Escrito en Colonia el 4 de noviembre de 1848. Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 135, del 5 de noviembre de 1848; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 453-454), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Colonia, 4 de noviembre. El horizonte se despeja.

De Viena siguen faltando noticias directas. Pero de los informes de la propia prensa prusiana oficial se desprende al menos que Viena no se ha rendido y que Windischgrätz,1 a propósito o por un malentendido, había lanzado al mundo un despacho telegráfico falso que encontró un eco solícito, de muchas lenguas y ortodoxo en la prensa «buena», por mucho que esta intentara esconder su alegría por el mal ajeno tras hipócritas discursos de plañidera. Si despojamos los informes de Silesia y de Berlín de toda la maraña fabulosa que se disuelve en sus propias contradicciones, destacan los puntos siguientes: el 29 de octubre los bandidos imperiales solo tenían en su poder algunos arrabales. De los informes recibidos hasta ahora no se desprende que hayan puesto ya pie en la ciudad misma de Viena. Toda la rendición de Viena se reduce a algunas proclamas de alta traición del consejo municipal vienés. El 30 de octubre la vanguardia del ejército húngaro atacó a Windischgrätz y fue, según se dice, rechazada. El 31 de octubre Windischgrätz reanudó el bombardeo de Viena, sin éxito. Ahora se encuentra entre los vieneses y el ejército húngaro, de más de 80.000 hombres. Los infames manifiestos de Windischgrätz han dado en todas las provincias la señal de la insurrección o, al menos, de movimientos muy amenazadores. Incluso los fanáticos checos de Praga, los neófitos de la Slovanská lipa,2 despiertan de su sueño desenfrenado y se declaran por Viena contra el Schinderhannes imperial.3 Nunca se había atrevido la contrarrevolución a pregonar a bombo y platillo sus planes con tan estúpido descaro. Hasta en Olmütz, la Coblenza austriaca,4 tiembla el suelo bajo los pies del idiota coronado.5 La jefatura del mundialmente famoso sipahsalar6 Jellachich, cuyo nombre es tan grande que «al brillo de su sable la luna asustada se esconde entre las nubes», y a quien en cada ocasión «el trueno de los cañones le indica la dirección» en la que ha de poner pies en polvorosa, no deja lugar a dudas de que húngaros y vieneses

echarán a latigazos al Danubio a esta chusma,
a azotes ahuyentarán a esa insolente gentuza,
mendigos hambrientos y cansados de su vida,
un enjambre de vagabundos, bribones y truhanes,
escoria croata, viles siervos campesinos,
que vomitó su tierra hastiada
a locas aventuras y a ruina segura.7

Informes posteriores traerán detalles espantosos sobre las infamias de los croatas y de los demás caballeros «del orden legal y de la libertad constitucional». Y desde sus palcos de la Bolsa y otros cómodos palcos de espectador, la burguesía europea aplaudió con su bravo la innombrable escena de sangre: la misma burguesía miserable que, ante algunos actos rudos de justicia popular, lanzó un único grito de indignación moral y graznó por mil pulmones su anatema unánime contra los «asesinos» del buen Latour y del noble Lichnowski.8

Los polacos, en desquite por las matanzas de Galitzia,9 se han puesto de nuevo a la cabeza de los libertadores de Viena, igual que están a la cabeza del pueblo italiano, igual que son en todas partes los magnánimos generales de la revolución. ¡Salud, tres veces salud a los polacos!

La camarilla de Berlín, ebria de la sangre de Viena, cegada por las columnas de humo de los arrabales en llamas, aturdida por los aullidos de victoria de croatas y haiducos, ha dejado caer el velo: «La tranquilidad se ha restablecido en Berlín». Nous verrons. Ya veremos.

Desde París, por último, oímos un primer rugido subterráneo que anuncia el terremoto que sepultará a la república honrada bajo sus propias ruinas.

El horizonte se despeja.

  1. El príncipe Alfred zu Windischgrätz (1787-1862), mariscal austriaco, mandaba las tropas que sitiaban la Viena sublevada desde el 6 de octubre de 1848. ↩

  2. Slovanská lipa («El tilo eslavo»), asociación nacionalista checa fundada en Praga en 1848. ↩

  3. Schinderhannes, apodo de Johannes Bückler (hacia 1779-1803), célebre bandolero renano. ↩

  4. La corte imperial había huido de Viena a Olmütz (Olomouc, en Moravia). Coblenza fue durante la Revolución francesa el centro de la emigración contrarrevolucionaria. ↩

  5. El emperador Fernando I de Austria (1793-1875), que abdicaría el 2 de diciembre de 1848. ↩

  6. Sipahsalar, título persa y turco de comandante en jefe. Josip Jelačić (1801-1859), ban de Croacia, había marchado sobre Hungría y luego sobre Viena con sus tropas croatas. ↩

  7. Adaptación de la arenga de Ricardo a sus tropas en Ricardo III de Shakespeare (acto V, escena 3), donde los despreciados son los bretones; Marx pone a los croatas en su lugar. ↩

  8. El conde Theodor Baillet von Latour (1780-1848), ministro austriaco de la Guerra, fue linchado por la multitud en Viena el 6 de octubre de 1848; el príncipe Felix Lichnowsky (1814-1848), diputado de la derecha en Fráncfort, fue muerto durante la insurrección de Fráncfort del 18 de septiembre. ↩

  9. En 1846, durante la insurrección polaca de Cracovia, las autoridades austriacas azuzaron a los campesinos de Galitzia contra la nobleza polaca, que fue víctima de matanzas. ↩