Escrito por Friedrich Engels entre abril y mediados de julio de 1845. Publicado en el Deutsches Bürgerbuch für 1846 (Mannheim, 1846), pp. 1-4 y 52-56, como introducción y epílogo a su traducción de un fragmento de Fourier, que aquí, como en la edición de la que traducimos, no se reproduce. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 2 (Berlín, 1972, pp. 604-610), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras, salvo la de Engels. Texto original en alemán.
Los alemanes empiezan ya a echar a perder también el movimiento comunista. Como siempre los últimos y los más inactivos, también aquí creen poder disimular su somnolencia con el desprecio de sus predecesores y con fanfarronería filosófica. Apenas existe el comunismo en Alemania, y ya lo acapara todo un ejército de cabezas especulativas que se creen haber hecho maravillas cuando traducen al lenguaje de la lógica hegeliana tesis que en Francia y en Inglaterra se han convertido ya en trivialidades y lanzan al mundo esta nueva sabiduría como algo nunca visto, como la «verdadera teoría alemana», para poder luego echar a su gusto basura sobre la «mala práctica», sobre los sistemas sociales «risibles» de los obtusos franceses e ingleses. Esta teoría alemana, siempre lista, que ha tenido la dicha infinita de olfatear un poco la filosofía hegeliana de la historia y de ser encajada por algún árido profesor berlinés en el esquematismo de las categorías eternas, y que luego quizá ha hojeado a Feuerbach, algunos escritos comunistas alemanes y al señor Stein sobre el socialismo francés,1 esta teoría alemana de la peor especie se ha construido ya sin ninguna dificultad a su medida, según el señor Stein, el socialismo y el comunismo franceses, les ha asignado un lugar subordinado, los ha «superado», los ha «superado y conservado» en el «estadio superior de desarrollo» de la siempre lista «teoría alemana».2 Ni que decir tiene que no se le ocurre familiarizarse un poco con las cosas mismas que se trata de superar, echar un vistazo a Fourier, a Saint-Simon, a Owen y a los comunistas franceses: los magros extractos del señor Stein bastan de sobra para lograr esta brillante victoria de la teoría alemana sobre los cojos intentos del extranjero.
Frente a este orgullo cómico de la teoría alemana, que no puede morir, es absolutamente necesario recordar de una vez a los alemanes todo lo que deben al extranjero desde que se ocupan de cuestiones sociales. Entre todas las frases pomposas que ahora se pregonan en la literatura alemana como principios fundamentales del verdadero, puro, alemán, teórico comunismo y socialismo, no hay hasta ahora ni una sola idea que haya crecido en suelo alemán. Lo que los franceses o los ingleses dijeron ya hace diez, veinte y hasta cuarenta años, y lo dijeron muy bien, con mucha claridad, en una lengua muy bella, eso es lo que los alemanes han llegado por fin a conocer a trozos desde hace un año y lo han hegelianizado, o, en el mejor de los casos, lo han vuelto a inventar a destiempo y lo han hecho imprimir, en una forma mucho peor y más abstracta, como invención completamente nueva. No exceptúo de esto mis propios trabajos. Lo que es peculiar de los alemanes es solo la forma mala, abstracta, incomprensible y torcida en que han expresado estas ideas. Y, como corresponde a auténticos teóricos, hasta ahora de los franceses (a los ingleses todavía casi no los conocen) solo han tenido por dignos de conocerse, aparte de los principios más generales, lo peor y lo más teórico, la esquematización de la sociedad futura, los sistemas sociales. El mejor aspecto, la crítica de la sociedad existente, el verdadero fundamento, la tarea principal de toda ocupación con las cuestiones sociales, se ha dejado tranquilamente de lado. Por no hablar de que estos sabios teóricos suelen mencionar con desprecio, o no mencionar en absoluto, al único alemán que de verdad ha hecho algo, a Weitling.3
Quiero poner ante estos sabios señores un pequeño capítulo de Fourier del que puedan tomar ejemplo. Es verdad que Fourier no salió de la teoría hegeliana y por eso, por desgracia, no pudo llegar al conocimiento de la verdad absoluta, ni siquiera al socialismo absoluto; es verdad que Fourier, por esta carencia, se dejó llevar por desgracia a poner el método de las series en el lugar del método absoluto, y así llegó a construir la transformación del mar en limonada, las couronnes boréale et australe, el antileón y la cópula de los planetas;4 pero, si así ha de ser, prefiero creer con el alegre Fourier en todas estas historias antes que en el reino absoluto de los espíritus, donde no hay limonada alguna, en la identidad del ser y la nada y en la cópula de las categorías eternas. El disparate francés es al menos divertido, mientras que el disparate alemán es moroso y profundo. Y además, Fourier criticó las relaciones sociales existentes con tal agudeza, con tal ingenio y humor, que se le perdonan de buena gana sus fantasías cosmológicas, que descansan también en una concepción genial del mundo.
