Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 86, 26 de agosto de 1848 (Colonia), p. 2; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.
△ Turín, 19 de agosto. Los ministros dimisionarios dan en el periódico oficial un breve informe de su gestión y declaran que quieren rendir cuentas completas ante el Parlamento y que no piensan en modo alguno sustraerse a la responsabilidad ministerial. El informe expone: 1) que este ministerio ha preparado lo necesario para la reorganización y el aumento del ejército y para la movilización de la guardia nacional, de modo que a comienzos de septiembre las tropas sean más numerosas y estén mejor disciplinadas que antes; 2) que, en cuanto a las finanzas, se han tomado todas las medidas para atender a las necesidades sin cargar demasiado a los contribuyentes; 3) el ministerio ha protestado ante todos los gobiernos libres contra la validez del armisticio firmado en Milán el 9 de agosto por el conde Salasco, en la medida en que afecta a la política; 4) además, el ministerio ha pedido que se abra una investigación contra los jefes del ejército que tomaron parte en los últimos acontecimientos; 5) el ministerio ha solicitado la intervención armada de Francia; 6) ha insistido en la intervención de Francia incluso cuando la diplomacia extranjera puso en primer plano la mediación pacífica; 7) ha dado las instrucciones correspondientes a los agentes diplomáticos y ha tratado de ganar todas las fuerzas de Italia para la causa común. El ministerio añade: «Aunque no le haya sido dado llevar a término lo comenzado y lograr resultados, tiene la convicción de que Italia, con tal de que no se abandone a sí misma, puede esperar un éxito feliz». El final de la declaración dice: «Sería indigno rendir las armas por diez días de desgracias, e insensato creer que una paz vergonzosa sirva mejor que una lucha honrosa para asegurar los intereses materiales y el honor del Piamonte».
A esta declaración siguió una manifestación popular. La gente fue a los hoteles de los ministros dimisionarios gritando: «¡Viva la protesta!». Al mismo grito se desfiló ante la legación francesa.
* Génova, 16 de agosto. Apenas había llegado a esta ciudad Bois-le-Comte, hasta ahora embajador de la República francesa en la corte de Fernando y sustituido ahora por el señor Rayneval, cuando una numerosa diputación de la guardia nacional se dirigió a su hotel, con el general Balbi y el abogado Bixio a la cabeza (este último consiguió que la Cámara de Diputados aprobara la expulsión de los jesuitas y la ley sobre el derribo de las fortalezas de Génova, etc.). La diputación expuso al diplomático francés la situación de Italia y la necesidad de la ayuda armada de Francia. Bois-le-Comte respondió que Francia nunca había negado su apoyo a los generosos pueblos de Italia (¡palabras, palabras!). La intervención solo se había retrasado por culpa del gobierno italiano. Estaba cerca el momento en que los deseos de Italia serían atendidos, y quizá en ese mismo instante se estuviera preparando la expedición que debía inclinar la balanza a favor de la libertad. «Pero —concluyó su alocución— comprenderán ustedes que, en las circunstancias actuales, los genoveses y los demás pueblos de Italia tienen que unirse para sostener la lucha que surgirá a consecuencia de sus deseos. Porque, si Francia interviene en Italia, ya no será una guerra de nación contra nación, sino una revolución universal que hará época en la historia del mundo».
* Venecia, 12 de agosto. Los austriacos han atacado de nuevo el fuerte de Malghera; tras 4 horas de fuego el enemigo se retiró en toda la línea. El nuevo gobierno republicano lo forman Manin, Cavedalis y Graziani.
* — Se nos informa desde Nápoles de que los ministros Bozzelli, Cariati y Rugiero han presentado su dimisión y de que los lazzaroni, al grito de «¡abajo la Constitución!», han amenazado con un nuevo saqueo.