Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 249, 18 de marzo de 1849 (Colonia), pp. 2-3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.
Hungría.
* Como el correo de Viena no ha llegado otra vez, nos faltan de nuevo todas las noticias directas de Hungría. Lo que nos llega por Praga y Augsburgo contiene poco nuevo.
Desde Pest, el 8, escriben a la Allgemeine Zeitung de Augsburgo que Szolnok ha sido ocupada de nuevo por los imperiales. Informes posteriores, como veremos, dicen algo muy distinto. Por lo demás, la Allgemeine Zeitung admite que los imperiales sufrieron en Szolnok «un revés bastante serio», en el que «de 2 compañías apenas se salvaron 40 hombres». Sobre el combate, el mismo periódico publica lo siguiente desde Abony, cerca de Szolnok:
«Tras la jornada de Kápolna avanzamos hasta cerca de Kövesd y después hacia Poroszló. Como la caballería no podía actuar allí por lo pantanoso del terreno, recibimos orden de ir a Szolnok. Llegamos justo a tiempo para detener el combate que 15.000 húngaros con 40 cañones habían empezado contra dos brigadas y que nos costó caro, pues la brigada Karger fue desalojada de Szolnok. En este momento llegan refuerzos de Pest, y les haremos frente con 15.000 hombres y de 36 a 40 cañones, pero no dudamos de que, en cuanto vean un despliegue de fuerzas considerable, se retirarán. La valentía de nuestras tropas es digna de elogio. Es cierto que ayer Szolnok cayó en manos de los húngaros, pero de aquí a esta noche la habremos recuperado con seguridad.»
Qué hay que pensar de estas fanfarronadas sobre la reconquista de Szolnok lo muestra una carta de Pest publicada en el C. Bl. a. B., donde se dice:
«El ban partió efectivamente ayer de Pest, y además ya a las 4 de la mañana. Pero de lo que ocurre en el teatro de la guerra en nuestra inmediata vecindad —entre Cegléd y Abony, se afirma— no sabemos por desgracia lo más mínimo. Los agitadores secretos de aquí cuentan maravillas de la fuerza del ejército rebelde, e incluso que su campamento tendría una extensión de 6 horas de camino. Estos rumores son, desde luego, manifiestamente muy exagerados, pero no puede negarse que ahora, por segunda vez ya, en la ruta de Szolnok una considerable fuerza insurrecta ha avanzado hacia la capital más de lo que sería de desear. La inquietud de los bienpensantes crece todavía más con las medidas, sin duda necesarias, para asegurar la comunicación entre la fortaleza de Buda y el Edificio Nuevo, esta nueva y única ciudadela de Pest. Ayer por la tarde se abrieron a toda prisa troneras en ese edificio, y los vecinos de las casas cercanas recibieron la orden estricta de estar listos para marchar de modo que pudieran abandonar sus viviendas con todos sus bártulos dentro de las seis horas siguientes al aviso. Ayer se derribaron también apresuradamente las construcciones, talleres, etc., de la Sociedad Constructora del Puente de Cadenas situados junto a los blocaos del puente en ambas orillas del Danubio. Reina por eso un ánimo sombrío entre la escasa población leal de aquí, mientras que el partido contrario a duras penas sabe ocultar su alegría secreta.»
Cómo andan las cosas de los imperiales se desprende ya del hecho de que Windischgrätz, para cortar las comunicaciones de los magiares, ha prohibido con el mayor rigor todo trato y comercio con las regiones ocupadas por ellos. Todas las personas que vayan allí serán detenidas y sus mercancías confiscadas. Para la feria de Pest, que se acerca, se han ordenado también medidas extraordinarias de policía de forasteros.
Del ala izquierda del ejército principal (Schlick), todavía ni la menor noticia. La Allgemeine Zeitung de Augsburgo afirma, es cierto, que había estado ya a ocho horas de Debrecen y que todavía no se sabe que se haya retirado. Pero esto es una mentira de lo más desvergonzada; Maklár, donde estaban los imperiales según sus propios informes, está a 15 millas alemanas largas de Debrecen, y en medio, a 10 millas de Debrecen, está el Tisza con su cinturón de pantanos de varias millas de ancho. A falta de hechos, el C. Bl. a. B. fanfarronea como sigue:
«De las operaciones del teniente mariscal de campo conde Schlick se esperan (!) con confianza hermosos resultados, del mismo modo que en general se puede afirmar con orgullo (!) que el conde Schlick, precisamente en su apuro después del combate de Tokaj, ha demostrado ser un general de lo más destacado.»
