Escrito en Colonia el 3 de noviembre de 1848. Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 133, del 3 de noviembre de 1848; la MEW lo atribuye a Karl Marx. El título es de los editores de la MEW. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 451-452), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Colonia, 3 de noviembre. Nuestros lectores nunca se han entregado a esperanzas utópicas respecto de Viena. Después de la revolución de junio creímos a la burguesía capaz de cualquier vileza. Ya en el primer número de la Neue Rheinische Zeitung que volvió a salir tras el estado de sitio1 dijimos: «Esta revolución amenaza, si no con fracasar, al menos con quedar paralizada por la desconfianza de la burguesía hacia la clase obrera. Pero sea como fuere, ¡su repercusión en Hungría, Italia y Alemania desbarata todo el plan de campaña de la contrarrevolución!».

Por eso una derrota de Viena no nos sorprendería; solo nos decidiría a romper toda mediación con la burguesía, que mide la libertad por la libertad del chalaneo, y a enfrentarnos sin reconciliación y sin mediación a la miserable clase media alemana, que renuncia de buen grado a su propio dominio con tal de poder seguir chalaneando sin lucha. La burguesía inglesa y la francesa son ambiciosas; la deshonra de la burguesía alemana quedaría confirmada con la derrota de Viena.

Así pues: no hemos garantizado ni por un instante la victoria de los vieneses. Su derrota no nos sorprendería. Solo nos convencería de que no es posible ninguna paz, ni siquiera transitoria, con la burguesía; de que el pueblo debe mantenerse indiferente en las luchas de la burguesía con el gobierno y esperar sus victorias o sus derrotas para explotarlas. Una vez más: a nuestros lectores les basta con repasar nuestros números anteriores para convencerse de que ni la victoria ni la derrota de los vieneses pueden sorprendernos.

Pero lo que sí nos sorprende es la nueva hoja extraordinaria de la Kölnische Zeitung. ¿Difunde el gobierno deliberadamente rumores falsos sobre Viena para sofocar la agitación en Berlín y en las provincias? ¿Paga Dumont2 el telégrafo del Estado prusiano, de modo que él, Dumont, recibe noticias de los periódicos matutinos «de Berlín» y «de Breslau» que no llegan a la «mala prensa»? ¿Y de dónde sacó Dumont esta mañana su «despacho telegráfico», que nosotros no teníamos? ¿Ha contratado Dumont como redactor a Birk, de Tréveris, esa nulidad que ha ocupado el puesto de Wittgenstein? No lo creemos. Pues incluso un Brüggemann, un Wolfers, un Schwanbeck,3 todo eso aún no es un Birk. Dudamos de que Dumont haya contratado a semejante impotencia.

Hoy, a las seis de la tarde, Dumont, que había hecho desaparecer a fuerza de mentiras la revolución de febrero y la de marzo, trae en sus primeras noticias otro informe «telegráfico» según el cual Viena se ha rendido a la «sarna véndica», a «Windischgrätz».4

Es posible. Pero las posibilidades del antaño chorreante de sangre «Brüggemann», del excorresponsal de la antigua Rheinische Zeitung,5 de ese hombre de bien cuya opinión ha ido siempre de la mano del «valor de cambio» de las opiniones en general, sus posibilidades se basan en el Preuß. Staats-Anz. y en la Bresl. Ztg.6 Las historias de «Brüggemann» o de la Kölnische Zeitung sobre la revolución de febrero, la de marzo y la de octubre serán una aportación muy particular a la historia.

Damos a continuación los informes que no informan de nada.

  1. Tras los disturbios de septiembre se declaró el estado de sitio en Colonia (26 de septiembre de 1848) y se suspendió la Neue Rheinische Zeitung, que volvió a salir el 12 de octubre. La cita procede del artículo «Revolución en Viena» de ese número, el 114. ↩

  2. Joseph DuMont (1811-1861), editor de la Kölnische Zeitung. ↩

  3. Karl Heinrich Brüggemann (1810-1887) era desde 1846 redactor jefe de la Kölnische Zeitung; Wolfers y Schwanbeck eran redactores del mismo periódico. ↩

  4. Juego de palabras con el nombre del mariscal Windischgrätz, que sitiaba Viena: windisch es «véndico», eslavo, y Krätze, «sarna». ↩

  5. La Rheinische Zeitung de 1842-1843, de la que Marx fue redactor jefe. ↩

  6. Abreviaturas del Preußischer Staats-Anzeiger, el boletín oficial prusiano, y de la Breslauer Zeitung. ↩