Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 66, del 5 de agosto de 1848, con la data «París, 3 de agosto». La MEW lo recoge entre los artículos de Marx y Engels sin precisar cuál de los dos lo escribió. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 305-308), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
*París, 3 de agosto. Anteayer solo pudimos dar fragmentos del discurso de Proudhon.1 Vamos a entrar ahora en un examen detenido. El señor Proudhon empieza declarando que la revolución de febrero no es otra cosa que la aparición del socialismo, que en todos los acontecimientos posteriores, en todas las fases posteriores de esta revolución, ha querido hacerse valer.
«Queréis acabar con el socialismo: muy bien, adelante; yo os echaré una mano. El éxito del socialismo no depende en absoluto de un solo hombre; la lucha actual no es en absoluto una lucha entre el señor Thiers2 y yo, sino entre el trabajo y los privilegios.»
En lugar de eso, el señor Proudhon demuestra que el señor Thiers no ha hecho más que atacar y calumniar su vida privada.
«Si nos ponemos en ese terreno, le digo al señor Thiers: ¡confesémonos los dos! ¡Confesad vuestros pecados y yo confesaré los míos!»
La cuestión de que se trata, dice, es la revolución; el comité de Hacienda ve la revolución como un acontecimiento fortuito, como una sorpresa; él, Proudhon, se la ha tomado en serio. En el año 93 la propiedad pagó su deuda a la República pagando un tercio de impuesto. La revolución del 48 debe guardar una «relación de proporcionalidad». Los enemigos en el año 93 eran el despotismo y el extranjero; en el año 48 el enemigo es el pauperismo. «¿Qué es ese droit au travail», el derecho al trabajo?
«Si la demanda de trabajo fuera mayor que la oferta, no se necesitarían promesas por parte del Estado. Pero ese no es el caso; el consumo marcha muy flojo: ¡los almacenes están llenos de mercancías y los pobres desnudos! Y, sin embargo, ¿qué país está más dispuesto a consumir que Francia? Si en lugar de 10 millones se nos dieran 100, es decir, 75 francos por cabeza y por día, ya sabríamos consumirlos.» (Risas en la sala.)
El tipo de interés, dice, es una causa fundamental de la ruina del pueblo. La creación de un banco nacional de dos mil millones que prestara su dinero sin interés y concediera gratis el uso del suelo y de las casas reportaría ventajas infinitas. (Violenta interrupción.)
«Cuando hayamos llegado a eso (risas), cuando el fetichismo del dinero haya sido desplazado por el realismo del disfrute (nuevas risas), entonces existirá la garantía del trabajo. Suprimid el arancel sobre los instrumentos de trabajo y estaréis salvados. Quienes digan lo contrario, se llamen girondinos o montañeses, no son socialistas, no son republicanos (¿oh, oh?)… O la propiedad derribará a la República, o la República derribará a la propiedad.» (Gritos de: ¡que se cierre!)
El señor Proudhon se enreda ahora en largos desarrollos sobre el significado del interés y sobre cómo podría reducirse a cero el tipo de interés. Mientras se mantiene en este punto de vista económico, el señor Proudhon es débil, aunque provoca un escándalo infinito en esta cámara burguesa. Pero cuando, excitado justamente por ese escándalo, se pone en el punto de vista del proletario, es como si la cámara cayera en convulsiones nerviosas.
«Señores, mi orden de ideas es distinto del vuestro; ¡yo estoy en un punto de vista distinto del vuestro! La liquidación de la vieja sociedad se abrió el 24 de febrero entre la burguesía y la clase trabajadora. Esta liquidación se llevará a cabo por la vía violenta o por la vía pacífica. Todo depende del entendimiento de la burguesía, de su mayor o menor resistencia.»
El señor Proudhon pasa ahora a explicar su idea «sobre la abolición de la propiedad». No quiere abolir la propiedad de una vez, sino gradualmente, y por eso ha dicho en su periódico3 que la renta de la tierra es un don gratuito de la tierra que el Estado debe recoger gradualmente.
«Así pues, por un lado he denunciado a la burguesía el significado de la revolución de febrero; he notificado a la propiedad su despido para que se tenga preparada para la liquidación y para que los propietarios fueran responsables de su negativa.»
Truenos desde varios lados: ¿Cómo que responsables?
«Quiero decir que, si los propietarios no quieren liquidar de buen grado, procederemos nosotros a la liquidación.»
Varias voces: ¿Quiénes, nosotros?
Otras voces: ¡Al manicomio de Charenton4 con él! (Agitación terrible; una verdadera tempestad, con truenos y viento rugiente.)
«Cuando digo nosotros, me identifico yo con el proletariado, y a vosotros con la burguesía.»
El señor Proudhon entra luego a detallar su sistema fiscal y se vuelve otra vez «científico». Esta «ciencia», que siempre fue el lado débil de Proudhon, se convierte precisamente en esta cámara obtusa en su lado fuerte, porque le da la osadía de combatir con su «ciencia» pura y acendrada la ciencia financiera impura del señor Thiers. El señor Thiers ha dado pruebas de su entendimiento práctico en finanzas. Bajo su administración, el Tesoro público menguó y en cambio creció su fortuna privada.
Cuando la cámara presta poca atención a las explicaciones siguientes de Proudhon, este le declara sin rodeos que todavía le quedan por lo menos tres cuartos de hora de discurso. Cuando después buena parte de la cámara se dispone a marcharse, vuelve a pasar directamente a los ataques contra la propiedad.