Que los magiares han ocupado la parte sur del comitado de Pest, cerca de Kecskemét, lo confirma también el C. Bl. a. B. Han avanzado incluso hasta el Danubio y están en contacto con los insurrectos de la otra orilla (comitado de Tolna):
«Uno de los principales focos de la agitación de los insurrectos es Kalocsa; sublevan toda la comarca, en especial el comitado de Tolna, situado en la otra orilla del Danubio. Los sublevados de allí son tan audaces que echan a pique todo barco que pasa por el Danubio. Se distinguen en esto sobre todo los campesinos de Földvár y de Dunavecse. No temen en absoluto al ejército imperial-real, en la ilusión de que hay 12.000 honvéds cerca de Kalocsa. Los fanatizan sin cesar con carteles venidos de Debrecen.»
Según esto, en todo el trayecto de Dunavecse a Tolna (9 o 10 millas en línea recta) el Danubio está por ambas orillas en manos de los magiares, y la navegación muy amenazada.
Cómo se hace la guerra en esa región, y qué pocas perspectivas tienen los torpes austriacos de acabar con esas bandas rebeldes inalcanzables, lo prueba la siguiente comunicación:
«El destacamento que hace unos días salió en vapor hacia Dunaföldvár (comitado de Tolna) para sofocar la última revuelta no ha visto al enemigo. Es cierto que el remolcador fue tiroteado al desembarcar, pero los amotinados se dispersaron a los cuatro vientos, como paja, antes del desembarco. ¡Una verdadera guerra de guerrillas! Según un rumor, la brigada Simunich establecerá un campamento atrincherado en la finca del conde Kasimir Batthyány en Bicske, a cuatro horas de coche de Buda, para mantener la seguridad y la estabilidad del nuevo orden de cosas al otro lado del Danubio.»
De Transilvania, ni una palabra.
Del Banato «se espera que, a la vez que llegue el ban (en la campaña contra Szolnok), la larga línea de tropas austro-serbias que se extiende de Baja a Temesvár se ponga por fin en movimiento». (C. Bl. a. B.) ¡En efecto! Así nos enteramos por fin de que la famosa división formada por el teniente mariscal de campo Gläser con las tropas de Rukavina, de Todorovich y de otros generales, entre tantos clarines de la prensa, y que tenía que conquistar Transilvania y Nagyvárad, ni siquiera ha mantenido su posición en el Mureș, sino que se ha replegado hasta Temesvár. Los informes magiares nos lo habían comunicado, desde luego, hace mucho, ¡pero a esos no se les podía dar crédito!
Y en otro artículo del mismo periódico se dice:
«Hasta ayer (7 de marzo) no habían sido tomadas ni Szeged ni Theresiopel (Subotica), cerca de la cual, como ya he comunicado, los serbios lograron una brillante victoria y picaron tabaco literalmente sobre las cabezas de los magiares, y un cuerpo magiar ha avanzado en esa dirección. Así lo cuentan viajeros que llegan hoy de esas regiones.»
Pero aquí la cosa tiene su miga. Los serbios están descontentos en grado sumo con sus jefes. El patriarca Rajachich se hace cada día más impopular por su proscripción de Stratimirovich, por su intervención contra el Comité Nacional, al que ahora ha disuelto, recompuesto y trasladado a Becskerek, y por otras intromisiones arbitrarias. Stratimirovich ha desaparecido y parece haberse pasado a los magiares. Rukavina y Todorovich son serbios, ciertamente, pero ante todo generales imperiales-reales, que no conocen otra nacionalidad que la austriaca. A esto se añade que entre las tropas regulares y los fronterizos y voluntarios serbios hay una tensión considerable.
«Los serbios se quejan de falta de caballería, y además las tropas imperiales no se dan prisa en acudir en ayuda de los “raizes” —denominación que ha vuelto a ponerse de moda entre los militares—.» (C. Bl. a. B.) En suma, desde que Stratimirovich se fue, los serbios están rebeldes e incluso, como informan hasta periódicos de Viena, en negociaciones con los magiares. Qué efecto tendrá el nombramiento de Stratimirovich como ban y voivoda por Kossuth, tenemos que esperar para verlo.