El fragmento que comunico aquí se encontró entre los papeles póstumos de Fourier y se ha publicado en el primer cuaderno de La Phalange, que los fourieristas editan desde comienzos de 1845.5 Omito lo que se refiere al sistema positivo de Fourier y lo que por otra parte carece de interés, y en general procedo con él con la misma libertad con que hay que proceder siempre con los socialistas extranjeros para hacer digeribles sus cosas, escritas con fines determinados, a un público ajeno a esos fines. Este fragmento dista mucho de ser lo más genial que escribió Fourier, ni siquiera es lo mejor de lo que escribió sobre el comercio; y, sin embargo, ningún socialista o comunista alemán, con excepción de Weitling, ha escrito todavía nada que se parezca ni de lejos a este borrador.
Para ahorrar al público alemán la molestia de leer La Phalange misma, observo que esta revista es una pura especulación financiera de los fourieristas y que los manuscritos de Fourier que publica tienen un valor muy desigual. Los señores fourieristas que editan esta revista son teóricos solemnes, vueltos alemanes, que han puesto en lugar del humor con que su maestro desnudaba el mundo de la burguesía una seriedad científica santa, profunda y teórica, y que por eso, como merecen, son objeto de burla en Francia y de estima en Alemania. Su construcción de los triunfos imaginarios del fourierismo en el primer cuaderno de La Phalange podría arrebatar de entusiasmo a un profesor del método absoluto.
Empiezo mis extractos con una frase que ya se imprimió en la Théorie des quatre mouvements.6 Es el caso de partes importantes del presente fragmento, de las que, sin embargo, solo daré lo más necesario.
[…]
Hasta aquí Fourier. La continuación de este artículo en el segundo cuaderno de La Phalange contiene tres capítulos sobre el agio, el acaparamiento (accaparement) y el parasitismo, que sin embargo se imprimieron ya en su mayor parte en los Quatre mouvements. En parte por esta razón, en parte porque el fragmento anterior responde por completo a mi propósito, lo dejo aquí.
Los sabios señores alemanes que navegan con tanto celo por el «salvaje mar coagulado»7 de la teoría sin fondo y que andan sobre todo a la pesca de «el principio» del «socialismo» pueden tomar ejemplo del commis marchand8 Fourier. Fourier no era filósofo; tenía un gran odio a la filosofía, se burló cruelmente de ella en sus escritos y dijo de paso un montón de cosas que a nuestros «filósofos del socialismo» alemanes les convendría tomarse a pecho. Me replicarán, por supuesto, que Fourier también era «abstracto», que con sus series construyó a Dios y al mundo a despecho de Hegel; pero eso no los salva. Las extravagancias de Fourier, geniales a pesar de todo, no disculpan los secos y acartonados supuestos desarrollos de la árida teoría alemana. Fourier construye el futuro después de haber conocido correctamente el pasado y el presente; la teoría alemana empieza por arreglar a su antojo la historia pasada y luego ordena igualmente al futuro qué dirección ha de tomar. Compárense, por ejemplo, las épocas del desarrollo social de Fourier (salvajismo, patriarcado, barbarie, civilización) y su caracterización con la idea absoluta de Hegel, que se abre paso trabajosamente por el laberinto de la historia y, pese a los cuatro imperios universales, consigue al final, a duras penas, la apariencia de una tricotomía;9 por no hablar de las construcciones poshegelianas. Pues si en Hegel la construcción tenía todavía un sentido, aunque invertido, en los fabricantes poshegelianos de desarrollos ya no tiene ninguno.
