Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 43, 13 de julio de 1848 (Colonia), p. 4; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán

*Roma, 1 de julio. En la Cámara continúa el debate sobre el proyecto de mensaje.1 Ayer Ciccognani propuso la reforma de todas las ramas de la administración, pero sobre todo la reforma de la justicia. Era urgente, dijo, crear un ministerio de vigilancia que velara por la exacta observancia de las leyes y por la publicidad de los tribunales. Además, había que rebajar considerablemente las costas judiciales, de una carestía espantosa, para que el rico no tuviera ya, como hasta ahora, al pobre en sus manos. Armellini presenta como subenmienda la supresión de todos los tribunales de excepción y la introducción del jurado, en particular para los delitos de imprenta. Una y otra se aprueban casi por unanimidad. Farini propone la abolición de la pena de muerte en materia política. Bonaparte2 amplía la propuesta: que se suprima la pena de muerte sin más. Aprobado. Por último se acuerda mencionar también en el mensaje la abolición de la confiscación, y se levanta la sesión hasta hoy.

Reggio, 24 de junio. Todas las localidades de la provincia han enviado sus contingentes de hombres a Casalnuovo. Hasta ayer habían llegado allí 4000 hombres armados. A ellos se suman 1000 sicilianos con varias piezas de artillería pesada. A su cabeza están Ribotti, Nesci y Longo. En las alturas de Aspromonte hay apostados otros 800 hombres, y en la llanura de Corono más de 1000. Mañana las tropas saldrán de Casalnuovo en varias columnas de ataque contra Nunziante, al que solo le queda abierto el camino de Pizzo, si es que los calabreses no ocupan antes las alturas que dominan ese camino. Anteayer salieron de aquí a toda prisa hacia Pizzo tres vapores napolitanos para ayudar a Nunziante a huir en caso de que sea derrotado. La línea telegráfica está cortada, igual que toda comunicación por tierra. Ha llegado la noticia de que la isla de Procida se ha sublevado. Ha salido hacia allí un vapor con tropas.

*Milán, 1 de julio. El cuartel general del rey de Cerdeña se encuentra ahora en Roverbella; parece que se quiere aislar Mantua. Casi todos los caminos que llevan a ella están cortados. El ejército italiano contaría ahora con 80.000 hombres. En Mantua hay una guarnición de unos 9.000 hombres, de los cuales 4.000 están en los hospitales.

Turín, 2 de julio. «El infame sistema de la vieja política austriaca —así comienza un artículo del n.º 155 de La Concordia—, rechazado por todas partes con un grito de execración, se ha refugiado tras la bandera de la imprenta, en los tenebrosos talleres de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. Nunca se había practicado un comercio más desvergonzado con la palabra y la conciencia. Y Alemania, tan celosa de su honor, tan orgullosa de su proverbial lealtad, no ve que uno y otra quedan mancillados del modo más grave por el infame comercio que se practica en su seno y, por así decirlo, en su nombre.

»Se ha descubierto una de las fuentes más ricas que alimentan las columnas de la Augsburguesa, incansables (en sus calumnias contra Italia). Los ciudadanos de Milán pueden leer cuando quieran en dicho periódico los vaciados originales de cualquiera de los artículos fabricados por el falsario Torresani, ex director de la policía de Milán. El diario Il 22 marzo ha publicado ya una carta de ese individuo en la que se confiesan abiertamente esas abominables maniobras. Pero esas fuentes de triste fama ni se han secado ni han cambiado de rumbo. Uno de los satélites de la vieja policía austriaca escribe desde el pie del Brennero lo siguiente: "Entre los motivos aducidos por el almirante Albini para el bloqueo de Trieste, etc."» (Véase el pasaje en la propia y aseada Augsburguesa; se trata de la vulgarísima calumnia, impresa por la Augsburguesa, de que los italianos habrían asesinado a heridos austriacos en el hospital de Castelfranco.) La Concordia prosigue: «¿Dónde encontrar mentiras más infames que estas, difundidas por la Augsburguesa? ¿Dónde buscar una prueba más clara de su negra perfidia? Esta hoja vendida hasta los tuétanos se apresuró sobremanera a publicar el bando del general Welden en el que juraba exterminar a los supuestos asesinos de los heridos de Castelfranco. Pero no se ha apresurado a dar a conocer también el otro bando del mismo general en el que más tarde tuvo que reconocer él mismo como calumnia toda la falsedad de su acusación.

»Pero no queremos ocuparnos más de esto. Estamos convencidos de que nadie conoce mejor el verdadero propósito de los austriacos respecto de los italianos que los propios redactores de la Augsburguesa. Porque para falsear la verdad deliberadamente como ellos lo hacen, hay que conocerla antes.»

‖ Nápoles, 1 de julio. Hoy —casi da risa decirlo— el duque de Serra Capriola ha inaugurado el Parlamento napolitano con la lectura de un discurso de la corona. Como era de prever, Su Majestad bombardeadora no ha tenido valor para salir del palacio y pronunciar en persona su discurso. Este discurso de la corona está, una vez más, tan lleno de frases hipócritas y de pulida perfidia como estamos acostumbrados a ver en el verdugo y cobarde coronado. Por lo demás, se encuentran en él los mismos giros sobre la tranquilidad, el orden y la moderación, el progreso prudente, etc., que ahora vuelven a llegarnos por docenas a los oídos y a la vista también en Alemania.

Ha llegado la noticia de que Nunziante ha sido completamente derrotado. Los calabreses habrían llegado por fin con los soldados a una verdadera lucha a culatazos. Los calabreses se han apoderado de toda la artillería; 500 soldados, que habían quedado separados del grueso de las tropas, se salvaron a bordo del vapor Archimedes.

  1. El mensaje de respuesta de la Cámara de Diputados de los Estados Pontificios al discurso de apertura. ↩

  2. Carlo Luciano Bonaparte, príncipe de Canino, del partido antiaustriaco en 1848. ↩