan a los países siguientes: Rusia, tres miembros; Alemania, un miembro; Francia, uno; Inglaterra, uno; América, uno; países escandinavos, uno; Estados balcánicos, uno; Checoslovaquia, uno; países de lengua española, uno; Polonia, uno; Australia, uno; países de Oriente, uno.

Los miembros elegidos del Buró Ejecutivo solo pueden ser revocados o sustituidos por sus suplentes con el acuerdo del Buró Ejecutivo.

El Buró Ejecutivo dirige todos los asuntos corrientes de la Internacional Sindical Roja. Regula el trabajo de los departamentos y secciones; publica el órgano oficial de la Internacional Sindical Roja; representa a la Internacional Sindical Roja y al Consejo Central dondequiera y cuandoquiera que sea necesario, y prepara todas las cuestiones para las sesiones del Consejo Central. El Buró Ejecutivo se reúne al menos una vez por semana.

VI. Unidad de acción y unidad de organización

Las minorías de los sindicatos generales y de las centrales nacionales afiliadas a la Internacional Sindical Roja y las distintas organizaciones afiliadas a ella deben coordinar todas sus acciones. Si en un país dado la federación general de todos los sindicatos se afilia a la Internacional Roja, ninguna otra organización separada puede afiliarse a ella. Las organizaciones revolucionarias que suscriben la posición de la Internacional Roja deben ingresar en la organización sindical general de su país.

VII. Fondos

  1. Los partidarios de la Internacional Sindical Roja que representan a una minoría en los sindicatos no afiliados a la ISR pagan cotizaciones mensuales en forma de sellos de propaganda.

  2. La dirección de la oposición de cada país recauda estas cuotas.

  3. El cinco por ciento de la suma total de estas cuotas se envía al Buró Ejecutivo de la Internacional Sindical Roja.

  4. Las federaciones y organizaciones nacionales afiliadas a la Internacional Sindical Roja pagan el uno por ciento de todos los ingresos por cuotas de las cajas locales.

VIII. Fondo Internacional de Solidaridad Combativa

El Fondo Internacional de Solidaridad Combativa se forma con un uno por ciento especial de los ingresos generales de las cajas de las organizaciones afiliadas a la Internacional Sindical Roja.

Este fondo se incrementa también con colectas voluntarias.

IX. Relaciones con las organizaciones internacionales de oficio y de industria

La Internacional Sindical Roja admite como miembros no solo a las organizaciones sindicales generales por países, sino también a las organizaciones internacionales por oficios y por industrias y a los Comités Internacionales de Propaganda. Las organizaciones internacionales de oficio y de industria establecen su relación con la Internacional Sindical Roja a través de sus representantes especiales en los congresos internacionales y en el Consejo Central de la Internacional Sindical Roja.

Las organizaciones internacionales de oficio y de industria trabajan en estrecha colaboración y bajo el control y la dirección inmediatos del Buró Ejecutivo de la Internacional Sindical Roja. Las conferencias y los congresos organizados por los Comités Internacionales de Propaganda se celebran previo acuerdo con el Buró Ejecutivo de la Internacional Sindical Roja.

X. Relaciones con la Internacional Comunista

Para coordinar la lucha de todas las organizaciones revolucionarias, el Buró Ejecutivo puede, si las circunstancias lo requieren:

  1. Concluir acuerdos con el Comité Ejecutivo de la III Internacional Comunista.

  2. Organizar sesiones conjuntas con el Buró Ejecutivo de la III Internacional (Comunista) para discutir las cuestiones más importantes del movimiento obrero y para organizar acciones concertadas.

  3. Publicar llamamientos conjuntamente con la Internacional Comunista.

XI. Expulsión y afiliación

Las organizaciones afiliadas a la Internacional Sindical Roja que con su actuación hayan violado las decisiones de los congresos o no acaten las decisiones del Consejo Central pueden ser expulsadas por decisión del Consejo Central, a condición de que la propuesta de expulsión se apruebe por una mayoría no inferior a dos tercios.

Si la violación la cometen los órganos centrales de una organización dada, el Consejo Central de la Internacional Sindical Roja debe invitar a los miembros de esa organización a examinar, en una conferencia o congreso especial, el litigio entre su órgano dirigente y la Internacional Sindical Roja. El Consejo Central solo aborda la cuestión de la expulsión después de que la conferencia o congreso de esa organización haya tomado una decisión sobre el litigio. La organización expulsada tiene derecho a recurrir la decisión del Consejo Central ante el siguiente congreso internacional, que puede confirmar o anular la expulsión.

