Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung (Colonia), números 31 y 32, del 1 y el 2 de julio de 1848. La MEW lo atribuye a Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 145-153), por la Escuela de marxismo, 2026. El subtítulo es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

I

Neue Rheinische Zeitung, n.º 31, 1 de julio de 1848

** Poco a poco se llega a abarcar con la mirada la revolución de junio; los informes se completan, los hechos se dejan separar de los rumores y de las mentiras, el carácter de la insurrección aparece cada vez con más claridad. Y cuanto mejor se consigue captar en su conexión los acontecimientos de las cuatro jornadas de junio, más asombran las dimensiones colosales de la insurrección, el valor heroico, la organización rápidamente improvisada y la unanimidad de los insurrectos.

El plan de batalla de los obreros, que según se dice trazó Kersausie,1 amigo de Raspail2 y antiguo oficial, era el siguiente:

Los insurrectos avanzaron en cuatro columnas, con un movimiento concéntrico, sobre el Hôtel de Ville.

La primera columna, cuya base de operaciones eran los arrabales de Montmartre, La Chapelle y La Villette, avanzó hacia el sur desde las barreras de Poissonnière, Rochechouart, Saint-Denis y La Villette, ocupó los bulevares y se acercó al Hôtel de Ville por las calles Montorgueil, Saint-Denis y Saint-Martin.

La segunda columna, cuya base eran los faubourgs du Temple y Saint-Antoine, habitados casi exclusivamente por obreros y cubiertos por el canal Saint-Martin, avanzó hacia el mismo centro por las calles du Temple y Saint-Antoine y por los muelles de la orilla norte del Sena, así como por todas las calles paralelas de los barrios intermedios.

La tercera columna, con el faubourg Saint-Marceau, avanzó por la calle Saint-Victor y los muelles de la orilla sur del Sena hacia la isla de la Cité.

La cuarta columna, apoyada en el faubourg Saint-Jacques y en los alrededores de la Escuela de Medicina, avanzó por la calle Saint-Jacques, también hacia la Cité. Desde allí, ambas columnas reunidas debían penetrar en la orilla derecha del Sena y tomar el Hôtel de Ville por la retaguardia y por el flanco.

El plan se apoyaba, pues, con razón, en los barrios habitados exclusivamente por obreros, que rodean en semicírculo toda la mitad oriental de París y se ensanchan cuanto más se avanza hacia el este. Primero había que limpiar de enemigos el este de París y luego se pensaba avanzar por las dos orillas del Sena contra el oeste y sus centros, las Tullerías y la Asamblea Nacional.

Estas columnas debían estar apoyadas por una multitud de cuerpos volantes que operaban por su cuenta junto a ellas y entre ellas, levantaban barricadas, ocupaban las calles pequeñas y mantenían las comunicaciones.

Para el caso de retirada, las bases de operaciones estaban fuertemente atrincheradas y convertidas con arte en temibles fortalezas; así el Clos Saint-Lazare,3 así el faubourg y el barrio de Saint-Antoine y el faubourg Saint-Jacques.

Si este plan tenía un defecto, era el de no tener en cuenta en absoluto, para el comienzo de las operaciones, la mitad occidental de París. Allí se encuentran, a ambos lados de la calle Saint-Honoré, junto a los Mercados y al Palais National, varios barrios especialmente apropiados para los motines, que tienen calles muy estrechas y tortuosas y están habitados sobre todo por obreros. Era importante establecer aquí un quinto foco de la insurrección y, con ello, tanto aislar el Hôtel de Ville como entretener una gran masa de tropas en ese bastión avanzado. La victoria de la insurrección dependía de penetrar cuanto antes en el centro de París, de asegurar la conquista del Hôtel de Ville. No podemos saber hasta qué punto le fue imposible a Kersausie organizar aquí la insurrección. Pero es un hecho que nunca ha triunfado una insurrección que no supiera apoderarse desde el principio de ese centro de París que linda con las Tullerías. Baste recordar la insurrección durante el entierro del general Lamarque,4 que también llegó hasta la calle Montorgueil, pero luego fue rechazada.

Los insurrectos avanzaron conforme a su plan. Empezaron enseguida por separar su terreno, el París de los obreros, del París de los burgueses mediante dos obras principales: las barricadas de la Porte Saint-Denis y las de la Cité. De las primeras fueron desalojados; las segundas las mantuvieron. El primer día, el 23, fue un mero preludio. El plan de los insurrectos se mostraba ya con claridad (tal como lo entendió muy acertadamente desde el principio la Neue Rheinische Zeitung, véase el n.º 26, suplemento extraordinario), sobre todo después de las primeras escaramuzas de avanzada de la mañana. El bulevar Saint-Martin, que corta la línea de operaciones de la primera columna, fue escenario de violentos combates, que terminaron aquí con la victoria del «orden», debida en parte a las condiciones del lugar.

