Escrito por Friedrich Engels en Manchester el 22 de diciembre de 1842. Publicado en la Rheinische Zeitung (Colonia), núm. 360/361, del 27 de diciembre de 1842. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 1 (Berlín, 1976, pp. 466-467), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

*†*1 Desde Lancashire, 22 de diciembre. Las leyes cerealistas vigentes2 se acercan rápidamente a su fin. El pueblo tiene verdadera furia contra el «impuesto sobre el pan», y hagan los tories lo que quieran, no pueden resistir el empuje de la masa enfurecida. Sir Robert Peel ha aplazado el Parlamento hasta el 2 de febrero: seis semanas de tiempo para que la oposición atice todavía más esa furia. Peel tendrá que pronunciarse desde el principio, al abrirse la nueva legislatura, sobre la escala móvil; se cree en general que por lo menos vacila en su opinión sobre ella. Si se decide a abandonarla, el ala más estricta del partido tory dejará sin duda el ministerio y cederá el sitio a los whigs moderados, de modo que ya entonces se formaría la coalición Peel-Russell. En todo caso, la aristocracia se defenderá con tenacidad, y yo, por mi parte, no creo que se la pueda llevar por las buenas a liberar la importación de grano. La nobleza inglesa dejó pasar el Reform Bill y la emancipación de los católicos,3 pero la violencia que tuvo que hacerse para ello no sería nada al lado de la que le costaría abolir las leyes cerealistas. ¿Qué es la merma de la influencia aristocrática en la elección de la Cámara de los Comunes al lado de la reducción de la fortuna de todos los nobles ingleses en un 30 por ciento? Y si ya las dos leyes citadas provocaron tales luchas, si el Reform Bill solo se impuso con ayuda de levantamientos populares, a pedradas contra las ventanas de los aristócratas, ¿no va a arriesgarse la nobleza, en esta cuestión, a ver si el pueblo tiene el valor y la fuerza suficientes para imponer su voluntad? Además, los disturbios del verano han mostrado a la nobleza lo poco que vale el pueblo inglés cuando se subleva. Estoy firmemente convencido de que esta vez la aristocracia resistirá hasta tener el cuchillo en la garganta. Pero que el pueblo no va a seguir pagando mucho tiempo a la aristocracia un penique (diez Pfennige prusianos) por cada libra de pan que come, es seguro. De eso se ha encargado la Anti-Corn-Law League.4 Su actividad ha sido inmensa; me reservo un informe más preciso sobre ella. Por hoy, solo esto: uno de los resultados más importantes que han producido en parte las leyes cerealistas y en parte la League es la liberación de los arrendatarios de la influencia moral de sus terratenientes nobles. Hasta ahora nadie había sido más indiferente a las cuestiones políticas que los arrendatarios ingleses, es decir, toda la parte agrícola de la nación. El landlord (terrateniente) era, como se entiende por sí solo, tory, y echaba a todo arrendatario que votara contra los tories en las elecciones al Parlamento. De ahí venía que los 252 diputados que tiene que elegir el campo en el Reino Unido fueran casi todos, regularmente, tories. Pero con los efectos de las leyes cerealistas, así como con las publicaciones de la League, difundidas en cientos de miles de ejemplares, se ha despertado ahora en el arrendatario el sentido político. Ha comprendido que su interés no es idéntico al del landlord, sino justamente opuesto, y que las leyes cerealistas no han sido más desfavorables para nadie que para él. Por eso se ha producido también un cambio importante entre los arrendatarios; la mayoría de ellos es ahora whig, y como a los landlords les resultará difícil ejercer todavía una influencia decisiva sobre el voto de los arrendatarios en las elecciones, los 252 tories se convertirán pronto en otros tantos whigs. Aunque ese paso se diera solo en la mitad, ya cambiaría notablemente la fisonomía de la Cámara de los Comunes, pues así la mayoría de la Cámara quedaría asegurada para siempre a los whigs. Y eso tiene que ocurrir. Tanto más si se derogaran las leyes cerealistas, porque entonces el arrendatario sería del todo independiente del landlord, ya que a partir de esa derogación los contratos de arrendamiento tendrían que firmarse en condiciones completamente nuevas. La aristocracia creyó dar un golpe de maestro cuando dictó las leyes cerealistas; pero el dinero que ha obtenido con ellas no compensa ni de lejos el perjuicio que esas leyes le han traído. Y ese perjuicio consiste precisamente en que desde ahora la aristocracia ya no aparece como representante de la agricultura, sino de sus propios intereses egoístas.

  1. Signo con el que la Rheinische Zeitung marcaba las crónicas de este corresponsal. ↩

  2. Sobre las leyes cerealistas y la escala móvil véase La posición de los partidos políticos, nota 6. ↩

  3. La ley de reforma electoral (Reform Bill) de 1832 suprimió buena parte de los «burgos podridos» y dio el voto a la burguesía media; se aprobó tras más de un año de agitación y disturbios. La emancipación de los católicos (1829) les permitió ocupar escaños en el Parlamento y la mayoría de los cargos públicos. ↩

  4. Sobre la Liga contra las Leyes Cerealistas véase La posición de los partidos políticos, nota 5. ↩