Escrito por Friedrich Engels en francés, en Bruselas, el 18 de marzo de 1848; se conserva el manuscrito. Al no disponer del texto francés, lo traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 541-542), hecha sobre el manuscrito, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Bruselas, 18 de marzo
La burguesía belga negó hace catorce días la república al pueblo; pero ahora es precisamente ella la que se dispone a tomar la iniciativa del movimiento republicano. Todavía no se atreve uno a proclamar la república, pero todo Bruselas se dice al oído: «Está claro que Leopoldo tiene que irse; está claro que solo la república puede salvarnos; pero necesitamos una república buena, sólida, sin organización del trabajo,1 sin sufragio universal, ¡sin que los obreros nos vengan a dar la lata!».
Ya es un progreso. Los buenos burgueses de Bruselas, que hace solo unos días no se cansaban de rechazar con la mayor energía toda intención de seguir el ejemplo de la República Francesa, han sentido el contragolpe de la crisis financiera de París. Mientras todavía clamaban contra la imitación política, sufrían ya la imitación financiera. Mientras todavía entonaban himnos a la independencia y a la neutralidad belgas, se encontraron con que la Bolsa de Bruselas estaba en la dependencia más completa y más humillante de la Bolsa de París. El cordón de tropas que ocupa la frontera sur no ha impedido en absoluto que la baja de los valores irrumpiera a bombo y platillo en el territorio garantizadamente neutral de Bélgica.
La consternación que reina en la plaza de Bruselas lo ha invadido todo, en efecto. La bancarrota diezma el comercio mediano y el pequeño, los valores de Bolsa ya no encuentran compradores, las cotizaciones son puramente nominales, el dinero desaparece todavía más deprisa que en París, el comercio está completamente estancado y la mayoría de los fabricantes han despedido ya a sus obreros. He aquí algunos ejemplos de la depreciación general: hace unos días un comerciante ofreció en venta 150 acciones del ferrocarril del Dendre, títulos que antes de la revolución de febrero se habían cotizado por encima de la par en la Bolsa de Londres, a 100 francos la acción. El primer día rechazó 45 francos, el segundo 35; ¡el tercero las vendió a 10 francos la acción! Terrenos comprados hace dos años por seis mil francos no encuentran comprador ni por la tercera parte de esa suma.
Y en este momento de pánico general el gobierno pide primero un anticipo de dos tercios de los impuestos directos y luego un empréstito forzoso de cincuenta a sesenta millones, y siembra así el miedo y el espanto entre los contribuyentes, ya descontentos de por sí por un presupuesto que no deja de crecer.
Situaciones de este tipo han acabado por convencer a nuestros buenos burgueses de que su entusiasmo por la monarquía no les ha reportado otra cosa que verse arrastrados de lleno a los inconvenientes provocados por la situación de Francia, sin poder sacar provecho de las ventajas conquistadas allí. Ese es el motivo que impulsa su republicanismo naciente.
Mientras tanto, los obreros no están ni mucho menos tranquilos. En Gante hubo disturbios durante varios días; aquí, anteayer, tras numerosas concentraciones de obreros, se llegó a presentar al rey una petición, que Leopoldo se dignó recibir en persona de las manos encallecidas que se la entregaron. No tardarán en producirse manifestaciones de carácter más serio. Cada día se quedan sin trabajo grupos numerosos de obreros. Basta con que la crisis industrial siga desarrollándose y con que los ánimos de la clase obrera se acaloren un poco más para que la burguesía belga, exactamente igual que la de París, contraiga su «matrimonio de conveniencia» con la república.
La «organización del trabajo» era la consigna de Louis Blanc, por entonces miembro del gobierno provisional francés, que en esos días presidía la comisión del Luxemburgo para los obreros. ↩