Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 40, 10 de julio de 1848 (Colonia), p. 3, sección «Italia» (sin las noticias de Roma del 27 de junio [Il Contemporaneo] y Venecia del 29 de junio [A. A. Z.], que el periódico da como tomadas de otros diarios; el lugar de la primera se marca con […]); atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán
Roma, 27 de junio. En la sesión de ayer de la Cámara de Diputados, Rinchi presentó seis propuestas, todas ellas relativas a la prosecución enérgica de la guerra. A continuación, en nombre de la comisión del mensaje, Bianchini dio lectura al proyecto de mensaje, un documento bastante más largo que el discurso de la corona. Un pasaje dice: «Es digno del ministerio sacerdotal y propio de vuestros sentimientos celestiales pronunciar entre los combatientes una palabra de paz; pero, rechazando toda imitación de los tratados de Campo Formio, también nosotros somos de la opinión de que el pueblo ni puede ni debe deponer las armas, sino que, por el contrario, debe proseguir la guerra con fuerzas redobladas y sostenerla por todos los medios, hasta que la patria común haya recobrado sus fronteras naturales. El derecho de gentes, reconocido por todas las naciones civilizadas, y en particular por la docta y generosa Alemania, nos permite esperar que nuestras fuerzas bastarán para llevar a buen término esta guerra, una guerra defensiva en la que solo se trata de recuperar lo arrebatado por la fuerza.»
El proyecto de mensaje se había impreso y repartido de antemano. Aun así, Bonaparte pide que se aplace la discusión. Pero la Cámara se decide por el debate inmediato.
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Mayr encuentra que al proyecto le falta el valor necesario. Mucho de lo que dice está velado; hay que decir abiertamente al pueblo lo que en verdad son sus representantes. Pide que el mensaje hable de la secularización del gobierno y de la unidad de Italia mediante la creación de un Estado federal; y que la propuesta parta precisamente de Roma. Echa de menos en el mensaje la mención del deseo de una unión aduanera italiana y de ferrocarriles. Habla a favor del proyecto Farini. Sterbini, aunque en parte a favor, ve en él dos defectos importantes. El uno sería más bien de forma: la comisión se habría ceñido con demasiada servidumbre a la costumbre gastada de otros países constitucionales, donde se sigue el llamado discurso de la corona período por período. El segundo defecto, mayor, sería la falta de un lenguaje claro y preciso, que hace necesarias nuevas explicaciones. Las ideas que queremos expresar están envueltas en una bonita niebla de frases. Falta sobre todo la idea, contenida en los deseos de todos nosotros, de reunir aquí en Roma una dieta italiana formada por diputados de todas las asambleas legislativas de las distintas partes de Italia, bajo la presidencia del papa. Respecto de Nápoles, yo desearía más indignación y una censura más fuerte por el perjurio y por el daño causado a la causa italiana. En cuanto a las trabas de la propiedad de la tierra, heredadas de la Edad Media, apenas hay una leve observación, como si se hubiera temido tocar demasiado de cerca a cierta clase de la sociedad. Pantaleoni echa de menos sobre todo que se aborde la cuestión social, esa cuestión que se debate en todas las partes de Europa, que ha derribado el trono francés y que asoma en el horizonte, cada vez más amenazadora, como un negro nubarrón de tormenta. Entra en los pormenores de la cuestión en su aspecto material y moral y pide que se prevengan las consecuencias del abandono de las clases más pobres. El presidente, Sereni, que es a la vez miembro de la comisión, trata de defender el proyecto frente a las objeciones. Tras algunas observaciones más de otros oradores, el debate se aplaza a la sesión siguiente.
‖ Nápoles, 23 de junio. Se espera aquí una fragata francesa procedente de Tolón que ha de traer al almirante Dupetit-Thouars. Este tomará el mando de la flota en lugar de Baudin. La provincia de Reggio, que hasta ahora había permanecido tranquila por la masa de tropas, está también en plena insurrección. El gobierno provisional nombrado allí tendrá su sede en Casalnuovo. Andrea Romeo ha llegado felizmente desde los Abruzos a la comarca de Castrovillari, y los calabreses lo han recibido con un júbilo inmenso.
*Florencia, 29 de junio. «Cada día tiene su afán: para nosotros, el afán de cada día es la guerra.» Así comienza hoy L'Alba un artículo de fondo en el que recuerda con qué entusiasmo acudieron los pueblos de Italia bajo la bandera de Carlos Alberto y cómo este recibió en sus manos los destinos de Italia más como jefe del ejército que como rey. «Si se le hubieran cerrado los pasos de los Alpes al ejército de Nugent,1 Vicenza y Treviso no habrían tenido que capitular, y Venecia no estaría ahora amenazada por Radetzky, que con fuerzas menores no habría podido trazar un plan de guerra tan amplio. La defensa de Venecia era necesaria para la independencia de Italia, y esta independencia está ahora amenazada por la presencia de los austriacos ante Venecia. Si el rey del Piamonte odiaba a Venecia como república, el general debía defenderla, no porque fuera una república, sino porque era una parte de Italia.» — El mismo periódico trae un segundo artículo sobre la creciente fuerza del partido democrático en Alemania, sobre la estrechez de miras (stoltezza) de la Asamblea Nacional de Fráncfort, que se burla del espíritu y de la presión del pueblo, sobre las asambleas populares, sobre todo en el sur y el oeste de Alemania, en las que se declara abiertamente que Alemania solo puede salvarse mediante la creación de la república democrática, y por último sobre el Congreso democrático de Fráncfort del Meno.
*Venecia, 21 de junio. Malghera2 se defiende con valor. Tres veces han atacado los austriacos este fuerte, y las tres han sido rechazados. Para sorpresa de todos, ayer se practicó un registro minucioso en la casa del duque Lante di Montefeltro, y, terminado este, el duque fue despachado inmediatamente fuera de la ciudad. Sobre los motivos, nada ha trascendido todavía al público.