Escrito en Colonia el 21 de octubre de 1848. Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 123, del 22 de octubre de 1848; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 437-439), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Colonia, 21 de octubre. Volvemos una y otra vez, y siempre con renovada satisfacción, a nuestro «Estado constitucional modelo», a Bélgica. En un número anterior de nuestro periódico demostramos que «el mayor vasallo de Leopoldo es el pauperismo».1 Demostramos que, si los delitos, aunque solo fueran los de los muchachos y muchachas menores de dieciocho años, siguieran desarrollándose espontáneamente en la misma proporción que de 1845 a 1847, «en el año 1856 toda Bélgica estaría en la cárcel, contando a los niños por nacer». Demostramos en el mismo lugar que el agotamiento de las fuentes de ingresos industriales de Bélgica avanza al mismo paso que el crecimiento del pauperismo y del delito (núm. 68 de la N. Rh. Z.).
Hoy echamos un vistazo a la situación financiera del «Estado modelo».
| Francos | |
|---|---|
| Presupuesto ordinario de 1848 | 119.000.000 |
| Primer empréstito forzoso | 12.000.000 |
| Segundo empréstito forzoso | 25.000.000 |
| Billetes de banco de curso forzoso | 12.000.000 |
| Suma total: | 168.000.000 |
| A añadir: billetes de banco de curso forzoso con garantía del Estado | 40.000.000 |
| Suma: | 208.000.000 |
Bélgica, nos cuenta Rogier,2 se alza como una roca, batida por las tormentas de la historia universal, pero impasible. Se asienta sobre las montañas primitivas de sus amplias instituciones. Los 208.000.000 de francos son la traducción prosaica de la fuerza milagrosa de esas instituciones modelo. La Bélgica constitucional no sucumbe al desarrollo revolucionario. Perece ignominiosamente por… la bancarrota.
El ministerio belga liberal, el ministerio Rogier, no es, como todos los ministerios liberales, más que un ministerio de los capitalistas, de los banqueros, de la alta burguesía. Enseguida veremos cómo, a despecho del pauperismo creciente y de la industria en declive, no desdeña los medios más refinados para explotar una y otra vez al pueblo entero en beneficio de los barones de la banca.
El segundo empréstito que figura en el cuadro de arriba se arrancó a las Cámaras sobre todo con la promesa de que se querían amortizar los bonos del Tesoro. Esos bonos del Tesoro los había emitido, bajo el ministerio católico de De Theux, el ministro de Hacienda católico Malou.3 Se habían emitido a cambio de empréstitos voluntarios que algunos barones de las finanzas habían hecho al Estado. Fueron el tema principal, el tema inagotable, de las aullantes diatribas de nuestro Rogier y de sus consortes liberales contra el ministerio De Theux.
¿Y qué hace ahora el ministerio liberal? Anuncia en el Moniteur —Bélgica tiene su Moniteur— una nueva emisión de bonos del Tesoro al 5 por ciento.
¡Qué desvergüenza, emitir bonos del Tesoro después de haber obtenido con artimañas un empréstito forzoso de 25.000.000 de francos con el único pretexto de amortizar los tan denostados bonos del Tesoro emitidos por Malou! Pero no basta.
Los bonos del Tesoro se emiten al 5 por ciento. Títulos belgas que también tienen garantía del Estado rinden un 7 y un 8 por ciento. ¿Quién va a meter, pues, su dinero en bonos del Tesoro? Y además, la situación del país en general y los empréstitos forzosos han dejado a pocos en condiciones de hacer al Estado anticipos voluntarios.
¿Cuál es, pues, el objeto de esta nueva emisión de bonos del Tesoro?
Los bancos están todavía muy lejos de haber podido poner en circulación todos los billetes de curso forzoso que el gobierno liberal les autorizó a emitir. En sus carteras quedan aún algunos millones de esos papeles inútiles, que naturalmente no rinden nada mientras sigan herméticamente encerrados en ellas. ¿Hay mejor medio de poner en circulación ese papel que dárselo al Estado a cambio de bonos del Tesoro que rinden un 5 por ciento?
Así, el banco cobra un 5 por ciento por varios millones en papelitos que no le han costado nada y que, en general, solo tienen un valor de cambio porque el Estado se lo ha dado. La chusma contribuyente belga se encontrará en el próximo presupuesto con un déficit de algunos cientos de miles de francos más, que deberá reunir como es su deber, todo en beneficio del pobre banco.
¿Hay que extrañarse de que los barones belgas de las finanzas encuentren la monarquía constitucional más lucrativa que la república? El ministerio católico mimaba y cuidaba sobre todo los intereses más sagrados, es decir, los intereses materiales, de los landlords. El ministerio liberal trata con el mismo tierno esmero los intereses de los landlords, de los barones de las finanzas y de los lacayos de la corte. ¿Qué tiene de extraño que, bajo su mano experta, esos llamados partidos, que se lanzaban con la misma voracidad sobre la riqueza nacional, o más bien, en Bélgica, sobre la pobreza nacional, y que en esa ocasión llegaban a veces a las manos, caigan ahora todos reconciliados unos en brazos de otros y no formen más que un único gran partido, el «partido nacional»?
Alusión al artículo «El “Estado modelo” Bélgica», de la Neue Rheinische Zeitung, núm. 68, del 7 de agosto de 1848, que comentaba las estadísticas belgas de pauperismo y delincuencia. Leopoldo I fue rey de los belgas de 1831 a 1865. ↩
Charles Rogier (1800-1885), jefe del gabinete liberal belga formado en 1847. ↩
Barthélemy de Theux de Meylandt (1794-1874) presidió el gabinete católico de 1846-1847; Jules Malou (1810-1886) fue en él ministro de Hacienda. ↩