Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 2, 2 de junio de 1848 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.

* Toda Italia está indignada por la traición y la barbarie de Fernando de Nápoles. Por todas partes se alza un grito que pide una venganza sangrienta. En Génova arrancaron el escudo del consulado napolitano, lo pisotearon, lo escupieron, lo ensuciaron y lo quemaron entre gritos furiosos: «¡Abajo el infame Borbón, abajo los malditos suizos!». Fernando fue quemado en efigie. Según los informes italianos, la lucha en Nápoles empezó de esta manera: el coronel Salis, de los suizos, se presentó ante la primera barricada y exigió que la retiraran. Como era natural, se negaron, y entonces Salis mandó hacer fuego, pese a que poco antes había dado su palabra, junto con sus tropas, de no disparar contra el pueblo; pero antes de que los suizos pudieran disparar, una bala de un guardia cívico ya había atravesado a Salis. Entonces atacaron los suizos y la batalla callejera se generalizó. El palacio del embajador sardo fue saqueado (por orden) por los suizos y los lazzaroni.

Un periódico de Palermo, la Indipendenza e la Lega, publica en su número del 11 de este mes, sin más comentario, el siguiente artículo:

«El fuerte de la isla de Lissa, en las costas de Dalmacia, ha sido tomado por la escuadra inglesa. Esta ha izado allí la bandera británica, que ondea también sobre el fuerte de una isla vecina. La isla de Lissa tiene una extensión de 8 millas cuadradas y una población de 8.500 habitantes. La segunda isla es sin duda la isla de Buzo, situada frente a Lissa. Una y otra dependen de Dalmacia. Por sus fortificaciones naturales y artificiales, así como por su situación, estas dos islas deben considerarse un segundo Gibraltar, destinado a dominar en exclusiva el Adriático.

Parece que el Gobierno austriaco se había puesto de acuerdo en secreto sobre la cesión de estas islas con Inglaterra, cuya alianza no puede comprarse a un precio demasiado alto.»