Escrito por Friedrich Engels el 23 de octubre de 1847 y publicado en francés en La Réforme (París) el 26 de octubre de 1847. No hemos podido consultar el original francés: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 325-327), por la Escuela de marxismo, 2026; el título es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto de la MEW en alemán.
La crisis comercial que sufre ahora Inglaterra es, en efecto, más grave que cualquiera de las anteriores.1 Ni en 1837 ni en 1842 fue la depresión tan general como en este momento. Todas las ramas de la vasta industria inglesa se han visto arrancadas del ritmo de su trabajo; por todas partes no se ve más que paralización, por todas partes no hay más que obreros arrojados a la calle. No hace falta una larga demostración para comprender que semejante situación provoca una agitación extraordinaria entre los obreros, que se ven ahora despedidos en masa y abandonados a su suerte después de haber sido explotados por los industriales durante el auge comercial. Así aumenta rápidamente el número de mítines de obreros descontentos. El Northern Star,2 órgano de los obreros adheridos al movimiento cartista, dedica más de siete de sus anchas columnas a las crónicas de los mítines de la semana pasada, y los mítines anunciados para la semana en curso llenan otras tres. El mismo periódico da cuenta de un folleto de un obrero, el señor John Noakes, en el que el autor ataca abiertamente y sin rodeos el derecho de la aristocracia a la posesión de sus tierras.
«El suelo de Inglaterra», dice, «es propiedad del pueblo, al que nuestros aristócratas se lo arrebataron por la fuerza o con astucia. El pueblo tiene que hacer valer su derecho inalienable de propiedad; la renta de la tierra debe declararse propiedad nacional y emplearse en bien de todos. Quizá se me objete que son palabras revolucionarias. Revolucionarias o no, eso no importa; si el pueblo no consigue por la vía legal lo que necesita, tendrá que intentarlo por la vía ilegal.»
No es extraño, pues, que en estas circunstancias los cartistas desplieguen una actividad extraordinaria. Su dirigente, el célebre Feargus O'Connor,3 acaba de anunciar que saldrá en breve hacia Escocia para convocar mítines en todas las ciudades y recoger firmas en favor de la Petición Nacional por la Carta del Pueblo, que se presentará al próximo Parlamento.4 Anuncia al mismo tiempo que, antes de la apertura del Parlamento, la prensa cartista contará con un diario más, el Democrat.
Como es sabido, en las últimas elecciones el redactor jefe del Northern Star, el señor Harney,5 fue el candidato de los cartistas por Tiverton, la circunscripción que envía al Parlamento al ministro de Asuntos Exteriores, lord Palmerston.6 El señor Harney, que había ganado la votación a mano alzada, retiró su candidatura cuando lord Palmerston pidió la votación secreta. Pero ahora ha ocurrido algo que demuestra cuánto se diferencian los habitantes de Tiverton, en sus opiniones, del pequeño número de electores parlamentarios. Había que cubrir una vacante en el concejo municipal; los electores municipales, un grupo mucho más numeroso que el de los electores parlamentarios, dieron la vacante al señor Rowcliffe, es decir, al mismo que con ocasión de las elecciones había propuesto al señor Harney. Por lo demás, los cartistas se preparan en toda Inglaterra para las elecciones municipales, que han de celebrarse a primeros de noviembre en todo el país.
Pero miremos ahora a la región industrialmente más desarrollada de Inglaterra, a Lancashire, la comarca que sufre más que ninguna otra el peso de la paralización industrial. La situación en Lancashire es alarmante en grado sumo. La mayoría de las fábricas ha suspendido ya por completo el trabajo, y las que siguen en marcha solo ocupan a sus obreros dos o, como mucho, tres días por semana. Y no acaba ahí la cosa: los fabricantes de Ashton, ciudad muy importante para la industria algodonera, anuncian a sus obreros que dentro de ocho días rebajarán los salarios un diez por ciento. La noticia, que subleva a los obreros, se extiende por toda la región. Pocos días después se reúnen en Manchester delegados de los obreros de todo el condado. La asamblea acuerda enviar una delegación a los fabricantes para moverlos a no llevar a cabo la rebaja anunciada y, si la delegación fracasara, declarar la huelga de todos los obreros de la industria algodonera de Lancashire. Esta huelga, junto a la cual sigue en curso una huelga ya empezada de los obreros del metal y de las minas de Birmingham, tomaría sin remedio las mismas proporciones alarmantes que caracterizaron la última huelga general, la de 1842.7 Podría ser incluso más temible para el Gobierno.
Entretanto, la Irlanda hambrienta se retuerce en convulsiones terribles. Los asilos de pobres8 están llenos a reventar de mendigos, los propietarios arruinados se niegan a pagar el impuesto de pobres, y el pueblo hambriento se junta por millares y saquea los graneros y los establos de los arrendatarios, e incluso los de los sacerdotes católicos, hasta ahora tan venerados.
Parece que el próximo invierno los irlandeses ya no se dejarán morir de hambre en silencio como el pasado.9 La emigración irlandesa a Inglaterra toma de día en día proporciones más inquietantes. Se calcula que llegan por término medio 50.000 irlandeses al año; este año son ya más de 220.000. En septiembre llegaban 345 al día; en octubre la cifra sube a 511. Así se agudiza todavía más la competencia de los obreros entre sí, y no sería nada sorprendente que la crisis actual provocara una agitación de tal magnitud que obligara al Gobierno a reformas de enorme alcance.
La crisis de 1847, que empezó en Inglaterra con la quiebra de la especulación ferroviaria y del comercio de cereales y se extendió al continente, fue la primera crisis general de sobreproducción del capitalismo industrial y uno de los antecedentes inmediatos de las revoluciones de 1848. ↩
The Northern Star, semanario cartista fundado en 1837 en Leeds y trasladado a Londres en 1844, dirigido por Feargus O'Connor; Engels colaboraba en él desde 1843. ↩
Feargus O'Connor (1794-1855), abogado irlandés, el dirigente más popular del cartismo y propietario del Northern Star. En las elecciones de 1847 fue elegido diputado por Nottingham. ↩
La Carta del Pueblo (People's Charter, 1838), que dio nombre al cartismo, reclamaba el sufragio universal masculino, el voto secreto, la supresión del requisito de propiedad para los diputados, su retribución, circunscripciones iguales y elecciones anuales. La tercera petición nacional en su favor se presentó al Parlamento en abril de 1848. ↩
George Julian Harney (1817-1897), dirigente del ala izquierda del cartismo, redactor del Northern Star y amigo de Marx y Engels. ↩
Henry John Temple, vizconde Palmerston (1784-1865), ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete whig de lord John Russell (1846-1851). En las elecciones generales de julio de 1847 Harney le disputó el escaño de Tiverton. ↩
En agosto de 1842 una huelga contra las rebajas de salarios se extendió desde Lancashire a buena parte de los distritos industriales de Inglaterra y de Escocia; los obreros, en su mayoría cartistas, la convirtieron en una huelga por la Carta del Pueblo. Engels, que llegó a Manchester a finales de ese año, la estudia en La situación de la clase obrera en Inglaterra. ↩
Las workhouses, casas de trabajo para los pobres creadas por la Ley de Pobres de 1834, donde los socorros se daban a cambio de trabajo y en condiciones deliberadamente penosas; en 1838 la ley se extendió a Irlanda. ↩
La gran hambre irlandesa (1845-1849), causada por la plaga de la patata en un país cuyos campesinos, arrendatarios de tierras de los grandes propietarios, dependían de ella para comer, mató a cerca de un millón de personas y empujó a la emigración a más de otro millón. ↩