Escritos en Colonia el 11 de noviembre de 1848. Publicados sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 141, del 12 de noviembre de 1848; núm. 141, segunda edición, del 12 de noviembre de 1848, y núm. 142, del 14 de noviembre de 1848; la MEW los atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 7-12), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

I

Neue Rheinische Zeitung, núm. 141, 12 de noviembre de 1848.

*Colonia, 11 de noviembre. El ministerio Pfuel1 fue un «malentendido»; su verdadero sentido es el ministerio Brandenburg. El ministerio Pfuel era el índice; el ministerio Brandenburg es el contenido.

Brandenburg en la Asamblea y la Asamblea en Brandeburgo.2

¡Así reza el epitafio de la casa de Brandeburgo!

Se admiró al emperador Carlos V porque se hizo enterrar en vida.3 Grabar un mal chiste en su propia lápida es más que el emperador Carlos Quinto con toda su Ordenanza penal, la muy dolorosa y criminal.4

¡Brandenburg en la Asamblea y la Asamblea en Brandeburgo!

Una vez se presentó en la Asamblea un rey de Prusia. No era el verdadero Brandeburgo. El marqués de Brandeburgo que se presentó anteayer en la Asamblea era el verdadero rey de Prusia.

¡El cuerpo de guardia en la Asamblea, la Asamblea en el cuerpo de guardia!: es decir, ¡Brandenburg en la Asamblea, la Asamblea en Brandeburgo!

¿O será la Asamblea en Brandeburgo (Berlín está, como es sabido, en la provincia de Brandeburgo) la que se haga dueña... del Brandenburg en la Asamblea? ¿Buscará Brandenburg protección en la Asamblea, como en otro tiempo Capeto5 en otra asamblea?

Brandenburg en la Asamblea y la Asamblea en Brandeburgo es una frase equívoca, de doble sentido, preñada de destino.

Los pueblos, como es sabido, despachan infinitamente más fácilmente a los reyes que a las asambleas legislativas. La historia posee un catálogo de vanas sublevaciones del pueblo contra las asambleas nacionales. Solo ofrece dos grandes excepciones. El pueblo inglés dispersó el Parlamento Largo en la persona de Cromwell; el pueblo francés, el Cuerpo Legislativo en la persona de Bonaparte.6 Pero el Parlamento Largo hacía ya mucho tiempo que se había convertido en un muñón, y el Cuerpo Legislativo, hacía mucho que en un cadáver.

¿Tienen más suerte los reyes que los pueblos en sus motines contra las asambleas legislativas?

Carlos I, Jacobo II, Luis XVI, Carlos X son retratos de antepasados poco prometedores.

Pero en España, en Italia, hay antepasados más risueños.7 ¿Y recientemente en Viena?

Pero no se olvide que en Viena estaba reunido un congreso de pueblos y que los representantes eslavos, con excepción de los polacos, se pasaron al campo imperial con música y tambores.8

La guerra de la camarilla vienesa contra el Reichstag era al mismo tiempo la guerra del Reichstag eslavo contra el Reichstag alemán. En la Asamblea de Berlín, en cambio, no son los eslavos los que hacen secesión, sino solo los esclavos, y los esclavos, los esclavos no son un partido; a lo sumo son la impedimenta de un partido. La derecha berlinesa que se ha retirado9 no lleva ninguna fuerza al campo enemigo; lo contagia de una debilidad mortal: la traición.

En Austria, el partido eslavo ha vencido junto con la camarilla; ahora luchará con la camarilla por el botín. Si vence la camarilla de Berlín, no tendrá que repartir la victoria con la derecha ni hacerla valer contra la derecha: le dará una propina y... patadas.

La Corona prusiana está en su derecho al enfrentarse a la Asamblea como Corona absoluta. Pero la Asamblea no está en su derecho, porque no se enfrenta a la Corona como Asamblea absoluta. Ante todo, tenía que haber hecho detener a los ministros como reos de alta traición, como traidores a la soberanía del pueblo. Tenía que haber proscrito, declarado fuera de la ley, a todo funcionario que obedeciera órdenes que no fueran las suyas.

Sin embargo, podría ocurrir que la debilidad política con que se presenta la Asamblea Nacional en Berlín se convierta en su fuerza civil en las provincias.

