Escrito por Karl Marx en Colonia el 15 de noviembre de 1842 y publicado en la Rheinische Zeitung, n.º 320, del 16 de noviembre de 1842. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, sección I, tomo 1, primer semitomo (Fráncfort del Meno, 1927, pp. 307-308), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Colonia, 15 de noviembre. La Kölnische Zeitung de hoy trae la siguiente orden de gabinete del rey, que fue enviada en el curso del mes pasado a todas las presidencias superiores:1
«Ya he señalado en varias ocasiones la necesidad de hacer frente a la tendencia de la parte mala de la prensa diaria, que consiste en extraviar a la opinión pública sobre los asuntos generales difundiendo falsedades o hechos desfigurados, de modo que a cada una de esas comunicaciones falsas se oponga inmediatamente la verdad, mediante la rectificación de los hechos, en los mismos periódicos que se han hecho culpables de la falsificación. No basta con dejar a los otros periódicos, guiados por un espíritu mejor, la tarea de contrarrestar las aspiraciones malas y perniciosas para el espíritu público de un diario, ni con esperarla solo de ellos. Allí mismo donde se ha servido el veneno de la seducción, allí hay que neutralizarlo; esto no es solo un deber de la autoridad para con el círculo de lectores al que se ofreció el veneno, sino que es a la vez el más eficaz de todos los medios para aniquilar las tendencias del engaño y la mentira según se manifiesten, obligando a las redacciones a publicar la sentencia sobre sí mismas. Por eso he observado con desagrado que este medio, tan legítimo como necesario para refrenar los excesos de la prensa, apenas se ha empleado hasta ahora o no se ha empleado en absoluto. Si las leyes vigentes no hubieran establecido de modo suficiente la obligación de los periódicos del país de acoger sin excusa todas las rectificaciones de hechos que se les envíen con autoridad oficial, y ello sin ningún comentario ni consideración preliminar, espero del Ministerio de Estado ante todo las propuestas para completarlas como es debido. Pero si ya bastan para ese fin, quiero que Mis autoridades las apliquen con energía, también para la protección del derecho y de la verdad, y lo recomiendo, además de a los propios ministerios, especialmente al cuidado inmediato de los presidentes superiores, a quienes el Ministerio de Estado ha de dar las instrucciones correspondientes.
»Cuanto más seriamente Me importa que no se ponga trabas a la libertad de la palabra para las opiniones nobles, leales y francas con dignidad, dondequiera que se manifiesten, y que se restrinja lo menos posible el campo de la discusión pública a la verdad, con tanta mayor severidad ha de mantenerse a raya el espíritu que se sirve de las armas de la mentira y de la seducción, a fin de que la libertad de la palabra no pueda ser defraudada en sus frutos y en sus bendiciones por el abuso que se hace de ella.
»Sanssouci, 14 de octubre de 1842.
(Firmado) Federico Guillermo.»
Nos apresuramos a comunicar a nuestros lectores la orden de gabinete real que antecede, tanto más cuanto que vemos en ella una garantía de la prensa prusiana. Todo periódico leal no podrá considerar sino como un importante apoyo por parte del gobierno que las falsedades o los hechos desfigurados, cuya comunicación no siempre puede evitarse ni con la mayor circunspección de la redacción, sean rectificados desde una fuente auténtica. Con estas aclaraciones oficiales, el gobierno no solo garantiza a la prensa diaria una cierta exactitud histórica del contenido de los hechos, sino que reconoce además, lo que es todavía más importante, la gran trascendencia de la prensa mediante una participación positiva, que irá reduciendo a límites cada vez más estrechos la participación negativa mediante la prohibición, la represión y la censura. Al mismo tiempo, la orden de gabinete real parte del presupuesto de una cierta independencia de la prensa diaria, pues sin ella, ya que no tendencias de engaño, de mentira y aspiraciones perniciosas, todavía menos podrían aparecer y establecerse en los periódicos opiniones nobles, leales y francas con dignidad. Los periódicos prusianos han de saludar este presupuesto real de una cierta independencia de la prensa diaria como la garantía más excelente de esa independencia y como una manifestación inequívoca de la voluntad real.
En cada provincia prusiana, el presidente superior (Oberpräsident) era la máxima autoridad administrativa y tenía a su cargo la vigilancia de la prensa. ↩