XII. Estructura interna

La Internacional Sindical Roja está destinada a dirigir la lucha del proletariado y a informar a sus miembros de la situación en los distintos países, para lo cual debe adaptar su aparato al trabajo que ha de realizar. Con este fin, el Consejo Central desarrolla su aparato creando las secciones y departamentos que sean necesarios.

Para la marcha normal de los asuntos y el estrecho contacto de la Internacional Sindical Roja con las organizaciones sindicales de los distintos países, la Internacional Roja debe establecer informes regulares de todas las organizaciones afiliadas a ella y viajes periódicos de los miembros del Consejo Central a los países más importantes, sobre todo en relación con los grandes conflictos económicos que se avecinan.

XIII. Revista, boletín e información

La Internacional Sindical Roja publica su órgano oficial en cuatro lenguas (francés, alemán, inglés y ruso) y un boletín en las mismas lenguas.33 Además de estos dos órganos de información sistemática y de dirección ideológica, el Consejo Central de la Internacional Roja prestará atención al sistema de circulares y de viajes de visita a las organizaciones.

Todas las organizaciones afiliadas a la Internacional Sindical Roja están obligadas a difundir a su costa entre sus miembros un número correspondiente de ejemplares del órgano central de la Internacional Sindical Roja.

XIV. Comisión de control de cuentas

El Congreso de la Internacional Sindical Roja elige una Comisión de Control de Cuentas de cinco personas, que vigila la correcta entrada y salida de los fondos y presenta informes periódicos a los congresos.

XV. Sede de la Internacional Sindical Roja

La sede permanente de la Internacional Sindical Roja la decide el congreso. La fecha y el lugar del congreso los fija el Consejo Central.

A los obreros revolucionarios de todos los países

Cuando el I Congreso Internacional de los sindicatos rojos empezó su trabajo, el terror blanco y la ofensiva del capital hacían estragos en muchos países. De todos los rincones del mundo, de América, del Canadá y de Oriente, llegaban los gemidos de la clase obrera oprimida y torturada. Han pasado dieciséis meses desde entonces, y todavía oímos esos ecos espantosos. En Yugoslavia, Rumanía, España, Holanda y América las cárceles están abarrotadas de combatientes de la clase obrera. Los monstruosos procesos de la burguesía contra los mejores defensores de los obreros los arrojan a manos de verdugos a sueldo; centenares de nuestros camaradas caen bajo los golpes despiadados de los esbirros de la burguesía. El sufrimiento de la clase obrera ha alcanzado su punto más alto en Italia. Las organizaciones obreras son destruidas e incendiadas; la vida de los obreros que están en la vanguardia del movimiento se halla en manos de las salvajes bandas fascistas, que han logrado hacerse con el poder.

El II Congreso Internacional de la Internacional Sindical Roja, antes de empezar su trabajo, honra la memoria de los muertos que cayeron por la causa de la emancipación de la clase obrera. Envía su saludo fraternal a todos los camaradas que languidecen en las mazmorras del capitalismo. Se solidariza plenamente con ellos y se compromete a devolverlos al campo de batalla de la clase obrera.

El Congreso proclama la voluntad inquebrantable de la clase obrera de proseguir hasta el final la lucha por su emancipación y por el derrocamiento del poder de la burguesía. El terror blanco que reina en varios países no prueba la vitalidad del sistema capitalista; al contrario, pone de relieve con especial fuerza su impotencia. El capitalismo presiente su muerte cercana e intenta levantar con la represión barreras que contengan la emancipación definitiva de la clase obrera. Pero el proletariado rompe todas las barreras en su camino hacia la instauración del sistema comunista. Ni las cárceles, ni las deportaciones, ni la muerte pueden detenerlo. Plenamente confiado en la emancipación y en el futuro del proletariado, el II Congreso Internacional de la Internacional Sindical Roja llama a los obreros revolucionarios a agruparse bajo sus banderas para organizar el asalto final contra los últimos baluartes del capitalismo.

¡Viva la Internacional Sindical Roja!

¡Viva la revolución mundial!