«¡Con la sola revolución de febrero habéis abolido la propiedad!»
Diríase que el espanto deja a la gente clavada en sus asientos cada vez que Proudhon suelta una palabra contra la propiedad.
«Al reconocer en la Constitución el derecho al trabajo, habéis proclamado el reconocimiento de la abolición de la propiedad.»
La Rochejaquelein5 pregunta si se tiene derecho a robar. Otros diputados no quieren dejar continuar al señor Proudhon.
«No podéis destruir las consecuencias de los faits accomplis» (los hechos consumados). «Si los deudores y los arrendatarios todavía pagan, es porque quieren.» (Tumulto terrible. El presidente llama al orador al orden: todo el mundo está obligado a pagar sus deudas.)
«No digo que las obligaciones de deuda estén abolidas, pero quienes quieren defenderlas aquí destruyen la revolución…
¿Qué somos aquí, representantes? ¡Nada!, nada en absoluto; el poder que nos confirió el poder carecía de principio, de fundamento. Toda nuestra autoridad es fuerza, arbitrariedad, el poder del más fuerte. (Nuevo estallido de la tempestad.) El sufragio universal es un azar, y para que adquiera un significado debe precederle una organización. Lo que nos gobierna no es la ley, no es el derecho; es la fuerza, la necesidad, la providencia… El 16 de abril, el 15 de mayo, el 23, el 24 y el 25 de junio6 son hechos, nada más que hechos, que se legitiman en la historia. Hoy podemos hacer todo lo que queramos; somos los más fuertes. No hablemos, pues, de sediciosos; los sediciosos son los que no tienen otro derecho que el del más fuerte, pero no quieren reconocer ese derecho a los demás. Sé que mi propuesta no será aceptada. Pero estáis en una situación en la que solo podéis escapar a la muerte aceptando mi propuesta. ¡Se trata de la cuestión del crédito, de la cuestión del trabajo! La confianza no volverá nunca más; no, es imposible que vuelva…» (¡Espantoso!) «Podéis decir cuanto queráis que queréis hacer una república honesta y moderada: el capital no se atreve a mostrarse bajo una república que tiene que hacer manifestaciones en favor de los obreros. Así que, mientras el capital nos espera para liquidarnos, nosotros esperamos al capital para liquidarlo. El 24 de febrero estableció el derecho al trabajo. Si borráis ese derecho de la Constitución, estableceréis el derecho a la insurrección.
Poneos para siempre bajo la protección de las bayonetas, prolongad para siempre el estado de sitio: el capital seguirá teniendo miedo, y el socialismo tiene los ojos puestos en él.»
Los lectores de la Kölnische Zeitung conocen al señor Proudhon desde antiguo. El señor Proudhon, que, como dice el orden del día motivado,7 ha atacado la moral, la religión, la familia y la propiedad, era no hace mucho todavía el héroe celebrado de la Kölnische Zeitung. El «llamado sistema socioeconómico» de Proudhon se glorificó por extenso en correspondencias desde París, en folletines y en largos tratados. De la determinación del valor de Proudhon debían partir todas las reformas sociales. Cómo llegó la Kölnische Zeitung a esta peligrosa amistad no hace al caso. ¡Pero es curioso! La misma que entonces veía en Proudhon un salvador no tiene ahora bastantes injurias para calificarlo, a él y a su «partido embustero», de socavadores de la sociedad. ¿Ya no es el señor Proudhon el señor Proudhon?
Lo que nosotros atacamos en el señor Proudhon8 fue la «ciencia utopista» con la que quería conciliar la oposición entre el capital y el trabajo, entre el proletariado y la burguesía. Volveremos sobre ello. Todo su sistema bancario, todo su intercambio de productos no es más que una ilusión pequeñoburguesa. Ahora que, para llevar a cabo esa pálida ilusión, se ve obligado a presentarse como demócrata frente a toda la cámara burguesa y a expresar con dureza esa oposición frente a ella, esta clama contra un atentado a la moral y a la propiedad.
Pierre-Joseph Proudhon, diputado por el Sena desde junio de 1848, había propuesto un impuesto de un tercio sobre las rentas y los alquileres en favor de los arrendatarios, deudores y del Estado; el comité de Hacienda la rechazó con un informe de Thiers, y Proudhon la defendió en la Asamblea Nacional el 31 de julio de 1848. ↩
Adolphe Thiers, historiador y político orleanista, varias veces ministro y jefe de gobierno bajo Luis Felipe; en 1848, diputado y portavoz del «partido del orden». ↩
Le Représentant du Peuple, diario de Proudhon. ↩
Charenton, cerca de París, era sede del gran asilo de alienados. ↩
Henri de La Rochejaquelein, diputado legitimista. ↩
El 16 de abril de 1848, la Guardia Nacional burguesa frenó en París una manifestación obrera; el 15 de mayo, una manifestación por Polonia invadió la Asamblea Nacional y fue seguida de la detención de los jefes revolucionarios; del 23 al 26 de junio, la insurrección de los obreros de París fue aplastada por Cavaignac. ↩
La Asamblea rechazó la propuesta de Proudhon con un orden del día motivado que la condenaba como un ataque a los principios de la moral pública, a la propiedad y a la familia; solo dos diputados votaron en contra. ↩
Marx había criticado a Proudhon en Miseria de la filosofía (1847). ↩