Escrito por Friedrich Engels en Londres el 29 de noviembre de 1842. Publicado en la Rheinische Zeitung (Colonia), núm. 342, del 8 de diciembre de 1842.1 Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 1 (Berlín, 1976, pp. 454-455), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
***2 Londres, 29 de noviembre. Cuando uno se ha ocupado un tiempo en silencio de la situación inglesa, cuando se ha hecho una idea clara de la débil base sobre la que descansa todo el edificio artificial del bienestar social y político de Inglaterra, y de pronto se ve trasladado al centro del ajetreo inglés, se asombra de la notable calma y confianza con que todo el mundo mira aquí al futuro. Las clases dominantes, sean la clase media o la aristocracia, whigs o tories,3 gobiernan el país desde hace tanto tiempo que el ascenso de otro partido les parece una imposibilidad. Por mucho que se les echen en cara sus pecados, su inconsistencia, su política vacilante, su ceguera y su obstinación, por mucho que se les eche en cara el estado de vértigo del país, que es fruto de sus principios, ellos siguen con su seguridad inquebrantable y se creen con fuerzas para llevar al país a una situación mejor. Y si una revolución es imposible en Inglaterra, como ellos al menos afirman, entonces es cierto que tienen poco que temer por su dominio. Si el cartismo tiene la paciencia de esperar hasta haber ganado la mayoría en la Cámara de los Comunes, aún podrá celebrar meetings durante muchos años y reclamar los seis puntos de la Carta del Pueblo;4 la clase media nunca se excluirá a sí misma de la Cámara de los Comunes concediendo el sufragio universal, porque, como consecuencia necesaria de ceder en ese punto, quedaría entonces en minoría frente a la multitud innumerable de los que nada poseen. Por eso el cartismo no ha podido echar raíces todavía entre la gente culta de Inglaterra y tampoco las echará tan pronto. Cuando aquí se habla de cartistas y radicales, casi siempre se entiende por ello la hez del pueblo, la masa de los proletarios, y es verdad que los pocos portavoces cultos del partido desaparecen entre la masa.
Aun dejando aparte el interés político, la clase media solo puede ser whig o tory, nunca cartista. Su principio es el mantenimiento de lo existente; el «progreso legal» y el sufragio universal traerían consigo infaliblemente, en la situación actual de Inglaterra, una revolución. Así pues, es muy natural que el inglés práctico, para quien la política es una relación numérica o incluso un negocio, no tome nota alguna del poder del cartismo, que crece en silencio de manera temible, porque no se deja expresar en cifras, o solo en cifras que, en relación con el gobierno y el Parlamento, son ceros delante del uno. Pero hay cosas que van más allá de la relación numérica, y en ellas fracasará la excesiva astucia del whiggismo y del torismo cuando llegue su hora.
La Rheinische Zeitung für Politik, Handel und Gewerbe, diario de la burguesía liberal renana, apareció en Colonia del 1 de enero de 1842 al 31 de marzo de 1843; Marx fue su redactor jefe desde octubre de 1842. Engels, que había pasado por la redacción en noviembre, camino de Inglaterra, iba a trabajar en la fábrica de algodón de Ermen & Engels en Manchester, de la que su padre era socio. ↩
Signo con el que el periódico marcaba las crónicas de este corresponsal. ↩
Los dos partidos parlamentarios ingleses: los tories, partido de la aristocracia terrateniente y de la Iglesia anglicana, y los whigs, que representaban sobre todo a la burguesía comercial e industrial y a una parte de la aristocracia. ↩
La Carta del Pueblo (People's Charter), publicada en 1838, reclamaba seis puntos: sufragio universal masculino, voto secreto, parlamentos anuales, distritos electorales iguales, supresión del requisito de propiedad para ser diputado y dietas para los diputados. El movimiento que la defendía, el cartismo, fue el primer partido obrero de masas. ↩