Escrito por Friedrich Engels en Manchester el 15 de diciembre de 1842. Publicado en la Rheinische Zeitung (Colonia), núm. 358, del 24 de diciembre de 1842. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 1 (Berlín, 1976, pp. 461-463), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

*†*1 Desde Lancashire, 15 de diciembre. Por complicada que parezca la situación actual de Inglaterra si, como hace el inglés, uno se pega a lo más inmediato, a la realidad palpable, a la práctica exterior, es igual de sencilla si se reduce lo exterior a su contenido de principio. En Inglaterra solo hay tres partidos que tengan importancia: la aristocracia de la propiedad territorial, la aristocracia del dinero y la democracia radical. El primero, el de los tories, es por su naturaleza y por su desarrollo histórico el partido puramente medieval, consecuente, reaccionario, la vieja nobleza que fraterniza con la escuela «histórica» del derecho de Alemania2 y constituye el apoyo del Estado cristiano. El segundo, el partido whig, tiene su núcleo en los comerciantes y fabricantes, cuya mayoría forma la llamada clase media. Esta clase media, a la que pertenece todo el que es gentleman, es decir, tiene un pasar decoroso sin ser excesivamente rico, solo es clase media en comparación con los nobles y capitalistas ricos; pero su posición frente al obrero es aristocrática, y esto, en un país como Inglaterra, que vive solo de la industria y posee, por tanto, una masa de obreros, tiene que llegar a la conciencia mucho antes que, por ejemplo, en Alemania, donde se entiende por clase media a los artesanos y a los campesinos y no se conoce en absoluto esa extensa clase de los obreros de las fábricas. Con ello el partido whig se ve empujado a la posición ambigua del juste-milieu en cuanto la clase obrera empieza a tomar conciencia. Y esto es lo que ocurre en este momento. Los principios democráticos radicales del cartismo penetran cada día más en la clase obrera, y esta los reconoce cada vez más como la expresión de su conciencia de conjunto. Pero por ahora este partido está todavía en formación y por eso aún no puede actuar con toda su energía.

Que además de estos tres partidos principales existen toda clase de matices de transición se entiende por sí solo, y de ellos hay en este momento dos que tienen importancia, aunque carecen de todo contenido de principio. El primero es el término medio entre el whiggismo y el torismo, tal como lo representan Peel y Russell,3 y que tiene asegurada para el futuro próximo la mayoría en la Cámara de los Comunes y, por tanto, el ministerio. El otro es el término medio entre el whiggismo y el cartismo, el matiz «radical», representado por media docena de diputados y algunas revistas, sobre todo el Examiner,4 y cuyos principios, aunque no se formulen, están en la base de la Liga Nacional contra las Leyes Cerealistas.5 La primera fracción tiene que ganar importancia con el mayor desarrollo del cartismo, porque frente a él representa la unidad de los principios whig y tory que el cartismo afirma justamente. La otra tiene que volver por ello a su nada. La posición de estos partidos entre sí se muestra con la mayor claridad en su actitud ante las leyes cerealistas.6 Los tories no ceden ni una pulgada. La nobleza sabe que su poder, fuera de la esfera constitucional de la Cámara de los Lores, reside principalmente en su riqueza. Con la libre importación de grano se vería obligada a firmar con los arrendatarios nuevos contratos en condiciones más baratas. Toda su riqueza es propiedad territorial; el valor de la propiedad territorial guarda una relación invariable con la renta del arrendamiento y baja con ella. Ahora bien, la renta es en este momento tan alta que, incluso con el arancel actual, el arrendatario se arruina; la libre importación de grano rebajaría esa renta, y con ella el valor de la propiedad de la tierra, en una tercera parte. Razón suficiente para que la aristocracia se aferre a su derecho bien adquirido, que arruina la agricultura y mata de hambre a los pobres del país. Los whigs, el juste-milieu siempre a punto, han propuesto un arancel fijo de ocho chelines por quarter;7 este arancel es justo lo bastante bajo para dejar entrar grano extranjero y poder estropear el mercado al arrendatario, y justo lo bastante alto para quitar al arrendatario todo motivo para exigir nuevas condiciones de arrendamiento y para mantener en el país un precio del pan por término medio tan alto como el que existe ahora. La sabiduría del juste-milieu arruina, pues, el país mucho más seguramente que la obstinación de la reacción consecuente. Los «radicales» son aquí por una vez realmente radicales y exigen la libre importación de grano. Pero el Examiner tiene este valor solo desde hace ocho días, y la Liga contra las Leyes Cerealistas iba desde el principio tan exclusivamente contra las leyes cerealistas existentes y contra la escala móvil que apoyó a los whigs hasta el final. Poco a poco, sin embargo, la libertad absoluta de importación de grano, y en general el «libre comercio», se ha convertido en el grito de guerra de los radicales, y los whigs gritan bonachonamente con ellos «libre comercio», entendiendo por tal aranceles de juste-milieu. Que los cartistas no quieren saber nada de aranceles sobre el grano se entiende por sí solo. Pero ¿qué saldrá de todo esto? Que la importación de grano tiene que ser libre es tan seguro como que los tories tienen que caer, por la vía pacífica o por la violenta. Solo puede discutirse el modo de este cambio. Probablemente la próxima legislatura del Parlamento traerá ya el abandono por Peel de la escala móvil y, con ello, del torismo pleno. La nobleza cederá en todo lo que no la obligue a rebajar sus rentas de arrendamiento, pero en nada más. La coalición Peel-Russell, el centro parlamentario, es en todo caso la que tiene más probabilidades de formar ministerio y retrasará cuanto pueda con sus medidas de juste-milieu la solución de la cuestión del grano. Pero cuánto tiempo, eso no depende de ella, sino del pueblo.

  1. Signo con el que la Rheinische Zeitung marcaba las crónicas de este corresponsal. ↩

  2. Sobre la escuela histórica del derecho véase Federico Guillermo IV, rey de Prusia. ↩

  3. Sir Robert Peel (1788-1850), jefe de los tories y primer ministro de 1841 a 1846; lord John Russell (1792-1878), jefe de los whigs. ↩

  4. The Examiner, semanario radical de Londres. ↩

  5. La Anti-Corn-Law League, fundada en Manchester en 1838 por los fabricantes Richard Cobden y John Bright, organización de la burguesía industrial por el libre comercio del grano. Engels la llama unas veces League y otras, a la alemana, Ligue. ↩

  6. Las leyes cerealistas (Corn Laws), vigentes desde 1815, gravaban la importación de grano para mantener altos su precio y la renta de la tierra. En 1842 Peel había reformado el sistema de la escala móvil (sliding scale), en la que el arancel bajaba al subir el precio interior. Se abolieron en 1846. ↩

  7. Medida inglesa de capacidad para el grano, de unos 290 litros. ↩