Escrito a finales de enero de 1842 y publicado por primera vez, con la firma «No un berlinés», en Anekdota zur neuesten deutschen Philosophie und Publicistik, tomo II (Zúrich y Winterthur, 1843). Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 1 (Berlín, 1976, pp. 26-27), cotejado con la primera edición, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras.1 Texto original en alemán.

¡Strauss y Feuerbach!2 ¿Cuál de los dos tiene razón en la cuestión, recientemente planteada, del concepto del milagro?3 ¿St., que considera el asunto todavía como teólogo y, por tanto, con prejuicios, o F., que lo considera como no teólogo y, por tanto, con libertad? ¿St., que ve las cosas tal como aparecen a los ojos de la teología especulativa, o F., que las ve tal como son?

¿St., que no llega a un juicio decisivo sobre el milagro y que todavía barrunta, a través del milagro, un poder del espíritu particular, distinto del deseo —como si el deseo no fuera precisamente ese poder del espíritu o del hombre que él barrunta, como si, por ejemplo, el deseo de ser libre no fuera el primer acto de la libertad—, o F., que despacha el asunto sin rodeos y dice: el milagro es la realización de un deseo natural o humano de manera sobrenatural? ¿Cuál de los dos tiene razón? Lutero —una autoridad excelente, una autoridad que pesa infinitamente más que todas las dogmáticas protestantes juntas, porque en él la religión era una verdad inmediata, por decirlo así naturaleza—, que Lutero decida.

Lutero dice, por ejemplo —pues podrían citarse de él innumerables pasajes semejantes—, a propósito de la resurrección de los muertos en Lucas 7:4

«Las obras de Nuestro Señor Jesucristo hemos de mirarlas de otro modo y más alto que las obras de los hombres, pues por esa causa nos han sido también escritas: para que en esas mismas obras reconozcamos qué Señor es, a saber, un Señor y Dios tal que puede ayudar donde nadie más puede ayudar, de modo que no hay hombre caído tan alto ni tan hondo a quien él no pueda sacar adelante, sea la necesidad la que sea.» «¿Y qué hay imposible para nuestro Señor Dios, que no queramos arriesgarlo confiados en él? Él ha creado de la nada el cielo y la tierra y todo. Todavía cada año llena los árboles de cerezas, ciruelas, manzanas y peras, y no necesita nada para ello. A uno de nosotros le es imposible, cuando en invierno hay nieve, sacar de la nieve una sola cerecita. Pero Dios es aquel que todo lo puede enderezar, que puede dar vida a lo que está muerto y llamar a lo que no es para que sea; en suma, por muy hondo que algo haya caído, para nuestro Señor Dios no ha caído tan hondo que no pueda levantarlo y enderezarlo. Es menester que reconozcamos tales obras en Dios y sepamos que nada le es imposible, para que, cuando las cosas vayan mal, aprendamos a no acobardarnos confiando en su omnipotencia. Venga el turco u otra desgracia, pensemos que hay un auxiliador y salvador que tiene una mano que es omnipotente y puede ayudar. Y esa es la recta, la verdadera fe.» «En Dios hay que ser osado y no desesperar. Pues lo que yo y otros hombres no podemos ni somos capaces de hacer, eso lo puede y es capaz de hacerlo él. Si yo y otras personas ya no podemos ayudar, él puede ayudarme y salvarme también de la muerte, como dice el salmo 68: Tenemos un Dios que ayuda, y al Señor, el Señor, que salva de la muerte.5 Que nuestro corazón sea, pues, siempre osado y confiado y se aferre a Dios. Y esos son los corazones que sirven de veras a Dios y le aman, a saber, los que no desesperan ni se acobardan.» «En Dios y en su Hijo Jesucristo hemos de ser osados. Pues lo que nosotros no podemos, él lo puede; lo que no tenemos, él lo tiene. Si no podemos ayudarnos, él puede ayudarnos y quiere hacerlo muy gustoso y de buen grado, como aquí se ve.» (Obras de Lutero, Leipzig, 1732, pp. 442-445.)

En estas pocas palabras tenéis una apología de todo el escrito de Feuerbach, una apología de las definiciones de la providencia, la omnipotencia, la creación, el milagro y la fe tal como se dan en ese escrito. ¡Oh, avergonzaos, cristianos, cristianos nobles y plebeyos, doctos e indoctos, avergonzaos de que haya tenido que ser un Anticristo quien os mostrara la esencia del cristianismo en su figura verdadera y sin velos! Y a vosotros, teólogos y filósofos especulativos, os aconsejo: libraos de los conceptos y prejuicios de la filosofía especulativa anterior, si de verdad queréis llegar a las cosas tal como son, es decir, a la verdad. Y no hay para vosotros otro camino hacia la verdad y la libertad que a través del arroyo de fuego.6 Feuerbach es el purgatorio del presente.

No un berlinés.

  1. La MEW atribuye este artículo a Marx, y como suyo se ha reproducido durante décadas. En 1967 Hans-Martin Sass expuso razones para atribuirlo al propio Ludwig Feuerbach («Feuerbach statt Marx», International Review of Social History), y desde entonces la autoría se considera dudosa. Lo publicamos aquí, como el resto del tomo 1 de la MEW, con esa advertencia. ↩

  2. David Friedrich Strauss (1808-1874), teólogo y filósofo de la escuela hegeliana, autor de La vida de Jesús (1835-1836), que inició la crítica de los Evangelios entre los jóvenes hegelianos, y de La doctrina cristiana de la fe (1840-1841). Ludwig Feuerbach (1804-1872), filósofo, cuya obra La esencia del cristianismo (1841) explicaba la religión como proyección de la esencia humana en un ser ajeno. ↩

  3. Feuerbach trata del milagro en el capítulo «El misterio de la fe. El misterio del milagro» de La esencia del cristianismo (1841). ↩

  4. Lucas 7, 11-17: la resurrección del hijo de la viuda de Naín. Los pasajes citados proceden de un sermón de Lutero sobre ese evangelio, según la edición de sus obras publicada en Leipzig (1729-1740). ↩

  5. Salmo 68, 21 (20 en la numeración de algunas Biblias), en la versión de Lutero. ↩

  6. Juego de palabras: Feuerbach significa literalmente «arroyo de fuego»; el original escribe Feuer-bach. ↩