Los alemanes deberían dejar ya de una vez de hacer tantos aspavientos con su profundidad. Con dos datos y medio de los más flacos son capaces de juntaros lo divino y lo humano, y no solo de juntarlo, sino de ponerlo en relación con la historia universal. A partir del primer hecho que les llega de tercera mano, del que ni siquiera saben si ocurrió así y no de otro modo, os demuestran que tuvo que ocurrir así y no de otro modo. ¿Quién ha escrito en Alemania sobre cuestiones sociales sin decir también algo sobre Fourier que deje en evidencia del modo más profundo la profundidad alemana? Ahí está, entre otros, un tal señor Kaiser, que enseguida aprovechó la «excelente obra de L. Stein» para una construcción histórico-universal en la que la única lástima es que todos los hechos en que se basa son falsos. Fourier ha recibido de la teoría alemana por lo menos veinte veces su «lugar en el desarrollo de la idea absoluta», y cada vez un lugar distinto, y cada vez la teoría alemana se fiaba, en lo que toca a los hechos, del señor Stein o de otras fuentes turbias. Por eso el «socialismo absoluto» alemán es tan espantosamente pauvre. Un poco de «humanidad», como se titula últimamente la cosa, un poco de «realización» de esta humanidad, o más bien inhumanidad,10 un poquito sobre la propiedad tomado de Proudhon, de tercera o cuarta mano, un poco de lamento por el proletariado, organización del trabajo,11 la miseria de las asociaciones para la elevación de las clases bajas del pueblo,12 junto con una ignorancia sin límites de la economía política y de la sociedad real: esa es toda la historia, que encima, por la imparcialidad teórica, por la «calma absoluta del pensamiento», pierde la última gota de sangre, el último rastro de energía y de fuerza. ¿Y con este aburrimiento se quiere revolucionar Alemania, poner en movimiento al proletariado, hacer pensar y actuar a las masas?
¡Si nuestros profesores alemanes medio comunistas o comunistas del todo se hubieran tomado solamente la molestia de echar un vistazo a las obras principales de Fourier, que podían conseguir tan fácilmente como cualquier libro alemán, qué mina de material para construir y para otros usos habrían descubierto! ¡Qué masa de ideas nuevas, nuevas todavía hoy para Alemania, se les habría ofrecido! La buena gente no sabe reprochar hasta el día de hoy a la sociedad actual más que la situación del proletariado, y tampoco de esto saben decir gran cosa. La situación del proletariado es, ciertamente, el punto principal, pero ¿queda con ello despachada la crítica de la sociedad actual? Fourier, que, salvo en escritos posteriores, apenas toca este punto, da la prueba de que también sin él se puede reconocer que la sociedad existente es enteramente condenable, de que se puede llegar a la necesidad de una reorganización social solo con la crítica de la burguesía, y precisamente de la burguesía en sus relaciones internas, prescindiendo de su posición frente al proletariado. En este aspecto de la crítica Fourier sigue siendo hasta hoy único. Fourier desenmascara implacablemente la hipocresía de la sociedad respetable, la contradicción entre su teoría y su práctica, el aburrimiento de todo su modo de existencia; se burla de su filosofía, de su afán por la perfection de la perfectibilité perfectibilisante y por la auguste vérité,13 de su «moral pura», de sus monótonas instituciones sociales, y les opone su práctica, el doux commerce, que critica magistralmente, sus placeres disolutos, que no son placeres, su organización de los cuernos en el matrimonio, su confusión general. Todos estos son aspectos de la sociedad existente de los que en Alemania todavía no se ha hablado en absoluto. Es verdad que se ha hablado aquí y allá de la libertad del amor, de la posición y de la emancipación de la mujer; pero ¿qué se ha conseguido? Un par de frases confusas, algunas marisabidillas, un poco de histeria y una buena dosis de miseria familiar alemana: ¡ni siquiera ha salido de ahí un bastardo!
