Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 185, 3 de enero de 1849 (Colonia), suplemento (Beilage), p. 2; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.

** Berna, 28 de diciembre. Apenas se han retirado las tropas suizas de la frontera lombarda, empiezan de nuevo las vejaciones de Radetzky. Escribe a los representantes federales en el Tesino que en la frontera se desarrolla un inquietante tráfico de armas, y los representantes federales persuaden al Gobierno tesinés de que dé su consentimiento a varios registros domiciliarios en Mendrisio. Se encontraron y se confiscaron algunos fusiles. No se ve cómo se quiere justificar esta violación del derecho domiciliario y este embargo de la propiedad ajena. Lo único sorprendente es que el Gobierno tesinés se haya prestado a ello.

Los reclutamientos napolitanos en Lucerna y en los cantones primitivos parece que, a fin de cuentas, no conducen a nada. No porque no se haya encontrado un número suficiente de honrados hijos de los Alpes dispuestos a vender su pellejo por dinero contante y a hacer de croatas a sueldo de Fernando; ¡al contrario! Pero el asunto fracasa por la imposibilidad de llegar de Suiza a Nápoles.

Según la capitulación, los reclutas tienen que ser conducidos por Génova, y el Gobierno de Turín ha negado el paso. Ahora se dice que los reclutas serán llevados a Trieste y embarcados allí. Esta noticia ha causado gran espanto entre los enganchados. A Austria no quieren ir. Temen que los metan entre los auténticos croatas y los lleven contra los magiares, y ahora elevan peticiones al Consejo de Gobierno de Lucerna para que se insista en la ruta de Génova. Curioso. ¡Como si a estos guardias de corps de la contrarrevolución no pudiera serles indiferente masacrar magiares o mesineses! Pero, claro, los billetes austriacos de veinte kreuzer y los ducados napolitanos de buena ley, ¡eso es otra cosa!

Por lo demás, parece que el Gobierno de Lucerna quiere seguir al de Berna y suspender la capitulación hasta que sean indemnizados los comerciantes suizos de Nápoles y Mesina. Al menos se ha informado ante el Consejo Federal de cómo está esa indemnización. Quedan entonces solo los cantones primitivos, y estos no se dejarán quitar el derecho de todo ciudadano a venderse mientras la Constitución federal se lo permita, es decir, mientras sigan vigentes las capitulaciones actuales. Este derecho a venderse a sí mismo es uno de los más hermosos y antiguos privilegios de los libres suizos primitivos, y cuando estos valientes «primogénitos de la libertad» intentaron defender «sus derechos de quinientos años» contra la nueva Constitución federal, era sobre todo este derecho particular, que la nueva Constitución federal suprime, lo que tenían en mente. Las capitulaciones militares son de verdad una cuestión vital para los cantones primitivos. Desde hace quinientos años eran el desagüe de la población sobrante y, por tanto, la mejor garantía de las bárbaras condiciones existentes. Suprímanse las capitulaciones y se provocará una verdadera revolución en estas democracias llamadas «puras», es decir, sumamente sucias en la práctica.

Los hijos menores de los campesinos, que ahora van a Nápoles y a Roma, tendrán que quedarse en casa; no encontrarán ocupación ni en sus propios cantones ni en el resto de Suiza, que ya padece bastante de «sobrantes»; formarán una nueva clase de proletarios campesinos que, con su mera existencia, tiene que llevar a la mayor confusión todas las viejas relaciones de propiedad, de oficio y de derecho de estas tribus de pastores, basadas en costumbres milenarias. ¿De dónde sacarán estos estériles países de montaña los medios para alimentar a los pobres que les llegan por todas partes, conducidos a la frontera por la policía? Ya ahora existe el núcleo de semejante clase de pobres y amenaza de manera muy desagradable el patriarcalismo heredado. Así pues, aunque la revolución europea, lo que no es de esperar, observara también en los próximos años el mismo respeto que hasta ahora por la neutralidad suiza, el artículo de la nueva Constitución federal que dice «quedan prohibidas las capitulaciones militares» prepara un fermento revolucionario que acabaría por echar abajo de raíz los asientos más antiguos y tenaces de la barbarie reaccionaria en Europa. Como las monarquías, también las repúblicas reaccionarias se hunden por la tisis pecuniaria, por la «pálida melancolía de la penuria financiera».