Escrito por Friedrich Engels en inglés, en Bruselas, en septiembre de 1845. Publicado en The Northern Star, núm. 410, 20 de septiembre de 1845, con la nota de la redacción «De nuestro corresponsal». Traducido del original inglés según el texto de Marx/Engels, Collected Works, tomo 4 (pp. 649-650), cotejado con la traducción alemana de Marx/Engels, Werke, tomo 2 (Berlín, 1972, pp. 562-563), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Su pequeña reina ha armado un buen lío con su visita a los prusianos.1 Trató al rey2 con tal desprecio que él se alegró de librarse de ella, y lo mostró bien a las claras después de su partida. También las clases medias están muy indignadas por la manera despectiva en que trató a las hijas de la haute bourgeoisie de Colonia. La hija del alcalde de Colonia tuvo que ofrecer a «su Majestad» una taza de té, y Vic no tomó la taza, porque la había tocado la mano de alguien que no era «noble» (!). Solo tomó la cucharilla, y con ella sorbió el té, volviendo al mismo tiempo la cabeza y tratando a la muchacha con el más marcado desprecio. La pobre muchacha se quedó allí temblando de mala manera, sin saber si quedarse o irse. Bien merecido lo tiene: estos burgueses orgullosos de su bolsa, con toda su astucia, no son, con su culto a los reyes y las reinas, más que unos pasmarotes, y como tales merecen que se les trate.3 Su reina llevó el desprecio tan lejos que despertó el poco brío que tienen y les hizo mostrar cierta resistencia. Había suscrito 3.500 táleros (500 libras) para el fondo de construcción de la catedral de Colonia, ¡y los ofendidos burgueses de Colonia organizaron una reunión para discutir si era conveniente devolverle el dinero! La reunión fue disuelta por la policía y los militares. Oigo decir, sin embargo, que todavía piensan reunir el dinero por suscripción entre ellos y enviarlo a Inglaterra o a Irlanda para socorrer a sus pobres hambrientos. Espero que lo hagan. A John Bull se le ha hecho sangrar bastante generosamente por los príncipes alemanes chupasangres,4 y no es más que justo que la burguesía alemana devuelva un poco de lo que tan vergonzosamente se le ha sacado al pobre John. El marcado desprecio con que su reina trató a nuestro precioso rey y a su corte nació, según oigo, de que la coja reina de Prusia5 rechazó el brazo del príncipe Alberto y prefirió el del archiduque Federico de Austria, por ser de más alta cuna. Es muy cómico ver a estos príncipes a la greña entre sí, y a la burguesía a la greña con los príncipes, sin ver en ningún momento el movimiento que se levanta en las capas más bajas a su alrededor, sin ver el peligro hasta que sea demasiado tarde.

Nunca dieron ustedes en el Star la sentencia del tribunal de París contra los carpinteros en huelga, acusados de coalición:6 Vincent, el cabecilla, fue condenado a tres años; otros dos, a un año; algunos más, a seis meses, creo (de cárcel). Sin embargo, siguen manteniendo fuera al menos a aquellos cuyos patronos no quieren ceder. Dos tercios de los patronos han accedido a las demandas de los obreros, y a consecuencia de la sentencia mencionada los aserradores (scieurs-à-long) y otros oficios relacionados con la construcción se han declarado también en huelga. Este asunto hace muchísimo bien.

  1. La reina Victoria visitó Prusia y la Renania en agosto de 1845, acompañada de su esposo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. ↩

  2. Federico Guillermo IV, rey de Prusia de 1840 a 1861. ↩

  3. Juego de palabras intraducible: spoons, «cucharillas», significa también en inglés coloquial «bobos», «pasmarotes». ↩

  4. Alusión a las asignaciones que el Parlamento británico votaba a los príncipes alemanes emparentados con la casa real, como el propio príncipe Alberto. ↩

  5. Isabel Luisa de Baviera (1801-1873), esposa de Federico Guillermo IV. ↩

  6. La huelga de los carpinteros de París del verano de 1845; la ley francesa castigaba como delito de «coalición» toda concertación de obreros para subir los salarios. ↩