Aquí se prepara un nuevo golpe para los austriacos con la retirada de los serbios de Turquía de Hungría. El C. Bl. a. B. informa al respecto:
«Los serbios del principado que combatían en suelo austriaco han sido llamados de vuelta mediante un decreto principesco de Belgrado. No sabemos si se incluye en ello al cuerpo de Kničanin, pues la orden está redactada en términos demasiado generales. Nuestros serbios interpretan este paso de un modo que despierta sospechas y pretenden saber que la corte de Olmütz ha influido en este decreto por vía diplomática. Otros ven en él una mera cuestión de organización y de reclutamiento, mientras que nosotros nos inclinamos a ponerlo en relación con los armamentos turcos. Lo cierto es que los serbios irregulares no supieron hacer nada mejor que robar, asesinar e incendiar, y que eran la escoria de Serbia. Su afán de rapiña no hacía distinciones. Se llevaban su botín al otro lado del Sava en carretadas, y en muchos lugares por donde irrumpían esas hordas se oía el lamento: “El cielo nos libre de estos amigos, que de nuestros enemigos ya nos encargamos nosotros”.»
El mismo periódico escribe en otro artículo sobre este asunto:
«Otra circunstancia delicada que nos llena de sombríos presentimientos es la retirada de las tropas del principado serbio de la Voivodina. No alcanzamos a penetrar el secreto de esta política. Se dice que la Puerta, Inglaterra y Francia han exigido la retirada de estas tropas. No lo creemos; al menos, no tenían derecho a ello, pues las tropas que vinieron en ayuda desde el principado no son un ejército regular del que el gobierno de allí pueda disponer a su antojo: son voluntarios que vinieron a tomar parte en la lucha por la libertad de sus hermanos de sangre. Y los serbios tenían derecho a tomar parte en esta lucha, pues Serbia es un país constitucional y su pueblo es un pueblo libre. Los disturbios eslavos del sur no han terminado; al contrario, se multiplican de día en día.»
Que, por lo demás, los saqueos de los serbios tienen que ser graves lo prueba el siguiente bando del patriarca, fechado en Nagykikinda el 24 de febrero:
«Como el saqueo se ha generalizado tanto entre las tropas auxiliares como incluso entre nuestras tropas, me veo en la necesidad de ordenar: 1) Nadie se atreverá a adquirir por compra ganado ni otros efectos que procedan de botín. 2) En caso de ser sorprendido, el comprador perderá tanto el botín comprado como el dinero pagado por él. 3) Todos los objetos procedentes de botín serán embargados allí donde se encuentren, y las autoridades correspondientes me darán parte de ello.»
Pero lo que más irrita a los serbios, que libran al fin y al cabo una lucha nacional, es la actuación del noble ban Jelachich, que como ban es a la vez jefe de la Frontera Militar, en interés de la germanización. Desde el Sava, el 1 de marzo, se escribe al C. Bl.:
«El ban Jelachich se ha convertido en tema serio de conversación; su última actuación está envuelta en una oscuridad misteriosa, y el eslavo del sur lo mira no sin desconfianza. Muy mal acogida ha sido aquí su orden al patriarca en la que se dice que en esta Frontera Militar debe volver a introducirse la lengua alemana. Verdaderamente, el ban Jelachich no ha medido el alcance de esta declaración. Los serbios han encendido la guerra nacional solo para liberarse de la supremacía de un pueblo extranjero, para preservar de la ruina su literatura (!), su arte (!), sus canciones, todos sus tesoros nacionales, a los que están apegados de corazón; no de buen grado se someterán los serbios a esta orden. Sea lo que fuere lo que haya movido a ello al muy venerado ban, no dudamos ni un instante de que el patriarca rechazará esta orden.»
El noble y caballeresco ban desempeña evidentemente un papel de lo más miserable. Confinado en Pest durante un tiempo por sospechoso, sirvió al gobierno para que todos los actos del gobierno desagradables a los eslavos tuvieran que ir cubiertos con su nombre y su responsabilidad. El noble varón se había comprometido una vez con los austriacos y había roto sin vuelta atrás con los magiares. Ahora, demasiado tarde, se da cuenta de que, pese a su astucia eslava, ha sido vergonzosamente engañado por los imperiales, y ni siquiera puede negarse a firmar una declaración tan ignominiosa como la reciente sobre sus supuestas desavenencias con Windischgrätz. Le está bien empleado.