Protesta contra la brutalidad turca

El II Congreso Internacional de la Internacional Sindical Roja, tras oír el informe de los dos revolucionarios turcos que se evadieron de la cárcel en Turquía, protesta con la mayor energía contra las desvergonzadas y terribles persecuciones a que se somete a los obreros revolucionarios de Turquía. La lucha del pueblo turco contra el imperialismo despertó la simpatía de millones de trabajadores del mundo entero. La persecución insensata y criminal de la parte más activa y revolucionaria del pueblo turco no puede sino provocar una profunda indignación en el corazón de todos los obreros revolucionarios, que son verdaderos amigos de los pueblos pisoteados y oprimidos. El Gobierno turco, que quiere privar a la clase obrera de ese país de sus elementos mejores y más revolucionarios encarcelándolos y torturándolos, sigue los pasos de Abdul Hamid34 y correrá la suerte de sus predecesores.

¡Abajo la persecución y la barbarie!

¡Viva el proletariado revolucionario de Turquía!

¡Viva la lucha revolucionaria de los trabajadores contra el imperialismo mundial!

Al II Congreso Sindical de Estonia

Camaradas:

El II Congreso Internacional de la ISR envía su saludo de todo corazón a su miembro, la Federación de Sindicatos de Estonia, y le desea todo el éxito en su duro trabajo.

Atacados por la reaccionaria burguesía advenediza y por los barones grises, trabajando en condiciones difíciles, empujados casi a la clandestinidad, habéis alzado la bandera de la ISR y la defendéis con gran determinación. Os cuesta grandes esfuerzos y muchos sacrificios. Vuestro camino espinoso está sembrado de procesos y del fusilamiento de vuestros mejores camaradas. Pero debéis saber que detrás de vosotros está la solidaridad de los obreros revolucionarios del mundo entero, que siguen con satisfacción vuestro trabajo heroico por la causa de la emancipación de la clase obrera del yugo del capitalismo.

¡Viva el destacamento estonio de la Internacional Sindical Roja!

Telegrama a los mineros de Bohemia en huelga

El II Congreso de la Internacional Sindical Roja expresa su simpatía a los mineros en huelga del norte de Bohemia y les desea éxito en su lucha.

Telegrama al Consejo Nacional de Administración de la organización británica de obreros parados (NUWCM)

Camaradas:

Los representantes de la Internacional Sindical Roja reunidos en el II Congreso Mundial envían a vuestros miembros su saludo fraternal.

Hemos tomado nota de la eficacia de vuestras protestas contra la despiadada ofensiva del capitalismo británico. Nos complace que la organización haya hecho de la cuestión del paro una cuestión verdaderamente viva, y felicitamos a vuestros miembros por los éxitos de la manifestación de ámbito nacional.35

Los dirigentes amarillos de Ámsterdam comprenderán sin duda la determinación de los obreros de no dejarse engañar más con promesas especiosas. Os rogamos que transmitáis a todos los que tomaron parte en la marcha de resistencia nuestra satisfacción por el éxito de su hazaña de determinación.

¡EN NOMBRE DE LA INTERNACIONAL SINDICAL ROJA!

A todos los anarcosindicalistas

El II Congreso de la ISR, tras aprobar la moción de la Confederación Unitaria de Francia36 sobre las relaciones entre la Komintern y la ISR, llama a los obreros de las organizaciones radicales a seguir el ejemplo de la Confederación Unitaria del Trabajo y afiliarse de inmediato al único centro revolucionario del movimiento sindical mundial: la ISR.

El II Congreso propone a la Conferencia de los Sindicalistas, que ha de celebrarse en Berlín el 26 de diciembre, que renuncie a todo intento de escindir el movimiento sindical revolucionario y que ingrese en la ISR.

El Congreso está plenamente convencido de que todos los obreros sinceramente revolucionarios, sea cual sea su credo político, que deseen de verdad el derrocamiento de la burguesía y la instauración del poder del trabajo, ingresarán en la ISR y lucharán junto con sus dirigentes si estos están a favor, o contra ellos si estorban la creación del movimiento sindical revolucionario internacional unido.

EL II CONGRESO DE LA INTERNACIONAL SINDICAL ROJA.

