Escrito por Friedrich Engels en Bremen y publicado, con el subtítulo «Poema de Friedrich Oswald», en el Deutscher Courier del 3 de enero de 1841 (núm. 1, p. 8). «Friedrich Oswald», y a veces «F. O.», era el seudónimo con que Engels firmaba entonces en la prensa. Traducido de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 17-18, por la Escuela de marxismo, 2026, en versión libre verso a verso. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Poema de Friedrich Oswald

Viajaba en coche, solo, de noche oscura,
por un país alemán que ya conocéis,
donde en torno, derribado por el poder,
más de un corazón de hombre se inflama de ardiente cólera;1

en cólera porque la libertad, conquistada
con duro esfuerzo, en vigilia sin descanso,
fue expulsada, y ahora lenguas venales
se burlan de ella, la escarnecen con insultos y risas.

Una niebla espesa cubría brezal y campos;
solo de tarde en tarde las ráfagas del viento sacudían
los álamos, que salían de su sueño
sobresaltados, para volver a dormirse deprisa.

Pero el aire estaba claro; como la espada de Damocles,
cuelga sobre la ciudad a la que voy
la afilada hoz de la luna: ¡de largo alcance
es la cólera del rey, y hiere en poco tiempo!

Y saltando en torno a las ruedas del coche
me ladran los perros; ¿están enfurecidos,
parientes de los plumíferos venales de la capital,
porque han olfateado mi espíritu libre?

¿Qué me importan? Hundido en el cojín,
vivo en sueños de futuro, libres y audaces:
no os dejéis confundir, pues sabemos
que cuando se acerca la mañana es cuando más aprieta la pesadilla.

Y sí, la mañana ha llegado,
su estrella llamea delante de ella, preparándole el camino,
las campanas de la libertad despiertan a todos los piadosos,
y ya no tocan a rebato, no: ¡tocan a paz serena!

El árbol del espíritu, con brazos de raíz, aplastó
hasta hacerlo escombros el resto del tiempo muerto,
y sobre el mundo entero esparcen sus ramas
las flores que relucen eternamente doradas.

Así me dormí; y a la mañana siguiente, al despertar,
vi la tierra dichosa, envuelta en luz,
y ante mí la ciudad de Stüve, radiante y risueña,
la ciudad de la libertad, resplandecer a la luz del alba.2

  1. El reino de Hannover. En 1837, al subir al trono, Ernesto Augusto anuló la Constitución (Staatsgrundgesetz) de 1833 y destituyó a los siete profesores de Gotinga que protestaron; el conflicto constitucional seguía abierto cuando Engels escribía. ↩

  2. Osnabrück, cuyo alcalde, Johann Carl Bertram Stüve (1798-1872), encabezaba la oposición liberal a la abolición de la Constitución hannoveriana. ↩