Escrito por Karl Marx en París el 21 de junio de 1849 y publicado, con la firma «K. M.x.», en Der Volksfreund, de Lemgo, n.º 26, del 29 de junio de 1849. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 527-528), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

París, 21 de junio. Usted conoce lo bastante a la población de París para comprender a priori lo ridículo de esa acusación de cobardía. Sin embargo, entiendo que la jornada del 13 de junio1 resulte del todo inexplicable sobre todo en Alemania y tenga que dar pie a toda clase de interpretaciones malintencionadas.

El actor principal del 13 de junio no fue el pueblo, sino la «Montaña».2 Detrás de la «Montaña» estaba, sin duda, a su vez un comité secreto que empujaba hacia delante y obligó más o menos a Ledru-Rollin3 a desempeñar aquel papel.

El error principal de la «Montaña» fue su certeza de la victoria. Estaba tan segura de su causa que creyó despachar todo con una manifestación pacífica. Así dio al gobierno ocasión de vencerla sin derrotarla. La comitiva que avanzó desde el Château-d'Eau por los bulevares iba completamente desarmada. El gobierno, por su parte, enterado de todos los detalles por sus espías, había hecho ocupar en silencio y sin que se notara todos los puntos importantes con la Guardia Nacional, los cazadores de Vincennes y otras tropas. La comitiva estaba literalmente cercada, y aunque hubiera ido armada no habría podido oponer resistencia. ¡Cuánto menos desarmada! Changarnier,4 que había tomado todas las disposiciones, tuvo la prudencia de no mandar tocar llamada.5 Como por arte de magia se vieron de pronto todos los puntos decisivos ocupados militarmente. Comprenderá usted, pues, que la masa desarmada se dispersara para correr en busca de armas, pero también los depósitos de armas preparados para el caso de una insurrección se encontraron embargados por el gobierno y bajo custodia militar. Así se encontró burlada la insurrección. Ese es todo el secreto de esta jornada, sin precedentes en la historia de la Revolución francesa. Quizá haya oído usted hablar en los periódicos alemanes de barricadas que se tomaron con facilidad. Esas barricadas no consistían más que en unas pocas sillas que se echaban a la calle para contener un instante a la caballería que cargaba a sablazos contra gente indefensa.

Se sumaron todavía algunas circunstancias que hicieron inevitable el vergonzoso desenlace del 13 de junio.

En el mismo momento en que Ledru-Rollin y los suyos se ocupaban, en el Conservatorio de Artes y Oficios, de constituirse en gobierno provisional, el comité socialista secreto hacía lo mismo. Quería constituirse en commune. Así pues, antes incluso de derribar el poder existente, la insurrección se dividía ya en dos campos y, lo que es importante, el partido del pueblo no era el partido de la «Montaña». Este solo hecho le explica a usted mucho. El comité secreto había querido ya unos días antes lanzarse por la fuerza a la acción, de noche. Así se habría sorprendido al gobierno. Pero la «Montaña» y los «Amigos de la Constitución» (el partido nacional), aliados con ella, se opusieron. Querían tomar ellos mismos la iniciativa. La intervención de Ledru-Rollin en la Cámara6 debía ser la prenda de que la «Montaña» estaba decidida a actuar en serio. Así, por una parte, se quebró la energía inmediata y se preparó la manifestación pacífica. Por otra parte, el pueblo, al ver a Ledru-Rollin comprometerse de forma tan sonada en la Asamblea Nacional, creyó que tenía enormes contactos en el ejército, un plan tramado a fondo y con muchas ramificaciones, etc. Cuál no sería, pues, su sorpresa cuando salió a la luz del día que el poder de Ledru-Rollin no era más que una ilusión y que solo el gobierno había tomado medidas de precaución y de ataque. Ya ve usted cómo los dos partidos revolucionarios se paralizaron y se engañaron mutuamente. El recuerdo que guardaba el pueblo de la conducta más que equívoca de la «Montaña», y en especial de Ledru-Rollin, en mayo y junio,7 y por último el cólera, que hacía estragos sobre todo en los barrios obreros, hicieron el resto. En conjunto, el 13 de junio de 1849 no es más que el desquite por junio de 1848. Entonces la «Montaña» abandonó al proletariado; esta vez el proletariado abandonó a la «Montaña».

Por abrumador que tuviera que ser el 13 de junio para nuestro partido en toda Europa, la jornada tiene de bueno que, con la excepción de Lyon,8 el partido contrarrevolucionario de la Asamblea Nacional alcanzó sin mucho derramamiento de sangre el poder exclusivo. No solo se descompondrá en sí mismo: su fracción extrema lo llevará pronto hasta un punto en que tratará de quitarse de encima incluso la molesta apariencia de la república, y entonces verá usted cómo lo barre un soplo y se repite febrero elevado a una potencia superior.

K. M.x.

  1. El 13 de junio de 1849 la Montaña convocó en París una manifestación pacífica contra la expedición francesa enviada contra la República romana, en violación de la Constitución, que prohibía emplear las fuerzas de la República contra la libertad de otro pueblo. Fue dispersada por las tropas; la Asamblea declaró el estado de sitio, y los jefes de la Montaña fueron procesados o tuvieron que huir. ↩

  2. La Montaña, nombre tomado de la Convención de 1793, era en 1848-1849 el grupo parlamentario de los republicanos demócratas y pequeñoburgueses. ↩

  3. Alexandre-Auguste Ledru-Rollin (1807-1874), jefe de la Montaña; tras el 13 de junio huyó a Inglaterra. ↩

  4. Nicolas Changarnier (1793-1877), general, jefe de la Guardia Nacional y de las tropas de París en 1849. ↩

  5. Rappel: el toque de tambor con que se llamaba a la Guardia Nacional a reunirse. ↩

  6. El 11 de junio de 1849 Ledru-Rollin pidió en la Asamblea Legislativa que se acusara al presidente Luis Bonaparte y a sus ministros por violar la Constitución con el ataque a Roma, y declaró que la Montaña la defendería «incluso con las armas». ↩

  7. De 1848: Ledru-Rollin formaba entonces parte de la Comisión Ejecutiva, el gobierno que reprimió la manifestación obrera del 15 de mayo y cuyo cierre de los Talleres Nacionales provocó la insurrección de junio. ↩

  8. En Lyon el anuncio de los sucesos de París provocó el 15 de junio de 1849 una insurrección obrera, aplastada por el ejército. ↩