Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 77-78, 17 de agosto de 1848 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Se omiten las noticias que el periódico da como tomadas de otros periódicos. Texto original en alemán.
* — Los periódicos de Turín, Génova, etc., se quejan en voz alta de que la causa de la libertad y la independencia de Italia ha sido traicionada precisamente por aquel y por aquellos que hasta el último momento juraban una y otra vez vencer o morir por Italia. Lo que antes solo afirmaba un pequeño número de hombres, que Carlos Alberto es un traidor, lo repiten ahora en voz alta y a diario la masa y todos los periódicos que no están completamente vendidos al pérfido rey de Cerdeña. Esta comprensión dará más tarde sus frutos; esta vez, desde luego, llega demasiado tarde. Desde los combates de Goito y Mozambano se fue haciendo cada día más claro para muchos que el sardo o bien tramaba una traición, o bien era del todo incapaz de llevar a cabo la obra que había emprendido. Cayó en una inactividad completa, y lo que se hacía iba contra todas las reglas del sentido común, de la política y del arte de la guerra. Hacía ya tiempo que se imponían un montón de preguntas, cuya respuesta en parte ya se ha dado con los hechos y en parte saldrá pronto a la luz. ¿Quién, por ejemplo, ha paralizado una y otra vez las medidas para armar a toda la población? ¿Quién ha repartido el ejército italiano en tantos puntos y lo ha despedazado, y ha omitido formar una línea de reserva, de modo que cada derrota tenía que llevar a una ruina inevitable? ¿Por qué no avanzó Carlos Alberto sobre Vicenza? ¿Por qué le faltó pan al ejército en Valleggio? ¿De dónde las deserciones de los modeneses? ¿Cómo fue que los voluntarios lombardos no encontraron ni un solo cañón a orillas del Mincio? ¿Cómo sucedió que los cartuchos repartidos durante la batalla a varios cuerpos piamonteses no sirvieran para nada por el tamaño excesivo de las balas? Y, por último: ¿cómo pudo este Carlos Alberto, que hacía tiempo había decidido la retirada, hacer destruir todavía una masa de casas en los arrabales de Milán por valor de 30 millones de liras? A estas preguntas no hay otra respuesta, si no se quiere suponer la incapacidad más lamentable e increíble, que esta: que Carlos Alberto ha obrado en 1848 de un modo tan traidor y pérfido como en 1821, cuando traicionó vergonzosamente a sus compañeros de conjura y ayudó a entregarlos a la horca, a las galeras y al destierro.
* — El periódico La Suisse publica los siguientes pasajes de la carta de un oficial superior que ha servido en el ejército de Carlos Alberto y ha vivido los últimos acontecimientos de Milán: «¡Traicionados, traicionados por este rey perjuro!… Luchábamos ante las puertas contra el enemigo; el rey estaba con nosotros. Hizo fortificar la puerta Vercellina; tenía su ejército de 45.000 hombres bajo los muros de Milán. Toda la población estaba en armas; en todas las calles, barricadas terribles; 30.000 guardias nacionales dispuestos a defender la ciudad. El rebato sonaba por todas partes; la población del Piamonte y de Génova se levantaba en masa para acudir en ayuda de Milán. Empieza el ataque; los cañones truenan; respondemos al fuego; alegría en toda la ciudad, confiada en la victoria… Tras un día de lucha y de incendio de casas, el rey nos anuncia que ha capitulado con Radetzky, ¡que se retira al Piamonte sin disparar un tiro más! La ciudad está cercada por los austriacos. El pueblo grita: ¡traición! Quieren matarnos a golpes en las calles, a los que llevamos uniforme, como cómplices de Carlos Alberto. El pueblo ha detenido a varios generales; yo he tenido la suerte de escapar».
* — Los periódicos de París informan de que el embajador francés ante la corte pontificia, el señor D'Harcourt, nada más llegar la noticia de la entrada de los austriacos en las Legaciones, partió hacia el cuartel general del general austriaco para actuar allí como mediador.
Por la misma vía ha llegado la noticia de que Radetzky se ha apoderado de los 75.000 fusiles que Francia, a cambio de dinero y buenas palabras, ha chalaneado a Italia como única ayuda a la causa italiana.
El Borbón de Nápoles revive ahora por partida doble y está decidido a declarar la guerra a Carlos Alberto por la corona de Sicilia que este ha aceptado para su hijo.
