Escrito en Neuchâtel el 7 de noviembre de 1848. Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 140, del 11 de noviembre de 1848; la MEW lo atribuye a Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 13-14), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

**De la República de Neuchâtel, 7 de noviembre. Les interesará oír algo, por una vez, de un pequeño país que hasta hace poco gozaba de las bendiciones de la dominación prusiana, pero que fue el primero de todos los territorios sometidos a la Corona de Prusia en plantar la bandera de la revolución y en expulsar al paternal gobierno prusiano. Hablo del antiguo «Principado de Neuenburg y Vallendis»,1 en el que el señor Pfuel, actual presidente del Consejo de Ministros, hizo sus primeros estudios administrativos como gobernador y fue depuesto por el pueblo en mayo de este año,2 antes aún de poder cosechar laureles en Posen3 y votos de censura en Berlín como primer ministro. El pequeño país ha adoptado ahora el nombre más orgulloso de «République et Canton de Neuchâtel», y no estará lejos el día en que en Berlín el último cazador de la Guardia de Neuchâtel4 cepille su guerrera verde. Debo confesar que me produjo una satisfacción humorística, cinco semanas después de mi huida ante la santa Hermandad prusiana,5 poder pasearme de nuevo sin que me molestaran por un suelo que de jure sigue siendo prusiano.

Por lo demás, la República y Cantón de Neuchâtel se encuentra a todas luces en un estado mucho más confortable que el difunto Principado de Neuenburg y Vallendis; pues en las recientes elecciones al Consejo Nacional suizo los candidatos republicanos obtuvieron más de 6.000 votos, mientras que los candidatos de los realistas, de los bédouins,6 como aquí los llaman, apenas reunieron 900. También en el Gran Consejo se sientan casi solo republicanos, y únicamente un pueblecito de montaña dominado por los aristócratas, Les Ponts, ha enviado a Neuchâtel como representante suyo al ex consejero de Estado real-prusiano-principesco-neuenburgués Calame, que hace unos días tuvo que jurar fidelidad a la República. En lugar del viejo Constitutionnel Neuchâtelois realista aparece ahora, en La Chaux-de-Fonds, la localidad más grande, más industrial y más republicana del cantón, un Républicain Neuchâtelois, escrito en un francés suizo del Jura muy malo, pero, por lo demás, redactado nada mal.

La relojería del Jura y la manufactura de encajes del Val de Travers, las principales fuentes de vida del pequeño país, empiezan también a ir mejor, y los montagnards van recobrando poco a poco su antigua alegría, a pesar de la nieve de un pie de altura que ya cubre esto. Entretanto, los bédouins andan cariacontecidos, exhiben en vano los colores prusianos en pantalones, blusas y gorras, y suspiran en vano por el regreso del honorable Pfuel y de los decretos que empezaban: «Nous Frédéric-Guillaume par la grâce de Dieu!».7 Los colores prusianos, gorras negras con bordes blancos, allá arriba en el Jura, a 3.500 pies sobre el nivel del mar, están tan abatidos y son recibidos con sonrisas tan ambiguas como entre nosotros en el Rin; si no fuera por las banderas suizas y los grandes carteles de «République et Canton de Neuchâtel», uno podría creerse en casa. Por cierto, me alegra poder informar de que los obreros alemanes desempeñaron en la revolución de Neuchâtel, como en todas las revoluciones de 1848, un papel decisivo y muy honroso. A cambio, se llevan en la medida más plena el odio de los aristócratas.

  1. Nombre alemán del principado de Neuchâtel y Valangin, posesión de los reyes de Prusia desde 1707 y, a la vez, cantón de la Confederación Suiza desde 1815; el 1 de marzo de 1848 una insurrección proclamó allí la República. ↩

  2. Pfuel fue gobernador de Neuchâtel desde 1832. ↩

  3. Como gobernador militar de Posen, Pfuel dirigió en la primavera de 1848 la represión de la insurrección polaca. ↩

  4. El batallón de cazadores de la Guardia de Neuchâtel, unidad de la Guardia prusiana reclutada en el principado y acuartelada en Berlín. ↩

  5. Tras el estado de sitio de Colonia, a finales de septiembre de 1848, Engels huyó de una orden de detención y pasó por Bélgica y Francia a Suiza. La Santa Hermandad, la vieja policía rural castellana, designa aquí con ironía a la policía. ↩

  6. «Beduinos», mote de los realistas de Neuchâtel. ↩

  7. «¡Nos, Federico Guillermo, por la gracia de Dios!». ↩