Los accesos a la Cité quedaron cortados: a la derecha, por un cuerpo volante que se hizo fuerte en la calle Planche-Mibray; a la izquierda, por la tercera y la cuarta columnas, que ocuparon y fortificaron los tres puentes meridionales de la Cité. También aquí se trabó un combate muy violento. El «orden» consiguió apoderarse del puente Saint-Michel y avanzar hasta la calle Saint-Jacques. Se hacía la ilusión de que al anochecer el motín estaría sofocado.

Si el plan de los insurrectos se había mostrado ya con claridad, más aún el del «orden». Su plan consistía, por el momento, únicamente en sofocar la insurrección por todos los medios. Esa intención se la anunció a los insurrectos con balas de cañón y metralla.

Pero el gobierno creía tener enfrente una banda tosca de amotinados vulgares, que actuaban sin plan. Después de despejar las calles principales hacia el anochecer, declaró que el motín estaba vencido y ocupó los barrios conquistados con tropas de manera sumamente descuidada.

Los insurrectos supieron aprovechar de maravilla ese descuido para preparar, tras las escaramuzas del 23, la gran batalla. En general, es asombroso con qué rapidez se apropiaron los obreros del plan de operaciones, con qué coordinación se secundaron unos a otros, con qué habilidad supieron aprovechar un terreno tan intrincado. Sería del todo inexplicable si los obreros no hubieran estado ya en los Talleres Nacionales5 organizados de manera bastante militar y divididos en compañías, de modo que solo tuvieron que trasladar su organización industrial a su actividad bélica para formar enseguida un ejército completamente articulado.

En la mañana del 24 no solo se había reocupado por completo el terreno perdido, sino que se había ganado terreno nuevo. Es cierto que la línea de los bulevares hasta el bulevar du Temple siguió ocupada por las tropas, y con ello la primera columna quedó cortada del centro; pero, en cambio, la segunda columna avanzó desde el barrio de Saint-Antoine hasta tener casi rodeado el Hôtel de Ville. Estableció su cuartel general en la iglesia de Saint-Gervais, a 300 pasos del Hôtel de Ville; conquistó el convento de Saint-Merry y las calles de los alrededores; penetró mucho más allá del Hôtel de Ville y, en enlace con las columnas de la Cité, lo dejó casi completamente aislado. Solo quedaba un acceso abierto: los muelles de la orilla derecha. En el sur se había reocupado por completo el faubourg Saint-Jacques, restablecido las comunicaciones con la Cité, reforzado la Cité y preparado el paso a la orilla derecha.

No había, desde luego, tiempo que perder; el Hôtel de Ville, el centro revolucionario de París, estaba amenazado y tenía que caer si no se tomaban las medidas más enérgicas.

II

Neue Rheinische Zeitung, n.º 32, 2 de julio de 1848

** La Asamblea Nacional, asustada, nombró dictador a Cavaignac,6 y este, acostumbrado desde Argelia a intervenir «enérgicamente», sabía lo que había que hacer.

De inmediato diez batallones avanzaron por el ancho Quai de l'École hacia el Hôtel de Ville. Cortaron las comunicaciones de los insurrectos de la Cité con la orilla derecha, aseguraron el Hôtel de Ville y permitieron incluso ataques contra las barricadas que lo rodeaban.

La calle Planche-Mibray y su prolongación, la calle Saint-Martin, fueron despejadas y la caballería las mantuvo despejadas continuamente. El puente de Notre-Dame, situado enfrente, que lleva a la Cité, fue barrido con artillería pesada, y entonces Cavaignac se lanzó directamente sobre la Cité para proceder allí «enérgicamente». El puesto principal de los insurrectos, la Belle Jardinière,7 fue primero destrozado a cañonazos y luego incendiado con cohetes; también la rue de la Cité fue conquistada a cañonazos; tres puentes hacia la orilla izquierda fueron tomados al asalto y los insurrectos de la orilla izquierda fueron rechazados decisivamente. Entretanto, los catorce batallones apostados en la plaza de la Grève y en los muelles liberaron el Hôtel de Ville, ya sitiado, y la iglesia de Saint-Gervais pasó de cuartel general a avanzada perdida de los insurrectos.