A la burguesía le habría gustado tanto convertir por las buenas la monarquía feudal en una monarquía burguesa. Tras arrebatar al partido feudal los escudos y títulos que ofendían su orgullo burgués y los tributos, propios de la propiedad feudal, que lesionaban el modo burgués de apropiación, se habría casado de buena gana con el partido feudal y habría sojuzgado al pueblo en compañía de él. Pero la vieja burocracia no quiere rebajarse a servir a una burguesía de la que hasta ahora había sido la maestra de escuela despótica. El partido feudal no quiere que sus distinciones y sus intereses ardan en el altar de la burguesía. Y la Corona, por último, ve en los elementos de la vieja sociedad feudal, de la que es la excrecencia más alta, su verdadero suelo social propio, mientras que en la burguesía ve una tierra extraña y artificial que solo la sostiene a condición de que se marchite.

La embriagadora «gracia de Dios» la convierte la burguesía en un sobrio título jurídico; el dominio de la sangre, en dominio del papel; el sol real, en una lámpara astral burguesa.10

Por eso la monarquía no se dejó engatusar por la burguesía. Respondió a su media revolución con una contrarrevolución entera. Volvió a arrojar a la burguesía a los brazos de la revolución, del pueblo, gritándole:

Brandenburg en la Asamblea y la Asamblea en Brandeburgo.

Si confesamos que no esperamos de la burguesía una respuesta a la altura de la situación, no debemos dejar de señalar, por otra parte, que también la Corona, en su sublevación contra la Asamblea Nacional, se refugia en una hipócrita medianía y esconde la cabeza bajo la apariencia constitucional en el mismo momento en que intenta quitarse de encima esa molesta apariencia.

Brandenburg se hace dar por el poder central alemán la orden de dar su golpe de Estado. Los regimientos de la Guardia han entrado en Berlín por orden del poder central. La contrarrevolución berlinesa se hace por orden del poder central alemán. Brandenburg ordena a Fráncfort que le dé esa orden. Reniega de su soberanía en el momento en que quiere restablecerla. El señor Bassermann11 aprovechó naturalmente con las dos manos la ocasión de hacer de señor siendo criado. Pero tiene la satisfacción de que el señor, por su parte, haga de criado.

Caigan como caigan los dados en Berlín, el dilema está planteado: rey o pueblo. Y el pueblo vencerá con el grito: Brandenburg en la Asamblea y la Asamblea en Brandeburgo.

Puede que aún tengamos que pasar por una dura escuela, pero es la escuela preparatoria de la... revolución entera.

II

Neue Rheinische Zeitung, núm. 141, segunda edición, 12 de noviembre de 1848.

*Colonia, 11 de noviembre. La revolución europea describe un ciclo. Empezó en Italia; en París adquirió carácter europeo; en Viena se produjo la primera repercusión de la revolución de febrero; en Berlín, la repercusión de la revolución de Viena. En Italia, en Nápoles, dio la contrarrevolución europea su primer golpe;12 en París, en las jornadas de junio, adquirió carácter europeo; en Viena se produjo la primera repercusión de la contrarrevolución de junio; en Berlín se consuma y se compromete. Desde París, el gallo galo despertará una vez más a Europa con su canto.

Pero en Berlín la contrarrevolución se compromete. En Berlín todo se compromete, incluso la contrarrevolución.

En Nápoles, los lazzaroni,13 aliados con la monarquía, contra la burguesía.

En París, la mayor lucha histórica que jamás ha tenido lugar. La burguesía, aliada con los lazzaroni, contra la clase obrera.

En Viena, todo un enjambre de nacionalidades que esperan su emancipación de la contrarrevolución. A ello se suma la perfidia secreta de la burguesía contra los obreros y la Legión Académica,14 y la lucha dentro de la propia milicia ciudadana. Por último, un ataque por parte del pueblo que da pretexto al ataque por parte de la corte.

En Berlín, nada de eso. La burguesía y el pueblo de un lado; los suboficiales del otro.

Wrangel15 y Brandenburg, dos hombres sin cabeza, sin corazón, sin orientación, puro bigote: esa es la antítesis de esta Asamblea Nacional quejumbrosa, sabihonda e incapaz de decidirse.

¡Voluntad!, aunque sea la voluntad de un asno, de un buey, de un bigote: la voluntad es el único requisito frente a los quejicas sin voluntad de la revolución de marzo. Y la corte prusiana, que no tiene voluntad, como tampoco la tiene la Asamblea Nacional, busca a los dos hombres más tontos de la monarquía y dice a estos leones: representad la voluntad. Pfuel tenía todavía unos cuantos granos de seso. Pero ante la estupidez absoluta retroceden espantados los razonadores de las conquistas de marzo.

«Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano»,16

exclama la Asamblea Nacional consternada.

Y estos Wrangel, estos Brandenburg, estos cráneos obtusos que pueden querer porque no tienen voluntad propia, porque quieren lo que se les ordena, que son demasiado tontos para dudar de las órdenes que se les dan con voz temblorosa y labio trémulo, también ellos se comprometen, porque no llegan a romper cráneos, el único oficio a la altura de estos arietes.

Wrangel no pasa de confesar que solo conoce una asamblea nacional: la que obedece las órdenes. Brandenburg recibe lecciones de decoro parlamentario y, después de haber indignado a la Cámara con su jerga de suboficial, grosera y repugnante, deja que «al tirano lo supere el tirano»17 y obedece a la Asamblea Nacional pidiendo humildísimamente la palabra que hacía un momento quería tomar.

«¡Antes quisiera ser un piojo en la lana de una oveja
que semejante valerosa estupidez!»18

La actitud tranquila de Berlín nos divierte: en ella fracasan los ideales del suboficialismo prusiano.

Pero ¿y la Asamblea Nacional? ¿Por qué no pronuncia la mise hors de loi,19 por qué no declara proscritos a los Wrangel, por qué no se adelanta un diputado en medio de las bayonetas de Wrangel, lo declara fuera de la ley y arenga a la soldadesca?

Hojee la Asamblea Nacional de Berlín el Moniteur, el Moniteur de 1789-1795.20

¿Y qué hacemos nosotros en estos momentos?

Nos negamos a pagar los impuestos. Un Wrangel, un Brandenburg comprende —pues estos seres aprenden árabe de los Hyghlans—21 que llevan una espada y un uniforme y cobran un sueldo. Pero de dónde salen la espada, el uniforme y el sueldo, eso no lo comprenden.

Solo queda un medio de vencer a la monarquía, a saber, hasta la época de la antirrevolución de junio en París, que tendrá lugar en diciembre.22

La monarquía no solo desafía al pueblo; desafía a la burguesía.

Vencedla, pues, a la manera burguesa.

¿Y cómo se vence a la monarquía a la manera burguesa?

Matándola de hambre.

¿Y cómo se la mata de hambre?

Negándole los impuestos.

¡Pensadlo bien! Todos los príncipes de Prusia, todos los Brandenburg y los Wrangel no producen ni... pan de munición. Vosotros, vosotros mismos producís el pan de munición.

III

Neue Rheinische Zeitung, núm. 142, 14 de noviembre de 1848.

*Colonia, 13 de noviembre. Así como en otro tiempo la Asamblea Nacional francesa encontró cerrado su local oficial de sesiones y tuvo que proseguirlas en el Juego de Pelota,23 así la Asamblea Nacional prusiana en la Casa de Tiradores.24

La resolución tomada en la Casa de Tiradores, que comunicamos según nuestro corresponsal de Berlín en la hoja extraordinaria publicada esta mañana y por la que se declara a Brandenburg reo de alta traición, no aparece en el informe de la Kölnische Zeitung.

Sin embargo, acaba de llegarnos la carta de un miembro de la Asamblea Nacional en la que se dice literalmente:

«La Asamblea Nacional ha declarado por unanimidad (242 miembros) que Brandenburg se ha hecho culpable de alta traición con esta medida (la disolución de la milicia ciudadana) y que todo aquel que colabore activa o pasivamente en la ejecución de esta medida ha de ser considerado reo de alta traición».

La credibilidad de Dumont25 es conocida.

Al declarar la Asamblea Nacional reo de alta traición a Brandenburg, cesa por sí misma la obligación de pagar los impuestos. A un gobierno que comete alta traición no se le deben impuestos. Mañana informaremos detalladamente a nuestros lectores de cómo se procede con la negativa a pagar los impuestos en el país constitucional más antiguo, Inglaterra, en conflictos parecidos. Por lo demás, el propio gobierno culpable de alta traición ha mostrado al pueblo el camino correcto al negar enseguida a la Asamblea Nacional los impuestos (las dietas, etc.) y al intentar matarla de hambre.

El diputado antes mencionado nos escribe además:

«La milicia ciudadana no entregará sus armas».