Petrovaradin está cercada. La guarnición habría encarcelado a todos los oficiales por desleales y traidores.
Sobre la batalla en Eslovaquia contra los cuerpos francos checo-eslovacos sabemos más detalles. El combate tuvo lugar en Turany, junto al Váh (al pie del paso de Jablunka, ya una vez tan aciago para los señores Štúr y Hurban). El cuerpo magiar-eslovaco que venció allí, fuerte de unos 12.000 hombres, ocupa los Altos Cárpatos y estaría a las órdenes de Chlapka y Aulich.
Se dice que el gobierno austriaco ha desautorizado la invitación de Puchner a los rusos para que entrasen en Transilvania e insiste en que se retiren en cuanto hayan entrado en Transilvania, como refuerzo, los 15.000 hombres de tropas del Banato. Pero como los serbios se niegan a marchar, el cuerpo ruso probablemente se quedará por ahora.
Según el C. Bl. a. B., en Pest se cuenta lo siguiente de Debrecen:
Un diputado habría propuesto que la Dieta del Reino reconociera al emperador Francisco José como rey legítimo de Hungría. Nyáry apoyó el primero esta propuesta de pacificación, y el propio Kossuth pronunció un brillante discurso en favor de la moción, que fue aprobada después por unanimidad.
Una carta del día siguiente desde Pest añade:
«La noticia de Debrecen comunicada ayer parece querer confirmarse, y la Dieta, se dice, habría reconocido efectivamente al emperador Francisco José como rey legítimo de Hungría. Pero este reconocimiento descansa sobre la Pragmática Sanción, y qué exigencias amontona sobre esa base el partido de Kossuth lo sabemos todavía por la penúltima Dieta. Además, según se dice, se añadió expresamente que a este paso se había llegado sobre todo por el deseo de demostrar a las monarquías europeas, en particular a las grandes potencias vecinas, que no se pensaba en lo más mínimo en fundar una república sármato-magiar unida, grande y quizá incluso roja. No sería, pues, un paso hacia la verdadera pacificación.»
Si los magiares han tomado de verdad esta resolución, semejante maniobra significaría en el fondo poca cosa. Si vencen y se plantan ante Viena, el «rey legítimo de Hungría» tocará pronto a su fin.
Además, en otra carta del Drava se dice:
«En Debrecen y sus alrededores el ambiente es extraordinariamente belicoso y guerrero. Un oficial imperial, licenciado bajo palabra porque no quería combatir contra sus hermanos, nos hizo unas comunicaciones de las que destacamos como dignas de mención las siguientes. “El ejército de Kossuth —dijo— debe de sumar cerca de 100.000 hombres, y la artillería cuenta cerca de 400 (?) cañones. Se fabrican cohetes de un tipo especial. Hay también infantería regular y 7 regimientos de húsares de los antiguos, a los que se han añadido otros 7 regimientos de húsares, los húsares de Kossuth, de Mészáros, de Batthyány, de Madarász, de Hunyady, etc. Se hace mucha instrucción, y hasta 6 millas antes de Debrecen las aldeas están muy fuertemente atrincheradas, y se equivoca mucho quien se imagina que vencer a estos rebeldes es tan fácil y tan rápido”; hasta aquí las manifestaciones de nuestro informante. Hasta donde alcanza nuestra comprensión de los movimientos en el Tisza, creemos que nuestras operaciones requieren toda la seriedad y toda la prudencia, ya que aquí harán falta maniobras hábiles, y las tropas en Hungría, al menos en el decisivo momento actual, nos siguen pareciendo insuficientes. Que no se me acuse de pesimismo. Vemos en los rebeldes mucha energía y en las masas de Rumanía y sus alrededores un verdadero fanatismo, y por eso lamentamos las dificultades de reclutamiento en las provincias del norte, pues estorban al gobierno en la lucha contra los magiares.»
Con esta comunicación, en todo caso muy grata para el publicista vecino, terminamos por hoy, esperando todavía el «finem Hungariae».