Escrito por Karl Marx en Colonia el 18 de octubre de 1848 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 120, del 19 de octubre de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 428-429), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Colonia, 18 de octubre.

«Un destino singular pesa sobre Alemania. Cuando se cree haber llegado al punto en que está permitido poner manos a la reconstrucción de la patria común, cuando por ello se alza la mirada agradecida al cielo, las nubes de tormenta que siguen cerniéndose sobre Europa se descargan en nuevos y violentos golpes y hacen temblar las manos que se han consagrado a la obra constitucional de Alemania. Uno de esos truenos acabamos de vivirlo de nuevo en Viena.»

Así se lamenta el Moniteur1 de la regencia del Imperio, la Frankfurter Oberpostamts-Zeitung. Este buen periódico, cuyo último redactor figuraba en la lista de las criaturas pagadas por Guizot,2 se tomó por un momento su posición au sérieux, en serio. El poder central, con su marco parlamentario, el concilio de Fráncfort, le pareció un poder serio. En lugar de repartir directamente sus órdenes contrarrevolucionarias entre sus súbditos, los 38 gobiernos alemanes se hacían dar por el poder central de Fráncfort la orden de ejecutar sus propias decisiones. Todo iba de lo mejor, como en tiempos de la Comisión Central de Maguncia.3 El poder central podía imaginarse que era un poder, y su Moniteur podía imaginarse que era un Moniteur. «Demos todos gracias a Dios»,4 cantaba, «con las manos alzadas al cielo».

Y ahora «vivimos» un trueno desde Viena. Las «manos» de nuestros Licurgos «tiemblan», a pesar del ejército de cascos de pincho, que son otros tantos pararrayos de la revolución; a pesar de los decretos con los que la crítica de las personas y de las gesta negro-rojo-gualdas se convierte por decreto en caso de lesa majestad; a pesar de las palabras enérgicas de esas figuras gigantescas, Schmerling, Mohl y Gagern.5 De nuevo ruge el monstruo revolucionario, y en Fráncfort se «tiembla». La Frankfurter Oberpostamts-Zeitung se ve sobresaltada en su oración de acción de gracias. Trágicamente, se queja del destino de hierro.

En París, el partido de Thiers arriba; en Berlín, el ministerio Pfuel, con Wrangels en todas las provincias; en Fráncfort, una gendarmería central; en toda Alemania, un estado de sitio más o menos encubierto; Italia, pacificada por el clemente Fernando6 y por Radetzky; Jelačić, comandante de Hungría, proclamando en Viena, tras aniquilar a los magiares, junto con Windischgrätz,7 la «libertad y el orden croatas»; en Bucarest, la revolución ahogada en sangre;8 los principados del Danubio, colmados con los beneficios del régimen ruso; en Inglaterra, todos los dirigentes cartistas detenidos y deportados; Irlanda, demasiado hambrienta para poder moverse: di, ¿qué más quieres?

La revolución de Viena todavía no ha vencido. Pero su primer relámpago ha bastado para poner al descubierto ante Europa todas las posiciones de la contrarrevolución y hacer así inevitable una lucha universal a vida o muerte.

La contrarrevolución todavía no está aniquilada, pero se ha puesto en ridículo. En el héroe Jelačić todos sus héroes se han convertido en figuras cómicas, y en la proclama de Fuad Efendi9 tras el baño de sangre de Bucarest quedan parodiadas a muerte todas las proclamas de los amigos de la «libertad y el orden constitucionales», desde las proclamas del Parlamento del Imperio hasta el más pequeño mensaje de los aulladores.10

Mañana hablaremos con detalle de la situación inmediata de Viena y de la situación austriaca en general.

  1. Le Moniteur universel, diario oficial del gobierno francés. ↩

  2. Tras la revolución de febrero se publicaron en París documentos de la policía y del ministerio de Guizot con los nombres de periodistas extranjeros que el gobierno de Luis Felipe había subvencionado. ↩

  3. Comisión central de investigación creada en Maguncia por la Confederación Germánica en 1819, tras los decretos de Karlsbad, para perseguir a los «demagogos». ↩

  4. Comienzo de un conocido himno luterano («Nun danket alle Gott»). ↩

  5. Anton von Schmerling (1805-1893), ministro del Interior del poder central; Robert von Mohl (1799-1875), ministro de Justicia del poder central; Heinrich von Gagern (1799-1880), presidente de la Asamblea Nacional de Fráncfort. ↩

  6. Fernando II (1810-1859), rey de las Dos Sicilias, que en septiembre de 1848 hizo bombardear Mesina. ↩

  7. Josip Jelačić (1801-1859), ban de Croacia, y Alfred zu Windischgrätz (1787-1862), mariscal austriaco, que en octubre de 1848 marcharon juntos sobre la Viena sublevada. ↩

  8. Las tropas turcas, de acuerdo con Rusia, ocuparon Bucarest el 25 de septiembre de 1848 y acabaron con el gobierno revolucionario de Valaquia. ↩

  9. Fuad Efendi, comisario del gobierno otomano en los principados del Danubio en 1848. ↩

  10. «Aulladores» (Heuler) era el apodo de los reaccionarios. ↩