Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 225, del 18 de febrero de 1849; la MEW lo atribuye a Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, p. 300), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Colonia, 17 de febrero. ¡Un enigma menos en la historia universal! El señor Schwanbeck,1 redactor de la Kölnische Zeitung, que al mismo tiempo escribe desde Viena como corresponsal bajo el signo2 en la misma Kölnische Zeitung, ha calumniado como es sabido a los magiares bajo ambas firmas todo lo que ha podido, los ha acusado de cobardía y de vileza, no solo los ha derrotado sino que los ha aniquilado repetidas veces, y ha cantado en ditirambos la entrada, con ley marcial, del ejército imperial en las distintas ciudades y condados de Hungría.
El señor Schwanbeck resuelve ahora él mismo el enigma; como Aquiles, nuestro Schwanbeck es el único que puede curar las heridas que él mismo ha causado.3
¿Y la solución del enigma? El miedo a Welden.4 De ahí que ensuciara a los vieneses y a los magiares, de ahí las mentiras miserables sobre los éxitos de las armas austríacas, de ahí el meneo de cola y las miradas tiernas a croatas y panduros.5
Pues, dice el famoso Schwanbeck, pues, dice:
«Hasta ahora a uno se le tachaba formalmente de embustero, y el gobernador barón Welden lo honraba con el título honorífico de pillo malintencionado, si se atrevía a dudar de los avances victoriosos del ejército imperial en todos los puntos de la monarquía» (núm. 41 de la Kölnische Zeitung).
Por respeto a Welden, los lectores de la Kölnische Zeitung tuvieron que ser engañados y embaucados durante dos meses en las correspondencias de Viena sobre la guerra de Hungría.
Goethe dijo a propósito de Pustkuchen:6
«Si la ballena tiene su piojo, también yo he de tener el mío».
Lo mismo puede decir Kossuth7 de Schwanbeck.
Eugen Alexis Schwanbeck (1821-1850), redactor de la Kölnische Zeitung. ↩
Los corresponsales de la Kölnische Zeitung firmaban con signos convencionales; el de Schwanbeck no se reproduce en el texto del que traducimos. ↩
Según la leyenda, Télefo, herido por la lanza de Aquiles, solo pudo curarse con la herrumbre de esa misma lanza. ↩
Ludwig von Welden (1782-1853), general austríaco, gobernador militar de Viena tras la toma de la ciudad en noviembre de 1848. ↩
Los panduros eran tropas irregulares de las fronteras militares austríacas; el nombre se aplicaba a la soldadesca croata y eslava del ejército imperial. ↩
Johann Friedrich Wilhelm Pustkuchen (1793-1834), pastor y escritor, autor de unos Wilhelm Meisters Wanderjahre apócrifos (1821-1828) que parodiaban a Goethe. ↩
Lajos Kossuth (1802-1894), dirigente de la revolución húngara, presidente del Comité de Defensa Nacional. ↩