Escrito por Friedrich Engels a finales de diciembre de 1847. Publicado en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, núm. 104, 30 de diciembre de 1847. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 423-425), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán

Del banquete de Lille ha surgido un debate entre la Réforme y el National que ha llevado ahora a una separación decidida de los dos periódicos.

Los hechos son los siguientes:

Desde el comienzo de los banquetes reformistas, el National se ha unido todavía más abiertamente que hasta ahora a la oposición dinástica. En el banquete de Lille, el señor Degeorge,1 del National, se retiró junto con Odilon Barrot. El propio National se pronunció de manera más que dudosa sobre el banquete de Lille. Instado por la Réforme a explicarse con más claridad, se negó con el pretexto de no querer entablar una polémica con este periódico. Eso no era en absoluto una razón para no pronunciarse sobre el hecho. Sea como sea, la Réforme no soltó el asunto y acabó atacando al señor Garnier-Pagès,2 del National, por un discurso en el que negaba la existencia de las clases y hacía desaparecer burguesía y proletariado en la frase general de citoyens français. Ahora, por fin, el National declaró que defendería a sus amigos contra un periódico que hacía sospechosos a todos los buenos patriotas como Carnot,3 Garnier-Pagès, etc.

El National, muy pronto derrotado en todos los puntos, no supo al final encontrar otra salida que acusar de comunismo a la Réforme.

«Habláis de aspiraciones indeterminadas, de teorías y sistemas que nacen en el pueblo; nos reprocháis que ataquemos abiertamente esas aspiraciones, comunistas, por decirlo sin rodeos. Pues bien, declaraos directamente a favor o en contra del comunismo. Nosotros lo declaramos en voz alta: no tenemos nada en común con los comunistas, con esa gente que niega la propiedad, la familia, la patria. El día de la lucha no combatiremos al lado de esas aspiraciones abominables, sino contra ellas. No tenemos paz ni tolerancia para esas ensoñaciones odiosas, para ese sistema absurdo y salvaje (sauvage) que bestializa al hombre, que lo rebaja a la condición de animal salvaje (se réduit à l'état de brute). ¿Y creéis que el pueblo estaría con vosotros? ¿Que el pueblo renunciaría a la poca propiedad que ha adquirido con el sudor de su frente, a la familia, a la patria? ¿Creéis que el pueblo se dejaría convencer jamás de que da igual que Austria nos someta a su despotismo, que las potencias despedacen Francia?»

A tales razones contra el comunismo añade el National sus planes para mejorar la situación de los obreros: reforma postal, reforma financiera, impuestos sobre el lujo, subvenciones del Estado, supresión de los fielatos,4 libre competencia.

Nadie se tomará la molestia de corregir al National sus ridículas ideas sobre el comunismo. Lo único cómico es que el National siga exhibiendo el espantajo de una invasión siempre inminente de las «grandes potencias», que siga creyendo que al otro lado del Rin y del Canal hay millones de bayonetas apuntando a Francia y cientos de miles de bocas de fuego dirigidas contra París. La Réforme le ha respondido con toda razón: en caso de una invasión de los reyes, no nos servirán de muralla las fortificaciones de París, sino los pueblos mismos.

La Réforme declara a propósito del artículo del National citado más arriba:

«No somos comunistas, y ello porque el comunismo no tiene en cuenta las leyes de la producción, porque no se preocupa de que se produzca también lo suficiente para toda la sociedad. Pero las propuestas económicas de los comunistas están más cerca de nosotros que las del National, que acepta sin más la economía burguesa actual. Seguiremos defendiendo a los comunistas contra la policía y contra el National, porque les reconocemos al menos el derecho a la discusión y porque las doctrinas que surgen de los propios obreros merecen siempre consideración.»

Damos las gracias a la Réforme por la manera enérgica con que ha defendido la verdadera democracia frente al National. Damos las gracias a la Réforme por defender frente a él el comunismo. Reconocemos con gusto que ha defendido en todo momento a los comunistas cuando los perseguía el gobierno. La Réforme fue la única de todos los periódicos de París que defendió a los comunistas materialistas cuando el señor Delangle5 los llevó ante los tribunales; el señor Cabet, al mismo tiempo, casi dio la razón al gobierno contra los materialistas. Nos alegra que la Réforme, incluso en las formas más o menos poco desarrolladas en que el comunismo se ha presentado hasta ahora, haya descubierto un núcleo del que está más cerca que de los representantes de la economía burguesa. Nosotros, por nuestra parte, esperamos poder demostrar dentro de poco a la Réforme que el comunismo, tal como nosotros lo defendemos, está todavía más emparentado con los principios de la Réforme que con el comunismo mismo, tal como se ha hecho valer hasta ahora en Francia y tal como en parte emigra ahora.6

Por lo demás, en su sentencia condenatoria contra el National, la Réforme no hace sino pronunciar el juicio que la democracia alemana, inglesa y belga, en general todas salvo la democracia francesa, ha emitido hace tiempo.

  1. Frédéric Degeorge (1797-1854), republicano, director del Propagateur du Pas-de-Calais y colaborador del National. ↩

  2. Louis-Antoine Garnier-Pagès (1803-1878), diputado republicano moderado del grupo del National, hermano menor de Étienne Garnier-Pagès; en 1848 fue alcalde de París y ministro de Hacienda del gobierno provisional. ↩

  3. Hippolyte Carnot (1801-1888), diputado republicano moderado, hijo de Lazare Carnot, el «organizador de la victoria» de la Convención. ↩

  4. Octrois: impuestos municipales de consumo que se cobraban a la entrada de las ciudades sobre los víveres y otras mercancías. ↩

  5. Claude Delangle (1797-1869), procurador general del tribunal de apelación de París. Los comunistas «materialistas» o neobabuvistas se oponían al comunismo de inspiración cristiana de Cabet. ↩

  6. Alusión al proyecto de Cabet de fundar una colonia comunista, «Icaria», en América, que se puso en marcha a comienzos de 1848 con la partida de un primer grupo hacia Texas. ↩