Escrito por Karl Marx en Colonia el 11 de octubre de 1848 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 114, del 12 de octubre de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 417-418), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Colonia, 11 de octubre. En su primer número (del 1 de junio), la Neue Rheinische Zeitung tuvo que informar de una revolución en Viena (la del 25 de mayo).1 Hoy, al reaparecer por primera vez tras la interrupción provocada por el estado de sitio de Colonia, traemos la noticia de la revolución de Viena del 6 y el 7 de octubre,2 incomparablemente más importante. Los informes detallados sobre los acontecimientos de Viena nos obligan a suprimir hoy todos los artículos de comentario. Así pues, solo unas pocas palabras, y sobre la revolución de Viena. Nuestros lectores verán por los informes de nuestro corresponsal en Viena3 que esta revolución, si no a fracasar, amenaza al menos con quedar paralizada en su desarrollo por la desconfianza de la burguesía hacia la clase obrera. Sea como sea, su repercusión en Hungría, Italia y Alemania desbarata todo el plan de campaña de la contrarrevolución. La huida del emperador y de los diputados checos de Viena4 obliga a la burguesía vienesa, si no quiere rendirse a discreción, a continuar la lucha. La Asamblea de Fráncfort, que estaba ocupada en regalarnos a los alemanes

un presidio nacional y un látigo común

se ve sobresaltada desagradablemente en sus ensoñaciones por el acontecimiento de Viena, y el ministerio de Berlín empezará a dudar del remedio universal, el estado de sitio. El estado de sitio, como la revolución, ha dado la vuelta al mundo. Se acababa de intentar el experimento a lo grande, en todo un reino, en Hungría.5 Este intento, en lugar de la contrarrevolución en Hungría, ha provocado la revolución en Viena. El estado de sitio ya no se repondrá de este revés. El estado de sitio está comprometido para siempre. Es una ironía del destino que, al mismo tiempo que Jelačić,6 el héroe occidental del estado de sitio, Cavaignac,7 se haya convertido en el blanco de los ataques de todas las fracciones a las que salvó en junio con la metralla. Solo pasándose decididamente a la revolución podrá hacerse todavía posible durante algún tiempo.

Tras las últimas noticias de Viena publicamos todavía algunas correspondencias del 5 de octubre, porque son un eco de las esperanzas y los temores de Viena por la suerte de Hungría.

  1. Las jornadas de finales de mayo de 1848 en las que los estudiantes y los obreros de Viena levantaron barricadas contra el intento del gobierno de disolver la Legión Académica. ↩

  2. El 6 de octubre de 1848 los obreros, los estudiantes y la Guardia Nacional de Viena se sublevaron para impedir la salida de tropas contra la Hungría revolucionaria; el ministro de la Guerra, Latour, fue muerto por la multitud. ↩

  3. Eduard von Müller-Tellering, corresponsal de la Neue Rheinische Zeitung en Viena. ↩

  4. El emperador Fernando huyó el 7 de octubre a Olomouc; la mayoría de los diputados checos abandonó el Parlamento del Imperio, reunido en Viena. ↩

  5. El 3 de octubre de 1848 un manifiesto imperial disolvió la Dieta húngara, declaró nulas sus resoluciones y nombró a Jelačić comisario plenipotenciario del emperador en Hungría. ↩

  6. Josip Jelačić (1801-1859), ban de Croacia, general austriaco, que en septiembre de 1848 invadió Hungría. ↩

  7. Louis-Eugène Cavaignac (1802-1857), general francés que aplastó la insurrección obrera de junio de 1848 en París y fue después jefe del poder ejecutivo hasta diciembre de 1848. ↩