Escrita por Friedrich Engels en Bremen hacia el 6 de mayo de 1839 y publicada sin su nombre, con la firma «El autor de las Cartas desde el Wuppertal», en la Elberfelder Zeitung del 9 de mayo de 1839 (núm. 127), con una nota de la redacción. Las Cartas desde el Wuppertal habían salido anónimas en el Telegraph für Deutschland en marzo y abril de 1839; en sus colaboraciones de estos años Engels firmaba con seudónimos, sobre todo «Friedrich Oswald» o «F. O.». El título lo ponen los editores de la MEGA. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 42-43, por la Escuela de marxismo, 2026. Las demás notas son nuestras. Texto original en alemán.

† Elberfeld, 6 de mayo.1 Al señor doctor Runkel, en Elberfeld.2 Usted me ha atacado duramente en su periódico, a mí y a mis Cartas desde el Wuppertal, y me ha reprochado deformaciones deliberadas, desconocimiento de la situación, ataques personales y hasta falsedades. Que me llame usted joven alemán3 puede serme indiferente, pues ni reconozco los reproches que usted hace a la joven literatura ni tengo el honor de pertenecer a ella. Hasta ahora no he sentido por usted, como literato y publicista, más que respeto, he expresado esta opinión también en el segundo artículo y he dejado deliberadamente sin mencionar los poemas suyos del Rheinisches Odeon,4 porque no habría podido elogiarlos. Deformación deliberada se le puede reprochar a cualquiera, y suele hacerse siempre que un relato no concuerda con las opiniones preconcebidas del lector. ¿Por qué no me ha demostrado usted ni una sola? En cuanto al desconocimiento de la situación, es el reproche que menos me esperaba, si no supiera hasta qué punto se ha convertido esta expresión en una muletilla vacía que se usa en todas partes a falta de algo mejor. He vivido en el Wuppertal quizá el doble de tiempo que usted, he residido en Elberfeld y en Barmen y he tenido la mejor ocasión de observar de cerca la vida de todas las clases. —

Señor Runkel, yo no tengo pretensiones de genialidad, como usted me reprocha, pero haría falta de verdad un ingenio extraordinariamente estúpido para no llegar a conocer la situación en tales circunstancias, sobre todo si uno se esfuerza en ello. Ataques personales: un predicador, un maestro, es tan figura pública como un escritor, y la descripción de su actuación pública, ¿no la llamará usted ataque personal? ¿Dónde he sacado a relucir asuntos privados, y menos aún asuntos que exigieran nombrar mi nombre, dónde me he burlado de tales cosas? Y en cuanto a las falsedades que se me atribuyen, me veo obligado, por mucho que hubiera querido evitar toda esgrima de palabras y aun cualquier escándalo, a pedirle, para no comprometer ni al Telegraph ni mi honor de anónimo, que me demuestre aunque sea Una de esa «multitud de falsedades». A decir verdad, hay dos que sí están ahí. La paráfrasis de Stier no está reproducida al pie de la letra, y lo de los viajes del señor Egen no es para tanto.5 ¡Pero tenga usted ahora la bondad de completar el trébol! Dice usted además que no he mostrado ni un solo lado luminoso de la comarca. Es cierto; en lo particular he reconocido en todas partes lo que vale (solo al señor Stier no lo he presentado en toda su importancia teológica, cosa que de veras lamento), pero en lo general no he podido encontrar partes puramente luminosas; su descripción la espero igualmente de usted. Además, nunca se me ha ocurrido decir que el Wupper rojo se vuelve otra vez claro en Barmen. ¡Eso es un disparate! ¿O es que el Wupper corre cuesta arriba?6 Para terminar, le ruego que juzgue después de haber leído el conjunto y que en adelante cite a Dante al pie de la letra o no lo cite; Dante no dice: qui si entra nell’ eterno dolore, sino per me si va nello eterno dolore (Infierno, III, 2).7 —

El autor de las Cartas desde el Wuppertal.

  1. (Nota de la redacción de la Elberfelder Zeitung.) Este artículo lo encontramos ayer en nuestra casa, sin saber quién nos lo había enviado. Lo reproducimos al pie de la letra, porque nos gusta proceder con imparcialidad, pero hacemos constar por nuestra parte que nuestras afirmaciones, formuladas en términos generales, solo las defenderemos en detalle cuando aquel autor de cartas del Wuppertal haya dado su nombre, como hemos hecho nosotros. — La redacción de la Elberfelder Zeitung. ↩

  2. Martin Runkel (1807-1872), director de la Elberfelder Zeitung, a la que las Cartas desde el Wuppertal habían elogiado como uno de los primeros periódicos de Prusia; había respondido a ellas con un artículo en que acusaba al anónimo autor de deformar la realidad del valle. ↩

  3. La Joven Alemania (Junges Deutschland), grupo de escritores liberales (Gutzkow, Laube, Mundt, Wienbarg) cuyos escritos prohibió la Dieta de la Confederación Germánica en diciembre de 1835. El Telegraph für Deutschland, en que salieron las Cartas, lo dirigía Karl Gutzkow. ↩

  4. Rheinisches Odeon, antología de poesía renana contemporánea. ↩

  5. Rudolf Stier (1800-1862), predicador en Wichlinghausen, cerca de Barmen; en las Cartas Engels citaba su «mejora» cristiana de los versos de Schiller «Los dioses de Grecia». Sobre el señor Egen no tenemos datos seguros. ↩

  6. En la primera de las Cartas Engels había escrito que el Wupper, cuyas aguas teñían de rojo las tintorerías, estaba «todavía claro» en Barmen, aguas arriba de Elberfeld. ↩

  7. «Por mí se va al eterno dolor», segundo verso de la inscripción de la puerta del infierno en la Divina Comedia. La cita errónea de Runkel dice: «aquí se entra en el eterno dolor». ↩