La calle Saint-Jacques no solo fue atacada con artillería desde la Cité, sino también tomada de flanco desde la orilla izquierda. El general Damesme8 avanzó a lo largo del Luxemburgo hacia la Sorbona, conquistó el Barrio Latino y lanzó sus columnas contra el Panteón. La plaza del Panteón se había convertido en una temible fortaleza. La calle Saint-Jacques estaba tomada hacía tiempo cuando el «orden» seguía encontrando aquí un baluarte inexpugnable. Los cañones y las cargas a la bayoneta habían sido inútiles, cuando por fin el agotamiento, la falta de municiones y la amenaza de incendio proferida por los burgueses obligaron a rendirse a los 1.500 obreros cercados por todas partes. Hacia la misma hora cayó en manos del «orden», tras una larga y valiente resistencia, la plaza Maubert, y los insurrectos, desalojados de sus posiciones más sólidas, se vieron obligados a abandonar toda la orilla izquierda del Sena.

Entretanto, la posición de las tropas y de los guardias nacionales en los bulevares de la orilla derecha se aprovechó también para actuar en ambas direcciones. Lamoricière,9 que mandaba aquí, hizo barrer con artillería pesada y con rápidos ataques de las tropas las calles de los faubourgs Saint-Denis y Saint-Martin, el bulevar du Temple y la mitad de la calle du Temple. Podía jactarse de haber logrado hasta la noche éxitos brillantes: había cortado la primera columna en el Clos Saint-Lazare y la tenía medio cercada, había hecho retroceder a la segunda y, con su avance por los bulevares, le había clavado una cuña.

¿Con qué había conquistado Cavaignac estas ventajas?

En primer lugar, con la enorme superioridad de fuerzas que pudo desplegar contra los insurrectos. El 24 no solo tenía a su disposición los 20.000 hombres de la guarnición de París, los 20.000 a 25.000 hombres de la Guardia Móvil y los 60.000 a 80.000 hombres disponibles de la Guardia Nacional, sino también la Guardia Nacional de todos los alrededores de París y de algunas ciudades más alejadas (de 20.000 a 30.000 hombres), y además de 20.000 a 30.000 hombres de tropa llamados a toda prisa de las guarniciones cercanas. La mañana del 24 tenía ya a su disposición mucho más de 100.000 hombres, que hasta la noche aumentaron todavía en la mitad. ¡Y los insurrectos eran como mucho de 40.000 a 50.000 hombres!

En segundo lugar, con los medios brutales que empleó. Hasta entonces solo una vez se había disparado con cañones en las calles de París: en vendimiario de 1795, cuando Napoleón dispersó con metralla a los insurrectos en la calle Saint-Honoré.10 Pero nunca se había empleado la artillería contra barricadas, contra casas, y mucho menos granadas y cohetes incendiarios. El pueblo no estaba preparado para ello; estaba indefenso ante eso, y el único remedio, el incendio, repugnaba a sus nobles sentimientos. El pueblo no tenía hasta entonces la menor idea de semejante manera argelina de hacer la guerra en pleno París. Por eso retrocedió, y su primer retroceso decidió su derrota.

El 25 Cavaignac avanzó con fuerzas todavía mucho mayores. Los insurrectos estaban reducidos a un solo barrio, los faubourgs Saint-Antoine y du Temple; poseían además dos puestos avanzados, el Clos Saint-Lazare y una parte del barrio de Saint-Antoine hasta el puente de Damiette.

Cavaignac, que había vuelto a reunir de 20.000 a 30.000 hombres de refuerzo junto con importantes parques de artillería, hizo atacar primero los puestos avanzados aislados de los insurrectos, sobre todo el Clos Saint-Lazare. Aquí los insurrectos estaban atrincherados como en una ciudadela. Tras doce horas de cañoneo y de lanzamiento de granadas, Lamoricière logró por fin desalojar a los insurrectos de sus posiciones y ocupar el Clos; pero solo lo logró después de hacer posible un ataque de flanco desde las calles Rochechouart y Poissonnière y de haber hecho batir las barricadas el primer día con 40 piezas y el segundo con más todavía.

Otra parte de su columna penetró por el faubourg Saint-Martin en el faubourg du Temple, pero no obtuvo grandes éxitos; una tercera bajó por los bulevares hacia la Bastilla, pero tampoco llegó lejos, porque aquí una serie de barricadas de las más temibles solo sucumbió a un violento cañoneo tras larga resistencia. Aquí las casas quedaron espantosamente destruidas.

