Escrito por Friedrich Engels y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 91, del 1 de septiembre de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 376-377), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Dentro de unas tres semanas (el 21 de septiembre) expira el armisticio concluido gracias a la traición de Carlos Alberto.1 Francia e Inglaterra han ofrecido su mediación. Que Austria no se ha pronunciado todavía sobre si la acepta o la rechaza puede leerse en el Spectateur républicain, el periódico de Cavaignac.2 El dictador de Francia empieza a irritarse por la descortesía austriaca y amenaza con una intervención armada si el gabinete de Viena no responde antes de un día determinado o rechaza la mediación. ¿Se dejará Austria dictar la paz por un Cavaignac, sobre todo ahora, tras su victoria sobre la democracia vienesa y sobre los «rebeldes» italianos? Austria sabe muy bien que la burguesía francesa quiere «la paz a cualquier precio», que a la burguesía le es del todo indiferente la libertad o la servidumbre de Italia y que lo concederá todo con tal de que no se la ponga en ridículo abiertamente ante el mundo y se le fuerce así, contra su voluntad, a tomar la espada. Se dice que Radetzky hará una breve visita a Viena para pronunciar su palabra decisiva sobre la mediación. Para eso no necesita viajar a Viena. Su política está ahora arriba y su opinión no perderá nada de su peso aunque él se quede en Milán. Si Austria aceptara la base de paz propuesta por Inglaterra y Francia, no lo haría por miedo a la intervención de Cavaignac, sino por razones mucho más urgentes y apremiantes.

Los italianos se han dejado engañar por los acontecimientos de marzo igual que los alemanes. Aquellos creyeron que la dominación extranjera había terminado en cualquier caso; estos pensaron que el viejo sistema había quedado enterrado para siempre. En lugar de eso, allí la dominación extranjera es peor que nunca, mientras que en Alemania el viejo sistema se ha repuesto de los pocos golpes de marzo y hace estragos con más furia y sed de venganza que antes.

El error de los italianos consiste ahora en esperar la salvación del actual gobierno de Francia. Solo la caída de ese gobierno podría salvarlos. Los italianos se equivocan además al considerar posible la liberación de su país mientras en Francia, Alemania, etc., la democracia pierde terreno cada día. La reacción, bajo cuyos golpes ha sucumbido ahora Italia, no es un hecho simplemente italiano: es un hecho europeo. Italia no puede liberarse sola de las garras de esa reacción, y menos que nada apelando a la burguesía francesa, que es precisamente el verdadero pilar de la reacción en toda Europa.

Primero hay que vencer a la reacción en la propia Francia, antes de poder aniquilarla en Italia y en Alemania. Primero tiene que proclamarse allí la república democrática y social, primero el proletariado francés tiene que haber puesto el pie sobre la nuca de su burguesía, antes de que se pueda pensar en una victoria duradera de la democracia en Italia, Alemania, Polonia, Hungría, etc.

  1. El armisticio de Salasco, firmado el 9 de agosto de 1848 entre Austria y el Piamonte tras la derrota piamontesa de Custoza. ↩

  2. Louis-Eugène Cavaignac (1802-1857), general francés que aplastó la insurrección obrera de junio de 1848 en París y fue después jefe del poder ejecutivo hasta diciembre de 1848. ↩