La lucha parece, pues, inevitable, y es deber de la provincia del Rin acudir en auxilio de la Asamblea Nacional de Berlín con hombres y armas.

  1. El general Ernst von Pfuel (1779-1866) presidió el gobierno prusiano de septiembre a principios de noviembre de 1848. ↩

  2. Juego de palabras con el nombre del conde Brandenburg, nuevo jefe del gobierno, y la ciudad de Brandeburgo, adonde la orden real del 9 de noviembre de 1848 trasladaba la Asamblea Nacional prusiana. El 9 de noviembre Brandenburg leyó esa orden en la Asamblea. ↩

  3. Según la tradición, Carlos V, retirado en el monasterio de Yuste, hizo celebrar sus propias exequias poco antes de morir (1558). ↩

  4. La Constitutio Criminalis Carolina (1532), código penal del Sacro Imperio, cuyo título alemán habla de peinliche Halsgerichtsordnung, «ordenanza de la justicia penal de sangre»; «hochnotpeinlich», que Marx usa con ironía, combina el sentido arcaico de «penal, con tormento» y el corriente de «muy embarazoso». ↩

  5. Luis XVI, a quien la Revolución llamaba Luis Capeto, se refugió el 10 de agosto de 1792 en la Asamblea Legislativa durante el asalto a las Tullerías. ↩

  6. Cromwell disolvió el resto del Parlamento Largo (el «Rump», «muñón» o «rabadilla») en 1653; Napoleón Bonaparte dispersó el Consejo de los Quinientos el 18 de brumario (9 de noviembre de 1799). ↩

  7. Fernando VII disolvió las Cortes al restaurar el absolutismo en 1814 y en 1823; Fernando II de Nápoles disolvió el Parlamento napolitano tras el golpe del 15 de mayo de 1848. ↩

  8. Durante la insurrección de octubre de 1848, la mayoría de los diputados checos abandonó el Reichstag austriaco reunido en Viena y se pasó a la corte, refugiada en Olmütz. ↩

  9. Tras la orden de traslado a Brandeburgo, la mayoría de la derecha abandonó la Asamblea Nacional prusiana, que siguió reuniéndose en Berlín sin ella. ↩

  10. La lámpara astral, lámpara de aceite de luz difusa muy usada en los salones burgueses de la época. ↩

  11. Friedrich Daniel Bassermann (1811-1855), editor de Mannheim, liberal moderado, subsecretario de Estado en el ministerio del Interior del Imperio; a principios de noviembre de 1848 fue enviado a Berlín como comisario del poder central. ↩

  12. El golpe de Estado de Fernando II en Nápoles, el 15 de mayo de 1848. ↩

  13. Nombre que se daba al proletariado andrajoso de Nápoles, utilizado por la monarquía contra los liberales. ↩

  14. Cuerpo armado de los estudiantes de Viena, formado en marzo de 1848. ↩

  15. El general Friedrich von Wrangel (1784-1877), comandante en jefe en las Marcas, ocupó Berlín con sus tropas el 10 de noviembre de 1848. ↩

  16. Schiller, La doncella de Orleans, acto III, escena 6. ↩

  17. Alusión a Shakespeare, Hamlet, acto III, escena 2 («it out-herods Herod»). ↩

  18. Shakespeare, Troilo y Crésida, acto III, escena 3. ↩

  19. «Declaración de fuera de la ley», la medida con que la Convención francesa proscribía a sus enemigos. ↩

  20. Le Moniteur universel, diario oficial francés desde 1789, donde se publicaban las actas de las asambleas revolucionarias. ↩

  21. Pasaje oscuro; se traduce tal como lo da la MEW. ↩

  22. Alusión a la elección del presidente de la República francesa, fijada para el 10 de diciembre de 1848. ↩

  23. El 20 de junio de 1789, los diputados del Tercer Estado, encontrando cerrada su sala, se reunieron en la sala del Juego de Pelota de Versalles y juraron no separarse hasta dar a Francia una Constitución. ↩

  24. Desalojada por las tropas de Wrangel de su sede del Teatro Real, la Asamblea Nacional prusiana siguió reuniéndose en los días siguientes en distintos locales de Berlín, entre ellos la Casa de Tiradores (Schützenhaus). ↩

  25. Joseph DuMont (1811-1861), editor de la Kölnische Zeitung. ↩