La columna de Duvivier,11 que atacaba desde el Hôtel de Ville, hizo retroceder cada vez más a los insurrectos bajo un fuego de cañón continuo. Se tomó la iglesia de Saint-Gervais, se despejó la calle Saint-Antoine hasta muy lejos del Hôtel de Ville, y varias columnas que avanzaban a lo largo del muelle y de sus calles paralelas tomaron el puente de Damiette, por el que los insurrectos del barrio de Saint-Antoine se apoyaban en los de las islas de Saint-Louis y de la Cité. El barrio de Saint-Antoine quedó flanqueado, y a los insurrectos solo les quedó la retirada hacia el faubourg, que llevaron a cabo entre violentos combates con una columna que avanzaba por los muelles hasta la desembocadura del canal Saint-Martin y desde allí, a lo largo del canal, por el bulevar Bourdon. Unos pocos que quedaron cortados fueron masacrados; solo unos pocos fueron hechos prisioneros.

Con esta operación se conquistaron el barrio de Saint-Antoine y la plaza de la Bastilla. Al anochecer, la columna de Lamoricière logró conquistar por completo el bulevar Beaumarchais y efectuar en la plaza de la Bastilla su enlace con las tropas de Duvivier.

La conquista del puente de Damiette permitió a Duvivier expulsar a los insurrectos de la isla de Saint-Louis y de la antigua isla Louviers. Lo hizo con un despliegue digno de reconocimiento de barbarie argelina. En pocos barrios se empleó la artillería pesada con un efecto tan devastador como precisamente en la isla de Saint-Louis. Pero ¿qué importaba? Los insurrectos habían sido expulsados o masacrados, y el «orden» triunfaba entre las ruinas manchadas de sangre.

En la orilla izquierda del Sena quedaba todavía un puesto por conquistar. El puente de Austerlitz, que al este del canal Saint-Martin une el faubourg Saint-Antoine con la orilla izquierda del Sena, estaba fuertemente barricado, y en la orilla izquierda, donde desemboca en la plaza Valhubert, ante el Jardin des Plantes, estaba provisto de una fuerte cabeza de puente. Esta cabeza de puente, último reducto de los insurrectos en la orilla izquierda tras la caída del Panteón y de la plaza Maubert, fue tomada tras una defensa tenaz.

Para el día siguiente, el 26, a los insurrectos solo les queda, pues, su última fortaleza, el faubourg Saint-Antoine y una parte del faubourg du Temple. Ninguno de los dos faubourgs es muy apropiado para la lucha callejera; tienen calles bastante anchas y casi del todo rectas, que dejan a la artillería un excelente campo de acción. Por el lado oeste están magníficamente cubiertos por el canal Saint-Martin; por el norte, en cambio, están completamente abiertos. Por aquí bajan cinco o seis calles completamente rectas y anchas hasta el corazón mismo del faubourg Saint-Antoine.

Las fortificaciones principales estaban en la plaza de la Bastilla y en la calle más importante de todo el barrio, la calle del Faubourg Saint-Antoine. Aquí se habían levantado barricadas de una solidez notable, unas construidas con los grandes adoquines, otras armadas con vigas. Formaban un ángulo hacia dentro, en parte para debilitar el efecto de las balas de cañón y en parte para ofrecer un frente de defensa más amplio, que abría un fuego cruzado. En las casas se habían perforado las medianeras, poniendo así en comunicación toda una hilera de ellas, de modo que los insurrectos podían, según las necesidades del momento, abrir un fuego de tiradores contra las tropas o retirarse tras sus barricadas. Los puentes y los muelles del canal, así como las calles paralelas al canal, estaban también fuertemente atrincherados. En suma, los dos faubourgs todavía ocupados parecían una fortaleza completa, en la que las tropas tenían que conquistar con sangre cada palmo de terreno.

La mañana del 26 debía reanudarse la lucha. Pero Cavaignac tenía pocas ganas de meter a sus tropas en esa maraña de barricadas. Amenazó con un bombardeo. Se emplazaron los morteros y los obuses. Se negoció. Mientras tanto, Cavaignac hizo minar las casas más próximas, lo que, por la brevedad del tiempo y por el canal que cubría una de las líneas de ataque, solo pudo hacerse en una medida muy limitada, y desde las casas ya ocupadas hizo abrir también comunicaciones interiores con las casas contiguas mediante aberturas en las medianeras.

