Escrito por Friedrich Engels en inglés a finales de enero de 1844. Publicado en The New Moral World, 3.ª serie, núm. 32, 3 de febrero de 1844, con la firma F. E. Traducido del original inglés, según la transcripción del Marxists’ Internet Archive, cotejada con la traducción alemana de Marx/Engels, Werke, tomo 1 (Berlín, 1976, pp. 497-498), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
La conocida novela de Eugène Sue Los misterios de París1 ha causado una honda impresión en la opinión pública, sobre todo en Alemania; la fuerza con que este libro pinta la miseria y la desmoralización que son el lote de las «clases bajas» en las grandes ciudades no podía dejar de dirigir la atención pública hacia la situación de los pobres en general. Los alemanes empiezan a descubrir, como dice la Allgemeine Zeitung, el Times de Alemania,2 que el estilo de la novela ha sufrido una revolución completa en estos últimos diez años; que en lugar de los reyes y príncipes que antes eran los héroes de esta clase de relatos son ahora los pobres, la clase despreciada, cuyos destinos y fortunas, alegrías y sufrimientos, se convierten en tema de la novela; descubren por fin que esta nueva clase de novelistas, como G. Sand, E. Sue y Boz,3 es de verdad un signo de los tiempos. Los buenos alemanes siempre habían creído que la miseria y la indigencia solo existían en París y en Lyon, en Londres y en Mánchester, y que Alemania estaba completamente libre de tales excrecencias de la hipercivilización y del exceso de industria manufacturera. Ahora, sin embargo, empiezan a ver que también ellos pueden reunir una cantidad considerable de males sociales; los periódicos de Berlín confiesan que el «Voigtland» de esa ciudad no tiene nada que envidiar en este aspecto a St. Giles ni a ninguna otra morada de los parias de la civilización;4 confiesan que, aunque los sindicatos y las huelgas han sido hasta ahora desconocidas en Alemania, hace mucha falta ayuda para evitar que ocurran cosas semejantes entre sus propios compatriotas. El doctor Mundt, profesor de la Universidad de Berlín,5 ha comenzado un curso de lecciones públicas sobre los distintos sistemas de reorganización social; y aunque no es el hombre adecuado para formarse un juicio correcto e imparcial sobre tales cosas, esas lecciones tienen que hacer mucho bien. Es fácil imaginar lo favorable que es este momento para el comienzo de una agitación social más amplia en Alemania y el efecto que tendrá una nueva revista que defienda una reforma social a fondo. Una revista así se ha fundado en París con el título de Anales franco-alemanes; sus directores, el doctor Ruge y el doctor Marx, así como sus demás colaboradores, pertenecen a los «comunistas eruditos» de Alemania y cuentan con el apoyo de los escritores socialistas más distinguidos de Francia.6 La revista, que se publicará en cuadernos mensuales y contendrá artículos tanto franceses como alemanes, no podría, en verdad, empezar en un momento más favorable, y su éxito puede darse por seguro aun antes de que salga el primer número.
F. E.
Eugène Sue (1804-1857), Les Mystères de Paris (1842-1843), novela por entregas de enorme éxito sobre los bajos fondos parisinos. Marx y Engels criticarían en La sagrada familia (1845) la lectura que de ella hacían los jóvenes hegelianos. ↩
La Allgemeine Zeitung de Augsburgo, el diario alemán más influyente de la época. ↩
Seudónimo de Charles Dickens (1812-1870) en sus primeros escritos. ↩
El Voigtland, barrio miserable al norte de Berlín, ante la puerta de Hamburgo; St. Giles, barrio pobre del centro de Londres, célebre por sus «rookeries», sus casas de vecindad hacinadas. ↩
Theodor Mundt (1808-1861), escritor de la Joven Alemania y profesor no numerario en Berlín. ↩
Los Deutsch-Französische Jahrbücher, de los que solo salió, a finales de febrero de 1844, un número doble; en él se publicaron Sobre la cuestión judía y la Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel de Marx y el Esbozo de una crítica de la economía política y «La situación de Inglaterra» de Engels. No llegaron a publicar ningún artículo francés. ↩