Que los alemanes conozcan primero el movimiento social práctico y literario del extranjero (al movimiento práctico pertenece toda la historia inglesa y francesa de los últimos ochenta años, la industria de Inglaterra, la revolución de Francia); que luego hagan, práctica y literariamente, tanto como sus vecinos, y solo entonces será el momento de plantear cuestiones ociosas como la del mayor o menor mérito de las distintas naciones. Pero entonces ya no se encontrará público para estas sutiles disquisiciones.
Hasta entonces, lo mejor que pueden hacer los alemanes es, ante todo, familiarizarse con lo que se ha hecho en el extranjero. Todos los libros publicados hasta ahora sobre esto son, sin excepción, malos. Tales resúmenes, por lo demás, en el mejor de los casos solo pueden dar la crítica de las cosas, no las cosas mismas. Estas son en parte raras e imposibles de conseguir en Alemania, en parte demasiado voluminosas, en parte están mezcladas con cosas que solo tienen ya interés histórico y literario y que no interesan al público alemán de 1845. Para hacer accesibles estas obras, cuyo valioso contenido sigue siendo nuevo para Alemania, hace falta una selección y una adaptación como las que los franceses, mucho más prácticos que nosotros también en estas cosas, hacen con todo el material que les llega del extranjero. Una adaptación así de la literatura socialista extranjera que ha hecho época empezará a publicarse en breve. Varios comunistas alemanes, entre ellos las mejores cabezas del movimiento, que podrían dar con la misma facilidad obras propias, se han unido para esta empresa,14 que esperamos demuestre a los sabios teóricos alemanes que toda su sabiduría es una sabiduría vieja, discutida hace ya mucho, en pro y en contra, al otro lado del Rin y del Canal. Cuando hayan visto lo que se hizo antes que ellos, tendrán ocasión de mostrar lo que ellos pueden hacer.
Bruselas
F. Engels
Lorenz von Stein, Der Socialismus und Communismus des heutigen Frankreichs (Leipzig, 1842), la principal fuente alemana de información sobre el socialismo francés. ↩
Überwinden, «superar»; aufheben, el término hegeliano que significa a la vez suprimir, conservar y elevar a un nivel superior. Engels se burla aquí de los «verdaderos socialistas» alemanes, como Karl Grün y Moses Hess. ↩
Wilhelm Weitling (1808-1871), sastre, el primer teórico del comunismo obrero alemán, autor de Garantías de la armonía y de la libertad (1842). ↩
Alusión a las fantasías cosmogónicas de Charles Fourier (1772-1837): en la futura armonía el mar tendría sabor de limonada, una corona boreal y otra austral iluminarían los polos y fieras dañinas como el león darían paso a sus «anti», servidores del hombre. ↩
(Nota de Engels.) «La Phalange». Revue de la science sociale, XIVe année, 1re Série in 8°, París, aux Bureaux de la Phalange, 1845. Publication des Manuscrits de Fourier: «Section ébauchée des trois unités externes», p. 142 del cuaderno de enero y febrero. ↩
Théorie des quatre mouvements et des destinées générales (1808), la primera obra de Fourier. ↩
El Lebermeer, mar legendario de aguas cuajadas donde quedaban presos los barcos. ↩
Dependiente de comercio: Fourier trabajó toda su vida como empleado y corredor de comercio. ↩
En sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Hegel divide la historia en cuatro «imperios» (oriental, griego, romano y germánico). ↩
Juego de palabras con Menschentum (humanidad, condición humana), término favorito de los «verdaderos socialistas», y Ungetüm (monstruo). ↩
Organisation du travail (1839), de Louis Blanc, cuyo título se convirtió en consigna. ↩
Alusión a las asociaciones filantrópicas burguesas surgidas en 1844, como la Asociación Central para el Bien de las Clases Trabajadoras de Prusia. ↩
La «perfección de la perfectibilidad perfectibilizante» y la «augusta verdad», expresiones con que Fourier ridiculizaba la jerga de los filósofos. ↩
Engels se refiere al proyecto de una «Biblioteca de los mejores escritores socialistas extranjeros», que planeaba con Marx y Hess en 1845 y que no llegó a publicarse. ↩