Escritos por Friedrich Engels en Bremen, donde trabajaba desde el verano de 1838 como aprendiz en una casa de comercio. «Los beduinos», de la primera quincena de septiembre de 1838, salió en el Bremisches Conversationsblatt del 16 de septiembre de 1838 (núm. 40, p. 257); «A los enemigos», de febrero de 1839, en el Stadtbote de Bremen del 24 de febrero de 1839 (núm. 4), y se reimprimió en el Bremisches Unterhaltungsblatt del 27 de febrero (núm. 17); «Al Stadtbote», de abril de 1839, con la firma «Theodor Hildebrand», en el Bremisches Unterhaltungsblatt del 27 de abril de 1839 (núm. 34, p. 280). En esos años Engels no publicaba con su nombre: firmaba con seudónimos, sobre todo «Friedrich Oswald» o «F. O.». Traducidos de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 7-10, por la Escuela de marxismo, 2026, en versión libre verso a verso. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Los beduinos
Suena la campana, y enseguida
sube crujiendo el telón de seda;
atento escucha cada oído
cada palabra que allí resuena.
Pero hoy no es aquel Kotzebue1
al que soléis pagar con sonoras carcajadas,
hoy no se adelanta, grave, Schiller
derramando el oro de sus palabras.
Los hijos del desierto, orgullosos y libres,
se os acercan en silencio;
el noble orgullo… ya pasó,
la libertad… ya está despachada.
Ahí saltan por dinero, —
el muchacho que en el desierto saltaba
por gozo juvenil; y todos mudos,
solo uno entona un canto de lamento.
Asombra su fuerza;
sí, igual que antes a Kotzebue
se le aplaudía cuando colocaba su baratija,
así se les aplaude ahora a ellos. —
¡Hijos del desierto, ágiles y fuertes,
antes cruzabais bajo el sol de mediodía
las tierras arenosas de Marruecos
y el dulce valle de los dátiles!
Recorríais los huertos
del país de Biled ul Dscherid;2
al botín iba el ánimo valiente,
al combate el paso de los corceles.
Os sentabais al resplandor de la luna
junto a la fuente de las palmas en la tierra seca,
y una boca hermosa y diestra
os trenzaba la guirnalda multicolor de los cuentos.
Dormíais en la estrecha tienda
en brazos del amor, entre sueños,
hasta que la luz del alba aclaraba el cielo
y resonaba el bramido de los camellos.
Ahora saltáis por dinero —
no por el impulso primigenio de la naturaleza —,
apagados los ojos, todos mudos,
solo uno entona un canto de lamento.
A los enemigos
¿No podéis dejar nunca que un esfuerzo leal y honrado,
que nunca una palabra bienintencionada
se alce a su manera
y siga obrando en silencio?
Claro, el que quiere puede tergiversar
cualquier palabra sin esfuerzo;
¡oh, vosotros sabéis ver lo malo en lo bueno,
pero lo bueno no lo hacéis malo nunca!
¿Creéis sacar vosotros provecho
si la palabra y la obra de otros
arrastráis por el suelo? ¡No! El honor huirá de vosotros
si no os lo ganáis con vuestra propia fuerza.
Si queréis subir, tenéis que obrar vosotros mismos,
crear con vuestro propio juicio;
andar detrás de otros por su senda
empequeñeciéndolos no os trae ganancia.
Decid, ¿y acaso podéis dañar al mensajero
al que con malicia tendéis lazos?
¡Dejadle ir por sus caminos
cuando lleva su mensaje a todas partes!
Verdad sigue siendo lo que trae, si trae verdad,
y se eleva por encima de la astucia y el engaño.
Al corazón le llega una vieja palabra:
«¡El esfuerzo honrado se basta a sí mismo!»3
Al Stadtbote
Stadtbote, escúchalo, pero no te enfades por ello,
de cómo te han tomado el pelo tanto tiempo;
pues apúntatelo, querido mío: se burla uno
de quien solo se muestra siempre chiflado.
Tu cielo azul de alegría se nubla cada vez más
ahora que llevas un trimestre trotando por ahí;
lo que tú, noble señor, te empeñaste en decir
has tenido que rumiarlo entero.
Mis temas los tomé siempre de ti mismo,
todos me los preparaste tú en persona;
de tus discursos hice yo poemas,
en ellos te he parodiado a ti, solo a ti;
quítales solo el esquema de la rima y la métrica
y verás ante ti tu propio retrato;
ahora maldice, si te place, ardiendo de ira salvaje,
a tu muy devoto
Theodor Hildebrand
August von Kotzebue (1761-1819), autor de comedias y dramas de enorme éxito en los teatros alemanes. Como deja ver el poema, en el teatro de Bremen actuaba entonces una compañía de acróbatas árabes. ↩
Bilad al-Yarid, «el país de las palmeras», región de oasis del sur de Túnez y del Sáhara argelino. ↩
El Bremer Stadtbote («el mensajero de la ciudad»), hoja local del comerciante Albertus Meyer, había aparecido en Bremen a comienzos de 1839. Engels le mandaba, con el nombre de Theodor Hildebrand(t), poemas que lo defendían o lo alababan en broma, y el periódico los imprimía de buena fe (véase la carta de Engels a su hermana Marie del 12 de febrero de 1839). «A los enemigos», en que el «mensajero» del verso 17 es el propio periódico, pertenece a esa serie; en «Al Stadtbote», publicado en otra hoja, Engels descubre la burla. ↩