Escrito por Karl Marx en francés en diciembre de 1847. Publicado en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, núm. 101, 19 de diciembre de 1847. No disponemos del original francés: traducido de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 419-420), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto alemán de la MEW
El señor Adolphe Bartels1 afirma que la vida pública ha terminado para él. En efecto, se ha retirado, con toda seriedad, a la vida privada: se limita a soltar protestas a propósito de cada acontecimiento político, a proclamar a los cuatro vientos que se cree dueño de sí mismo, que todo ha ocurrido sin él —el señor Bartels— y contra él —el señor Bartels— y que tiene derecho a negar a los acontecimientos su altísima sanción. Se admitirá que también así se puede participar en la vida pública y que, con ayuda de todas esas declaraciones, proclamas y protestas, el hombre que de hecho está en la vida pública se esconde tras la modesta figura del particular. Así se revela el genio incomprendido y desconocido.
El señor A. Bartels sabe muy bien que los demócratas de las diversas naciones, al unirse bajo el nombre de Asociación Democrática,2 no perseguían otro fin que intercambiar sus ideas y entenderse entre sí sobre los principios que pueden servir para realizar la unidad y la fraternidad entre los pueblos. Se comprende que en una sociedad con tales fines es deber de todos los extranjeros exponer abiertamente su opinión, y es ya ridículo llamarlos maestros de escuela cada vez que toman la palabra para cumplir con su deber, justamente como miembros de la asociación. Si el señor A. Bartels acusa a los extranjeros de querer dar lecciones, es solo porque estos se niegan a recibirlas de él.
Sin duda recordará el señor A. Bartels que en el comité provisional del que formaba parte llegó a proponer que se hiciera de la asociación de los obreros alemanes3 el núcleo de la sociedad que había que fundar. Yo mismo tuve que rechazar aquella propuesta en nombre de los obreros alemanes. ¿Quería acaso el señor A. Bartels tendernos con ella una trampa para procurarse un pretexto para una denuncia posterior?
El señor Bartels es muy libre de insultar nuestras teorías llamándolas «sucias y bárbaras». No hace crítica, no aporta prueba alguna; condena, muy a la manera de la ortodoxia, anatematizando de antemano lo que no comprende.
Nosotros somos más tolerantes que el señor A. Bartels. Pasamos por alto sus «diablos azules», que son unos diablos completamente inofensivos.
Como el señor A. Bartels es más teócrata que demócrata, es demasiado natural que encuentre un cómplice en el Journal de Bruxelles.4 Este periódico nos acusa de querer «mejorar el género humano». ¡Puede estar tranquilo! Por suerte, los alemanes sabemos muy bien que desde 1640 la Congregatio de propaganda fide5 tiene el monopolio exclusivo de la mejora del género humano. Somos demasiado modestos y demasiado insignificantes para hacer la competencia a los reverendos padres, tan loablemente atentos al bien de la humanidad. No tienen más que tomarse la molestia de comparar la crónica de la Deutsche-Brüsseler-Zeitung con la del Northern Star, y podrán comprobar que el Northern Star solo por un error me atribuye las palabras: «Cartistas... seréis celebrados como los salvadores del género humano».6
El Journal de Bruxelles se muestra animado de un espíritu de caridad más cálido cuando nos recuerda el ejemplo de Anacharsis Cloots,7 que tuvo que subir al cadalso por querer ser más patriota que los patriotas de 1793 y 1794. En este aspecto no hay reproche que hacer a los reverendos padres. Nunca fueron más patriotas que los patriotas. Al contrario, siempre y en todas partes se les acusó de querer ser más reaccionarios que los reaccionarios y, lo que es peor, de defender los fines del gobierno más que el propio gobierno nacional. Cuando pensamos en las tristes experiencias que acaban de tener en Suiza,8 estamos muy dispuestos a reconocer que su advertencia, la de que procuremos por nuestra parte evitar el extremo opuesto y peligros semejantes, respira una magnanimidad digna de los primeros cristianos. Se lo agradecemos.
Karl Marx
Adolphe Bartels (1802-1862), periodista belga, demócrata de tendencia católica y socialista cristiana; miembro de la Asociación Democrática de Bruselas, había atacado a los miembros extranjeros de la asociación en un artículo publicado en el Journal de Charleroi. ↩
La Association démocratique de Bruselas, fundada en el otoño de 1847, en la que Marx era vicepresidente. ↩
La Asociación de los Obreros Alemanes de Bruselas (Deutscher Arbeiterverein), fundada por Marx y Engels en agosto de 1847. ↩
Journal de Bruxelles, diario católico belga. ↩
La Congregación para la Propagación de la Fe, organismo de la curia romana encargado de las misiones, fundado en 1622. ↩
El Northern Star había publicado una crónica en inglés del mitin de Londres del 29 de noviembre de 1847; véanse «Discursos sobre Polonia» y «El aniversario de la revolución polaca de 1830». ↩
Anacharsis Cloots (1755-1794), barón prusiano que se hizo ciudadano francés, apóstol de una «república universal» del género humano; miembro de la Convención, fue guillotinado con los hebertistas en marzo de 1794. ↩
Tras la derrota del Sonderbund, la nueva mayoría radical expulsó a los jesuitas de Suiza (decisión de la Dieta de septiembre de 1847, ejecutada tras la guerra). ↩