Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung (Colonia), n.º 19, del 19 de junio de 1848. La MEW no precisa si es de Marx o de Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 83-84), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
**Colonia. Como es sabido, la Asamblea pactista1 de Berlín ha aplazado la moción de Wencelius sobre la detención de Viktor Valdenaire, diputado del distrito rural de Tréveris.2 ¡Y por qué motivo! Porque en los archivos de la vieja legislación prusiana no se encuentra ninguna ley sobre la inviolabilidad de los representantes del pueblo; naturalmente, como tampoco se encuentran representantes del pueblo en el viejo trastero de la historia prusiana. ¡Nada más fácil que, sobre esa base, aniquilar a posteriori todas las conquistas de la revolución en interés del fisco! Las pretensiones, las necesidades y los derechos de la revolución, que se entienden por sí mismos, no están sancionados, naturalmente, por una legislación cuyo fundamento ha volado por los aires precisamente por esa revolución. Desde el momento en que existieron representantes del pueblo prusiano, existe la inviolabilidad de los representantes del pueblo prusiano. ¿O es que la subsistencia de toda la Asamblea pactista ha de quedar al capricho de un jefe de policía o de un tribunal? ¡Desde luego! Zweiffel, Reichensperger3 y los demás juristas renanos, que convierten toda cuestión política en un pleito de procedimiento y que no dejarían pasar el caso Valdenaire sin hacer gala de una minúscula sutileza y de un servilismo gigantesco, están completamente a salvo de semejante eventualidad.
Con este motivo, una pregunta al señor Reichensperger II. ¿No estará destinado el señor Reichensperger a ocupar la presidencia de sala en Colonia tras la jubilación del señor Schauberg, que debe tener lugar el 1 de julio de 1848?
Valdenaire fue detenido justo cuando subía a la diligencia de Merzig, donde iba a celebrarse la elección del diputado para Fráncfort. Valdenaire tenía asegurada la gran mayoría de los votos. ¡No hay medio más cómodo de frustrar una elección mal vista que detener al candidato! Y el gobierno, para ser consecuente, no convoca a su suplente, Gräff, pese a su reclamación, y deja así sin representación a una población mal vista de 60.000 almas. Aconsejamos al señor Gräff que se traslade a Berlín por su propia autoridad.
Por último, no podemos caracterizar mejor la situación de Tréveris que reproduciendo a continuación una advertencia del muy poderoso señor Sebaldt, consejero real de distrito y alcalde mayor de Tréveris.
Varias noches seguidas se han visto en plazas y calles de la ciudad aglomeraciones de gente desacostumbradamente numerosas, que en algunos timoratos han hecho nacer la creencia en inminentes manifestaciones contrarias al orden. Yo no soy de los timoratos y me agrada mucho que el tráfico de las calles se mueva con desenvoltura. Pero si, contra lo esperado, a algunas cabezas inmaduras se les ocurriera abusar de ese tráfico para cometer gamberradas o burlas ofensivas, me vería obligado a rogar encarecidamente a la mejor parte del público que se separe enseguida de esos elementos, pues a las perturbaciones serias del orden se opondrá la seriedad, y lamentaría que, si se produjera un conflicto, saliera perjudicado el imprudente en lugar del culpable.
Tréveris, 16 de junio de 1848
¡Qué campechano escribe este alto personaje, qué patriarcal!
«Le agrada mucho que el tráfico de las calles se mueva con desenvoltura». ¡Agradable afición la del señor Sebaldt!
Los timoratos temen una manifestación. El dictador de Tréveris tiene la cualidad de no ser timorato. Pero tiene que mostrar su autoridad, tiene que convertir las quimeras de los timoratos en una conjetura oficial para poder amenazar a las perturbaciones serias con una seriedad opuesta.
¡De qué modo tan sorprendente une el gran hombre la seriedad y la campechanía! Bajo el amparo de esta providencia seria y campechana, los mejores de Tréveris pueden dormir tranquilos.
La Asamblea Nacional prusiana, reunida en Berlín desde el 22 de mayo de 1848, debía «pactar» (vereinbaren) la Constitución con la Corona según la teoría del gobierno Camphausen; por eso la Neue Rheinische Zeitung la llama irónicamente «Asamblea pactista». ↩
Viktor Valdenaire, demócrata de Tréveris, diputado a la Asamblea Nacional prusiana; su colega Wencelius había presentado una moción sobre su detención. ↩
Zweiffel, fiscal general de Colonia, y Peter Reichensperger (1810-1892), magistrado de Colonia y más tarde uno de los fundadores del partido católico del Centro, eran diputados de la derecha en la Asamblea Nacional prusiana. ↩