Escrito por Friedrich Engels en Kaiserslautern el 2 de junio de 1849 y publicado sin firma en Der Bote für Stadt und Land, de Kaiserslautern, n.º 110, del 3 de junio de 1849.1 Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 524-526), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Kaiserslautern, 2 de junio. Los periódicos contrarrevolucionarios alemanes procuran hacer sospechosa por todos los medios la revolución del Palatinado y de Baden. No se avergüenzan de afirmar que la tendencia de todo el levantamiento apunta a «traicionar en favor de los franceses» al Palatinado, a Baden e indirectamente a toda Alemania. De este modo tratan de volver a conjurar el viejo odio contrarrevolucionario a los franceses de los llamados buenos viejos tiempos, y creen que así les será posible enajenar las simpatías de nuestros hermanos del norte y del este de Alemania. Estas sucias hojas embusteras que reprochan al Palatinado y a Baden haberse vendido a Francia son, por casualidad, precisamente las mismas que abogan por la invasión rusa de Hungría, por el paso de los rusos a través de Prusia e incluso por la nueva Santa Alianza entre Rusia, Austria y Prusia. Como prueba citamos solo una de estas hojas: la Kölnische Zeitung.
¡Así que el que los rusos entren en territorio alemán, en territorio prusiano, para aplastar la libertad húngara, eso no es traición a la patria! ¡Que el rey de Prusia se alíe con los croatas y los rusos para hacer pisotear bajo los cascos de los cosacos el último resto de libertad alemana, eso no es traición a la patria! ¡Que todos nosotros, que Alemania entera, del Niemen a los Alpes, sea traicionada y vendida al emperador ruso por déspotas cobardes, eso no es traición a la patria! Pero si el Palatinado goza de las simpatías del pueblo francés y en particular del alsaciano, si no rechaza con necia autosuficiencia la expresión de esta solidaridad, si envía gente a París para informarse del estado de ánimo de Francia, del nuevo rumbo que tomará la política de la República francesa…, ¡ah, eso sí es traición a la patria, eso es alta traición, eso es vender Alemania a Francia, al «enemigo hereditario», al «enemigo del Imperio»! Así razonan los periódicos contrarrevolucionarios.
Ciertamente, señores «por la gracia de Dios», todo eso lo ha hecho el Palatinado y lo ha hecho Baden, y ninguno de los dos se avergonzará de sus actos. Ciertamente, si eso es traición a la patria, todo el pueblo del Palatinado y de Baden es un pueblo de dos millones y medio de traidores a la patria. El pueblo del Palatinado y de Baden no ha hecho de verdad una revolución para ponerse del lado de los déspotas en la gran lucha que se avecina entre el Occidente libre y el Oriente despótico. El pueblo del Palatinado, como el de Baden, ha hecho su revolución porque no quiere ser cómplice de las infamias liberticidas con que Austria, Prusia y Baviera se distinguen tan ignominiosamente desde hace meses, porque no se ha dejado utilizar también él para sojuzgar a sus hermanos. El ejército del Palatinado y de Baden se ha sumado sin reservas al movimiento; ha denunciado su lealtad a los príncipes desleales y se ha puesto como un solo hombre del lado del pueblo. Ni ciudadanos ni soldados quieren luchar contra la libertad en las filas de los croatas y los cosacos. Si los déspotas de Olmütz, Berlín y Múnich encuentran todavía soldados lo bastante degradados para ponerse a la altura de baskires, panduros,2 croatas y demás chusma de saqueadores, para luchar bajo una misma bandera con semejantes hordas bárbaras, tanto peor. Lo lamentaremos, pero no trataremos a esos mercenarios como hermanos alemanes: los trataremos como cosacos y baskires, y poco nos importará que vaya a su cabeza un traidor ex ministro de la Guerra del Imperio.3
Pero en general es ridículo hablar de «traición a la patria» y de otras cazas de demagogos4 en el momento actual, cuando la guerra europea, la guerra de los pueblos, está a la puerta. Dentro de pocas semanas, quizá ya dentro de pocos días, las masas armadas del Occidente republicano y las del Oriente sojuzgado avanzarán unas contra otras para dirimir en suelo alemán la gran lucha. A Alemania —a eso la han llevado los príncipes y los burgueses—, a Alemania ni siquiera se le preguntará si lo permite. Alemania no hace la guerra: se le echa encima la guerra sin su consentimiento y sin que pueda impedirlo. Esta es, gracias a los regentes de marzo, a las cámaras de marzo y no menos a la Asamblea Nacional de marzo,5 la gloriosa posición de Alemania en la guerra europea que se avecina. No puede hablarse en absoluto de intereses alemanes, de libertad alemana, de unidad alemana, de bienestar alemán, cuando lo que está en juego es la libertad o la opresión, el bien o el mal de Europa entera. Aquí acaban todas las cuestiones de nacionalidad, ¡aquí solo hay una cuestión! ¿Queréis ser libres o queréis ser rusos? Y todavía hablan los periódicos contrarrevolucionarios de «traición a la patria», ¡como si en la Alemania que muy pronto quedará entregada a los dos ejércitos enfrentados como terreno sin voluntad quedara todavía algo que traicionar! Ciertamente, el año pasado las cosas eran distintas. El año pasado los alemanes podían emprender la lucha contra la opresión rusa, podían liberar a los polacos y llevar así la guerra a territorio ruso y a costa de Rusia. Ahora, en cambio, gracias a nuestros príncipes, la guerra se hace en nuestro suelo y a nuestra costa; ahora las cosas están de tal manera que la guerra europea por la libertad es para Alemania al mismo tiempo una guerra civil en la que luchan alemanes contra alemanes.
Esto se lo debemos a la traición de nuestros príncipes y a la flojedad de nuestros representantes del pueblo, ¡y si algo es traición a la patria, es esto! En una palabra: en la gran lucha por la libertad que se extiende por toda Europa, el Palatinado y Baden estarán del lado de la libertad contra la servidumbre, de la revolución contra la contrarrevolución, del pueblo contra los príncipes, de la Francia, la Hungría y la Alemania revolucionarias contra la Rusia, la Austria, la Prusia y la Baviera absolutistas; y si los señores llorones6 llaman a eso traición a la patria, en todo el Palatinado y en todo Baden no habrá gallo que cante por ello.
Engels había llegado al Palatinado a finales de mayo de 1849, tras la supresión de la Neue Rheinische Zeitung, y tomó parte después, como ayudante de August Willich, en la campaña de Baden y del Palatinado. Der Bote für Stadt und Land era un periódico demócrata de Kaiserslautern, la sede del gobierno provisional del Palatinado. ↩
Los panduros, tropas irregulares de la frontera militar austriaca, de fama de saqueadores desde las guerras del siglo XVIII. ↩
Eduard von Peucker (1791-1876), general prusiano, ministro de la Guerra del poder central provisional de Fráncfort de 1848 a mayo de 1849; en junio de 1849 mandó uno de los cuerpos que aplastaron la insurrección de Baden. ↩
Demagogenriecherei, «olfateo de demagogos»: alusión a la persecución de los «demagogos», los liberales y nacionalistas, que siguió a los decretos de Karlsbad de 1819. ↩
Los gobiernos y las cámaras surgidos de la revolución de marzo de 1848, y la Asamblea Nacional de Fráncfort. ↩
Heuler: nombre de burla que daban los demócratas del sur de Alemania a los monárquicos constitucionales. ↩