Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 81, 20 de agosto de 1848 (Colonia), p. 4 y suplemento; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.

* Florencia, 10 de agosto. El cabecilla de esbirros austriaco Welden declaró, al invadir el territorio pontificio, que haría fusilar a todo el que fuera sorprendido con las armas en la mano o mostrara de cualquier otro modo sentimientos hostiles a Austria. Conforme a este magnífico principio, Welden tiene ahora que fusilar a toda la ciudad de Bolonia, pues esta ha dado a conocer de forma inequívoca sus sentimientos poco amistosos hacia Austria. El jefe de esbirros austriaco entró en Bolonia el día 7. La brutalidad de este hombre, su arrogancia y la de sus soldados, su exigencia de que la ciudad le entregara inmediatamente cierto número de rehenes y pagara una contribución en dinero: todo esto provocó un choque sangriento a consecuencia del cual los austriacos fueron arrojados de la ciudad. Esto ocurrió el día 8 a las 3 de la tarde. Los austriacos ocuparon la Montagnola, una altura que domina la ciudad. Desde allí empezaron a bombardear la ciudad con 4 cañones y 1 obús. El fuego duró de las 5 a las 8 de la tarde. Toda Bolonia se levantó como un solo hombre; los habitantes tomaron la altura al asalto y expulsaron a los austriacos. Estos, al abandonar la ciudad, dejaron muchos muertos, y 50 hombres cayeron prisioneros de los boloñeses. Un mozo de cuerda conquistó una bandera austriaca. Pero ayer, día 9, temprano, los austriacos volvieron con fuerzas mayores y el bombardeo empezó de nuevo. A las nueve y media de la mañana —hasta ahí llegan las últimas noticias— ardían 2 palacios de la ciudad y todo un arrabal; los austriacos saqueaban un montón de casas cerca del arrabal en llamas. La población estaba decidida a defenderse hasta la última gota de sangre. Todo el cuerpo diplomático de Florencia, en cuanto llegaron los informes de Bolonia, redactó una protesta contra la conducta de los austriacos, la firmó y la envió a Welden por medio de un correo. Se espera que el gabinete austriaco desautorice y destituya a Welden. Aunque así fuera, de poco le sirve a la bombardeada Bolonia. La destitución de un hombre como Welden tampoco es castigo para semejantes atrocidades. Pero el día de la venganza contra los reaccionarios austriacos no dejará de llegar, y ese día no se hablará solo de destituciones.

* Se informa desde París de que Welden ha sido llamado y de que el gobierno austriaco ha dado orden de evacuar el territorio pontificio.

Florencia. El cuerpo diplomático de Florencia ha enviado a Welden la siguiente protesta:

«Los enviados abajo firmantes, acreditados ante el gran duque de Toscana, movidos por el deseo de ver cesar un lamentable derramamiento de sangre, manifiestan ante Vuestra Excelencia los sentimientos de dolor que han experimentado al tener noticia de los sucesos que desde ayer cubren de sangre Bolonia. Le rogamos que renuncie a un ataque que sume a toda una población en la angustia más terrible y que es condenado por las leyes de la humanidad y por las máximas de la civilización».

* Florencia, 9 de agosto. El ministro de Asuntos Exteriores y de la Guerra (Corcini) hizo saber, todavía antes de los sucesos de Bolonia, que Welden, a petición del embajador inglés, había declarado que respetaría las fronteras de Toscana a condición de que no se alterase la tranquilidad en el gran ducado, de que no se produjera ningún levantamiento en masa y de que no se intentara ningún otro ataque hostil. Se dice que los austriacos han entrado ya en Rávena. Así los asuntos se enredan cada vez más, porque la sed de venganza de los reaccionarios austriacos es insaciable. Tropas toscanas ocupan el ducado de Parma. Si los austriacos entran con fuerzas superiores, los toscanos se retirarán a Pontremoli.

* Milán, 10 de agosto. Todos los actos y decretos de Radetzky llevan por completo el sello de la política bárbara seguida antes en Galitzia. Se procura oprimir a los ricos y se compadece a los pobres; se azuza continuamente a estos para que descarguen su furia sobre aquellos. Ayer salieron de aquí 6000 austriacos para ayudar a conquistar Brescia.

* — El arzobispo de Milán exhorta en una circular al clero y al pueblo a jurar fidelidad y obediencia al soberano legítimo; los eclesiásticos deben usar su influencia para que el pueblo se mantenga tranquilo.

* Módena, 7 de agosto. Los austriacos han entrado. La municipalidad provisional de esta ciudad conserva por el momento sus funciones. El regreso del duque se anuncia mediante bando a los «súbditos», que no están precisamente contentos.

* Génova, 10 de agosto. También aquí se toman toda clase de medidas de policía para tener a raya la furia del pueblo. El comité de seguridad y defensa ha nombrado una comisión de abastos con los más amplios poderes para expulsar, fijar los precios de los víveres, etc. La comisión ya ha empezado a actuar y ha publicado dos decretos, por los que se castiga con multa y cárcel el encarecimiento abusivo de los víveres y se abren listas en las que deben inscribirse los voluntarios para el ejército. Después de estas medidas populares, cabe esperar que vengan también decretos odiosos. Dado el miedo de nuestra burguesía al pueblo, por un lado, y a los austriacos, por otro, y la composición burguesa de la comisión, formada por abogados, comerciantes, etc., no sería de extrañar.