Al III Congreso de los Sindicatos de la India, Lahore

El II Congreso de la Internacional Sindical, que reúne al movimiento sindical revolucionario del mundo entero, congregado en Moscú, envía su saludo fraternal y desea éxito al III Congreso de los Sindicatos de la India, reunido en Lahore.37 Los proletarios de todos los países ponen en guardia a sus hermanos indios contra los intentos de la burguesía de apoderarse de los sindicatos de vuestro país. Combatid a los explotadores extranjeros, pero no olvidéis ni un momento a vuestros propios explotadores nacionales, que intentan nublar vuestra consciencia de clase con consignas nacionalistas. Una lucha de clases consecuente es el mejor medio de liberar al trabajo de la dominación de los capitalistas extranjeros e indígenas.

Protesta contra la persecución de los sindicatos húngaros

Los obreros del mundo entero admiran la heroica lucha de los obreros húngaros contra sus opresores. El proletariado húngaro ha recibido golpes muy duros de su burguesía desde el derrocamiento del poder soviético en Hungría. Duros fueron también los golpes que los obreros húngaros han recibido con la pérdida de sus mejores combatientes.

Durante todo el periodo de la contrarrevolución húngara, los obreros organizados en los sindicatos han opuesto una tenaz resistencia. No solo han conservado sus viejos sindicatos, sino que incluso los han desarrollado, pese a todas las persecuciones. Los obreros húngaros luchan con valentía contra la ofensiva del capital y la resisten espléndidamente. Los sindicatos de Hungría son hoy el único teatro de guerra donde se concentran las fuerzas revolucionarias y se preparan para la lucha. El movimiento sindical húngaro crece con rapidez, mientras el Gobierno de Horthy38 organiza una campaña contra él. El Gobierno prohíbe los sindicatos, no se permite organizar secciones locales, se cierran las secciones locales existentes. Se ha prohibido el Congreso de los Sindicatos de Obreros Agrícolas; el Gobierno de Horthy ha anunciado hace poco su intención de aprobar una ley dirigida contra los sindicatos. Se espera también una ley en favor de los esquiroles, así como leyes que harán de los sindicatos presa de la policía y de otros órganos del Gobierno. Con el pretexto de la extensión de las actividades políticas, el Gobierno quiere arrogarse la facultad de disolver los sindicatos y confiscar sus bienes.

El II Congreso de la Internacional de los Sindicatos Rojos protesta contra estos crímenes del Gobierno de Horthy. Los representantes de los obreros revolucionarios del mundo entero reunidos en congreso esperan que el proletariado húngaro tenga fuerza suficiente para resistir el asalto del Gobierno de Horthy contra los sindicatos. El Congreso asegura al proletariado húngaro la solidaridad de los proletarios revolucionarios del mundo entero.

¡Viva el proletariado húngaro en lucha!

Al Congreso de los Comités de Fábrica, Neuewald, Berlín-Neukoln

Telegrama conjunto del IV Congreso de la Internacional Comunista y del II Congreso de la ISR (22 de noviembre de 1922). Está publicado, traducido de la edición alemana, en la página del IV Congreso de la Internacional Comunista.

Telegrama a la Federación Sindical Española

Enterado de las actividades divisionistas y de las provocaciones de los reformistas, así como de los tristes sucesos que siguieron, el Congreso de la Internacional Sindical Roja expresa su plena simpatía y solidaridad con la minoría revolucionaria de la Confederación General del Trabajo.39

  1. La Federación Sindical Internacional (FSI), reconstituida en Ámsterdam en 1919 y vinculada a la II Internacional; de ahí «los de Ámsterdam». ↩

  2. Alude a la conferencia sindicalista convocada en Berlín para finales de diciembre de 1922, de la que salió la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), anarcosindicalista. ↩

  3. Comités creados por el I Congreso de la ISR (julio de 1921) para agrupar por ramas de industria a los sindicatos revolucionarios de los distintos países, frente a los secretariados profesionales internacionales vinculados a Ámsterdam. ↩

  4. En Alemania, la Ley de comités de empresa (Betriebsrätegesetz) de febrero de 1920; leyes análogas se aprobaron en Austria (1919) y en Checoslovaquia (1921). ↩

  5. Union der Hand- und Kopfarbeiter Deutschlands, sindicato revolucionario formado en 1921, con fuerte implantación entre los mineros del Ruhr, adherido a la ISR. ↩

  6. Confédération générale du travail unitaire, formada en 1921-1922 por la minoría revolucionaria excluida de la CGT; en el impreso inglés, «G.C.T.U.». ↩

