Escrito por Karl Marx en Bruselas en la primavera de 1845, en su cuaderno de notas de 1844-1847, bajo el título «1) ad Feuerbach». Lo publicó por primera vez Friedrich Engels en 1888, con retoques de redacción, como apéndice de Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Traducido del manuscrito original (MEGA IV/3, Berlín, 1998, pp. 19-21) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.
1
El defecto principal de todo el materialismo anterior (incluido el de Feuerbach) es que el objeto, la realidad, la sensibilidad, solo se concibe bajo la forma del objeto o de la contemplación; no como actividad humana sensible, como praxis; no subjetivamente. Por eso el lado activo lo desarrolló de manera abstracta, en oposición al materialismo, el idealismo, que naturalmente no conoce la actividad real, sensible, como tal. Feuerbach quiere objetos sensibles, realmente distintos de los objetos del pensamiento; pero no concibe la propia actividad humana como actividad objetiva. Por eso, en La esencia del cristianismo, solo considera auténticamente humana la actitud teórica, mientras que la práctica solo la concibe y la fija en su sórdida forma de manifestación judía.1 Por eso no comprende la importancia de la actividad «revolucionaria», «práctico-crítica».
2
La cuestión de si al pensamiento humano le corresponde una verdad objetiva no es una cuestión de la teoría, sino una cuestión práctica. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, el carácter terrenal de su pensamiento. La disputa sobre la realidad o irrealidad del pensamiento, de un pensamiento aislado de la práctica, es una cuestión puramente escolástica.
3
La doctrina materialista de la transformación de las circunstancias y de la educación olvida que las circunstancias las transforman los hombres y que el propio educador tiene que ser educado. Por eso tiene que dividir la sociedad en dos partes, una de las cuales queda por encima de ella.
La coincidencia de la transformación de las circunstancias y de la actividad humana, o autotransformación, solo puede concebirse y entenderse racionalmente como praxis revolucionaria.
4
Feuerbach parte del hecho de la autoalienación religiosa, del desdoblamiento del mundo en un mundo religioso y otro terrenal. Su trabajo consiste en disolver el mundo religioso en su fundamento terrenal. Pero que el fundamento terrenal se desprenda de sí mismo y se fije en las nubes como un reino independiente solo se explica por el desgarramiento interno y la contradicción consigo mismo de ese fundamento terrenal. Por tanto, hay que comprenderlo en sí mismo, en su contradicción, y revolucionarlo en la práctica. Así, por ejemplo, una vez descubierto que la familia terrenal es el secreto de la sagrada familia, es la primera la que hay que destruir, teórica y prácticamente.
5
Feuerbach, insatisfecho con el pensamiento abstracto, quiere la contemplación; pero no concibe la sensibilidad como actividad práctica, humana y sensible.
6
Feuerbach disuelve la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es algo abstracto inherente al individuo aislado. En su realidad, es el conjunto de las relaciones sociales.
Feuerbach, que no entra en la crítica de esta esencia real, se ve por ello obligado:
- a hacer abstracción del curso de la historia, a fijar el sentimiento religioso por sí mismo y a presuponer un individuo humano abstracto, aislado;
- por eso la esencia solo puede concebirse como «género», como una generalidad interna, muda, que une naturalmente a los muchos individuos.
7
Por eso Feuerbach no ve que el «sentimiento religioso» es él mismo un producto social y que el individuo abstracto que analiza pertenece a una forma determinada de sociedad.
8
Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que llevan a la teoría al misticismo encuentran su solución racional en la praxis humana y en la comprensión de esa praxis.
9
Lo más alto a que llega el materialismo contemplativo, es decir, el materialismo que no concibe la sensibilidad como actividad práctica, es la contemplación de los individuos aislados y de la sociedad burguesa.2
10
El punto de vista del viejo materialismo es la sociedad burguesa; el del nuevo, la sociedad humana o la humanidad social.
11
Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de distintas maneras; lo que importa es transformarlo.3
«In ihrer schmutzig jüdischen Erscheinungsform». Marx alude a La esencia del cristianismo (1841), donde Feuerbach opone la contemplación teórica de los griegos al «utilitarismo» judío, que solo vería la naturaleza como medio para fines egoístas. Marx señala que Feuerbach reduce así la práctica a su forma mercantil y egoísta. ↩
«Bürgerliche Gesellschaft» significa a la vez «sociedad civil», en el sentido de Hegel, y «sociedad burguesa». Traducimos «sociedad burguesa» porque la tesis 10 la opone a la «sociedad humana». ↩
En la versión publicada en 1888, Engels escribió: «Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de distintas maneras; pero lo que importa es transformarlo». Ese «pero» no está en el manuscrito de Marx. ↩