Escrito por Friedrich Engels en Berlín el 22 de junio de 1842. Publicado sin firma, como correspondencia de Berlín, en la Rheinische Zeitung, n.º 177, del 26 de junio de 1842. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, sección I, tomo 2 (Berlín, 1930, pp. 306-307), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

*×* Berlín, 22 de junio. La Spenersche Zeitung1 se dedicó hace poco a sí misma, puesto que hasta ahora nadie más se ha encargado de ese menester, el elogio que en su opinión merece. Una «Mirada retrospectiva» que echa sobre su actividad en el semestre transcurrido le basta para el importante descubrimiento de que es ella quien ha abierto camino al movimiento de una prensa más libre. Es divertido ver cómo, con el aire festivo de una conciencia de sí acrecentada, con la levita de los domingos bien cepillada, se presenta ante su público, ante los periódicos de fuera, y se pone en la cabeza la corona cívica de la liberalidad. La Spenersche Zeitung afirma que si no hubiera sido por ella, o más bien por el * que firma el artículo en cuestión, es decir, si no hubiera sido por ese *, hasta el día de hoy ningún periódico prusiano habría alcanzado el actual nivel de liberalidad. Pues el *, cuando apareció la circular de censura,2 probó enseguida hasta dónde se podía llegar en eso de hacer oposición: llamó suavemente a la puerta y ¡he aquí que se le abrió! Naturalmente, pues aquellos artículos suaves, encorvados, bienintencionados, humildes y mansos habrían pasado al fin y al cabo también antes. El * debería suponer en su censor al menos la capacidad de distinguir un animal doméstico de una fiera. ¡Pero Dios nos libre! Este aislamiento del filisteísmo es tan limitado que tiene por original, genial, único en su género la ocurrencia más trivial que se le pasa por la cabeza. Aparece la circular de censura; ahora todo escritor tiene que cambiar al instante su manera de escribir, dejarse hablar con más libertad. Pero nuestro hombre de la estrella se tiene por la única persona del mundo cuyo entendimiento es capaz de esta combinación, y quiere restregarles por la nariz a los demás periodistas que ahora pueden escribir con más libertad. Y no basta con eso. Se tiene por liberal. Tiene cierto sentido de la publicidad. Quizá en el rinconcito más secreto y más cerrado de su corazón dormita un leve pensamiento sobre el desarrollo de las instituciones estamentales. — — ¿Qué hará, pues? Escribe una serie de artículos que forman una escala completa de la liberalidad: hoy envía el más manso; mañana, el que es medio grano menos manso, etc. Pero se detiene en el escalón en que la mansedumbre y la llamada liberalidad se equilibran. ¡Eso es lo que nuestro hombre de la estrella llama «abrir camino»!? ¡Las demás redacciones prusianas se tomarán todavía la molestia de leer la Spenersche Zeitung para aprender de ella lo que es la liberalidad! Y es cómico que nuestro político no pueda comprender por qué no causa con sus artículos tanta sensación como ciertos periódicos con los suyos; por qué él, el abanderado de la liberalidad prusiana, el gran pionero, se ve, sin embargo, escarnecido en todos los periódicos de fuera y tiene que consolarse con que no se le comprende.

  1. Las Berlinische Nachrichten von Staats- und gelehrten Sachen, diario berlinés semioficial y moderado, llamado así por su editor, la casa Haude und Spener. ↩

  2. La instrucción de censura prusiana del 24 de diciembre de 1841, que, con un lenguaje aparentemente liberal, permitía una crítica «decorosa y bienintencionada»; Marx la analizó en Observaciones sobre la reciente instrucción prusiana de censura. ↩