Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 56, 26 de julio de 1848 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán
*Turín, 17 de julio. Unos cuantos jesuitas solían reunirse en secreto en una casa apartada. La guardia cívica se enteró y se dirigió al ministro Ricci, que dio su consentimiento para practicar un registro. Cuando la guardia cívica entró, solo encontró ya a cuatro padres, entre ellos el conocido Rostagno. Al aparecer la fuerza armada, este intentó destruir un trozo de papel. No lo consiguió; él y los otros tres fueron detenidos, y además se encontraron papeles muy importantes. A la mañana siguiente se volvió a registrar la casa más a fondo y, he aquí que se dio con nuevos papeles y con grandes sumas de oro escondidas. (Gazzetta di Genova.)
*Turín, 17 de julio. En la sesión de los diputados del 15 del corriente, la comisión presentó el proyecto de ley, algo enmendado por ella, sobre la movilización de la Guardia Nacional. En lugar de los 50 batallones propuestos por el ministerio se piden 56, de 600 hombres cada uno, «para la defensa de las plazas fuertes, las costas y las fronteras de las provincias sometidas al Estatuto sardo». El presidente quiere primero imprimir y repartir el informe; pero de todas partes resuena el grito: ¡A discusión! En la votación se acuerda esta por gran mayoría por razón de urgencia, y, debatidos los cuatro artículos de la ley, la Cámara la aprueba en su conjunto casi por unanimidad. — Hoy ha tenido lugar en la Cámara de Diputados la importante discusión de la propuesta de Bixio sobre la expulsión de los jesuitas y de las órdenes afiliadas. Borneo presentó el informe, elaborado a fondo, y lo concluyó con un proyecto de ley de siete artículos, el primero de los cuales establece que la Compañía de Jesús, la orden que se llama «Damas del Sagrado Corazón de Jesús», así como la de San Carlos y la de la Santísima María, quedan expulsadas del Estado y no podrán regresar nunca. Según el artículo 3, todos los bienes y títulos de propiedad que pertenecían hasta ahora a estas corporaciones se declaran irrevocablemente propiedad del Estado. Los demás artículos determinan de qué modo y en qué condiciones los miembros nacionales de las órdenes expulsadas recibirán una pensión anual. Los miembros extranjeros deberán abandonar el país en el plazo de ocho días a partir de la promulgación de la ley. Solo a las Hermanas del Sagrado Corazón se les podrá prolongar la estancia, a causa de sus internados y escuelas, pero no más allá del año en curso. Según el artículo 7, en adelante no podrá admitirse nunca más, sin una ley especial, ninguna corporación religiosa, llámese como se llame, ni permitirse sin ella la apertura de una casa, colegio, etc., de ninguna corporación. Tampoco podrá ninguna corporación religiosa aceptar legado o donación alguna sin autorización previa del gobierno.
Milán, 17 de julio. Estas son las condiciones del convenio concertado entre la ciudad y la ciudadela de Ferrara: la ciudad abastecerá de víveres la ciudadela durante dos meses. Todas las demás necesidades podrán comprarse en la ciudad; en general, se garantiza a todos los individuos de la ciudadela la libre entrada y salida. El hospital militar austriaco permanece en la ciudad, con todo su personal. En la ciudadela se harán los trabajos que la autoridad de ingenieros considere necesarios. Si la ciudadela se evacuara por orden suprema o por disposición del mando del ejército, la retirada se hará con todos los honores de guerra y con toda la artillería, pertrechos y bagajes. La ciudad de Ferrara se compromete a proporcionar los medios de transporte necesarios hasta la frontera imperial y real.
—El general de brigada príncipe Liechtenstein volvió a cruzar el Po con sus tropas en la tarde del 15, después de poner a salvo las barcas, puentes volantes y pequeñas embarcaciones que habían caído en sus manos.
Milán, 18 de julio. Muchas personas creen que la entrada de los austriacos en Ferrara fue algo convenido de antemano entre Welden y el papa. Cuando el rey de Cerdeña se enteró del suceso, destacó hacia Ferrara un cuerpo de 9000 piamonteses. Ante esta noticia, los austriacos abandonaron la ciudad a toda prisa al día siguiente, y parte de su material de guerra se habría quedado incluso allí.
—Escriben de Bolonia que allí reinaba una enorme agitación a consecuencia de la respuesta de Pío IX al mensaje de los diputados. Se temían disturbios y todos los puestos de guardia se habían doblado, algunos triplicado. Con esta respuesta el papa ha perdido toda la confianza, toda sin excepción, y si sigue por el camino austriaco, su dominio temporal podría estar acabado muy pronto y por completo. Anteayer llegó de Nápoles en un vapor la noticia de que Nunziante no ha sido derrotado, sino que ha vencido. De que la ciudad de Pizzo ha sido horriblemente maltratada por las tropas reales con saqueos, violaciones, etc., no cabe duda, y los informes que llegan sobre ello ponen los pelos de punta.
*Florencia, 16 de julio. «¿Quién puede impedir que avance un pueblo resucitado? ¿Quién es capaz de decir a una nación que él mismo ha despertado a una vida insospechada: hasta aquí?» Así pregunta L'Alba ante la actitud actual del papa. Este periódico responde brevemente a la pregunta como sigue: «Sea la Providencia o el destino, el caso es que una fuerza irresistible arrastra en su curso a monarcas y pueblos, y la corriente de los acontecimientos es tan violenta y rápida que nadie puede detenerla. Los acontecimientos dan una lección y la repiten a diario a los monarcas: "Venid con nosotros, o la fuerza de la corriente os echará por tierra." Nadie, aunque se llame Pío, puede atreverse a resistir impunemente. Los traidores y los rebeldes no impedirán la conquista de nuestra independencia. Pero una vez echado el austriaco, muchos hombres, muchos pueblos y muchas cosas comparecerán ante el tribunal insobornable del pueblo, y la sentencia no se pronunciará en vano. Los pueblos no pierden la conciencia de la historia. Italia no olvidará qué voz la reanimó; pero tampoco de dónde vino la palabra con la que Italia había de quedar aún más miserablemente desalentada y ser derribada de nuevo. Las primeras palabras de Pío, como las más recientes, habrán revelado a todos los engañados el valor de tantos sueños perniciosos… Si hoy faltara a Italia la fe en el porvenir, la fe en el Dios de los pueblos libres, el desengaño venido de Roma sería una desgracia nueva y cruel y un nuevo y terrible pecado del papado. Pero el Dios de la libertad vive en los pueblos, y estos no necesitan de ningún papa para luchar y vencer en santo combate. Sembrad cuanto queráis la desconfianza y el terror en el ánimo de los incultos, estorbad con intrigas jesuíticas los esfuerzos de los buenos: no conseguiréis quebrantar la voluntad de Italia. Hoy ya no se puede escapar a la necesidad, y mañana ya no se podrá buscar refugio en la justicia de Italia.»