  7. El impreso dice aquí también «G.C.T.U.» (CGTU); por el sentido, se trata de la CGT reformista. ↩

  8. De este trabajo salió el Movimiento de la Minoría Nacional (National Minority Movement), fundado en agosto de 1924. ↩

  9. Unione Sindacale Italiana, central sindicalista revolucionaria fundada en 1912. ↩

  10. Alleanza del Lavoro, frente de las organizaciones sindicales italianas formado en febrero de 1922 contra la ofensiva fascista; convocó la huelga general de agosto de 1922. ↩

  11. La central sindical roja checoslovaca, formada en 1922 tras la exclusión de los sindicatos comunistas de la central reformista. ↩

  12. Trade Union Educational League, fundada en 1920 por William Z. Foster para trabajar dentro de los sindicatos de la AFL. ↩

  13. American Federation of Labor, la gran central de sindicatos de oficio de los Estados Unidos, presidida por Samuel Gompers. ↩

  14. Industrial Workers of the World, sindicato revolucionario de industria fundado en Chicago en 1905. ↩

  15. Los Sindicatos Libres, fundados en Barcelona en 1919, amparados por la patronal y las autoridades y vinculados al pistolerismo contra la CNT. ↩

  16. Así en el impreso: la frase queda incompleta y no dice qué instrucciones da el Congreso. ↩

  17. Organisation Escherich, organización paramilitar contrarrevolucionaria fundada en Baviera en 1920 por Georg Escherich. ↩

  18. El 15 de abril de 1921 los dirigentes de los ferroviarios y de los trabajadores del transporte de la Triple Alianza retiraron su apoyo a la huelga de los mineros británicos. ↩

  19. La huelga de los ferroviarios alemanes de febrero de 1922, desautorizada por la ADGB, la confederación sindical reformista. ↩

  20. Technische Nothilfe, organización rompehuelgas creada en 1919. ↩

  21. La Union civique, formada en Francia en 1920 para mantener los servicios públicos durante las huelgas. ↩

  22. El I Congreso de la ISR (1921) acordó la representación recíproca entre los órganos ejecutivos de la IC y de la ISR; este acuerdo del II Congreso la suprimió a petición de la CGTU. ↩

  23. La guerra de 1919-1922, que terminó con la derrota griega en Asia Menor en septiembre de 1922. ↩

  24. La conferencia para la paz con Turquía, abierta en Lausana el 20 de noviembre de 1922; la Rusia soviética solo fue admitida para la cuestión de los Estrechos. ↩

  25. Building Guilds: cooperativas de producción de los sindicatos británicos de la construcción (1920-1922), inspiradas en el socialismo gremial. ↩

  26. Alude a las tropas coloniales francesas en la Renania ocupada. ↩

  27. Así en el impreso («anti-militarist»); por el contexto se esperaría «antiimperialista». ↩

  28. «No-Min-Dun» en el impreso: el Kuomintang, el partido nacionalista de Sun Yat-sen. ↩

  29. El movimiento de no cooperación dirigido por Gandhi (1920-1922). ↩

  30. El movimiento nacionalista de Mustafá Kemal. ↩

  31. El Secretariado Sindical Internacional, fundado en 1901 y llamado Federación Sindical Internacional desde 1913, dirigido por Carl Legien. ↩

  32. La Oficina Internacional del Trabajo (OIT), creada en 1919 por el Tratado de Versalles. ↩

  33. El órgano oficial era la revista La Internacional Sindical Roja, que se publicó en varias lenguas desde 1921. ↩

  34. Abdülhamid II, sultán otomano de 1876 a 1909, conocido por la dureza de su régimen. ↩

  35. El National Unemployed Workers' Committee Movement, fundado en 1921 y dirigido por Wal Hannington, organizó en el otoño de 1922 la primera marcha del hambre sobre Londres. ↩

  36. La CGTU. ↩

  37. El All-India Trade Union Congress, fundado en 1920, celebró su tercer congreso en Lahore en marzo de 1923. ↩

  38. Miklós Horthy, regente de Hungría desde 1920, tras el aplastamiento de la República de los Consejos de 1919. ↩

  39. Así en el impreso. Probablemente se trata de la Unión General de Trabajadores (UGT), que por entonces excluía de sus filas a la minoría comunista. ↩