Las negociaciones fracasaron; la lucha volvió a empezar. Cavaignac mandó atacar al general Perrot desde el faubourg du Temple y al general Lamoricière desde la plaza de la Bastilla. En ambos puntos se cañonearon con fuerza las barricadas. Perrot avanzó con bastante rapidez, tomó el resto del faubourg du Temple y en algunos puntos llegó incluso hasta el faubourg Saint-Antoine. Lamoricière avanzaba más despacio. Las primeras barricadas resistieron a sus cañones, aunque sus granadas incendiaron las primeras casas del arrabal. Volvió a negociar. Reloj en mano, espera el minuto en que tendrá el placer de arrasar a cañonazos el barrio más populoso de París. Por fin capitula una parte de los insurrectos, mientras la otra, atacada por los flancos, se retira de la ciudad tras un breve combate.

Ese fue el final de la lucha de barricadas de junio. Fuera de la ciudad hubo todavía escaramuzas de tiradores, pero carecieron de toda importancia. Los insurrectos fugitivos se dispersaron por los alrededores y la caballería los va capturando uno a uno.

Hemos dado esta descripción puramente militar de la lucha para demostrar a nuestros lectores con qué valor heroico, con qué concordia, con qué disciplina y con qué habilidad militar se batieron los obreros de París. Cuarenta mil de ellos lucharon durante cuatro días contra una fuerza cuatro veces superior, y les faltó un pelo para vencer. Un pelo, y habrían hecho pie en el centro de París, habrían tomado el Hôtel de Ville, habrían instalado un gobierno provisional y habrían duplicado su número, tanto con gente de los barrios conquistados como con los guardias móviles, que entonces solo necesitaban un empujón para pasarse.

Periódicos alemanes afirman que esta ha sido la batalla decisiva entre la república roja y la tricolor, entre obreros y burgueses. Estamos convencidos de que esta batalla no decide nada, salvo la descomposición interna de los vencedores. Por lo demás, el curso de todo el asunto demuestra que los obreros tienen que vencer en un plazo nada largo, incluso si consideramos la cuestión desde un punto de vista puramente militar. Si 40.000 obreros de París hicieron ya cosas tan formidables contra una fuerza cuatro veces superior, ¡qué no logrará la masa entera de los obreros de París cuando actúe unánime y coordinada!

Kersausie está preso y a estas horas probablemente ya fusilado.12 Los burgueses pueden fusilarlo, pero no quitarle la gloria de haber sido el primero en organizar la lucha callejera. Pueden fusilarlo, pero ningún poder de la tierra impedirá que sus invenciones se utilicen en adelante en todas las luchas callejeras. Pueden fusilarlo, pero no impedir que su nombre perdure en la historia como el del primer general de las barricadas.

  1. Théophile Guillard de Kersausie (1798-1874), antiguo oficial, republicano revolucionario, miembro de sociedades secretas bajo la monarquía de Julio. ↩

  2. François-Vincent Raspail (1794-1878), químico y médico, demócrata revolucionario próximo al proletariado; detenido tras la jornada del 15 de mayo de 1848. ↩

  3. Terreno entre los faubourgs Saint-Denis y Poissonnière, junto al antiguo convento de San Lázaro, ocupado entonces por obras y solares. ↩

  4. El entierro del general Lamarque, diputado de la oposición, el 5 de junio de 1832, dio lugar a una insurrección republicana en París, aplastada al día siguiente en el claustro de Saint-Merry. ↩

  5. Los Talleres Nacionales, creados por el Gobierno Provisional en febrero de 1848 para dar trabajo a los parados, estaban organizados en brigadas y compañías; su disolución anunciada el 21 de junio desencadenó la insurrección. ↩

  6. Louis-Eugène Cavaignac (1802-1857), general republicano que había hecho carrera en Argelia; ministro de la Guerra, recibió de la Asamblea Nacional plenos poderes el 24 de junio de 1848. ↩

  7. Gran almacén de ropa en el muelle de la Cité, junto al Pont-Neuf. ↩

  8. Édouard Damesme (1807-1848), general y comandante de la Guardia Móvil; herido de muerte en estos combates. ↩

  9. Christophe Léon Louis Juchault de Lamoricière (1806-1865), general que había hecho la guerra de Argelia; ministro de la Guerra con Cavaignac desde el 28 de junio de 1848. ↩

  10. El 13 de vendimiario del año IV (5 de octubre de 1795), Bonaparte aplastó con artillería un levantamiento realista contra la Convención ante la iglesia de Saint-Roch, en la calle Saint-Honoré. ↩

  11. Franciade Fleurus Duvivier (1794-1848), general, veterano de Argelia; murió a consecuencia de las heridas recibidas en estos combates. ↩

  12. La noticia resultó falsa: Kersausie no fue fusilado. ↩