Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 10, 10 de junio de 1848 (Colonia), p. 4; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.

Milán, 3 de junio. La guarnición de Peschiera obtuvo una capitulación honrosa. Los oficiales conservaron sus armas blancas; a los suboficiales y soldados no se les recogerán las armas hasta Ancona. La fortaleza contenía todavía grandes reservas de armas y municiones, 100 cañones, pero ya pocos víveres. Se contaba, y parece confirmarse, que los húngaros y los italianos cerraron las puertas de la fortaleza cuando la guarnición de Mantua salió para un ataque, de modo que los austriacos, al volver, se vieron obligados a acampar fuera y fueron atacados con violencia por los piamonteses. En Goito habrían quedado el 29 y el 30 de mayo unos 7.000 (?) muertos y heridos. Las pérdidas de los toscanos, que el 29 se enfrentaron imprudentemente con un enemigo mucho más fuerte, fueron muy considerables. El Gobierno lombardo ha enviado un embajador a Fráncfort, ante la Asamblea Nacional. (Z. Z.)

Milán, 3 de junio. Sobre la toma de Peschiera, un boletín oficial aparecido ayer por la tarde da los siguientes detalles: el 30 de mayo, a las 11 de la noche, Peschiera capituló, como ya se informó. Concluido el acuerdo, entraron en el fuerte varios oficiales italianos con una compañía de artillería y una compañía de tiradores. El 31, al despuntar el día, entraron todo el 13.º regimiento y el cuerpo de milicias de Parma cantando el himno nacional. A mediodía, los austriacos desfilaron con sus armas ante nuestras tropas, salieron por la puerta de Brescia y allí depusieron las armas. Solo a los oficiales se les permitió conservar el sable. La guarnición, compuesta por 1.600 croatas, llegó ayer escoltada a Brescia. En el fuerte encontramos mucho material de guerra, bombas, morteros, etc. El interior de las casas ofrecía un aspecto de devastación. El enemigo quería resistir hasta el extremo y había consumido casi por completo las provisiones. De los pocos artilleros que quedaban, cada uno tenía que servir 2 cañones; destruidos los molinos, se recurrió a molinos de mano; se habían comido casi todos los caballos; faltaba la sal y se la sustituía con salitre; los soldados saqueaban las casas incendiadas por las bombas enemigas, y los pocos vecinos que quedaban, no más de 400, tuvieron que trabajar en su mayoría en las fortificaciones y fueron alojados en las casamatas. Del combate principal librado también el 30 de mayo en Goito se sabe además que el número de muertos, heridos y prisioneros austriacos fue muy grande. Un fuerte cuerpo enemigo con artillería quedó encerrado entre Rivalta y Ceresara. El paso del Oglio en Marcaria lo vigilan los toscanos y las guardias nacionales de los alrededores. Desertores lombardos del regimiento Haugwitz, así como húngaros y bohemios dispersos, hablan de deserciones en sus cuerpos y aseguran que los austriacos, en el combate de Montanara, dejaron sobre el campo, además de varios oficiales de estado mayor muertos, más de 400 hombres. La rendición de Peschiera y las tres victorias de los últimos días de mayo aseguran el éxito de la guerra de independencia.

Turín, 31 de mayo. El conocido economista Arrivabene, de Mantua, que vivía hasta ahora en Bélgica como refugiado político, ha pasado por aquí de regreso a su tierra. Se pondrá a disposición del Gobierno provisional de Milán. (Concordia.)

* La prensa piamontesa despliega ahora las frases más zalameras para mover a los lombardos a la anexión al Piamonte. Mientras se lanza sobre los republicanos con toda clase de sospechas y acusaciones, ella misma emplea todos los tópicos republicanos para presentar la monarquía de Carlos Alberto como la mejor de las repúblicas. Óigase a la Concordia de Turín:

«Los derechos cuya garantía pedís, oh lombardos, se resumen en la soberanía nacional. Pero el principio de esta soberanía triunfa por completo entre nosotros. Carlos Alberto, al acudir en ayuda de Lombardía, ha reconocido tácita y expresamente la soberanía de la nación. Nuestros valientes, que luchan con los vuestros y con todos los italianos a las órdenes de aquel magnánimo, luchan por la plenitud de esos mismos derechos que vosotros reclamáis.

»¿Qué teméis, pues? Dejad a la asamblea constituyente el modo de realizar estos derechos. No hay otro camino que este para llegar a la igualdad y a la fraternidad, esos elementos necesarios de nuestra fusión. La asamblea constituyente debe ser la meta de nuestros deseos, nuestra consigna, nuestro grito de unión. Más allá de ella está el caos, la discordia, la anarquía, la desgracia...

»¡Oh lombardos, creednos! ¡Solo nuestra simpatía sin límites por vosotros nos hace hablar así! La confianza es ahora la base de nuestra colaboración mutua. Confían los fuertes piamonteses, confían los ardientes ligures; ¡confiad, pues, también vosotros, oh libres lombardos! Si nuestros enemigos interiores levantaran orgullosos la cabeza, si llegara el momento de ser desconfiados y estar en guardia, os juramos, hermanos, que os gritaríamos con la misma franqueza: ¡No tengáis confianza! ¡Estad en guardia!».

* Milán. Sobre la insurrección del 29, la Concordia publica un largo informe que atribuye la culpa a medias a los republicanos y a medias a un partido austriaco-jesuita. Según ese informe, el levantamiento se pareció mucho al de París del 15 de mayo. Se había reunido al pueblo con el pretexto de hacer una manifestación a favor de las garantías de los derechos populares que Carlos Alberto debía dar antes de la anexión. Un tal Urbino estaba al frente de los insurrectos propiamente dichos, armados con garrotes, bastones de estoque, puñales y pistolas. Se quería obligar al Gobierno a firmar un acta de abdicación y proclamar después un nuevo Gobierno formado por Urbino, Cernuschi, Cattaneo, Romani, Angelo y Bressanini. Cuando el Gobierno fue sorprendido, Urbino gritó desde el balcón: «¡El Gobierno ha abdicado!». Pero el pueblo gritó: «¡No, no!». Los pocos guardias cívicos de la guardia intentaron entonces proteger al Gobierno y, cuando la multitud vio que se la quería llevar más lejos de lo que en un principio pretendía, se fue dispersando poco a poco. Varios de los alborotadores fueron detenidos en el acto; otros, entre ellos Urbino, a última hora de la tarde. Tras tres horas de tumulto quedaron despejados la plaza de San Fedele y el edificio del Gobierno que hay en ella, y solo entonces llegaron 10.000 hombres de la Guardia Nacional para mostrar su confianza al Gobierno con un desfile.

Por lo demás, la Concordia es parcial en este asunto, pero su informe lo ha escrito un testigo presencial que estaba precisamente de guardia en el palacio del Gobierno. Afirma que detrás de todo el asunto está Mazzini, quien sin embargo se habría mantenido prudentemente al margen. Pero Mazzini, en su Libero Italiano, ha negado rotundamente toda participación en la empresa.