Poema escrito por Friedrich Engels en Bremen tras la muerte de Karl Immermann (Düsseldorf, 25 de agosto de 1840) y publicado en primera página del Morgenblatt für gebildete Leser (Stuttgart), n.º 243, 10 de octubre de 1840, con la firma «Friedrich Oswald», el seudónimo que Engels usaba entonces (también «F. O.»). Traducido de la MEGA¹, sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 126-127, por la Escuela de marxismo, 2026, en verso libre, línea por línea. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Estábamos sentados en la tienda más hermosa del campamento,
cantando canciones alemanas con vino español;
ya caía la noche, y el campo se hacía más claro,
y nuestros ojos, desvelados, más cansados;
entonces cayó el primer rayo del sol de la mañana
en la tienda, sobre nuestras botellas de jerez vacías:
tenemos que estar temprano de vuelta en nuestro puesto;
¡arriba, montad ya los caballos, los veloces!

Volvimos a galope a casa. ¡Qué sentimiento dichoso
tras la noche alborotada, en la mañana fresca!
Aún suena en el oído el canto y el son de las cuerdas,
aún están lejos las fatigas y las penas del día;
la oscuridad se fue, la luz sagrada envuelve
lo mismo el río que el árbol y los campos empapados de rocío;
alegre se alza hacia el azul puro del cielo
el ojo, y sigue las huellas del sol.

Estamos en casa. Los caballos corrieron bien;
estoy en el umbral de un turbio día de trabajo;
¡venga el periódico, que beba yo nuevo ánimo
en la fuente de la vida de los pueblos! —
¡Qué me importan rusos, británicos, la eterna miseria turca!1
¿Dónde encuentro lo que ha ocurrido en Alemania?
Ah, ahí... ojos míos, ¿estáis despiertos de verdad? ¿muerto?
¿Mi Immermann, también tú quieres dejarnos?

Tú, corazón altivo, lleno de noble ira,
¿tienes que irte justo ahora al silencio eterno,
ahora que hemos reconocido la rosa, pese a la espina,
y nos inclinamos con humildad ante tu espíritu?
¿Ahora que, como Schiller, apenas habías visto a tu pueblo
colgado con gusto de tus labios de poeta,
y ahora que el amor de tu pecho orgulloso
se había alzado, magnífico, con nuevos rayos?2

Siempre fuiste en el bosque sagrado de la poesía alemana
un ermitaño; lejos del alboroto de los compañeros
has tejido en tu soledad junto al Rin
más de una obra delicada para tu pueblo.
Ya no te molestaba la charla de los hombres
en el seto florido de tu jardín;
pronto se apagó entre ellos la noticia de ti,
y en vida te volviste casi una leyenda.

Pues esa multitud que no puede comprender
lo que es capaz de conmover al poeta,
¿qué le importa el hombre serio y callado
que se queda lejos de sus caminos trillados?
Pero tú, que ahora has muerto,
querías luchar a solas contigo mismo,
vencer en tu propio pecho la amarga discordia
con la que habías crecido.

Así velaste meditando la larga noche
que tenía presa a nuestra poesía alemana,
en lucha contigo mismo,
hasta que resucitó la mañana, clara como el sol.
Y como si junto a tu casa cubierta de musgo
se apagaran ahora los truenos salvajes de Julio,3
enviaste al mundo Los epígonos,
un canto fúnebre a la generación que se fue.4

Pero tú veías la generación que viene,
en cuyo pecho arde el fuego de la juventud,
que con grito sonoro te había reclamado
tu derecho de poeta y tu corona de laurel entera.
Nos veías acercarnos a tu casa llenos de respeto,
nos veías sentados en silencio a tus pies,
cómo mirábamos tus ojos inspirados
y oíamos el rumoroso fluir de tu poesía.

¿Y ahora, cuando has vuelto al pueblo
que te había olvidado, entre gritos de júbilo y alegrías,
ricamente adornado con las coronas merecidas,
Immermann mío, ahora tienes que dejarnos?
¡Adiós! Muy pocos como tú
andan creando poesía entre nosotros en tierra alemana.
Pero yo me fui a mi trabajo del día y juré
hacerme tan fuerte y firme y alemán como tú.

Friedrich Oswald

  1. Alusión a la crisis de Oriente de 1840, el conflicto entre el sultán y Mehmet Alí de Egipto en el que intervenían Rusia y Gran Bretaña. ↩

  2. Immermann se había casado en 1839 con Marianne Niemeyer; por esos años, Münchhausen (1838-1839) le había dado por fin el favor del público. ↩

  3. La revolución de julio de 1830 en Francia. ↩

  4. Die Epigonen (1836), novela de Immermann sobre la generación nacida tras la época de Goethe y de Napoleón. ↩