— Varias compañías italianas han llegado al cantón del Tesino con armas y bagajes y tres obuses. Piden marchar a Francia a través de Suiza. El número de refugiados civiles y militares en el mencionado cantón aumenta de día en día.
Bolonia, 7 de agosto. Con esta fecha Welden da parte de su invasión del territorio pontificio y de su entrada en Bolonia. Se desprende de ella que Welden se encontraba el día 5 por la tarde todavía a una hora de Bolonia. «Las puertas —dice entre otras cosas— estaban cerradas desde ayer, todo en un desorden salvaje y requisados todos los caballos, para que los héroes del día pudieran alejarse rápidamente en caso necesario. Pero tuve que esperar a que la columna del príncipe de Liechtenstein, de solo 2500 hombres, ocupara Módena, antes de disponer lo demás contra Bolonia. El general mayor príncipe Liechtenstein no podía llegar a Módena antes de la tarde del 6, y por eso aplacé el ataque contra Bolonia hasta la mañana del 7, haciendo difundir entretanto por todas partes la proclama adjunta. En el curso del 6 recibí de todas mis columnas en marcha la noticia coincidente de que las puertas de Bolonia estaban cerradas y de que en la Porta Galliera se habían emplazado 4 cañones; de que en la ciudad se habían fijado muchas proclamas tranquilizadoras, pero que hasta ahora no habían logrado mitigar el desorden salvaje, que la presencia de los jefes revolucionarios seguía elevando a un alto grado; entretanto mis columnas se acercaron al anochecer a la ciudad hasta tiro de cañón, y solo el lado de Forlì y el camino de Florencia los había dejado abiertos adrede. Módena ya había sido evacuada por las hordas enemigas, como me hizo saber una proclama de un gobierno provisional que me enviaron de allí. En la noche del 6 al 7 se instaló una batería de obuses en las alturas de San Michele, otra ante la Porta San Felice y la tercera ante la Porta Galliera, para empezar al amanecer el fuego contra la ciudad por tres lados. Tomadas estas medidas, vino a mi encuentro una diputación de la ciudad que me aseguró su sumisión y la retirada total de los cuerpos francos, y en consecuencia tomé una posición militar».
* Desde hace 5 días no nos llega ninguno de los periódicos italianos de Turín, Milán, Venecia, Roma, etc.
* Florencia, 6 de agosto. El comandante de la ciudadela de Ferrara preguntó el día 3 al prolegado Lovatelli si se consideraba al emperador austriaco amigo o enemigo. En el primer caso exigía la retirada de todas las tropas pontificias en el plazo de una hora; en el segundo, bombardearía la ciudad. El prolegado abandonó la ciudad junto con las tropas, protestando contra la violencia que se le hacía. Llega la noticia de que los austriacos están ante las puertas de Bolonia. De allí hasta aquí no hay más que tres jornadas de marcha y podemos tener muy pronto aquí a los austriacos. La ciudad está en una agitación indescriptible. El embajador inglés (Hamilton) ha ofrecido su mediación. Ricasoli y Evagnoli tenían el encargo de formar un nuevo gabinete. Tras dos días de intentos infructuosos han devuelto el encargo. Así todo se hunde cada vez más en la confusión más lamentable. Para esta noche se anuncian disturbios. El partido radical quiere a Guerrazzi de ministro. Los diputados se han declarado en sesión permanente.
* Roma, 3 de agosto. Ambas Cámaras han adoptado resoluciones belicosas, que en todo caso están en contradicción con las intenciones y los planes del papa y del partido que ahora lo tiene enredado. Aunque por el momento ponga al mal tiempo buena cara, en cuanto pueda se pondrá abiertamente contra la mayoría de las Cámaras. Por ahora trabaja en secreto por los intereses de Austria y por la victoria del poder absoluto. Sereni, presidente de la Cámara de Diputados, ha presentado su dimisión. Formaba parte de la diputación que el día 1 entregó al papa un mensaje de tono belicoso. A la vuelta, un grupo de gente los interpeló de manera ofensiva por la respuesta del papa. Esta es la causa de su dimisión. La Cámara decidió ayer expresarle por medio de una diputación su pesar por lo ocurrido. Eso lo apaciguará, sin duda. El ánimo del pueblo es tal que sería un milagro que no se llegara en pocos días a una insurrección. En las calles se oyen gritos furiosos: «¡Abajo los cardenales; abajo el gobierno de los curas; abajo Pío IX!». La guardia nacional está en su mayor parte contra la política seguida hasta ahora por el papa y del lado del resto del pueblo.