* Turín, 12 de agosto. Los periódicos de aquí exigen con vehemencia cada vez mayor que se abra una investigación contra los generales y oficiales superiores señalados como traidores. Se pide sobre todo que los generales Bava y Biscaretto y el jefe del estado mayor, Salasco, que redactó o firmó los boletines de guerra y de victoria tristemente célebres por su falsedad, sean llevados ante consejos de guerra. El general Sobiero y el intendente caballero Bocca ya han sido arrestados. En Alessandria se ha detenido a varios agentes pagados por Austria que incitaban al pueblo al saqueo y a los desórdenes. De Garibaldi se sabe ahora que se ha retirado con sus voluntarios a las alturas de Bérgamo, desde donde no deja de dar que hacer a los austriacos en pequeños combates. L'Opinione decía en su número de ayer: «El general Bava fue el primero en debilitar con su jesuitismo el entusiasmo del ejército. De su cuartel general salían siempre un montón de malos presagios y palabras desalentadoras. Él y Salasco ocultaban siempre al rey el verdadero estado de las cosas. Alojados en viviendas confortables, vivían rodeados de cortesanos. Cuando se entraba en fuego, ninguno de esos hombres nos dirigió nunca una palabra de aliento; se nos llevaba al combate como bueyes al matadero. Mientras en Santa Lucia nuestros pobres soldados caían en marcha bajo la metralla austriaca, los generales Ferrera y Villafaletto estaban en una granja fumando tranquilamente sus cigarros, sin preocuparse lo más mínimo del sangriento combate, en el que los soldados carecían de dirección superior. ¡Y el ex ministro Franzini tuvo además la desvergüenza de declarar ante las Cámaras que nunca se había preparado tan bien un golpe de mano! — No es de extrañar, pues, que el soldado esté desmoralizado, que quiera volver a casa, que empiece a sublevarse».

* Turín, 12 de agosto. Se forman tres campamentos: uno en el Tesino bajo el duque de Génova, con cuartel general en Trecate; un segundo junto a Alessandria y el tercero junto a Génova. — Según oímos, Brignole-Sale y el conde Beauregard se han negado a entrar en la nueva combinación ministerial. — El comité de seguridad de aquí ha sido disuelto porque se encontraba en oposición a las opiniones del ministerio actual.

El ambiente aquí es sofocante. Los periódicos de Carlos Alberto hacen todo lo posible por calmar al pueblo; llaman a la concordia y a la confianza en el rey y piden armamentos enérgicos. Gioberti estuvo en el cuartel general para poner toda la milicia nacional a disposición de Carlos Alberto; pero de armamentos serios se nota mucho menos que de medidas de policía contra una revolución temida. En Alessandria se practican a diario numerosas detenciones sin motivo alguno; basta una palabra en un lugar público para ser arrojado a la cárcel por denuncia de los espías, organizados en gran número. Allí reina el terrorismo policial más completo. Aquí no estamos mucho mejor.

* Roma, 8 de agosto. Ante la noticia de la invasión de la Romaña por los austriacos, la agitación subió de tal modo que varios cardenales se han marchado. Anteayer el ministro de la Guerra publicó una proclama en la que llama a las armas a la guardia nacional y a todos los regimientos de línea que se encuentran en la capital, para enviarlos a Cattolica, que es la única posición militar que permite una primera defensa contra el enemigo que sigue avanzando. El pueblo se manifiesta enconado contra el papa; dice que, si supo apagar con una encíclica el espíritu guerrero, que monte ahora a caballo con la cruz en la mano y repare lo que antes hizo mal. Los curas tiemblan. Entre el pueblo se oye por todas partes la exigencia de un gobierno provisional. El embajador francés tiene frecuentes y largas entrevistas con el papa. El grito de Mamiani en la Cámara de Diputados, el campo, al campo! —¡al campo de batalla!—, se ha convertido en el grito general. El ministro de Justicia ha declarado ante la Cámara, en nombre del papa, que este considera la invasión austriaca como una ofensa hecha a él personalmente; que ha decidido enviar una diputación (el cardenal Marini y los príncipes Corsini y Simonelli) al cuartel general de Welden con la orden de que los austriacos se retiren inmediatamente de los Estados de la Iglesia, pues de lo contrario el papa empleará todos los medios a su alcance para forzar esa evacuación; además, que el papa nunca tuvo la intención de estorbar las medidas ordenadas recientemente por el ministro de la Guerra para la defensa del Estado. La Cámara de Diputados ha acordado por unanimidad un llamamiento a Francia y pide su intervención. Esta votación fue provocada por una petición con más de 6000 firmas que presentó Sterbini. El mensaje de los diputados fue entregado al embajador francés y enviado por este a París. Los ministros han asegurado en un bando que el papa desmiente las palabras del mariscal de campo Welden (en su tristemente célebre proclama) y protesta contra ellas, y que considera toda la conducta de Welden como absolutamente hostil a la Santa Sede; que el papa no piensa separar su causa de la del pueblo y que toda afrenta hecha a su pueblo ha de considerarse hecha a él mismo. De aquí se desprende cómo las circunstancias obligan ahora al papa a tocar otra música muy distinta de la de antes. Es posible que por este camino afiance todavía por algún tiempo su tambaleante corona.

‖ Nápoles, 6 de agosto. La flota inglesa ha obtenido la indemnización que exigía por las pérdidas de ingleses en Mesina, Palermo, etc., y ha zarpado luego hacia Castellammare. La flota francesa se ha dirigido a Cerdeña. 50 barcos de vela y de vapor están listos para llevar 20.000 hombres a Sicilia. En la Cámara de Diputados continúa el debate del mensaje de respuesta.

* Palermo, 4 de agosto. El Parlamento ha decidido ahora la supresión de la orden de los jesuitas y la confiscación de sus bienes en beneficio del Estado. Los jesuitas nacidos en países extranjeros serán desterrados; los del país recibirán una pensión.