Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung (Colonia), n.º 24, del 24 de junio de 1848. La MEW no precisa si es de Marx o de Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 100-101), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
**Colonia, 23 de junio. ¡Nuevo giro de la crisis ministerial en Berlín! Nuestro Hansemann1 ha recibido el encargo de formar gabinete y, con los restos del viejo ministerio, con Patow, Bornemann, Schleinitz y Schreckenstein,2 se arrojará conmovido en brazos del centro izquierda. El señor Rodbertus3 participará, según se dice, en la nueva combinación; es el mediador que procura a los restos arrepentidos del ministerio Camphausen la gracia y el perdón del centro izquierda.
Gracias a la gracia del señor Rodbertus, nuestro Duchâtel4 prusiano ve coronados sus más hermosos deseos: será primer ministro. Los laureles de Camphausen no le dejaban dormir; ahora por fin tendrá ocasión de demostrar de lo que es capaz cuando puede desplegar sus alas sin trabas. Ahora podremos admirar en toda su gloria sus gigantescos planes financieros, sus inconmensurables proyectos para remediar toda necesidad y toda miseria, esos planes con los que tan grandes cosas hizo creer a sus diputados. Solo ahora está en condiciones de consagrar al Estado toda la riqueza de los talentos que antes desplegó de forma tan brillante y fructífera como hombre de los ferrocarriles y en otros puestos. Y solo ahora lloverán las cuestiones de confianza.
El señor Hansemann ha superado a su modelo: gracias al sacrificio de Rodbertus será primer ministro, cosa que Duchâtel nunca fue. Pero le advertimos. Duchâtel tenía sus razones para quedarse siempre, en apariencia, en segunda fila. Duchâtel sabía que los estamentos más o menos cultos del país, tanto dentro como fuera de la cámara, necesitan un caballero elocuente del «gran debate», un Guizot5 o un Camphausen, que en cualquier caso que se presente tranquilice las conciencias y arrebate los corazones de todos los oyentes con los argumentos necesarios, desarrollos filosóficos, teorías de estadista y demás frases vacías. Duchâtel dejaba de buen grado a sus ideólogos parlanchines el nimbo de la presidencia del Consejo; el brillo vano no tenía valor para él, a él le importaba el poder práctico real, y sabía que donde estaba él estaba el poder real. El señor Hansemann quiere probar de otro modo; él sabrá. Pero lo repetimos: la presidencia del Consejo no es el lugar natural de Duchâtel.
Pero un sentimiento doloroso se apodera de nosotros cuando recordamos lo pronto que el señor Hansemann caerá de su vertiginosa altura. Antes de que el gabinete Hansemann se haya constituido, antes de que llegue siquiera a disfrutar un momento de su existencia, está condenado a desaparecer.
La reacción y los rusos llaman a la puerta, y antes de que el gallo haya cantado tres veces6 habrá caído el gabinete Hansemann, a pesar de Rodbertus y a pesar del centro izquierda. Entonces, adiós presidencia del Consejo, adiós planes financieros y proyectos gigantescos para remediar la miseria; el abismo se los tragará a todos, y dichoso el señor Hansemann si puede volver tranquilamente a su modesto hogar burgués y meditar en que la vida es sueño.
David Hansemann (1790-1864), banquero y empresario de ferrocarriles de Aquisgrán, dirigente de la burguesía liberal renana, ministro de Hacienda en el gobierno Camphausen. En el gobierno formado el 25 de junio de 1848 la presidencia correspondió a Rudolf von Auerswald, y Hansemann siguió en Hacienda como su figura dominante. ↩
Patow, ministro de Comercio; Bornemann, de Justicia; Schleinitz, de Asuntos Exteriores; Schreckenstein, de la Guerra. ↩
Johann Karl Rodbertus (1805-1875), economista, diputado del centro izquierda en la Asamblea Nacional prusiana; fue ministro de Cultos durante unos días en el nuevo gobierno. ↩
Charles Duchâtel (1803-1867), ministro del Interior en el gobierno de Guizot bajo Luis Felipe. ↩
François Guizot (1787-1874), historiador, jefe del gobierno francés hasta la revolución de febrero de 1848. ↩
Alusión a la negación de Pedro (Mateo 26, 34). ↩