Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, suplemento al n.º 49, 19 de julio de 1848 (Colonia), p. 2, sección «Italia» (sin las noticias de Milán del 5 de julio [Avvenire dell'Italia] y de Desenzano del 7 de julio [Franz. Bl.], que el periódico da como tomadas de otros diarios); atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán
*Milán, 10 de julio. El arzobispo Carlo Bartolomeo1 ha accedido a la petición del gobierno provisional y ha invitado al clero y a los administradores de las iglesias de su diócesis a entregar al gobierno provisional, en calidad de préstamo, una parte de los objetos de plata que hay en las iglesias, con la condición de emplear el valor de los objetos así entregados en los pobres y los heridos y en otras necesidades derivadas de la guerra actual. — Carlos Alberto ha comunicado oficialmente a los venecianos, desde Roverbella, que 2.000 piamonteses están en camino para ayudar a defender Venecia contra el enemigo. — En Vicenza, D'Aspre2 exige ahora a los miembros del comité provisional que reintegren todas las sumas de la caja de Hacienda que se gastaron en el servicio público desde la salida de los austriacos hasta su regreso. El 1 de julio hizo fijar en la casa de uno de los antiguos miembros el requerimiento de pago de 168.010 liras.
—El gobierno ha comprado a una sociedad de Marsella el vapor de hierro Oronte (200 caballos de fuerza). Lo antes posible partirá con el nombre de Goito para unirse a la escuadra del Adriático. —Han llegado aquí los delegados de Mónaco, Mentone y Roccabruna, que traen al gobierno de aquí la propuesta, votada por unanimidad por sus comitentes, de fusionarse con el reino de la Alta Italia.
‖ Turín, 11 de julio. Garibaldi ha llegado aquí de camino hacia el cuartel general. La Cámara de Diputados terminó ayer por fin la segunda ley sobre la unión y la aprobó, con las enmiendas, por 132 votos contra 16. En la misma sesión tomó la palabra Gioia para informar de un tumulto urdido por la reacción en Piacenza y presentar un proyecto de ley del siguiente tenor: 1. «Los autores de escritos o actos sediciosos serán castigados con pena de prisión de seis meses a tres años; 2. Quien suministre armas a los sediciosos recibirá el máximo de dicha pena; 3. Se autoriza al gobierno a tomar todas las medidas que resulten necesarias para la ejecución rápida y eficaz de esta ley.» Numerosos oradores intervinieron e informaron a su vez de las maquinaciones del partido reaccionario que habían llegado a su conocimiento. El propio Gioia dijo: «También aquí se deja sentir otra vez la funesta influencia de la secta austro-jesuítica.» Siotto-Pintor cuenta que en Cerdeña los austrojesuitas hacen igualmente todo lo que puede conducir a la anarquía, y aporta multitud de hechos. Ract: en Saboya la población ha visto con asombro e indignación cómo un prelado muy conocido, en un escrito aparecido hace poco con su nombre, toma abiertamente bajo su protección una nueva liga que amenaza al país con una reacción. La propuesta de Gioia se discutirá hoy. No le faltará una fuerte oposición, pues ya hoy varios miembros han hablado contra semejantes leyes de excepción. La reacción, dicen, está activa en todas partes, ciertamente; pero si el ministerio quisiera actuar con energía contra ella, no harían falta en absoluto leyes de excepción.
El ministerio ha cerrado con el gobierno francés un contrato de compra de 50 000 fusiles, y está negociando la entrega de otros 50 000. En Inglaterra hay 20 000 fusiles dispuestos para el Piamonte, y quizá ese contrato ya esté firmado. Por último, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica se ha declarado dispuesto a cedernos 40 000 mosquetes.
*Roma, 8 de julio. Parece seguro que Radetzky ha ofrecido al papa la evacuación de Ferrara. En qué condiciones, no se sabe todavía. En todo caso, la política austriaca busca separar por completo al papa de la unión con los demás Estados de Italia. Il Contemporaneo publica hoy un artículo de fondo titulado «O independencia o guerra». En él se dice: «El papa no quiere la guerra. El papa no está en guerra con nadie. Ha encontrado el único medio de no comprometer más la dignidad y el honor del pontificado en obras sangrientas. La tiara suprema ya no será calumniada por los enemigos de la Santa Sede como la corona de un conquistador ambicioso… En el pasado, los gobernantes tuvieron que someterse a la poderosa influencia de la opinión pública. Príncipes, reyes y papas se vieron obligados a participar en las cruzadas. En las luchas europeas les fue imposible a los papas no tomar partido por una u otra de las partes en lucha. Tuvieron que elegir entre gibelinos y güelfos, entre hugonotes y la Liga, entre Carlos V y los flamencos, entre España y Austria. Desde que Pío IX dio a sus pueblos una constitución, desde que los asuntos militares o políticos del papa ya no se deciden por el oráculo particular de su voluntad personal, sino por la voz de la mayoría, no se puede seguir haciendo responsable de ellos al pontificado. Las declaraciones de guerra y los tratados de paz los hace en adelante la nación, que asume la responsabilidad. Así, el papa queda exento de toda responsabilidad y aparece solo como el padre común de los fieles. Aunque sus hijos se maten ante sus propios ojos, siempre puede lamentar en voz alta el derramamiento de sangre e intervenir en la contienda fraterna como mediador, como sacerdote y rey de la paz. Déjesele, pues, plena libertad para fundar la paz… Sus alocuciones, su correspondencia diplomática con los jefes de Estado (dando por supuesta la autenticidad de los documentos publicados por L'Italia del Popolo) son así únicamente el lenguaje del vicario de Cristo, de la cabeza de la Iglesia, del rey de la paz. Pero si el papa, después de haber dado la constitución, quisiera atar la voluntad de la mayoría que exige la guerra y oponerse a las medidas necesarias para conseguir la independencia de Italia, violaría sin duda la constitución y el pueblo se quejaría de él con razón. Mientras veamos en sus Estados un ministerio enérgico avanzar franca y libremente por el camino que quiere la mayoría, reconocemos la lealtad del pontífice, que, según la constitución, reina pero no gobierna, o, si gobierna, debe hacerlo no según sus opiniones personales, sino según las de la mayoría del pueblo representado en la Cámara… Si queréis, pues, conocer la voluntad del papa como príncipe temporal, buscad esa voluntad en la masa de la que salieron los colegios electorales; buscadla en las Cámaras, buscadla en el ministerio que ejecuta la voluntad de la masa, buscadla en los padres y las madres que envían de buen grado a sus hijos al combate… Estos han decidido: o independencia o guerra. Y así quede, firme y decidido.»
*Roma, 9 de julio. El ministro de Policía, de acuerdo con el ministro de Hacienda, ha nombrado al señor Sambucetti de Filippi inspector general de la inviolabilidad del secreto de la correspondencia en la administración de Correos.
— Sicilia se encuentra hoy en la situación de Bélgica en 1830: busca un rey. No faltan candidatos, y entre ellos se ve, naturalmente, también al príncipe Luis Bonaparte, al acecho de tronos vacantes. Las pretensiones del señor Luis Bonaparte se manifiestan, como vimos hace poco en París, mediante prácticas misteriosas e inesperadas. Así, Sicilia se ha visto inundada de repente por millones de ejemplares de un pequeño folleto anónimo que recomienda la candidatura del príncipe al trono siciliano. A consecuencia de esta exposición se advierte en la isla cierta agitación; pero hay que decir que el éxito no ha sido muy favorable a las pretensiones del señor Bonaparte, por lo que este, entre los tronos de Francia y de Sicilia, acabará quedándose en simple condestable especial inglés.3